Reserva Federal

Bitcoin pierde otro soporte clave y crecen las señales de un mercado bajista

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El mercado de las criptomonedas volvió a mostrar señales de fragilidad durante la última semana. Bitcoin (BTC) rompió uno de sus principales niveles técnicos de soporte al perforar los 61.500 dólares y descendió hasta los 58.136 dólares el 25 de junio, marcando un nuevo mínimo del actual ciclo bajista, según el último informe Bitfinex Alpha.

Los analistas atribuyen este movimiento a una combinación de factores que debilitó la demanda en el mercado al contado (spot). Entre ellos sobresalen las salidas de capital de los fondos cotizados en bolsa (ETF) vinculados a Bitcoin, las ventas realizadas por inversores de corto plazo, la denominada presión de gamma negativa en los mercados de opciones y el deterioro del denominado canal de tesorería de activos digitales.

En este contexto, Bitcoin acumula una caída del 53,9% respecto de su máximo histórico y cotiza por debajo de la denominada True Market Mean, un indicador que refleja el precio promedio real del mercado y que actualmente se ubica en torno a los 77.000 dólares. Para los especialistas, este comportamiento confirma que la estructura técnica continúa siendo bajista.

Si bien el informe señala que las ventas forzadas comenzaron a moderarse, advierte que todavía no aparece un flujo suficiente de compradores en el mercado spot que permita construir un piso sólido para una eventual recuperación.

En caso de persistir la debilidad actual, el próximo soporte técnico relevante se ubica alrededor de los 53.400 dólares. Incluso, los analistas no descartan un escenario de mayor corrección que podría llevar a Bitcoin hacia la zona de 40.000 dólares durante el cuarto trimestre de 2026.

La macroeconomía sigue condicionando al mercado

El informe también analiza el contexto económico internacional, que continúa siendo uno de los principales determinantes para los activos de riesgo.

En Estados Unidos, la inflación general muestra señales de desaceleración favorecida por la baja en los precios internacionales del petróleo, un factor que podría aliviar parcialmente el costo de vida de los hogares durante los próximos meses.

Sin embargo, la inflación subyacente continúa elevada debido al incremento sostenido de los precios de los servicios, el impacto de los aranceles sobre distintos bienes y el aumento esperado de la demanda vinculada a la expansión de la inteligencia artificial y las inversiones en defensa.

Este escenario mantiene a la Reserva Federal en una posición prudente respecto de futuros recortes de tasas de interés. Al mismo tiempo, los mercados de bonos ya descuentan un período más prolongado de tasas elevadas y una mayor incertidumbre sobre la política económica estadounidense.

Un consumo cada vez más desigual

Otro de los puntos destacados del análisis es la creciente brecha dentro del consumo de los hogares estadounidenses.

Mientras el gasto continúa siendo impulsado por los sectores de mayores ingresos y los propietarios de activos financieros, los hogares de ingresos medios y bajos enfrentan un escenario más complejo debido al menor crecimiento de los salarios reales, la disminución del ahorro acumulado y una creciente dependencia del crédito para sostener el consumo.

Aunque la recuperación de los mercados bursátiles podría aportar dinamismo a la actividad económica, el beneficio resulta limitado para el conjunto de la economía debido a que la tenencia de acciones continúa altamente concentrada en los segmentos de mayor patrimonio.

Según Bitfinex, este contexto macroeconómico continúa siendo un factor de presión para los activos digitales, que siguen mostrando una elevada sensibilidad frente a las expectativas sobre inflación, tasas de interés y liquidez global.

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Murió a los 100 años Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos

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Durante casi dos décadas, Alan Greenspan fue una de las figuras más influyentes de la economía mundial. El histórico presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) murió este lunes a los 100 años, según informó NBC News y reprodujo Reuters. De acuerdo con la información difundida por su esposa, la periodista Andrea Mitchell, falleció en su residencia a causa de complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson.

Greenspan condujo la Fed desde agosto de 1987 hasta enero de 2006, un período que abarcó algunos de los episodios más determinantes de la economía contemporánea. Asumió pocos meses antes del histórico derrumbe bursátil conocido como Black Monday, atravesó la recesión estadounidense de comienzos de los años noventa, enfrentó las crisis financieras de Asia y Rusia, gestionó el estallido de la burbuja tecnológica de las puntocom y lideró la respuesta monetaria posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Su nombre quedó asociado a una de las etapas de crecimiento más prolongadas de la economía estadounidense. Entre marzo de 1991 y marzo de 2001, Estados Unidos vivió una expansión económica ininterrumpida que, en ese momento, se convirtió en la segunda más larga de su historia.

