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Caputo llevó al G20 el rumbo económico argentino y se reunió con Georgieva

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El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, se reunió en Estados Unidos con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, en la antesala de una nueva reunión del G20. El encuentro estuvo centrado en la agenda económica argentina y en los avances que el Gobierno busca consolidar en materia de estabilidad y crecimiento.

“Gran encuentro con Kristalina Georgieva en el marco de las reuniones del G20. Aprovechamos para conversar sobre la agenda económica de la Argentina y los avances que estamos logrando para consolidar la estabilidad y fortalecer el crecimiento”, señaló Caputo a través de su cuenta de X.

La reunión adquiere relevancia porque se produce mientras el Gobierno intenta sostener ante los principales actores financieros internacionales el programa económico implementado desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia. El equilibrio fiscal, la estabilidad monetaria y las reformas estructurales constituyen los ejes que la delegación argentina busca presentar como señales de continuidad del rumbo económico.

La agenda argentina frente a las principales economías

Caputo participa de las reuniones de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G20, donde expondrá sobre la evolución de la economía argentina y los lineamientos de la política económica oficial.

El ministro está acompañado por el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, y el secretario de Política Económica, José Luis Daza. La delegación argentina buscará instalar la recuperación de la estabilidad macroeconómica como uno de los principales resultados del programa oficial y, al mismo tiempo, explicar la estrategia para sostener el crecimiento.

El temario internacional incorpora además cuestiones vinculadas con la evolución de la economía mundial, la deuda soberana, los desequilibrios globales, la educación financiera y la prevención del fraude. Para la Argentina, el escenario representa una oportunidad para sostener el diálogo con organismos multilaterales y gobiernos de las principales economías.

El encuentro con Georgieva se inscribe precisamente en esa estrategia. El FMI constituye uno de los principales interlocutores externos de la política económica argentina y el vínculo con el organismo resulta relevante para la evaluación internacional del programa fiscal y monetario.

Búsqueda de respaldo en Washington

Durante su estadía en Estados Unidos, Caputo también procura mantener un encuentro con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. El contacto cobra especial importancia por el respaldo que la administración de Donald Trump brindó durante el último año al programa económico argentino.

Ese vínculo también quedó asociado al apoyo financiero estadounidense que permitió al Gobierno atravesar períodos de tensión en los mercados y reforzar su posición frente a las presiones financieras.

Por eso, la agenda de Caputo excede la participación protocolar en el G20. El objetivo es mostrar ante los principales actores económicos internacionales que el Gobierno mantiene el compromiso con el equilibrio fiscal y la estabilidad monetaria, mientras busca profundizar las reformas económicas.

Para el ministro, el desafío consiste ahora en convertir esa estabilización en una plataforma de crecimiento sostenido. El mensaje que llevará al G20 combina así dos dimensiones: defender los resultados alcanzados desde el inicio de la gestión de Milei y mantener abierto el respaldo internacional necesario para avanzar con la siguiente etapa del programa económico.

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Georgieva se reunió con Milei y su gabinete

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La visita de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, a la Argentina marcó un nuevo gesto de respaldo político al programa económico del Gobierno nacional y reforzó el mensaje que la administración de Javier Milei busca transmitir a los mercados: la consolidación fiscal y el desarrollo del sector energético son los pilares sobre los que pretende sostener la estabilidad macroeconómica y el crecimiento de mediano plazo.

La agenda comenzó con una reunión entre Georgieva y el ministro de Economía, Luis Caputo, en el Palacio de Hacienda, para luego trasladarse a la Casa Rosada, donde la titular del organismo fue recibida por el presidente Javier Milei. Posteriormente, encabezó junto al mandatario un encuentro de Gabinete ampliado en el que participaron las principales autoridades económicas y políticas del Gobierno, además de la cúpula técnica del FMI encargada del seguimiento del programa argentino.

Del encuentro participaron la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el jefe de Gabinete, Diego Santilli; el ministro de Economía, Luis Caputo; el canciller Pablo Quirno; el ministro de Defensa, Carlos Presti; la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva; el ministro de Salud, Mario Lugones; el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger; la secretaria Legal y Técnica, María Ibarzabal; el secretario de Política Económica, José Daza; el presidente del Banco Central, Santiago Bausili; y el director ejecutivo por la Argentina ante el FMI, Leonardo Madcur.

