Resolución 66/2026

Minería digitaliza sus trámites y busca acelerar inversiones: nuevo registro, control ambiental y devolución de IVA online

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Las Resoluciones 68/2026 y 66/2026 de la Secretaría de Minería, publicadas este 19 de agosto, adaptan los procedimientos al Decreto 482/2026 y reemplazan parte de la arquitectura regulatoria acumulada desde 1996. El cambio central no está en la creación de un nuevo beneficio fiscal, sino en la forma en que empresas, proyectos y proveedores deberán relacionarse con el Estado para acceder y mantener los incentivos previstos por la Ley 24.196.

La apuesta oficial es que una administración más digital y trazable reduzca costos burocráticos para los proyectos de exploración y explotación, pero también mejore la capacidad estatal para identificar a cada beneficiario y seguir la evolución de cada emprendimiento.

Un registro para seguir empresas y proyectos por separado

La Resolución 68/2026 aprueba el Registro de Inversiones Mineras (RIM) como sistema informático para identificar a los beneficiarios del régimen mediante su CUIT. El nuevo esquema también permite individualizar los proyectos mineros y asignarles un código específico, una modificación relevante para una actividad en la que una misma empresa puede desarrollar distintos emprendimientos con situaciones técnicas, económicas y fiscales diferentes.

La separación entre empresa y proyecto tiene consecuencias prácticas. Permite que las declaraciones juradas y los mecanismos de seguimiento se vinculen con mayor precisión a cada unidad productiva, evitando que la información quede concentrada exclusivamente a nivel societario.

La resolución también actualiza los procedimientos para la inscripción, permanencia, modificación y baja dentro del régimen, incorporando a los prestadores de servicios mineros y estableciendo la obligación de constituir un domicilio legal electrónico en las condiciones previstas por la nueva reglamentación.

El cambio puede parecer administrativo, pero tiene impacto económico. Para una empresa exploradora o un proveedor especializado, el tiempo que transcurre entre una inversión, su registración y la validación de los beneficios fiscales puede afectar directamente el flujo de fondos disponible para continuar las tareas en campo.

La simplificación llega acompañada de mayor trazabilidad

La reforma elimina varias normas anteriores que habían quedado superpuestas con el paso del tiempo. Entre ellas, disposiciones dictadas en 1996, 2019, 2020 y 2021, reemplazadas por un procedimiento adaptado al nuevo marco reglamentario.

Sin embargo, la simplificación no supone una reducción de las exigencias de información. El objetivo es reorganizar el sistema para que el Estado pueda ejercer controles con datos más estructurados y asociados a cada proyecto.

La nueva normativa también formaliza los procedimientos vinculados al Seguro Ambiental Obligatorio, en línea con las exigencias de la Ley General del Ambiente. El desafío es relevante para la legitimidad social de la actividad minera: la promoción de inversiones necesita convivir con mecanismos verificables de prevención, cobertura y reparación frente a eventuales daños.

Desde una perspectiva de periodismo de soluciones, el punto de equilibrio está precisamente allí. La burocracia innecesaria puede desalentar inversiones y empleo, pero la ausencia de controles puede trasladar costos ambientales y sociales a las comunidades. La reforma intenta resolver esa tensión mediante una mayor digitalización y trazabilidad, aunque su efectividad dependerá de la capacidad concreta de fiscalización.

RIGI y Ley de Inversiones Mineras: cómo se conectarán los dos regímenes

La Resolución 68/2026 también adapta los procedimientos para compatibilizar el Registro de Inversiones Mineras con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

La norma contempla la situación de proyectos mineros que ingresen al régimen especial de grandes inversiones mediante Vehículos de Proyecto Único y establece mecanismos para preservar la continuidad registral. El objetivo es evitar que la adhesión a un régimen genere una ruptura administrativa respecto del otro.

Para los inversores, esa continuidad reduce incertidumbre regulatoria. Para el Estado, permite mantener identificada la trayectoria del proyecto dentro de ambos sistemas promocionales.

El desafío de fondo será que esa coordinación administrativa no termine generando una doble carga de trámites. La promesa de simplificación solo será efectiva si los organismos comparten información y evitan exigir varias veces documentación equivalente.

El IVA de exploración pasa a un sistema digital

La segunda modificación relevante surge de la Resolución 66/2026. Las solicitudes de devolución del crédito fiscal del IVA previsto en el artículo 14 bis de la Ley de Inversiones Mineras pasarán a tramitarse mediante el Sistema Integral de Recupero (SIR) de ARCA.

El régimen mantiene la condición de fondo establecida por la ley: los créditos fiscales deben acumularse durante 12 períodos fiscales antes de que proceda la devolución, siempre que se cumplan los requisitos correspondientes.

La modificación cambia principalmente el circuito administrativo. La documentación deja atrás el procedimiento anterior y la solicitud se integra a una plataforma digital. La Secretaría de Minería conserva su función técnica: deberá verificar que los gastos declarados estén efectivamente vinculados con actividades de exploración y con un proyecto minero alcanzado por el régimen.

