PETROLEO NO CONVENCIONAL

El límite para el desarrollo de Vaca Muerta es la macroeconomía

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Por Pablo Besmedrisnik – Invenómica

  • Vaca Muerta fue un éxito relativo: se mejoraron los niveles de eficiencia (reducción del 67% en los costos directos de extracción en 8 años) y se incorporaron 19 mil millones de m3 de gas y casi 7 millones de m3 de petróleo anuales. Sin embargo, la mayor producción de no convencional no pudo compensar el declive del convencional, y la oferta total se redujo. Y, fundamentalmente, los resultados no son proporcionales a la magnitud de la riqueza ni a las expectativas cifradas.
  • Si bien hay limitaciones propias del sector, por el tamaño de la demanda local la principal fuente de crecimiento de Vaca Muerta será la exportación. Y es allí donde aparece la gran restricción: la macroeconomía argentina.
  • No hay exportación de hidrocarburos sin infraestructura. Y no hay infraestructura sin horizontes largos de inversión y acceso fluido al financiamiento de largo plazo.
  • La explotación de los recursos no convencionales requiere de planes que circunvalen la incertidumbre macroeconómica. Los privados y el sector público deberían acordar esquemas operativos y de financiamiento que desacoplen a Vaca Muerta del riesgo argentino.

Las inversiones en recursos hidrocarburíferos no convencionales de la Argentina fue exitosa durante los últimos 10 años. Se avanzó en la curva de aprendizaje, con su correlato inmediato en la mayor eficiencia industrial, se incorporaron tecnologías disruptivas y necesarias para un desarrollo totalmente distinto y mucho más capital intensivo que la modalidad convencional. Pocos sectores innovaron, avanzaron y cambiaron tan dramáticamente su función de producción en la Argentina del siglo XXI, y los resultados fueron impresionantes.

El sector petrolero fue alcanzando estándares de eficiencia productiva y de costos que en general siempre había desdeñado. El resultado positivo es concreto y se pone de manifiesto en la reducción de los costos unitarios y en los volúmenes producidos.

Entre 2012 y 2020, el costo directo de extracción de petróleo no convencional medido en dólares por barril (“lifting cost”) se reduzco un 67% y el costo de desarrollo (la inversión necesaria por barril) se contrajo un 85%[1], describiendo a las claras el impacto de la tecnología y la maduración que experimentó el sector. Se incorporaron a la matriz energética 19 mil millones de m3 de gas y casi 7 millones de m3 de petróleo no convencionales. Mientras que en 2010 la producción no convencional era casi inexistente, en 2020 representó un 43% del gas total y la cuarta parte del petróleo total.

Pero el éxito fue relativo. La producción no convencional desplazó a la convencional, aunque fue insuficiente para que la producción total creciera. Es decir, la mayor producción de no convencional no alcanzó a compensar el declive del convencional, y la oferta agregada se redujo.

Sin embargo, no se puede hablar de éxito y ni siquiera de éxito relativo cuando se analizan los resultados vis à vis los recursos abundantes existentes y las expectativas que se habían generado. Diez años después de sus albores, la producción de no convencional no es proporcional a la relevancia del recurso en el contexto mundial: la Argentina es la segunda reserva mundial de shale gas y la cuarta de shale oil. Por otro lado, lejos está hoy de constituirse en un gran actor exportador y pelearle alguna posición al agro.

Fuente: Invenómica, con datos de la Secretaría de Energía
Fuente: Invenómica, con datos de la Secretaría de Energía

Hay limitaciones concretas para un desarrollo completo de Vaca Muerta a la medida de la riqueza de sus recursos y de las expectativas.

Varias cuestiones están asociadas a problemáticas específicas, como la frágil situación financiera de YPF, el principal jugador en petróleo (46% del mercado) y gas (27%), la alta concentración entre los operadores, o discusiones alrededor de la presión fiscal y los esquemas laborales. No obstante, las principales limitaciones no parecen estar conectadas muy íntimamente con la realidad intrínseca del sector ni a sus variables microeconómicas, sino a elementos exógenos.

