política monetaria

El BCRA compró US$80 millones, el mayor monto de agosto, pero las reservas brutas cayeron US$50 millones

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El Banco Central (BCRA) cerró la semana con una señal que sintetiza las tensiones del actual esquema cambiario: aceleró fuertemente su intervención compradora en el mercado oficial, pero las reservas internacionales brutas terminaron la jornada con una baja de US$50 millones. La autoridad monetaria adquirió US$80 millones este viernes, el mayor monto diario de agosto, aunque el stock bruto descendió hasta US$49.496 millones.

La compra se produjo en una rueda con US$557 millones operados, por lo que la intervención oficial representó cerca del 14% del volumen negociado. La magnitud de la operación marcó un salto respecto de las jornadas anteriores y mostró una presencia más activa del Central en una plaza en la que durante agosto la capacidad de absorción de divisas venía siendo sensiblemente menor a la observada en los meses previos.

Con la operación del viernes, el saldo comprador de agosto alcanzó los US$329 millones, mientras que las compras acumuladas durante 2026 llegaron a US$13.656 millones. En la semana, el BCRA incorporó US$218 millones. Sin embargo, el promedio diario de compras de agosto se mantiene en torno de los US$33 millones, muy por debajo de los US$103 millones de julio, los US$68 millones de junio y los US$137 millones de mayo.

La lectura, por lo tanto, tiene dos velocidades. El Central continúa comprando dólares y acumula un volumen significativo desde el inicio del año, pero lo hace a un ritmo inferior al de los meses anteriores. El dato es particularmente relevante dentro del esquema de bandas cambiarias, donde la capacidad de acumular reservas constituye uno de los indicadores centrales para evaluar la fortaleza del régimen.

Un superávit comercial que encuentra un límite en la demanda privada

El margen para comprar divisas proviene, en buena medida, del excedente generado por el sector externo. El último balance cambiario del BCRA, correspondiente a junio, mostró un superávit de cuenta corriente de US$857 millones, impulsado por exportaciones de bienes por un récord de US$9.438 millones.

Pero el flujo comercial no se transforma íntegramente en reservas. En el mismo período, las personas humanas adquirieron US$2.821 millones netos, una demanda que absorbe parte importante de las divisas disponibles y limita la velocidad con la que el Central puede incrementar sus tenencias.

En ese contexto, la política cambiaria parece buscar un equilibrio delicado: comprar divisas sin generar una presión adicional sobre el tipo de cambio que pueda interrumpir el proceso de desinflación. A la intervención directa en el mercado oficial se suman herramientas de cobertura mediante futuros y títulos ajustables por el tipo de cambio.

El oro amortiguó la caída de las reservas

La reducción de US$50 millones en las reservas brutas no respondió exclusivamente a movimientos de flujo. La valuación de los activos internacionales también tuvo incidencia y, en esta oportunidad, el comportamiento de algunos activos permitió amortiguar el impacto.

El oro avanzó 0,25%, movimiento que habría aportado cerca de US$50 millones al valor contable de las tenencias del Central. Al mismo tiempo, el dólar perdió valor frente a otras monedas a nivel global: el índice DXY retrocedió 0,31%, mientras el euro avanzó 0,34% y la libra esterlina ganó 0,36%.

La combinación permitió compensar parcialmente otros factores de valuación que venían presionando sobre el stock. Así, la compra de dólares del BCRA operó positivamente sobre el flujo, mientras que la valuación de las reservas tuvo un efecto menos adverso que en las jornadas precedentes.

La diferencia entre reservas brutas y netas vuelve a adquirir relevancia. Según estimaciones privadas citadas en el mercado, la recompra de Letras Intransferibles realizada a comienzos de la semana con dólares que el Tesoro había obtenido tras la cancelación de BOPREAL habría llevado las reservas netas a su mejor nivel desde septiembre de 2021.

Esto permite separar dos fenómenos que pueden moverse en direcciones diferentes: una caída diaria del stock bruto no necesariamente implica un deterioro equivalente de la posición financiera del Central. Para el mercado, la mejora de las reservas netas constituye una señal más significativa sobre la calidad del balance de la autoridad monetaria.

El dólar mayorista volvió a quedar debajo de $1.500

En el mercado cambiario, el dólar mayorista retrocedió 0,30% y cerró en $1.487,50 para la venta. La cotización volvió a ubicarse por debajo de los $1.500 en una jornada de menor volumen, en la que la oferta volvió a marcar el ritmo de la plaza.

