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Argentina pagó US$ 180 millones extra por fertilizantes y busca reducir su dependencia importadora

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El mercado argentino de fertilizantes quedó atrapado en el primer semestre de 2026 entre dos fuerzas contrapuestas: una fuerte suba de los precios internacionales y una menor disponibilidad de producto. El resultado fue una combinación que encareció la estructura de costos del agro y redujo los volúmenes importados, al punto de que las compras externas registraron su segundo peor desempeño desde 2019.

Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Argentina importó durante los primeros seis meses del año 437.000 toneladas de fertilizantes nitrogenados, 767.000 toneladas de fosfatados y 39.000 toneladas de productos potásicos. La urea fue el producto que mostró la mayor caída en volumen, precisamente el insumo cuya cotización recibió con mayor intensidad el impacto de la crisis internacional.

En el primer semestre, las importaciones de fertilizantes fueron las segundas más bajas desde 2019. Radiografía del mercado de fertilizantes tras el conflicto de Ormuz. Inversiones y potencial de Argentina en producción de urea.

1. La lupa puesta sobre los mercados globales de fertilizantes

El conflicto desatado en febrero de este año en Medio Oriente tuvo severas consecuencias sobre el mercado energético global, trasladándose a una crisis igual de profunda en el de fertilizantes. Tanto el cierre del Estrecho de Ormuz como los ataques a la infraestructura petrolera regional tuvieron impactos importantes en los precios globales de productos energéticos que son insumos claves para la producción de fertilizantes. A su vez, las restricciones de flujos implicaron una contracción importante de la oferta mundial de fertilizantes e insumos clave salidos desde el Golfo Pérsico.

Los nitrogenados en general y la urea en particular, fueron los más golpeados por la crisis. Previo al conflicto, por el Estrecho de Ormuz pasaba cerca de un quinto del comercio de gas natural del mundo y la cuarta parte del comercio de urea global. Siguiendo al petróleo, el GNL se disparó tras desatada la crisis, generando un efecto dominó sobre los mercados que dependen de los hidrocarburos como insumo clave (como lo son la urea, el amoníaco y el azufre). Debido al uso intensivo de GNL en la producción de urea, el efecto en los costos fue directo, encareciendo el producto final.

Las decisiones de grandes productores y exportadores de urea también tuvieron gran peso: India, uno de los principales productores y mayor importador de este producto, detuvo momentáneamente su producción debido a la escasez de gas; China, uno de los exportadores clave, restringió sus exportaciones temporalmente para asegurar su abastecimiento interno. De esta forma, el mercado global de nitrogenados sufrió un fuerte estrangulamiento de oferta. Por lo tanto, como efecto dominó, el cierre del canal marítimo puso en jaque a la cadena de suministro de la urea tanto desde la producción hasta la logística, resultando en un salto del precio en dicho producto de más del 100% respecto al mes de enero, considerando que los valores ya tendieron a normalizarse.

En comparación con los máximos vistos en 2022, el precio de la urea no llegó a superar este umbral. Según el Banco Mundial, se identifican varios factores que limitaron parcialmente las subas: por un lado, los países productores del hemisferio norte ya habían asegurado gran parte de sus necesidades de campaña; en segunda instancia, el GNL subió menos que durante la guerra ruso-ucraniana; por último, debido al redireccionamiento de los suministros por fuera del Estrecho de Ormuz, aunque afrontando mayores costos logísticos.

En el caso del mercado de fosfatados, los productos están siendo afectados por una combinación de factores. La creciente estrechez en la oferta de azufre —un insumo esencial para producir roca fosfórica — elevó significativamente los costos industriales. Según la FAO, cerca de la mitad del comercio mundial de azufre se concentra en la región afectada por el conflicto. A ello se sumó la suspensión de la producción de amoníaco en Irán y de amoníaco y azufre en Qatar, luego de los ataques contra sus instalaciones. Como resultado, el precio del azufre llegó a duplicarse respecto de enero, contribuyendo a encarecer la producción de fosfatados. En ese período, el superfosfato triple (TSP) acumuló una suba del 39 %, mientras que el DAP aumentó un 27 %.

