ROPA

Metas distorsionadas

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Acomodando lo que se pueda, con la máxima creatividad posible, realismo del contribuyente y sin dañar el equilibrio fiscal”, le había dicho el gobernador Hugo Passalacqua a Economis hace unos días en relación con las medidas fiscales tomadas para aliviar el bolsillo y reactivar la economía. 

En esa línea se enmarca la decisión de elevar el umbral para que las empresas misioneras se conviertan en agentes de retención y percepción de Ingresos Brutos. Se busca recuperar dinamismo en una actividad económica arrastrada a una recesión autoinfligida por decisiones “de la macro”.  

El nuevo piso se estableció en una facturación de 1.800 millones anuales, en lugar de los 1.300 millones del año pasado, con una suba por encima de la inflación, lo que debe redundar en mayor flujo de caja para al menos 2.700 empresas que serán beneficiadas directamente.

El objetivo es darle vitalidad a la economía ante la ausencia de acciones y respuestas por parte del Gobierno nacional que no parece interesado en atender las realidades que estén fuera de su rango de visión ideológica.

La decisión política misionera llega en un escenario en el que la recaudación propia está en zona compleja: cayó 6,9 por ciento en 2025, como reflejo de la menor actividad económica. Por eso tiene más valor. Al contrario de las lecturas simplistas sobre la “presión fiscal”, la política tributaria no es un dogma, sino que se adapta a la realidad económica con estímulos específicos. 

El contraste con la política económica nacional está a la vista. El Gobierno de Javier Milei recurrió a usuales prácticas “populistas” para adaptar la realidad a sus intereses. 

La salida de Marco Lavagna del Instituto Nacional de Estadística y Censos dejó en evidencia al Presidente y al ministro de Economía, Luis Caputo, quien admitió que no estaban de acuerdo con los resultados que iba a arrojar la nueva medición del Índice de Precios al Consumidor -más adecuado a los consumos actuales y con mayor peso de los servicios-, por lo que decidieron no utilizarlo, pese a los compromisos con el Fondo Monetario y un trabajo de varios años, que ahora fue dejado de lado. 

El nuevo IPC aparecerá cuando la inflación tienda a cero, dijo Caputo. O cuando convenga. En realidad, lo que se evitará con la postergación es la visibilidad del impacto de los nuevos aumentos en los servicios -energía, gas- previstos para este mes y marzo. El nuevo IPC tenía una mayor preponderancia de esos servicios y en consonancia, iba a frenar “la baja” de la inflación, que en realidad no baja desde mayo del año pasado. El mayor peso en las tarifas energéticas, de 14,5% del total en vez del 9,8% del IPC actual, tendría correlato en el cálculo final de la inflación de febrero por el 16% de aumento en gas y 3,6% en la luz.

Lo curioso es que hasta esta semana nadie cuestionaba el nuevo cálculo del Indec. De hecho, un reporte del Banco Central lo destacaba en diciembre porque “no debería afectar significativamente la tendencia inflacionaria esperada”. 

Caputo no intentó siquiera disimular la decisión de postergar la publicación del nuevo IPC hasta “cuando convenga”. 

“Marco (Lavagna) tenía como fecha para implementarlo ahora. Con el Presidente siempre tuvimos la visión de que había que implementar el cambio una vez que el proceso de deflación esté totalmente consolidado”, detalló Caputo. El ministro blanqueó que Milei pidió no difundir el nuevo índice y avisó que “seguiremos con el actual hasta que esté consolidada la desinflación”.

Esa decisión no implica sólo manipular los números de la inflación, sino que el achatamiento impacta en una cadena de variables, como salarios, jubilaciones, paritarias o el cálculo de gastos en el Presupuesto. 

Desde enero, el dólar oficial se ajusta por la inflación, una condición explícita del Fondo Monetario Internacional. Si se alteraba la metodología actual y el Índice de Precios al Consumidor arrojaba un número más alto, el esquema quedaría atrapado en una dinámica peligrosa. A mayor inflación, mayor ajuste del dólar; a mayor dólar, más expectativas inflacionarias, y el ciclo vuelve a empezar. Para evitar esa espiral, el Gobierno optó por no actualizar el IPC. Tras haber comprimido la actividad económica para forzar una baja de la inflación y comprobar que ni siquiera así logra domarla, ahora elige intervenir sobre el termómetro antes que sobre la fiebre.

Lo mismo que se le cuestionó al Indec manejado por Guillermo Moreno o cuando Marcos Peña cambió las metas de inflación anunciadas por el Banco Central aquel memorable 28 de diciembre de 2017. En aquella mesa estaban sentados el jefe de Gabinete de Mauricio Macri, acompañado por el ministro de Finanzas, Luis Caputo y el titular del BCRA, Federico Sturzenegger, que hoy son figuras excluyentes del gobierno de Milei. 