El tipo de cambio oficial A3500 terminó en $1.512,59, mientras que el techo de la banda se ubicó en $1.879,97. La distancia entre ambos valores alcanzó el 24,29%, dejando un margen todavía considerable antes de alcanzar el límite superior del esquema.

Los dólares financieros, en cambio, tuvieron una evolución heterogénea. El MEP cayó 0,40% hasta $1.514,78, mientras que el contado con liquidación subió 0,32% hasta $1.585,42. El blue avanzó 0,65% y terminó en $1.545.

Con esos valores, la brecha entre el blue y el tipo de cambio oficial se amplió al 3,87%, mientras que el diferencial del contado con liquidación se ubicó en 4,66%. La dispersión sigue siendo acotada en términos históricos, aunque el comportamiento de las tasas mostró que el mercado comenzó a exigir una mayor compensación para permanecer posicionado en pesos.

La suba de tasas encarece la cobertura contra el dólar

El movimiento más significativo de la jornada apareció en el mercado de dinero. La TAMAR saltó hasta 24,19%, desde 23,19%, mientras que la BADLAR avanzó hasta 22,56%, frente al 21% previo.

La suba de las tasas es consistente con una estrategia orientada a sostener el atractivo de las posiciones en pesos y desalentar una dolarización inmediata de las carteras. Ese mecanismo también tuvo impacto en los futuros de dólar, que terminaron con bajas generalizadas.

Agosto cayó 0,20%, septiembre retrocedió 0,26% y los contratos correspondientes a 2027 también finalizaron en terreno negativo, con una variación general de 0,20%. La tasa implícita para agosto quedó en 1,74% mensual, equivalente a 20,88% anualizado, una señal de expectativas relativamente contenidas sobre la depreciación del peso.

El movimiento revela una tensión central del programa cambiario: el BCRA busca acumular reservas, pero al mismo tiempo procura evitar que esa estrategia genere una presión alcista sobre el dólar que termine trasladándose a los precios. Para ello, la tasa de interés se convierte nuevamente en una herramienta de regulación de los incentivos entre pesos y dólares.

Crédito en dólares: más oferta hoy, un riesgo potencial mañana

En paralelo, la habilitación de financiamiento en dólares para empresas que no sean necesariamente exportadoras agrega una variable nueva al mercado. La medida permite que las entidades financieras destinen hasta 15% de sus depósitos en moneda extranjera a estos nuevos créditos, bajo un esquema de requisitos prudenciales específicos.

El mecanismo puede ampliar la oferta de dólares en el mercado oficial si los préstamos son liquidados allí y, de esa manera, generar un flujo adicional que favorezca la acumulación de reservas. Pero el efecto depende de que exista demanda genuina de crédito y de que el comportamiento cambiario permanezca estable.

El riesgo aparece si el escenario se invierte. Mientras el dólar permanezca relativamente estable, una empresa puede encontrar conveniente endeudarse en moneda extranjera y utilizar los fondos para financiar capital de trabajo o inversiones. Ante un episodio de volatilidad, en cambio, la necesidad de comprar dólares para afrontar esos compromisos puede transformar ese flujo en una fuente adicional de demanda cambiaria.

Por eso, la ampliación del crédito en dólares puede funcionar como mecanismo de profundización financiera y, simultáneamente, exige una gestión prudente del riesgo de descalce de moneda. El desafío no está solamente en generar más crédito, sino en garantizar que el crecimiento de la intermediación no termine trasladando riesgo cambiario hacia empresas sin ingresos suficientes en dólares.

El desafío para el segundo semestre

El mercado llega así a una segunda mitad de agosto en la que convergen señales favorables y tensiones todavía abiertas. El BCRA acumula US$13.656 millones de compras en el año y las reservas netas habrían alcanzado su mejor posición desde 2021, pero el ritmo de adquisición mensual es menor al de julio y las tasas de interés volvieron a tensionarse.

El frente cambiario mantiene, por ahora, una dinámica relativamente controlada. El dólar mayorista permanece debajo de $1.500, la brecha continúa contenida y los futuros no reflejan un salto significativo en las expectativas de depreciación. Sin embargo, la suba del costo del dinero muestra que sostener esa estabilidad requiere una política monetaria más activa.

