región núcleo

La tierra agrícola vuelve a máximos en la zona núcleo tras 15 años

Compartí esta noticia !

El mercado de la tierra agrícola recuperó en 2026 un nivel que no alcanzaba desde hace 15 años. En la subzona maicera de la región núcleo, que comprende como referencia los partidos bonaerenses de Pergamino, Rojas y Colón, el valor promedio de la hectárea llegó a US$17.900 entre enero y julio, superando el máximo nominal de US$17.350 registrado en 2012.

Según el análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborado a partir de información de Márgenes Agropecuarios, la tierra agrícola atravesó un ciclo de fuerte expansión después de la crisis de 2001. El valor de la hectárea pasó de un piso de US$2.600 en 2002 a multiplicarse 6,7 veces hasta 2012, en paralelo con el súper ciclo de las materias primas, la expansión de la siembra directa y las mejoras de productividad.

El mercado de tierra agrícola está mostrando un repunte de precios por quinto año consecutivo y se alcanzaron máximos nominales en 2026. Mejoraron los arrendamientos en dólares “billete” y la rentabilidad del activo.

El precio de la tierra agrícola se recupera en términos nominales, pero todavía está lejos de los máximos de 2012 en términos reales

En base a información que provee la revista Márgenes Agropecuarios, puede analizarse el panorama del precio de la tierra y los arrendamientos en Argentina en las últimas décadas. En particular, post crisis del año 2001 este activo clave para el sector agro registró un boom alcista en su valor, tendencia que se extendió hasta el año 2012. Desde entonces y luego de más de una década de corrección en términos reales e inclusive llegando a registrar caídas en términos nominales, el valor de la hectárea en subzona maicera de la región núcleo —tomando como referencia los partidos de Pergamino, Rojas y Colón— promedia los USD 17.900 entre enero y julio de 2026 y supera el récord nominal de USD 17.350 alcanzado en 2012. Es decir, tras 15 años de estancamiento en el precio de la hectárea agrícola, siguiendo como referencia una zona productora clave, se vuelven a superar valores récord en términos nominales.

En el siguiente gráfico se observa la evolución del precio promedio anual de la hectárea agrícola desde 1997 en dicha subzona maicera mencionada, tanto en valores nominales como ajustados por la inflación de Estados Unidos, de manera de aproximar una valuación del precio real de la tierra agrícola. La serie nominal muestra un piso en 2002, con USD 2.600 por hectárea tras la salida de la convertibilidad, y a partir de allí un ciclo alcista extraordinario que multiplicó el valor por 6,7 veces hasta 2012, al unísono de un súper ciclo de precios de las materias primas, la masificación del uso de la siembra directa y mejoras en la productividad.

Desde 2013 la serie nominal mostró una larga meseta con sesgo bajista, hasta tocar un piso de USD 13.950 por hectárea en 2021, 20% por debajo del máximo de 2012. Vale remarcar que se trata de un período marcado por un estancamiento en la actividad económica, derechos de exportación históricamente elevados y restricciones de acceso al mercado de cambios con una brecha cambiaria creciente, salvo el período de unificación entre diciembre de 2015 y agosto de 2019. En general, factores que afectaron la rentabilidad del sector y perjudicaron la valoración del activo. Desde 2022, el precio nominal encadena cinco años consecutivos de suba, con un avance acumulado del 28% hasta el promedio de 2026. 

Por su parte, si se considera la serie histórica ajustada por inflación a valores actuales, nos muestra que el pico de precios de 2012 de la hectárea en la subzona bajo análisis representa a precios de hoy unos USD 25.300, arribando a un piso de precios en 2023 con USD 16.032. Es decir, entre 2012 y 2023 el precio promedio de la tierra agrícola en la subzona bajo análisis mostró una caída de 37% respectivamente. Los valores que se registran actualmente en torno a USD 18.000 son un máximo en términos reales desde 2020, aunque aún 28,5% por debajo del pico histórico del año 2012. Es decir, el récord nominal nos muestra una recuperación importante en el precio de la tierra agrícola, pero ajustado por la inflación en dólares todavía se sigue lejos de lo visto en el ciclo anterior.


Se recupera el valor en dólares “billete” de los arrendamientos agrícolas y la rentabilidad bruta de la tierra agrícola

Considerando que buena parte del área agrícola de la zona núcleo es trabajada por productores arrendatarios, el valor de la tierra y el del alquiler son dos variables que adquieren relevancia tanto desde la óptica del propietario y la potencial rentabilidad de dicho activo, como de quien alquila la tierra para producir.

