La actividad económica argentina creció 2,7% interanual en junio de 2026 y avanzó 0,8% respecto de mayo, según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) difundido por el INDEC. El dato confirma la continuidad de la recuperación y ubica a junio como el segundo mayor crecimiento interanual del año.
El resultado adquiere mayor relevancia al observar qué sectores explicaron la expansión. La explotación de minas y canteras registró un salto del 15,6% interanual y, junto con el sector agropecuario, aportó 1,1 puntos porcentuales al crecimiento general de la economía.
La minería se consolida así como uno de los motores más dinámicos de la actividad, en un escenario en el que el desarrollo de recursos naturales gana peso dentro de la estructura productiva argentina. El desempeño del sector muestra el impacto que pueden tener las inversiones asociadas a la explotación de recursos sobre la actividad económica, especialmente cuando se traducen en mayor producción y capacidad exportadora.
El dato mensual también ofrece una señal positiva. Luego de distintos movimientos durante el primer semestre, la economía logró crecer 0,8% en junio frente a mayo. A su vez, el indicador de tendencia-ciclo, que permite observar la evolución de la actividad descontando los factores estacionales, registró una mejora de 0,2%.
En términos acumulados, la economía presenta una expansión de 1,9% durante los primeros seis meses del año. El registro muestra que, pese a la contracción observada en febrero, el balance del primer semestre permanece en terreno positivo.
El desafío ahora es determinar cuánto de este crecimiento puede transformarse en una recuperación más amplia y sostenida. El fuerte desempeño de la minería y el aporte del agro muestran sectores con capacidad para impulsar la actividad, pero el impacto sobre el conjunto de la economía dependerá de que esa expansión pueda irradiarse hacia la industria, la construcción, el comercio y los servicios.
La composición del crecimiento resulta, por eso, tan importante como el número general. Una economía que crece impulsada por sectores con capacidad de generar inversiones, exportaciones y divisas cuenta con una oportunidad para ampliar su frontera productiva. El desafío consiste en convertir esa ventaja en más encadenamientos locales, empleo privado y actividad en las regiones donde se desarrollan los proyectos.
La evolución de la minería aparece como una de las claves para ese proceso. Su crecimiento interanual del 15,6% superó ampliamente la expansión promedio de la economía y refuerza el papel que pueden asumir los recursos naturales en una estrategia orientada a aumentar la producción y las exportaciones.
El resultado de junio, de todos modos, no permite hablar todavía de una recuperación homogénea. El crecimiento agregado esconde comportamientos diferentes entre sectores, por lo que la sostenibilidad del ciclo dependerá de que la mejora alcance progresivamente a una mayor cantidad de actividades.
Con un crecimiento interanual de 2,7%, una expansión mensual de 0,8% y un acumulado anual positivo de 1,9%, el EMAE de junio deja una señal de recuperación. La pregunta económica para los próximos meses será si el impulso de los sectores más dinámicos puede convertirse en una expansión más generalizada, capaz de sostener inversión, empleo y consumo.
El impacto del conflicto en Medio Oriente ya se traslada a la economía real del agro argentino. A semanas del inicio de la siembra de trigo 2026/27, los costos de producción se aceleraron con fuerza, mientras que el precio del cereal avanza a menor ritmo, generando una compresión de márgenes que condiciona las decisiones de los productores.
Según los datos publicados por la Bolsa de Comercio de Rosario, el precio internacional del petróleo Brent trepó un 77% en lo que va del año, mientras que la urea —insumo clave para la fertilización— registró subas de entre 54% y 71% en los mercados internacionales. En paralelo, el trigo en Chicago aumentó cerca de un 20%, lo que deja en evidencia una brecha creciente entre ingresos y costos.
Un shock externo que impacta directo en la estructura productiva
El desencadenamiento del conflicto en Medio Oriente tiene efectos extensivos sobre incontables ramificaciones de la actividad económica a lo largo y ancho de todo el globo. Sin embargo, aquellas esquirlas más directas y notorias son las que se pueden sentir en la estructura de coste general de la producción agropecuaria.
Por el estrecho de Ormuz pasa un quinto del comercio internacional de petróleo (aproximadamente 20 millones de barriles por día), un cuarto del flujo internacional de GNL y un tercio del comercio de fertilizantes. El bloqueo efectivo del estrecho implicó una desconexión vital entre abastecedores y consumidores de energía e insumos en todo el mundo, poniendo en jaque la cadena de abastecimiento, hasta ahora, por todo un mes. Más allá de la posibilidad de que se encuentre una resolución parcial o total del conflicto, la masiva destrucción de capital ya consumada hace imposible un restablecimiento inmediato de suministros energéticos a niveles preguerra. Algunos analistas hablan incluso de que habría que esperar hasta entrado 2027 para recuperar las líneas de abastecimientos habituales. Hasta ahora, todo es parte de la especulación, aunque donde más certezas parece haber, es en el hecho de que el perfil de riesgo de la región del Golfo Pérsico no será igual de aquí en adelante; impactando en el costo de capital y reinversión futura.