La delegación del Fondo estuvo integrada por el director del Departamento del Hemisferio Occidental, Nigel Chalk; el jefe de misión para la Argentina, Cheng Wong; el jefe de Gabinete de la directora gerente, Wolfgang Andreas Bauer Stampfli; el representante residente del organismo en el país, Max Alberto Alier Montenegro; y el vicedirector del Departamento del Hemisferio Occidental, Luis Manuel Cubeddu Merchan.

Finalizado el encuentro, Georgieva publicó un mensaje en sus redes sociales en el que dejó explícito el respaldo del organismo al rumbo económico. “Gracias, presidente Javier Milei, por una discusión productiva sobre el progreso de Argentina y el camino por delante. Mantener las reformas, fortalecer la estabilidad y desbloquear la inversión serán clave para impulsar el crecimiento y crear más oportunidades para el pueblo argentino”, expresó.

El mensaje sintetiza la visión del Fondo respecto de la actual etapa del programa económico: consolidar las reformas estructurales, preservar el equilibrio macroeconómico y generar condiciones para que el capital privado acelere las inversiones productivas.

Vaca Muerta, el símbolo de la nueva etapa

La gira continuará este martes con una actividad inédita para una máxima autoridad del FMI. Georgieva viajará a Neuquén para recorrer el yacimiento de Loma Campana, en Vaca Muerta, donde será recibida por el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín.

La visita representa un cambio de enfoque respecto de las tradicionales misiones del organismo. Mientras históricamente las negociaciones con el Fondo estuvieron centradas en las metas fiscales, monetarias y financieras, esta recorrida incorpora la dimensión productiva del programa económico, poniendo el foco en el principal activo estratégico del país para la generación de divisas.

Desde el Gobierno consideran que Vaca Muerta constituye la principal plataforma para incrementar las exportaciones energéticas durante la próxima década y fortalecer la acumulación de reservas internacionales, un aspecto clave para consolidar la estabilidad cambiaria y mejorar la capacidad de repago de la deuda externa.

La recorrida también es interpretada por analistas del mercado como una señal institucional hacia los inversores internacionales, al mostrar el respaldo del FMI a uno de los proyectos productivos con mayor potencial de crecimiento de la economía argentina.

Estabilidad macroeconómica e inversión, los desafíos de la próxima etapa

Más allá del respaldo político, la visita se produce en un contexto en el que el Gobierno busca reafirmar la sostenibilidad de su programa económico hasta 2027. En el plano técnico, las conversaciones incluyen el seguimiento de las metas comprometidas con el organismo, particularmente luego de que el Sector Público Nacional registrara en junio un déficit primario de $696.843 millones y un resultado financiero negativo superior al billón de pesos.

Desde el Ministerio de Economía atribuyeron esos resultados a factores estacionales, como el pago del medio aguinaldo y el diferimiento en la percepción del Impuesto a las Ganancias correspondiente a personas humanas, al tiempo que ratificaron el objetivo de alcanzar un superávit primario equivalente al 1,4% del Producto Bruto Interno al cierre de 2026.

En este escenario, la presencia de Georgieva combina dos dimensiones complementarias. Por un lado, representa un respaldo institucional a las reformas impulsadas por el Ejecutivo. Por otro, busca fortalecer la confianza de los mercados en la capacidad del país para sostener el programa económico mediante una combinación de disciplina fiscal, estabilidad financiera y expansión de sectores estratégicos como la energía.

Con la visita a Vaca Muerta, el Gobierno intenta mostrar que la discusión con el FMI ya no se limita únicamente al cumplimiento de metas financieras, sino que incorpora una agenda orientada al crecimiento, la inversión y la generación estructural de divisas como condición para consolidar la estabilidad macroeconómica de largo plazo.

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El Banco Central acelera compras de dólares y supera el 63% de la meta anual

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) volvió a intervenir con fuerza en el mercado y compró más de 235 millones de dólares en una sola jornada, en el Mercado Libre de Cambios (MLC), consolidando una secuencia de 71 ruedas consecutivas con saldo positivo. Con este movimiento, la autoridad monetaria ya superó el 63% de la meta de acumulación de reservas prevista para 2026, fijada en US$ 10.000 millones.