El escenario también está condicionado por las expectativas de inflación. El REM del BCRA proyecta una variación mensual de precios de 1,8% para agosto y un tipo de cambio oficial cercano a $1.652 hacia diciembre. La consistencia entre esas expectativas y la evolución efectiva del mercado será uno de los principales tests del esquema de bandas y acumulación de reservas.

La cuestión de fondo es si el Central puede sostener simultáneamente tres objetivos: comprar dólares, evitar una aceleración cambiaria y mantener el proceso de desinflación. La jornada del viernes mostró que todavía puede intervenir con fuerza cuando las condiciones de mercado lo permiten. La incógnita es cuánto margen tendrá para hacerlo de manera sostenida sin tensionar nuevamente las tasas ni trasladar presión al mercado cambiario.

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El BCRA amplía el crédito en dólares, pero fija un techo del 15% y endurece los controles prudenciales

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) adecuará el marco prudencial para las financiaciones en moneda extranjera luego de la modificación del artículo 23 del Decreto 905/02 anunciada por el Poder Ejecutivo. La decisión amplía el universo de destinos al que podrán dirigirse los depósitos en dólares, pero incorpora un límite cuantitativo y mayores exigencias de capital para evitar que una expansión del crédito genere nuevos riesgos sobre el sistema financiero.

La lógica económica detrás del cambio apunta a profundizar la intermediación financiera en una economía donde el ahorro y las decisiones de inversión se encuentran parcialmente dolarizados. El objetivo es que una mayor proporción de los depósitos en moneda extranjera pueda transformarse en financiamiento para la inversión privada, la actividad productiva y el empleo, reduciendo al mismo tiempo la dependencia de fuentes externas de crédito.

El cambio, sin embargo, no supone una liberalización irrestricta del crédito en dólares. El BCRA establecerá que las financiaciones provenientes de depósitos en moneda extranjera destinadas a clientes que no encuadren en los destinos que ya estaban habilitados no podrán superar, en conjunto, el 15% de los depósitos en dólares de cada entidad financiera.

Ese límite funciona como una barrera prudencial frente a uno de los principales riesgos de una mayor dolarización del crédito: el descalce de moneda. Un tomador que genera sus ingresos en pesos pero contrae una deuda en dólares puede enfrentar un deterioro abrupto de su capacidad de repago si se produce una variación significativa del tipo de cambio. Por eso, la nueva regulación combina la ampliación del crédito con requisitos adicionales para bancos y deudores.

La primera protección estará vinculada al capital. Para estas nuevas financiaciones, el requisito de capital mínimo será equivalente al 125% del correspondiente a otras operaciones comparables. En términos regulatorios, esto implica que las entidades deberán respaldar con una mayor cobertura patrimonial los créditos considerados más expuestos al riesgo cambiario.

El segundo mecanismo operará sobre los límites de exposición crediticia. Estas financiaciones computarán por 1,25 veces la exposición que correspondería si no estuvieran alcanzadas por el tratamiento específico. De esta manera, el regulador eleva el costo prudencial de incrementar este tipo de cartera y desalienta una expansión excesivamente acelerada.

El tercer componente será la evaluación de la capacidad de repago. Las entidades financieras deberán analizar cómo responderían los tomadores ante escenarios de variación del tipo de cambio de diferente magnitud. El objetivo es que la decisión de otorgar un préstamo en dólares no se base exclusivamente en la situación financiera actual del cliente, sino también en su capacidad para absorber eventuales movimientos cambiarios.

La combinación de límite cuantitativo, mayor exigencia de capital y pruebas de capacidad de pago busca resolver una tensión central de la política financiera argentina: cómo utilizar los dólares depositados dentro del sistema para financiar inversión sin trasladar al sistema bancario los riesgos derivados de prestar en una moneda distinta de aquella en la que generan ingresos muchos de los tomadores.

En ese sentido, la medida parte de una premisa relevante para una economía bimonetaria: profundizar la intermediación entre el ahorro doméstico y la inversión privada puede reducir el desbalance entre ambos. Cuando los dólares permanecen fuera del circuito crediticio, el sistema financiero pierde capacidad para transformar ese ahorro en inversión productiva. Cuando se habilita su utilización, aumenta potencialmente la oferta de crédito, pero también adquiere mayor importancia la gestión del riesgo cambiario.

