política comercial

El Gobierno mantiene su plan para aprobar el acuerdo Mercosur–UE en sesiones extraordinarias

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Aunque el Parlamento Europeo resolvió remitir el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea al Tribunal de Justicia de la UE, una decisión que congela de hecho el proceso de ratificación en el bloque europeo, el Gobierno argentino confirmó que mantendrá el cronograma legislativo y buscará aprobar el tratado en el Congreso durante febrero, en el marco de las sesiones extraordinarias. La estrategia apunta a que la Argentina se convierta en el primer país del Mercosur en ratificar el acuerdo y dejar operativa su parte comercial, con impacto directo en exportaciones clave y en la inserción internacional.

Un freno en Europa, sin cambios en la hoja de ruta local

Con una votación ajustada —334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones—, el Parlamento Europeo decidió enviar el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para que evalúe su compatibilidad con los tratados comunitarios. La medida expuso las tensiones internas en el bloque y, en los hechos, paraliza la ratificación hasta que exista un pronunciamiento judicial. Expertos admiten que la demora podría extenderse hasta dos años.

Pese a la sorpresa inicial, el oficialismo argentino descartó modificar su agenda. “Sigue todo igual acá”, señalaron desde la Presidencia de la Cámara de Diputados, mientras que en el Senado ratificaron que el proyecto se tratará en febrero. “Hasta nuevo aviso, se sigue para adelante”, sintetizaron fuentes legislativas.

El apuro no es casual: la entrada en vigencia permitiría aprovechar cuotas de exportación —como las de carne— antes que otros socios regionales, un incentivo económico concreto en un contexto global competitivo.

Trámite legislativo y apoyos políticos: el oficialismo suma respaldos

Desde el punto de vista institucional, el tratamiento parlamentario presenta una ventaja para el Gobierno: los tratados internacionales deben aprobarse o rechazarse en su totalidad por ambas Cámaras, lo que acota el margen de negociación artículo por artículo y simplifica el debate. Además, el oficialismo subraya que las negociaciones se extendieron por 26 años y atravesaron gobiernos de distinto signo político, un argumento utilizado para justificar una aprobación expeditiva.

Varios bloques ya expresaron su respaldo. El PRO celebró que se concrete “el camino iniciado en 2019” y sostuvo que el acuerdo “abrirá nuevos mercados para nuestras PyMEs, economías regionales y exportadores”. La UCR remarcó que, en un escenario global desafiante, “la competitividad y la escala son claves” y que la cooperación entre regiones resulta indispensable.

También acompañaron bloques de centro como Provincias Unidas y la Coalición Cívica. Su presidente, Maximiliano Ferraro, definió la iniciativa como una “jugada estratégica” que reafirma la integración, el Estado de derecho y la democracia constitucional, además de la apertura a un mercado de más de 700 millones de personas, bajo reglas claras y previsibilidad.

En contraste, el peronismo aún no fijó posición y reclama que la Cancillería remita el texto definitivo para analizarlo con los sectores productivos y del trabajo, antes de definir su voto.

Las objeciones europeas y el impacto político-comercial

Entre los argumentos que motivaron el freno en el Parlamento Europeo se destaca el “mecanismo de reequilibrio”, que habilita a los países del Mercosur a impugnar normativa europea considerada perjudicial para sus exportaciones. Para varios eurodiputados, este punto podría colisionar con la autonomía regulatoria de la UE y sus tratados fundacionales.

También se cuestionaron los poderes de la Comisión Europea para dividir el acuerdo en dos partes —una política y de cooperación, y otra estrictamente comercial—, una estrategia que facilitó la firma al permitir que la parte comercial entre en vigencia de forma provisional con la sola ratificación europea.

Desde la óptica argentina, estas objeciones no alteran la conveniencia de avanzar localmente. Ratificar el acuerdo en febrero permitiría enviar una señal política y económica de apertura y previsibilidad, aun cuando la implementación plena dependa de los tiempos judiciales y políticos en Europa.

Lectura económica e institucional

La decisión del Congreso de avanzar pese al freno europeo revela una estrategia de posicionamiento: asegurar ventajas comerciales tempranas, consolidar apoyos internos y mostrar compromiso con la integración internacional. Sin embargo, el envío del tratado al Tribunal de Justicia de la UE introduce un factor de incertidumbre que podría demorar su aplicación efectiva y condicionar expectativas en sectores exportadores.