El banquero central que desafió los pronósticos

Uno de los rasgos más distintivos de Greenspan fue su resistencia a endurecer la política monetaria frente a las advertencias sobre posibles brotes inflacionarios. Mientras muchos economistas reclamaban aumentos de tasas para enfriar la actividad, el presidente de la Fed sostenía que los avances tecnológicos y el aumento de la productividad estaban modificando las reglas tradicionales de la economía.

La apuesta resultó exitosa durante buena parte de los años noventa. La inflación permaneció controlada mientras la economía crecía con fuerza, impulsada por la revolución tecnológica y la expansión de Internet.

Esa capacidad para interpretar cambios estructurales antes que el consenso académico convirtió a Greenspan en una figura casi legendaria dentro de los mercados financieros. Su influencia era tal que cada una de sus declaraciones podía mover bolsas, bonos y monedas en todo el mundo.

Del prestigio al cuestionamiento

Sin embargo, la imagen casi mítica construida durante sus años de gestión sufrió un fuerte deterioro tras la crisis financiera internacional de 2007-2009.

Numerosos economistas señalaron que las bajas tasas de interés mantenidas durante los primeros años de la década del 2000 contribuyeron a inflar la burbuja inmobiliaria que terminó desencadenando el colapso financiero más grave desde la Gran Depresión.

También se cuestionó el enfoque regulatorio predominante durante su gestión, caracterizado por una fuerte confianza en la capacidad de los mercados para autorregularse.

Aun así, el debate sobre su legado continúa abierto. Para algunos analistas, Greenspan fue víctima de una revisión excesivamente severa tras la crisis. Stephen Oliner, exfuncionario de la Reserva Federal, sintetizó esa mirada al señalar que la admiración desmedida que recibió antes del colapso financiero fue tan exagerada como las críticas posteriores.

De músico de jazz a arquitecto de la política monetaria

Antes de convertirse en uno de los hombres más poderosos de Washington, Greenspan tuvo una trayectoria poco convencional.

Durante su juventud fue músico de jazz y saxofonista profesional. Su pasión por las matemáticas y las estadísticas —alimentada por su interés en los números del béisbol— lo llevó posteriormente a estudiar economía y construir una carrera que terminaría ubicándolo en el centro de la toma de decisiones globales.

Su capacidad técnica se combinó con una notable habilidad política. El biógrafo Sebastian Mallaby lo describió como un operador extraordinariamente eficaz, capaz de influir en presidentes, legisladores y funcionarios sin necesidad de ocupar siempre el primer plano del debate público.

Un legado que transformó a la Fed

La institución que Greenspan dejó en 2006 es muy distinta a la Reserva Federal actual.

Tras la crisis financiera global, sus sucesores incorporaron herramientas que durante su gestión eran excepcionales: tasas cercanas a cero, programas masivos de compra de activos, metas explícitas de inflación y una política de comunicación mucho más transparente.

Las conferencias de prensa regulares, las proyecciones públicas y la orientación futura sobre tasas se transformaron en prácticas habituales de la banca central moderna, en contraste con el estilo reservado que caracterizó a Greenspan.

Su legado permanece dividido entre dos visiones. Para sus admiradores, fue el arquitecto de una etapa de prosperidad extraordinaria y uno de los banqueros centrales más influyentes del siglo XX. Para sus críticos, no logró identificar a tiempo los desequilibrios que terminaron desembocando en la crisis financiera global.

Lo que resulta indiscutible es que pocas figuras dejaron una huella tan profunda sobre la política monetaria moderna y sobre el funcionamiento de la economía global como Alan Greenspan.

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Las acciones argentinas extienden las bajas mientras la guerra y la Fed dominan la agenda global

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La incertidumbre geopolítica volvió a imponerse sobre el entusiasmo tecnológico en los mercados internacionales y arrastró a los activos argentinos a una nueva jornada de corrección. El S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cayó 0,9% y acumuló su segunda rueda consecutiva en terreno negativo, en un contexto donde las dudas sobre la evolución del conflicto en Medio Oriente comenzaron a neutralizar el optimismo que había generado el boom de la inteligencia artificial en Wall Street.

La corrección local se produjo después de varias semanas en las que Argentina había mostrado una performance relativamente sólida frente al deterioro global. Sin embargo, el regreso de la aversión al riesgo golpeó principalmente a las acciones argentinas que cotizan en Nueva York. Globant encabezó las pérdidas con una caída cercana al 7%, reflejando la sensibilidad del sector tecnológico ante cualquier cambio de humor de los inversores internacionales.