El desafío consiste, entonces, en ampliar la frontera del financiamiento sin deteriorar la calidad de los activos bancarios. La regulación diseñada por el BCRA busca que la expansión sea gradual y que cada peso de riesgo adicional tenga un respaldo patrimonial acorde con su exposición.

Para las empresas, especialmente aquellas con ingresos o activos vinculados al dólar, la modificación puede ampliar las alternativas de financiamiento disponibles dentro del sistema local. El efecto sobre la inversión dependerá, sin embargo, de la capacidad de los bancos para canalizar esos fondos y de que la demanda de crédito encuentre proyectos con flujos suficientes para sostener obligaciones en moneda extranjera.

La medida también apunta a un problema estructural de la economía argentina: la baja profundidad del crédito bancario. Movilizar el ahorro en dólares existente dentro del sistema puede generar una fuente adicional de financiamiento sin depender exclusivamente del ingreso de capitales externos. Para que ese mecanismo tenga impacto sostenido, será necesario que el nuevo crédito se dirija hacia actividades capaces de generar productividad, exportaciones o ingresos compatibles con la moneda del financiamiento.

El BCRA plantea así una estrategia de expansión controlada: permitir nuevos destinos para los depósitos en dólares, pero establecer límites explícitos y una cobertura prudencial superior. La eficacia de la medida se jugará en el equilibrio entre ambos objetivos: transformar ahorro inmovilizado en crédito útil para la economía real sin comprometer la solvencia y liquidez de las entidades financieras.

En última instancia, el cambio regulatorio no busca solamente aumentar el volumen de préstamos denominados en dólares. Su objetivo más profundo es ampliar la capacidad del sistema financiero argentino para conectar ahorro e inversión dentro del país. El resultado dependerá de que esa mayor disponibilidad de crédito pueda convertirse en inversión productiva y empleo, manteniendo bajo control el riesgo que históricamente representa el descalce de monedas.

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El BCRA vuelve a expandir la base monetaria y el crédito acelera: qué muestran las cifras de julio

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El proceso de normalización monetaria comenzó a mostrar en julio una señal que, hasta ahora, había permanecido ausente: la base monetaria volvió a crecer en términos reales después de diez meses consecutivos de contracción. El dato aparece acompañado por una recuperación de la demanda transaccional de dinero y por una aceleración del crédito al sector privado, en un contexto que el Banco Central (BCRA) vincula con la consolidación del proceso de desinflación.

Según el Informe Monetario Mensual correspondiente a julio, publicado este viernes, la base monetaria aumentó 0,2% en términos reales y sin estacionalidad. En valores nominales, el stock se incrementó en $0,5 billones respecto del cierre de junio. El cambio adquiere relevancia porque interrumpe una secuencia de diez meses de contracción y lleva la base monetaria a representar el 3,9% del PIB, todavía 0,4 puntos porcentuales por debajo del nivel registrado en julio de 2025.

La expansión no respondió a una reapertura del financiamiento monetario al Tesoro. Por el contrario, el principal factor expansivo fue la compra neta de divisas al sector privado. Durante julio, el BCRA adquirió USD 2.162 millones, operación que generó una expansión monetaria de $3,2 billones. Parte de ese efecto fue compensado por las operaciones del Tesoro a través de su cuenta en pesos y por la esterilización realizada por la autoridad monetaria mediante operaciones de mercado abierto y repos.

El mecanismo resulta central para interpretar la fotografía monetaria de julio: la expansión de la base se produjo asociada a la acumulación de activos externos, mientras que el resto de las operaciones funcionó como contrapeso sobre la liquidez. En términos acumulados, las compras de divisas del BCRA alcanzaron USD 13.337 millones durante los primeros siete meses del año. Las reservas internacionales, en tanto, finalizaron julio en USD 47.599 millones, USD 2.729 millones por encima del cierre de junio.

El segundo dato relevante aparece del lado de la demanda de dinero. El M2 privado transaccional creció 1,8% real y sin estacionalidad en julio y acumuló tres meses consecutivos de expansión. La recuperación estuvo explicada principalmente por los depósitos a la vista transaccionales, que avanzaron 2,7% real, mientras que el circulante en poder del público aumentó 0,4%. El comportamiento es consistente, según el BCRA, con una recuperación de la demanda de dinero en un escenario de moderación de la inflación.