Para una actividad intensiva en capital y con largos períodos entre la inversión inicial y la generación de ingresos, acelerar el recupero de créditos fiscales puede tener un efecto directo sobre la disponibilidad de recursos para nuevas perforaciones, estudios geológicos, ensayos y servicios especializados.

La norma mantiene además un período de transición. Los trámites iniciados bajo el régimen anterior continuarán hasta su finalización por ese mecanismo, salvo que el beneficiario decida desistir y presentar una nueva solicitud a través del SIR.

Una reforma administrativa con impacto sobre el territorio

La minería suele analizarse a partir de las grandes cifras de inversión, exportaciones y generación de divisas. Pero detrás de cada proyecto existe una red más amplia de proveedores, profesionales, transportistas, laboratorios y comunidades que dependen de la previsibilidad de las reglas.

Un sistema registral que identifique con claridad cada proyecto puede mejorar el control sobre los beneficios otorgados. Un circuito digital para recuperar IVA puede reducir costos de gestión y mejorar la liquidez de empresas que todavía se encuentran en la etapa exploratoria. Y una regulación específica sobre seguro ambiental puede aportar herramientas para que el riesgo de la actividad no quede desconectado de las responsabilidades económicas de quienes la desarrollan.

Para las provincias, el desafío será aprovechar la mayor agilidad administrativa para fortalecer encadenamientos locales. La llegada de inversiones no garantiza por sí sola desarrollo territorial: la diferencia la marcará la capacidad de incorporar proveedores, empleo especializado y servicios asociados a cada proyecto.

Lo que habrá que seguir de cerca

Las Resoluciones 68 y 66/2026 reordenan la relación entre el Estado y los actores del régimen de inversiones mineras bajo una lógica de menos procedimientos fragmentados y más información digitalizada.

El resultado deberá medirse en la práctica. La variable relevante será cuánto tiempo se reduce en la tramitación de inscripciones y recuperos fiscales, sin que esa velocidad debilite la calidad de los controles técnicos, tributarios y ambientales.

La minería argentina enfrenta una oportunidad de expansión, pero la sostenibilidad de ese proceso dependerá de algo más que los incentivos. La nueva arquitectura administrativa tendrá valor si logra convertir la simplificación en inversiones concretas, la trazabilidad en control efectivo y la actividad extractiva en un proceso capaz de generar beneficios económicos que también se traduzcan en desarrollo para los territorios donde se producen.

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Energía ordena una reconfiguración estructural del sistema gasífero en plena emergencia energética

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El Gobierno avanzó con una decisión de alto impacto en la arquitectura del sistema energético argentino. A través de la Resolución 66/2026 de la Secretaría de Energía, publicada el 12 de marzo, el Ministerio de Economía dispuso una reconfiguración integral del sistema de transporte de gas natural, que incluye la rescisión de contratos vigentes vinculados al Gasoducto Perito Pascasio Moreno, la eliminación del programa estatal Transport.Ar y un nuevo esquema de asignación de capacidad mediante concursos abiertos.

La medida no es meramente técnica. Se inscribe en el marco de la emergencia energética vigente hasta el 31 de diciembre de 2027 y apunta a rediseñar el funcionamiento de la red gasífera a partir de un cambio estructural: el desplazamiento del abastecimiento hacia Vaca Muerta y el agotamiento del modelo histórico basado en el suministro desde el norte del país y las importaciones desde Bolivia.

En términos políticos, la resolución refleja una estrategia más amplia del Gobierno: reordenar el sistema energético bajo criterios de mercado, reducir el peso operativo del Estado y abrir espacio a inversiones privadas en infraestructura. El interrogante que queda abierto es si este rediseño logrará traducirse en mayor eficiencia y expansión del sistema o si abrirá nuevas tensiones contractuales en una red históricamente atravesada por acuerdos de largo plazo.

El cambio estructural detrás de la decisión

El corazón de la resolución es un diagnóstico técnico que ya circulaba en el sector energético: la red de gas argentina fue diseñada para flujos que hoy ya no existen.

Durante décadas, el sistema funcionó con un flujo predominante norte–sur, con gas proveniente de la Cuenca Noroeste y complementado por importaciones desde Bolivia. Ese esquema comenzó a deteriorarse por dos factores que ahora el Gobierno considera permanentes: la declinación productiva del norte y la reducción del suministro boliviano.

En paralelo, el desarrollo de Vaca Muerta cambió el mapa energético del país. La Cuenca Neuquina pasó a concentrar el crecimiento de la oferta y empuja flujos crecientes hacia los centros de consumo del centro y el área metropolitana.

Ese desplazamiento generó distorsiones en el uso real de los gasoductos. Según informes técnicos del ente regulador citados en la resolución, muchos contratos vigentes no reflejan los flujos actuales ni el uso efectivo de la infraestructura.

A eso se suma un tercer elemento: la incorporación del Gas Natural Licuado (GNL) para cubrir picos de demanda invernal, lo que introdujo nuevas rutas de abastecimiento dentro del sistema.