En el corto plazo, el foco estará puesto en el debate legislativo de febrero y en la capacidad del oficialismo de reunir mayorías en ambas Cámaras. En paralelo, el proceso judicial en Europa marcará el ritmo real de un acuerdo que, aun aprobado localmente, seguirá atado a definiciones externas.

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La Unión Europea pausó indefinidamente el acuerdo comercial con EE.UU. tras amenazas arancelarias y el conflicto por Groenlandia

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La Unión Europea decidió suspender “indefinidamente” las negociaciones para ratificar el acuerdo comercial con Estados Unidos, luego de que el presidente Donald Trump amenazara con imponer aranceles adicionales de hasta el 35% a los países que se opusieran a sus planes sobre Groenlandia. La decisión, adoptada en el Parlamento Europeo, introduce un nuevo foco de tensión en la relación transatlántica y abre un escenario de alto impacto económico, político e institucional para dos de las mayores economías del mundo.

La medida fue confirmada este miércoles por el presidente de la comisión de comercio del Parlamento Europeo, Bernd Lange, quien anunció públicamente el freno al proceso de ratificación: “¡El acuerdo UE-EE.UU. queda suspendido indefinidamente!”, escribió en la red social X. El bloqueo se produjo luego de que un grupo clave de eurodiputados impidiera la votación prevista, en rechazo a las amenazas formuladas desde Washington.

Un acuerdo en suspenso y un conflicto que escala

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos contemplaba, entre otros puntos, la aplicación de aranceles del 15% para los productos europeos exportados al mercado estadounidense. La UE y EE.UU. habían alcanzado un entendimiento preliminar en julio, y gran parte de sus disposiciones ya se encontraban implementadas antes de la firma definitiva.

Sin embargo, no está claro si la suspensión implica la cancelación total del acuerdo o si las partes ya vigentes continuarán aplicándose. Según Lange, Estados Unidos habría violado los términos pactados al amenazar con aranceles adicionales de hasta el 35%, lo que tensó al máximo la relación bilateral. “Hasta que las amenazas terminen, no habrá posibilidad de compromiso”, afirmó el funcionario europeo, aunque dejó entrever que algunos compromisos de la UE, como la compra de productos militares y energéticos estadounidenses, podrían mantenerse.

El anuncio europeo se conoció mientras Trump participaba del Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, donde aseguró que no tenía intención de utilizar la fuerza para adquirir Groenlandia. No obstante, insistió en su exigencia de que Europa ceda ese territorio a Estados Unidos. En ese contexto, Lange precisó en una conferencia de prensa en Estrasburgo que el presidente estadounidense “quiere que Groenlandia forme parte de Estados Unidos lo antes posible y quiere tener una mesa donde podamos discutir el precio de compra”.

Reacciones políticas y la “bazuca comercial” europea

Las amenazas arancelarias y la presión sobre Groenlandia derivaron en una reunión de emergencia de representantes de los países europeos durante el fin de semana. Según trascendió, el presidente francés Emmanuel Macron solicitó a la Unión Europea que evaluara la activación del denominado instrumento anticoerción, conocido en Bruselas como la “bazuca comercial”.

Este mecanismo permitiría a la UE responder con medidas de alto impacto, como la suspensión de licencias a empresas estadounidenses o la imposición de impuestos a servicios provenientes de Estados Unidos. Los líderes europeos volverán a reunirse este jueves en Bruselas para analizar posibles represalias en caso de que Washington concrete las nuevas amenazas arancelarias.

En paralelo, la viabilidad de las medidas anunciadas por Trump también enfrenta un frente judicial interno. La capacidad del presidente estadounidense para imponer estos gravámenes depende, en parte, de un caso que se encuentra actualmente bajo análisis del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que cuestiona la legalidad de sus aranceles más amplios. Se espera que el máximo tribunal emita un fallo en el corto plazo.

Impacto económico y riesgos de una guerra comercial

El trasfondo económico del conflicto es de gran magnitud. En 2024, el comercio conjunto entre Estados Unidos y la Unión Europea alcanzó casi un billón de dólares, de acuerdo con datos del Departamento de Comercio de EE.UU. Una escalada hacia una guerra comercial entre ambos bloques podría generar profundas repercusiones en cadenas de valor, flujos de inversión y precios internacionales.