La contracara estuvo en los instrumentos remunerados. Los depósitos a plazo fijo del sector privado disminuyeron 0,4% real y sin estacionalidad, con una dinámica diferenciada entre hogares y empresas. Mientras las personas incrementaron levemente sus colocaciones, las empresas redujeron sus depósitos a plazo y aumentaron sus tenencias de depósitos a la vista remunerados. Como resultado, el M3 privado cayó apenas 0,1% real en julio y se ubicó en el equivalente a 12,9% del PIB, 1,9 puntos porcentuales por encima del mínimo observado en abril de 2024.

El crédito privado aportó otra señal de mayor profundidad financiera. Los préstamos en pesos crecieron 1,2% real y sin estacionalidad durante julio, con un incremento promedio de $3,0 billones. El BCRA señaló que se trató del mayor crecimiento mensual desde fines de 2025 y que, en términos interanuales, el crédito en pesos mantuvo una expansión real de 1,7%. Su participación sobre el PIB permaneció en 9,2%, mientras que al incorporar los préstamos en moneda extranjera el crédito total al sector privado alcanzó 12,5% del producto.

La composición del crédito también ofrece una lectura relevante para la actividad económica. Por tercer mes consecutivo, los préstamos comerciales fueron el principal motor de la expansión, con una suba de 2% mensual real y sin estacionalidad. Dentro de esa categoría, los adelantos en cuenta corriente crecieron 7,6%, mientras que las financiaciones mediante documentos prácticamente no se movieron.

El crédito hipotecario, por su parte, continuó exhibiendo una trayectoria expansiva. Los préstamos con garantía real aumentaron 0,8% real en julio, impulsados por las financiaciones para vivienda, que crecieron 2,1% mensual y acumularon más de dos años de variaciones positivas. En términos interanuales, el crédito para la compra de vivienda avanzó 50,2% real, principalmente por el comportamiento de los préstamos ajustables por UVA.

En paralelo, el financiamiento en dólares mantuvo un ritmo particularmente intenso. Los préstamos al sector privado en moneda extranjera aumentaron USD 1.115 millones durante julio y alcanzaron un stock de USD 24.826 millones, con un crecimiento interanual de 45,4%. El BCRA señaló que la expansión se explica principalmente por documentos a sola firma destinados a financiar operaciones de comercio exterior, en una trayectoria ascendente prácticamente ininterrumpida desde enero de 2024.

La otra pieza del esquema monetario que comienza a tomar forma es institucional. Durante julio, el Gobierno envió al Congreso un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA que establece la preservación del valor de la moneda como misión primaria y fundamental de la entidad. El texto propone prohibir el financiamiento al Tesoro mediante Adelantos Transitorios, eliminar mecanismos de transferencia de reservas y restringir la distribución de utilidades a aquellas realizadas y líquidas, una vez constituidas las reservas correspondientes.

El proyecto busca, en términos del propio informe, impedir que el financiamiento del Gobierno por parte del Banco Central genere expansiones monetarias que no estén respaldadas por una mayor demanda de dinero. La propuesta también contempla transitoriamente la posibilidad de utilizar utilidades bajo el criterio normativo vigente para cancelar saldos pendientes de Adelantos Transitorios y Letras Intransferibles, con el objetivo de mejorar la calidad del activo del BCRA.

El cuadro de julio, por lo tanto, combina tres movimientos que merecen ser observados en conjunto: una base monetaria que deja atrás diez meses de contracción, una demanda transaccional que acumula tres meses de crecimiento y un crédito privado que vuelve a ganar dinamismo. La clave para la sostenibilidad de esta trayectoria estará en que la mayor cantidad de dinero y crédito continúe acompañada por una demanda monetaria creciente, acumulación de reservas y una disciplina que limite la creación de pesos desvinculada de la actividad económica.

Para Misiones y el NEA, el dato más tangible aparece en el canal crediticio. La recuperación de los préstamos comerciales puede traducirse en mayor disponibilidad de capital de trabajo para empresas, mientras que el crecimiento del financiamiento en dólares mantiene una conexión directa con actividades vinculadas al comercio exterior. El desafío ya no es solamente que el crédito vuelva a crecer, sino que esa expansión logre transformarse en inversión, producción y capital de trabajo a costos compatibles con la rentabilidad de las economías regionales.