Sin embargo, el elevado nivel de precios del complejo fosfatado responde también a factores previos y de carácter más estructural. Desde fines de 2025, el mercado ya se encontraba bajo presión: en septiembre de ese año, el DAP había alcanzado valores incluso superiores a los observados durante la crisis reciente, mientras que el TSP posteriormente superó aquel máximo. Esta situación se explica por una oferta comercial de azufre cada vez más ajustada, la creciente competencia de la minería por ácido sulfúrico y las restricciones chinas a las exportaciones de MAP y DAP, que redujeron la disponibilidad de producto en el mercado internacional. Sobre esa base, la crisis de Ormuz profundizó el desequilibrio y amplificó la reacción de los precios que se mantienen firmes en el mercado.


2. Las importaciones de fertilizantes en el primer semestre de 2026, muestran el segundo peor desempeño desde 2019

En el marco de un ajetreado primer semestre para el mercado de fertilizantes, los volúmenes importados por Argentina sufrieron la disparada de precios globales. En conjunto, la importación de fertilizantes en el primer semestre tuvo su segundo peor año desde 2019. En el complejo nitrogenados, se compraron al exterior 437.000 t; en el rubro fosfatados, se adquirieron 767.000 t; en cuanto a los del tipo potásico, las importaciones fueron 39.000 t. La urea fue el producto que más cayó en volumen, lo cual es lógico pensando en que su precio fue el que más se disparó durante el periodo. Los fosfatados se mantuvieron prácticamente sin cambios entre años.

Cabe destacar que, el mínimo de 2023 se debió a la fuerte sequía que experimentó el país en ese año. Como se explica en el Informativo Semanal N° 2141, el consumo ese año sufrió mermas muy importantes, al igual que las importaciones, al hacerse visibles los resabios del desastre climático.

Medido en términos de valor, el primer semestre de 2026 marcó el segundo registro más alto de la historia con USD 1.762 millones, impulsado principalmente por precios de importación más altos.

La crisis de precios en los mercados globales, como se ve, no fue neutral para la Argentina. Lo peor del conflicto se vio en los meses de abril y mayo, cuando el petróleo alcanzó máximos no vistos desde la guerra ruso-ucraniana. Como se observa, durante esta etapa los precios CIF de importación promedio también llegaron a máximos desde la explosión del conflicto en Europa.

En general, la suba de precios supuso un sobrecoste importante para el sector. Si tomamos los precios promedio de importación del primer semestre de 2025 por producto con las cantidades importadas en esta primera mitad de este año, se arriba a un sobrecoste teórico de USD 180 millones en lo que va del año. Esto sin considerar que la suba de precios también generó una contracción en las cantidades importadas.

El reflejo de los precios excesivamente altos se observa con claridad en los últimos datos mensuales de importación. La importación de nitrogenados para junio es la más baja desde 2015 y 60% inferior al promedio del último lustro. Para los fosfatados la situación es similar: el tonelaje más bajo desde 2018, 34% por debajo del promedio quinquenal. 

Mirando hacia adelante, el desempeño importador en los meses que restan del año dependerá de lo que suceda con el conflicto en Medio Oriente. Argentina importa en promedio el 50% de su consumo de nitrogenados (en años de normalidad operativa) y el 80% en fosfatados. Teniendo en cuenta que, en promedio, tres cuartas partes de la importación de nitrogenados se produce en el segundo semestre del año, en la antesala a la siembra de los granos gruesos, la normalización del comercio y precios relativamente en niveles promedio será esencial para asegurar una rentabilidad de aplicación aceptable para la gruesa 2026/27. 


3. Nuevo RIGI: Argentina se encamina a dar un salto en producción de urea granulada

Por último, vale agregar que, en el sector agrícola los fertilizantes son un activo estratégico y fundamentales para garantizar la Seguridad Alimentaria en los países. En el caso de Argentina, se tiene una producción de fertilizantes entre 1,4 y 1,9 Mt según el año bajo consideración. En 2025, se alcanzó una producción de 1 Mt de nitrogenados, 0,4 Mt de fosfatados y 0,2 Mt de azufrados.

Sin embargo, los volúmenes de producción de fertilizantes a nivel doméstico no son suficientes para suplir toda la demanda interna, en línea con los importantes volúmenes de importaciones que realiza el país año tras año. Contemplando que el consumo de fertilizantes se ubica en torno a 5 Mt, se encuentra que solo el 30/35% se explica por producción local. A esto se agrega que, dada la presión impositiva actual en el sector, existe un subconsumo para reponer los nutrientes que se extraen.