El tamaño y las características del mercado interno constituyen una restricción fuerte. La demanda local de gas y petróleo es insuficiente para empujar con fuerza un desarrollo total del sector. Se pueden realizar esfuerzos ingentes para masificar el gas natural, o transformar los recursos en insumos petroquímicos, pero la realidad indica que no serán suficientes para sostener una demanda creciente y persistente en el tiempo. Esta realidad es más compleja si se le suma la estacionalidad natural que tiene la demanda (especialmente en el caso del gas) y los cambios recurrentes en las regulaciones y en las condiciones de mercado.

El gran obstáculo es el macroeconómico. La conformación de un centro exportador de combustibles y de energía requiere necesariamente de inversiones de infraestructura significativas, del tipo que la Argentina ya no despliega hace mucho tiempo, salvo contadas excepciones que confirman la regla. Son inversiones comparables al oportuno desarrollo de la red ferroviaria y portuaria para apalancaron el complejo agroexportador. No hay exportación de hidrocarburos sin infraestructura. Y no hay infraestructura sin horizontes largos de inversión y acceso fluido al financiamiento de largo plazo.

La inestabilidad macroeconómica, la incertidumbre asociada al flujo de divisas, los cambios intempestivos en la política general y energética en particular, y la situación de casi permanente default, hacen inviables la extensión masiva de redes eléctricas y de autopistas, y también de gasoductos, grandes plantas de licuefacción y nuevos puertos. Es decir, las condiciones macroeconómicas afectan al desarrollo de la infraestructura de la economía argentina en su totalidad, y también al sector hidrocarburífero. El férreo control de cambios y el altísimo nivel del riesgo país son elementos que le dan nitidez al a descripción de precariedad macroeconómica.

Fuente: Invenómica, con datos de JPMorgan – BCRD.

Es doloroso que la Argentina no sea capaz de desarrollar su infraestructura exportadora, cuando las condiciones de liquidez internacional son excepcionalmente propicias. Puede sonar antipático y hasta fantasioso, pero si los recursos de Vaca Muerta en lugar de estar depositados en el centro sur de la República Argentina estarían instalados en países con estabilidad macroeconómica y acceso al financiamiento internacional, estarían quizás plenamente desarrollados. Para ir al extremo, ¿alguien se imagina el tamaño del flujo exportador de países como Chile o Uruguay si tuvieran la gracia de ostentar semejante recurso entre sus activos?

No parece ser muy esperanzador supeditar el desarrollo del sector gas y petróleo no convencional a que la Argentina alcance estabilidad macroeconómica y normalice su status en el contexto financiero internacional. La espera podría ser muy larga, y eventuales y probables cambios en la matriz energética mundial podrían finalmente inutilizar para siempre la riqueza actual. El desarrollo pleno de Vaca Muerta, lamentablemente, no puede esperar a la macro argentina.

La inversión en la fractura y perforación en baja escala es posible porque elude medianamente los vaivenes macroeconómicos: recupera buena parte de la inversión en un mismo mandato presidencial. No sucede los mismo con la infraestructura necesaria para la exportación, que implica invertir durante más de tres años y recoger los frutos en quince.

El aprovechamiento de la oportunidad que representan los recursos no convencionales requiere de la instrumentación de planes que circunvalen la incertidumbre macroeconómica y apuntalados en la demanda externa, para desplegar un esfuerzo inversor en infraestructura. Para ello, los actores privados y el mismo sector público deberían proponer esquemas operativos y de financiamiento que desacoplen a Vaca Muerta del riesgo argentino.

[1] YPF Investor Presentation, Marzo 2021. YPF por su relevancia en la producción de petróleo no convencional, es referencia para el análisis de la evolución de los costos directos y de inversión.