La pausa indefinida del acuerdo comercial no solo introduce incertidumbre para los exportadores europeos y estadounidenses, sino que también reconfigura el equilibrio político en una relación históricamente estratégica. Con las negociaciones congeladas y las amenazas aún vigentes, el vínculo transatlántico ingresa en una fase de alta volatilidad, con efectos potenciales sobre la economía global y el sistema de comercio internacional.

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Parlamento Europeo paraliza el acuerdo UE-Mercosur y lo envía a la justicia europea

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El Parlamento Europeo decidió remitir el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que evalúe su compatibilidad con los Tratados comunitarios. La votación, realizada este miércoles, paraliza de manera efectiva la tramitación del pacto —firmado recientemente— hasta que la corte se pronuncie, un proceso que podría demorar entre 18 y 24 meses y reconfigura el escenario político, institucional y comercial del entendimiento birregional.

La decisión fue aprobada por 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones, en un resultado ajustado que confirma la división interna en el Parlamento. El envío al TJUE activa el artículo 218.11 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) y obliga a la presidenta del Parlamento, Roberta Metsola, a formalizar la consulta ante el tribunal con sede en Luxemburgo.

Qué se cuestiona: base legal, autonomía regulatoria y procedimiento

El núcleo del debate es la validez jurídica del acuerdo y, en particular, dos aspectos sensibles. Por un lado, el mecanismo de reequilibrio incluido en el texto, que varios eurodiputados consideran potencialmente lesivo para la autonomía regulatoria de la UE. Por otro, la base legal elegida para la aprobación, que permitiría ratificar los capítulos comerciales sin el consentimiento de los parlamentos nacionales, al presentarlos como competencia exclusiva de la Unión.

La remisión al TJUE supone un freno institucional al calendario previsto: el Parlamento no podrá votar la aprobación hasta que los jueces emitan su opinión. Además, el tribunal podría suspender cautelarmente la aplicación provisional del acuerdo por parte de la Comisión Europea.

Según la práctica del TJUE, las opiniones consultivas tardan en promedio entre 18 y 24 meses, aunque el propio tribunal “tiene el control total” del procedimiento y puede priorizar una solicitud cuando las circunstancias lo requieran. En los hechos, el impacto temporal es relevante: la entrada en vigor queda en suspenso.

Un precedente institucional y una votación inédita

Es la primera vez que una mayoría del Parlamento Europeo accede a consultar al TJUE sobre la compatibilidad de un acuerdo internacional con los Tratados, en los términos del artículo 218.11 del TFUE. La votación fue precedida por advertencias internas sobre su extrema paridad y por llamados a evitar dilaciones, especialmente en un contexto de tensiones comerciales y amenazas arancelarias atribuidas a Donald Trump.

La medida introduce incertidumbre jurídica y tensión política en un acuerdo que la UE firmó el sábado como su mayor pacto comercial, y que involucra a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Aunque el texto aún requiere aprobación para entrar en vigor, la decisión parlamentaria reordena prioridades y reabre el debate sobre competencias, control democrático y soberanía normativa.

La fragmentación del acuerdo y la crítica política

La Comisión Europea había optado por dividir el acuerdo en dos instrumentos: el ITA, de naturaleza comercial, y el Acuerdo de Asociación (EMPA), enfocado en cooperación y política. El objetivo era aplicar la parte comercial sin ratificación nacional, al encuadrarla como competencia exclusiva de la UE. Esta estrategia fue cuestionada por eurodiputados que denunciaron una vulneración de los principios de legalidad y soberanía consagrados en los Tratados.

Desde VOX, el resultado fue celebrado como “una victoria histórica”. El jefe de delegación, Jorge Buxadé, afirmó que se trata de “una gran victoria para el campo español” y sostuvo que la decisión gana tiempo y credibilidad frente a lo que definió como imposición burocrática. En ese marco, la consulta al TJUE es leída como un golpe institucional para la Comisión y un freno a la ratificación acelerada.

Repercusiones

En términos prácticos, la remisión al TJUE congela la tramitación y prolonga la incertidumbre para los sectores productivos y exportadores de ambas regiones, que aguardaban señales claras sobre plazos y reglas. Políticamente, eleva el umbral de control sobre la arquitectura legal del acuerdo y reafirma el rol del Parlamento en la verificación de compatibilidad con los Tratados.