“Queremos transmitirles a los argentinos la tranquilidad enorme de tener un equipo económico con una misma visión de hacia dónde ir y de trabajar en equipo”, cerraba aquella recordada conferencia de prensa el jefe de Gabinete, Marcos Peña. 

No hubo tranquilidad. La inflación estimada en 10 + o – 2 por ciento terminó en 47 por ciento A partir de ese día, el Gobierno de Macri entró en declive, tuvo que pedir auxilio desesperado al FMI y terminó perdiendo las elecciones. 

A diferencia de entonces, el FMI ya es un actor clave de la política económica y Donald Trump es a Milei lo que fue Christine Lagarde. 

Habrá que ver si los resultados son distintos, pero The Wall Street Journal, ya advirtió que el episodio está “poniendo a prueba la confianza de los inversores en la reforma económica” del presidente Javier Milei. El matutino financiero sostuvo además que la controversia “revive el recuerdo de los esfuerzos de sus predecesores peronistas por manipular los datos de precios al consumidor”.

Lo que no puede tapar la demora del nuevo IPC son los indicadores económicos, que marcan una depresión profunda sin señales de recuperación. 

La industria manufacturera encadenó su sexta caída interanual consecutiva en diciembre, al arrojar un retroceso del 3,9% versus el mismo mes de 2024. De este modo, los datos volvieron a reflejar que se trata del sector más afectado por el modelo económico impulsado desde el Gobierno.

El análisis sectorial expone un mapa preocupante: 10 de las 16 divisiones industriales registraron caídas interanuales. Los retrocesos más profundos se dieron en textiles (-25,7%), prendas de vestir y calzado (-16,7%), automotores (-19,4%) y maquinaria y equipo (-14,8%), sectores intensivos en empleo y clave para el entramado productivo nacional.

Incluso dentro de los rubros que lograron crecer, el desempeño es heterogéneo. Alimentos y bebidas apenas avanzaron 0,8%, mientras que yerba mate, té y café retrocedieron 4,5%, un dato especialmente relevante para las economías regionales. La industria vinculada al consumo masivo muestra signos de agotamiento, presionada por la caída del poder adquisitivo.

Para el Gobierno, sin embargo, la culpa no es propia, sino de la misma industria que no se anima a competir. “Nunca compré ropa en Argentina porque es un robo”, dijo un locuaz Caputo. En la industria no están muy contentos con la posición oficial. La Federación de Industrias Textiles Argentinas alertó que estas prácticas se reflejan en una caída de la actividad cercana al 37% y en niveles de utilización de la capacidad instalada inferiores al 30% en el sector textil. “El problema actual no es la falta de competitividad, es la competencia fraudulenta”, afirmaron desde la entidad, que reclamó el cumplimiento de las normas vigentes de comercio exterior y el restablecimiento de condiciones de competencia justa como paso indispensable para recuperar producción, empleo y desarrollo industrial en la Argentina.

No parece haber demasiado interés en atender esas demandas. De hecho, hay funcionarios que se regodean en lo contrario. El asesor presidencial Miguel Boggiano lo expresó con claridad: “Se van a fundir. Se tendrán que ir a otro lugar. Se fundirán. Yo no tengo vergüenza en decirlo”.

El ministro del Interior, Diego Santilli exhibió ante los productores nucleados en Coninagro, una muestra clara de que el Gobierno no está dispuesto a atender reclamos ni advertencias. En el encuentro con la entidad se dedicó a “vender” la reforma laboral que Milei espera tener aprobada antes de marzo, más que a escuchar los planteos del campo y la chacra. El presidente de Federación de Cooperativas de Misiones, Gustavo Hein, expuso ante Santilli la crítica situación del sector yerbatero durante la reunión del Consejo de Coninagro, realizada el miércoles por la noche.

Hein detalló ante el funcionario que “el yerbatero es un mercado especial” que requiere reglas de juego diferentes a las del mercado general, debido a sus características propias. En ese sentido, sostuvo la necesidad de contar con instrumentos específicos que permitan equilibrar la oferta y la demanda, evitar la depresión de los precios que recibe el productor y, al mismo tiempo, garantizar que el consumidor pague un precio razonable por el producto terminado.

Hein señaló que Santilli escuchó el planteo con atención y se mostró receptivo, al tiempo que manifestó que ya estaba al tanto de la problemática, dado que había dialogado previamente sobre el tema con el gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua.

El funcionario nacional indicó que la cuestión deberá canalizarse a través de la Secretaría de Agricultura de la Nación, ámbito en el cual se deberían formalizar los planteos y abrir una instancia de diálogo y negociación.