Se parte de que el alquiler se fija mayormente en cantidades de producto, con la soja siendo una referencia clave para la determinación de este. Considerando el alquiler orientativo para la subzona maicera de la región núcleo, el mismo se ubicó en torno a 19 qq/ha para la última campaña 2025/26, teniendo en cuenta que el valor real varía entre parcelas según diversos factores. Haciendo foco en la tendencia, el alquiler en quintales mostró una caída entre 2012/13 y 2015/16, retomando el sendero alcista desde el ciclo 2017/18 hasta el techo actual que se mantiene estable desde las últimas cuatro campañas. Bajo este marco, se puede percibir una demanda firme por la tierra en alquiler, ya que los mismos se han mantenido estables en un nivel alto a pesar de que se registraron varios años consecutivos con rindes muy por debajo del potencial en la región núcleo, aunque que en las últimas tres campañas se han logrado normalizar.

Por el lado de la valuación de dicho alquiler orientativo en dólares “billete”, la tendencia ha sido mucho más volátil que en cantidades de producto. Esto es algo esperable ya que el valor monetario del alquiler depende del precio de la soja a nivel internacional y local, las alícuotas de derechos de exportación y el nivel de brecha cambiaria entre dólar oficial y de mercado. En perspectiva de los últimos 14 años, el alquiler en dólares “billete” lateralizó entre USD 237 y 442 por hectárea considerando el período 2012/13-2021/22, con dos pisos muy marcados en las campañas 2014/15 y 2019/20. Ambos años afectados por precios internacionales de la soja relativamente bajos y la existencia de brecha cambiaria en el mercado local. Mientras que, en los últimos años el valor efectivo del arrendamiento en dólares logró mejorar de forma persistente hasta los USD 570 por hectáreas estimados para la última campaña. Esto, sin dejar de remarcar que los propietarios no pudieron capturar totalmente la fuerte suba de la soja a nivel internacional entre 2021 y 2023 por la persistencia de una alta brecha cambiaria.

Por último, desde la óptica del inversor en campos para arrendamientos, con la evolución del precio de la tierra agrícola y de los arrendamientos en dólares “billete”, es de interés calcular una estimación de la rentabilidad del activo. El siguiente gráfico presenta la evolución del precio de la hectárea junto con un ejercicio teórico de rentabilidad anual bruta por arrendar la tierra para producción agrícola. Para el ejercicio se consideró un rango de precio de compra de la hectárea entre USD 14.000 y USD 17.928, valores de mercado que rigieron entre las campañas 2012/13 y 2025/26. Bajo esos supuestos, la rentabilidad bruta teórica anual se movió en un rango del 1,33% al 4,06%, con un mínimo en el ciclo 2019/20 y un máximo en las campañas 2024/25 y 2025/26.

Siguiendo la serie de rentabilidad estimada según precios actuales de la tierra y de los arrendamientos, es clara la tendencia alcista de los últimos años a pesar de la recomposición del precio nominal del activo. En la última campaña dicho indicador se ubica en 3,17% que es un máximo para la serie bajo análisis, el cual se explica no tanto por una continuidad en el crecimiento del alquiler en quintales sino por la convergencia cambiaria, precios de la soja a nivel internacional por encima de los USD 400/t y baja paulatina en los derechos de exportación. En general, factores que están permitiendo al inversor obtener un mejor valor en dólares “billete” por el alquiler del activo que en períodos anteriores.

Compartí esta noticia !

La región núcleo se prepara para un “Niño” fuerte: más maíz temprano y nuevas estrategias de siembra

Compartí esta noticia !

La campaña agrícola 2026/27 comienza a definirse bajo una señal climática que modifica el escenario de las últimas campañas. Técnicos de la región núcleo anticipan un “Niño” de intensidad fuerte a muy fuerte, con una mayor probabilidad de lluvias durante octubre, noviembre y diciembre, y el sector ya ajusta sus decisiones para aprovechar el agua sin quedar expuesto a excesos.

El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) plantea que, por primera vez en unos 20 años, se observa una cantidad tan amplia de medidas anticipatorias frente a un escenario de “Niño”. La lectura dominante entre los asesores es que no alcanza con esperar el cambio climático: hay que modificar fechas de implantación, genética, densidades, fertilización y manejo sanitario.

