Ricardo Arriazu

Arriazu ve una oportunidad histórica para Argentina: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”

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En medio de una de las etapas más complejas para la industria de la construcción, el economista Ricardo Arriazu eligió transmitir un mensaje que combinó diagnóstico duro y optimismo estratégico. Durante la 71° Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), sostuvo que Argentina atraviesa una oportunidad histórica de crecimiento impulsada por el ordenamiento macroeconómico, el potencial exportador de la energía y la minería y una mejora sustancial de las cuentas externas. Sin embargo, dejó una advertencia que resume su mirada sobre el momento actual: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”.

La exposición estuvo marcada por una fuerte diferenciación entre el presente y el futuro de la economía argentina. Arriazu reconoció que la construcción atraviesa una situación crítica luego del desplome de la inversión pública y la ausencia de mecanismos de financiamiento de largo plazo, pero consideró que el sector podría convertirse en uno de los principales beneficiarios de un escenario de estabilidad económica sostenida.

“La participación de la construcción en el PBI llegó a ser del 25%, ahora está en el 3%, cuando el promedio mundial es del 6%”, señaló el economista, al describir la magnitud del retroceso. Según explicó, Argentina enfrenta además un déficit estructural en materia habitacional y un mercado hipotecario prácticamente inexistente. “Estamos invirtiendo menos que la depreciación de las viviendas”, afirmó, reflejando la pérdida de capacidad de acumulación de capital en uno de los sectores históricamente más dinámicos de la economía.

Para Arriazu, la recuperación de la construcción depende de una condición indispensable: la eliminación definitiva de la inflación. Sin estabilidad de precios, sostuvo, resulta imposible reconstruir el crédito hipotecario y desarrollar instrumentos financieros de largo plazo que permitan movilizar inversiones.

Mientras ese proceso madura, propuso avanzar con sistemas de financiamiento indexados, aunque reconoció las limitaciones actuales. “Hay que utilizar un sistema indexado, pero el salario no acompaña y los bancos no tienen fondeo”, explicó. En ese sentido, planteó la necesidad de crear mecanismos de compensación que permitan equilibrar la evolución de ingresos y cuotas.

El economista también apuntó contra la falta de instrumentos de ahorro de largo plazo, un problema que considera central para financiar el desarrollo. En particular, cuestionó el deterioro de herramientas como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y los sistemas de seguros, históricamente utilizados para canalizar recursos hacia proyectos de infraestructura y vivienda. Su propuesta fue reducir la exposición del FGS a títulos públicos y direccionar parte de esos recursos hacia la actividad constructiva.

Sin embargo, la parte más contundente de su presentación estuvo vinculada a las perspectivas macroeconómicas. Arriazu aseguró que el país atraviesa una transformación estructural que podría modificar décadas de restricciones externas recurrentes. A diferencia de otros ciclos de crecimiento que terminaron en crisis cambiarias, sostuvo que la expansión actual podría apoyarse en una oferta genuina de divisas proveniente de sectores altamente competitivos a nivel internacional.

En esa línea, corrigió significativamente sus propias estimaciones sobre el desempeño externo de la economía. Mientras inicialmente proyectaba un superávit comercial de 13.500 millones de dólares para este año, ahora estima que la cifra podría alcanzar los 20.000 millones de dólares, acompañada incluso por un saldo positivo en la cuenta corriente.

La explicación se encuentra en el fuerte crecimiento de las exportaciones. Según sus cálculos, Argentina sumará este año alrededor de 20.000 millones de dólares adicionales por ventas al exterior, impulsadas principalmente por una cosecha agrícola récord y el avance de los complejos energético y minero.

Desde su perspectiva, el país está transitando un profundo cambio en la estructura productiva. Históricamente, explicó, el esquema económico argentino favoreció a determinados sectores mediante subsidios y protección, generando distorsiones que limitaron la competitividad general. La nueva etapa implica un proceso simultáneo de destrucción y creación de actividades económicas.

