Reservas BCRA

Reforma del BCRA: el oficialismo consiguió dictamen y busca blindar la política monetaria frente al Tesoro

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El oficialismo consiguió este miércoles en Diputados el dictamen de mayoría para reformar la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA), en un paso clave para uno de los proyectos institucionales centrales del programa económico de Javier Milei. La iniciativa, que mantiene prácticamente sin cambios el texto enviado por el Poder Ejecutivo, quedó en condiciones de ser debatida en el recinto, con el 26 de agosto como fecha tentativa para su tratamiento.

El despacho reunió 42 firmas de La Libertad Avanza y bloques dialoguistas del PRO, la UCR, Innovación Federal, Independencia y Producción y Trabajo. El avance se produjo después de un plenario de las comisiones de Finanzas y Presupuesto y Hacienda que comenzó atravesado por cruces políticos y terminó con la salida de los diputados de Unión por la Patria.

La discusión expuso una diferencia relevante incluso dentro del arco que acompaña al Gobierno. Eduardo Falcone, del MID, decidió no firmar el dictamen y cuestionó el tono de las intervenciones de algunos economistas invitados. El diputado consideró que las exposiciones de Miguel Boggiano y Ramiro Castiñeira se apartaron del carácter técnico que esperaba de la reunión y las calificó como una provocación innecesaria.

La tensión obligó incluso a diputados libertarios a pedir disculpas a representantes del PRO, la UCR y el MID. Fernando de Andreis, del PRO, también manifestó su desacuerdo con el contenido político de las primeras exposiciones, aunque dejó en claro que su espacio mantiene el respaldo al proyecto porque considera que la reforma institucional del BCRA resulta necesaria.

El episodio revela una cuestión política de fondo: el oficialismo consiguió construir una mayoría para avanzar con la reforma, pero la discusión sobre el Banco Central atraviesa incluso a sus propios aliados. La coincidencia parlamentaria se encuentra en la necesidad de limitar la utilización del organismo como fuente de financiamiento del Estado, mientras persisten diferencias sobre el alcance de sus objetivos y el grado de autonomía que debería tener frente al Poder Ejecutivo.

El núcleo de la reforma consiste en redefinir la misión del BCRA. El proyecto establece como objetivo central “la preservación del valor de la moneda nacional” y elimina el esquema de objetivos múltiples incorporado en la Carta Orgánica durante la reforma de 2012, bajo la conducción de Mercedes Marcó del Pont y durante la presidencia de Cristina Kirchner.

El cambio no es meramente semántico. En términos institucionales, busca modificar la función que el Banco Central debe cumplir dentro del esquema económico y reducir el margen para que la autoridad monetaria persiga simultáneamente objetivos potencialmente contradictorios. La propuesta oficial parte de una premisa: una moneda estable requiere que la política monetaria no quede subordinada a las necesidades fiscales del Gobierno de turno.

La segunda transformación sustancial es la prohibición de financiar al Tesoro. El proyecto busca cerrar los mecanismos mediante los cuales el Banco Central puede asistir al Estado a través de adelantos transitorios y otros instrumentos. La iniciativa también contempla un mecanismo para cancelar progresivamente las letras intransferibles y los adelantos transitorios acumulados en el activo de la entidad.

La reforma incluye, además, modificaciones en el tratamiento de las reservas de libre disponibilidad y en la distribución de utilidades del BCRA. El paquete apunta a modificar la relación patrimonial y financiera entre el Banco Central y el Tesoro, una de las cuestiones más sensibles de la arquitectura monetaria argentina.

Otro aspecto relevante está relacionado con la estabilidad de las autoridades de la entidad. La iniciativa endurece las condiciones para remover al presidente del BCRA y a los integrantes de su directorio. La decisión del Poder Ejecutivo deberá sustentarse en causales específicas y contar con la aprobación de dos tercios de los presentes de ambas cámaras del Congreso.

Ese mecanismo introduce una barrera institucional adicional frente a cambios discrecionales en la conducción de la autoridad monetaria. El principio es que una mayor estabilidad de sus autoridades debería contribuir a reducir la interferencia política sobre las decisiones monetarias.

Los defensores de la reforma llevaron al debate una interpretación particularmente dura sobre la historia monetaria argentina. Boggiano sostuvo que los gobiernos utilizaron históricamente la inflación como mecanismo de financiamiento y cuestionó que la Carta Orgánica de 2012 haya asignado al Banco Central múltiples objetivos.