El dato no es menor: se inscribe en la “fase 4” del programa monetario impulsado por el Gobierno y expone una prioridad clara en la hoja de ruta oficial. La pregunta que se abre es si este ritmo de compras consolida un nuevo equilibrio cambiario o si depende de condiciones que podrían modificarse en el corto plazo.

El marco del programa y la lógica de acumulación

La estrategia de acumulación de reservas se convirtió en uno de los pilares del esquema económico vigente desde comienzos de año. Desde enero, el BCRA ya compró US$ 6.386 millones en el mercado mayorista, una cifra que lo posiciona por encima del umbral intermedio del objetivo anual.

El programa contempla, además, una meta flexible: los US$ 10.000 millones podrían ampliarse hasta US$ 17.000 millones si la demanda de dinero crece. Esa cláusula introduce una variable política y económica relevante, ya que vincula la acumulación de reservas con la evolución del consumo, la confianza y la actividad.

En paralelo, las reservas internacionales alcanzaron los US$ 45.779 millones tras subir US$ 32 millones en la jornada. Aunque por debajo del pico de US$ 46.905 millones registrado en febrero, el nivel actual mantiene una tendencia de fortalecimiento gradual.

El respaldo externo también juega su parte. En su última revisión, el Fondo Monetario Internacional (FMI) valoró la “acumulación incipiente de reservas” y destacó la mejora en la capacidad de respuesta ante crisis, en un contexto donde Argentina aparece como exportador neto de energía.

Impacto político y económico: entre respaldo técnico y presión real

La dinámica de compras posiciona al Gobierno en una zona de mayor previsibilidad financiera, al menos en términos formales. La acumulación de reservas funciona como señal hacia los organismos internacionales y como herramienta de estabilización frente a eventuales tensiones cambiarias.

Sin embargo, el dato también expone una tensión estructural: el ritmo de acumulación convive con una economía real que todavía enfrenta desafíos en términos de actividad y demanda. La propia arquitectura del programa —que condiciona la meta máxima al aumento de la demanda de dinero— refleja esa dependencia.

En el plano político, el respaldo del FMI fortalece la narrativa oficial sobre la consistencia del programa, mientras que la continuidad de las compras refuerza la idea de disciplina monetaria. Pero ese equilibrio requiere sostener condiciones de mercado favorables, algo que no depende exclusivamente de decisiones locales.

Un proceso en construcción

El sendero de acumulación de reservas muestra consistencia en los números, pero abre interrogantes sobre su sostenibilidad. La continuidad de las compras, el comportamiento del mercado cambiario y la evolución de la demanda de dinero serán variables clave en las próximas semanas.

Por ahora, el BCRA consolida un objetivo central del programa económico. Lo que todavía no está del todo definido es si este proceso marca un cambio estructural o si responde a una ventana de oportunidad que deberá ser validada en un escenario más exigente.

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Caputo anuncia acuerdo con el FMI y asegura acceso a USD 1.000 millones para sostener el programa económico

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El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que Argentina alcanzó un Staff-Level Agreement con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el marco de la segunda revisión del programa de Facilidades Extendidas (EFF). El entendimiento, sujeto a aprobación del Directorio del organismo, habilitaría un desembolso cercano a los USD 1.000 millones.

El anuncio se produjo tras negociaciones entre el equipo económico argentino y técnicos del organismo en Washington. Según lo informado, el acuerdo forma parte del seguimiento del programa vigente y apunta a consolidar el proceso de estabilización macroeconómica iniciado por el Gobierno.

Revisión del programa y señales al mercado

El entendimiento técnico se inscribe dentro del acuerdo de 48 meses firmado con el FMI. La segunda revisión evalúa el cumplimiento de metas fiscales, monetarias y externas, así como el avance de reformas estructurales.

De acuerdo al organismo, el proceso se dio en un contexto de fortalecimiento del “momentum reformista”, con la aprobación del Presupuesto 2026 y otras iniciativas legislativas vinculadas a formalización de activos, flexibilización laboral, acuerdos comerciales e incentivos a la inversión, particularmente en sectores estratégicos.

Además, el FMI destacó mejoras en el esquema monetario y cambiario, con compras de divisas por parte del Banco Central que superan los USD 5.500 millones en lo que va del año, lo que contribuye a reforzar las reservas.