Las proyecciones de GEA/BCR estiman, bajo el supuesto de que el fenómeno sea el principal condicionante climático, lluvias 30% superiores a lo normal en octubre, 70% mayores en noviembre y hasta 90% superiores en diciembre. Pero el punto de partida es diferente al de 2025: las reservas de agua en los perfiles son actualmente entre regulares y escasas en el 80% de la región.

Esa menor disponibilidad inicial puede funcionar como un amortiguador frente a eventuales excesos. En agosto de 2025, la región presentaba las mejores reservas de los últimos cinco años; esta vez, el escenario es menos cargado de agua y ofrece mayor margen para absorber las lluvias que podrían llegar durante la primavera.

El cambio de estrategia empieza por la fecha de siembra

La principal herramienta mencionada por los asesores es el ajuste de las fechas de implantación, con el 38% de las respuestas. En maíz temprano se evalúa adelantar la siembra entre una y dos semanas para ubicar el período crítico en diciembre, cuando las lluvias proyectadas podrían ofrecer mejores condiciones y, al mismo tiempo, reducir la exposición a golpes de calor durante enero.

En soja también aparece la misma lógica. En algunas zonas de Córdoba ya analizan comenzar la implantación entre el 10 y el 15 de octubre, cuando habitualmente las labores arrancan alrededor del 20. Para la soja de segunda, la recomendación es todavía más directa: aprovechar cada día ganado en la fecha de siembra puede traducirse en más rendimiento en un año con mayor disponibilidad hídrica.

La segunda estrategia más mencionada es el manejo sanitario, con el 23% de las respuestas. El razonamiento es sencillo: más humedad también implica mayores condiciones para el desarrollo de enfermedades. El trigo concentra buena parte de la atención, aunque el monitoreo se extenderá a los cultivos de verano.

La tercera herramienta es la elección de ciclos y grupos de madurez, que reúne el 15% de las menciones. En soja comienza a ganar espacio el uso de grupos IV y, particularmente, IV cortos, especialmente en ambientes con buen potencial productivo.

El aumento de la densidad de siembra y una mayor fertilización nitrogenada completan el menú de ajustes, con el 8% de las respuestas. En sectores de Córdoba se analiza incorporar unas 5.000 plantas adicionales por hectárea en maíz y, para determinados híbridos, llegar hasta 10.000 plantas más, acompañado por mayores dosis de nitrógeno.

Más maíz temprano, pero no en todos los lotes

El escenario hídrico también empieza a modificar la relación entre maíz temprano y tardío. Después de varias campañas dominadas por condiciones de “Niña”, en las que el maíz tardío permitió reducir el riesgo climático, el regreso de una mayor disponibilidad de agua vuelve a favorecer al temprano.

En Pergamino, los técnicos proyectan que más del 60% del maíz podría ser temprano y evalúan iniciar la siembra durante septiembre, siempre que las temperaturas permitan avanzar. La estrategia busca capturar el potencial productivo que ofrece un ambiente con mejores condiciones hídricas.

Pero el cambio no será uniforme. En General Villegas, donde existen lotes con riesgo de anegamiento, la recomendación es exactamente la contraria: demorar la implantación y recurrir al maíz tardío en los sectores inundables. Las napas se encuentran en algunos establecimientos entre 90 centímetros y 1,40 metros de profundidad, lo que incrementa el riesgo ante un período de lluvias por encima de lo normal.

La gestión del agua dentro de los establecimientos adquiere así un papel central. Limpieza de canales y alcantarillas, obras para acelerar el escurrimiento y acondicionamiento de caminos rurales aparecen como medidas concretas para reducir el impacto de los excesos.

El trigo mantiene un buen punto de partida, pero aumenta la alerta sanitaria

El 95% de los lotes de trigo de la región núcleo se encuentra actualmente en condiciones excelentes o muy buenas, un estado similar al registrado a esta altura de la campaña anterior, que posteriormente terminó con rendimientos excepcionales.

El 70% de los lotes transita el macollaje y el 30% ya ingresó en encañazón. En zonas como Pergamino, los técnicos destacan una buena cantidad de plantas y una coloración verde intensa asociada con una adecuada nutrición nitrogenada.

