Reserva Federal

Guerra en Medio Oriente: la suba del petróleo presiona a la Fed y redefine ganadores y perdedores globales

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La guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán dejó de ser un episodio militar aislado y empezó a impactar de lleno en el tablero financiero global. Con el petróleo Brent en US$81,40 y el crudo estadounidense en US$74,56 tras subas de hasta 9% intradiarias, los mercados descuentan un shock energético que amenaza con frenar la desinflación y forzar a la Reserva Federal a recalibrar su política monetaria.

El dato central no es solo el precio del barril. Es la señal: el estrecho de Ormuz, por donde fluye casi el 20% del consumo mundial de petróleo, quedó bajo amenaza directa de Teherán. Si en 25 días no se normaliza el tránsito, el crudo podría superar los US$100. En ese escenario, la discusión deja de ser geopolítica para convertirse en macroeconómica. ¿Se impone la lógica de guerra corta o el mundo entra en una nueva fase de inflación importada?

Tasas en alza y ruptura del refugio tradicional

El mercado reaccionó con volatilidad. El Dow Jones cayó 404 puntos tras desplomarse más de 1.200 durante la rueda. El S&P 500 retrocedió 0,94% y el Nasdaq 1,02%. En Europa, el Stoxx 600 perdió 3,08%; en Asia, el Nikkei 225 cayó 3,06% y el Kospi surcoreano 7,24%.

Lo que sorprendió a los inversores fue el comportamiento de los bonos del Tesoro. El rendimiento a 10 años subió, señal de venta de activos que históricamente funcionaban como refugio. La “convenience yield” que durante décadas permitió a Estados Unidos financiarse a tasas menores parece erosionarse en un contexto de deuda federal que pasó de 60% del PBI antes de 2008 a más de 120% en la actualidad.

La guerra, lejos de generar automáticamente un “risk off” clásico, reabrió el debate sobre la sostenibilidad fiscal norteamericana. Si el conflicto se prolonga cuatro semanas, el costo directo para Washington podría superar los US$14.000 millones. El número luce marginal frente al presupuesto militar, pero el verdadero impacto pasa por expectativas inflacionarias y costo del dinero.


Energía, inflación y política monetaria

El gas natural europeo saltó casi 20% hasta su nivel más alto en tres años. La gasolina en Estados Unidos subió 11 centavos en un día, el mayor incremento desde 2005. Analistas advierten que un aumento persistente de US$10 por barril podría añadir varias décimas a la inflación estadounidense en un horizonte de uno a dos años.

El economista jefe del Banco Central Europeo, Philip Lane, reconoció que una caída prolongada del suministro energético implicaría un repunte sustancial de precios y una contracción de la producción en la Eurozona. Por ahora no anticipa cambios en la política monetaria, pero la señal está sobre la mesa.

La ecuación es delicada. Si la inflación se estabiliza en torno a 3,5% interanual en Estados Unidos, la Reserva Federal podría postergar recortes de tasas. El mercado ya internaliza esa posibilidad. El índice dólar subió 0,65% y acumula casi 1,5% en la semana.

China, Rusia y el rediseño del mapa energético

Cerca del 13% de las importaciones chinas de crudo en 2025 provienen de Irán, 8% de Venezuela y 18% de Rusia. Un cierre prolongado de Ormuz impactaría primero en Asia. Sin embargo, Beijing cuenta con reservas estratégicas estimadas entre 80 y 99 días y Rusia podría redirigir exportaciones.

El verdadero beneficiario estratégico podría ser Vladimir Putin. El conflicto desvía atención y recursos militares desde Ucrania, fortalece la posición rusa como proveedor energético y legitima, en términos narrativos, la doctrina de ataques preventivos.

China, en cambio, aparece en un equilibrio inestable: depende del Golfo para el 44% de sus importaciones energéticas, pero al mismo tiempo podría capitalizar un reordenamiento comercial si Occidente enfrenta costos crecientes.

