reservas internacionales

El BCRA compró US$80 millones, el mayor monto de agosto, pero las reservas brutas cayeron US$50 millones

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El Banco Central (BCRA) cerró la semana con una señal que sintetiza las tensiones del actual esquema cambiario: aceleró fuertemente su intervención compradora en el mercado oficial, pero las reservas internacionales brutas terminaron la jornada con una baja de US$50 millones. La autoridad monetaria adquirió US$80 millones este viernes, el mayor monto diario de agosto, aunque el stock bruto descendió hasta US$49.496 millones.

La compra se produjo en una rueda con US$557 millones operados, por lo que la intervención oficial representó cerca del 14% del volumen negociado. La magnitud de la operación marcó un salto respecto de las jornadas anteriores y mostró una presencia más activa del Central en una plaza en la que durante agosto la capacidad de absorción de divisas venía siendo sensiblemente menor a la observada en los meses previos.

Con la operación del viernes, el saldo comprador de agosto alcanzó los US$329 millones, mientras que las compras acumuladas durante 2026 llegaron a US$13.656 millones. En la semana, el BCRA incorporó US$218 millones. Sin embargo, el promedio diario de compras de agosto se mantiene en torno de los US$33 millones, muy por debajo de los US$103 millones de julio, los US$68 millones de junio y los US$137 millones de mayo.

La lectura, por lo tanto, tiene dos velocidades. El Central continúa comprando dólares y acumula un volumen significativo desde el inicio del año, pero lo hace a un ritmo inferior al de los meses anteriores. El dato es particularmente relevante dentro del esquema de bandas cambiarias, donde la capacidad de acumular reservas constituye uno de los indicadores centrales para evaluar la fortaleza del régimen.

Un superávit comercial que encuentra un límite en la demanda privada

El margen para comprar divisas proviene, en buena medida, del excedente generado por el sector externo. El último balance cambiario del BCRA, correspondiente a junio, mostró un superávit de cuenta corriente de US$857 millones, impulsado por exportaciones de bienes por un récord de US$9.438 millones.

Pero el flujo comercial no se transforma íntegramente en reservas. En el mismo período, las personas humanas adquirieron US$2.821 millones netos, una demanda que absorbe parte importante de las divisas disponibles y limita la velocidad con la que el Central puede incrementar sus tenencias.

En ese contexto, la política cambiaria parece buscar un equilibrio delicado: comprar divisas sin generar una presión adicional sobre el tipo de cambio que pueda interrumpir el proceso de desinflación. A la intervención directa en el mercado oficial se suman herramientas de cobertura mediante futuros y títulos ajustables por el tipo de cambio.

El oro amortiguó la caída de las reservas

La reducción de US$50 millones en las reservas brutas no respondió exclusivamente a movimientos de flujo. La valuación de los activos internacionales también tuvo incidencia y, en esta oportunidad, el comportamiento de algunos activos permitió amortiguar el impacto.

El oro avanzó 0,25%, movimiento que habría aportado cerca de US$50 millones al valor contable de las tenencias del Central. Al mismo tiempo, el dólar perdió valor frente a otras monedas a nivel global: el índice DXY retrocedió 0,31%, mientras el euro avanzó 0,34% y la libra esterlina ganó 0,36%.

La combinación permitió compensar parcialmente otros factores de valuación que venían presionando sobre el stock. Así, la compra de dólares del BCRA operó positivamente sobre el flujo, mientras que la valuación de las reservas tuvo un efecto menos adverso que en las jornadas precedentes.

La diferencia entre reservas brutas y netas vuelve a adquirir relevancia. Según estimaciones privadas citadas en el mercado, la recompra de Letras Intransferibles realizada a comienzos de la semana con dólares que el Tesoro había obtenido tras la cancelación de BOPREAL habría llevado las reservas netas a su mejor nivel desde septiembre de 2021.