El desafío ahora es sostener esa condición. En Pergamino y Venado Tuerto comenzaron a detectarse los primeros indicios de mancha amarilla, aunque hasta el momento no se realizaron aplicaciones de fungicidas. La persistencia de la humedad y un eventual aumento de las temperaturas podrían acelerar la aparición y desarrollo de enfermedades foliares.

La señal climática, por lo tanto, ofrece una oportunidad productiva, pero también exige mayor capacidad de monitoreo. El objetivo no es solamente producir más con agua disponible, sino evitar que el exceso termine transformándose en una pérdida.

La cosecha de maíz tardío sigue demorada

Mientras se planifica la próxima campaña, la cosecha de maíz tardío y de segunda continúa condicionada por la humedad. Durante la última semana avanzó apenas cuatro puntos porcentuales y alcanzó el 77% del área.

Las lluvias ralentizaron las labores y la humedad de los granos continúa elevada. Quedan unas 65.000 hectáreas pendientes de cosecha y la expectativa está puesta en el ingreso de aire más frío y seco para acelerar las tareas.

El contraste resume buena parte del escenario que enfrenta el productor: la misma variable que puede impulsar los rendimientos de la campaña que comienza también puede dificultar la finalización de la anterior.

Un “Niño” que obliga a cambiar el enfoque productivo

El dato más relevante del informe de la BCR no está solamente en las proyecciones de lluvia, sino en la reacción anticipada del sector. Después de varias campañas en las que la prioridad fue administrar la escasez, los productores y asesores empiezan a diseñar estrategias para capturar el potencial de un escenario con mayor disponibilidad de agua.

La clave será transformar esa ventaja climática en productividad sin perder de vista los riesgos. Adelantar siembras donde el ambiente lo permite, mantener ciclos más cortos, aumentar densidades y fertilización en los lotes con potencial, reforzar el monitoreo sanitario y mejorar el drenaje en las zonas vulnerables son decisiones que buscan convertir una señal climática favorable en más kilos por hectárea.

Para la región núcleo, el desafío ya no es solamente resistir al clima. Es anticiparse a él.

Cómo se prepara la región para el “Niño” fuerte a muy fuerte by CristianMilciades

Compartí esta noticia !

Las lluvias de junio destrabaron la campaña: el trigo ya cubre el 50% del área prevista en la región núcleo

Compartí esta noticia !

Las lluvias registradas durante los primeros días de junio cambiaron el escenario para la campaña fina 2026/27. Tras un mayo marcado por la escasez de precipitaciones, los nuevos aportes de agua permitieron reactivar la siembra de trigo en la región núcleo, donde el cultivo ya alcanzó el 50% del área proyectada y volvió a ganar ritmo en una ventana clave para las variedades de ciclo intermedio.

El último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario señala que las precipitaciones llegaron en un momento oportuno para destrabar las labores, aunque aclara que no modificaron las decisiones productivas adoptadas meses atrás. La superficie destinada al cereal se mantendrá, en términos generales, en niveles similares a la campaña pasada, mientras que en varias zonas incluso se prevén reducciones por cuestiones económicas y de rotación.

La mejora climática puso fin a una prolongada pausa pluvial que había frenado el avance de las sembradoras. Durante los primeros diez días de junio se registraron lluvias generalizadas, con acumulados que en algunos sectores triplicaron el promedio histórico mensual. En el oeste de la región pampeana hubo registros de entre 40 y 90 milímetros, mientras que gran parte del área agrícola recibió entre 15 y 30 milímetros, suficientes para recomponer la humedad superficial y habilitar la continuidad de la implantación.

Los técnicos destacan que el agua llegó en el momento justo para asegurar una buena emergencia de los lotes ya sembrados y completar la implantación en mejores condiciones de humedad.

Sin embargo, el clima favorable no alcanza para modificar las decisiones de inversión. En distintas zonas de la región núcleo persisten las dudas sobre la rentabilidad del trigo debido al elevado costo de los fertilizantes nitrogenados y a la baja del precio futuro del cereal.

En San Gregorio, por ejemplo, la siembra ya alcanza el 70% y los primeros lotes muestran una emergencia muy satisfactoria. No obstante, la intención de siembra registra una reducción del 20% respecto del ciclo anterior, impulsada principalmente por criterios de rotación y por la falta de incentivos económicos. Los asesores remarcan que la compra de urea a valores elevados y la caída del precio del trigo eliminaron cualquier estímulo para ampliar la superficie originalmente prevista.

