POLIPOSIS NASAL

Qué es la poliposis nasal, la enfermedad que afectaría a hasta el 4% de los argentinos

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Aunque a menudo es minimizada como una molestia nasal pasajera, la poliposis nasal es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta seriamente la salud respiratoria, el bienestar emocional y la calidad de vida de los pacientes, impactando negativamente en aspectos como el sueño y la vida social.

Este 24 de abril se conmemora el Día Mundial de la Poliposis Nasal, una patología subestimada y subdiagnosticada que necesita ser visibilizada para que más personas puedan identificar los síntomas, consultar a un médico otorrinolaringólogo y acceder a un diagnóstico certero que permita iniciar un tratamiento adecuado para mejorar su calidad de vida.

Se estima que entre el uno y el cuatro por ciento de la población mundial convive con esta enfermedad, aunque su verdadero impacto sería aún mayor debido al subdiagnóstico y a la falta de conciencia tanto en la población general como entre profesionales de la salud.

Tal como describió el doctor Sebastián López, médico asociado al Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Italiano de Buenos Aires y director médico del Instituto de Enfermedades del Sueño, “la poliposis nasal, también conocida como rinosinusitis crónica con pólipos nasales, es una enfermedad inflamatoria que afecta la nariz y los senos paranasales. Se caracteriza por la aparición de pólipos blandos y benignos que se forman en la mucosa interna de estas zonas. Cuando los pólipos aumentan de tamaño, pueden bloquear el paso del aire y dificultar el drenaje normal de las secreciones, generando síntomas persistentes, molestos e incluso discapacitantes, con gran afectación de la calidad de vida”.

La nariz cumple funciones fundamentales para la salud y el bienestar. Si bien su rol más conocido es ser la principal vía de entrada del aire hacia los pulmones, acondicionándolo para su mejor llegada, también cumple funciones menos difundidas pero igualmente relevantes. La respiración nasal, por ejemplo, activa el sistema nervioso parasimpático, promoviendo estados de calma y relajación. Además, favorece una mejor arquitectura del sueño, contribuyendo a un descanso más profundo y reparador. Asimismo, mejora la función cardiovascular y potencia el rendimiento deportivo.

Por este motivo, cuando la respiración nasal se ve afectada, no solo se compromete la adecuada oxigenación, sino también múltiples aspectos del bienestar diario. Detectar y tratar estas alteraciones a tiempo puede marcar una gran diferencia en la vida de los pacientes.

Mucho más que pérdida de olfato

Aunque la anosmia (pérdida total del olfato) o la hiposmia (pérdida parcial) suelen ser los síntomas más notorios de la poliposis nasal, no son los únicos. Las personas afectadas suelen sufrir congestión nasal constante, sensación de presión facial, cefaleas, rinorrea anterior o posterior (goteo nasal), alteraciones del sueño y, en muchos casos, fatiga crónica.

“La poliposis nasal genera un impacto muy alto en la calidad de vida, comparable al de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, la artritis reumatoidea o el asma. La atención interdisciplinaria y la evaluación personalizada de cada paciente son indispensables para arribar a un diagnóstico correcto y a un tratamiento específico”, explicó el doctor Nazareno Riolfi, integrante del área de rinología del Servicio de Otorrinolaringología del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC) y de la Fundación CIDEA.

Además, entre un treinta y un setenta por ciento de los pacientes con pólipos nasales también presenta asma, ya que ambas enfermedades tienen en común un proceso inflamatorio denominado “inflamación tipo 2”, caracterizado por un aumento de eosinófilos (un tipo de glóbulos blancos) en sangre y tejidos, así como la liberación de interleuquinas 4 y 13 y otras proteínas. Esta coexistencia agrava los síntomas respiratorios, complica el manejo clínico y reduce la eficacia de los tratamientos convencionales, haciendo necesario un abordaje terapéutico diferente.