El resultado es un sistema de transporte que opera con contratos, rutas y asignaciones de capacidad pensadas para otra geografía energética.

La decisión del Gobierno busca corregir ese desajuste.

Fin del programa estatal Transport.Ar y rescisión de contratos clave

El rediseño incluye una decisión simbólica y operativa: dejar sin efecto el Programa Sistema de Gasoductos Transport.Ar Producción Nacional, creado en 2022 para expandir la infraestructura con intervención estatal.

La Secretaría de Energía sostuvo que las obras previstas no se ejecutaron en su totalidad y que la gestión de los activos estatales no alcanzó los resultados esperados.

La resolución también ordena rescindir en un plazo de diez días el contrato de transporte firme del Gasoducto Perito Pascasio Moreno (GPM) —ex Gasoducto Presidente Néstor Kirchner— celebrado entre ENARSA y CAMMESA.

Ese contrato había sido concebido para transportar gas de Vaca Muerta destinado principalmente a la generación eléctrica. Sin embargo, informes oficiales indican que la utilización efectiva de esa capacidad no cumplió plenamente con el objetivo de reemplazar combustibles líquidos en las centrales térmicas.

El Gobierno también ordenó rescindir o modificar otros contratos que obstaculicen el uso eficiente de la infraestructura, incluyendo acuerdos vinculados con Transportadora de Gas del Sur (TGS) relacionados con ampliaciones del sistema.

En la práctica, el Ejecutivo busca liberar capacidad en el sistema y reorganizar su asignación bajo nuevas reglas.

Nuevas rutas de gas y concursos abiertos

La resolución introduce una reorganización profunda del sistema.

El nuevo esquema contempla: Reasignación de capacidad de transporte existente. Definición de nuevas rutas de transporte de gas. Modificación del sentido de algunos flujos históricos. Eliminación de rutas que ya no responden al esquema de abastecimiento actual.

La capacidad disponible se asignará mediante concursos abiertos, bajo principios de acceso no discriminatorio y libre utilización de la red, tal como establece el marco regulatorio del gas natural.

El ente regulador —actualmente el ENARGAS o el nuevo Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad, una vez que esté plenamente operativo— deberá implementar la reasignación y adaptar los reglamentos de transporte y distribución.

Ese proceso también implicará nuevos cuadros tarifarios provisorios, que deberán aprobarse mediante procedimientos de participación ciudadana.

Un sistema integrado que diluye fronteras entre activos estatales y privados

Otro punto clave del rediseño es la integración operativa del sistema.

El Gobierno plantea que el transporte de gas debe funcionar como una cadena unificada desde el punto de producción hasta el punto de entrega, independientemente de quién sea el titular de los activos.

En esa lógica, las capacidades de ENARSA se integrarán a las rutas operadas por las licenciatarias privadas, garantizando continuidad en el servicio y evitando fragmentaciones contractuales.

La medida también instruye a la Subsecretaría de Hidrocarburos a propiciar la derogación del Decreto 689/2002, que establecía un régimen excepcional para contratos vinculados a exportaciones de gas pactados originalmente en moneda extranjera.

Según la resolución, ese tratamiento diferencial ya no tiene justificación en el contexto regulatorio actual y genera distorsiones tarifarias dentro del sistema.

Un rediseño con impacto en el mercado energético

La reconfiguración del sistema llega en un momento en que el Gobierno busca reactivar la inversión privada en infraestructura energética.

En ese marco, la expansión del Gasoducto Perito Pascasio Moreno avanza mediante una iniciativa privada presentada por Transportadora de Gas del Sur, que dio lugar a un proceso licitatorio adjudicado en octubre de 2025.

El nuevo esquema de transporte también se articula con la licitación para importar GNL a través de un comercializador privado, convocada en febrero de 2026, destinada a garantizar el abastecimiento en los próximos inviernos.

El objetivo implícito es que la red de gas acompañe la expansión de Vaca Muerta. La propia resolución reconoce que la producción podrá crecer hasta donde lo permita la capacidad de transporte.

En otras palabras, la infraestructura se convierte en el cuello de botella de la próxima etapa del desarrollo gasífero.

El escenario que se abre

La resolución no agota el proceso. Para que la reconfiguración entre plenamente en vigencia, el ente regulador deberá dictar las medidas operativas y avanzar con la reasignación de capacidades y la adecuación tarifaria.

Ese proceso implicará negociaciones contractuales, revisiones regulatorias y eventuales disputas entre actores del sistema.

Lo que sí queda claro es que el Gobierno decidió reordenar el sistema gasífero sobre una nueva geografía energética, donde Vaca Muerta marca el eje del abastecimiento y la infraestructura deberá adaptarse a ese cambio.

Si ese rediseño logra traducirse en mayor eficiencia operativa y nuevas inversiones privadas será una de las variables clave para el futuro energético del país. Pero la reconfiguración recién comienza, y sus efectos reales dependerán de cómo se implementen las nuevas reglas dentro de una red compleja donde contratos, intereses y flujos físicos se entrelazan desde hace décadas.

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