Impacto político en Washington

En el frente interno, el presidente Donald Trump enfrenta un escenario complejo. Encuestas iniciales muestran que 59% de los estadounidenses no aprueba los ataques, según CNN/SSRS. Entre independientes el rechazo trepa a 68%.

Con elecciones de medio término en noviembre, el riesgo político no es menor. Una guerra prolongada con impacto en la inflación y en la nafta erosiona capital político. La narrativa de conflicto corto —cuatro o cinco semanas— empieza a tensionarse frente a señales de escalada.

¿Quién gana y quién pierde?

Pierden los consumidores, que enfrentan energía más cara y tasas más altas. Pierden los países importadores netos de petróleo. Pierde la estabilidad macro global si la inflación vuelve a acelerarse.

Ganan, al menos en el corto plazo, los productores de crudo si el barril se sostiene por encima de US$80. Gana Rusia por reposicionamiento estratégico. Gana el dólar como activo de reserva, aunque con fisuras en el mercado de bonos.

Pero el desenlace depende de una variable crítica: la duración del conflicto y el control efectivo del estrecho de Ormuz. Si el tránsito energético se normaliza rápido, el shock puede diluirse. Si se prolonga, el mundo podría ingresar en una nueva etapa de inflación energética y endurecimiento monetario.

La guerra, una vez más, trasciende el campo militar. Se juega en los mercados, en las tasas y en la capacidad de los gobiernos para administrar costos políticos y económicos. El tablero global ya se movió. Falta saber si el reacomodamiento será transitorio o estructural.

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El BCRA desacelera compras en el mercado cambiario y las reservas caen casi u$s400 millones

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El Banco Central de la República Argentina registró este martes su menor compra de dólares en un mes y medio, con apenas u$s17 millones adquiridos en el Mercado Libre de Cambios (MLC). El dato marca un punto de inflexión dentro de una racha de 40 ruedas consecutivas con saldo positivo y expone una tensión creciente: mientras el Gobierno sostiene el programa de acumulación de reservas, las reservas brutas se desplomaron u$s382 millones y quedaron en u$s46.135 millones.

El contraste es evidente. La autoridad monetaria absorbió menos del 5% del volumen operado —el umbral que se había fijado como referencia cuando lanzó el esquema de compras bajo la conducción de Santiago Bausili— y, al mismo tiempo, sufrió un impacto contable por la fuerte caída del oro. ¿Se trata de un tropiezo coyuntural por factores externos o de una señal de menor margen para sostener el ritmo de acumulación?

El programa de reservas frente al shock externo

El BCRA había logrado sostener compras sistemáticas en el MLC, consolidando un mensaje político y financiero: intervenir con constancia para fortalecer reservas y estabilizar expectativas. Sin embargo, el contexto internacional cambió el escenario.

Fuentes oficiales explicaron que la baja en las cotizaciones de activos financieros, en especial el oro, generó una variación negativa cercana a los u$s400 millones. El ajuste por valuación explica la mayor parte de la caída diaria. A eso se sumó el pago de deuda de Bopreales por unos u$s1.000 millones realizado el lunes, lo que también incidió en la dinámica de las reservas.

En términos netos, las arcas de la autoridad monetaria permanecen en terreno negativo, con una estimación de -u$s392 millones según cálculos privados. El dato reabre la discusión sobre la fortaleza real del balance del Central en un momento donde la acumulación se convirtió en uno de los ejes de la estrategia económica.

El frente externo agrega presión. En los mercados globales crece la expectativa de que la Reserva Federal mantenga tasas altas si el conflicto en Medio Oriente impulsa los precios de la energía. Un dólar internacional más firme suele ir acompañado de ventas de oro y fortalecimiento del “billete verde”, combinación que impacta en las reservas argentinas por doble vía.

Demanda privada y presión sobre el tipo de cambio

Mientras tanto, la demanda de dólares no cede. El tipo de cambio volvió a superar los $1.400 y cerró en $1.415, con un avance diario de 1,4%. La señal es política además de financiera: el mercado observa la capacidad del BCRA para sostener compras sin sacrificar reservas.

