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Fertilizantes: la dependencia importada crece y el conflicto en Medio Oriente presiona sobre un insumo clave para el agro

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La importación de fertilizantes en Argentina alcanzó en 2025 su segundo mayor volumen del siglo, con 4,1 millones de toneladas, un 28% más que en 2024, cuando habían ingresado 3,2 millones. El dato, relevado por la Bolsa de Comercio de Rosario con base en cifras del INDEC, confirma algo más que un rebote de la demanda: muestra que el agro argentino profundizó su dependencia del componente importado en un momento en que el conflicto en Medio Oriente empezó a tensionar la cadena global de suministros. El dato más sensible está en los nitrogenados: el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que importa Argentina provienen de esa región. Y en paralelo, el precio FOB de la urea en Medio Oriente saltó de US$ 483 por tonelada a US$ 685, un aumento de hasta 42% que llevó las cotizaciones a niveles no vistos desde fines de 2022. La discusión ya no pasa solo por cuánto fertilizante compra el país, sino por cuánto margen tiene para sostener esa demanda si se encarece el acceso a uno de los insumos que apuntalan la producción agrícola.

Récord de importaciones y un mercado interno que consume más, pero depende más

El informe de la Bolsa rosarina muestra una doble dinámica. Por un lado, el consumo doméstico de fertilizantes siguió creciendo. Por otro, aumentó el peso de las compras externas para abastecerlo. Esa combinación describe una expansión del uso del insumo, pero también una mayor vulnerabilidad frente a shocks internacionales.

Según los datos oficiales, Argentina importó en 2025 un total de 4,1 millones de toneladas de fertilizantes. Sólo quedó por debajo del récord de 2021. La composición de esas compras revela con claridad dónde está concentrada la demanda: los fertilizantes nitrogenados, entre ellos la urea, explicaron 2,10 millones de toneladas, equivalentes al 52% del total importado. Los fosfatados, con MAP y DAP como principales productos, sumaron 1,87 millones de toneladas, es decir el 46%. Los potásicos aportaron apenas 85.000 toneladas, un 2% del total.

La comparación interanual también expone el ritmo del movimiento. Las importaciones crecieron 24% en nitrogenados, 33% en fosfatados y cayeron 1% en potásicos. Detrás de esa expansión hubo un estímulo productivo concreto: una superficie récord de trigo y el segundo máximo de hectáreas sembradas de maíz funcionaron como motores de la demanda. A eso se sumaron los récords productivos del trigo y la proyección de igual estatus para el maíz 2025/26, dentro de un contexto climático favorable para gran parte del país.

La señal es clara. Cuando el agro expande superficie y apunta a mayores rindes, la demanda de fertilizantes se acelera. Pero en esta oportunidad ese crecimiento quedó cada vez más atado al mercado externo.

La producción local no alcanzó y Profertil volvió a quedar en el centro del sistema

El otro factor que empujó las importaciones fue la menor capacidad de la producción nacional para sostener la oferta. El informe marca que durante el año pasado la planta de Profertil, principal productora nacional de urea granulada, atravesó dos paradas en su actividad.

La primera interrupción respondió al temporal que afectó a Bahía Blanca en marzo y obligó a frenar operaciones durante una semana. La segunda fue una parada técnica de varias semanas, un antecedente que, según la Bolsa, ya se había visto en 2021. El efecto fue directo: la producción local quedó parcialmente resentida y eso elevó la necesidad de importación.

En términos políticos y económicos, ese dato reabre una cuestión estructural. La matriz de abastecimiento de fertilizantes no depende sólo de la dinámica internacional ni del apetito del productor. También depende de la robustez de la capacidad local para responder cuando sube la demanda o cuando el contexto global se vuelve más inestable. Si una planta central reduce su operación, el sistema necesita compensar con más compras externas. Y eso, en un mercado tensionado, tiene costos.

El consumo crece, pero no al ritmo de la intensidad de uso

Los datos preliminares de Fertilizar y CIAFA muestran que 2025 habría registrado el tercer mayor consumo doméstico de fertilizantes del que se tenga registro. La estimación ubica el uso en 5,1 millones de toneladas, un 3% más que en 2024. Además, se trató del tercer año consecutivo de recuperación del consumo.

Sin embargo, el informe incorpora un matiz importante. Aunque el volumen consumido subió, la intensidad de aplicación no acompañó en la misma proporción. Desde Fertilizar remarcan que la cosecha récord de trigo convivió con una caída en las dosis aplicadas por hectárea. Es decir: el sistema logró mayor producción, pero no necesariamente sobre la base de una fertilización más intensiva.

