reservas del Banco Central

Furiase reivindica la estabilidad macro como motor del crecimiento y asegura que ya se financió la deuda de 2026 y 2027

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Durante su exposición en el Congreso Nacional PyME 2026, organizado por Somos Pymes en el Centro de Convenciones Buenos Aires, el secretario de Finanzas de la Nación, Federico Furiase, realizó una defensa integral del programa económico del Gobierno de Javier Milei y sostuvo que la estabilidad macroeconómica constituye la condición indispensable para consolidar el crecimiento, reducir la inflación y mejorar el acceso al financiamiento para las pequeñas y medianas empresas.

El funcionario planteó que el proceso de estabilización debe analizarse desde una visión de equilibrio general que combine disciplina fiscal, orden monetario, fortalecimiento de las reservas internacionales y sostenibilidad de la deuda pública. Según explicó, ese conjunto de variables es el que permite amortiguar tanto los shocks políticos internos como la volatilidad proveniente del escenario internacional.

Uno de los principales ejes de su presentación fue la fuerte acumulación de reservas por parte del Banco Central. Furiase señaló que, mientras a comienzos de año las proyecciones más optimistas estimaban compras cercanas a los USD 10.000 millones para todo 2026, en los primeros seis meses ya se acumularon cerca de USD 11.000 millones, un ritmo anualizado superior a los USD 23.000 millones.

Para el secretario de Finanzas, este proceso desmiente los pronósticos de quienes sostenían que era imprescindible abandonar el esquema de flotación administrada y aplicar una fuerte devaluación para recomponer reservas. “La acumulación se logró dentro del régimen cambiario vigente, evitando un salto del tipo de cambio que habría tenido un fuerte impacto inflacionario y sobre el poder adquisitivo de la población”, afirmó.

Deuda más larga y menores tasas

Furiase destacó además el trabajo realizado por la Secretaría de Finanzas para modificar el perfil de vencimientos de la deuda en pesos. Explicó que, a comienzos de año, apenas el 15% de los compromisos en moneda local vencían después de octubre de 2027, mientras que actualmente esa proporción se elevó a casi el 40%.

Según sostuvo, la extensión de los plazos se produjo simultáneamente con una importante reducción de las tasas de interés, que pasaron de niveles cercanos al 50% efectivo anual hasta ubicarse en torno al 24%, reflejando menores expectativas de inflación y una mayor confianza del mercado.

El funcionario recordó que la administración libertaria recibió una pesada herencia financiera en diciembre de 2023, caracterizada por una elevada concentración de pasivos de corto plazo entre deuda del Tesoro y pasivos remunerados del Banco Central, estimada en unos USD 75.000 a 80.000 millones con vencimientos prácticamente inmediatos.

En ese contexto, sostuvo que el nuevo perfil de deuda fortalece la posición financiera del Estado de cara al calendario electoral de 2027.

Riesgo país, financiamiento y reservas

Otro de los puntos centrales fue la evolución del riesgo país. Furiase explicó que la reducción del indicador constituye la forma “genuina” de ganar competitividad, ya que disminuye el costo del financiamiento para empresas y familias.

En esa línea, adelantó que el Tesoro ya tiene cubiertos los vencimientos en dólares correspondientes a 2026 y que también se encuentra prácticamente asegurado el programa financiero para 2027 mediante financiamiento proveniente de organismos multilaterales y otras fuentes internacionales, evitando así la necesidad de salir a los mercados voluntarios en condiciones que consideró menos favorables.

El funcionario resaltó además que actualmente el Tesoro mantiene depósitos por unos USD 4.000 millones en el Banco Central, suficientes para afrontar los próximos vencimientos inmediatos.

Exportaciones récord y crecimiento sostenible

En su análisis del desempeño económico, Furiase afirmó que el actual proceso de crecimiento presenta una diferencia estructural respecto de experiencias anteriores: combina niveles récord tanto de consumo privado como de exportaciones.

A diferencia de otros períodos, argumentó, el crecimiento ya no depende del atraso cambiario, el déficit fiscal financiado con emisión monetaria o el control artificial de tarifas, sino de un marco de equilibrio macroeconómico que permite sostener un elevado superávit comercial.

El secretario de Finanzas proyectó un saldo comercial cercano a los USD 20.000 millones para este año y sostuvo que las estimaciones privadas ya anticipan un superávit de cuenta corriente, descartando los temores de una crisis de balance de pagos que algunos analistas advertían un año atrás.

Energía, minería y una nueva matriz exportadora

Furiase también puso el foco en el cambio estructural que, según el Gobierno, comenzará a experimentar la economía argentina con el crecimiento de los sectores energético y minero.

Según indicó, el superávit conjunto de energía y minería podría pasar de unos USD 12.000 millones este año hasta cerca de USD 49.000 millones hacia 2030, aportando una oferta sostenida de divisas que permitirá consolidar una moneda más fuerte y salarios reales más elevados.

En ese marco, aseguró que “se terminó la Argentina del dólar alto como mecanismo para ganar competitividad” y sostuvo que el nuevo modelo buscará mejorar la productividad mediante baja de impuestos, desregulación, apertura comercial inteligente, menor inflación y reducción del costo financiero.

Crédito PyME en máximos

El funcionario vinculó directamente la estabilidad macroeconómica con la recuperación del crédito para las pequeñas y medianas empresas. Destacó que el stock de préstamos al sector privado acumula un crecimiento real del 96% durante los primeros 29 meses de gestión, el mayor incremento registrado al comparar igual período con administraciones anteriores.

Asimismo, afirmó que las exportaciones PyME alcanzaron su mayor nivel desde 2013 y sostuvo que el nuevo contexto obliga a un cambio cultural dentro del sector empresario.

“Ya no conviene acumular inventarios ni trabajar con márgenes elevados como ocurría durante los años de alta inflación. El incentivo ahora es invertir, ganar eficiencia, reducir costos y competir”, señaló.

Finalmente, Furiase sostuvo que la continuidad del proceso dependerá de preservar los pilares del programa económico: superávit fiscal, disciplina monetaria, reducción del riesgo país, baja gradual de impuestos y profundización de las reformas estructurales. Según concluyó, esos elementos permitirán sostener el crecimiento, ampliar el acceso al crédito y continuar reduciendo la pobreza de manera permanente.

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Más de USD 260.000 millones fuera del sistema: el desafío del Gobierno para movilizar los dólares de los argentinos

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Los argentinos acumulan más de USD 260.000 millones fuera del sistema financiero formal —el llamado “debajo del colchón”—, una magnitud que condiciona la política económica y explica buena parte de las restricciones estructurales de la economía. Según datos oficiales, estos ahorros crecieron en más de USD 100.000 millones en la última década y avanzan a un ritmo cercano a USD 5.000 millones por trimestre. Frente a este escenario, el Gobierno busca tentar a los ahorristas para que vuelquen esos recursos a la inversión productiva y a las reservas, a través de un nuevo régimen de regularización denominado “Inocencia Fiscal”, actualmente en análisis en el Congreso.

El volumen de fondos fuera del alcance del Fisco no solo refleja desconfianza histórica, sino también un potencial latente para recomponer el crédito, financiar proyectos y aliviar la escasez de divisas. La discusión vuelve al centro de la agenda económica e institucional en un contexto de reservas ajustadas y necesidad de dinamizar la inversión.

La magnitud del ahorro fuera del sistema y su evolución

Los datos oficiales muestran que los ahorros externos y no bancarizados en manos de argentinos o empresas argentinas pasaron de USD 153.309 millones en 2015 a USD 260.443 millones en el tercer trimestre del año en curso. El crecimiento acumulado supera los USD 100.000 millones en diez años y mantiene una tendencia sostenida, con incrementos trimestrales cercanos a USD 5.000 millones.

Se trata de dinero que permanece en el país o en el exterior, en forma de dólares billete, depósitos no declarados, cajas de seguridad u otros instrumentos, y que quedó sistemáticamente fuera del circuito formal. A comienzos de 2016, estos activos ya totalizaban USD 154.682 millones; al inicio del gobierno de Alberto Fernández ascendían a USD 226.569 millones; y alcanzaron USD 261.368 millones hacia fines de 2023, consolidando una trayectoria ascendente que atraviesa distintos ciclos políticos y económicos.

Activos externos: un stock que supera los USD 480.000 millones

Si al efectivo se le suman las inversiones en bonos y títulos externos, propiedades en el exterior y otros instrumentos financieros —declarados o no—, el total de activos externos en manos argentinas alcanzó USD 483.278 millones al cierre del tercer trimestre. La cifra contrasta con los USD 271.766 millones registrados una década atrás, lo que da cuenta de una fuerte acumulación patrimonial fuera del sistema local.

En ese período, crecieron con fuerza las participaciones en fondos de inversión, que pasaron de USD 26.851 millones a USD 69.968 millones, y los títulos de deuda, que aumentaron de USD 14.322 millones a USD 42.448 millones. Este proceso evidencia una preferencia por activos financieros externos como resguardo de valor, en detrimento de la intermediación doméstica.

La estrategia oficial: blanqueo, inversión y reservas

Ante este cuadro, el Gobierno impulsa un nuevo intento de regularización mediante una ley de blanqueo denominada “Inocencia Fiscal”, que se encuentra bajo análisis parlamentario. La pretensión del ministro de Economía, Luis Caputo, es que una parte de esos fondos no declarados se canalice hacia inversiones y, en paralelo, contribuya a fortalecer las reservas del Banco Central, hoy limitadas.

El objetivo oficial es doble: ampliar la base de capital disponible para el desarrollo productivo y reducir la presión cambiaria mediante una mayor oferta de divisas. Sin embargo, el desafío es de naturaleza institucional y política: convencer a los ahorristas de que ingresen sus dólares al sistema requiere previsibilidad, reglas claras y credibilidad sostenida.

En términos macroeconómicos, la magnitud del ahorro fuera del sistema explica por qué la economía argentina convive con un alto nivel de activos privados en dólares y, al mismo tiempo, con restricciones severas de financiamiento y divisas en el sector público. La capacidad de transformar ese stock en inversión real será determinante para el rumbo económico de los próximos años.

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