Castiñeira, asesor económico del Presidente, planteó una crítica similar y vinculó directamente la utilización de las reservas y la emisión monetaria con el financiamiento de los desequilibrios fiscales. Para ambos economistas, la reforma debe funcionar como una barrera institucional frente a la posibilidad de que futuros gobiernos vuelvan a recurrir al Banco Central para cubrir déficits.

Héctor Rubini llevó la discusión a un terreno comparativo. Según explicó, durante el período 2017-2026 los países de la región con bancos centrales con menor interferencia política —mencionó a Perú, Chile, Colombia, Brasil, Uruguay y Paraguay— registraron una inflación promedio mensual de 0,4%, frente al 4,2% de Argentina en el mismo período.

La comparación permite colocar la discusión sobre independencia monetaria en un contexto regional. El desafío no consiste solamente en prohibir la emisión destinada al Tesoro, sino en construir una institución con credibilidad suficiente para que los agentes económicos crean que las reglas monetarias no serán modificadas cada vez que cambien las necesidades fiscales o electorales.

Aldo Abram, director de la Fundación Libertad y Progreso, reforzó esa mirada al señalar que una inflación de un dígito no debería ser considerada un resultado extraordinario. Para el economista, una Carta Orgánica que otorgue mayor independencia al Banco Central permitiría reducir el margen de emisión cuando la demanda de pesos no la justifique.

El argumento oficial encuentra, sin embargo, una objeción institucional que quedó expuesta durante el plenario. Falcone planteó que la autoridad monetaria no debería limitarse exclusivamente a la preservación del valor de la moneda y propuso incorporar otros objetivos, en una línea similar al mandato dual de la Reserva Federal estadounidense.

La discusión sobre los objetivos del Banco Central es particularmente relevante porque define qué ocurre cuando estabilidad monetaria, empleo, crecimiento y estabilidad financiera entran en tensión. Una autoridad monetaria con un mandato estrecho tiene mayor claridad sobre su función, pero también menos herramientas para ponderar objetivos económicos diversos. Una con múltiples objetivos dispone de mayor flexibilidad, aunque puede enfrentar mayores dificultades para establecer prioridades y medir responsabilidades.

Falcone también cuestionó que el Congreso intervenga en la remoción de autoridades pero no tenga una participación equivalente en su designación. Su propuesta apunta a que ambas instancias requieran aprobación parlamentaria, una modificación que elevaría el nivel de consenso político necesario para conformar la conducción del organismo.

La controversia, en ese punto, trasciende la discusión entre oficialismo y oposición. La independencia del Banco Central no depende únicamente de impedir la asistencia financiera al Tesoro. También requiere definir quién designa a sus autoridades, cuánto duran sus mandatos, bajo qué circunstancias pueden ser removidas, qué objetivos deben perseguir y cómo rinden cuentas frente a la sociedad.

La experiencia argentina agrega un componente decisivo: la credibilidad. Las recurrentes crisis monetarias, cambios regulatorios y episodios de confiscación de ahorros dejaron una huella profunda sobre las decisiones de hogares y empresas. Por eso, una reforma institucional puede tener efectos económicos concretos solamente si logra modificar expectativas y generar confianza sostenida en las reglas.

Para el Gobierno, la reforma de la Carta Orgánica constituye una pieza complementaria de su estrategia de estabilización. La disciplina fiscal y la eliminación del financiamiento monetario del Tesoro pueden reducir las presiones inflacionarias, pero el resultado de largo plazo dependerá de que esas restricciones sobrevivan a los cambios de administración.

Ese es precisamente el punto donde la reforma puede adquirir impacto social. Una moneda que conserve su valor no es solamente una meta macroeconómica: afecta el poder adquisitivo de los salarios, el valor de los ahorros, el costo del crédito y la capacidad de las empresas para planificar inversiones. Del mismo modo, limitar el financiamiento monetario del déficit puede reducir una fuente histórica de inflación, pero obliga al Estado a resolver sus desequilibrios mediante decisiones fiscales explícitas.

El dictamen conseguido por el oficialismo abre ahora una etapa diferente. La discusión en el recinto deberá determinar si la mayoría construida en comisión se sostiene y, eventualmente, qué modificaciones pueden introducirse al proyecto. El oficialismo ya consiguió el primer objetivo político; el desafío siguiente será transformar una mayoría parlamentaria circunstancial en un consenso institucional suficientemente amplio como para que las reglas del Banco Central no vuelvan a quedar atadas al ciclo electoral.