Es en este marco que, la aprobación de un nuevo proyecto de inversión RIGI para la construcción de una nueva planta de producción de urea en Bahía Blanca ante la mayor producción de gas de Vaca Muerta, es una noticia que agrega expectativas muy positivas en post de mejorar el abastecimiento doméstico de este insumo estratégico para el agro argentino. Con una inversión por USD 2.700 millones, será la mayor planta de urea de Latinoamérica y una de las más grandes del mundo con la expectativa de aportar una producción anual de 2,1 Mt de urea. Es decir, el país podría dejar de ser un importador neto de este insumo y dependiendo de diferentes factores, abastecer una demanda creciente a nivel o local o encontrar posibilidades de exportación a otros países como el caso de Brasil, el cual es clave como importador mundial de este producto.

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Simplifican la importación de maquinaria usada para inversiones industriales y acelera los trámites para nuevas líneas de producción

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En una nueva señal orientada a facilitar las inversiones productivas, el Ministerio de Economía actualizó el régimen de importación de líneas de producción usadas, un instrumento que desde 2016 permite a las empresas incorporar equipamiento industrial del exterior cuando forma parte de proyectos de inversión destinados a ampliar o modernizar la capacidad productiva.

A través de la Resolución 272/2026, publicada este jueves en el Boletín Oficial, la Secretaría de Industria, Comercio y de la Pequeña y Mediana Empresa reemplazó buena parte de la reglamentación vigente con el objetivo de adaptar el sistema a las modificaciones introducidas por el Decreto 483/2026 y simplificar el acceso de las empresas al régimen.

La reforma no cambia la esencia del programa, pero sí redefine su funcionamiento. El eje central pasa por una mayor digitalización de los procedimientos, la unificación de requisitos en un Manual de Usuario y una reducción de la incertidumbre administrativa para quienes planifican inversiones industriales de mediano y largo plazo.

Uno de los principales cambios es la incorporación de una Consulta de Encuadre Previa No Vinculante, un mecanismo mediante el cual las empresas podrán presentar la descripción técnica de su proyecto antes de iniciar formalmente el trámite. La autoridad de aplicación deberá emitir una opinión técnica en un plazo máximo de diez días hábiles, lo que permitirá detectar eventuales observaciones antes de avanzar con la inversión.

La medida también redefine qué se entiende por una “línea de producción completa y autónoma”, incorporando conceptos vinculados con la industria moderna. A partir de ahora, se incluyen expresamente procesos de transformación química, física y biológica, siempre que los proyectos incorporen componentes tecnológicos que automaticen o monitoreen la producción mediante sensores, dispositivos electrónicos o sistemas digitales.

Con esta actualización, el Gobierno busca adecuar un régimen concebido hace una década a los nuevos procesos de automatización industrial, donde la incorporación de tecnología ya no depende únicamente de grandes máquinas, sino también de sistemas inteligentes capaces de mejorar la productividad y la trazabilidad.

Otro aspecto relevante es que la resolución simplifica la documentación exigida para acreditar la antigüedad de la maquinaria importada y establece criterios diferenciados según se trate de equipos con menos o más de veinte años de fabricación. En el caso de bienes de mayor antigüedad, deberán acreditar procesos de reconstrucción o modernización (“revamping”) realizados previamente en el exterior, junto con documentación técnica que respalde la extensión de su vida útil.

La normativa también introduce mayor previsibilidad durante la ejecución de los proyectos. Las empresas podrán solicitar una única ampliación de plazos para importar equipos o poner en marcha la línea de producción, mientras que determinados cambios menores dejarán de requerir autorizaciones previas, reduciendo cargas burocráticas durante el desarrollo de las inversiones.

En materia administrativa, otra innovación relevante será la emisión automática de la Constancia de Expediente en Trámite (CET). Hasta ahora, este documento dependía de una intervención administrativa. Con el nuevo sistema podrá generarse automáticamente una vez cargada correctamente la información requerida, permitiendo a las empresas avanzar con determinados trámites aduaneros mientras continúa la evaluación técnica del proyecto.