Allí aparece uno de los principales desafíos de la transición. Los sectores que actualmente generan dólares —energía, minería y agroindustria— demandan relativamente poca mano de obra, mientras que actividades intensivas en empleo como la construcción, el comercio y parte de la industria todavía enfrentan dificultades. “El problema es entrar en el péndulo del ajuste y salir de él. Hoy es clave cómo me adapto, cómo cambio hacia sectores que van a crecer”, planteó.

Respecto de la política cambiaria, Arriazu respaldó la estrategia oficial y consideró que una devaluación brusca hubiera puesto en riesgo todo el programa económico. “Devaluar hubiera tirado todo el programa al demonio”, afirmó, al tiempo que defendió la apreciación relativa del peso como una consecuencia natural de un proceso exitoso de estabilización.

Su argumento se basa en que los países que logran consolidar estabilidad macroeconómica suelen volverse más caros en términos internacionales. “Si Argentina tiene éxito, Argentina va a ser cara”, sostuvo. Para el economista, el principal obstáculo que aún persiste no es económico sino reputacional: “Tenemos los mejores números macro de América Latina, pero también el riesgo país más alto porque fuimos estafadores seriales”.

Esa referencia apunta directamente a la necesidad de reconstruir credibilidad institucional y financiera luego de décadas de defaults, reestructuraciones y cambios permanentes de reglas de juego. En su visión, la reducción sostenida del riesgo país será la llave para destrabar inversiones masivas en infraestructura, vivienda y producción.

La apuesta de largo plazo está puesta en el sector energético. Arriazu proyectó que para 2030 Argentina podría exportar más de 30.000 millones de dólares anuales únicamente por energía, una cifra que transformaría de manera estructural la disponibilidad de divisas y modificaría una de las principales restricciones históricas al crecimiento económico.

Por eso, más allá de los problemas coyunturales que enfrenta hoy la construcción, el economista llamó a los empresarios a mirar el horizonte estratégico. Su mensaje final fue una síntesis de advertencia y esperanza: Argentina cuenta con recursos naturales, capacidad exportadora y condiciones macroeconómicas que podrían abrir un ciclo de crecimiento sostenido. La incógnita, según planteó, no está en las oportunidades sino en la capacidad política y social para aprovecharlas.

“Los planetas se alinearon. Tenemos una oportunidad espectacular. Pero Argentina tuvo muchas veces oportunidades que desperdició. Espero que esta vez la aprovechemos”, concluyó.

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Ricardo Arriazu: “El Gobierno hará lo imposible para que no se dispare el dólar”

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Ricardo Arriazu advirtió que el Gobierno “hará lo imposible para que no se dispare el tipo de cambio” y alertó sobre el riesgo político post electoral.

El economista Ricardo Arriazu, una de las voces más influyentes para Javier Milei, anticipó que el Gobierno sostendrá el dólar hasta las elecciones del 26 de octubre, pero cuestionó el esquema de bandas cambiarias. Además, alertó que una derrota oficialista podría dejar al Presidente “sin poder político” para gobernar.

Un diagnóstico crudo sobre la economía y la política

El reconocido economista Ricardo Arriazu, titular de la consultora Macroanalistas y considerado una de las figuras de referencia del pensamiento económico liberal, presentó su análisis sobre la coyuntura argentina en un evento organizado por IEB Banca Privada, una de las principales firmas del sistema financiero local, con operaciones por más de USD 3.000 millones.

Ante un auditorio de más de 100 empresarios reunidos en el Hotel Four Seasons, Arriazu planteó un diagnóstico tan realista como inquietante. En su exposición, advirtió que el país enfrenta “dos cisnes negros”: un riesgo internacional —vinculado a una eventual guerra comercial o la explosión de una burbuja de activos financieros— y un riesgo político interno, que definió como “el principal problema estructural de la Argentina”.

“La economía se sostiene sobre la confianza. Cuando hay confianza, las personas consumen, invierten y generan crecimiento. En escenarios de desconfianza, el gasto se reduce y surge el riesgo de implosiones económicas”, señaló.