La situación es similar en la zona de Venado Tuerto. Aunque las condiciones agronómicas son mejores que un año atrás y el período actual resulta ideal para sembrar variedades de ciclo intermedio, los productores decidieron reducir considerablemente el área destinada al cereal. Incluso los establecimientos de mayor escala disminuyeron cerca de un tercio de la superficie implantada, mientras que entre los pequeños y medianos productores el retroceso es aún más pronunciado. Los especialistas atribuyen esa decisión a la incertidumbre sobre los márgenes económicos y a que la baja reciente en algunos costos llegó cuando la planificación de la campaña ya estaba definida.

En otras regiones el panorama es diferente. En Río Tala y San Pedro, el fuerte impacto que dejó la mala campaña de soja llevó a numerosos productores a volver a apostar por el trigo, aun con márgenes ajustados. Allí la necesidad de generar ingresos antes de fin de año, sumada a una recuperación del precio futuro del cereal y a una reducción en el valor de la urea, impulsó un renovado interés por la siembra. Como consecuencia, crecieron las consultas, las compras de fertilizantes y la demanda de semillas durante las últimas semanas.

En Marcos Juárez el avance de la implantación ya se aproxima al 90%. Las lluvias resultaron determinantes para consolidar la emergencia de los lotes sembrados con humedad muy ajustada y permitir completar la campaña en excelentes condiciones. Aun así, los productores mantienen la previsión de reducir un 30% el área destinada al trigo respecto de la campaña anterior, ya que el elevado costo de la fertilización condicionó las decisiones desde el inicio del ciclo.

Desde el punto de vista climático, el informe anticipa que la estabilidad dominará gran parte de la próxima semana, con probabilidad de lluvias débiles durante el fin de semana y un marcado descenso térmico posterior. Entre el domingo y el lunes podrían registrarse heladas intensas, con mínimas de hasta cinco grados bajo cero en algunos sectores de la región núcleo.

Aunque las precipitaciones permitieron recuperar humedad y acelerar la implantación, el inicio de la campaña triguera confirma que las decisiones productivas continúan condicionadas por variables económicas. El clima volvió a jugar a favor del cereal, pero los costos de producción y la rentabilidad esperada siguen definiendo el tamaño final de la apuesta de los productores.

GEA Bolsa de Comercio de Rosario by CristianMilciades

Compartí esta noticia !

El anuncio de baja de retenciones trae alivio a los márgenes

Compartí esta noticia !

El anuncio de menores DEX para trigo y cebada ofrece alivio a los márgenes agrícolas, apuntalando decisiones de siembra e inversión de cara a la nueva campaña. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario el impacto fiscal de la medida para el ciclo en curso se estima en US$ 29 M.

En un contexto internacional de fuerte encarecimiento de los insumos para la siembra de granos, el anuncio de la baja de la baja de derechos de exportación para trigo y cebada del actual 7,5% al 5,5% a partir de junio colabora en dar aire a los márgenes esperados del productor, en el tramo final de decisiones de cara a la campaña 2026/27. 

En efecto, según reportó SAGyP, al 21 de mayo la siembra de trigo y cebada avanzó sobre el 3% y 6%, respectivamente, del área de intención. En cebada, casi el 92% de la producción se concentra en Provincia de Buenos Aires, en tanto en trigo, más disperso geográficamente, el Norte argentino y la provincia de Entre Ríos destacan en los avances de labores, con una cobertura promedio del 30% de la superficie a implantar.

Mientras tanto, la fuerte suba que registraron los combustibles y fertilizantes a partir del conflicto armado en Medio Oriente y que llevó la relación urea/trigo al valor más alto de la historia -nunca hubo que entregar tantos kilos de trigo para recibir uno de urea- habían puesto en jaque la intención de siembra y las previsiones de inversión en paquetes tecnológicos. 

Como referencia, a los precios actuales, fertilizantes y fletes (impactado por la suba del gasoil), explicaban en conjunto el 54% de los costos de producción del trigo, incluso para un campo modelo que se encuentra a 150 km del puerto de Rosario. El costo del flete, por supuesto, aumenta proporcionalmente a medida que la producción se aleja de los núcleos de consumo. De este modo, el margen neto en campo propio quedaba en 94 US$/ha según estimaciones de GEA-BCR, hundiéndose a US$ 103 de pérdida en caso del campo alquilado. 

