RNAgro

Ciencia startup de Misiones: una solución contra el HLB y un mercado global de más de US$1.000 millones

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Una startup biotecnológica nacida en Misiones avanza en el desarrollo de una tecnología capaz de enfrentar una de las plagas más devastadoras para la citricultura mundial. El proyecto, impulsado por investigadores del Instituto de Biología Subtropical (IBS – CONICET/UNaM), busca controlar al insecto que transmite el Huanglongbing (HLB), una enfermedad que no tiene cura y que ha provocado pérdidas millonarias en los principales polos citrícolas del planeta.

La iniciativa dio origen a RNAgro, una empresa de base tecnológica radicada en la provincia que trabaja en el desarrollo de un biopesticida selectivo basado en ARN de interferencia (RNAi). Según los propios científicos, el mercado potencial de esta tecnología supera los 1.000 millones de dólares a nivel global.

“Es una enfermedad mundial, presente en 65 países. El mercado potencial de soluciones para este problema supera los mil millones de dólares”, explicó Marcos Miretti, Ceo de la empresa. 

Una enfermedad devastadora para los cítricos

El Huanglongbing —también conocido como “greening”— es considerado el mayor enemigo de la citricultura. La bacteria responsable, Candidatus Liberibacter, se transmite a través de la chicharrita asiática (Diaphorina citri), un pequeño insecto capaz de infectar plantaciones completas antes de que aparezcan los primeros síntomas visibles.

El impacto productivo puede ser devastador. En algunas regiones de Estados Unidos, la enfermedad llegó a destruir hasta el 90% de las plantaciones de cítricos, generando pérdidas económicas millonarias.

En Argentina, el HLB ingresó precisamente por el nordeste del país, lo que convierte a Misiones en una de las zonas estratégicas para el monitoreo y control de la enfermedad.

Ciencia desarrollada en Misiones

Detrás del proyecto están científicos del CONICET radicados en la provincia que llevan casi una década investigando esta problemática.

“Comenzamos a trabajar con esta enfermedad en 2017. Veníamos estudiando el HLB desde antes, porque es una problemática muy relevante para la región. De hecho, el ingreso de la enfermedad a la Argentina se detectó en Misiones”, explicó María José Blariza, socia ejecutiva de la startup.

Ambos científicos se desempeñan en el Instituto de Biología Subtropical, una unidad de doble dependencia entre la Universidad Nacional de Misiones y el CONICET.

El objetivo fue trasladar el conocimiento científico generado en el laboratorio hacia una solución concreta para el sector productivo.

“Buscamos llevar la ciencia básica de laboratorio hacia una solución que pueda ayudar a resolver un problema real de la producción”, señalaron.

Cómo funciona la tecnología

La solución desarrollada por RNAgro se basa en la tecnología de ARN de interferencia (RNAi), una herramienta biotecnológica que permite bloquear genes específicos de un organismo. En este caso, el sistema apunta directamente al insecto vector que transmite la enfermedad.

“Lo que proponemos es un método biotecnológico que permite interferir en la reproducción y supervivencia del insecto que transmite la bacteria”, explicó Miretti.

La tecnología envía una señal genética que solo puede ser interpretada por la especie objetivo, lo que permite un control altamente selectivo.

Entre sus principales ventajas frente a los agroquímicos tradicionales se destacan:

  • Alta selectividad para la Diaphorina citri
  • Biodegradabilidad
  • Ausencia de toxicidad para humanos
  • Menor impacto sobre insectos benéficos
  • Reducción del uso de pesticidas químicos

Del laboratorio a la empresa

El desarrollo científico derivó en la creación de RNAgro, una startup de base tecnológica orientada a llevar esta innovación al mercado global.

La empresa fue radicada en Misiones tras participar en el programa de aceleración SF500, especializado en biotecnología.

“Establecimos la empresa acá en la provincia. Participamos en un programa de aceleración en Santa Fe y a partir de allí surgió la posibilidad de radicar la startup. Elegimos Misiones”, explicó el equipo.

El proyecto cuenta además con el acompañamiento del ecosistema tecnológico impulsado por Silicon Misiones, donde se realizan parte de las gestiones regulatorias y de vinculación con organismos científicos y productivos.