Metas fiscales, reservas y política monetaria

El nuevo entendimiento incluye un paquete de políticas orientado a sostener la desinflación, fortalecer la estabilidad externa y recuperar el crecimiento.

En el frente fiscal, el programa mantiene el equilibrio como ancla central, con un superávit primario proyectado de 1,4% del PBI. Este objetivo se apoya en el control del gasto público, aunque contempla márgenes para asistencia social focalizada.

En materia monetaria, se prevé continuar con una política contractiva, con medidas para reducir la volatilidad de tasas y mejorar la transmisión del crédito. También se profundiza el esquema cambiario con bandas más amplias y mayor transparencia en los objetivos del programa.

En el plano externo, el compromiso oficial apunta a incrementar las reservas internacionales netas en al menos USD 8.000 millones durante 2026, a partir de compras sostenidas de divisas y financiamiento en moneda extranjera.

El esquema de financiamiento incluye emisiones de deuda en dólares bajo legislación local, utilización de activos estatales, operaciones del Banco Central y préstamos externos.

Respaldo internacional y disciplina interna

El acuerdo refuerza la posición del Gobierno en dos niveles. Hacia el exterior, consolida el vínculo con el FMI y envía una señal de continuidad del programa económico ante los mercados. Hacia el plano interno, ratifica el rumbo basado en ajuste fiscal, desregulación y apertura.

El respaldo técnico del organismo también se apoya en avances legislativos recientes, lo que sugiere un alineamiento entre el Poder Ejecutivo y el Congreso en aspectos clave del programa.

Al mismo tiempo, el esquema establece condicionamientos claros: el cumplimiento de metas y la implementación de reformas estructurales siguen siendo requisitos para sostener el financiamiento y avanzar hacia el acceso a mercados internacionales.

Reservas, crédito y acceso a financiamiento

El desembolso potencial de USD 1.000 millones se suma a una estrategia más amplia de fortalecimiento de reservas, un punto crítico para la estabilidad cambiaria.

Según el FMI, la mejora en los buffers externos y la recomposición del marco macroeconómico buscan facilitar el retorno a los mercados internacionales de crédito en condiciones más favorables.

En paralelo, la continuidad de una política monetaria restrictiva y el orden fiscal apuntan a sostener el proceso de desinflación, aunque con impacto en la dinámica del crédito y la actividad económica.

Efectos indirectos en economías del NEA

Para regiones como el NEA y Misiones, el acuerdo no tiene medidas específicas, pero su impacto puede sentirse de forma indirecta.

La estabilidad macroeconómica, el acceso a financiamiento y la evolución del tipo de cambio inciden en variables clave para las economías regionales, como el costo del crédito, la inversión productiva y la competitividad exportadora.

En particular, sectores vinculados a la forestoindustria, la agroindustria y la energía podrían verse condicionados por la disponibilidad de financiamiento y el ritmo de apertura económica.

Aprobación pendiente y cumplimiento de metas

El acuerdo aún debe ser aprobado por el Directorio del FMI, paso necesario para habilitar el desembolso. Además, el cumplimiento de las metas fiscales, monetarias y de reservas será determinante para las próximas revisiones.

En el corto plazo, el foco estará en la evolución de las reservas, la dinámica inflacionaria y la capacidad del Gobierno para sostener el programa sin desvíos.

El entendimiento técnico marca un nuevo capítulo en la relación con el organismo, pero deja abierto el interrogante central: si el esquema actual logrará traducirse en estabilidad sostenida y recuperación económica.

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Caputo admite el freno en la desinflación y descarta deuda externa, apuesta a financiamiento alternativo

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El ministro de Economía, Luis Caputo, explicitó este jueves una tensión central del programa económico: el Gobierno no puede forzar la demanda de pesos en un contexto donde la inflación volvió a acelerarse, al tiempo que confirmó que no recurrirá al mercado internacional para refinanciar deuda. La definición, realizada durante el 21° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas, combina dos datos políticos clave: una inflación que no termina de ceder —2,9% en febrero por segundo mes consecutivo— y una estrategia financiera que se repliega hacia fuentes alternativas para cubrir vencimientos por unos USD 9.000 millones. La pregunta queda abierta: ¿es un ajuste táctico o el reconocimiento de un límite estructural del esquema económico?