El informe del BCRA deja así una fotografía menos centrada en la cantidad absoluta de pesos y más en su composición: mientras la base monetaria recupera terreno, los depósitos transaccionales crecen, el crédito privado gana profundidad y las reservas aumentan. La evolución de estos cuatro indicadores será determinante para saber si la recuperación monetaria de julio representa apenas un cambio estadístico o el comienzo de una etapa de mayor intermediación financiera con estabilidad nominal.

Informe Monetario Mensual 2026 07 by CristianMilciades

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BCRA: Bausili descartó un salvataje estatal para los deudores morosos

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) cerró la puerta a un programa estatal de rescate para los clientes bancarios que atraviesan situaciones de mora. Su presidente, Santiago Bausili, ratificó que el Gobierno no utilizará recursos públicos, emisión monetaria ni subsidios de tasas para absorber los incumplimientos y sostuvo que la salida deberá construirse mediante acuerdos entre las entidades financieras y sus clientes.

La definición se produjo este jueves durante una conferencia de prensa realizada en la sede del BCRA, en la que Bausili presentó el Informe de Política Monetaria correspondiente al segundo trimestre del año. Su postura se alineó con las declaraciones previas del presidente Javier Milei y del ministro de Economía, Luis Caputo, quienes también habían descartado una asistencia oficial frente al incremento de la morosidad.

“Nosotros vamos a evitar las soluciones que impliquen quitarle recursos a alguien para asignárselos a otro, y eso incluye una monetización de estas cuestiones. Seguimos viendo esto como una conversación entre privados”, sostuvo Bausili.

La definición implica que el Estado no asumirá el costo de las deudas impagas ni creará un mecanismo general para trasladarlo al conjunto de los contribuyentes. En cambio, las condiciones de refinanciación quedarán sujetas a la negociación entre cada banco y sus clientes, en un escenario en el que el sistema financiero ya comenzó a extender plazos y reducir tasas para determinados casos.

Bausili justificó esa decisión a partir de la experiencia histórica de la intervención estatal en contratos entre particulares. “En la historia, cuando el Estado se mete en medio de una conversación entre privados, típicamente es torpe y acarrea consecuencias no deseadas”, señaló.

El titular del Central agregó que las propias entidades financieras prefieren mantener el proceso fuera de una intervención directa del Estado. “Lo que nosotros escuchamos del sector privado es que prefieren que nosotros no nos metamos”, afirmó.

Desde la perspectiva oficial, además, el nivel actual de incumplimiento no constituye una señal de alarma sistémica. Bausili sostuvo que el ratio de morosidad “está en niveles normales” y “no preocupa”. También planteó que la dinámica de las deudas debe analizarse en períodos más extensos, debido a que los procesos de refinanciación no se resuelven de manera inmediata.

“Es un proceso dinámico en el que las deudas se refinancian a lo largo del tiempo, eso lleva meses”, explicó el presidente del BCRA.

El diagnóstico oficial coloca el problema de la mora en una zona intermedia: no representa, según el Gobierno, un riesgo que justifique un salvataje estatal, pero sí requiere que bancos y clientes encuentren mecanismos para reestructurar obligaciones que dejaron de ser sostenibles bajo las condiciones originales.

En esa línea, el Ministerio de Economía sostiene que las entidades financieras están refinanciando compromisos a tasas más bajas y plazos más extensos. La expectativa oficial es que esa dinámica permita reducir gradualmente el nivel de morosidad sin recurrir a recursos fiscales ni a mecanismos de expansión monetaria.

La postura representa un cambio relevante respecto de los esquemas de asistencia que trasladan al Estado parte del costo de los incumplimientos privados. El criterio elegido por la administración de Javier Milei es preservar la responsabilidad contractual entre las partes y evitar que el Tesoro o el Banco Central absorban pérdidas originadas en créditos otorgados por entidades financieras.

La discusión sobre la mora se produjo, además, en paralelo con un mensaje optimista del BCRA sobre la evolución de la actividad económica. Durante la presentación del informe monetario, Bausili anticipó que la inflación continuará desacelerándose y sostuvo que la expansión económica continuará durante los próximos meses.

Junto con el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, afirmó que el crecimiento comenzará a extenderse hacia distintos sectores de la economía y destacó la recuperación del consumo luego del denominado “shock monetario de 2025”.

La apuesta oficial es que una economía con menor inflación y mejores condiciones de crédito contribuya a recomponer la capacidad de pago de hogares y empresas. En ese escenario, la reducción de tasas y la extensión de plazos aparecen como herramientas privadas para contener la mora sin necesidad de una intervención estatal.