En paralelo, los investigadores trabajan junto a Biofábrica Misiones en algunas etapas del proceso experimental.

En qué etapa está el desarrollo

Actualmente el proyecto se encuentra en un nivel de madurez tecnológica intermedio-avanzado.

“Estamos en un estadio de desarrollo entre cuatro y cinco dentro de las escalas tecnológicas. Los próximos pasos son los ensayos regulatorios para obtener la aprobación del SENASA y realizar pruebas a campo”, explicó Miretti.

Una vez completadas estas etapas, el modelo de negocio prevé licenciar el principio activo a grandes empresas internacionales de agroquímicos.

“Nosotros vamos a comercializar el principio activo a compañías que ya producen pesticidas a escala industrial”, explicaron.

Impacto económico y generación de empleo

Más allá del potencial exportador, el proyecto también podría generar empleo calificado en la provincia.

“Este desarrollo involucra a mucha más gente. Vamos a necesitar formar y capacitar nuevos profesionales para trabajar en los experimentos y en las distintas etapas del proyecto”, señalaron.

Los investigadores remarcan además que el equipo está integrado por profesionales formados en la provincia.

“Somos licenciados en genética formados en Misiones y creemos que este tipo de desarrollos puede generar oportunidades para muchos otros profesionales”.

Ciencia misionera con impacto global

El caso de RNAgro refleja una tendencia creciente en el ecosistema científico argentino: transformar conocimiento generado en universidades y centros de investigación en soluciones tecnológicas con impacto productivo.

Si el desarrollo logra superar las últimas etapas regulatorias, Misiones podría convertirse en el origen de una herramienta biotecnológica capaz de enfrentar una de las principales amenazas de la citricultura mundial.

Y hacerlo desde un ecosistema donde ciencia, innovación y desarrollo productivo comienzan a converger.

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Startup misionera desarrolla biopesticida para frenar la plaga que amenaza la citricultura

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En un contexto en el que la citricultura enfrenta una de sus amenazas sanitarias más severas, una startup surgida de investigadores del CONICET avanza en el desarrollo de un biopesticida específico contra la chicharrita, el insecto que transmite la bacteria responsable del HLB, una enfermedad que puede devastar plantaciones de cítricos. El proyecto, impulsado por la empresa RNAgro y liderado en su dimensión científica por la biotecnóloga María José Blariza, se encuentra en etapa de patentamiento y ensayos regulatorios, con la expectativa de contar con un primer producto comercializable en aproximadamente 18 meses.

La iniciativa no surge de un laboratorio aislado sino de una línea de investigación científica que busca convertirse en tecnología aplicada. La pregunta que sobrevuela el desarrollo es estratégica: ¿puede una solución biotecnológica local cambiar el modo en que se combate una de las enfermedades más destructivas de la citricultura mundial?

De la investigación científica a la creación de una empresa biotecnológica

El origen del proyecto se encuentra en investigaciones desarrolladas dentro del CONICET, donde dos de los fundadores de la empresa trabajan como investigadores. A ese núcleo científico se sumó un tercer socio especializado en el área de negocios, lo que permitió transformar resultados de laboratorio en un emprendimiento tecnológico con potencial aplicación productiva.

Según explicó Blariza, el trabajo inicial consistió en estudiar genes involucrados en los procesos reproductivos y de supervivencia de insectos vectores de enfermedades. Esa línea de investigación permitió identificar mecanismos que, al ser intervenidos, podrían limitar la reproducción del insecto o incluso provocar su muerte.

A partir de esos resultados, el equipo decidió avanzar en una solución orientada a un problema concreto de la producción regional: el control de la chicharrita que transmite el HLB en cítricos.

La tecnología que desarrollan busca interferir en genes específicos del insecto, afectando su reproducción o su supervivencia. El rasgo distintivo del producto es su altísimo grado de especificidad: actúa únicamente sobre la plaga objetivo.

Ese punto es central en el planteo científico del proyecto. A diferencia de los pesticidas químicos tradicionales, el biopesticida está diseñado para no afectar otros organismos del ecosistema, como abejas u otros insectos beneficiosos.

Un biopesticida específico que se degrada sin dejar residuos

La tecnología que desarrolla RNAgro introduce un cambio conceptual en el control de plagas.

