Precios relativos

El Gobierno activa subas en gas, luz y combustibles y recalibra el esquema tarifario en marzo

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Marzo comienza con una señal clara del Ejecutivo: la normalización tarifaria sigue en marcha. El Gobierno nacional autorizó nuevos aumentos en gas natural, electricidad y combustibles que impactan desde el 1° de marzo y que, en el caso de los carburantes, se traducen en subas de entre 1% y 1,2% por la aplicación parcial del Impuesto a los Combustibles Líquidos, postergado desde principios de 2024. En paralelo, el Ente Nacional Regulador del Gas habilitó incrementos en los cargos del sistema —con alzas del 8% en transporte, desplazamiento e intercambio— y el Ente Nacional Regulador de la Electricidad aprobó subas de hasta 2,43% en el Costo Propio de Distribución.

El movimiento no es aislado. Forma parte de una estrategia que combina reducción de subsidios, recomposición de ingresos en las empresas reguladas y dosificación del impacto inflacionario. La clave política está en ese equilibrio: sostener el sendero de corrección de precios relativos sin detonar una nueva espiral en un insumo transversal a toda la economía.

Regulación y discrecionalidad: cómo se arma la nueva factura

En gas, el aval del Ente Nacional Regulador del Gas permitió a las distribuidoras trasladar mayores costos al usuario final. Los cargos del sistema suben 8%, aunque el efecto en la boleta no es lineal. Depende del área de concesión, de los cuadros tarifarios vigentes y de los beneficios aplicables. En la zona núcleo el impacto es mayor; en áreas frías, más acotado.

En electricidad, el Ente Nacional Regulador de la Electricidad autorizó hasta 2,43% de aumento en el Costo Propio de Distribución. Ese componente es solo una parte de la factura, que también incluye el precio de la energía en el Mercado Eléctrico Mayorista, subsidios, bonificaciones e impuestos locales. Por eso el traslado al usuario será dispar según zona y categoría.

El caso de los combustibles tiene otra lógica. El Gobierno habilitó una porción del impuesto específico, que había sido diferido desde 2024. Aunque el tributo se fija en valores nominales, el impacto final se traduce en un aumento de entre 1% y 1,2%, al que se suman las remarcaciones que definan las petroleras. Desde la desregulación del mercado en 2024, los precios se mueven con mayor libertad y el Ejecutivo dejó de exigir informes públicos sobre actualizaciones. El resultado fue un 2024 con aumentos en 11 de 12 meses y un alza acumulada superior al 42%, por encima de la inflación anual informada por el Indec.

La dosificación impositiva revela la tensión central: recomponer recaudación sin trasladar de una sola vez el peso tributario al surtidor. Es una decisión fiscal con lectura macroeconómica.

Costos, salarios y consumo bajo presión

El encadenamiento es evidente. Energía y combustibles son insumos difundidos. Afectan transporte, producción industrial, logística y servicios. Cada ajuste impacta de manera directa en el gasto fijo de los hogares y de forma indirecta en la estructura de costos del sector productivo.

Según el Observatorio de Tarifas del IIEP (UBA-CONICET), en 2025 los servicios públicos acumularon actualizaciones promedio de hasta 30%, un ritmo menor al shock de 2024 pero alineado con la inflación anual. El peso estimado de estos gastos ronda el 20% del ingreso mensual de los hogares, en un contexto de cuatro meses consecutivos sin mejora del salario real según el Indec.

Para las empresas energéticas y distribuidoras, la señal es de continuidad regulatoria. El esquema busca garantizar ingresos operativos y previsibilidad en la inversión. Para los consumidores, el efecto es más inmediato: mayor proporción del ingreso destinada a tarifas y combustibles, con menor margen para consumo discrecional.

El Gobierno intenta evitar un salto brusco que reavive expectativas inflacionarias. Sin embargo, la suma de ajustes parciales termina configurando una presión acumulativa. No es un shock único; es una secuencia.

Señales al mercado y clima político

La decisión consolida el rumbo de corrección tarifaria iniciado el año pasado. No hay congelamientos ni interrupciones en el proceso de recomposición de precios relativos. El Ejecutivo muestra coherencia con su política de reducción de subsidios y desregulación, pero también administra tiempos y porcentajes para evitar desbordes macroeconómicos.

El mensaje al mercado energético es de previsibilidad. El mensaje a los hogares es más complejo: la normalización continúa en un escenario donde el poder adquisitivo todavía no acompaña. Esa tensión define el clima económico del primer trimestre.

Marzo abre con tarifas en alza y con un esquema que combina regulación, impuestos y mercado. El impacto pleno se medirá en las próximas mediciones de inflación y en la dinámica del consumo. Por ahora, el ajuste avanza por tramos.

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Índice Big Mac: Argentina es el segundo país más caro del mundo en dólares

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El precio del Big Mac en Argentina volvió a encender alertas en el análisis económico internacional. Con un valor de US$ 7,37, el país se ubicó como el segundo más caro del mundo, solo detrás de Suiza, y por encima de economías desarrolladas como Estados Unidos, Reino Unido, Italia, Noruega y Suecia. El dato, utilizado como referencia informal para comparar precios y poder adquisitivo entre países, vuelve a poner en agenda la persistencia de la inflación en dólares y el desalineamiento entre precios internos, ingresos y tipo de cambio.

Precios en dólares y atraso cambiario: una señal que se repite

El ranking internacional del Big Mac —basado en un producto estandarizado y comparable a nivel global— muestra que el precio del combo en Argentina se encuentra en niveles similares a los de países europeos de alto ingreso, pese a que el salario promedio local medido en dólares es sustancialmente más bajo.

Según el listado, Argentina quedó por encima de economías con mayor poder adquisitivo y estructuras de costos más elevadas, como Estados Unidos (US$ 5,79), Reino Unido (US$ 5,73), Italia (US$ 6,42), Noruega (US$ 6,67) y Suecia (US$ 5,67). Solo Suiza, con US$ 7,99, supera el precio argentino.

Este posicionamiento refuerza el diagnóstico de atraso cambiario, en tanto los precios internos, medidos en dólares, se mantienen elevados incluso en contextos de estabilidad del tipo de cambio. En términos prácticos, el indicador refleja que la economía local presenta bienes y servicios caros en moneda dura, sin una correspondencia equivalente en los niveles de ingresos.

Inflación en dólares: impacto sobre consumo y precios relativos

El ranking vuelve a instalar con fuerza el concepto de inflación en dólares, un fenómeno que se consolidó en los últimos años. A diferencia de la inflación medida en pesos, este indicador muestra cómo determinados bienes se encarecen también en términos internacionales, afectando la competitividad y el poder de compra.

Que Argentina figure en el segundo puesto global con un producto masivo y homogéneo como el Big Mac es una señal relevante: los precios internos se encuentran desalineados respecto de los ingresos y de los valores internacionales. Para el consumo, esto se traduce en mayores restricciones, mientras que para la economía en su conjunto expone dificultades para ordenar precios relativos, sostener demanda y recuperar competitividad.

El fenómeno no solo impacta en el consumo interno, sino que también condiciona sectores vinculados al turismo, los servicios y las actividades que compiten con precios internacionales, donde los costos en dólares resultan determinantes

El ranking global del Big Mac más caro

El listado ordena a los países según el precio final del Big Mac expresado en dólares. En ese esquema, Argentina aparece en una posición inusual para su nivel de ingresos:

  • 🇨🇭 Suiza: US$ 7,99
  • 🇦🇷 Argentina: US$ 7,37
  • 🇺🇾 Uruguay: US$ 6,91
  • 🇳🇴 Noruega: US$ 6,67
  • 🇮🇹 Italia: US$ 6,42
  • 🇨🇷 Costa Rica: US$ 5,90
  • 🇺🇸 Estados Unidos: US$ 5,79
  • 🇬🇧 Reino Unido: US$ 5,73
  • 🇸🇪 Suecia: US$ 5,67
  • 🇩🇰 Dinamarca: US$ 5,64

La comparación deja en evidencia que Argentina presenta precios en dólares propios de países con alto costo de vida, pero sin el respaldo de salarios equivalentes.

Señal de fondo y desafíos pendientes

Más allá de la curiosidad estadística, el ranking del Big Mac funciona como un termómetro de desequilibrios macroeconómicos. La persistencia de precios elevados en dólares erosiona el poder adquisitivo, limita el consumo y expone los límites de una economía que aún enfrenta dificultades para recomponer competitividad y normalizar su estructura de precios.

En ese sentido, el dato vuelve a poner en discusión el desafío central de la economía argentina: alinear precios, tipo de cambio e ingresos, en un contexto donde la inflación en dólares se convierte en un factor clave para explicar el freno del consumo y las tensiones sobre la actividad.

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