Al mismo tiempo, la resolución mantiene los mecanismos de control estatal. Continúan vigentes las garantías aduaneras equivalentes a los tributos exceptuados, las auditorías técnicas, las inspecciones de campo y los procedimientos para ejecutar garantías cuando se detecten incumplimientos respecto del proyecto aprobado.

La evaluación de las solicitudes seguirá siendo realizada conjuntamente por las áreas de Comercio Exterior e Industria, aunque ahora podrán apoyarse en información proveniente de entidades públicas o privadas para enriquecer el análisis técnico, sin que esos informes tengan carácter vinculante.

La actualización también establece reglas de transición para cientos de expedientes iniciados bajo la normativa anterior. Esos proyectos podrán adaptarse al nuevo procedimiento y acceder a la emisión de la CET, además de contar con nuevos plazos para presentar las rendiciones de cuentas, que en la mayoría de los casos se extenderán hasta el 30 de junio de 2027 o seis meses después de la aprobación definitiva del proyecto.

Desde la perspectiva económica, la modificación busca resolver uno de los principales obstáculos que enfrentaban muchas inversiones industriales: la demora administrativa. En sectores donde la incorporación de maquinaria usada de alta complejidad representa una alternativa mucho más accesible que adquirir equipos nuevos, reducir tiempos de aprobación puede significar una diferencia determinante para concretar inversiones.

Al mismo tiempo, el mantenimiento del requisito de incorporar bienes nuevos de origen nacional dentro de los proyectos procura preservar un efecto de arrastre sobre la industria local, combinando la importación de tecnología con demanda para fabricantes argentinos.

En un contexto en el que numerosas empresas buscan modernizar procesos sin afrontar el elevado costo de equipamiento completamente nuevo, el nuevo régimen intenta equilibrar dos objetivos: facilitar la inversión privada y mantener mecanismos de control que garanticen que los beneficios fiscales efectivamente se traduzcan en mayor capacidad productiva.

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Ventas de maquinaria agrícola: cae la facturación pese al movimiento comercial

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El mercado argentino de maquinaria agrícola transitó un primer trimestre de 2026 con señales mixtas. Si bien la comercialización mantuvo un volumen relevante, la combinación de menores precios reales, una fuerte caída de la producción nacional y la cautela de los productores se tradujo en una contracción significativa de la facturación del sector. No obstante, el repunte observado hacia finales de marzo, impulsado por Expoagro y una mayor oferta de financiamiento, abre expectativas de recuperación para los próximos meses.

De acuerdo con un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), sobre la base de datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), entre enero y marzo se comercializaron 3.330 unidades de maquinaria agrícola —incluyendo tractores, cosechadoras, sembradoras e implementos—, lo que representa una caída interanual del 8,2% y un nivel 8,5% inferior al promedio de los últimos cinco años.

Con un total de 3.330 unidades comercializadas, la facturación por ventas de maquinaria agrícola ascendió a $ 541.500 millones en el primer trimestre de 2026. Se advierte un retroceso en las ventas, en simultáneo con una caída real en los precios.

En el presente artículo se analiza el desempeño de las ventas de maquinaria agrícola a nivel nacional durante el primer trimestre de 2026, a partir de los datos provistos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Las cifras de montos facturados, originalmente expresadas en precios corrientes, se deflactaron para aislar el efecto del incremento de precios utilizando el Índice de Precios al Consumidor (IPC). En consecuencia, los montos aquí presentados se expresan en pesos constantes de marzo de 2026.


1.    Evolución de las ventas totales.

Según datos del INDEC, las ventas de maquinaria agrícola en Argentina, que comprenden la comercialización de tractores, cosechadoras, sembradoras e implementos, totalizaron 3.330 unidades en el primer trimestre de 2026. Este volumen marca una caída del 8,2% respecto al mismo período del año anterior y se ubica 8,5% por detrás del promedio de los últimos cinco años.

En términos de valor, la facturación total por ventas se ubicó en $ 541.500 millones entre enero y marzo de 2026, registrando una caída interanual real del 20,3% y posicionándose 16,3% por debajo del promedio del último quinquenio. En este sentido, la contracción más pronunciada en el monto facturado que en las unidades vendidas sugiere que parte de la caída en la facturación obedecería a una baja en los precios de la maquinaria comercializada durante el período.