Hacia adelante, los escenarios dependen del dictamen del TJUE: una opinión favorable despejaría el camino institucional, aunque con el costo del tiempo perdido; una observación crítica obligaría a revisiones sustantivas del diseño legal y del procedimiento de aprobación. En ambos casos, el episodio marca un precedente y redefine el equilibrio entre rapidez comercial y control jurídico-democrático en la política comercial de la UE.

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Macron: “No debemos aceptar la ley del más fuerte”

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Emmanuel Macron subió al atril en al Foro Económico Mundial en Davos con un discurso que no tuvo que aludir a Estados Unidos para haber trascendido a la prensa como una condena las políticas de Donald Trump. El mandatario europeo rechazó el uso de “la ley del más fuerte” y el “nuevo imperialismo”, en un contexto de choques con Washington por sus intenciones de “adquirir” Groenlandia y su política arancelaria. 

El presidente francés, Emmanuel Macron, proyectó este martes en el Foro Económico Mundial (WEF) la imagen de un “mundo sin reglas, donde el derecho internacional es pisoteado”, como un ejemplo del “giro a la autocracia” del que alertó en su discurso en Davos, seguido por jefes de Estado, empresarios y organizaciones globales.

En medio de la confrontación entre Europa y Estados Unidos por las amenazas de Trump sobre la anexión de Groenlandia, Macron habló en contra de las “ambiciones imperiales”, antes de decretar que “Francia y Europa están comprometidas con su independencia”.

“Aceptar el nuevo enfoque colonial no tiene sentido y todos los jefes de Gobierno que han sido complacientes con ello deben tener responsabilidad”, aseveró el presidente francés, que calificó a la OTAN como una “institución debilitada”.

La disputa por el territorio danés semiautónomo ha supuesto un reto para la OTAN, ante la posibilidad de una agresión entre sus propios integrantes. El Tratado de la alianza militar trasatlántica no contempla un escenario en el que el agresor sea un Estado miembro, lo que genera múltiples interpretaciones sobre la postura que deberían adoptar los países adscritos. 

Ataviado con lentes oscuros al estilo ‘Top Gun’, debido a una infección ocular, el francés ofreció un discurso en un tono particularmente elevado, no del todo habitual en las declaraciones del Elíseo, al que añadió unas pinceladas de sarcasmo: “Es una época de paz, estabilidad y previsibilidad, así que intentemos abordar los principales retos del mundo en unos pocos minutos”, apuntó al inicio.

Macron invoca el arma comercial más potente de la UE

“No somos respetados y no se respetan las reglas del juego”, denunció Emmanuel Macron en uno de los foros económicos más importantes del planeta, en un intento por instar a la Unión Europea a aplicar el denominado mecanismo anticoerción.

La medida invocada por Macron es un instrumento regulatorio adoptado por la Unión Europea a finales de 2023 que permite a Bruselas defenderse de la coerción económica ejercida por terceros países. Conocido como la “bazuca comercial”, representa el arma en este campo más poderosa de la UE contra acciones económicas adversas

El francés incidió en que Europa dispone de herramientas “muy poderosas” en materia comercial y debe “utilizarlas”. El mecanismo anticoerción aún no se ha aplicado desde su aprobación. “Es un instrumento muy eficaz y no debemos tener dudas en usarlo en el difícil entorno actual”, zanjó el mandatario galo.

Macron describió la política comercial emprendida por Trump como una imposición de “concesiones máximas”, que “apunta abiertamente a debilitar y subordinar a Europa”.

En la antesala del Foro de Davos, Trump amenazó con aplicar aranceles adicionales del 10% a los países europeos que ejecuten maniobras militares en Groenlandia, como ya lo han hecho Dinamarca, Francia, Alemania, Finlandia, Países Bajos y Suecia, además de Noruega y el Reino Unido.

“Con Groenlandia, no hemos amenazado a nadie, hemos apoyado a un aliado: Dinamarca”, agregó Macron, antes de tachar de “inaceptables” los aranceles impuestos por la Casa Blanca.

Washington también decretó un arancel del 200% sobre vinos y champanes franceses por la negativa del mandatario galo de entrar en la Junta de Paz para Gaza, contemplada en el plan de alto el fuego redactado en Washington para frenar la guerra entre Israel y Hamás.