Ese punto tiene implicancias de fondo. El aumento del consumo total no implica automáticamente un salto uniforme en manejo agronómico o reposición de nutrientes. Puede haber más demanda porque hay más superficie, pero con ajustes en dosis por unidad. En otras palabras, el mercado se expandió, aunque sin despejar del todo las discusiones sobre sustentabilidad productiva y eficiencia del uso de insumos.

Origen de las compras: una dependencia más diversificada en nitrogenados, pero con un foco sensible en Medio Oriente

La estructura de proveedores muestra dos mapas distintos. En los nitrogenados, Argentina presenta un origen más diversificado. En los fosfatados, la concentración es mayor.

Para los fertilizantes nitrogenados, los principales abastecedores en 2025 fueron Nigeria con 15%, Rusia con 13% y Argelia con 13%. Luego aparecen Omán, Turkmenistán y Qatar. En el caso de los fosfatados, el podio quedó en manos de China con 28%, Marruecos con 23% y Rusia con 14%.

La Bolsa resalta una diferencia relevante. Los tres mayores proveedores de fosfatados concentran 65% de las importaciones, mientras que en los nitrogenados la tríada principal suma 41%. Eso sugiere que los nitrogenados tienen una red de provisión relativamente más distribuida. Sin embargo, esa dispersión no elimina el riesgo geopolítico. Porque cuando se observa el mapa por regiones, aparece un dato decisivo: el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que importa Argentina provienen de Medio Oriente. Si se toma el universo total de fertilizantes, el 18,3% tiene origen en esa zona.

Ese porcentaje transforma una crisis regional en un problema local potencial. No por una hipótesis abstracta, sino porque casi cuatro de cada diez toneladas de nitrogenados importados dependen de un corredor hoy sometido a tensiones.

Medio Oriente, Ormuz y el insumo que impacta de lleno en el costo agrícola

La coyuntura internacional dejó de ser un ruido de fondo y pasó a ser un factor de presión concreta sobre el negocio de los fertilizantes. Según el informe, tras el estallido del conflicto en Irán, la paralización del tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz ganó centralidad en la dinámica global del mercado. Por ese paso fluye un tercio de las exportaciones mundiales de fertilizantes. Con la restricción a la movilidad en el canal, comenzaron a verse comprometidas las entregas.

La urea quedó particularmente expuesta. El informe señala que, luego de un ataque iraní a instalaciones de Qatar Energy, la empresa estatal qatarí suspendió su actividad y, con ello, sus exportaciones. El punto es sensible porque no se trata solamente de una interrupción logística. Parte de la infraestructura energética del Golfo Pérsico ya sufre disrupciones materiales que afectan el suministro.

La consecuencia se multiplica porque el gas es decisivo en la estructura de costos del fertilizante. Según la Bolsa, el gas representa más de la mitad del costo de la urea, dependiendo del país importador. Y además, el 80% de las exportaciones de gas de Qatar se concentraban en Asia, especialmente en India y China, dos jugadores centrales que son al mismo tiempo productores y demandantes de urea. Si el abastecimiento de gas se complica, también se encarece o limita la capacidad de producir fertilizante.

El informe enumera efectos inmediatos: el cierre de tres grandes plantas productoras de urea en la India, que dependían del GNL qatarí, y la decisión de China de liberar sus reservas comerciales nacionales de fertilizantes. Es decir, el conflicto no solo alteró expectativas; ya generó respuestas concretas de oferta y administración de stock en países clave.

La urea salta a precios de 2022 y Sudamérica empieza a sentir el traslado

El impacto en precios fue inmediato. El FOB de la urea en orígenes con fuerte peso exportador registró subas de hasta 42%. Apenas una semana después del inicio del conflicto, el valor en Medio Oriente había trepado de US$ 483 por tonelada a US$ 685 por tonelada. Para encontrar niveles similares hay que remontarse a fines de 2022.

La Bolsa agrega que, a tres semanas del comienzo del conflicto y sin perspectivas cercanas de resolución, las cotizaciones se mantienen estables en esos niveles superiores. Ese detalle importa porque no habla de un pico transitorio, sino de una meseta alta.