Respecto al impacto preliminar de la baja de retenciones sobre el mercado, y habida cuenta que la medida aún no ha sido oficializada en el Boletín Oficial y recién comenzaría a regir a partir de junio, en el presente análisis se estima el efecto sobre el FAS teórico tomando como referencia las cotizaciones actuales. 

Enfocándonos en el caso del trigo, de implementarse la medida, ésta se traduce en una mejora directa en la capacidad de pago compradora tanto para las posiciones con descarga próxima como para la nueva cosecha. Tal como se puede ver en el cuadro adjunto, en base a los precios actuales, la capacidad teórica de pago mejoraría en torno a 2,2 y 2,3% en el conjunto de posiciones. En términos absolutos, el FAS teórico mejora entre 4,8 y 4,9 dólares por tonelada con el nuevo esquema de DEX para el producto. Por el lado de los tramos de la nueva cosecha, se remarca que aún no hay ofertas abiertas de mercado para el trigo, por lo que se utiliza únicamente la referencia del FOB oficial para el cálculo en su conjunto. 

En tanto, con relación al impacto fiscal de la baja de alícuotas de derechos de exportación de 2 p.p. para trigo y cebada en la campaña actual, éste es relativamente acotado. Una buena proporción del total de exportaciones estimadas para la campaña en ambos cultivos ya ha sido vendida al exterior. En el caso del trigo, resta vender 5,3 Mt de las 19 Mt de exportaciones estimadas para todo el ciclo, mientras que, en cebada, el remanente asciende a 500.000 t para la cervecera y 200.000 t para la forrajera. 

Si se tiene en consideración ese saldo remanente a los precios FOB promedio para el período junio-noviembre del corriente año, el costo fiscal para el trigo asciende a US$ 26,2 millones, mientras que para cebada totaliza US$ 3,3 millones. Este costo podría incluso verse reducido si se asume que la rebaja de retenciones incentiva las ventas externas, y lleva a las exportaciones totales para el ciclo triguero 2025/26 a 20 Mt. En ese caso, el costo fiscal sería de apenas US$ 12,7 millones para el cereal de invierno.

Para la próxima campaña 2026/27, en tanto, las proyecciones de producción y exportaciones son aún muy preliminares, y el cambio en la política comercial aún está a tiempo de apuntalar las siembras y la inversión. Sin embargo, tomando como base la intención de siembra proyectada en mayo, el costo fiscal total de la medida asciende a apenas US$ 78 millones entre trigo y cebada, que podría ser compensado por el aumento en la producción y el comercio externo de cara a la campaña fina. Como referencia, si las exportaciones trigueras 2026/27 suben a 13,5 Mt, el costo fiscal de la medida se reduce a US$ 47 M para ese cereal; en tanto que, si suben a 14,5 Mt, el costo ajusta a US$ 34 M.

Para cerrar el capítulo de siembras 2026/27, y en relación con las proyecciones climáticas, la evolución del Pacífico ecuatorial vuelve a ubicar a El Niño en el centro del monitoreo climático para el agro argentino. Según la actualización del IRI del 19 de mayo de 2026, el sistema climático no solo estaría dejando atrás la neutralidad y avanzando rápidamente hacia condiciones El Niño, sino que la probabilidad de ocurrencia del fenómeno se mantiene cercana al 100% hasta el verano austral inclusive. En términos de impacto sobre la producción agropecuaria argentina, el calentamiento del Pacífico suele incidir sobre el patrón de lluvias a través de los vientos alisios, que favorecen el transporte de humedad hacia nuestra región principalmente entre octubre/noviembre y marzo. Si bien en Argentina este escenario suele asociarse con lluvias por encima de lo normal y, como sintetiza el refrán, rain makes grain —la lluvia hace al grano—, su impacto tiende a ser relativamente mayor sobre la cosecha gruesa que sobre la fina, y será positivo en tanto no ocurran excesos hídricos que pongan en jaque la producción o la logística. De todos modos, debe tenerse presente que, más allá de estos fenómenos de escala global, existen otros factores regionales que pueden neutralizar o, por el contrario, profundizar sus efectos.

Compartí esta noticia !

La soja gana terreno en la región núcleo y desplaza al maíz por el aumento de costos y la presión financiera

Compartí esta noticia !