“No debemos aceptar pasivamente la ley del más fuerte”, sentenció Macron ante los asistentes en Davos.

Desde París, el ministro de Relaciones Exteriores, Jean-Noel Barrot, apoyó la suspensión de un acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos. “La amenaza de aranceles aduaneros se utiliza como chantaje para obtener concesiones injustificables”, afirmó Barrot ante el Parlamento.

Socios europeos cierran filas con Macron

Una las comparecencias más esperadas del día en Davos era la de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien en un tono más conciliador que el de Macron calificó como un “error” los aranceles de Trump contra los socios europeos.

“La UE y Estados Unidos acordaron un pacto comercial el pasado mes de julio. Y tanto en política como en los negocios, un acuerdo es un acuerdo”, subrayó la política belga, en alusión al pacto entre Washington y Bruselas para fijar los aranceles a los productos de la UE en un 15%.

Sin referirse directamente al líder de Washington, destacó la importancia de dinamizar la economía de los Veintisiete. “Es hora de aprovechar esta oportunidad y construir una nueva Europa independiente”, sentenció.

En el plano territorial, Von der Leyen aseguró que la respuesta de la UE ante los planes de anexión de Groenlandia será “firme, unida y proporcional”. La presidenta de la Comisión Europea enfatizó la necesidad de ser “estratégicos”, antes de subrayar que la alianza continental está “plenamente comprometida y comparte los objetivos de Estados Unidos” en materia de seguridad en el Ártico.

“Deberíamos destinar una parte del aumento de nuestro gasto en defensa a la creación de una capacidad europea de rompehielos y a otros equipos esenciales para la seguridad en el Ártico”, agregó.

En línea con Emmanuel Macron, El primer ministro belga, Bart De Wever, se mostró a favor de adoptar una postura más firme frente a la Administración Trump.

“Si alguien dice: ‘Quiero quitarte territorio de la OTAN, o de lo contrario iniciaré una guerra comercial’, entonces iniciaremos una guerra comercial”, decretó el dirigente belga en una entrevista, al margen del Foro Económico Mundial de Davos.

A la espera de la intervención este miércoles de Trump, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, adelantó en Davos algunas de las posiciones de la Administración republicana al recomendar a la UE que “respire hondo, deje que las cosas se resuelvan y descarte represalias”.

Bessent defendió que la Groenlandia “es esencial para el escudo antimisiles Cúpula Dorada”, un mecanismo de defensa para misiles intercontinentales.

Macron comentó con la prensa que no planea reunirse con su homólogo estadounidense en Davos, después de que en la mañana del martes Trump filtrara unos mensajes privados del líder del Elíseo. “Estamos totalmente de acuerdo en Siria. Podemos lograr grandes cosas en Irán. No entiendo lo que estás haciendo con respecto a Groenlandia”, escribió Macron al republicano estadounidense, a quien además invitó a cenar a París después del foro en Suiza.

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La UE evalúa activar su “bazuca comercial” ante la amenaza arancelaria de Trump por Groenlandia

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La escalada de tensiones entre Estados Unidos y la Unión Europea volvió a ganar intensidad luego de que el presidente Donald Trump anunciara aranceles adicionales contra ocho países europeos en represalia por su rechazo a la pretensión estadounidense sobre Groenlandia. Ante este escenario, Francia pidió formalmente a la UE activar el Instrumento Anticoerción Económica (ACI), conocido como la “bazuca comercial”, una herramienta aprobada en 2023 para responder a presiones externas que afecten la soberanía económica y política del bloque. La medida abre un frente de alto impacto económico, comercial e institucional en una relación bilateral que mueve más de US$1,8 billones al año.

La advertencia estadounidense no sólo reavivó el debate sobre la autonomía estratégica europea, sino que colocó al comercio internacional y a la estabilidad de las relaciones transatlánticas en el centro de la agenda política global, con posibles consecuencias sobre inversiones, cadenas de valor y flujos financieros.

Aranceles, Groenlandia y un conflicto que escala

El detonante del conflicto fue el anuncio de Donald Trump de imponer aranceles del 10% a los productos provenientes de Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia, porcentaje que se elevaría al 25% a partir de junio, condicionado a que Dinamarca acepte vender Groenlandia a Estados Unidos.