En contraste, las compañías vinculadas a la energía volvieron a mostrar resiliencia. YPF, Pampa Energía y Vista Energy lograron sostener ganancias impulsadas por un nuevo avance del petróleo, que continúa reaccionando a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y a las amenazas sobre la estabilidad de los flujos energéticos globales.

La dinámica no es casual. A medida que aumentan las dudas sobre una resolución definitiva entre Estados Unidos e Irán y persisten los focos de conflicto en la región, el mercado incorpora una prima de riesgo sobre los precios de la energía. El Brent volvió a ubicarse en niveles elevados, consolidando un escenario favorable para las petroleras, pero generando al mismo tiempo mayores presiones inflacionarias sobre las economías desarrolladas.

Para Argentina, el efecto es dual. Por un lado, las empresas energéticas se benefician de un contexto de precios más altos. Por otro, un petróleo caro puede retrasar el proceso de baja de tasas en Estados Unidos y fortalecer al dólar a nivel global, dos variables que suelen afectar a los mercados emergentes.

En ese marco, Wall Street operó con bajas moderadas de entre 0,2% y 0,4%, luego de haber alcanzado máximos históricos en la jornada previa. Los inversores se encuentran atrapados entre dos narrativas contrapuestas: el extraordinario impulso que la inteligencia artificial está generando sobre las ganancias corporativas y la incertidumbre derivada de la geopolítica internacional.

Los balances recientes de gigantes tecnológicos como Dell y Hewlett Packard reforzaron la percepción de que la revolución de la inteligencia artificial está generando una nueva ola de crecimiento empresarial. Sin embargo, el mercado comenzó a preguntarse cuánto tiempo podrá sostenerse ese impulso si el escenario internacional continúa deteriorándose.

A la tensión geopolítica se suma otro factor que empieza a preocupar a los operadores: la política monetaria estadounidense. Los últimos indicadores laborales mostraron una economía más robusta de lo esperado y volvieron a poner en duda la velocidad con la que la Reserva Federal podría avanzar hacia nuevos recortes de tasas.

Actualmente, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se mantiene en torno al 4,45%, un nivel que sigue siendo elevado para los estándares históricos recientes. Al mismo tiempo, los contratos de futuros comienzan a reflejar una probabilidad creciente de que la Fed mantenga una postura restrictiva durante más tiempo del previsto.

Para los activos argentinos, este escenario representa un desafío adicional. Si bien el riesgo país permanece estable en torno a los 488 puntos básicos y los bonos soberanos operan con variaciones acotadas, el mercado sigue monitoreando tres variables clave: la acumulación de reservas por parte del Banco Central, la estabilidad cambiaria y la evolución de la inflación.

Los analistas destacan que, pese a la volatilidad externa, Argentina continúa exhibiendo una fortaleza relativa superior a la observada en otros episodios de tensión internacional. La combinación de superávit fiscal, mejora en las cuentas energéticas y una reducción gradual del riesgo soberano ha permitido amortiguar parte de los shocks externos.

No obstante, la dependencia de los flujos financieros globales sigue siendo un factor determinante. En un mercado donde la tecnología sostiene gran parte de las ganancias bursátiles y la geopolítica amenaza con alterar las expectativas, cualquier movimiento de la Reserva Federal o una escalada en Medio Oriente puede modificar rápidamente el apetito por riesgo.

Por ahora, los inversores parecen haber optado por una estrategia de cautela. La inteligencia artificial continúa impulsando las valuaciones de las grandes tecnológicas, pero la guerra, el petróleo y las tasas vuelven a recordar que los mercados globales siguen transitando un delicado equilibrio entre crecimiento e incertidumbre.

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Guerra en Medio Oriente: la suba del petróleo presiona a la Fed y redefine ganadores y perdedores globales

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La guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán dejó de ser un episodio militar aislado y empezó a impactar de lleno en el tablero financiero global. Con el petróleo Brent en US$81,40 y el crudo estadounidense en US$74,56 tras subas de hasta 9% intradiarias, los mercados descuentan un shock energético que amenaza con frenar la desinflación y forzar a la Reserva Federal a recalibrar su política monetaria.