El límite de la demanda de pesos y el rediseño del programa

Caputo puso el foco en un punto sensible del modelo: la demanda de dinero. Mientras el equipo económico controla la emisión, admite que no puede incidir directamente en la decisión de los argentinos de mantener pesos. Esa variable, sostuvo, explica parte de la resistencia inflacionaria reciente.

El diagnóstico oficial vincula la suba de precios a factores puntuales: la recomposición de precios regulados y el impacto de la carne. En esa lectura, se trataría de un desvío transitorio dentro de un sendero de desinflación que debería retomarse “más temprano que tarde”. Sin embargo, el reconocimiento de un “retroceso” en los últimos siete u ocho meses introduce una señal política relevante: el programa ya no se presenta como lineal.

En paralelo, el ministro descartó una herramienta clásica de gestión: la emisión de deuda en los mercados internacionales. La decisión implica un cambio de posicionamiento respecto de evaluaciones previas —mencionó que se analizó hacia fines del año pasado— y refuerza una narrativa oficial centrada en el superávit fiscal y la reducción del endeudamiento.

En su lugar, el Gobierno apuesta a una combinación de financiamiento local, venta de activos y mecanismos alternativos aún no detallados públicamente. Según Caputo, estas opciones permitirían cubrir los próximos tres vencimientos de capital —julio de este año, enero y julio del próximo— por aproximadamente USD 9.000 millones.

Deuda, mercado y FMI: equilibrio sin acceso pleno

La decisión de no acudir al mercado internacional no ocurre en el vacío. El propio ministro reconoció que el nivel de riesgo país resulta “exagerado” en relación con las condiciones técnicas, lo que sugiere una brecha entre la evaluación del Gobierno y la percepción del mercado.

En ese contexto, la estrategia oficial busca sostener el cumplimiento de pagos mientras se espera una mejora en las condiciones de financiamiento. La lógica es clara: evitar endeudarse caro cuando existen alternativas más baratas, aunque esas fuentes no hayan sido aún explicitadas.

El vínculo con el Fondo Monetario Internacional aparece como un respaldo político en ese esquema. Caputo calificó la relación como “espectacular” y destacó un nivel de confianza inédito, en medio de la segunda revisión en curso. Sin embargo, también recordó que en 2027 vencen USD 3.000 millones adicionales con el organismo, lo que proyecta la tensión financiera más allá del corto plazo.

Impacto político: señales mixtas para el mercado y la gobernabilidad

El mensaje del ministro deja una doble lectura. Por un lado, reafirma la disciplina fiscal y la decisión de evitar nueva deuda externa, lo que fortalece la narrativa de sostenibilidad. Por otro, admite límites en la política monetaria y reconoce que la inflación aún no está completamente bajo control.

En términos de correlación de fuerzas, el Gobierno intenta sostener credibilidad ante los mercados y el FMI sin ceder a la presión de financiarse externamente. Esa postura condiciona el margen de maniobra: obliga a consolidar el mercado local, acelerar mecanismos alternativos y mantener el superávit como ancla política.

El dato no menor es que el propio ministro identificó el escepticismo social como un factor relevante. Esa percepción, dijo, pesa tanto como las variables económicas. En clave política, implica que la estabilización no solo depende de indicadores, sino también de expectativas.

Un equilibrio inestable hacia 2027

El programa económico entra en una fase más compleja. La inflación no desciende al ritmo esperado, la demanda de pesos sigue siendo una variable incierta y el acceso al financiamiento externo continúa limitado.

En ese escenario, el Gobierno apuesta a ganar tiempo: cumplir vencimientos con recursos propios o alternativos, sostener el orden fiscal y esperar que la desinflación retome su curso. La incógnita es si esa estrategia alcanzará para consolidar el esquema antes de los compromisos más exigentes, especialmente los de 2027.

Las próximas semanas serán clave para observar dos variables: la evolución de la inflación tras la recomposición de precios y la presentación concreta de las fuentes de financiamiento alternativas. Ahí se juega algo más que una cuestión técnica: la consistencia política de un modelo que busca sostenerse sin recurrir a las herramientas tradicionales del mercado.

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