Además, el salto del FOB ya empezó a trasladarse a los valores de importación en Sudamérica. Para Argentina, ese movimiento no es menor. Dado el peso creciente del componente importado en el consumo nacional, cualquier suba sostenida en la urea impacta sobre la ecuación de costos del productor y, por extensión, sobre las decisiones de siembra, de dosis y de estrategia comercial.

Repercusiones: el mercado agrícola gana volumen, pero pierde margen de maniobra

La lectura política y económica del informe va más allá de la foto comercial. Por un lado, el dato de importaciones récord puede leerse como señal de dinamismo del agro: hubo más superficie, más demanda y un mercado que siguió comprando insumos. Pero al mismo tiempo, esa expansión dejó más expuesto al sistema productivo a factores que Argentina no controla.

En términos de correlación de fuerzas, el escenario fortalece a los proveedores externos y coloca bajo presión a toda la cadena local que depende de nitrogenados importados. También devuelve centralidad a la discusión sobre abastecimiento, infraestructura y producción local de insumos estratégicos. Si una parte significativa del consumo depende del exterior y, además, una fracción sensible de ese exterior está concentrada en una zona en conflicto, la autonomía del sistema se reduce.

En el plano económico, la amenaza no es solamente una suba del costo. También aparece el riesgo de retrasos, faltantes o compras a valores más altos en momentos clave de la campaña. Y en el plano institucional, el informe instala una advertencia sobre la fragilidad de una cadena que puede crecer fuerte en años favorables, pero resentirse rápido cuando coinciden interrupciones locales y tensión geopolítica.

Un escenario abierto para el agro: más demanda no garantiza estabilidad

La Argentina cierra 2025 con un mercado de fertilizantes más grande, pero también más condicionado por variables externas. El segundo mayor volumen de importación del siglo y el tercer mayor consumo doméstico muestran un agro activo, con expectativas productivas altas. Sin embargo, el contexto internacional alteró el tablero.

En las próximas semanas habrá que mirar dos planos al mismo tiempo. Hacia adentro, si la producción local logra recomponer capacidad y amortiguar parte de la dependencia. Hacia afuera, si el conflicto en Medio Oriente prolonga la presión sobre Ormuz, mantiene interrumpidas exportaciones clave y consolida a la urea en una franja de precios elevada.

La tensión no es menor: un insumo central para trigo y maíz quedó atravesado por una cadena global más frágil, costos energéticos en alza y una logística bajo presión. El agro argentino llega a esta etapa con más volumen y mejores perspectivas de producción, pero con menos colchón frente a un shock externo que recién empieza a mostrar hasta dónde puede escalar.

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La suba global de la urea golpea al trigo y pone en tensión la estrategia de dólares del Gobierno

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El aumento abrupto del precio internacional de la urea, insumo central para la producción de trigo y maíz, encendió una señal de alerta que excede al sector agropecuario: pone presión directa sobre la principal fuente de divisas del país. En medio de la volatilidad global por el conflicto en Medio Oriente, la tonelada del fertilizante escaló desde niveles de US$450 hasta zonas de US$750, con valores recientes en torno a US$660. El dato llega en un momento clave —la planificación de la campaña fina— y abre una tensión de fondo: ¿puede sostenerse la apuesta oficial por la agroexportación sin herramientas de intervención sobre costos estratégicos?

El factor internacional que redefine los costos internos

El disparador no es local, pero el impacto sí lo es. La cadena global de fertilizantes quedó expuesta a la incertidumbre geopolítica, con el Estrecho de Ormuz como cuello de botella crítico: por allí circulan cerca de 16 millones de toneladas de fertilizantes, un tercio del comercio marítimo mundial, y más de dos tercios corresponden a urea.

Las disrupciones logísticas y la incertidumbre sobre el suministro de gas natural —insumo clave para la producción— elevaron el riesgo percibido de oferta. El resultado fue una suba generalizada de precios y una retracción en las operaciones: importadores y distribuidores locales comenzaron a frenar compras ante la falta de referencias claras.

Esa volatilidad internacional se traslada de manera directa al esquema productivo argentino, altamente dependiente de insumos importados en este rubro.

Trigo más caro, márgenes más finos

El impacto técnico es inmediato y cuantificable. En cultivos como el trigo, la fertilización representa hasta el 50% del costo de implantación y protección, mientras que en maíz ronda el 45%.

Con los nuevos valores de la urea, el costo del trigo podría aumentar en más de US$50 por hectárea. Esa suba desplaza los rindes de indiferencia entre 3 y 5 quintales por hectárea, obligando al productor a obtener mayores rendimientos en un contexto donde los márgenes ya estaban ajustados.