En enero, las personas humanas compraron en términos netos u$s3.103 millones. La cifra surge de compras brutas por u$s3.678 millones y ventas por u$s575 millones. Si bien el monto quedó por debajo del promedio de u$s4.940 millones registrado entre mayo y octubre, la Formación de Activos Externos (FAE) volvió a ser el principal canal de salida de divisas del sistema.

El comportamiento estacional —vinculado a viajes al exterior— explica parte del incremento. Pero el dato estructural es otro: la dolarización minorista sigue activa aun cuando el BCRA logra encadenar ruedas positivas en el mercado oficial.

FMI, desembolsos y margen político

En paralelo, la misión argentina concluyó la segunda revisión técnica ante el Fondo Monetario Internacional y espera la validación formal para un desembolso de u$s1.000 millones. Ese flujo podría compensar parcialmente el pago reciente de deuda y reforzar reservas en el corto plazo.

La correlación de fuerzas es clara. El Gobierno necesita sostener la narrativa de acumulación y orden monetario para consolidar credibilidad ante inversores y organismos internacionales. Sin embargo, la volatilidad externa y la presión cambiaria interna acotan el margen operativo del Central.

El mercado evaluará en las próximas semanas si la menor compra diaria fue un episodio aislado o el inicio de una etapa de menor capacidad de intervención. También observará cómo impacta la evolución del oro y del dólar global en el balance del BCRA.

Por ahora, el mensaje es ambiguo: 40 ruedas positivas sostienen la estrategia, pero una sola jornada dejó al descubierto la fragilidad de un esquema que depende tanto de la oferta de divisas como de factores internacionales que el Gobierno no controla. El equilibrio sigue en construcción.

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El FMI advierte sobre desequilibrios en EE.UU. y anticipa impacto global

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó la revisión del Artículo IV de Estados Unidos correspondiente a 2026 con un mensaje dual: destacó el dinamismo de la mayor economía del mundo —crecimiento de 2,2% en 2025 y proyección de 2,4% para 2026— pero advirtió que el déficit fiscal y el déficit de cuenta corriente son “demasiado grandes” y que la deuda pública podría alcanzar el 140% del PBI en 2030.

Aunque la conferencia se centró en la economía estadounidense, el diagnóstico tiene implicancias directas para países como la Argentina. No solo por el rol del dólar y de la Reserva Federal en el sistema financiero global, sino porque el eventual ajuste fiscal, la trayectoria de tasas de interés —entre 3,25% y 3,5% hacia fines de 2026— y la política comercial de EE.UU. condicionan flujos de capital, precios de exportación y acceso al financiamiento externo.

En un contexto en el que el FMI subraya la necesidad de “acciones decididas” para encauzar la deuda norteamericana, el escenario global que enfrenta la Argentina combina crecimiento sólido en EE.UU. con un entorno de vigilancia fiscal y monetaria que seguirá marcando la liquidez internacional.

Déficit externo y deuda: el mensaje estructural del Fondo

La directora gerente, Kristalina Georgieva, fue explícita: bajo la metodología del organismo, el déficit de cuenta corriente de EE.UU. es excesivo y debe corregirse en el mediano plazo. A la par, el déficit fiscal y el aumento sostenido de la deuda pública continúan como “una preocupación”.

El Fondo proyecta que tanto la deuda federal como la deuda general del gobierno seguirán en ascenso hasta alcanzar el 140% del PBI en 2030. Si bien no ve una crisis inmediata, recomienda reducir el rojo fiscal hacia el 3% del PBI mediante una combinación de mayores ingresos y control del gasto.

Para la Argentina, este punto es clave. Un proceso de consolidación fiscal en EE.UU. podría implicar menor estímulo global en los próximos años, mientras que cualquier tensión en el mercado de deuda norteamericano impactaría en el costo de financiamiento para economías emergentes. El vínculo es estructural: la deuda estadounidense funciona como referencia para el precio del riesgo global.