El dato central no es solo el precio del barril. Es la señal: el estrecho de Ormuz, por donde fluye casi el 20% del consumo mundial de petróleo, quedó bajo amenaza directa de Teherán. Si en 25 días no se normaliza el tránsito, el crudo podría superar los US$100. En ese escenario, la discusión deja de ser geopolítica para convertirse en macroeconómica. ¿Se impone la lógica de guerra corta o el mundo entra en una nueva fase de inflación importada?

Tasas en alza y ruptura del refugio tradicional

El mercado reaccionó con volatilidad. El Dow Jones cayó 404 puntos tras desplomarse más de 1.200 durante la rueda. El S&P 500 retrocedió 0,94% y el Nasdaq 1,02%. En Europa, el Stoxx 600 perdió 3,08%; en Asia, el Nikkei 225 cayó 3,06% y el Kospi surcoreano 7,24%.

Lo que sorprendió a los inversores fue el comportamiento de los bonos del Tesoro. El rendimiento a 10 años subió, señal de venta de activos que históricamente funcionaban como refugio. La “convenience yield” que durante décadas permitió a Estados Unidos financiarse a tasas menores parece erosionarse en un contexto de deuda federal que pasó de 60% del PBI antes de 2008 a más de 120% en la actualidad.

La guerra, lejos de generar automáticamente un “risk off” clásico, reabrió el debate sobre la sostenibilidad fiscal norteamericana. Si el conflicto se prolonga cuatro semanas, el costo directo para Washington podría superar los US$14.000 millones. El número luce marginal frente al presupuesto militar, pero el verdadero impacto pasa por expectativas inflacionarias y costo del dinero.


Energía, inflación y política monetaria

El gas natural europeo saltó casi 20% hasta su nivel más alto en tres años. La gasolina en Estados Unidos subió 11 centavos en un día, el mayor incremento desde 2005. Analistas advierten que un aumento persistente de US$10 por barril podría añadir varias décimas a la inflación estadounidense en un horizonte de uno a dos años.

El economista jefe del Banco Central Europeo, Philip Lane, reconoció que una caída prolongada del suministro energético implicaría un repunte sustancial de precios y una contracción de la producción en la Eurozona. Por ahora no anticipa cambios en la política monetaria, pero la señal está sobre la mesa.

La ecuación es delicada. Si la inflación se estabiliza en torno a 3,5% interanual en Estados Unidos, la Reserva Federal podría postergar recortes de tasas. El mercado ya internaliza esa posibilidad. El índice dólar subió 0,65% y acumula casi 1,5% en la semana.

China, Rusia y el rediseño del mapa energético

Cerca del 13% de las importaciones chinas de crudo en 2025 provienen de Irán, 8% de Venezuela y 18% de Rusia. Un cierre prolongado de Ormuz impactaría primero en Asia. Sin embargo, Beijing cuenta con reservas estratégicas estimadas entre 80 y 99 días y Rusia podría redirigir exportaciones.

El verdadero beneficiario estratégico podría ser Vladimir Putin. El conflicto desvía atención y recursos militares desde Ucrania, fortalece la posición rusa como proveedor energético y legitima, en términos narrativos, la doctrina de ataques preventivos.

China, en cambio, aparece en un equilibrio inestable: depende del Golfo para el 44% de sus importaciones energéticas, pero al mismo tiempo podría capitalizar un reordenamiento comercial si Occidente enfrenta costos crecientes.

Impacto político en Washington

En el frente interno, el presidente Donald Trump enfrenta un escenario complejo. Encuestas iniciales muestran que 59% de los estadounidenses no aprueba los ataques, según CNN/SSRS. Entre independientes el rechazo trepa a 68%.

Con elecciones de medio término en noviembre, el riesgo político no es menor. Una guerra prolongada con impacto en la inflación y en la nafta erosiona capital político. La narrativa de conflicto corto —cuatro o cinco semanas— empieza a tensionarse frente a señales de escalada.

¿Quién gana y quién pierde?

Pierden los consumidores, que enfrentan energía más cara y tasas más altas. Pierden los países importadores netos de petróleo. Pierde la estabilidad macro global si la inflación vuelve a acelerarse.

Ganan, al menos en el corto plazo, los productores de crudo si el barril se sostiene por encima de US$80. Gana Rusia por reposicionamiento estratégico. Gana el dólar como activo de reserva, aunque con fisuras en el mercado de bonos.

Pero el desenlace depende de una variable crítica: la duración del conflicto y el control efectivo del estrecho de Ormuz. Si el tránsito energético se normaliza rápido, el shock puede diluirse. Si se prolonga, el mundo podría ingresar en una nueva etapa de inflación energética y endurecimiento monetario.