Recaídas frecuentes

Durante décadas, el tratamiento tradicional de la poliposis nasal se basó en el uso prolongado de corticoides tópicos o sistémicos y, en casos de resistencia a la medicación, en la cirugía endoscópica rinosinusal. Si bien estas opciones ofrecen alivio sintomático, no resuelven la causa subyacente de la inflamación, por lo que las tasas de recurrencia son elevadas: hasta un sesenta por ciento de los pacientes operados presenta una reaparición de los pólipos dentro de los cinco años.

El doctor Riolfi agregó que “a pesar de contar con alternativas terapéuticas farmacológicas y quirúrgicas, para los pacientes que no logran controlar los síntomas existen fármacos biológicos que han demostrado ser seguros y eficaces en el tratamiento de la poliposis nasal severa”.

En los últimos años, el avance en el conocimiento de los mecanismos inmunológicos de la enfermedad permitió el desarrollo de terapias dirigidas con anticuerpos monoclonales, diseñados para bloquear específicamente las moléculas responsables de la inflamación tipo 2. Estos tratamientos han demostrado reducir significativamente el tamaño de los pólipos, mejorar la función olfatoria, disminuir la necesidad de cirugías y reducir el uso de corticoides sistémicos.

No obstante, a pesar de los avances terapéuticos, el acceso oportuno al diagnóstico especializado continúa siendo una barrera. Muchos pacientes conviven durante años con síntomas persistentes que son erróneamente atribuidos a rinitis alérgica o a infecciones recurrentes. La falta de derivación a especialistas en otorrinolaringología y la escasa disponibilidad de estudios endoscópicos o tomografías dificultan una evaluación integral para alcanzar un diagnóstico adecuado, concluyeron los especialistas.

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Se diagnostica sólo el 2% de los casos de poliposis nasal

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La poliposis nasal se define como una rinosinusitis crónica con presencia de pólipos nasales. La rinosinusitis es una enfermedad inflamatoria recurrente de la mucosa y los senos paranasales[6],[7] y se calcula que afecta a entre el 3% y el 6% de la población[8],[9]. En 1 de cada 5 personas con esa condición, el cuadro se presenta además con pólipos nasales[10]. De este grupo, sólo el 2% tendría diagnóstico formal, a pesar de todo el impacto que generan sus manifestaciones, entre las que se destacan la pérdida parcial o total del olfato, obstrucción y congestión nasal, bilateral generalmente, secreciones nasales, estornudos, dolor y presión facial, los cuales dificultan el sueño y múltiples actividades diarias[11],[12],[13].

En el Día Mundial de la Poliposis Nasal, que se conmemora este jueves 20 de abril, expertos alertaron sobre esta problemática y remarcaron la necesidad de sospechar el diagnóstico, sobre todo a partir del síntoma de la congestión nasal y pérdida de olfato[14], si coexiste con otros síntomas nasales, y confirmándolo con una endoscopía nasal y una tomografía computada[15]

Las personas con poliposis nasal pasan buena parte del año con síntomas y, lo que generalmente más les incomoda es vivir sin olfato. Llegan a la consulta tras varios años de sostener esa situación, creyendo que tienen una alergia crónica, pero el cuadro de poliposis nasal es diferente, es desencadenado por otros mecanismos y se trata de otra manera”, explicó la Dra. Anahí Yáñez, médica especialista en Alergia e Inmunología Clínica, Directora Médica e Investigadora Principal del Centro de Investigación en Alergias y Enfermedades Respiratorias (INAER) y asesora científica de la Asociación Argentina de Pacientes con Asma y PN (AAPA).

El tratamiento por excelencia para la poliposis nasal es el quirúrgico. Sin embargo, alrededor de un 20-35% de los pacientes experimentan recurrencia de pólipos post-quirúrgicos a los 6 meses y 40 % a 18 meses16. Un tercio de los pacientes requieren cirugía 12 años después de la cirugía inicial y aproximadamente un 20% de los pacientes requiere múltiples cirugías de revisión, sometiéndose a 4, 5 o más veces, a cirugías de este tipo sin lograr un control efectivo y sostenido en el tiempo.