Tasas, inflación y liquidez: el marco financiero que enfrenta el mercado emergente

El FMI avaló la decisión de la Reserva Federal de recortar tasas en 2025 y anticipó un sendero de política monetaria que llevaría el rango de referencia a entre 3,25% y 3,5% hacia fines de 2026, con inflación convergiendo al 2% a comienzos de 2027.

Este escenario combina crecimiento, baja gradual de tasas e inflación controlada. Para la Argentina, significa un entorno potencialmente más favorable para la búsqueda de financiamiento externo y para el apetito por activos emergentes, siempre que el riesgo global no se altere por tensiones comerciales o fiscales.

Sin embargo, el propio Fondo advirtió que la incertidumbre es elevada y que los movimientos en materia de aranceles y política comercial aún no están plenamente cuantificados. Los aranceles aplicados —que habrían pasado de anuncios cercanos al 23% a una recaudación efectiva en torno al 10%— tienen efectos negativos sobre la oferta y distorsionan la asignación de recursos.

Para una economía como la argentina, que depende de exportaciones agroindustriales y de la estabilidad del comercio global, la evolución de estas tensiones no es un dato menor.

Instituciones, déficit y señales sistémicas

El organismo también puso el foco en la importancia de mantener instituciones sólidas, desde la administración tributaria hasta los organismos estadísticos y de supervisión financiera. Destacó la relevancia de la independencia de la Reserva Federal y advirtió que la reducción del empleo federal —cercana al 15% en el último año— no debería afectar funciones críticas.

Este mensaje tiene una lectura más amplia. El FMI vincula crecimiento sostenido con calidad institucional. Para la Argentina, que mantiene una relación financiera activa con el organismo, el énfasis en marcos regulatorios sólidos y en disciplina fiscal funciona como señal indirecta sobre las condiciones de estabilidad necesarias para sostener programas económicos.

Un contexto externo más estable, pero con condicionantes

El diagnóstico final del Fondo es que la economía estadounidense muestra dinamismo, productividad elevada y resiliencia. No ve una crisis inminente, pero sí desequilibrios que deben corregirse de manera ordenada.

Para la Argentina, el escenario combina oportunidades y restricciones. Un EE.UU. creciendo al 2,4% en 2026 sostiene la demanda global. Una inflación convergiendo al 2% y tasas en torno al 3,5% mejora el clima financiero. Pero la advertencia sobre déficit y deuda introduce un elemento de vigilancia estructural que puede limitar márgenes de expansión fiscal o monetaria global.

En otras palabras, el contexto externo no luce adverso en el corto plazo. Sin embargo, el Fondo dejó claro que el equilibrio global sigue siendo frágil. Y en ese tablero, las economías emergentes —entre ellas la argentina— dependen de decisiones que se toman en Washington pero repercuten en sus propias variables domésticas.

El próximo Staff Report y el World Economic Outlook de abril aportarán mayor precisión. Hasta entonces, la señal es clara: el ciclo internacional acompaña, pero exige disciplina.

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Bonos argentinos suben hasta 4,3% en la semana y el riesgo país cae a mínimos de 7 años

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El mercado financiero argentino cerró una semana marcada por la mejora del clima externo y el impacto local de los cambios en la banda cambiaria. Aunque este viernes los bonos en dólares mostraron retrocesos puntuales, acumularon subas de hasta 4,3% en la semana, mientras que el riesgo país cayó casi 9% y se consolidó en torno a los 570 puntos básicos, en su nivel más bajo en más de siete años.

El impulso principal llegó desde el frente internacional. Un dato de inflación en Estados Unidos inferior al esperado reactivó las expectativas de una nueva baja de tasas por parte de la Reserva Federal (Fed), lo que volvió a alimentar el apetito por activos de riesgo a nivel global. En ese contexto, los activos argentinos aprovecharon la combinación de señales externas favorables y definiciones locales en materia cambiaria.