La guerra, una vez más, trasciende el campo militar. Se juega en los mercados, en las tasas y en la capacidad de los gobiernos para administrar costos políticos y económicos. El tablero global ya se movió. Falta saber si el reacomodamiento será transitorio o estructural.

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El BCRA desacelera compras en el mercado cambiario y las reservas caen casi u$s400 millones

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El Banco Central de la República Argentina registró este martes su menor compra de dólares en un mes y medio, con apenas u$s17 millones adquiridos en el Mercado Libre de Cambios (MLC). El dato marca un punto de inflexión dentro de una racha de 40 ruedas consecutivas con saldo positivo y expone una tensión creciente: mientras el Gobierno sostiene el programa de acumulación de reservas, las reservas brutas se desplomaron u$s382 millones y quedaron en u$s46.135 millones.

El contraste es evidente. La autoridad monetaria absorbió menos del 5% del volumen operado —el umbral que se había fijado como referencia cuando lanzó el esquema de compras bajo la conducción de Santiago Bausili— y, al mismo tiempo, sufrió un impacto contable por la fuerte caída del oro. ¿Se trata de un tropiezo coyuntural por factores externos o de una señal de menor margen para sostener el ritmo de acumulación?

El programa de reservas frente al shock externo

El BCRA había logrado sostener compras sistemáticas en el MLC, consolidando un mensaje político y financiero: intervenir con constancia para fortalecer reservas y estabilizar expectativas. Sin embargo, el contexto internacional cambió el escenario.

Fuentes oficiales explicaron que la baja en las cotizaciones de activos financieros, en especial el oro, generó una variación negativa cercana a los u$s400 millones. El ajuste por valuación explica la mayor parte de la caída diaria. A eso se sumó el pago de deuda de Bopreales por unos u$s1.000 millones realizado el lunes, lo que también incidió en la dinámica de las reservas.

En términos netos, las arcas de la autoridad monetaria permanecen en terreno negativo, con una estimación de -u$s392 millones según cálculos privados. El dato reabre la discusión sobre la fortaleza real del balance del Central en un momento donde la acumulación se convirtió en uno de los ejes de la estrategia económica.

El frente externo agrega presión. En los mercados globales crece la expectativa de que la Reserva Federal mantenga tasas altas si el conflicto en Medio Oriente impulsa los precios de la energía. Un dólar internacional más firme suele ir acompañado de ventas de oro y fortalecimiento del “billete verde”, combinación que impacta en las reservas argentinas por doble vía.

Demanda privada y presión sobre el tipo de cambio

Mientras tanto, la demanda de dólares no cede. El tipo de cambio volvió a superar los $1.400 y cerró en $1.415, con un avance diario de 1,4%. La señal es política además de financiera: el mercado observa la capacidad del BCRA para sostener compras sin sacrificar reservas.

En enero, las personas humanas compraron en términos netos u$s3.103 millones. La cifra surge de compras brutas por u$s3.678 millones y ventas por u$s575 millones. Si bien el monto quedó por debajo del promedio de u$s4.940 millones registrado entre mayo y octubre, la Formación de Activos Externos (FAE) volvió a ser el principal canal de salida de divisas del sistema.

El comportamiento estacional —vinculado a viajes al exterior— explica parte del incremento. Pero el dato estructural es otro: la dolarización minorista sigue activa aun cuando el BCRA logra encadenar ruedas positivas en el mercado oficial.

FMI, desembolsos y margen político

En paralelo, la misión argentina concluyó la segunda revisión técnica ante el Fondo Monetario Internacional y espera la validación formal para un desembolso de u$s1.000 millones. Ese flujo podría compensar parcialmente el pago reciente de deuda y reforzar reservas en el corto plazo.

La correlación de fuerzas es clara. El Gobierno necesita sostener la narrativa de acumulación y orden monetario para consolidar credibilidad ante inversores y organismos internacionales. Sin embargo, la volatilidad externa y la presión cambiaria interna acotan el margen operativo del Central.

El mercado evaluará en las próximas semanas si la menor compra diaria fue un episodio aislado o el inicio de una etapa de menor capacidad de intervención. También observará cómo impacta la evolución del oro y del dólar global en el balance del BCRA.

Por ahora, el mensaje es ambiguo: 40 ruedas positivas sostienen la estrategia, pero una sola jornada dejó al descubierto la fragilidad de un esquema que depende tanto de la oferta de divisas como de factores internacionales que el Gobierno no controla. El equilibrio sigue en construcción.

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