Para los deudores, sin embargo, el esquema implica que no habrá una solución general financiada por el Estado. La alternativa dependerá de la capacidad de cada persona o empresa para negociar con su entidad financiera condiciones compatibles con sus ingresos y compromisos, mientras los bancos deberán administrar el equilibrio entre recuperar créditos y evitar que una reestructuración termine profundizando los incumplimientos.

El Gobierno, en tanto, busca que la normalización se produzca dentro del propio sistema financiero. Bausili dejó así definida la hoja de ruta: sin emisión para cubrir morosidad, sin fondos fiduciarios y sin subsidios de tasas, pero con refinanciaciones privadas como mecanismo para absorber gradualmente el problema.

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El Banco Central interrumpió una racha histórica de compras de dólares

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) puso fin este martes a una de las rachas compradoras más extensas de los últimos años en el mercado cambiario. Después de 135 ruedas consecutivas adquiriendo divisas en el Mercado Libre de Cambios (MLC), la autoridad monetaria no realizó compras, interrumpiendo un proceso de acumulación de reservas que había comenzado el 2 de enero con la denominada “fase 4” del programa monetario.

La pausa marca un punto de inflexión en una estrategia que permitió al organismo incorporar US$13.128 millones al mercado oficial durante poco más de siete meses. El volumen acumulado se ubica dentro del rango previsto por el Gobierno nacional, que estimaba una capacidad de compra de entre US$10.000 millones y US$17.000 millones, dependiendo de la evolución de la demanda de dinero y de las condiciones de liquidez del mercado cambiario.

El desempeño de julio había mostrado incluso una aceleración respecto del promedio anual. Durante el séptimo mes del año, el Banco Central acumuló compras por US$1.963 millones, superando ampliamente los US$1.418 millones registrados en junio. El promedio diario ascendía a US$116 millones, por encima de los US$97 millones que había promediado la entidad desde comienzos de año.

El corte de la racha no respondió a un cambio en la estrategia cambiaria sino a una mayor demanda de dólares por parte del sector energético, que limitó la capacidad del Banco Central para continuar absorbiendo divisas en la jornada. Como consecuencia, las reservas internacionales finalizaron el día en US$48.931 millones, registrando una disminución diaria de US$234 millones.

Pese a esa caída puntual, el nivel de reservas continúa mostrando una mejora significativa respecto del inicio del año y constituye uno de los principales respaldos del actual esquema cambiario. Para la política económica, la acumulación de activos internacionales representa un elemento clave para fortalecer la estabilidad financiera, mejorar la capacidad de respuesta frente a eventuales episodios de volatilidad y consolidar la credibilidad del programa macroeconómico.

La interrupción de las compras también se produjo en un contexto de relativa estabilidad cambiaria. El dólar mayorista permaneció por debajo de los $1.500 y continuó operando con un amplio margen respecto del techo de la banda de flotación, ubicándose aproximadamente un 22,9% por debajo del límite superior, fijado actualmente en $1.841,17. Esa distancia refleja que el mercado sigue desenvolviéndose dentro de los parámetros previstos por el régimen cambiario vigente.

En el segmento minorista tampoco se observaron movimientos relevantes. El Banco Nación mantuvo la cotización de venta en $1.520, mientras que el denominado dólar tarjeta se ubicó en $1.976 para consumos en el exterior. A su vez, el promedio relevado por el Banco Central entre las entidades financieras cerró en $1.520,82 por dólar para la venta al público.

Desde una perspectiva económica, la pausa en las compras no modifica por sí sola la tendencia de acumulación de reservas que caracterizó al Banco Central durante gran parte de 2026. En los programas de estabilización, la capacidad de incorporar divisas suele depender tanto de la oferta de exportaciones como del comportamiento estacional de la demanda de importadores y de sectores específicos, como el energético, que en determinados períodos requieren mayores pagos al exterior.

En ese sentido, el desafío para la autoridad monetaria continúa siendo sostener la acumulación de reservas sin alterar el funcionamiento del mercado cambiario. La evolución de las próximas ruedas permitirá evaluar si la interrupción observada este martes responde únicamente a factores coyunturales o marca el inicio de una etapa con menor capacidad de compra, en un contexto donde la fortaleza del balance del Banco Central sigue siendo uno de los pilares sobre los que descansa la estabilidad del programa económico.

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