En paralelo, la producción local de maquinaria agrícola también se mostró a la baja. De acuerdo con los datos disponibles para tractores, cosechadoras y sembradoras del INDEC, se evidencia que en el primer trimestre de 2026 se produjeron en Argentina 1.138 unidades de estas maquinarias, lo que representa una caída del 31,5% respecto al mismo período del año anterior y del 36,9% frente al promedio de los tres años previos. La contracción estuvo explicada principalmente por una caída en la producción de tractores, la cual totalizó 747 unidades, un 38,5% menos que en 2025. En tanto, se produjeron 177 cosechadoras, con una baja interanual del 17,3%, y 214 sembradoras, un 8,5% por debajo del año anterior.

Al contrastar estos datos con las ventas de los mismos segmentos, se observa que la caída en las unidades vendidas resulta inferior a la disminución en la producción. Específicamente, mientras la producción de sembradoras, cosechadoras y tractores registró una baja del 31,5% interanual, la disminución en las ventas resultó del 24%. Esta divergencia podría sugerir una mayor participación de equipos importados, o la utilización de stocks previamente acumulados para atender parte de la demanda.

En lo que respecta a las unidades importadas, los datos de INDEC permiten realizar un análisis parcial respecto a la proporción de maquinaria de origen extranjero comercializada en el mercado local, dado que el organismo no distingue el origen de las sembradoras vendidas por aplicación de la normativa del secreto estadístico. No obstante, considerando únicamente el origen de las cosechadoras, tractores e implementos, se evidencia que el 16,4% de los equipos comercializados en el primer trimestre del año eran de origen extranjero.

En este marco, informes del sector destacan que la dinámica del mercado en el primer trimestre del año estuvo atravesada por cierta cautela en las decisiones de compra, a la espera de definiciones de producción, precios, oferta y financiamiento. En este sentido, los datos de patentamiento de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA) muestran un incipiente repunte a partir de marzo asociado principalmente a Expoagro, que dejó una mayor oferta comercial y mejores condiciones de financiamiento, así como también al avance de una cosecha abundante que se traduce en mayor liquidez para los productores.


2.    Evolución de las ventas por tipo de maquinaria agrícola

Realizando un análisis por tipo de maquinaria agrícola, se destaca que las máquinas que más se comercializaron en el primer trimestre de 2026 fueron los implementos, con 1.910 unidades vendidas, representando el 57% del total. La comercialización de tractores se posicionó en segundo lugar, con 937 unidades y una participación del 28%. Finalmente, las sembradoras totalizaron 254 unidades, mientras que las cosechadoras registraron 229 unidades vendidas, representando el 8% y 7% del total, respectivamente.

En términos de valor, los implementos también se ubicaron como el segmento de mayor facturación, con ventas por $ 180.200 millones y una participación del 33% sobre el total facturado por ventas. Luego se posicionaron los tractores, con $ 150.900 millones, y las cosechadoras, con $ 149.900 millones, ambos segmentos con una participación cercana al 28%. Finalmente, las sembradoras alcanzaron una facturación de $ 60.600 millones, equivalente al 11% del total.

Llevando la mirada al interior de cada tipo de maquinaria, se advierte que en el primer trimestre de 2026 se vendieron 1.910 unidades de implementos, marcando un crecimiento del 8,6% respecto al año anterior y del 13,2% frente al promedio de los últimos cinco años. No obstante, en términos de valor, la facturación de este segmento alcanzó $ 180.200 millones, lo que representa una caída real del 17,4% interanual debido a una baja del 23,9% en su precio unitario promedio, medido en términos reales.

En el caso de los tractores, se evidencia que se vendieron 937 unidades entre enero y marzo de 2026, lo que implica una caída del 31,2% respecto de igual período del año anterior y del 35,6% frente al promedio del último quinquenio. En términos monetarios, las ventas totalizaron $ 150.900 millones, registrando una contracción real del 31% interanual y ubicándose 38,9% por debajo del promedio. A diferencia de otros segmentos, el precio unitario de los tractores se mantuvo prácticamente estable frente al año anterior, con una suba real del 0,2%, aunque se mantuvo 6,3% por debajo del precio registrado en igual período de los últimos cinco años.