El economista anticipó que hasta las elecciones presidenciales del 26 de octubre, el Ejecutivo “hará lo imposible para que no se les vaya el tipo de cambio”, aunque rechazó el actual esquema de bandas cambiarias. Según detalló, desde que se flexibilizó el cepo en abril, el sector privado compró USD 17.000 millones, lo que a su entender refleja la fuerte dolarización de portafolios.

“Estoy completamente en contra de las bandas de flotación. Argentina es un país bimonetario. Cada vez que el dólar se mueve, tiembla todo”, afirmó Arriazu.

“El Tesoro se va a quedar sin plata y va a intervenir el Central”

En un mensaje directo al auditorio empresario, el economista advirtió sobre la fragilidad fiscal y la capacidad limitada del Tesoro para sostener intervenciones cambiarias. “El Tesoro se va a quedar sin plata y va a intervenir el Central”, anticipó.

Aunque se declaró “dolarizador desde los años 80”, Arriazu consideró que la dolarización plena no parece factible en el actual contexto. “Yo soy dolarizador desde los 80, pero no me queda claro que se pueda”, reconoció.

Sobre el apoyo financiero estadounidense, diferenció entre el swap de monedas con China —que sólo puede utilizarse para pagar importaciones al país asiático— y el swap en negociación con Estados Unidos, que podría aplicarse con mayor flexibilidad.

“La demora tiene que ver con que se está negociando. El swap con China requiere autorización de ellos, pero el de Estados Unidos podría usarse libremente. Si está la plata de EE.UU., es más que suficiente para parar la corrida y abrir mercados”, explicó.

Arriazu vinculó esa negociación con factores políticos: “Estados Unidos entiende que hay elecciones y que su apoyo tiene sentido porque Argentina es el único país grande de la región alineado estratégicamente”.

Riesgo político y proyección post electoral

El economista dedicó parte de su exposición a analizar el escenario político tras los comicios. Planteó que el futuro del programa económico dependerá de la capacidad legislativa del oficialismo.

“Hay dos alternativas: si Milei logra un tercio en alguna de las cámaras, podrá evitar vetos o juicios políticos. Si no lo consigue, es la Argentina de siempre. Es probable que Milei no pueda hacer nada y se quede sin poder”, advirtió.

Arriazu sostuvo que la confianza política es la variable más determinante para la recuperación económica, al tiempo que advirtió que una derrota electoral podría traducirse en un shock de expectativas y volatilidad cambiaria.

Respecto del electorado libertario, ironizó: “Dicen que el votante de Milei es joven, varón y con poca educación. Yo agrego que además no entiende nada de sus discursos”.

“El único logro de Milei es el equilibrio fiscal”

En relación al Presupuesto 2026, Arriazu lo calificó como “muy bueno” y valoró el esfuerzo por mantener el gasto público en su menor nivel en 30 años. “El único gran logro de Milei es haber alcanzado el equilibrio fiscal”, afirmó.

Rechazó una posible devaluación como salida, por su impacto regresivo: “Una devaluación es un impuesto; baja el poder de compra de la gente”. También alertó sobre los riesgos de un retroceso legislativo: “El Congreso quiere revertir el superávit fiscal, y eso sí sería un problema grave en la cuenta corriente”.

Finalmente, destacó que la deuda argentina es baja en términos relativos, pero “su historial de incumplimiento convierte cada dólar adeudado en un pasivo riesgoso”.

“Tenemos una de las deudas más bajas del mundo, pero como somos estafadores seriales, un dólar que debamos es mucho”, resumió.

Arriazu cerró su exposición con una reflexión pesimista sobre la cultura económica nacional:

“No hay nada que pueda parar la caída de la economía si no se recupera la confianza. Si no cometemos errores, podríamos crecer al 5,5% anual con energía y agro, pero seguimos siendo el país de las oportunidades perdidas. Somos tan tontos razonando que no tengo esperanza de que vayamos a cambiar.”

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