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De la selva verde a Vaca Muerta, el misionero que busca petróleo en Neuquén

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Cada vez que Roberto Pérez (33 años) termina de hacer un pozo en las áridas tierras de Vaca Muerta para YPF, luego de semanas de trabajo -y alcanzando una profundidad que puede llegar a los 4 kilómetros-, entonces viene el equipo de extracción e instala una pluma (esos martillos que suben y bajan) o una torreta.
Una vez que este oriundo de El Soberbio chequea que cumplió el trabajo a la perfección, recién se permite decir “misión cumplida” a sus seis colaboradores.
Entonces, lo primero que hace es sacar un pasaje de avión de Neuquén a Córdoba y de ahí a Posadas. O de Neuquén a Buenos Aires y de ahí a Posadas. La explosión de aviones, aerolíneas y frecuencias juega a su favor.
“Es lo primero que hago, cada vez que terminamos un pozo, tengo unos días de descanso y vengo a ver a mi familia. Allá en Vaca Muerta no tenemos horarios, sino que trabajamos por objetivos”, explicó Pérez, en una entrevista con Economis que se realizó en el aeropuerto de Córdoba, donde el misionero estaba en tránsito de regreso a Neuquén..
Roberto Pérez trabaja para una importantísima empresa de servicios petroleros que en la Argentina suele hacer pozos para las petroleras más grandes del país. Los pozos que actualmente está haciendo Roberto son para YPF, la empresa más grande de la Argentina y la que busca ser la “punta de lanza” en la explotación de Vaca Muerta.
“En mi carrera ya hice como 40 pozos, unos 20 en Vaca Muerta, pero también otros en yacimientos en San Julián, Río Gallegos, Comodoro Rivadavia o Pichi Picún Leufú”, explicó.
Todo comenzó a los 20 años, cuando después de hacer la secundaria en la Escuela 38 de El Soberbio decidió ir a Posadas a probar suerte. Pérez vivía en el centro de El Soberbio, cerca del supermercado Ceferino y de la Escuela 38. Su padre era gendarme y su madre, brasileña.
Pero no veía muchas posibilidades de progreso allí y decidió irse a la capital misionera, como tantos otros.
“En Posadas hice de todo hasta que empecé a capacitarme como técnico mecánico, profundicé esa capacitación y me fui a Corrientes, para tener un título terciario que avalara todo lo que había aprendido”, explicó.
Su vínculo con la industria petrolera arrancó cuando consiguió trabajo en una empresa que construye gasoductos, una UTE de las firmas Víctor Contreras e IECSA.
Primero trabajó en el Conurbano, luego en Azul (provincia de Buenos Aires) y más tarde, lo mandaron a la Patagonia, donde comenzó un derrotero por varios puntos de esa región con ricos yacimientos en gas y petróleo.
Vaca Muerta, “un país” aparte dentro de Argentina
En un país que está estancado económicamente, con una crisis económica que parece profundizarse, Vaca Muerta es, sencillamente, el sueño de cualquier argentino que quiere progresar.
Mientras en el resto del país todo el mundo está achicándose o con miedo a perder su trabajo, ahí todo va hacia adelante, es sinónimo de progreso y bienestar para los obreros calificados como Roberto. Vaca Muerta produce energía, que es lo que la Argentina necesita y por la que se va a pagar sí o sí, el precio que haga falta.
Por ende, es un lugar donde se pagan salarios muy buenos, que permiten tener una buena capacidad de ahorro. Cada vez más empresas quieren llegar ahí para participar de ese boom de alguna manera. No sólo explotando el petróleo, sino también prestando servicios o vendiendo bienes a las firmas que lo hacen.
Economis sabe de al menos dos empresas misioneras importantes de rubros no energéticos, están explorando hacer negocios allí. Pero habría más firmas que miran de reojo ese boom en la tierra colorada.
Llegar a trabajar a Vaca Muerta no es fácil, todos los días me llaman amigos de Misiones para ver cómo pueden hacer para venir acá. Las cosas ya no son como antes, hasta para manejar un camión hay muchas calificaciones que hay que tener”, explica el misionero.
Como todos los trabajadores de Vaca Muerta, Roberto vive en el pueblo de Añelo, situado a 80 kilómetros de Neuquén capital.
“Es un pueblo muy chiquito y vivimos en unos departamentos muy pequeños que construyó un empresario que vio el negocio, porque en Añelo falta de todo y llegó mucha gente”, explicó.