Esto permite separar dos fenómenos que pueden moverse en direcciones diferentes: una caída diaria del stock bruto no necesariamente implica un deterioro equivalente de la posición financiera del Central. Para el mercado, la mejora de las reservas netas constituye una señal más significativa sobre la calidad del balance de la autoridad monetaria.

El dólar mayorista volvió a quedar debajo de $1.500

En el mercado cambiario, el dólar mayorista retrocedió 0,30% y cerró en $1.487,50 para la venta. La cotización volvió a ubicarse por debajo de los $1.500 en una jornada de menor volumen, en la que la oferta volvió a marcar el ritmo de la plaza.

El tipo de cambio oficial A3500 terminó en $1.512,59, mientras que el techo de la banda se ubicó en $1.879,97. La distancia entre ambos valores alcanzó el 24,29%, dejando un margen todavía considerable antes de alcanzar el límite superior del esquema.

Los dólares financieros, en cambio, tuvieron una evolución heterogénea. El MEP cayó 0,40% hasta $1.514,78, mientras que el contado con liquidación subió 0,32% hasta $1.585,42. El blue avanzó 0,65% y terminó en $1.545.

Con esos valores, la brecha entre el blue y el tipo de cambio oficial se amplió al 3,87%, mientras que el diferencial del contado con liquidación se ubicó en 4,66%. La dispersión sigue siendo acotada en términos históricos, aunque el comportamiento de las tasas mostró que el mercado comenzó a exigir una mayor compensación para permanecer posicionado en pesos.

La suba de tasas encarece la cobertura contra el dólar

El movimiento más significativo de la jornada apareció en el mercado de dinero. La TAMAR saltó hasta 24,19%, desde 23,19%, mientras que la BADLAR avanzó hasta 22,56%, frente al 21% previo.

La suba de las tasas es consistente con una estrategia orientada a sostener el atractivo de las posiciones en pesos y desalentar una dolarización inmediata de las carteras. Ese mecanismo también tuvo impacto en los futuros de dólar, que terminaron con bajas generalizadas.

Agosto cayó 0,20%, septiembre retrocedió 0,26% y los contratos correspondientes a 2027 también finalizaron en terreno negativo, con una variación general de 0,20%. La tasa implícita para agosto quedó en 1,74% mensual, equivalente a 20,88% anualizado, una señal de expectativas relativamente contenidas sobre la depreciación del peso.

El movimiento revela una tensión central del programa cambiario: el BCRA busca acumular reservas, pero al mismo tiempo procura evitar que esa estrategia genere una presión alcista sobre el dólar que termine trasladándose a los precios. Para ello, la tasa de interés se convierte nuevamente en una herramienta de regulación de los incentivos entre pesos y dólares.

Crédito en dólares: más oferta hoy, un riesgo potencial mañana

En paralelo, la habilitación de financiamiento en dólares para empresas que no sean necesariamente exportadoras agrega una variable nueva al mercado. La medida permite que las entidades financieras destinen hasta 15% de sus depósitos en moneda extranjera a estos nuevos créditos, bajo un esquema de requisitos prudenciales específicos.

El mecanismo puede ampliar la oferta de dólares en el mercado oficial si los préstamos son liquidados allí y, de esa manera, generar un flujo adicional que favorezca la acumulación de reservas. Pero el efecto depende de que exista demanda genuina de crédito y de que el comportamiento cambiario permanezca estable.

El riesgo aparece si el escenario se invierte. Mientras el dólar permanezca relativamente estable, una empresa puede encontrar conveniente endeudarse en moneda extranjera y utilizar los fondos para financiar capital de trabajo o inversiones. Ante un episodio de volatilidad, en cambio, la necesidad de comprar dólares para afrontar esos compromisos puede transformar ese flujo en una fuente adicional de demanda cambiaria.

Por eso, la ampliación del crédito en dólares puede funcionar como mecanismo de profundización financiera y, simultáneamente, exige una gestión prudente del riesgo de descalce de moneda. El desafío no está solamente en generar más crédito, sino en garantizar que el crecimiento de la intermediación no termine trasladando riesgo cambiario hacia empresas sin ingresos suficientes en dólares.

El desafío para el segundo semestre

El mercado llega así a una segunda mitad de agosto en la que convergen señales favorables y tensiones todavía abiertas. El BCRA acumula US$13.656 millones de compras en el año y las reservas netas habrían alcanzado su mejor posición desde 2021, pero el ritmo de adquisición mensual es menor al de julio y las tasas de interés volvieron a tensionarse.

El frente cambiario mantiene, por ahora, una dinámica relativamente controlada. El dólar mayorista permanece debajo de $1.500, la brecha continúa contenida y los futuros no reflejan un salto significativo en las expectativas de depreciación. Sin embargo, la suba del costo del dinero muestra que sostener esa estabilidad requiere una política monetaria más activa.

El escenario también está condicionado por las expectativas de inflación. El REM del BCRA proyecta una variación mensual de precios de 1,8% para agosto y un tipo de cambio oficial cercano a $1.652 hacia diciembre. La consistencia entre esas expectativas y la evolución efectiva del mercado será uno de los principales tests del esquema de bandas y acumulación de reservas.

La cuestión de fondo es si el Central puede sostener simultáneamente tres objetivos: comprar dólares, evitar una aceleración cambiaria y mantener el proceso de desinflación. La jornada del viernes mostró que todavía puede intervenir con fuerza cuando las condiciones de mercado lo permiten. La incógnita es cuánto margen tendrá para hacerlo de manera sostenida sin tensionar nuevamente las tasas ni trasladar presión al mercado cambiario.

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Bausili admite que la economía crece por debajo de lo esperado y defiende la flexibilización del crédito en dólares

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La economía argentina transita una recuperación que, aunque mantiene signo positivo, avanza a un ritmo menor al que esperaba el Gobierno. El diagnóstico fue planteado por Santiago Bausili, presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), durante una exposición ante empresarios y referentes productivos en la Bolsa de Comercio de Mendoza. En paralelo, el mercado cambiario mostró una moderación en la cotización del dólar mayorista, que cerró en $1.489 y volvió a alejarse de la barrera de los $1.500.

“La economía crece despacio, en torno al 2% anual, mucho más despacio de lo que nos gustaría”, sostuvo Bausili, en una definición que expone uno de los principales desafíos de la segunda mitad del año: transformar la estabilización macroeconómica en una expansión más vigorosa de la actividad y del crédito privado.

El encuentro fue encabezado por el presidente de la Bolsa de Comercio de Mendoza, Luis Romano; el gobernador Alfredo Cornejo; y el diputado nacional Lisandro Nieri, quien moderó la exposición. Frente a empresarios, Bausili repasó el desempeño del Banco Central y puso el foco en un problema menos visible que la inflación o el tipo de cambio, pero determinante para la recuperación: la persistencia de la cautela de hogares y empresas a la hora de invertir y endeudarse.

El titular del BCRA describió ese comportamiento como una suerte de “estrés postraumático” de la economía argentina. El temor a asumir deuda o comprometer capital continúa funcionando como un freno para la inversión, incluso después de la fuerte reducción de la inflación y de la normalización de algunas variables financieras. Para Bausili, modificar esas expectativas constituye una condición necesaria para que la estabilización se traduzca en crecimiento.

La respuesta que anticipó apunta a profundizar la desregulación del sistema financiero y reducir los costos de intermediación. “Sacar trabas y bajar costos” será, según planteó, una de las líneas de acción para favorecer el desarrollo del sector privado. El objetivo es que una mayor proporción del ahorro doméstico vuelva al circuito financiero formal y pueda convertirse en financiamiento para empresas y consumidores.

En ese marco adquiere relevancia la flexibilización de los préstamos en dólares. Bausili explicó que la nueva disposición permite a los bancos prestar hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera y consideró que, incluso con ese cambio, el esquema continúa siendo “restrictivo”. La definición resulta relevante porque el crédito en dólares puede ampliar las alternativas de financiamiento de empresas con ingresos vinculados a esa moneda, particularmente exportadoras o firmas integradas a cadenas de comercio exterior.

El desafío consiste en ampliar el crédito sin trasladar al sistema financiero riesgos cambiarios que puedan terminar deteriorando la estabilidad monetaria. La discusión planteada por los empresarios durante el encuentro giró precisamente alrededor de ese equilibrio, junto con el escenario electoral, la relación comercial con Estados Unidos y la presión tributaria que todavía condiciona la competitividad.

Bausili también se refirió a la inflación de julio, que alcanzó el 2,1%. Según explicó, el dato estuvo condicionado por factores puntuales, entre ellos la estacionalidad y el turismo, y aseguró que el Banco Central mantiene la expectativa de retomar el sendero descendente. La cuestión es central porque una inflación persistentemente baja no solo mejora el poder adquisitivo, sino que también permite extender los horizontes de planificación de las empresas y reducir la prima de riesgo incorporada en las decisiones de inversión.

El mercado cambiario, mientras tanto, ofrece una señal de relativa calma. El dólar mayorista cerró en $1.489, con una baja de $3, después de dos jornadas consecutivas de subas. La cotización se encuentra así 24,8% por debajo del techo de la banda cambiaria, establecido en $1.858,35. En el Banco Nación, el dólar minorista descendió $5 hasta $1.510 para la venta, mientras que el promedio informado por el BCRA se ubicó en $1.515,689.

En los mercados paralelos, el dólar blue se mantuvo en $1.540, mientras que el contado con liquidación operó en $1.583 y el dólar MEP en $1.521,39. La dispersión entre las distintas cotizaciones refleja que, aunque el mercado no atraviesa una situación de desborde, persiste una demanda de cobertura que obliga al equipo económico a administrar cuidadosamente las expectativas.

Los operadores consideran que el Gobierno busca evitar que el dólar supere de manera sostenida los $1.500 mediante herramientas de intervención en futuros y bonos dólar linked. La estrategia tiene un beneficio inmediato sobre las expectativas cambiarias, pero también plantea un dilema de política económica: contener la volatilidad sin generar una restricción excesiva sobre la liquidez ni elevar nuevamente el costo del dinero en pesos.

La capacidad de intervención del Banco Central constituye uno de los principales respaldos de esa estrategia. En lo que va de 2026, la autoridad monetaria acumula compras superiores a US$13.000 millones, mientras las reservas internacionales brutas se mantienen cerca de los US$50.000 millones. Esa posición ofrece un margen considerablemente mayor que el disponible durante otros episodios de tensión cambiaria, aunque no elimina la necesidad de administrar el mercado con prudencia.

El punto de fondo es que el Gobierno necesita que la estabilidad cambiaria deje de ser un objetivo en sí mismo y se convierta en una plataforma para recuperar inversión, productividad y crédito. La admisión de Bausili sobre un crecimiento cercano al 2% anual muestra que la estabilización todavía no se tradujo en la velocidad de expansión que esperaba el oficialismo.

Para las empresas, especialmente las que necesitan capital de trabajo o financiamiento para ampliar capacidad productiva, la próxima etapa estará definida menos por la discusión sobre el nivel puntual del dólar y más por la posibilidad de acceder a crédito a plazos y tasas compatibles con proyectos de inversión. La formalización del ahorro, la flexibilización del crédito en moneda extranjera y la reducción de costos financieros pueden convertirse en herramientas concretas para cerrar esa brecha.

El desafío de política económica es, entonces, pasar de una economía que dejó atrás los desequilibrios más extremos a otra capaz de crecer de manera sostenida. El propio diagnóstico del Banco Central reconoce que la estabilización todavía no alcanza: mientras persista el temor a invertir, endeudarse y asumir riesgos, la recuperación seguirá avanzando, pero a una velocidad inferior a la que necesita el sector productivo.

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El BCRA vuelve a expandir la base monetaria y el crédito acelera: qué muestran las cifras de julio

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El proceso de normalización monetaria comenzó a mostrar en julio una señal que, hasta ahora, había permanecido ausente: la base monetaria volvió a crecer en términos reales después de diez meses consecutivos de contracción. El dato aparece acompañado por una recuperación de la demanda transaccional de dinero y por una aceleración del crédito al sector privado, en un contexto que el Banco Central (BCRA) vincula con la consolidación del proceso de desinflación.

Según el Informe Monetario Mensual correspondiente a julio, publicado este viernes, la base monetaria aumentó 0,2% en términos reales y sin estacionalidad. En valores nominales, el stock se incrementó en $0,5 billones respecto del cierre de junio. El cambio adquiere relevancia porque interrumpe una secuencia de diez meses de contracción y lleva la base monetaria a representar el 3,9% del PIB, todavía 0,4 puntos porcentuales por debajo del nivel registrado en julio de 2025.

La expansión no respondió a una reapertura del financiamiento monetario al Tesoro. Por el contrario, el principal factor expansivo fue la compra neta de divisas al sector privado. Durante julio, el BCRA adquirió USD 2.162 millones, operación que generó una expansión monetaria de $3,2 billones. Parte de ese efecto fue compensado por las operaciones del Tesoro a través de su cuenta en pesos y por la esterilización realizada por la autoridad monetaria mediante operaciones de mercado abierto y repos.

El mecanismo resulta central para interpretar la fotografía monetaria de julio: la expansión de la base se produjo asociada a la acumulación de activos externos, mientras que el resto de las operaciones funcionó como contrapeso sobre la liquidez. En términos acumulados, las compras de divisas del BCRA alcanzaron USD 13.337 millones durante los primeros siete meses del año. Las reservas internacionales, en tanto, finalizaron julio en USD 47.599 millones, USD 2.729 millones por encima del cierre de junio.

El segundo dato relevante aparece del lado de la demanda de dinero. El M2 privado transaccional creció 1,8% real y sin estacionalidad en julio y acumuló tres meses consecutivos de expansión. La recuperación estuvo explicada principalmente por los depósitos a la vista transaccionales, que avanzaron 2,7% real, mientras que el circulante en poder del público aumentó 0,4%. El comportamiento es consistente, según el BCRA, con una recuperación de la demanda de dinero en un escenario de moderación de la inflación.

La contracara estuvo en los instrumentos remunerados. Los depósitos a plazo fijo del sector privado disminuyeron 0,4% real y sin estacionalidad, con una dinámica diferenciada entre hogares y empresas. Mientras las personas incrementaron levemente sus colocaciones, las empresas redujeron sus depósitos a plazo y aumentaron sus tenencias de depósitos a la vista remunerados. Como resultado, el M3 privado cayó apenas 0,1% real en julio y se ubicó en el equivalente a 12,9% del PIB, 1,9 puntos porcentuales por encima del mínimo observado en abril de 2024.

El crédito privado aportó otra señal de mayor profundidad financiera. Los préstamos en pesos crecieron 1,2% real y sin estacionalidad durante julio, con un incremento promedio de $3,0 billones. El BCRA señaló que se trató del mayor crecimiento mensual desde fines de 2025 y que, en términos interanuales, el crédito en pesos mantuvo una expansión real de 1,7%. Su participación sobre el PIB permaneció en 9,2%, mientras que al incorporar los préstamos en moneda extranjera el crédito total al sector privado alcanzó 12,5% del producto.

La composición del crédito también ofrece una lectura relevante para la actividad económica. Por tercer mes consecutivo, los préstamos comerciales fueron el principal motor de la expansión, con una suba de 2% mensual real y sin estacionalidad. Dentro de esa categoría, los adelantos en cuenta corriente crecieron 7,6%, mientras que las financiaciones mediante documentos prácticamente no se movieron.

El crédito hipotecario, por su parte, continuó exhibiendo una trayectoria expansiva. Los préstamos con garantía real aumentaron 0,8% real en julio, impulsados por las financiaciones para vivienda, que crecieron 2,1% mensual y acumularon más de dos años de variaciones positivas. En términos interanuales, el crédito para la compra de vivienda avanzó 50,2% real, principalmente por el comportamiento de los préstamos ajustables por UVA.

En paralelo, el financiamiento en dólares mantuvo un ritmo particularmente intenso. Los préstamos al sector privado en moneda extranjera aumentaron USD 1.115 millones durante julio y alcanzaron un stock de USD 24.826 millones, con un crecimiento interanual de 45,4%. El BCRA señaló que la expansión se explica principalmente por documentos a sola firma destinados a financiar operaciones de comercio exterior, en una trayectoria ascendente prácticamente ininterrumpida desde enero de 2024.

La otra pieza del esquema monetario que comienza a tomar forma es institucional. Durante julio, el Gobierno envió al Congreso un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA que establece la preservación del valor de la moneda como misión primaria y fundamental de la entidad. El texto propone prohibir el financiamiento al Tesoro mediante Adelantos Transitorios, eliminar mecanismos de transferencia de reservas y restringir la distribución de utilidades a aquellas realizadas y líquidas, una vez constituidas las reservas correspondientes.

El proyecto busca, en términos del propio informe, impedir que el financiamiento del Gobierno por parte del Banco Central genere expansiones monetarias que no estén respaldadas por una mayor demanda de dinero. La propuesta también contempla transitoriamente la posibilidad de utilizar utilidades bajo el criterio normativo vigente para cancelar saldos pendientes de Adelantos Transitorios y Letras Intransferibles, con el objetivo de mejorar la calidad del activo del BCRA.

El cuadro de julio, por lo tanto, combina tres movimientos que merecen ser observados en conjunto: una base monetaria que deja atrás diez meses de contracción, una demanda transaccional que acumula tres meses de crecimiento y un crédito privado que vuelve a ganar dinamismo. La clave para la sostenibilidad de esta trayectoria estará en que la mayor cantidad de dinero y crédito continúe acompañada por una demanda monetaria creciente, acumulación de reservas y una disciplina que limite la creación de pesos desvinculada de la actividad económica.

Para Misiones y el NEA, el dato más tangible aparece en el canal crediticio. La recuperación de los préstamos comerciales puede traducirse en mayor disponibilidad de capital de trabajo para empresas, mientras que el crecimiento del financiamiento en dólares mantiene una conexión directa con actividades vinculadas al comercio exterior. El desafío ya no es solamente que el crédito vuelva a crecer, sino que esa expansión logre transformarse en inversión, producción y capital de trabajo a costos compatibles con la rentabilidad de las economías regionales.

El informe del BCRA deja así una fotografía menos centrada en la cantidad absoluta de pesos y más en su composición: mientras la base monetaria recupera terreno, los depósitos transaccionales crecen, el crédito privado gana profundidad y las reservas aumentan. La evolución de estos cuatro indicadores será determinante para saber si la recuperación monetaria de julio representa apenas un cambio estadístico o el comienzo de una etapa de mayor intermediación financiera con estabilidad nominal.

Informe Monetario Mensual 2026 07 by CristianMilciades

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Finanzas logró un rollover del 144,5% y captó $12,21 billones en una licitación con fuerte demanda por instrumentos de cobertura

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La Secretaría de Finanzas cerró una nueva licitación de deuda con un resultado que refuerza la estrategia de financiamiento del Tesoro en el mercado doméstico. En la operación adjudicó instrumentos por un valor efectivo total de $12,21 billones, tras recibir ofertas por $13,98 billones, alcanzando un rollover del 144,53% sobre los vencimientos del día. El resultado implica que el Estado no solo refinanció la totalidad de sus compromisos inmediatos, sino que obtuvo financiamiento adicional, fortaleciendo su posición financiera sin recurrir a emisión monetaria.

La elevada participación del mercado volvió a reflejar el interés de los inversores por una cartera diversificada de instrumentos que combina tasas fijas, cobertura frente a la inflación y protección cambiaria. En un escenario donde persisten las expectativas sobre la evolución de la inflación y el tipo de cambio, el menú ofrecido por el Tesoro permitió captar demanda de distintos perfiles de inversión.

Entre los instrumentos en pesos, la nueva Lecap con vencimiento el 16 de octubre de 2026 fue uno de los principales vehículos de financiamiento. El Tesoro adjudicó $4,61 billones con una tasa efectiva mensual de 2,05%, equivalente a una Tasa Interna de Retorno Efectiva Anual (TIREA) de 27,57%, consolidándose como uno de los pilares de la colocación.

En los títulos indexados, el bono dual CER/TAMAR con vencimiento en diciembre de 2028 obtuvo adjudicaciones por $867.189 millones, con una tasa real del 5,40% sobre la pata CER. Estos instrumentos continúan siendo una alternativa para quienes buscan cobertura frente a una eventual aceleración inflacionaria sin resignar rendimiento real.

La mayor demanda se concentró, sin embargo, en el nuevo bono dual TAMAR/Dólar Linked con vencimiento en enero de 2028. El instrumento captó $4,72 billones y fue adjudicado con un margen del 6,64% sobre la pata vinculada al dólar, reflejando el interés del mercado por activos que combinan cobertura frente a movimientos del tipo de cambio y la evolución de las tasas de interés.

La licitación también incluyó dos Letras Dólar Linked. La reapertura del instrumento con vencimiento en septiembre de 2026 obtuvo adjudicaciones por $671.207 millones con una TIREA de 7,25%, mientras que la nueva letra con vencimiento en enero de 2027 captó $1,33 billones a una TIREA de 5,51%. Ambos títulos permiten a los inversores proteger el capital frente a variaciones del tipo de cambio oficial, aunque la suscripción se realiza en pesos.

En paralelo, el Tesoro volvió al mercado de deuda denominada en moneda estadounidense mediante la reapertura del BONAR 2029 (AO29). La colocación recibió ofertas por US$347,5 millones y finalmente adjudicó US$309,2 millones a un precio de corte de US$945 por cada valor nominal de US$1.000, equivalente a una Tasa Nominal Anual de 8,02% y una TIREA de 8,33%.

La operación no concluye con esta primera rueda. La Secretaría de Finanzas confirmó que este jueves se realizará una segunda vuelta destinada a personas humanas y jurídicas interesadas en adquirir el AO29 por adhesión al precio de corte establecido en la licitación inicial. En esa instancia podrán colocarse hasta US$150 millones adicionales, siempre que no se supere el monto máximo autorizado para la emisión.

Desde el punto de vista macroeconómico, el resultado representa una señal relevante para la estrategia financiera del Gobierno. Un rollover superior al 100% permite refinanciar íntegramente los vencimientos sin recurrir al financiamiento directo del Banco Central y, al mismo tiempo, obtener recursos adicionales para fortalecer la caja del Tesoro. Este mecanismo constituye uno de los pilares del actual programa económico, orientado a sostener el equilibrio fiscal y reducir la dependencia de la emisión monetaria.

La composición de la demanda también deja entrever las preferencias actuales del mercado. Mientras los instrumentos a tasa fija continúan siendo elegidos para horizontes de corto plazo, los bonos duales y dólar linked concentran el interés de los inversores que buscan cobertura frente a eventuales cambios en las variables macroeconómicas. La coexistencia de estas alternativas permite al Tesoro ampliar su base de financiamiento y administrar con mayor flexibilidad el perfil de vencimientos de la deuda en moneda local.

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El Banco Central interrumpió una racha histórica de compras de dólares

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) puso fin este martes a una de las rachas compradoras más extensas de los últimos años en el mercado cambiario. Después de 135 ruedas consecutivas adquiriendo divisas en el Mercado Libre de Cambios (MLC), la autoridad monetaria no realizó compras, interrumpiendo un proceso de acumulación de reservas que había comenzado el 2 de enero con la denominada “fase 4” del programa monetario.

La pausa marca un punto de inflexión en una estrategia que permitió al organismo incorporar US$13.128 millones al mercado oficial durante poco más de siete meses. El volumen acumulado se ubica dentro del rango previsto por el Gobierno nacional, que estimaba una capacidad de compra de entre US$10.000 millones y US$17.000 millones, dependiendo de la evolución de la demanda de dinero y de las condiciones de liquidez del mercado cambiario.

El desempeño de julio había mostrado incluso una aceleración respecto del promedio anual. Durante el séptimo mes del año, el Banco Central acumuló compras por US$1.963 millones, superando ampliamente los US$1.418 millones registrados en junio. El promedio diario ascendía a US$116 millones, por encima de los US$97 millones que había promediado la entidad desde comienzos de año.

El corte de la racha no respondió a un cambio en la estrategia cambiaria sino a una mayor demanda de dólares por parte del sector energético, que limitó la capacidad del Banco Central para continuar absorbiendo divisas en la jornada. Como consecuencia, las reservas internacionales finalizaron el día en US$48.931 millones, registrando una disminución diaria de US$234 millones.

Pese a esa caída puntual, el nivel de reservas continúa mostrando una mejora significativa respecto del inicio del año y constituye uno de los principales respaldos del actual esquema cambiario. Para la política económica, la acumulación de activos internacionales representa un elemento clave para fortalecer la estabilidad financiera, mejorar la capacidad de respuesta frente a eventuales episodios de volatilidad y consolidar la credibilidad del programa macroeconómico.

La interrupción de las compras también se produjo en un contexto de relativa estabilidad cambiaria. El dólar mayorista permaneció por debajo de los $1.500 y continuó operando con un amplio margen respecto del techo de la banda de flotación, ubicándose aproximadamente un 22,9% por debajo del límite superior, fijado actualmente en $1.841,17. Esa distancia refleja que el mercado sigue desenvolviéndose dentro de los parámetros previstos por el régimen cambiario vigente.

En el segmento minorista tampoco se observaron movimientos relevantes. El Banco Nación mantuvo la cotización de venta en $1.520, mientras que el denominado dólar tarjeta se ubicó en $1.976 para consumos en el exterior. A su vez, el promedio relevado por el Banco Central entre las entidades financieras cerró en $1.520,82 por dólar para la venta al público.

Desde una perspectiva económica, la pausa en las compras no modifica por sí sola la tendencia de acumulación de reservas que caracterizó al Banco Central durante gran parte de 2026. En los programas de estabilización, la capacidad de incorporar divisas suele depender tanto de la oferta de exportaciones como del comportamiento estacional de la demanda de importadores y de sectores específicos, como el energético, que en determinados períodos requieren mayores pagos al exterior.

En ese sentido, el desafío para la autoridad monetaria continúa siendo sostener la acumulación de reservas sin alterar el funcionamiento del mercado cambiario. La evolución de las próximas ruedas permitirá evaluar si la interrupción observada este martes responde únicamente a factores coyunturales o marca el inicio de una etapa con menor capacidad de compra, en un contexto donde la fortaleza del balance del Banco Central sigue siendo uno de los pilares sobre los que descansa la estabilidad del programa económico.

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