No es solo fertilizante. La suba del petróleo también presiona sobre combustibles y logística, encareciendo toda la estructura de costos de la campaña. El combo configura un escenario más exigente justo cuando el productor empieza a definir decisiones de siembra.

La variable política: menos herramientas, más exposición

El encarecimiento de la urea reabre un debate que el mercado venía observando en silencio: la salida de YPF de Profertil, la principal productora local de urea, concretada en diciembre pasado por unos US$600 millones.

Hasta entonces, la empresa abastecía alrededor del 25% de la demanda del agro local. La operación implicó que el Estado deje de tener participación directa en un insumo estratégico, en un contexto donde Argentina es importador neto de fertilizantes.

La decisión adquiere otra dimensión frente a la actual volatilidad. Sin capacidad de intervención directa sobre precios o abastecimiento, el esquema queda más expuesto a shocks internacionales. Y eso impacta en una variable central para el Gobierno: los dólares del agro.

Según proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, el complejo agroindustrial esperaba generar más de US$34.500 millones en exportaciones en 2026. Pero ese cálculo parte de una estructura de costos que ahora cambia. Cada aumento en insumos críticos introduce incertidumbre sobre volúmenes, márgenes y, en última instancia, liquidación de divisas.

Repercusiones: tensión sobre la “fábrica de dólares”

El efecto no es inmediato en términos macroeconómicos, pero sí progresivo. Un mayor costo de producción puede traducirse en menor área sembrada o en una menor intensidad tecnológica, lo que impacta en los rindes.

En ambos casos, el resultado converge: menos producción potencial o menor eficiencia. Y eso repercute sobre el flujo de exportaciones, la recaudación y la disponibilidad de divisas para el Banco Central.

El sistema entra así en una zona de sensibilidad. El Gobierno depende del agro como principal generador de dólares, pero el agro depende de insumos cuyo precio escapa al control local. Esa dependencia cruzada se vuelve más visible cuando el contexto internacional se vuelve inestable.

Escenario abierto: decisiones bajo incertidumbre

La campaña fina empieza a definirse en las próximas semanas, pero el mercado de fertilizantes todavía no ofrece señales claras. En algunos casos, directamente no hay precios de referencia; en otros, se registran subas de entre US$50 y US$100 por tonelada en pocos días.

El productor, enfocado aún en la cosecha de maíz y el inicio de la soja, deberá tomar decisiones en un escenario donde los costos se mueven más rápido que los precios de los granos.

Habrá que observar si la volatilidad internacional se estabiliza o si se consolida un nuevo piso de costos. También si el mercado logra recomponer la oferta o si persisten las restricciones.

En paralelo, la discusión sobre el rol del Estado en insumos estratégicos podría volver a escena, no por definición ideológica sino por necesidad operativa. La ecuación es simple, pero no lineal: sin costos previsibles, la “fábrica de dólares” pierde potencia. Y ese es un dato que empieza a pesar en la política económica.

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Adecoagro y ACA toman el control de Profertil en una operación por USD 1.200 millones

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La salida de la canadiense Nutrien del mercado argentino de fertilizantes quedó formalizada tras la adquisición del 50% de Profertil S.A. por parte de Adecoagro S.A. y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), en una operación valuada en USD 1.200 millones. La transacción, aprobada por el Directorio de YPF el jueves 11 de diciembre, redefine el control accionario de la principal productora de urea del país y consolida un cambio estructural en el mercado de insumos agroindustriales, con productores e inversores locales al frente de una compañía estratégica para el sector agrícola.

La operación y el repliegue de YPF: foco en Vaca Muerta y activos estratégicos

El acuerdo fue confirmado a través de un comunicado oficial de YPF, en el que se detalla que el Directorio de la petrolera estatal aceptó la oferta vinculante presentada por Adecoagro para adquirir el 50% de su participación en Profertil S.A., empresa líder en la producción de urea granulada en la región. La aprobación se formalizó en la reunión del 11 de diciembre, y la transferencia se concretó tras cumplirse las condiciones previstas en el contrato de compraventa.

YPF aceptó la oferta vinculante presentada por Adecoagro para adquirir el 50% de su participación en Profertil”, señala el texto institucional difundido por la compañía. Desde la petrolera explicaron que la decisión se inscribe en una estrategia de concentración de recursos en el desarrollo de Vaca Muerta y en la ejecución del Plan 4×4, la hoja de ruta que guía la gestión del portafolio de activos desde hace casi dos años.