 
Roberto indicó que incluso cada vez más mujeres participan en tareas que antes se reservaban sólo a los hombres.
“Manejan camiones, trabajan en Seguridad e Higiene o en limpieza”, detalló.
El misionero está pensando seriamente en llevar a su mujer y su hijo, pero está sopesando pros y contras, sobre todo teniendo en cuenta que las conexiones aéreas y el hecho de ganar un sueldo que le permite pagar los tickets de avión, también le dan posibilidades para estar en contacto con su familia viajando.
¿Cómo se hace un pozo de petróleo?
Su explicación fue muy detallada, y su expresión denota el entusiasmo y la dedicación que siente por su trabajo.
“Primero hay que limpiar el terreno, que es muy árido. Allá no llueve nunca, es todo lo contrario de Misiones. Después viene un equipo y saca unas radiografías del suelo, para ver lo que hay abajo. Hacemos un agujero chiquito muy profundo y se pasa una cámara que explora y monitorea cómo es el subsuelo y cómo es la roca”, señaló.
Los yacimientos no convencionales de Vaca Muerta consisten en que el petróleo y el gas está “incrustado” en pequeñas burbujitas dentro de grandes rocas. Aunque también por debajo de esas enormes piedras que están en el subsuelo, a kilómetros de profundidad, hay reservorios de petróleo convencional.
“Una vez que nos dieron el ok sobre el lugar, que está estudiado qué hay exactamente abajo, armamos una base y empezamos a perforar con unos caños donde podemos tirar agua si el suelo está muy duro y que también tiran aire para sacar la tierra”, explicó,
Pueden avanzar en un día unos 800 o 900 metros, aunque también hay días complicados en los que se avanza poco.
 

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YPF y Petronas invertirán USD 2300 millones en Vaca Muerta para el desarrollo de petróleo no convencional

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La inversión para el 2019 será de USD 590 millones. Para el 2022, YPF estima aumentar la producción de petróleo en un 30%, lo que representa un incremento total para la Argentina del 15%. Con cuatro torres de perforación y una planta de procesamiento de crudo en funcionamiento se crearán unos 2.000 empleos entre directos e indirectos.
El Presidente de la Nación, Mauricio Macri, se reunió hoy en la Casa Rosada con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne; el presidente de YPF, Miguel Ángel Gutiérrez; y el secretario de Energía del Ministerio de Hacienda, Javier Iguacel, por el anuncio de las petroleras YPF y Petronas que iniciarán el desarrollo masivo de petróleo no convencional en Vaca Muerta con una inversión directa de más de USD 2300 millones para los próximos cuatro años.
Esta inversión permitirá aumentar la producción de petróleo para YPF en un 30% para el 2022, lo que representaría un incremento total para la Argentina del 15%. Las inversiones para el 2019 serán de unos USD 590 millones y, de acuerdo a estimaciones de YPF y la secretaría de gobierno de Energía, generaría unos 2.000 empleos, con cuatro torres de perforación y una planta de procesamiento de crudo en funcionamiento.
El proyecto tendrá lugar en La Amarga Chica y contempla un desarrollo a 20 años, lo que implicará una inversión récord de USD 7000 millones. En este marco, el objetivo para 2022 es producir 60.000 barriles de petróleo por día.
“Sólo en 2019 YPF y Petronas duplicarán la producción en el área La Amarga Chica pasando de 10 mil a 20 mil barriles por día, en línea con los incrementos de producción que está registrando la Argentina”, sostuvo Javier Iguacel, secretario de Gobierno de Energía del Ministerio de Hacienda, en el marco de la reunión.
“Este es uno de los seis proyectos que esperamos arranquen el año que viene y que nos acercan al objetivo que nos hemos propuesto de duplicar la producción de petróleo y gas para el 2023”, agregó Iguacel.
Este emprendimiento, realizado en conjunto por las empresas estatales de gas y petróleo de Malasia y de Argentina, representa la segunda mayor inversión directa para el desarrollo del no convencional en el país.

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