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El dólar mayorista subió a $1.495 y el mercado vuelve a tensionarse por las tasas en pesos

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El dólar mayorista volvió a subir este martes y registró su mayor avance en dos semanas, aunque logró cerrar por debajo de los $1.500. El tipo de cambio avanzó $7,50 hasta los $1.495 en el segmento de contado, en una jornada atravesada por la intervención oficial y por una nueva tensión en las tasas de interés en pesos.

El movimiento se produjo luego de que el mercado consolidara al nivel de $1.500 como una referencia de corto plazo. Con el cierre de la jornada, el mayorista quedó a 24,8% del techo de la banda cambiaria, establecido este martes en $1.865,14. El volumen operado en el segmento de contado superó los US$343,6 millones.

La estabilidad relativa del dólar empieza, sin embargo, a mostrar una contracara financiera. La liquidez en pesos volvió a encarecerse y las tasas de cauciones, repos y plazos fijos institucionales comenzaron a reflejar esa presión. En algunas operaciones, la tasa nominal anual se ubicó cerca del 25%, mientras el mercado espera nuevos movimientos alcistas de la TAMAR.

La tensión resume uno de los dilemas centrales de la política económica: contener la volatilidad cambiaria sin generar una suba excesiva del costo del dinero y, al mismo tiempo, preservar capacidad para continuar acumulando reservas. Las herramientas utilizadas por el Banco Central y el Tesoro buscan administrar simultáneamente esas tres variables.

En el mercado de futuros, los contratos operaron con mayoría de subas de hasta 0,4% en los tramos correspondientes a 2026 y 2027. El volumen negociado rondó los US$600 millones y las cotizaciones implícitas ubicaron al dólar en torno a $1.508 para fines de agosto y en $1.623,50 para diciembre.

La señal que buscan interpretar los operadores es si los movimientos del tipo de cambio responden exclusivamente a la oferta y la demanda privadas o si existe una intervención oficial destinada a mantener al mayorista por debajo de determinados niveles. Esa distinción resulta relevante porque modifica la lectura sobre la sostenibilidad del esquema cambiario y sobre la formación de expectativas.

En el segmento minorista, el dólar llegó a $1.515 para la venta en el Banco Nación, mientras el dólar tarjeta se ubicó en $1.969,50. El promedio informado por las entidades financieras relevadas por el Banco Central fue de $1.515,02.

Los dólares financieros también acompañaron la tendencia. El MEP avanzó 0,2% hasta $1.517,76 y el contado con liquidación subió 2,4% hasta $1.607,10. En el mercado informal, el dólar blue aumentó $10 y alcanzó los $1.555, según el relevamiento citado.

El costo de sostener el dólar

La estrategia oficial se apoya en una combinación de instrumentos. El Banco Central redujo el ritmo de compras de divisas, opera en contratos de dólar futuro y bonos vinculados al tipo de cambio y procura administrar las tasas cortas mediante el mercado de repos. El objetivo es evitar que una liquidez excesiva en pesos termine trasladándose a una mayor demanda de cobertura cambiaria.

El cambio en la política de acumulación de reservas resulta especialmente visible. Durante julio, el BCRA compró un promedio de US$103 millones diarios, mientras que en agosto ese ritmo se redujo en alrededor de US$33 millones por día. La menor demanda oficial de divisas contribuye a contener la presión compradora y facilita que el tipo de cambio mayorista permanezca debajo de los $1.500.

La consultora 1816 interpretó que la decisión de sostener ese nivel como referencia de corto plazo también tuvo consecuencias sobre los activos financieros argentinos. En particular, señaló que la deuda argentina denominada en dólares quedó rezagada frente a otros mercados emergentes.

El Tesoro también ganó protagonismo en la administración de los pesos. Según Outlier, el Ministerio de Economía interviene de manera puntual en el mercado de contado, administra las licitaciones de deuda y utiliza los depósitos del Tesoro en bancos como una herramienta adicional para regular la liquidez.

La última colocación de deuda de julio ofrece un ejemplo de esa estrategia. El Tesoro obtuvo cerca de $4 billones por encima de los vencimientos, pero no transfirió inmediatamente esos recursos al Banco Central. Parte de los pesos permaneció dentro del sistema bancario, evitando una absorción inmediata de liquidez.

El mecanismo plantea un delicado equilibrio. Una extracción demasiado rápida de pesos puede llevar las tasas a niveles elevados y encarecer el crédito; una liquidez excesiva, en cambio, puede aumentar la demanda de dólares y dificultar la estabilidad cambiaria. La política monetaria y financiera queda así condicionada por la necesidad de administrar ambos riesgos simultáneamente.

El mercado espera un dólar por debajo de la inflación

Pese a la tensión de corto plazo, las expectativas cambiarias continúan relativamente contenidas. La última edición del LatinFocus Consensus Forecast, que reúne proyecciones de más de 50 bancos y consultoras internacionales, ubicó el dólar mayorista en $1.648,10 para fines de 2026.

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA mostró una previsión prácticamente coincidente, con un dólar nominal estimado en $1.652 para diciembre. Desde el cierre de $1.487,50 registrado el viernes, esas proyecciones implican una suba de aproximadamente 10,8% durante el resto del año.

En términos interanuales, el consenso supone una depreciación nominal del peso de 14,1% durante 2026. El dato resulta significativo porque, de mantenerse esas previsiones, el dólar avanzaría por debajo de las expectativas de inflación, lo que implica una apreciación real del peso durante el período.

La fotografía actual, por lo tanto, combina dos señales aparentemente contradictorias. En el corto plazo, el mercado enfrenta mayores tasas en pesos y operadores atentos a la intervención oficial para sostener el tipo de cambio. En el horizonte de fin de año, en cambio, las principales encuestas de expectativas no anticipan un salto cambiario brusco.

La cuestión de fondo será cuánto puede sostenerse ese equilibrio. La política económica necesita evitar que la estabilidad nominal del dólar se consiga a costa de tasas excesivamente elevadas o de una menor acumulación de reservas. La respuesta estará en la capacidad del Gobierno para administrar la liquidez sin desanclar las expectativas cambiarias y, al mismo tiempo, sostener la confianza en el régimen de bandas.

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Dólar: el mayorista subió por tercera rueda y quedó cerca de los $1.500

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El dólar mayorista volvió a subir este miércoles y encadenó su tercera rueda consecutiva de avance, aunque permaneció por debajo de los $1.500. El tipo de cambio cerró a $1.496,50, mientras el dólar minorista llegó a $1.520 para la venta en el Banco Nación, en un mercado que comenzó agosto con mayor atención sobre la demanda de cobertura cambiaria.

El movimiento mayorista fue moderado, de apenas 50 centavos respecto de la jornada previa, pero se produjo después de una suba acumulada de $11,50 durante las tres primeras ruedas de la semana. Según el seguimiento citado de Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio, en igual tramo de la semana anterior el tipo de cambio había retrocedido $1.

El volumen negociado en el segmento de contado alcanzó los US$518,3 millones, unos US$66 millones menos que el martes. Pese a la menor actividad, el mercado mantuvo al dólar cerca de su máximo nominal de cierre de $1.498, registrado el 28 de julio.

La cotización mayorista continúa, de todos modos, alejada del techo de la banda cambiaria. El límite superior establecido por el Banco Central se ubica en $1.850,48, por lo que el dólar mayorista quedó $353,98 por debajo de ese nivel, equivalente a una distancia de aproximadamente 23,6%.

En el segmento minorista, el Banco Nación llevó el dólar vendedor a $1.520, cinco pesos por encima de la rueda anterior y nuevamente en el máximo nominal alcanzado entre el 24 y el 28 de julio. El promedio informado por el Banco Central se ubicó en $1.519,65.

En los mercados financieros, el contado con liquidación operó en torno de $1.580,78, el dólar MEP en $1.522,79 y el blue en $1.540. Este último acumuló su quinta rueda consecutiva de descenso, en contraste con la evolución del tipo de cambio mayorista.

La atención del mercado está puesta ahora en si el avance del dólar logra superar de manera sostenida la zona de los $1.500. Gustavo Ber, economista del Estudio Ber, sostuvo que los operadores siguen observando las señales del Gobierno en torno de ese nivel y planteó que las autoridades parecen priorizar el proceso de desinflación, incluso frente al desafío de otorgar mayor margen al sector productivo.

El escenario cambiario también está condicionado por una posible mayor demanda de cobertura durante el segundo semestre. Entre los factores señalados por los analistas aparece el menor ingreso estacional de divisas provenientes del agro, mientras que los inversores comenzaron a incrementar su exposición a instrumentos vinculados con la evolución del dólar.

La estrategia de cobertura ganó fuerza durante julio. Según Portfolio Personal Inversiones, el stock de cobertura cambiaria del sector público consolidado —BCRA y Tesoro— habría aumentado cerca de US$5.000 millones durante el mes, hasta alcanzar aproximadamente US$11.240 millones.

Dentro de esa expansión tuvieron un papel central los instrumentos dólar-linked. De acuerdo con el análisis citado, se colocaron US$3.467 millones en el bono Dual TAMAR/Dólar Linked con vencimiento en enero de 2028, mientras que el stock de títulos dólar-linked puros en manos privadas creció otros US$1.280 millones entre colocaciones primarias e intervenciones del Banco Central en el mercado secundario.

En paralelo, el BCRA comenzó agosto con una compra neta de US$18 millones en el mercado oficial, sobre un volumen operado de US$514 millones. La intervención representó cerca del 4% de lo negociado y llevó las compras acumuladas del año a US$13.345 millones.

Julio había terminado con compras por US$2.163 millones para la autoridad monetaria, el tercer mejor desempeño mensual de 2026, detrás de abril y mayo. La acumulación de reservas aparece así como uno de los principales desafíos de la política cambiaria para la segunda mitad del año.

El mercado también mira el dato de inflación de julio, cuya publicación está prevista para el 13 de agosto. Ese registro será relevante para determinar la ampliación de las bandas cambiarias prevista para septiembre y, por lo tanto, para evaluar cuánto margen tendrá el esquema cambiario frente a una eventual presión alcista.

Mientras tanto, las tasas en pesos volvieron a recuperar atractivo durante julio frente al dólar. Desde Mills Capital señalaron que el desempeño del carry trade volvió a ser favorable luego de un junio en el que la suba del tipo de cambio había superado el rendimiento de las colocaciones en moneda local. La continuidad de esa estrategia, sin embargo, dependerá de que la estabilidad cambiaria pueda sostenerse.

Los contratos de dólar futuro reflejaron esa expectativa con bajas de entre 0,1% y 0,2%, mientras que el contrato para fines de agosto quedó en torno de $1.511,50. Hacia noviembre, las posiciones incorporan un tipo de cambio cercano a $1.600, una referencia que el mercado utiliza para evaluar el rendimiento futuro de las estrategias de cobertura y carry.

El punto central para agosto será, entonces, si la presión cambiaria se mantiene contenida dentro del esquema vigente o si el dólar comienza a desplazarse de manera más consistente por encima de los $1.500. Por ahora, el BCRA conserva capacidad de intervención y acumula compras significativas, pero el mercado empieza a exigir una respuesta a una pregunta más estructural: cuánto puede sostenerse la estabilidad cambiaria cuando disminuye el ingreso estacional de dólares y aumenta la demanda privada de cobertura.

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El Banco Central compró más de 200 millones de dólares para las reservas

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) compró este jueves más de 200 millones de dólares para seguir reforzando las reservas.

En este caso, el número exacto de la compra del BCRA de este jueves fue de 230 millones de dólares en el mercado cambiario, 157 millones más que el miércoles 15, cuando había logrado la compra de 73 millones de dólares.

Si bien es un número mayor al de la jornada de ayer, es visiblemente menor a la compra del martes cuando había sido de 532 millones de dólares.

De esta forma, las reservas de dólares estadounidenses actualizadas a la fecha para el Banco Central son de 48.531 millones de dólares.

¿Cuántos millones de dólares lleva comprado el BCRA esta semana?

Cuando falta una ronda para cerrar la tercera semana del mes de julio, solamente entre el lunes pasado (13) y hoy jueves (16) el Banco Central realizó la adquisición de 1.115 millones de dólares.

¿Cuánto millones de dólares lleva comprado el BCRA en lo que va del año 2026?

Con la compra de dólares en la presente jornada, en lo que va del año 2026, el BCRA lleva adquirida la suma de 12.570 millones. En este sentido, para llegar al número actual, las liquidaciones del sector agropecuario, así como también el sector energético y la minería, entre otros, fueron los que aportaron durante los primeros meses del año para este presente.

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Se requieren mayores esfuerzos en la acumulación de reservas

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Por Guillermo Bermúdez / FIEL – A fines de mayo pasado, el directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó la segunda revisión del Acuerdo de Servicio Ampliado (SAF) que mantiene con nuestro país. En ese marco, el Organismo fijó nuevas metas de acumulación de reservas internacionales netas para el presente año y hasta mediados de 2027, luego de verificar el incumplimiento de los objetivos establecidos en la revisión anterior para el cierre de 2025. Asimismo, el Staff Report presentó el escenario de proyecciones 2026–2031 para un conjunto de indicadores económicos y financieros seleccionados, incluyendo la evolución esperada del stock de reservas brutas y netas, junto con su relación con los niveles adecuados de acuerdo a la métrica del Organismo[1]. En la presente columna se revisan dichas figuras, a la luz de los vencimientos de deuda por venir y las expectativas de mejora de la cuenta corriente a partir del aporte de las divisas de la energía, minería y agro.

Como se mencionó, Argentina no logró la meta de acumulación de reservas netas fijada al fin de 2025. El FMI señaló que el objetivo no había sido alcanzado por amplio margen, colocándose –a los tipos de cambio del programa- cerca de USD 10 mil millones por debajo del piso establecido en la primera revisión. Al respecto, el Organismo indicó que el incumplimiento fue resultado de una demora previa en la adquisición de divisas, que se combinó con la caída de la demanda por pesos y la dolarización pre electoral que produjo la pérdida de reservas por parte del BCRA y ventas del Tesoro.

En efecto, luego de acumular compras por encima de los USD 19 mil millones en 2024, hacia abril de 2025 el BCRA dejó de adquirir dólares –se propuso sólo hacerlo en el piso de las bandas de flotación establecidas-, cerrando el año con una adquisición neta de apenas USD 197 millones. La búsqueda de contener la emisión para profundizar el proceso de desinflación fue determinante para aquella decisión de la autoridad monetaria.

Junto con lo anterior, el fenómeno de caída de la demanda por pesos que significó desde abril -a partir del levantamiento de las restricciones a la operatoria cambiaria de personas físicas-, una demanda bruta de divisas sin fines específicos por parte de personas físicas, cercana a los USD 41.6 mil millones, que en términos netos superó los USD 32.8 mil millones. El proceso de dolarización se dio en un contexto de creciente incertidumbre electoral que se disipó en octubre, aunque ello no fue suficiente para frenar la compra de dólares por parte del público.

Con la segunda revisión del acuerdo, para junio de este año se fijó un objetivo también en valores negativos del orden de USD 8.6 mil millones. De este modo, la meta de mitad de año fijada en la segunda revisión significó un recorte cercano a los USD 11 mil millones en el objetivo de acumulación.

En la previa a la revisión, desde comienzos de año el Banco Central tomó el compromiso y desplegó una agresiva política de adquisición de divisas. Hacia los primeros días de junio, el BCRA ya había superado la meta de compras fijada a comienzos de año y hacia inicios de la cuarta semana[2] ya había adquirido más de USD 10.9 mil millones. Esas compras, han permitido incorporar al stock de reservas brutas más de USD 6.3 mil millones –operaciones de sector público han restado cerca de USD 4.2 mil millones en el periodo-, y una suma cercana a USD 7.1 mil millones a las reservas netas, contando la cancelación de deudas del BCRA con Organismos Internacionales. De lo anterior, la meta de acumulación de junio –unos 3.5 mil millones a precios del acuerdo- ya se habrá cumplido, aun tomando en consideración potenciales efectos negativos de valuación –por caso, de las reservas constituidas en oro-.

Para diciembre de 2026 el objetivo para las reservas netas es que estas se coloquen aun en terreno negativo por un monto de USD 4.1 mil millones, a partir del aumento del stock por un mínimo de USD 8 mil millones en el año.

La política de compra de divisas, aún sin remonetización de economía, derivó de una holgada oferta de dólares en los primeros meses del año a causa de una campaña agrícola récord, junto con colocaciones de deuda corporativa y de algunas jurisdicciones subnacionales –Ciudad de Buenos Aires y provincias como Córdoba y Entre Ríos-, y el aumento del crédito en dólares en el mercado local. Entre esas fuentes de divisas, la liquidación del agro ha comenzado a mermar, al tiempo que se espera un recorte en el ritmo de colocación de deuda corporativa, ciñendo la oferta en los meses por venir, excepto por los recursos que puedan aportar las exportaciones de combustibles, y que en el futuro se espera rompan la estacionalidad derivada de la actividad agrícola. Al respecto, hacia junio con el pago del salario complementario, el desarme de posiciones en pesos y una menor oferta de divisas, explicarían el repunte del dólar y el recorte en el ritmo de compras por parte del BCRA en las jornadas recientes. La recomposición del stock de reservas podría resentirse en el segundo semestre del año tras la cancelación de deuda con tenedores privados a fin de julio.

Con lo anterior, una potencial fuente adicional de divisas resultará del retorno a los mercados globales de deuda, inicialmente a partir del uso de garantías de Organismos Multilaterales, y más tarde a partir de nuevas colocaciones como resultado de las recientes mejoras en la clasificación crediticia de nuestro país. El FMI no estima que el proceso de remonetización de la economía haga un mayor aporte a la acumulación de reservas contando con que las proyecciones para la evolución de la relación de Base Monetaria con el PBI establecen que esta pasará de 5.2% en 2026 a 7.3% en 2031.

Al respecto de las garantías de los Organismos Multilaterales, el Directorio del Banco Mundial aprobó otorgar avales por USD 2 mil millones, por seis años de plazo, a través de una Policy-Based Guarantee (PBG) del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y de la Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), con el objetivo de allanar el retorno de Argentina a los mercados globales de deuda a un costo inferior, reduciendo el riesgo de refinanciamiento. Junto al Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo aprobó la primera garantía a Argentina por USD 500 millones -permite apalancar hasta USD 1.2 mil millones de financiamiento privado-, y se espera que se sume la Corporación Andina de Fomento con un aval de monto similar.

Junto con lo anterior, el respaldo derivado de la mejora en la clasificación crediticia de la deuda pública. En efecto, Standard & Poor’s elevó a comienzos de junio la calificación para la deuda pública local desde CCC+ hasta B- con perspectiva estable, otorgando la mejor calificación para nuestro país desde 2020. La agencia afirmó que la combinación de superávits fiscales sostenidos, la acumulación de reservas y la reducción de desequilibrios macroeconómicos, entre ellos la menor inflación, ha fortalecido el perfil de liquidez del gobierno. Para la calificadora, aunque el país sigue siendo vulnerable a shocks adversos, es probable que el gobierno atienda el servicio de su deuda en moneda extranjera en los próximos 18 meses, a partir de una combinación de compras de divisas con nuevo endeudamiento. La mejora en la calificación, que siguió a la realizada semanas atrás por Fitch, contribuyó a la compresión de la medida de riesgo país hasta niveles algo por encima de los 400 puntos, los más bajos desde abril de 2018, elevando la expectativa de retorno de Argentina a los mercados globales de deuda.

Es en este marco que el Gobierno habilitó a la Secretaría de Hacienda junto con la de Finanzas a coordinar operaciones de nueva deuda por hasta USD 5 mil millones -usando los avales otorgados por los Organismos Internacionales-, con prórroga de jurisdicción a favor de tribunales de Nueva York. Ello justo coincide con el cambio en la conducción de la Reserva Federal de los Estados Unidos, que ha generado expectativas de una más ceñida política monetaria junto con una mayor opacidad en la comunicación anticipada de las acciones, afectando con ello no sólo al nivel esperado de tasas sino también la volatilidad en la operatoria financiera.

El primer efecto, ha sido un fortalecimiento del dólar, mientras que se espera que en la reunión de julio el Comité Federal de Mercado Abierto mantenga la tasa de referencia, y la eleve en septiembre y una vez más antes de fin de año. El impacto sobre el costo de colocación de nueva deuda para nuestro país –más allá de los avales mencionados- hace prever que precisamente ésta deba darse en el próximo bimestre –de julio a agosto-, antes de un potencial mayor deterioro del escenario del financiamiento de países emergentes, aunque al completarse el cupo de USD 2 mil millones del Bonar 2028, el Tesoro se ha asegurado los fondos para la cancelación de deuda de fin de julio.

El FMI recién hacia junio de 2027 fija una meta para las reservas netas en terreno positivo de unos 400 millones de dólares, lo que refleja una expectativa de que el BCRA acumule en el primer semestre de 2027 al menos USD 4.5 mil millones, en un escenario de importantes vencimientos de deuda en dólares. A lo largo del año, los vencimientos en moneda dura se estiman alcanzarán los USD 22 mil millones, de los cuales USD 9.3 mil millones corresponden a obligaciones con tenedores privados, USD 7.5 mil millones con el FMI, y el resto a otros Organismos Multilaterales, sin contar vencimientos del BCRA por BOPREAL y Repo con bancos internacionales.

Por lo anterior, el FMI instó a las autoridades locales a sostener la política de recomposición del stock de reservas internacionales, en lo posible superando las metas propuestas. Y ello teniendo en cuenta un potencial aumento de la incertidumbre pre electoral el año próximo que derive en un fenómeno de dolarización como el observado en las elecciones locales de medio término del año pasado, y considerando que el uso de las líneas de swap oficiales –con EE.UU. y China- debería solo darse en situaciones de riesgo extremo.

Al respecto, si bien en el escenario actual se considera poco probable hacia 2027 un proceso de huida del peso similar al observado en 2025, la autoridad monetaria debería extremar el esfuerzo para poder enfrentar con holgura -y con sus propios medios un evento de esas características-, considerando que asistencias de carácter extraordinario como la brindada el año pasado por el Tesoro americano, podría no encontrarse disponible en los meses por venir, en parte dependiendo del resultado de las elecciones de medio término hacia fin de 2026 en aquel país.

En el mediano y largo plazo, es de esperar una recomposición de la demanda por pesos y con ello una mayor holgura para la adquisición de divisas tanto por parte del Tesoro como del BCRA. Pero en el corto plazo, una más acelerada acumulación de reservas internacionales dependerá más del reacceso a los mercados de capitales globales para la renovación de vencimientos, que a la remonetización de la economía.

En efecto, en el corto plazo, la renovación de deuda en los mercados globales, permitiría elevar la acumulación genuina de reservas por medio del superávit fiscal, en lugar de aplicar este en la adquisición de divisas para la cancelación de deudas, al tiempo que evitaría la necesidad de esterilización de la emisión causada por las compras que realice el BCRA. En última instancia, una más acelerada acumulación de divisas permitiría acercar el nivel de reservas al de cobertura adecuada según la métrica ARA.

En retrospectiva, a fines de 2025 el stock de reservas brutas -excluyendo el swap del Tesoro americano y la parte no activada de la línea de swap del Banco Popular de China- se estimó en USD 27.6 mil millones, mientras que el nivel adecuado de reservas debería haber alcanzado los USD 86.9 mil millones. Ese nivel adecuado de reservas sumaba unos USD 10 mil millones para enfrentar caída en los ingresos por exportaciones, USD 11 mil millones como cobertura de la caída de la demanda de dinero, USD 20 mil millones como cobertura frente a la deuda de corto plazo, y el resto para atender otros pasivos en moneda extranjera. En 2025, el stock de reservas brutas sólo alcanzó a cubrir el 34% del nivel adecuado.

Un poco más atrás en el tiempo, el Gráfico 1 muestra que sólo en 2009, 2010 y 2018, el stock de reservas brutas superó la medida de reservas adecuadas –estuvo ligeramente por debajo en los años 2016 y 2017-, al tiempo que entre 2019 y 2023 con la pérdida de divisas por parte del BCRA, la relación con los niveles adecuados se recortó hasta el mínimo, cuando las tenencias de la autoridad monetaria sólo cubrían un 16% de los niveles adecuados. Desde 2024 comenzó la recuperación del stock de reservas brutas.

En este contexto, ¿Cuáles son las proyecciones en materia de reservas que realizó el FMI para los próximos cinco años? Para 2026 se proyecta se coloquen algo por encima de los USD 36 mil millones creciendo hasta alcanzar los USD 101.4 mil millones en 2031. Esos niveles de reservas brutas del BCRA, hasta el año 2029 aún se colocarían por debajo de los requeridos para enfrentar adecuadamente presiones cambiarias. Estas estimaciones asumen que Argentina logre mejores registros de acumulación que los fijados en las metas de corto plazo.

Más precisamente, la relación de adecuación de reservas se estima dependiendo del arreglo cambiario adoptado por la economía bajo análisis. Para las economías adoptantes de un arreglo cambiario fijo –hard o soft peg-, el FMI sobre pondera los requerimientos de divisas para atender caídas de ingresos por exportaciones y las necesidades para atender pasivos en moneda extranjera, en comparación con el caso de economías con régimen cambiario flexible.

Así para el caso de Argentina, dando continuidad al actual régimen cambiario[3], recién hacia 2030 se habría alcanzado a recomponer el stock de reservas brutas hasta niveles adecuados, en el primer año posterior a la finalización del acuerdo de facilidades extendidas. En cambio, de optar por un régimen de cambio más flexible, las estimaciones establecen que en 2029 se alcance aquella meta. La métrica supone un mayor ajuste por “precio” en los tipos de cambio flexible y por ello menores requerimientos de divisas en el nivel adecuado.

Gráfico 1

Fuente: Elaboración propia en base a FMI y BCRA.

Como se mencionó, para economías con regímenes no flexibles, el FMI sobre pondera los requerimientos de divisas para afrontar presiones en el balance de pagos a causa de la caída de exportaciones. En el caso de Argentina, dado el régimen cambiario actual, y el cambio del patrón productivo y exportador, que permiten anticipar una marcada alza de las exportaciones mineras y de energía, junto con las tradicionales del sector agroindustrial –amplificadas por la celebración de acuerdos de comercio como el alcanzado con EE.EE. y la Unión Europea-, suponen un desafío adicional en cuanto a la administración del exceso de oferta de divisas que puede tenerse en el corto plazo y frente a un eventual shock en el futuro que merme el flujo de entrada de dólares a través del balance de mercancías –por ejemplo, por a causa de un retroceso en el precio de las commodities-. Las autoridades deberían buscar instrumentar en el mediano plazo un Fondo Soberano en el que pueda ahorrarse el exceso de oferta de divisas, contribuyendo al mismo tiempo a moderar las presiones a la apreciación del Peso.

En el horizonte de proyección, las estimaciones del FMI también muestran un continuo cierre de la brecha entre las reservas internacionales brutas y las netas. En efecto, hacia 2031 se espera que las reservas brutas alcancen USD 101.4 mil millones, mientras que la netas se coloquen en USD 98 mil millones. Es interesante notar que el ritmo de acumulación de reservas netas muestra una dinámica muy superior a la que muestran las brutas, al respecto de lo cual se precisa que las estimaciones para 2026 asumen un sobrecumplimiento de las metas, pero no se dan mayores precisiones respecto a los años siguientes. La magnitud de diferencial de acumulación de reservas brutas y netas, es superior al impacto de la cancelación del swap de monedas que se mantiene con el Banco Popular de China.

Gráfico 2

Fuente: Elaboración propia en base a FMI.

Ahora bien, asumiendo que Argentina logre alcanzar en 2030 un nivel adecuado de reservas ¿Cómo queda posicionada en relación a otras economías?

A los fines de la comparación, las 78 economías emergentes incluidas en el informe de abril 2026 sobre reservas adecuadas del FMI fueron clasificadas de acuerdo a su régimen cambiario[4] vigente, conformando una muestra de 49 países, excluyendo Argentina. De ese conjunto, 18 países tienen un arreglo de tipo de cambio fijo -6 hard peg y 12 soft peg-, 27 poseen arreglos de tipo de cambio flexible -de los cuales sólo 5 poseen una completa libre flotación-, mientras que el resto tiene en la práctica otros arreglos cambiarios.

Como se observa en el Gráfico 3, en 2025 Argentina rezagaba en la cobertura del nivel adecuado de reservas respecto al promedio de países, tanto para aquellos con tipo de cambio flexible como fijo en cualquiera de sus dos versiones. El gráfico también muestra, un resultado contra intuitivo:  los países con regímenes flexibles, muestran una relación de reservas adecuadas muy superior a las que tienen las economías con esquemas más rígidos. Ello a causa del “miedo a flotar” que en la práctica se manifiesta en que las economías no tienen regímenes completamente flexibles, sino más bien flotaciones administradas que buscan amortiguar los ajustes del tipo de cambio –por ejemplo, para reducir la volatilidad y la contaminación de precios domésticos-, y de ello la necesidad de mayores requerimientos de divisas para amortiguar shocks.

Gráfico 3

Fuente: Elaboración propia en base a FMI y BCRA.

Hacia el fin del horizonte de proyecciones, se estima como se mencionó, que nuestro país logre unos niveles de cobertura superiores al 100% de los niveles adecuados, algo por encima de la que mostraban hacia 2025 el promedio de economías con regímenes de cambio fijo, y muy por encima en el caso de que Argentina cambie hacia un arreglo plenamente flexible. Estos resultados dependen de los fuertes supuestos de acumulación propuestos, pero sugieren que Argentina deberá extremar su política de acumulación de reservas para alcanzar una condición que le permita hacer frente a shocks de balance de pagos en una situación de holgura de recursos propios.

En síntesis. Luego de no cumplir la meta de acumulación de reservas netas en 2025, la agresiva política de compra de divisas desplegada a lo largo del primer semestre de 2026 ha permitido superar la establecida para mitad de año. Recién a mediados de 2027 se espera que las reservas netas pasen a terreno positivo, al tiempo que las proyecciones realizadas por el FMI establecen que recién hacia 2029-2030 se alcance un nivel adecuado de reservas para enfrentar presiones cambiarias, bajo el supuesto de un muy dinámico proceso de acumulación. En el corto plazo, frente a un 2027 con abultados vencimientos de deuda y en un marco de contienda electoral, el retorno a los mercados globales de deuda podría acelerar la adquisición de divisas sobre la base del superávit fiscal. La ventana de oportunidad luce acotada a los próximos meses. En el mediano plazo, el cambio del patrón exportador anticipa unos mayores requerimientos de divisas para amortiguar shocks –por caso a causa de retroceso en los precios de commodities- junto con la necesidad de ahorrar el exceso de oferta de divisas.

[1] La métrica de Nivel Adecuado de Reservas (Reserves Adequacy Ratio), estima una medida de requerimiento de reservas internacionales por parte de los Bancos Centrales para acolchonar presiones cambiarias derivadas de caída en los ingresos por exportaciones –por ejemplo, por el impacto de unos menores precios internacionales-, salidas de capitales originadas en cambios de cartera o cierre abrupto de los mercados de deuda para la renovación de vencimientos.

[2] Datos al 22 de junio.

[3] El FMI presenta los resultados considerando a nuestro país como uno de flotación limitada.

[4] Siguiendo el “Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions” (AREAER) del FMI. La última edición corresponde al año 2023 con información para 2022 y fue editado en junio de 2024.

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Argentina todavía arrastra restricciones que la separan de una economía plenamente normalizada

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Aunque la economía argentina muestra señales de estabilización macroeconómica y un renovado respaldo de los mercados internacionales, el proceso de normalización todavía está lejos de completarse. Así lo plantea el último informe Economic GPS de PwC Argentina, que sostiene que la mejora en la percepción de riesgo soberano no alcanza, por sí sola, para equiparar al país con otros mercados emergentes.

El reporte destaca que durante junio se combinaron varios factores positivos: las mejoras en la calificación crediticia otorgadas por Fitch y S&P, la baja del riesgo país por debajo de los 450 puntos básicos y el avance de garantías multilaterales para facilitar el acceso al financiamiento privado. Sin embargo, la decisión de MSCI de mantener a la Argentina fuera de la categoría de mercado emergente dejó en evidencia que todavía persisten obstáculos estructurales.

La diferencia es significativa. Mientras las calificadoras evalúan principalmente la capacidad de pago del Estado, MSCI analiza aspectos vinculados al funcionamiento del sistema financiero: acceso de los inversores extranjeros, liquidez del mercado, disponibilidad de instrumentos, estabilidad regulatoria y previsibilidad institucional.

En ese terreno, PwC advierte que Argentina todavía mantiene restricciones que la separan de una economía plenamente normalizada. El principal ejemplo es la continuidad de las limitaciones cambiarias para las empresas. Aunque el cepo se flexibilizó en distintos frentes, el mercado cambiario aún no opera bajo condiciones comparables con las de otros países emergentes, un aspecto que sigue pesando en la evaluación de los inversores internacionales.

Más confianza, pero una normalización incompleta

El informe remarca que la reducción del riesgo país constituye un cambio relevante porque refleja una mejora en la percepción del mercado sobre la solvencia argentina. El superávit fiscal, la desaceleración de la inflación, la acumulación de reservas y el fortalecimiento del frente externo permitieron reconstruir parte de la confianza perdida durante los últimos años.

A ello se suma el respaldo de organismos multilaterales. La garantía del Banco Mundial por 2.000 millones de dólares y los programas similares impulsados por el Banco Interamericano de Desarrollo y la CAF reducen el costo del financiamiento en un contexto internacional que continúa siendo exigente por las elevadas tasas de interés globales.

Sin embargo, PwC subraya que una mejor calificación crediticia no implica automáticamente una normalización financiera completa. Para alcanzar ese objetivo será necesario avanzar hacia un mercado más profundo, con reglas estables y sin restricciones operativas para el ingreso y salida de capitales.

La inversión ya empezó, pero sigue concentrada

El documento también rechaza la idea de que la falta de reclasificación de MSCI implique ausencia de inversiones. Por el contrario, señala que la Argentina ya está captando importantes proyectos de largo plazo, especialmente en energía y minería, impulsados por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

Estos sectores cuentan con ventajas estructurales —recursos naturales, escala y marcos regulatorios específicos— que ofrecen previsibilidad a los inversores. El desafío será extender ese flujo de capital hacia el resto de la economía y del sistema financiero.

Una economía que crece, pero a distintas velocidades

PwC también observa una recuperación de la actividad económica, aunque con fuertes diferencias entre sectores. Los rubros vinculados a la generación de divisas —como el agro, la energía, la minería y algunos servicios— lideran el crecimiento, mientras que otros segmentos más ligados al consumo interno avanzan con mayor lentitud.

El informe sostiene que la recomposición del salario real, la recuperación gradual del crédito y la baja de la inflación deberían contribuir a que esa expansión se vuelva más homogénea durante los próximos meses.

No obstante, advierte que el mercado laboral todavía muestra rezagos. La tasa de desempleo descendió apenas de manera marginal respecto del año anterior y la creación de empleo no alcanza para absorber completamente el aumento de la población económicamente activa. Esto se explica porque los sectores que hoy lideran el crecimiento son intensivos en capital, pero no necesariamente en generación de puestos de trabajo.

Del equilibrio macro a una economía normal

La conclusión del estudio es que Argentina ingresó en una nueva etapa. La discusión dejó de centrarse exclusivamente en evitar la inestabilidad macroeconómica y comenzó a desplazarse hacia cómo transformar esa mejora de confianza en mayor financiamiento, inversión y crecimiento sostenido.

Para PwC, el desafío ahora consiste en aprovechar esta ventana para construir una economía menos dependiente de medidas excepcionales y más apoyada en reglas estables, profundidad financiera y capacidad productiva. La confianza comenzó a recuperarse; la normalización, en cambio, todavía está en construcción.

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