Bonos en dólares: subas semanales y riesgo país en mínimos de varios años

En la rueda de este viernes, los bonos soberanos en dólares operaron con mayoría de bajas en Wall Street, con caídas de hasta 0,7%, encabezadas por el Global 2029. En contraste, el nuevo Bonar 2029N (AN29) avanzó 0,1% y lideró las subas del día.

Sin embargo, el balance semanal fue ampliamente positivo. Los títulos argentinos en moneda dura registraron alzas generalizadas de hasta 4,3%, con el Bonar 2041 y el Global 2041 entre los más destacados, con subas cercanas al 3,9%. Esta dinámica permitió una fuerte compresión del riesgo soberano.

Así, el riesgo país, medido por el índice EMBI, se ubicó en torno a los 572 puntos básicos, lo que implica una baja cercana al 9% en la semana. El miércoles por la mañana había tocado incluso los 555 puntos básicos, su nivel más bajo en 7 años y 4 meses, un dato seguido de cerca por el mercado como señal de mejora en la percepción de riesgo sobre la deuda argentina.

Acciones, ADRs y una pausa tras el fuerte rally previo

En el segmento accionario, los ADRs de empresas argentinas en Nueva York operaron este viernes con mayoría de bajas. Las caídas fueron lideradas por Grupo Supervielle (-2,4%), seguido por Telecom (-1,7%) y Banco Macro (-1,7%). A contramano, Grupo Financiero Galicia mostró una suba del 1,7%.

En el mercado local, el S&P Merval retrocedió 0,3% y cerró en 3.154.913,61 puntos, mientras que medido en dólares se mantuvo estable en 2.037,53 puntos. Las pérdidas fueron encabezadas por Central Puerto (-2,4%), en tanto que nuevamente Grupo Financiero Galicia se destacó con una suba del 2%.

Fuentes del mercado señalaron que los papeles bancarios atravesaron una toma de ganancias lógica, luego del fuerte avance registrado el jueves, cuando algunas acciones llegaron a subir hasta 11,3%, impulsadas por el renovado optimismo financiero.

Inflación en EEUU y expectativa de tasas: el motor del optimismo

El fuerte desempeño de la jornada previa estuvo directamente vinculado al escenario internacional. Las acciones argentinas en Nueva York anotaron subas de hasta 11,3% luego de que se conociera un dato de inflación en Estados Unidos por debajo de las expectativas del mercado, lo que reforzó la expectativa de recortes en la tasa de interés por parte de la Fed.

Según se informó, los precios al consumo en EEUU aumentaron menos de lo previsto en la medición interanual hasta noviembre. No obstante, la Oficina de Estadísticas Laborales del Departamento de Trabajo no publicó las variaciones mensuales del IPC, debido a que un cierre del Gobierno de 43 días impidió la recolección de los datos correspondientes a octubre.

Este contexto internacional más benigno, combinado con los ajustes en la banda del dólar a nivel local, generó un escenario de mayor previsibilidad financiera que se reflejó en la recuperación semanal de los bonos y en la compresión del riesgo país, variables clave para el acceso al financiamiento y la estabilidad macroeconómica.

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Ecolatina: estabilidad cambiaria y fuerte inyección de pesos tras las elecciones

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El dólar oficial cayó 2,3% y el Tesoro inyectó $4,6 billones: la estabilidad cambiaria se consolida tras las elecciones, según la consultora Ecolatina

La divisa oficial cerró en $1.436 y las brechas se mantuvieron en torno al 1%. El Tesoro logró un rollover del 60% en su licitación y aumentó la liquidez en pesos, mientras la Reserva Federal de EE.UU. recortó tasas por segunda vez consecutiva.

Estabilidad cambiaria y señales de normalización del mercado

El tipo de cambio oficial descendió 2,3% en la jornada del miércoles y cerró en $1.436 por dólar, lo que representa una baja cercana al 4% respecto al nivel previo a las elecciones del 24 de octubre, según el informe económico diario de Ecolatina. Con este movimiento, el Banco Central acumuló reservas brutas por USD 40.765 millones, consolidando un escenario de relativa estabilidad tras semanas de fuerte presión preelectoral.