“¡La paz mundial está en juego! China quiere Groenlandia, y Dinamarca no puede hacer nada al respecto”, escribió Trump en su cuenta de Truth Social, en un mensaje que generó fuerte rechazo en Europa. La decisión fue comunicada pocos días después de que estos países enviaran una misión militar conjunta a Groenlandia para reforzar la seguridad del territorio.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, respondió con dureza: “Europa no se dejará chantajear”. En la misma línea, los gobiernos afectados iniciaron contactos diplomáticos con Washington y expresaron su disposición a dialogar “sobre la base de los principios de soberanía e integridad territorial”. Sin embargo, el tono del conflicto marcó un punto de inflexión.

En ese contexto, el presidente francés Emmanuel Macron calificó de “inaceptable” la amenaza arancelaria y solicitó a sus pares europeos avanzar con la activación del Instrumento Anticoerción Económica, una señal de que la UE evalúa pasar del diálogo a la disuasión efectiva.

Qué es el Instrumento Anticoerción Económica y cómo funciona

El ACI fue aprobado por la Unión Europea en 2023 como una herramienta de defensa frente a presiones externas. Según el Parlamento Europeo, su objetivo central es disuadir a terceros países de ejercer medidas coercitivas contra los intereses de la UE o de alguno de sus Estados miembros, y, en última instancia, permitir la aplicación de contramedidas.

El instrumento autoriza a la UE a adoptar una amplia gama de medidas retaliatorias, entre ellas:

  • Imposición de aranceles adicionales a productos importados.
  • Restricciones al comercio de servicios.
  • Limitaciones al acceso a la inversión extranjera directa.
  • Exclusión de empresas extranjeras de licitaciones públicas en los 27 Estados miembro.
  • Restricciones a la compra de acciones, al financiamiento público o privado y a la participación en contratos estatales.

Además, el ACI habilita a exigir una “reparación” económica al país que ejerza coerción comercial o financiera.

Tras la aprobación de la normativa, el eurodiputado alemán Bernd Lange sostuvo: “Este instrumento nos permite reaccionar rápidamente ante la presión de otros países. Ahora tenemos una amplia gama de contramedidas para defender la soberanía de la Unión”. Si bien el diseño del ACI es esencialmente disuasorio, su activación marcaría un giro significativo en la política comercial europea.

Antecedentes, comercio bilateral y el dilema político

El ACI comenzó a gestarse tras la primera presidencia de Trump, período atravesado por fricciones comerciales entre Washington y Bruselas. Sin embargo, el episodio que aceleró su aprobación fue el conflicto entre China y Lituania en 2021, cuando Pekín impuso restricciones comerciales luego de que el país báltico fortaleciera sus vínculos con Taiwán. En aquel caso, la UE argumentó que la coerción comercial no está contemplada en los mecanismos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que justificó la creación de una herramienta específica.

La magnitud del actual conflicto explica la cautela europea. En 2023, el comercio de bienes y servicios entre la UE y EE.UU. superó los US$1,8 billones, con intercambios diarios cercanos a US$5.000 millones, según la Comisión Europea. En bienes, la UE registró un superávit superior a US$170.000 millones, mientras que en servicios EE.UU. obtuvo un saldo favorable de casi US$120.000 millones.

En julio pasado, ambas partes habían alcanzado un acuerdo para reducir aranceles del 25% al 15%, a cambio de inversiones europeas por miles de millones de dólares en el sector industrial y de defensa estadounidense. La posibilidad de que este pacto quede congelado ahora aparece como una de las principales consecuencias del conflicto.

Mientras Macron y otros líderes presionan para avanzar con el ACI, algunos gobiernos llaman a la prudencia. El primer ministro de Irlanda, Micheál Martin, recordó que el instrumento “está sobre la mesa”, pero pidió agotar la vía diplomática. En el mismo sentido, el primer ministro noruego Jonas Gahr Store advirtió: “Debemos ser muy cuidadosos para no entrar en una guerra comercial que se salga de control”.

Los embajadores de los 27 países de la UE tenían previsto reunirse de emergencia para analizar la situación y definir los próximos pasos, en un escenario donde la activación de la “bazuca comercial” podría redefinir la relación transatlántica y sentar un precedente clave en la política comercial global.

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