La región núcleo agrícola comenzó a mostrar una redefinición silenciosa de su mapa productivo. Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, la soja volverá a expandirse durante la próxima campaña ante el deterioro de rentabilidad en trigo y maíz provocado por el aumento de costos operativos.

El dato más relevante del relevamiento es que, de las 300.000 hectáreas que dejarían de sembrarse con trigo, cerca del 80% pasarían a soja.

La decisión ocurre incluso bajo un escenario climático considerado favorable para el maíz, lo que revela que el problema central dejó de ser agronómico y pasó a ser financiero.

El informe sintetiza el criterio dominante entre productores: “bajar la inversión por hectárea”.

Fertilizantes y fletes alteran la ecuación agrícola

La Bolsa rosarina señaló que los costos de implantación están condicionando la toma de decisiones productivas.

Según el relevamiento técnico, implantar maíz requiere una inversión cercana a 1.300 dólares por hectárea, mientras que soja demanda alrededor de 700 dólares por hectárea.

La diferencia aparece en un contexto donde fertilizantes y transporte explican más de la mitad de los costos agrícolas de los cereales. El informe detalla que: en trigo, fertilización y flete representan el 54% de la estructura de costos; en maíz, esos componentes concentran el 52%.

El encarecimiento de la urea y del gasoil aparece como uno de los factores más mencionados por técnicos y productores de distintas subzonas relevadas.

La soja se consolida como “alternativa defensiva”

La Bolsa plantea que, aun cuando el maíz pueda ofrecer mejores márgenes brutos potenciales, la soja vuelve a posicionarse como una estrategia de menor riesgo financiero.

El informe sostiene que el cereal mantiene rentabilidad positiva, aunque con inversiones significativamente más elevadas y márgenes más ajustados en campos alquilados.

Incluso el doble cultivo trigo/soja sigue apareciendo como el esquema más rentable dentro de la rotación agrícola, aunque requiere una inversión cercana a 1.400 dólares por hectárea.

La consecuencia práctica es un repliegue de cultivos intensivos en capital y fertilización.

Productores ajustan superficie y reducen uso de urea

El relevamiento territorial de la región núcleo muestra una misma lógica repetida en distintas zonas agrícolas.

En localidades como Aldao, Bigand, Marcos Juárez y General Pinto, técnicos reportaron: menor intención de siembra de trigo, reducción en aplicaciones de urea, y mayor inclinación hacia soja de primera.

En Marcos Juárez, por ejemplo, se estima una caída de entre 30% y 40% en el área triguera respecto de la campaña pasada.

El informe también revela que muchos productores están comprando sólo insumos de corto plazo y mantienen cautela frente a la evolución de la relación insumo-producto.

Uno de los elementos más llamativos del informe es que el repliegue de maíz y trigo no responde a un problema climático.

La Bolsa describe reservas de humedad “óptimas” para el inicio de las siembras y un escenario meteorológico relativamente favorable.

Sin embargo, el factor financiero pesa más que el agronómico. El documento refleja una tensión creciente entre: potencial productivo y capacidad económica para sostener paquetes tecnológicos altos.

La preocupación central ya no es únicamente cuánto puede rendir el cultivo, sino cuánto capital exige producirlo.

gea_Informe región nucleo by CristianMilciades

Menos gramíneas implica menos demanda industrial y logística

El corrimiento hacia soja no es neutro para la economía agroindustrial. Los cultivos como trigo y maíz movilizan mayores niveles de fertilización, transporte, servicios agronómicos, maquinaria, y consumo de insumos industriales.

Una reducción de superficie puede impactar sobre distintos segmentos vinculados a la cadena cerealera.

Al mismo tiempo, el fenómeno expone una señal más amplia: la producción agrícola empieza a priorizar esquemas defensivos frente a costos crecientes y márgenes más inciertos.

La campaña 2026/27 recién comienza a definirse y la evolución de variables como fertilizantes, dólar, clima y precios internacionales todavía puede modificar estrategias de siembra.

Por ahora, la Bolsa rosarina detecta un comportamiento defensivo del productor agrícola: menor exposición financiera, menor apuesta tecnológica y mayor inclinación hacia cultivos de menor inversión inicial.

La magnitud final del corrimiento hacia soja será uno de los indicadores más observados por el mercado agrícola en las próximas semanas.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin