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De Misiones a Latinoamérica: los hongos abren nuevas oportunidades productivas

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El interés por los hongos dejó de ser un tema circunscripto al ámbito académico y comienza a ganar espacio como una alternativa vinculada con la producción, la educación ambiental y el agregado de valor. Desde Misiones, una iniciativa de formación busca aprovechar ese potencial y conectar conocimientos, experiencias y oportunidades con productores, investigadores y emprendedores de distintos puntos de Latinoamérica.

Se trata de BioTalleres, un espacio de capacitación e intercambio que reúne a profesionales, productores, investigadores y aficionados alrededor de la micología, el cultivo y el aprovechamiento sustentable de los recursos fúngicos. La propuesta comenzó el 20 de marzo con un taller dedicado al reconocimiento de hongos, donde participantes de diferentes países abordaron aspectos básicos de identificación, ecología y diversidad de especies.

La respuesta obtenida impulsó una segunda etapa. El 21 de agosto comenzó un nuevo ciclo de capacitación orientado específicamente al cultivo de hongos, que continúa actualmente con la participación de especialistas y productores de distintos países latinoamericanos. El intercambio incorpora experiencias sobre producción, comercialización, investigación y agregado de valor.

En ese entramado aparece Misiones como uno de los territorios con mayor potencial. El técnico agropecuario Santiago Andrés Martínez, oriundo de la provincia, participa como disertante a partir de experiencias desarrolladas en Argentina, Paraguay y Brasil. Su trabajo pone en discusión las posibilidades que ofrece la Mata Atlántica misionera, una región caracterizada por su elevada biodiversidad.

La mirada productiva no se limita a identificar especies. Martínez aborda también las posibilidades de desarrollar sistemas de cultivo a partir del aprovechamiento de residuos forestales y agrícolas. El objetivo es explorar alternativas que puedan generar valor a partir de recursos disponibles y, al mismo tiempo, resulten compatibles con la conservación de los ecosistemas.

Ese enfoque adquiere particular relevancia para Misiones, donde la actividad forestal y agrícola genera una disponibilidad significativa de biomasa residual. La posibilidad de convertir parte de esos residuos en insumos para nuevos procesos productivos abre una línea de trabajo que vincula economía circular, innovación y diversificación productiva.

La propuesta también incorpora la experiencia del técnico agroecológico Agustín Ortiz, impulsor del proyecto Yerba Fungi. Su aporte se concentra en el aprovechamiento sustentable de hongos silvestres, la elaboración de extractos y otros productos derivados, además de estrategias de recolección responsable destinadas a preservar los ecosistemas y garantizar la continuidad de las poblaciones naturales.

La discusión resulta especialmente relevante porque el crecimiento de una actividad asociada a los recursos naturales puede generar oportunidades, pero también exige reglas de aprovechamiento. La capacitación en identificación, recolección y manejo sustentable permite reducir riesgos y avanzar hacia modelos donde la generación de ingresos no dependa de la degradación del recurso que los sostiene.

BioTalleres busca además superar la lógica de los cursos aislados. Uno de sus objetivos es construir una red de productores y especialistas capaz de conectar experiencias a escala nacional e internacional. La circulación de información sobre costos operativos, técnicas de producción, mercados y agregado de valor puede ayudar a transformar conocimientos dispersos en herramientas concretas para quienes buscan desarrollar emprendimientos vinculados con los hongos.

La construcción de esa red también permite abordar uno de los principales desafíos de las actividades emergentes: pasar del interés inicial a modelos productivos viables. Conocer qué especies pueden cultivarse, qué insumos requieren, cuáles son los costos, qué mercados existen y cómo agregar valor resulta tan importante como dominar las técnicas de producción.

En ese sentido, el potencial de la micología no se reduce al cultivo. El aprovechamiento de especies silvestres, la elaboración de derivados, la investigación aplicada y el uso de residuos como sustratos conforman un abanico de posibilidades que puede integrarse a estrategias más amplias de diversificación económica y desarrollo sostenible.

La experiencia que se proyecta desde Misiones adquiere así una dimensión regional. El intercambio con Paraguay, Brasil y otros países latinoamericanos permite comparar condiciones productivas, identificar problemas comunes y encontrar soluciones que puedan adaptarse a distintos territorios. La biodiversidad funciona como punto de partida, pero el conocimiento compartido aparece como una herramienta para convertirla en oportunidades sin comprometer su conservación.

La participación creciente en los talleres muestra, además, que existe una demanda por conocimientos que conecten ciencia, producción y territorio. Esa demanda puede convertirse en una oportunidad para profesionalizar una actividad todavía emergente, generar emprendimientos y ampliar el campo de acción de productores y técnicos.

El desafío será consolidar ese interés con información confiable, formación técnica y modelos productivos sostenibles. En esa transición, Misiones cuenta con un activo diferencial: su biodiversidad y la posibilidad de vincularla con conocimiento, innovación y aprovechamiento responsable.

BioTalleres propone justamente ese puente. Más que acercar a nuevos públicos al mundo de los hongos, busca construir una comunidad capaz de entender su función ecológica y explorar, con criterios de sustentabilidad, el potencial económico que existe detrás de un recurso todavía poco desarrollado.

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La energía que hoy se desperdicia: la biomasa aparece como la gran oportunidad para rescatar a la forestoindustria misionera

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Mientras la forestoindustria atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas, una oportunidad emerge desde aquello que históricamente fue considerado un descarte. Lo que hasta hace poco eran montañas de aserrín, virutas, cortezas y restos de madera comienza a ser visto como un activo estratégico capaz de generar energía, diversificar ingresos y transformar el modelo de negocios de uno de los principales complejos productivos de Misiones.