Estos acontecimientos no son para nada ajenos al campo argentino y menos aún a semanas de comenzar la ventana habitual de siembra de la fina. El impacto ha sido directo en renglones que explican buena parte de la estructura de costes total de implantación y más aun teniendo en cuenta como han evolucionado los precios relativos desde la implosión de la guerra.
Si bien la ofensiva militar se desató el 28 de febrero bajo la operación “Epic Fury”, el mercado ya venía descontando en precios un escenario global de creciente incertidumbre. Desde principios de año, el precio internacional del barril de petróleo Brent pasó de US$ 66/bbl a alcanzar los US$ 108/bbl a fines de marzo, un aumento del 77%. En la misma sintonía, las cotizaciones internacionales de la urea saltaron entre un 54% y 71% desde los primeros ataques. Es cierto que las cotizaciones de los commodities agro subieron impulsados por el conflicto, pero la intensidad de esas subas fue significativamente menor al aumento de los costes, sobre todo mirando los precios del trigo en Chicago, que están “solo” un 20% arriba en el año.
Qué cambia para la campaña 2026/27
El impacto de la dinámica internacional fue directo en el mercado argentino. El precio del gasoil en el surtidor aumentó un 34% en el año valuado en dólares, y la cotización mayorista de referencia a nivel doméstico para urea se disparó un 77% respecto a enero del 2026. Mientras los costos de producción vienen aumentando a un ritmo vertiginoso, las subas en el precio de venta por trigo a cosecha solo compensan parcialmente. En este sentido, la posición a diciembre del 2026 en el mercado de futuros de A3 comenzó el año promediando US$ 190/t y llegó a tocar máximos en US$ 221/t, es decir, en el mejor de los casos el trigo subió un 16% en el año, mientras que los fertilizantes casi cinco veces lo que aumentó el cereal.
Si a principios del 2026 se necesitaban 2,7 toneladas de trigo para comprar una de urea pensando para la siembra 2026/27, con la configuración actual de precios relativos se necesitarían 4,3 toneladas de trigo por cada una de urea. En cuatro meses, el costo relativo de aplicación de fertilizante se incrementó en un 57%. Otro tanto ocurrió con el gasoil, insumo más que presente en la producción agrícola.
Según estimaciones basadas en encuestas a productores de la región y teniendo en cuenta un sistema modelo de 150 has, una distancia al puerto de 150 km y las cotizaciones pertinentes para cada momento, el margen estimado para la producción de trigo 2026/27 en campo propio, para una producción objetivo de 40 qq/ha, habría caído un 43% desde el 13 de marzo hasta el 10 de abril, mientras que el de campo alquilado un 54% para el mismo período. Haciendo las mismas cuentas entre abril y febrero, la caída en los márgenes sería menor, sostenida por el incremento en las cotizaciones a cosecha. Lógicamente, aquellos renglones que más se incrementaron desde una medición a otra son los relacionados con fertilizantes, siembra y pulverización y fletes, es decir, aquellos donde el impacto de la guerra fue más directo en los mercados internacionales. Entre marzo y abril el costo total de producción antes de impuestos se incrementó 8,2%, mientras que entre febrero y abril el aumento fue de casi un 17%.
Márgenes en retroceso y decisiones más conservadoras
Donde aún los márgenes teóricos siguen dando positivo, aunque cada vez en menor magnitud, es en los planteos que contemplan el doble cultivo de trigo con soja de segunda (considerando un rinde de 35 qq/ha). Mientras el ingreso bruto esperado a cosecha se incrementó en menos del 4% entre febrero y abril, los costos de producción antes de impuestos lo hicieron en 11,3%; resultando un margen neto de campo alquilado de 13 US$/ha, 80% menos que la estimación de febrero.
En un mundo donde las guerras se hacen y deshacen en el mismo día, la ventana entre la publicación de este artículo y diciembre parece una eternidad. Sin embargo, en el mundo de la producción agropecuaria, las decisiones deben tomarse con anticipación, implicando la inversión de una importante cantidad de tiempo y dinero. Si bien todas las cotizaciones de commodities agro subieron impulsados por el conflicto, tanto en el mercado internacional como en el local, el impacto a mediano plazo no necesariamente implica que debamos encontrarnos con precios mayores para los granos hacia adelante.
Por el lado de la oferta, el efecto posible se hace más evidente: costos más elevados, márgenes más chicos, menor siembra, menor aplicación de tecnología o una combinación de ambas que eventualmente puedan llevar a menor producción. Escenario válido para el campo argentino como para el resto del mundo. Sin embargo, no hay que perder de vista el lado de la demanda: un mundo golpeado estructuralmente, con costos más elevados y márgenes más ajustados, bien puede resentirse en el margen la absorción de granos. Por otro lado, existen condiciones agronómicas que también podrían jugar a favor del cereal. Entre ellas, una buena recarga de los perfiles durante el otoño previo a la siembra, tal como ya está ocurriendo y se está observando en campo, junto con el pronóstico de un posible evento de El Niño hacia la primavera-verano, factores que podrían contribuir a equilibrar la balanza de cara a la intención de siembra para la próxima campaña.