Por su parte, la cantidad vendida de sembradoras totalizó 254 unidades, marcando un incremento interanual del 4,5%, aunque ubicándose 12,3% por detrás del promedio del último quinquenio. En términos de valor, la facturación ascendió a $ 60.600 millones, prácticamente en línea con el año anterior, con una caída real del 1,3%. La menor facturación relativa se explica por una baja del 5,6% en el precio unitario promedio de estas máquinas. En relación con el promedio, el precio unitario de las sembradoras denota una baja del 9,5%, dejando una facturación 22% menor que en el último quinquenio.

Finalmente, por el lado de las cosechadoras, se registraron ventas por 229 unidades, un 13,3% menos que en el primer trimestre de 2025. Aun así, el volumen comercializado se ubicó 9,7% por encima del promedio de los últimos cinco años. En términos de facturación, las ventas alcanzaron $ 149.900 millones, con una baja real interanual del 17,2%, aunque todavía 4,1% por encima del promedio histórico reciente. En lo que respecta a los precios, su valor unitario promedio marcó una baja real del 4,6% interanual y se posicionó 6,3% por debajo del promedio de los últimos cinco años.

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La vidriera Rigolleau comienza a importar desde China tras pérdidas millonarias

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La histórica vidriera Rigolleau reconfiguró su estrategia productiva tras registrar pérdidas por $5.500 millones en 2025: redujo su producción en Berazategui, opera al 60% de su capacidad instalada y comenzó a importar vajilla desde China para abastecer el mercado interno. La decisión incluyó la paralización de un horno y la salida de cerca de 100 trabajadores, en un movimiento que excede lo empresarial y se proyecta como síntoma de un cambio más amplio: ¿es un ajuste coyuntural o una señal estructural sobre la competitividad industrial en la Argentina actual?

El dato no es menor en el contexto político y económico. La reconversión de una firma fundada en 1882, con fuerte presencia en el entramado productivo, se produce en paralelo a un esquema económico que promueve apertura comercial, desaceleración inflacionaria y reconfiguración de costos internos. En ese cruce, la decisión de importar lo que antes se producía localmente instala una tensión directa entre competitividad y sostenimiento del empleo.

Un cambio de modelo forzado por el mercado interno

La propia empresa explicitó el giro. En su balance presentado en febrero y en el reporte enviado a la Comisión Nacional de Valores (CNV), reconoció que “debe cambiar su modelo de negocio tradicional”. La caída del consumo interno, eje central de su operación —el 95% de su línea Hogar se destina al mercado local—, impactó de lleno en la estructura de costos.

El diagnóstico es claro: menor actividad, mayor ociosidad productiva y presión sobre la rentabilidad. Aun con esfuerzos por mejorar eficiencia y renegociar condiciones, el resultado fue negativo por segundo año consecutivo, duplicando incluso las pérdidas de 2024, que habían sido de $2.599.109.500.

En ese marco, la importación aparece como una salida pragmática. Según la empresa, los productos traídos desde China resultan más baratos incluso considerando flete y embalaje. La consecuencia es directa: las líneas vinculadas a vajilla y consumo hogareño dejarán de sostenerse mayoritariamente con producción local.

Sin embargo, el repliegue no es total. Rigolleau mantiene activas sus unidades ligadas a los sectores farmacéutico y alimentario, donde la demanda se muestra más estable. Esa segmentación revela que el problema no es uniforme, sino concentrado en los rubros más expuestos al consumo masivo.

Impacto laboral y señales al sistema productivo

El ajuste operativo ya tuvo efectos concretos: de una planta de más de 800 trabajadores, quedaron alrededor de 700. La paralización de un horno y la reducción de la producción implican una pérdida de escala que tensiona no solo a la empresa, sino al entramado industrial que la rodea.

El movimiento también reconfigura incentivos. Si importar resulta más competitivo que producir localmente, incluso en sectores tradicionales, el mensaje se amplifica hacia otras industrias que enfrentan estructuras de costos similares. En ese sentido, la decisión de Rigolleau puede leerse como un caso testigo dentro del proceso de apertura y reordenamiento económico en curso.