En última instancia, la reforma busca resolver un problema que Argentina arrastra desde hace décadas: cómo evitar que la autoridad monetaria sea utilizada para financiar desequilibrios fiscales y cómo construir una institución capaz de sostener el valor de la moneda aun cuando las necesidades políticas presionen en sentido contrario. La verdadera prueba de la nueva Carta Orgánica no estará en su aprobación, sino en si consigue sobrevivir al próximo gobierno que enfrente una crisis y tenga incentivos para volver a utilizar al Banco Central como caja.

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Reservas, tasas y empleo en EE.UU.: las claves que marcaron la semana financiera

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La semana económica y financiera estuvo atravesada por cuatro variables con impacto directo sobre las expectativas de los mercados: la evolución del empleo y el comercio exterior de Estados Unidos, la postura de la Reserva Federal, la acumulación de reservas internacionales en Argentina y el comportamiento de las tasas de interés locales, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

El mercado laboral estadounidense continúa mostrando señales de estabilidad. Los últimos datos de la encuesta Job Openings and Labor Turnover Survey (JOLTS), correspondientes a junio, registraron 7,4 millones de vacantes, apenas por debajo de los 7,5 millones de mayo. Las contrataciones y las desvinculaciones, en tanto, permanecieron prácticamente sin cambios.

Para Argentina, el dato central de la semana estuvo en las reservas internacionales. Las reservas brutas del Banco Central superaron los US$50.000 millones, alcanzando el nivel más elevado de los últimos siete años. La recuperación constituye una señal relevante sobre la posición financiera externa del país, dado que las reservas funcionan como respaldo para el mercado cambiario y para el cumplimiento de compromisos externos.

El mercado laboral de Estados Unidos continúa mostrando estabilidad

Los últimos datos de la encuesta Job Openings and Labor Turnover Survey (JOLTS) correspondientes a junio muestran que el mercado laboral estadounidense continúa exhibiendo un comportamiento estable. Las vacantes laborales de junio se ubicaron en 7,4 millones, apenas por debajo de los 7,5 millones registrados en mayo, mientras que las contrataciones y las desvinculaciones permanecieron prácticamente sin cambios.

La estabilidad de estos indicadores sugiere que el mercado laboral continúa normalizándose de manera gradual, sin evidenciar un deterioro significativo del empleo en los Estados Unidos. Para la Reserva Federal, este comportamiento resulta consistente con una economía que mantiene dinamismo, aunque con menores presiones sobre el mercado laboral que las observadas durante los últimos años. En este contexto, los próximos datos de empleo e inflación continuarán siendo determinantes para la trayectoria futura de la política monetaria.


El comercio exterior continúa condicionando el crecimiento económico en Estados Unidos

Los últimos datos del comercio exterior mostraron que el déficit comercial de Estados Unidos se redujo levemente durante junio, luego del incremento registrado en mayo. La disminución respondió principalmente a una caída de las importaciones, superior a la observada en las exportaciones, aunque el saldo comercial continúa ubicándose en niveles elevados.

La evolución del sector externo cobró especial relevancia tras la publicación del Producto Bruto Interno correspondiente al segundo trimestre de 2026. La economía estadounidense creció a una tasa anualizada del 1,5%, por debajo del 2,1% esperado por el mercado y del crecimiento registrado en el trimestre anterior. Parte de esta moderación respondió al aporte negativo del comercio exterior, mientras que el consumo privado y la inversión empresarial —especialmente la vinculada al desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial— continuaron mostrando un desempeño sólido.

En este contexto, la Reserva Federal mantiene una postura cautelosa. En materia de política monetaria, la autoridad monetaria estadounidense mantuvo sin cambios el rango objetivo de la tasa de fondos federales entre 3,50% y 3,75%, en línea con lo esperado por el mercado. No obstante, la votación volvió a mostrar diferencias dentro del Comité Federal de Mercado Abierto, reflejando que persiste el debate sobre la necesidad de nuevos ajustes para asegurar la convergencia de la inflación hacia el objetivo del 2%.


Argentina: las reservas internacionales superan los USD 50.000 millones

Las reservas internacionales brutas del Banco Central superaron esta semana los USD 50.000 millones, alcanzando el nivel más elevado de los últimos siete años. La evolución de las reservas constituye uno de los principales indicadores de la posición financiera externa del país, ya que respaldan el funcionamiento del mercado cambiario y contribuyen al cumplimiento de obligaciones externas.

No obstante, las reservas brutas incluyen distintos componentes que no se encuentran íntegramente disponibles para su utilización. Entre ellos se destacan los depósitos en moneda extranjera del sector privado, los encajes bancarios, los préstamos de organismos internacionales y el tramo activado del swap de monedas con el Banco Popular de China, renovado esta semana. 

En este contexto, la acumulación de reservas continúa siendo uno de los principales compromisos asumidos por Argentina en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), dado que fortalece la posición externa del país y contribuye a mejorar la percepción de riesgo de los inversores.


Tasas de interés y financiamiento en pesos

Las condiciones financieras locales continuaron mostrando relativa estabilidad durante julio y comienzos de agosto, en un contexto de desaceleración de la inflación y expectativas moderadas sobre la evolución de las tasas de interés. Al 4 de agosto, la TAMAR se ubicó en 23,13% nominal anual, mientras que la BADLAR de bancos privados alcanzó el 22,31% nominal anual. Ambas tasas constituyen referencias relevantes para evaluar las condiciones de financiamiento en pesos y las expectativas del mercado sobre la política monetaria.

La TAMAR refleja el costo de los depósitos mayoristas de entre 30 y 35 días realizados por grandes inversores, mientras que la BADLAR mide el rendimiento promedio de los depósitos a plazo fijo superiores a un millón de pesos. Debido a que ambas tasas sirven como referencia para distintos instrumentos financieros y operaciones de crédito, su evolución permite seguir de cerca las condiciones de liquidez y financiamiento de la economía. Por su parte, la curva de instrumentos a tasa fija y la de títulos ajustados por CER continuaron reflejando un escenario de tasas reales positivas, consistente con una inflación en desaceleración y expectativas relativamente estables.

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Activos argentinos en baja: el Merval perforó los 2.000 puntos y subió el riesgo país

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Los activos argentinos atravesaron una jornada negativa, en contraste con el desempeño de algunos de los principales mercados internacionales. El S&P Merval cayó 1% hasta 3.156.331,80 puntos, mientras que medido en dólares retrocedió 0,8% y volvió a perforar la barrera de los 2.000 puntos. La presión también alcanzó a los bonos soberanos y llevó al riesgo país a 428 puntos básicos.

La rueda dejó una señal relevante para el mercado local: pese a un escenario externo que mostró algunos indicadores favorables, los activos argentinos todavía encuentran dificultades para sostener una dinámica positiva. La economista Elena Alonso señaló que el comportamiento reciente del Merval muestra que, por el momento, el mercado argentino no logra aprovechar plenamente el buen clima internacional.

Entre las acciones que encabezaron las bajas se ubicaron BBVA, con una caída de 2,6%; Banco Macro, que retrocedió 2,4%; Transportadora de Gas del Norte, con una baja de 2,4%, e YPF, que perdió 2%. La tendencia también se reflejó en Wall Street, donde los ADR argentinos operaron mayormente en terreno negativo: Banco Macro cayó 2%, YPF cedió 2% y BBVA bajó 1,7%.

La debilidad se extendió a la deuda soberana. Los bonos argentinos en dólares negociados en Wall Street registraron bajas generalizadas de hasta 0,6%. El Global 2041 encabezó los retrocesos, seguido por los Global 2035 y 2038, ambos con pérdidas de 0,5%, mientras que el Global 2046 cayó 0,4%.

En ese contexto, el riesgo país elaborado por J.P. Morgan aumentó siete puntos y llegó a 428 unidades. El indicador vuelve así a ganar relevancia para una economía que busca reducir el costo de financiamiento y recuperar acceso sostenido a los mercados internacionales de crédito.

La presión también se observó en otros instrumentos. Según el análisis de SBS, los activos dollar-linked retrocedieron en promedio 0,2%, mientras que la deuda ajustada por CER cayó 0,15% en el tramo corto y 0,35% en el largo. Los títulos a tasa fija permanecieron prácticamente estables, mientras que los instrumentos floaters mostraron las mayores pérdidas, particularmente en el tramo largo.

El comportamiento de los activos locales se produjo mientras Wall Street presentó una dinámica mixta. El Dow Jones alcanzó un nuevo máximo histórico, mientras que la evolución del oro y la baja de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense configuraron un escenario externo que, en principio, ofrecía mejores condiciones para los mercados emergentes.

El oro registró además una fuerte suba y alcanzó máximos de casi siete semanas. El metal precioso avanzó 3,8% hasta US$4.309,55 por onza, mientras el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se ubicó cerca de mínimos de una semana. En paralelo, el dólar operó cerca de sus niveles más bajos en seis semanas frente a otras monedas.

La mejora en la cotización del oro tuvo un efecto directo sobre las reservas internacionales argentinas. El stock del Banco Central superó los US$50.000 millones y alcanzó un nuevo máximo desde 2019, favorecido por la revalorización del metal y por una compra de US$8 millones en el mercado.

El frente externo también incorporó una novedad vinculada con China. El Banco Central renovó el swap de monedas con el país asiático por RMB 130.000 millones y mantuvo activa la utilización de RMB 35.000 millones, equivalentes a unos US$5.000 millones, que Argentina utiliza desde 2023. La extensión del vencimiento, que pasó de tres a cinco años, amplía el horizonte de esa herramienta de liquidez internacional.

El contraste entre reservas en ascenso y activos financieros bajo presión muestra una de las tensiones centrales del mercado argentino. La acumulación de reservas y la mejora de algunos indicadores externos constituyen señales relevantes para la solvencia, pero no necesariamente se traducen de manera inmediata en una menor percepción de riesgo sobre los títulos argentinos.

Para los inversores, el foco queda puesto entonces en la capacidad de la economía para transformar la mejora de las variables externas y la acumulación de reservas en una reducción sostenida del riesgo país. Mientras ese proceso no se consolide, la volatilidad seguirá funcionando como un filtro sobre las expectativas y los activos argentinos continuarán mostrando una sensibilidad mayor que la de los mercados internacionales.

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El dólar superó los $1.500 por tercera jornada consecutiva y el Banco Central intensifica su intervención

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El mercado cambiario volvió a enviar una señal de tensión al Gobierno. Por tercera rueda consecutiva, el dólar oficial registró una suba y consolidó su cotización por encima de los $1.500, mientras el Banco Central reforzó su estrategia de intervención indirecta mediante ventas de contratos de dólar futuro y títulos dollar-linked para evitar que el movimiento derive en una mayor volatilidad y, eventualmente, en un traslado a los precios.

La cotización minorista del Banco Nación cerró en $1.510 para la venta, con un incremento diario de $10, mientras que el dólar mayorista avanzó hasta los $1.489, apenas tres pesos por debajo del máximo nominal alcanzado el 24 de octubre pasado. El dólar blue también acompañó la tendencia y finalizó en $1.525, mientras que el contado con liquidación se ubicó en torno a los $1.577, su valor más elevado desde fines de octubre.

El movimiento estuvo acompañado por un elevado volumen de operaciones. En el mercado mayorista se negociaron más de USD 820 millones, confirmando una demanda sostenida de divisas que comenzó a intensificarse en las últimas jornadas y que coincide con una menor oferta proveniente del sector exportador.

Aunque el tipo de cambio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Gobierno —que actualmente supera los $1.800—, la velocidad del ajuste comenzó a generar inquietud en el equipo económico, que busca preservar el proceso de desaceleración inflacionaria.

El Banco Central intervino con futuros y bonos atados al dólar

A diferencia de otros episodios de tensión cambiaria, la autoridad monetaria evitó vender reservas de manera directa en el mercado spot. En cambio, desplegó una estrategia basada en instrumentos financieros para moderar las expectativas de devaluación.

Operadores del mercado señalaron que el Banco Central incrementó significativamente la venta de contratos de dólar futuro, principalmente en los vencimientos de julio, al tiempo que ofreció importantes cantidades de letras dollar-linked, títulos emitidos por el Tesoro que ajustan según la evolución del tipo de cambio oficial.

La operatoria alcanzó volúmenes inusuales. Solo en el mercado de futuros se negociaron contratos equivalentes a unos USD 1.700 millones, mientras que las operaciones con instrumentos atados al dólar superaron los USD 500 millones diarios, muy por encima del promedio habitual.

La lógica detrás de esta estrategia consiste en ofrecer cobertura cambiaria sin necesidad de desprenderse de reservas internacionales, retirando al mismo tiempo pesos del mercado y reduciendo la presión sobre la demanda de dólares.

Analistas coinciden en que el objetivo oficial no es defender un valor específico del tipo de cambio, sino evitar movimientos bruscos que puedan alterar las expectativas inflacionarias.

Menor liquidación del agro y mayor demanda privada

La suba del dólar encuentra explicación en una combinación de factores estacionales y financieros.

Por un lado, comenzó a reducirse la liquidación de divisas del complejo agroexportador luego del pico registrado durante la cosecha gruesa. Si bien durante junio las cerealeras liquidaron más de USD 3.000 millones, esa cifra representó una caída del 18% respecto del mismo mes del año anterior.

Además, distintos informes privados detectaron una mayor retención de granos por parte de los productores, que esperan mejores condiciones de precios antes de desprenderse de sus exportaciones.

Al mismo tiempo, la demanda privada de divisas ganó protagonismo. Portfolio Personal Inversiones (PPI) sostuvo que el agro mantuvo prácticamente estable su ritmo de liquidación diaria respecto de mayo, por lo que la menor capacidad compradora del Banco Central obedeció principalmente a un incremento en la demanda de dólares por parte de empresas, bancos e inversores.

También influyeron mayores giros de utilidades al exterior y una menor oferta proveniente de la cuenta financiera, luego del fuerte ingreso de capitales registrado durante mayo.

En paralelo, operadores detectaron un cambio en la estrategia de los bancos comerciales. Varias entidades pasaron de mantener posiciones vendidas en dólares a incrementar sus compras para abastecer una mayor demanda minorista, impulsada en parte por el cobro del medio aguinaldo.

Reservas arriba de los USD 47.000 millones, pero con compras moderadas

En ese contexto, el Banco Central volvió a comprar divisas, aunque en un volumen considerablemente inferior al observado durante abril y mayo.

La autoridad monetaria adquirió apenas USD 25 millones durante la primera rueda de julio, equivalente a cerca del 3% del volumen total operado en el mercado oficial.

Pese a ello, las reservas internacionales brutas mostraron una fuerte recuperación y cerraron por encima de los USD 47.000 millones, tras aumentar más de USD 2.180 millones.

El rebote respondió, fundamentalmente, a la reversión de movimientos contables y de encajes registrados en el cierre de junio, por lo que los analistas no interpretan la mejora como un cambio estructural en la capacidad de acumulación de reservas.

Las compras netas del Banco Central durante 2026 ya superan los USD 11.000 millones, aunque el ritmo de incorporación de divisas comenzó a desacelerarse desde junio.

El mercado descarta una devaluación abrupta

Pese al repunte del dólar, el consenso entre economistas y operadores continúa descartando un salto discreto del tipo de cambio.

La expectativa predominante es la de un proceso de depreciación gradual, acompañado por una menor oferta de divisas estacional y por un escenario internacional menos favorable para los mercados emergentes.

Sin embargo, la preocupación comenzó a trasladarse hacia otro frente: el posible impacto que esta aceleración del dólar pueda tener sobre la inflación durante el segundo semestre.

Ese riesgo también explica el fuerte protagonismo del Banco Central en los mercados de futuros y de deuda indexada al tipo de cambio. El Gobierno procura evitar que un movimiento más acelerado del dólar termine alterando las expectativas de precios y reduzca uno de los principales activos políticos de la administración de Javier Milei: la desaceleración de la inflación.

Mientras tanto, el mercado seguirá observando dos variables centrales durante julio: la capacidad del Banco Central para recomponer reservas sin aumentar significativamente su intervención y la evolución de la demanda privada de divisas, que comenzó a convertirse en el principal factor de presión sobre el mercado cambiario.

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Jornada financiera: los bonos argentinos extendieron las subas, el riesgo país cayó a 421 puntos y el dólar volvió a superar los $1.500

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La plaza financiera argentina volvió a mostrar señales mixtas en una jornada marcada por la fortaleza de la deuda soberana, un nuevo avance del dólar y un escenario internacional menos favorable para los activos de riesgo. Mientras los bonos en dólares prolongaron su recuperación y el riesgo país descendió hasta los 421 puntos básicos —muy cerca de su mínimo de 2026—, las acciones locales retrocedieron en línea con Wall Street, que interrumpió la racha alcista de las últimas ruedas.

El movimiento más relevante para el Gobierno volvió a producirse en el mercado de renta fija. Los bonos Globales y Bonares avanzaron en promedio 0,3%, impulsando una nueva baja del índice elaborado por JP Morgan, que retrocedió tres unidades hasta los 421 puntos básicos. La compresión del riesgo soberano consolida una tendencia iniciada tras las recientes mejoras en la calificación crediticia de Argentina por parte de las agencias internacionales.