Esa es la visión que plantea el ingeniero forestal y consultor en industrias agroforestales Ronald Vera, quien sostiene que el verdadero salto de competitividad del sector ya no dependerá únicamente de producir más madera, sino de aprovechar integralmente cada árbol que ingresa al aserradero. En un contexto marcado por la caída del mercado interno, la pérdida de rentabilidad y el aumento permanente de los costos, la biomasa aparece como una alternativa capaz de convertir un problema ambiental en una oportunidad económica.

“La energía puede terminar siendo más rentable que la propia madera”, resume Vera en una entrevista con LT 17 Radio Provincia al describir un cambio de paradigma que ya comenzó a consolidarse en los principales polos forestales del mundo.

Misiones continúa siendo el principal polo forestal y forestoindustrial de Argentina, concentrando la mayor capacidad instalada para la transformación de madera. Sin embargo, la actividad enfrenta una combinación de factores que presionan sobre su rentabilidad.

La retracción de la construcción paralizó buena parte del mercado interno, tradicional motor del consumo de madera. Aunque las exportaciones crecieron, el atraso cambiario redujo significativamente los márgenes del negocio. A esto se suman los incrementos en combustibles, logística, salarios e insumos industriales, además de una creciente ruptura en la cadena de pagos que afecta especialmente a pequeñas y medianas empresas.

Según Vera, muchas pymes reciben cheques sin respaldo suficiente, lo que demora los cobros y dificulta afrontar obligaciones salariales, impositivas y financieras.

Pero mientras el escenario comercial se vuelve más complejo, otra realidad comienza a ganar protagonismo dentro de los establecimientos forestales.

El negocio que hoy queda al costado del aserradero

Cada tronco que ingresa a un aserradero deja una enorme cantidad de material que no termina convertido en tablas, vigas o tirantes.

“De una tonelada de rollizos apenas la mitad se transforma en madera aserrada. El resto históricamente fue considerado un residuo”, explica Vera.

Ese material incluye costaneros, chips, corteza, virutas y aserrín, que durante años fueron acumulándose en predios industriales o directamente abandonados en el monte tras los trabajos de raleo.

Desde una perspectiva económica, allí aparece uno de los mayores márgenes de crecimiento de la cadena forestal.

En lugar de representar un costo ambiental, esos subproductos pueden convertirse en materia prima para generar electricidad mediante biomasa, producir pellets para calefacción, abastecer plantas de tableros MDF o alimentar nuevas industrias vinculadas a la bioeconomía.

La propuesta implica abandonar la lógica tradicional del aserradero como productor exclusivo de madera para transformarlo en un centro integral de aprovechamiento forestal.

El pellet, por ejemplo, se fabrica únicamente con madera comprimida, sin aditivos químicos. Su demanda crece de manera sostenida tanto en Europa como en América por su utilización como combustible renovable para calefacción e industrias.

La biomasa también permite abastecer centrales termoeléctricas capaces de generar electricidad utilizando residuos forestales que hoy carecen de valor comercial.

Para Vera, el cambio conceptual es profundo. “La energía es el recurso económico más importante del mundo. Nosotros hoy estamos dejando pudrir esa energía en el monte o al costado de los aserraderos.”

Además del beneficio económico, el aprovechamiento de estos materiales reduce significativamente el pasivo ambiental generado por la acumulación de residuos y disminuye el riesgo de incendios forestales.

La tecnología ya existe; el desafío es financiarla

El principal obstáculo no es tecnológico sino financiero. Hace dos décadas, instalar un aserradero de escala media demandaba alrededor de 600.000 dólares. Hoy una planta con equipamiento moderno requiere inversiones cercanas a los tres millones de dólares.

A ese incremento se suma la dificultad para acceder a líneas de crédito de largo plazo con tasas compatibles con proyectos industriales cuya recuperación lleva varios años.

Según el especialista, el desarrollo de la biomasa necesita una estrategia pública que combine financiamiento, capacitación y promoción de inversiones, más que subsidios permanentes.

También demanda nuevos perfiles profesionales.

La automatización de los procesos productivos redujo la necesidad de mano de obra destinada al esfuerzo físico y abrió espacio para ingenieros electrónicos, especialistas en mecatrónica, programadores, técnicos en automatización y profesionales ambientales capaces de operar industrias cada vez más tecnificadas.

Más allá del contexto económico, Vera considera que la salida para la forestoindustria no pasa únicamente por esperar una recuperación del mercado interno.

El desafío consiste en generar mayor valor agregado sobre la materia prima disponible, diversificar la producción y aprovechar recursos que hoy permanecen subutilizados.

También reclama una mayor articulación entre el sector público y el privado para facilitar inversiones, impulsar nuevos mercados internacionales y garantizar reglas claras para el desarrollo industrial.

En esa visión, la biomasa deja de ser solamente una fuente de energía renovable y pasa a convertirse en una política de desarrollo territorial. Significa crear nuevos negocios sin ampliar la superficie forestada, reducir el impacto ambiental de la actividad, generar empleo calificado y aumentar la competitividad de una cadena productiva estratégica para Misiones.

En tiempos donde la rentabilidad de la madera enfrenta crecientes desafíos, el futuro podría estar menos en los tablones que salen del aserradero y más en aquello que durante décadas quedó olvidado al costado de la producción. Allí, entre virutas, chips y aserrín, la forestoindustria comienza a descubrir una nueva fuente de riqueza capaz de transformar una crisis en una oportunidad de desarrollo sostenible.

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