En el mercado paralelo, los dólares financieros también mostraron retrocesos moderados: el dólar MEP se ubicó en $1.469 (-0,2%), el contado con liquidación (CCL) medido en CEDEARs cerró en $1.483 (-0,2%) y el blue retrocedió 0,7%, a $1.460. El dólar minorista, por su parte, terminó la rueda en $1.464 (-1,6%). De esta manera, la brecha cambiaria promedio se redujo al 1%, reflejando un nivel de convergencia inédito en los últimos meses.

Los contratos de dólar futuro acompañaron la tendencia con bajas del 1,9% en el tramo octubre-diciembre. Las posiciones proyectan un valor de $1.445 para octubre, $1.481 para noviembre y $1.515 para diciembre, lo que implica una expectativa de ajuste de entre 0,6% y 5,5% mensual hacia fin de año.

Tesoro: rollover del 60% y expansión monetaria por $4,6 billones

El Ministerio de Economía enfrentó una licitación clave en medio de la escasez de liquidez en pesos y la volatilidad de las tasas. Según Ecolatina, el Tesoro tenía vencimientos por $11,4 billones y recibió ofertas por $7,8 billones, adjudicando finalmente $6,8 billones, lo que representa un rollover del 60%.

El resultado implica una inyección neta de $4,6 billones al mercado, lo que aporta alivio a la plaza financiera luego de semanas de tensión. Los instrumentos colocados incluyeron BONCAP y LECAP con vencimientos entre noviembre de 2025 y abril de 2027: S28N5, T30E6, S30A6, S30O6 y T30A7.

Las tasas efectivas mensuales (TEM) de las letras se ubicaron en torno al 3%, mientras que las tasas internas de retorno anual (TIREA) oscilaron entre 35% y 44%, niveles significativamente menores a los registrados antes de los comicios. En cambio, las letras dólar linked —atadas al tipo de cambio oficial— quedaron desiertas, reflejando una menor demanda de cobertura cambiaria.

El alivio en las tasas busca estimular el crédito privado y reducir la carga financiera del Tesoro, en un contexto donde el equipo económico intenta recomponer la curva de pesos y estabilizar expectativas tras el ciclo electoral.

Factores externos: la Reserva Federal baja tasas y mejora la liquidez global

En el plano internacional, la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) volvió a reducir su tasa de interés, ubicándola en el rango de 3,75%–4%, en línea con las expectativas de mercado. Es el segundo recorte consecutivo decidido por el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), que además anunció el fin del programa de absorción monetaria (quantitative tightening) a partir del 1° de diciembre de 2025.

La medida implica una mayor liquidez en la economía global, lo que favorece el flujo hacia mercados emergentes y genera condiciones más favorables para la deuda soberana argentina. En ese sentido, los bonos soberanos mostraron cinco jornadas consecutivas de subas: los Bonares avanzaron 0,8% y los Globales 0,5%.

El índice S&P Merval, medido en dólares (vía CCL con CEDEARs), subió 5,1%, acumulando una ganancia semanal del 40% y cerrando en USD 1.888, lo que refleja la recomposición del apetito por activos argentinos tras la consolidación política post electoral.

Perspectivas

La combinación de baja del dólar, reducción de tasas locales y mayor liquidez internacional configura un escenario de transición hacia la normalización financiera. No obstante, analistas advierten que la recuperación dependerá de la consistencia de la política fiscal y de la capacidad del Gobierno para mantener el equilibrio monetario sin acelerar la inflación.

La estrategia de recompras de bonos y licitaciones graduales del Tesoro apunta a reducir la presión sobre la deuda en pesos y recomponer la curva de confianza, mientras el Banco Central busca sostener reservas en torno a los USD 41.000 millones.

En el corto plazo, el desafío será contener la expansión monetaria y consolidar la convergencia cambiaria, sin sacrificar la estabilidad lograda tras el ciclo electoral.

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