Desde Puente destacaron que la decisión de Standard & Poor’s de elevar la nota soberana a B-, en línea con la mejora previamente otorgada por Fitch, representa un cambio cualitativo para el mercado argentino. La nueva calificación no solo reduce el costo financiero implícito de la deuda, sino que además habilita el ingreso de fondos internacionales que, por reglamento, solo pueden invertir en países con ese nivel mínimo de calificación otorgado por al menos dos agencias.

Para el mercado, este cambio amplía las posibilidades de que Argentina recupere gradualmente el acceso al financiamiento voluntario internacional, un objetivo central de la estrategia económica del Gobierno una vez consolidado el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria.

El S&P Merval acompañó el mal clima externo

A diferencia de la deuda, la renta variable operó bajo presión. El índice S&P Merval perdió 1,5% y cerró en 3.121.855 puntos, luego de haber acumulado una mejora cercana al 4% en pesos durante el primer semestre.

La corrección respondió principalmente al comportamiento de Wall Street. El Nasdaq cedió 0,7%, mientras que el Dow Jones retrocedió marginalmente. Los inversores permanecieron atentos a las declaraciones de autoridades de la Reserva Federal en el foro organizado por el Banco Central Europeo, buscando señales sobre la evolución futura de las tasas de interés estadounidenses.

Entre los ADR argentinos negociados en Nueva York predominó el rojo, aunque algunas compañías lograron destacarse. Globant registró una fuerte recuperación diaria cercana al 9%, mientras Mercado Libre avanzó alrededor del 2,6%. Banco Supervielle también mostró un desempeño positivo, en contraste con el tono general del mercado.

El dólar volvió a subir y se consolida por encima de los $1.500

En el frente cambiario, la presión compradora volvió a sentirse por tercera jornada consecutiva.

El dólar mayorista avanzó siete pesos hasta los $1.489, ubicándose nuevamente muy cerca del máximo nominal alcanzado en octubre del año pasado. Durante la rueda llegó incluso a tocar los $1.493 antes de moderar parcialmente la suba sobre el cierre de las operaciones.

El volumen negociado volvió a ser elevado, con operaciones superiores a los USD 823 millones en el mercado contado, una señal de que la demanda privada continúa firme en el inicio del segundo semestre.

En paralelo, el dólar minorista del Banco Nación subió diez pesos y cerró en $1.510 para la venta, mientras que el dólar blue alcanzó los $1.525. Los dólares financieros también continuaron escalando, con el contado con liquidación acercándose a los $1.577, su valor más alto desde octubre.

Los operadores observaron además un importante movimiento en el mercado de futuros, donde se negociaron contratos por aproximadamente USD 1.700 millones. La baja registrada en las posiciones más cortas fue interpretada como una señal de intervención oficial mediante ventas de contratos para moderar las expectativas de devaluación.

La autoridad monetaria volvió a participar de manera acotada en el mercado oficial. Compró apenas USD 25 millones, equivalente a cerca del 3% del volumen operado, por debajo del objetivo del 5% que el propio Gobierno había planteado como referencia para acumular reservas sin alterar el funcionamiento del mercado.

No obstante, las reservas internacionales crecieron con fuerza hasta los USD 47.056 millones, un incremento diario superior a USD 2.180 millones explicado principalmente por la recomposición de encajes bancarios habitual al comienzo de cada mes, más que por compras genuinas de divisas.

Menor riesgo financiero, pero mayor tensión cambiaria

La jornada dejó en evidencia el contraste que hoy domina a los mercados argentinos. Por un lado, la mejora del perfil crediticio del país sigue favoreciendo a los bonos soberanos y permite que el riesgo país se mantenga en niveles que no se observaban desde hace varios años.

Por otro, el mercado cambiario comienza a reflejar un escenario diferente al del primer semestre. La menor liquidación estacional del agro, el aumento de la demanda privada de divisas y las intervenciones oficiales en futuros y títulos atados al dólar muestran que el Gobierno enfrenta un desafío creciente para administrar la transición hacia la segunda mitad del año sin que la aceleración del tipo de cambio termine trasladándose a los precios.

En ese equilibrio entre estabilidad financiera y presión cambiaria estará puesta buena parte de la atención de los inversores durante las próximas semanas.

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