Al mismo tiempo, el vínculo histórico de la empresa con figuras como Enrique Ernesto Shaw y su tradición dentro de la doctrina social empresaria introduce una dimensión simbólica: el tránsito desde un modelo industrial con fuerte anclaje local hacia uno más flexible y globalizado.

Entre la supervivencia empresarial y el nuevo esquema económico

El dato más delicado no está en la caída, sino en la incógnita que deja abierta el propio balance: la capacidad de la empresa de sostenerse como “empresa en marcha”. Esa advertencia no es habitual y coloca el foco en la viabilidad futura del negocio.

En paralelo, los primeros meses de 2025 muestran señales de mejora, aunque todavía insuficientes para revertir el impacto previo. La recuperación aparece, pero no alcanza a compensar la caída estructural en ventas que disparó el cambio de estrategia.

Lo que está en juego no es solo la reconversión de una firma, sino la adaptación de un sector a nuevas reglas. El equilibrio entre costos locales, apertura comercial y demanda interna será determinante en las próximas decisiones.

Un caso abierto en medio de la transición económica

La decisión de Rigolleau no cierra un ciclo, lo abre. Marca un punto de inflexión en la lógica productiva de una empresa emblemática y, al mismo tiempo, deja planteadas preguntas sobre el rumbo de la industria nacional en el nuevo escenario económico.

Habrá que observar si este viraje se consolida o si, ante cambios en el consumo o en la estructura de costos, la producción local recupera terreno. También si otros actores siguen el mismo camino o si logran sostener esquemas productivos competitivos sin recurrir a importaciones.

Por ahora, el movimiento es claro: una empresa centenaria ajusta su modelo para sobrevivir. Lo que todavía no está definido es si ese ajuste será transitorio o el anticipo de una transformación más profunda.

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ACARA: más de 51.000 autos patentados en octubre confirman la recuperación del sector

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El mercado automotor creció 16,9% interanual en octubre y consolida su recuperación en 2025. ACARA reportó más de 51.000 patentamientos en el mes y proyecta cerrar el año con una expansión superior al 50% respecto de 2024

El sector automotor argentino consolidó en octubre su tendencia positiva, con 51.982 vehículos patentados, según el informe mensual de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA). La cifra representa un crecimiento del 16,9% interanual, ya que en octubre de 2024 se habían registrado 44.473 unidades.

Si bien el número muestra una caída del 7,6% respecto de septiembre (56.240 unidades), el desempeño acumulado del año confirma una recuperación sostenida: en los primeros diez meses de 2025 se patentaron 552.484 vehículos, lo que implica una suba del 55,1% frente al mismo período de 2024, cuando se registraron 356.230 unidades.

Dinámica del mercado y expectativas para fin de año

El presidente de ACARA, Sebastián Beato, analizó el desempeño reciente y destacó la resiliencia del sector en un contexto de transición política.
“Completamos otro mes sensible por temas electorales, al igual que septiembre, pero con más de 50.000 patentamientos, lo cual ya es una buena noticia”, expresó.

Beato subrayó que el resultado electoral reciente generó un impacto positivo en la demanda: “Durante la última semana hemos tenido mucho movimiento en nuestras concesionarias. Evidentemente, el resultado del domingo impulsó a muchos clientes a consultar y concretar sus operaciones”.

Según el dirigente, la inercia positiva del mercado se mantiene, y el sector entra en los dos últimos meses del año con “un buen piso” para proyectar un inicio de 2026 con números también favorables.

Un repunte sostenido impulsado por la estabilidad cambiaria y el crédito

El crecimiento del 55% acumulado en 2025 se explica, en parte, por la recuperación del crédito automotor, la estabilidad del tipo de cambio oficial y la reactivación de la oferta de vehículos nacionales, factores que permitieron recomponer la confianza del consumidor.

Los patentamientos se concentraron principalmente en los segmentos de vehículos utilitarios y SUV medianos, con buena performance de marcas que producen localmente. La normalización de importaciones y la disponibilidad de unidades en concesionarias también contribuyeron a la mejora interanual.

De acuerdo con ACARA, el mercado automotor argentino cerrará 2025 con más de 600.000 unidades patentadas, nivel que no se alcanzaba desde antes de la pandemia, consolidando así su papel como indicador clave de la actividad económica y del consumo interno.

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