El producto se aplica sobre las plantaciones, entra en contacto con el insecto y genera el efecto biológico deseado —interrumpir la reproducción o reducir la supervivencia—, pero se degrada con el tiempo sin dejar residuos en las plantas, el suelo o los frutos.

Esto marca una diferencia relevante respecto de los pesticidas químicos tradicionales, que suelen tener impactos más amplios sobre el ambiente y la biodiversidad, además de generar residuos en los alimentos.

El enfoque responde a una tendencia global que busca reemplazar insumos químicos por soluciones más específicas y ambientalmente amigables, una transformación que Blariza describe como una “oleada verde” dentro de la agricultura moderna.

Además, el diseño molecular del biopesticida evita otro problema frecuente en el manejo de plagas: la aparición de resistencia.

Cuando los pesticidas convencionales se utilizan de manera intensiva, las poblaciones de insectos pueden desarrollar adaptaciones que reducen su eficacia. La estrategia genética, en cambio, apunta a intervenir procesos biológicos específicos que limitan esa capacidad de adaptación.

El HLB, la enfermedad que amenaza a toda la citricultura

La investigación se focaliza en una de las enfermedades más devastadoras para los cítricos: el HLB, causado por una bacteria que se disemina a través de la chicharrita.

La dinámica de la enfermedad presenta una dificultad adicional: los síntomas visibles en las plantas aparecen entre seis meses y un año después de la infección. Durante ese tiempo, el insecto vector puede trasladar la bacteria a numerosas plantas dentro de la misma plantación.

El resultado es una degradación progresiva de la producción: frutos deformes, con sabor ácido o agrio, que terminan fuera del circuito comercial.

La gravedad del problema ya se observó en otros países productores. En regiones citrícolas clave de Estados Unidos, como Florida, la enfermedad provocó caídas de producción cercanas al 90%, un antecedente que dimensiona el impacto potencial sobre economías regionales dependientes de esta actividad.

El protocolo actual frente a la detección de una planta infectada refleja esa gravedad: la única solución disponible es erradicar y quemar la plantación afectada.

Para los productores, esa medida implica un golpe económico inmediato que no sólo afecta a la explotación agrícola sino también a las familias que dependen de ella.

Ensayos regulatorios y una posible salida tecnológica para el sector

El desarrollo del biopesticida atraviesa ahora una etapa clave.

El equipo ya inició el proceso de solicitud de patente, mientras se preparan los ensayos regulatorios ante el SENASA, paso indispensable para validar el producto antes de su comercialización.

La estimación del equipo es contar con un primer MVP (producto mínimo viable) en aproximadamente 18 meses, con el objetivo de iniciar su aplicación inicialmente en Misiones.

La elección de la provincia no es casual. Según explicó Blariza, Misiones se considera la puerta de entrada del HLB en la región, lo que convierte al territorio en un escenario clave para la prevención y el control sanitario.

El impacto potencial, sin embargo, trasciende la provincia. Aunque el NOA —principal región productora de limones del país— todavía no registra la enfermedad, sí está presente el insecto vector, lo que abre la posibilidad de utilizar la tecnología como herramienta preventiva.

Una tecnología con potencial regional y global

El problema sanitario que intenta resolver la startup no es local.

El HLB afecta a grandes productores internacionales de cítricos como Estados Unidos, Brasil y China, donde la enfermedad generó pérdidas significativas en la producción.

Si los ensayos regulatorios confirman la eficacia del biopesticida, el desarrollo podría transformarse en una herramienta relevante no sólo para la citricultura argentina sino también para otros mercados internacionales.

Por ahora, el proyecto se encuentra en una etapa temprana de desarrollo empresarial. El equipo fundador está compuesto por investigadores del CONICET y profesionales del área de negocios, junto a colaboradores en el campo científico.

La evolución de los ensayos regulatorios, la validación tecnológica y la futura estrategia de escalamiento productivo marcarán el rumbo del emprendimiento.

Mientras tanto, el proyecto plantea una posibilidad concreta: que una solución biotecnológica desarrollada desde la investigación pública encuentre un lugar en la cadena productiva y abra una nueva estrategia contra una de las plagas más destructivas de la citricultura.

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