Industria prorroga un año la exigencia del Marcado de Conformidad para juguetes que se comercialicen junto con alimentos
La medida, publicada en el Boletín Oficial, posterga hasta octubre de 2026 la aplicación obligatoria del nuevo sello de seguridad en productos que contengan o acompañen alimentos. El objetivo es permitir la adecuación del sector a los nuevos estándares técnicos y regulatorios.
Prórroga de la aplicación del Marcado de Conformidad
El Ministerio de Economía, a través de la Secretaría de Industria y Comercio, dispuso mediante la Resolución 428/2025 suspender hasta el 1° de octubre de 2026 la exigibilidad del “Marcado de Conformidad” para los juguetes que se comercialicen junto con alimentos o cuyo envase o envoltorio primario esté en contacto directo con alimentos.
La resolución, firmada por el secretario de Coordinación de Producción Pablo Agustín Lavigne, extiende en un año el plazo originalmente establecido en el marco general de evaluación de la conformidad aprobado por la Resolución 237/2024, con el fin de dar tiempo a los fabricantes e importadores a adecuarse a las nuevas exigencias de seguridad y rotulado.
El Marcado de Conformidad constituye el nuevo estándar técnico que reemplazará progresivamente los distintos sellos de seguridad existentes, unificando criterios en el mercado local y mejorando la trazabilidad y control sobre los productos. Este distintivo garantiza que los artículos cumplan con las normas de calidad, seguridad e inocuidad establecidas por la autoridad competente.
La medida alcanza de manera específica a los juguetes que pueden entrar en contacto con alimentos —por ejemplo, aquellos incluidos en productos de confitería o promociones comerciales—, considerados de riesgo sanitario elevado debido a la posibilidad de transferencia de sustancias nocivas o piezas no aptas para consumo.
Un marco regulatorio en transición
El Marcado de Conformidad fue introducido como requisito en 2024 mediante la Resolución 237/24, que creó un sistema unificado de evaluación de la conformidad aplicable a todos los reglamentos técnicos dictados en el ámbito de la Secretaría de Industria y Comercio.
Dicho esquema busca modernizar la política de control de productos y alinearla con los estándares internacionales de seguridad y comercio, en línea con el Decreto 274/2019 sobre defensa del consumidor y el Decreto 50/2019, que establece las competencias de la cartera económica.
La resolución aclara que, durante el período de prórroga, los fabricantes e importadores podrán mantener el sello de seguridad actualmente utilizado o, de manera optativa, adoptar el nuevo Marcado de Conformidad antes de su entrada en vigencia obligatoria.
Además, se establece que quienes aún no cuenten con el nuevo distintivo deberán publicarlo en su sitio web o exhibirlo en los puntos de venta antes del 28 de noviembre de 2025, de modo que los consumidores puedan acceder a la información sobre el cumplimiento de los estándares de seguridad.
El nuevo esquema técnico había sido complementado por la Disposición 1/2024 de la Dirección Nacional de Reglamentos Técnicos, que definió los procedimientos de evaluación, certificación y control aplicables a los productos de consumo regulados por el Ministerio de Economía.
Entre ellos se incluyen artículos como electrodomésticos, juguetes, envases y utensilios en contacto con alimentos, que deben cumplir requisitos estrictos en materia de composición, rotulado y calidad de materiales.
Implicancias para la industria y los consumidores
La decisión de prorrogar la entrada en vigencia del Marcado de Conformidad responde a las dificultades manifestadas por los operadores del mercado, principalmente pymes dedicadas a la importación y distribución de juguetes y productos combinados con alimentos.
El texto oficial señala que la extensión busca “facilitar la adecuación de los procesos productivos y de control sin afectar la continuidad de las operaciones comerciales”, en un contexto en el que la industria enfrenta ajustes logísticos y de certificación vinculados a los nuevos requerimientos técnicos.
Durante el período transitorio, el Estado mantendrá las tareas de verificación y seguimiento a través de la Dirección Nacional de Reglamentos Técnicos, dependiente de la Secretaría de Industria y Comercio, con el objetivo de garantizar el cumplimiento progresivo del régimen.
En términos prácticos, la medida otorga certidumbre al sector industrial y comercial respecto de los plazos de adaptación, al tiempo que asegura la continuidad del control sanitario y de seguridad en productos que tienen un contacto potencial con alimentos, como juguetes incluidos en promociones alimenticias.
La Resolución 428/2025 entró en vigencia el 27 de octubre de 2025, tras su publicación en el Boletín Oficial, y complementa el marco normativo de seguridad del consumidor establecido por las Resoluciones 313/2025 (Reglamento Técnico de productos de consumo) y 237/2024 (Evaluación de la conformidad).