Según YPF, esta política implica la salida de activos no estratégicos, la desinversión en unidades maduras y la expansión en áreas clave, como las recientes adquisiciones de campos en la cuenca neuquina. En ese marco, la venta de la participación en Profertil aparece como una pieza coherente dentro del proceso de transformación de la empresa, orientado a fortalecer su posicionamiento en el segmento shale y a maximizar el valor para los accionistas.

La operación se desarrolló en dos etapas: la compra del 50% que estaba en manos de Nutrien, y posteriormente la transferencia del 50% perteneciente a YPF, una vez obtenido el aval del Directorio y completados los requisitos regulatorios. El monto total de la inversión asciende a USD 1.200 millones, según precisaron fuentes con acceso al proceso de adquisición.

Nuevo control accionario y peso estratégico de Profertil en el agro argentino

Con la operación cerrada, Adecoagro y la Asociación de Cooperativas Argentinas pasan a ser los principales controladores de Profertil, mientras que el 50% restante permanece bajo la órbita de YPF. De acuerdo con la documentación difundida, la participación de los nuevos accionistas se distribuye en un 90% para Adecoagro y un 10% para ACA.

Profertil S.A. ocupa un rol central en el sistema agroindustrial argentino. La compañía abastece cerca del 60% del consumo nacional de urea, produce aproximadamente 1,3 millones de toneladas anuales de ese fertilizante y genera además 790 mil toneladas de amoníaco por año, insumos clave para los principales cultivos extensivos del país.

La empresa cuenta con su planta industrial principal en el polo petroquímico de Bahía Blanca, considerado el más importante del país, en una ubicación estratégica que le permite acceder de forma competitiva a gas natural y energía eléctrica. Su infraestructura se completa con oficinas administrativas en la Ciudad de Buenos Aires y terminales logísticas en Bahía Blanca, Necochea, San Nicolás (Buenos Aires) y Puerto General San Martín (Santa Fe), lo que garantiza una red de distribución de alcance nacional.

Los datos oficiales indican que la capacidad instalada de la planta central alcanza unas 1.320.000 toneladas anuales de urea granulada, consolidando a Profertil como un referente tecnológico y operativo en Sudamérica. Además, la compañía comercializa mezclas y otros insumos adaptados a las necesidades productivas de cada región, orientados a asegurar una nutrición eficiente de los suelos.

Impacto en el mercado de fertilizantes y consolidación de capital nacional

La salida de Nutrien y la reducción de la participación directa de YPF marcan un punto de inflexión en la configuración del mercado de fertilizantes en Argentina, que queda ahora bajo control mayoritario de empresas nacionales y cooperativas agropecuarias.

En un comunicado conjunto, Adecoagro y ACA definieron la operación como “un paso trascendental en la consolidación de nuestra presencia en la producción y distribución de insumos agropecuarios”. El gerente general de ACA, Ricardo Wlasicsuk, destacó que la adquisición fortalece la integración de la cadena agroindustrial y amplía la capacidad de respuesta a las necesidades de socios y clientes en todo el país.

Por su parte, Mariano Bosch, cofundador y CEO de Adecoagro, afirmó que la compañía está entusiasmada con la adquisición por tratarse de una de las empresas más relevantes del sector, y subrayó que la asociación con ACA refuerza el compromiso con el desarrollo de negocios agroindustriales sustentables y competitivos. También resaltó el valor estratégico de transformar gas natural en insumos esenciales para la producción de alimentos, consolidando el rol regional de Profertil como proveedor eficiente.

Desde los adquirentes señalaron que la nueva composición accionaria permitirá avanzar en una integración vertical de recursos, sostener la producción, impulsar mejoras tecnológicas y asegurar el abastecimiento de fertilizantes y amoníaco al sector agrícola. En paralelo, YPF reafirmó que la operación le permite profundizar su enfoque en los negocios estratégicos de energía, en línea con el Plan 4×4 y la priorización de inversiones en Vaca Muerta.

Con este escenario, el mercado argentino de fertilizantes inicia una nueva etapa, con mayor protagonismo del capital nacional y cooperativo, mientras el sector agroindustrial y la industria química quedan a la expectativa de cómo impactará esta reconfiguración en el precio, el abastecimiento y el acceso a insumos clave en las próximas campañas agrícolas.

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