La recurrencia de la rinosinusitis crónica con pólipos luego de la cirugía es, sin dudas, un signo de severidad y mal pronóstico en el manejo de la sintomatología y el postoperatorio17. Esta es una enfermedad crónica y la cirugía es un paso en el manejo de la enfermedad. El objetivo principal es crear mejores condiciones para el tratamiento local. Tras el procedimiento quirúrgico es imprescindible el tratamiento médico contínuo18.

“Otra opción terapéutica es el uso de determinados antibióticos que no han demostrado su eficacia a largo plazo, irrigaciones nasales o el uso de corticoides sistémicos, que son muy efectivos para controlar el cuadro inflamatorio, en la reducción del tamaño de los pólipos y los síntomas nasales pero su uso reiterado, a largo plazo, genera múltiples complicaciones severas en el organismo. Por eso se desaconseja su empleo, salvo en períodos cortos o en casos de obstrucción nasal grave, como medicación de rescate, en casos no controlados con medicación convencional o como ‘polipectomía médica’ asociados a esteroides intranasales19,20Los esteroides intranasales mejoran los síntomas y los resultados de los pacientes, las medidas objetivas de la ventilación nasal y se asocian sólo con efectos secundarios menores21, sostuvo el Dr. José Ernesto Cafaro, Médico Otorrinolaringólogo, Profesor de Otorrinolaringología de la Facultad de Medicina de la UBA y experto de la CONEAU.

Actualmente, existe una opción terapéutica más moderna, que ya está incluida en las guías internacionales de referencia para el diagnóstico y tratamiento de la poliposis nasal22, que consiste en la indicación de medicamentos biológicos que inhiben el mecanismo que origina los pólipos y los síntomas característicos de esta patología, denominado inflamación de tipo 2. Este tipo de inflamación está presente en 8 de cada 10 casos de poliposis nasal, involucrado también en el 75% de los casos de rinitis alérgica, el 80% de los de asma[16] y también es determinante en la dermatitis atópica.

El sentido del olfato en nuestra vida

Acaban de presentarse los resultados de una encuesta internacional sobre el valor del sentido del olfato. El trabajo de campo se realizó durante diciembre de 2022 e incluyó a 6 mil participantes (mil por cada país) de Francia, Alemania, Italia, España, Japón y Estados Unidos. Poco más de un cuarto de los encuestados presentaba congestión nasal recurrente.

9 de cada 10 encuestados reconocieron el valor clave del olfato para evocar recuerdos vívidos, pero también asociado al reconocimiento de potenciales situaciones de peligro como la presencia de humo o pérdidas de gas. Entre los aromas que hacían felices a los participantes, casi 4 de cada 10 mencionaron al océano, especias y otros condimentos de cocina, y el aroma de su pareja; entre los aromas favoritos, destacaron al café, al pan recién horneado y otros manjares de panadería (45%); y entre los aromas que producen nostalgia, cerca del 45% mencionó recetas familiares, seguidas por la lluvia y el rocío (24%).

Casi 7 de cada 10 participantes reportaron temor a perder el sentido del olfato y, justamente, eso es algo que atraviesan muchos de los pacientes con poliposis nasal y, como en otros órdenes de la vida, uno dimensiona y valora algo cuando ya no lo tiene.

“El olfato es fundamental en términos de nuestra conexión con lo que nos rodea. Por eso, como profesionales de la salud, tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que nuestros pacientes conserven o recuperen este sentido crítico y puedan llevar una vida plena”, reconoció la Dra. Stella Maris Cuevas, médica otorrinolaringóloga, experta en olfato y alergista, Directora del Consultorio de Vanguardia, Trastornos del Olfato y gusto (CVOG).

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