propiesdad intelectual

El mapa legal de la propiedad intelectual en Argentina: de la norma a la estrategia

Compartí esta noticia !

Ariel Gustavo Giordano, referente de propiedad intelectual y docente en la Universidad Nacional de Villa María, publicó recientemente un artículo que ordena con notable claridad algo que en la práctica profesional solemos encontrar disperso: el sistema argentino de propiedad intelectual no es una sola ley, sino un entramado de cinco niveles normativos que van desde la Constitución Nacional y los tratados de derechos humanos, pasando por los convenios internacionales y las leyes especiales de marcas, patentes, diseños y derecho de autor, hasta las normas laborales y civiles que definen la titularidad, y los regímenes operativos, aduaneros y penales que hacen valer esos derechos en la práctica.

Este ejercicio de sistematización resulta muy valioso, y nos parece una buena oportunidad para bajarlo a lo que vemos todos los días en el Estudio: qué significa ese mapa normativo para una empresa que tiene que decidir, hoy, cómo proteger sus intangibles, marcas, software, diseños e invenciones.

La territorialidad estricta: el dato que más sorprende a las empresas

Argentina actualmente no forma parte del Protocolo de Madrid para el registro internacional de marcas, ni del Arreglo de La Haya para diseños industriales (aunque existen posibilidades de que eso ocurra); y la adhesión al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) está a estudio del Senado, con posibilidad de aprobarse este año.

Mientras esto no ocurra, la regla sigue siendo la territorialidad estricta: no existe una solicitud “paraguas” que proteja una marca en varios países a la vez. Cada país exige su propio registro, con sus propios plazos, costos y agente local, y la única herramienta que permite coordinar esas presentaciones es el plazo de prioridad del Convenio de París (seis meses para marcas y diseños, doce para patentes).

En términos prácticos, esto significa que una empresa argentina que proyecta crecer en la región —o una empresa extranjera que quiere entrar al mercado argentino— no puede improvisar: la protección internacional de una marca hay que planificarla desde el día uno, coordinando presentaciones país por país, muchas veces a través de corresponsales locales en cada jurisdicción. Es, de hecho, uno de los ejes de trabajo que venimos desarrollando desde el Estudio: la gestión de carteras de marcas con proyección internacional.

Registrar no alcanza: las cargas que sostienen la protección

El mencionado artículo de Giordano también recuerda algo que muchas empresas subestiman: el registro marcario dura diez años, pero su renovación exige haber usado la marca y presentar una declaración jurada de uso entre el quinto y el sexto año. No es un dato menor: junto con los plazos de oposición ante el INPI, es una de las fuentes más frecuentes de conflictos que vemos en la práctica:
• Llegar tarde al registro. Empresas que usan una marca durante años sin registrarla, hasta que un tercero —muchas veces un competidor— la registra primero y las deja en una posición de debilidad o directamente las obliga a cambiar de identidad comercial.
• No vigilar el boletín de marcas. El INPI publica periódicamente las solicitudes presentadas. Quien no monitorea esas publicaciones puede perder, sin darse cuenta, el plazo para oponerse a una marca que afecta la propia. Una vez vencido ese plazo, revertir la situación es mucho más costoso, cuando no imposible.
• La caducidad por falta de uso. La ley exige que una marca registrada se use efectivamente; de lo contrario, puede ser objeto de una acción de caducidad y perder la protección adquirida. Muchas empresas registran y luego “archivan” la marca, sin advertir este riesgo.
• Ignorar la declaración jurada de uso. La Ley 22.362 impone la obligación de declarar el uso de la marca dentro de determinados plazos; se trata de una carga que suele pasar desapercibida hasta que genera un problema.
• Conflictos internacionales de marca. Con la expansión del comercio electrónico y las redes sociales, es cada vez más frecuente el choque entre una marca ya consolidada en el exterior y una empresa argentina que construyó su identidad de buena fe, sin saber que esa coexistencia tarde o temprano iba a generar un conflicto.

De la reacción a la estrategia

La propiedad intelectual bien gestionada no se trata de litigar cuando el problema ya ocurrió, sino de diseñar de entrada una estrategia: elegir bien qué registrar, cómo, de qué manera y con qué cobertura o protección específica, y vigilar esto activamente en el mercado y en los boletines oficiales, sumado a mantener al día las obligaciones que requiere la ley, inclusive acreditando el uso efectivo, y pensar la protección internacional desde el primer día si la empresa tiene —o proyecta tener— presencia fuera del país.

Por qué conviene tener un equipo de marcas de cabecera, y no solo un trámite puntual

La diferencia entre una empresa que sostiene su marca durante décadas y una que la pierde, casi nunca está en la letra de la ley: está en tener, del otro lado, a alguien que revisa el boletín todos los meses y que actúa a tiempo cuando aparece un conflicto.

Ese acompañamiento integral —registro, vigilancia marcaria, oposiciones, defensa frente a acciones de caducidad y gestión internacional de carteras de marcas— es, precisamente, el eje de los servicios que venimos desarrollando desde el Estudio Santiago.

Y lo hacemos con una ventaja concreta: nuestro socio, Facundo Santiago Delgado, además de abogado, es Agente de la Propiedad Industrial matriculado ante el INPI (Matrícula N°2517), lo que nos permite intervenir directamente, sin intermediarios, en cada instancia del trámite marcario —del registro a la oposición, de la vigilancia a las acciones administrativas, y eventual defensa judicial.

Proteger una marca, un desarrollo, un diseño, o una obra no es un costo accesorio: es invertir en resguardar intangibles, lo que inclusive muchas veces vale mucho más que los activos físicos.

Gestionar activos intangibles “por reacción” posterior a que los problemas ocurran, y no “por estrategia” y prevención, puede incluso ser más costoso y más complejo.

Como dice el refrán, “prevenir es mejor que curar”, y por ello, recomendamos el asesoramiento y la vigilancia estratégica, antes de que los hechos o el próximo boletín de marcas lo tomen por sorpresa.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin