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Dólar: el oficial cerró a $1.360 y el blue quedó en $1.345, con reservas en caída

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El mercado cambiario cerró el mes con tensiones renovadas. A pesar de las medidas regulatorias y la intervención del Banco Central, el dólar oficial finalizó agosto en $1.360 en Banco Nación, marcando una suba de $15 en la última jornada. El movimiento refleja el delicado equilibrio entre política monetaria, expectativas electorales y la presión de los mercados paralelos.

La rueda del viernes mostró oscilaciones significativas. El dólar minorista en Banco Nación arrancó en baja —tocando un mínimo de $1.335 en la mañana—, pero luego se recuperó y terminó en $1.360 para la venta y $1.320 para la compra. El promedio en bancos se ubicó en $1.341, mientras que el dólar mayorista cerró en $1.343, acumulando en agosto una baja del 2,2%.

En el segmento financiero, el dólar MEP avanzó 0,5% hasta $1.351,07 y el contado con liquidación (CCL) subió 0,6% a $1.356,06. Por su parte, el dólar blue retrocedió levemente y se mantuvo en torno a los $1.345, prácticamente en línea con el oficial .

La evolución se dio en paralelo con una nueva caída de reservas: el Banco Central perdió casi USD 300 millones, quedando con un stock de USD 40.961 millones. Este dato alimentó la incertidumbre respecto de la capacidad de intervención oficial en el mercado cambiario durante el tramo final del año.

Impacto en bonos, acciones y riesgo país

La tensión cambiaria repercutió sobre los activos financieros. El índice S&P Merval retrocedió 1,4% en la última rueda de la semana, revirtiendo parte de la recuperación parcial que había mostrado el día anterior. En lo que va del año, el panel líder acumula una pérdida superior al 22% medida en pesos, reflejando la desconfianza inversora en un contexto electoral incierto.

En el mercado de deuda, los bonos soberanos se mantuvieron sin repuntes relevantes, en línea con la cautela generalizada. El riesgo país se estabilizó en torno a los 850 puntos básicos, un nivel elevado que muestra el escepticismo del mercado sobre la sostenibilidad de la deuda argentina .

Al mismo tiempo, las acciones argentinas que cotizan en Wall Street registraron subas de hasta 6,3%, evidenciando cierta diferenciación entre inversores externos e internos respecto a la dinámica del mercado local.

Expectativas políticas y desafíos hacia adelante

La inestabilidad del dólar coincidió con una semana marcada por denuncias políticas y la cercanía de las elecciones legislativas de septiembre. Analistas sostienen que el tipo de cambio se convirtió en un termómetro de la confianza en la capacidad del Gobierno para sostener su programa económico.

“El Banco Central está interviniendo de manera quirúrgica para evitar saltos bruscos, pero el margen se reduce ante la caída de reservas y el aumento de la dolarización preelectoral”, señaló un operador del mercado consultado.

El ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del BCRA, Santiago Bausili, buscan transmitir calma con un esquema de tipo de cambio administrado. Sin embargo, la brecha reducida entre el oficial y el blue sugiere que los mecanismos de control cambiario podrían enfrentar nuevas presiones si se intensifica la demanda de divisas.

Con el cierre de agosto, el mercado anticipa un septiembre de alta sensibilidad. La estabilidad del dólar oficial dependerá de la capacidad del Gobierno para sostener las intervenciones, controlar la emisión monetaria y, sobre todo, anclar expectativas en medio del calendario electoral.

El escenario plantea un dilema: si bien el oficialismo logró mantener una brecha cambiaria relativamente contenida, la pérdida de reservas y el aumento de la volatilidad financiera dejan abierta la posibilidad de un reacomodamiento más brusco en caso de que la incertidumbre política se profundice.

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Presión cambiaria: provincias y empresas afrontan vencimientos récord en septiembre

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Entre septiembre y octubre, las provincias argentinas deberán afrontar pagos de deuda por USD 670 millones, lo que ejercerá una presión significativa sobre las reservas del Banco Central en un contexto de baja liquidación de exportaciones y metas exigentes del FMI.

Septiembre se perfila como el mes más exigente del año para las arcas del Banco Central (BCRA) en términos de pagos provinciales de deuda. Según estimaciones privadas, los gobiernos subnacionales deberán comprar cerca de USD 670 millones en el mercado único y libre de cambios antes de las elecciones legislativas de octubre, y más de USD 1.020 millones en total hasta fin de año.

La provincia de Buenos Aires concentrará un tercio de esas erogaciones con un vencimiento clave el 1° de septiembre por casi USD 380 millones.

El acceso de las provincias a dólares para cancelar capital e intereses de sus bonos en moneda extranjera fue objeto de controversia en 2023, cuando la gestión de Miguel Pesce al frente del BCRA limitó la operatoria y pidió a los gobernadores utilizar divisas propias. Esa política derivó incluso en una demanda judicial de Córdoba contra el Central.

Con el cambio de administración nacional, el mecanismo volvió a normalizarse, aunque persiste la presión sobre las reservas netas, especialmente en períodos de elevada concentración de vencimientos.

Bonos garantizados y casos particulares

No todas las provincias impactan del mismo modo en el mercado de cambios. En Neuquén, por ejemplo, parte de la deuda está garantizada con regalías hidrocarburíferas, canalizadas a través de un fideicomiso que paga directamente a los acreedores.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, las provincias recurren al mercado cambiario oficial, incidiendo en la demanda de divisas y en el valor del tipo de cambio flotante.

El tercer trimestre del año suele caracterizarse por un menor ingreso de divisas debido al fin de la temporada alta de liquidaciones agrícolas. Esta menor oferta del sector privado coincide con un incremento estacional de la demanda por importaciones, turismo y, ahora, fuertes pagos provinciales y corporativos en dólares.

Según datos de mercado, las empresas privadas con obligaciones negociables en moneda extranjera también afrontarán picos de vencimientos en septiembre y octubre, por más de USD 260 millones mensuales, acelerándose a USD 400 millones en noviembre y diciembre.

El desafío de las metas del FMI

El último acuerdo con el Fondo Monetario Internacional recortó en USD 6.500 millones la meta anual de acumulación de reservas netas, pero el Gobierno todavía debe sumar USD 6.600 millones en lo que resta de 2025 para cumplir con el objetivo reformulado.

La consultora Invecq advirtió que el número “solo sería viable si se reabre el financiamiento externo tras las elecciones”. Por su parte, 1816 calculó que, para que las reservas netas crezcan USD 3.500 millones y se cumpla la meta, el Ejecutivo debería obtener USD 6.000 millones adicionales vía compras en el mercado, endeudamiento o privatizaciones.

La consultora Empiria, dirigida por Hernán Lacunza, informó que las reservas netas del BCRA se ubican actualmente en USD 7.200 millones negativos. Con la nueva meta —que fija un piso de USD 3.400 millones negativos para diciembre— será necesario acumular USD 5.900 millones adicionales.

Empiria subrayó que el incumplimiento previo llevó a un cambio en la estrategia cambiaria: el Tesoro pasó a realizar compras directas de divisas, dejando al BCRA al margen. Si bien el FMI avala estas operaciones, recomendó al Central adoptar un esquema de compras calendarizadas y predecibles, como hacen países con tipo de cambio flexible como Chile, Colombia y México.

Con el calendario de pagos concentrado en el corto plazo, la volatilidad cambiaria podría intensificarse en septiembre y octubre. Si el Gobierno no logra reforzar las reservas mediante financiamiento externo o mayores exportaciones, la presión sobre el tipo de cambio oficial y los dólares financieros podría escalar.
La dinámica electoral y las expectativas del mercado serán determinantes para evaluar la sostenibilidad de la estrategia de intervención y el cumplimiento de las metas con el FMI.

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Reservas: Argentina sólo alcanza el 54% del nivel ideal del FMI

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Un estudio de GMA Capital advierte que el país sólo cuenta con el 54% del nivel “ideal” estimado por el FMI, lo que lo ubica en los últimos puestos de América Latina. El organismo multilateral otorgó un waiver por incumplir la meta de acumulación, pero exige un rol más activo del Banco Central.

Argentina se ubica entre los países con menor nivel de reservas internacionales en la región, de acuerdo con un informe de la consultora GMA Capital basado en parámetros del Fondo Monetario Internacional (FMI). El stock actual asciende a USD 42.114 millones, lo que representa apenas el 54% de lo que el organismo considera adecuado para garantizar estabilidad cambiaria y monetaria.

El dato se conoce tras la última revisión del acuerdo, en la que el FMI otorgó un waiver —exención de penalidad— por un incumplimiento equivalente a USD 3.600 millones respecto de la meta intermedia.

Contexto regional: la brecha con los vecinos

Mientras Chile alcanza un 79% del nivel considerado óptimo, Brasil llega al 120% y Uruguay lidera con un 181%. En promedio, América Latina presenta un ratio de reservas equivalente al 121% de lo recomendado. Según GMA Capital, para que Argentina igualara ese promedio, el Banco Central debería acumular cerca de USD 93.100 millones.

La consultora advierte que un nivel elevado de reservas —entre 100% y 150% del estándar— permite cubrir al sistema ante posibles shocks como salidas de capitales, menor rollover de deuda, déficit comercial o crisis de confianza en la moneda local.

En su último Staff Report, el FMI pidió que el Banco Central adopte una estrategia más activa de acumulación de divisas, priorizando compras en el mercado de cambios bajo un esquema anticipado, como aplican Chile, Colombia y México. Como referencia, Chile anunció un plan de compras diarias de USD 25 millones hasta 2028.

El organismo también suprimió la meta intermedia prevista para septiembre y redujo en USD 5.000 millones el objetivo de fin de año, aunque mantuvo sin cambios la meta final para 2027. Esto implica que el incremento pendiente para 2025 rondará los USD 3.600 millones.

En línea con esta estrategia, el Gobierno concretó la semana pasada una operación de deuda interna entre el Ministerio de Economía y el Banco Central. Utilizando el segundo desembolso del FMI, el Tesoro canceló parte de las Letras Intransferibles en poder de la autoridad monetaria, permitiendo al BCRA incrementar sus reservas netas.

“El proceso de recapitalización fortalece el respaldo de los pasivos del Banco Central, incluyendo los depósitos de personas y empresas”, explicó el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, quien detalló que ambas operaciones redujeron deuda bruta del Tesoro en USD 2.886 millones y recapitalizaron al BCRA por USD 14.000 millones.

Para alcanzar las metas revisadas, el Gobierno evalúa combinar compras de divisas en el mercado oficial, emisiones de deuda externa y eventuales procesos de privatización. Los vencimientos del Tesoro y el BCRA hasta fin de año suman aproximadamente USD 4.400 millones, lo que condiciona el margen de maniobra.

La sostenibilidad de esta estrategia dependerá del flujo de exportaciones, el acceso a mercados de capital y la estabilidad política, en un año marcado por la discusión de reformas estructurales en el Congreso.

El riesgo país y la política en la mira de los inversores

El bajo nivel de reservas se combina con la expectativa electoral. Con las elecciones legislativas de medio término programadas para octubre, el mercado sigue de cerca las encuestas y el eventual fortalecimiento del oficialismo en el Congreso, tras sufrir 12 votaciones adversas en Diputados en temas clave como la desregulación del INTA, INTI, organismos culturales, el Banco Nacional de Datos Genéticos, la Marina Mercante y Vialidad Nacional.

Por ahora, el riesgo país se mantiene estable en torno a 730 puntos, lejos de los casi 1.000 que alcanzó antes de la Fase 3 del programa económico. Según GMA Capital, la experiencia de los últimos 15 años muestra que, en promedio, el indicador tiende a comprimirse 126 puntos en los tres meses previos a las elecciones y 53 puntos adicionales en los tres meses posteriores.

El FMI confía en que las nuevas metas más flexibles y un Banco Central más activo permitan reforzar las reservas y mejorar la estabilidad financiera. Sin embargo, el cumplimiento dependerá de la capacidad de gestión del equipo económico, la evolución del comercio exterior y la reacción del mercado ante los resultados de octubre.

El desafío es doble: recuperar reservas sin frenar la actividad económica y, al mismo tiempo, sostener la confianza política que permita acceder a financiamiento en condiciones más favorables.

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Tasas reales y riesgo político

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Aunque la incidencia del riesgo político y de las turbulencias internacionales no pueden descartarse, otro factor que puede explicar el aumento en el riesgo país es la escasa acumulación de reservas del BCRA. Sería deseable que el gobierno iniciara el camino que, en ese sentido, se ha acordado con el FMI, pero ello impactará en el tipo de cambio nominal y seguramente el techo de la banda empezará a hacer ruido.

Desde comienzos de año se ha observado un aumento en el riesgo país, el que se ubica más de 150 puntos básicos por encima de los mínimos alcanzados en enero. Además, hace unos meses que las tasas de interés pasivas son mayores a la inflación del mes, incluso antes de las turbulencias que generara el
reemplazo de las Letras Fiscales de Liquidez por otros títulos del Tesoro.

¿Cuánto de este fenómeno se explica por el riesgo político y cuánto por debilidades de la economía argentina?

No es fácil responder a esta pregunta con precisión. Sin embargo, se pueden mencionar algunos puntos.

  1. Entendido como un retorno a políticas populistas, el riesgo político también existía a comienzos de año. Las elecciones de medio término pueden ayudar a reducirlo, pero seguramente habrá que esperar a las presidenciales de 2027. De hecho, las encuestas disponibles sugieren que el gobierno tiene altas chances de ganar en octubre de 2025 y los mercados habitualmente se adelantan.
  2. Las turbulencias en la economía mundial no parecen explicar lo ocurrido. Comparado con el promedio del mes de enero, el riesgo país argentino aumentó alrededor de 20%, mientras que se redujo en Brasil, Colombia, Chile, México y Perú entre 4 y 11%.
  3. El acuerdo con el FMI fue mejor de lo esperado a comienzos de año, con un monto total significativo y desembolsos al comienzo del programa de una magnitud no habitual. Esto debió ayudar a reducir el riesgo.
  4. La eliminación del cepo para personas físicas y la flotación entre bandas pueden explicar que las tasas reales en pesos se hayan convertido en positivas, pero ello no puede justificar que sean tan altas como para empezar a generar dudas respecto de la morosidad de los créditos, el nivel de actividad y la solvencia fiscal.
  5. Desde que se iniciara la flotación entre bandas, el peso se ha depreciado en forma considerable sin que ello haya impactado todavía en la tasa de inflación general o en la inflación núcleo. Eso ha permitido lograr una depreciación del tipo de cambio real multilateral del orden del 15% desde mediados de abril, que es saludable dados los cambios observados en las cuentas externas.

El otro factor que puede explicar el aumento en el riesgo país es la escasa acumulación de reservas del BCRA, que decidió no comprar divisas a menos que el tipo de cambio tocara el piso de la banda de flotación. El gobierno ha tratado de cumplir con la meta de reservas por medio de colocación de deuda y compras del Tesoro (lo que alivia la presión futura de éste sobre la autoridad monetaria en los momentos en que hay que servir la deuda externa).

Sin embargo, el programa firmado con el FMI era claro. La ambiciosa meta de acumulación de reservas que alcanzaba a más de US$ 80.000 millones a finales de 2030 se lograría por medio del señoreaje; es decir, con el BCRA emitiendo para comprar divisas y al mismo tiempo satisfacer un aumento en la demanda transaccional de dinero. Una acumulación a costo cero para el sector público consolidado.

Sería deseable que el gobierno iniciara ese camino, pero ello impactará en el tipo de cambio nominal y seguramente el techo de la banda empezará a hacer ruido. Luego de las elecciones habrá que definir qué hacer. Si avanzar hacia una flotación sin bandas con licitaciones programadas para la compra de dólares en el mercado o si corregir al alza el techo de la banda, lo que a su vez plantea otra definición: si se hace aumentando el ritmo de depreciación mensual o con un salto nominal. Y si se opta por mantener la banda, el techo habría que modificarlo antes de que el tipo de cambio mayorista se acerque a él porque si no se afectará la credibilidad del nuevo techo.

Lo que es claro es que si son necesarias tasas reales tan elevadas para sostener el tipo de cambio dentro de la banda de flotación algo anda mal con el programa.

Después de octubre sabremos cuánto aportaba el riesgo político, pero, por las dudas, mejor vayamos pensando cuál debería ser la política monetaria/cambiaria post elecciones.

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Las dudas en el horizonte de eventos

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Escribe Juan Luis Bour, director de Fundación FIEL – Desde el segundo semestre de 2024, la economía rebotó, dando lugar a una caída del PBI de solo 1.3% -bastante menor a la que podía preverse para un año de fuertes ajustes en lo fiscal y monetario-. Fue incluso menor a la de 2023 (-1.9%) en que regían los recurrentes planes oficiales de estímulo a la actividad que prevalecieron en la gestión de los Fernandez.

Sin embargo, tras la fuerza de la recuperación que dio lugar a crecimientos trimestrales desestacionalizados de 3.9% y 2% en los últimos dos cuartos de 2024, 2025 se inició con una recuperación trimestral de 0.8%, que habría continuado con un aumento desestacionalizado de apenas la mitad en el segundo trimestre del año, indicando una desaceleración que, en algún momento, se puede confundir con un frenazo. Aparte de alguna desaceleración en la variación trimestral de inversión y consumo privado, la variación negativa de las importaciones netas (importaciones de bienes y servicios van muy arriba de las exportaciones) empieza a cobrar peaje.

¿Se trata de la evolución esperada en el contexto de un proceso de reformas y previo a elecciones de medio término en setiembre (PBA) y octubre (nacional) que pueden marcar quiebres políticos y también en la capacidad de impulsar reformas, o refleja alguna “fatiga de ajuste”, o es más bien algo relacionado al mismo programa económico que mantiene condiciones que no despejan la incertidumbre?

La pregunta encierra dudas que, en parte, se encuentran reflejadas en la volátil evolución del índice de riesgo país que, tras tocar un mínimo en enero, volvió a subir para estancarse en 730 puntos básicos en julio, unos 340 puntos arriba del riesgo Latino, lejos aún del nivel que podría permitir abrir la puerta del financiamiento voluntario sin colaterales, acercando la macro a un escenario menos incierto. Queda siempre la cuestión de que la baja de riesgo –de tener lugar- debería resultar además sostenible en el tiempo para regenerar el clima de que “esta vez es diferente”. Para ello, se requiere la percepción de que los cambios están para quedarse, es decir que puede haber una duda razonable acerca de que la percepción de riesgo responde más a las alternativas polares en política (kirchnerismo versus resto) que a la evolución del programa económico. Si eso fuera todo, si la política (la posible, no la “ideal” cualquiera sea su definición) fuera la condición suficiente para despejar el horizonte de corto plazo, en pocos meses nos alcanzaría para testear la hipótesis.

Como ya muchos han señalado, sin embargo, es posible que la incertidumbre económica refleje no solo el estado y perspectivas inciertas en el terreno político, sino también dudas acerca del devenir del programa económico y de su implementación. El Fondo parece haberse sumado a estas dudas recientemente, a juzgar por su referencia al hecho que “sigue siendo necesaria mayor claridad sobre el régimen monetario y cambiario a mediano plazo”.

Nadie pudo pensar razonablemente que, con el prontuario argentino de ocho décadas de zigzags y fracasos, el proceso de reformas seria rápido y lineal. Y, en efecto, la no linealidad, la necesidad de cambios permanentes genera dudas, en particular cuando las correcciones al programa son siempre para un escenario muy corto. Prueba de ello, la sucesión de Fases que se perciben como transitorias y van reclamando adaptaciones mayores.

Actualmente estamos en Fase 3, o quizás desde julio ingresamos ya a la Fase 4 o a sus prolegómenos -sin decirlo-, a apenas tres meses de implementar la “fase” anterior. Y probablemente (o si se quiere, seguramente) vendrán nuevos ajustes, ya que no solo estamos en proceso de “discovery” del tipo de cambio de equilibrio, sino que es el mismo programa económico el que está en proceso de descubrimiento desde la vaga y primitiva idea de dolarización hasta llegar a un escenario más ordenado, previsible y flexible como el que se está procurando diseñar e instalar, en busca de un marco macroeconómico sostenible.

Todo programa debe ajustarse frente a shocks que pueden generar descarrilamientos momentáneos. Pero también debe ser corregido cuando se encamina a enfrentar sobresaltos por no advertir a tiempo los desequilibrios. Esta parte de la volatilidad –no la que proviene de shocks o de la adaptación al cambio, que puede ser parte natural del proceso- es la que debe ser evitada.

La actual gestión fue introduciendo reformas significativas en diversas áreas de la economía desde lo fiscal, lo monetario, la política comercial y los mercados regulados. Toda reforma requiere tener claro desde el comienzo la secuencia de los cambios -qué es lo que va primero y qué viene después-, cuánto tiempo precisa cada reforma para estar en operaciones, y desde ya requiere saber qué significa la “reforma” desde que se inicia el proceso, tanto en términos de contenido como –una proyección al menos- de su impacto sobre el resto de los mercados.

En otras palabras, el plan debe en lo posible ser conocido desde el comienzo si se quiere bajar la incertidumbre, y no basta con enumerar las áreas de la reforma que son por todos conocidas desde hace décadas -tributaria, laboral, previsional, comercio, regulaciones, para mencionar solo un puñado de ellas- para decir que el programa está determinado.

En otros términos, quizás la incertidumbre que nos rodea no provenga solo de la política. En la
medida que nos acercamos al “horizonte de eventos” que no nos permita escapar del agujero
negro, quizás haya que considerar que hay algo más. En palabras del presidente Clinton, it’s
the economy.

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