“El desafío es convencer a la Secretaría de que el sector necesita otros instrumentos para mejorar la situación del productor”, resumió Hein, al sintetizar los pasos que, a su entender, deberían seguir tras el encuentro. Agricultura conoce en detalle la situación, ya que el Instituto Nacional de la Yerba Mate depende de ella, pero está claro que la política de desregulación no es una variable que esté en negociación. 

En el Gobierno provincial tienen claro que la solución para la yerba mate no vendrá de la mano de notas o reclamos a Nación -aunque sea una batalla que no se abandona-, porque entiende que la desregulación forma parte de la matriz ideológica libertaria. Habrá que ser pacientes y creativos para encontrar alternativas que cuiden a los productores primarios. El tabaco es una muestra de que las negociaciones colectivas pueden arrojar resultados positivos: el precio acordado establece un valor de $4.602 por kilo de tabaco Burley para la calidad más alta, denominada B1F, en boca de acopio. El aumento está bastante por encima de la inflación. Sin embargo, un grupo de productores bloquea el ingreso a la Asociación de Plantadores de Tabaco de Misiones, en reclamo de un aumento mayor. A nadie sorprende que dirigentes libertarios estén al frente de la protesta.

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Aduana frenó el ingreso de ropa falsificada por 850 mil dólares con destino a Ciudad del Este

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Agentes especializados de la Dirección General de Aduana–ARCA desarticularon una tentativa de contrabando de mercadería falsificada, que era transportada en un camión de matrícula paraguaya con destino a Ciudad del Este. El hallazgo tuvo lugar en el Área de Control Integrado Concordia – Salto, en la frontera con Uruguay.

El vehículo había llegado a nuestro país declarando una carga de juguetes, artículos de cocina y monopatines eléctricos, entre otras mercaderías, disponiéndose a atravesar el territorio argentino en tránsito hacia Paraguay.

Dado el carácter de la carga, el personal de la Aduana resolvió controlar el medio de transporte de manera no intrusiva, apelando al escáner camión del organismo. Sin embargo, las imágenes arrojadas por el equipo de rayos-X resultaron inconsistentes, en términos de densidad, con la declaración presentada, lo cual motivó la apertura del contenedor para una inspección física. Mientras que la mercadería documentada debería haber mostrado densidades disímiles, las imágenes del escáner apuntaban una densidad sumamente pareja en toda la carga.

En efecto, al verificar el contenedor, los agentes de la Aduana hallaron más de 75 mil prendas de vestir, incluyendo indumentaria deportiva, camperas y chalecos. Casi la totalidad de la carga era objeto de fraude marcario, con productos que llevaban inscripciones de marcas como Nike y Adidas en forma ilícita.

La mercadería, cuyo valor estimado asciende a USD 850.000, fue secuestrada en su totalidad. La Aduana labró actas por tentativa de contrabando y dio intervención al Juzgado Federal de Concordia, a cargo de la Dra. Analía Ramponi. En términos del artículo 863 del Código Aduanero, al conductor del camión, ciudadano paraguayo, podría caberle una pena de hasta 8 años de prisión.

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El legado de la humanidad: “tecno-fósiles” y la extinción masiva

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Una mirada fascinante hacia el futuro, dos expertos escriben sobre cómo los objetos que usamos hoy serán los fósiles del mañana, nuestro legado para las próximas generaciones.

¿Qué rastros dejará la humanidad para que futuras civilizaciones estudien nuestro paso por la Tierra? Un nuevo libro, “Discarded: How Technofossils Will Be Our Ultimate Legacy” (Descartados: Cómo los tecnofósiles serán nuestro legado definitivo), explora esta pregunta, planteando que los objetos manufacturados, desde botellas de plástico hasta teléfonos móviles, serán los “tecno-fósiles” que definan nuestra era.

Los paleontólogos Sarah Gabbott y Jan Zalasiewicz, autores del libro, sostienen que la humanidad está creando un nuevo tipo de fosilización, donde los objetos artificiales superan a los restos biológicos. “Estamos haciendo estos objetos y estos materiales para que sean súper duraderos, para resistir la erosión, para resistir la luz solar, para resistir la abrasión y no ser comidos por otros animales”, explica Gabbott.

El impacto del plástico y la ropa:

Entre los objetos más comunes que se fosilizarán, destacan los plásticos, presentes en botellas, bolsas y ropa. “Producimos 100.000 millones de prendas cada año, y alrededor del 60% de ellas contienen plásticos”, señala Gabbott. La ropa, normalmente invisible en el registro arqueológico, se convertirá en una firma distintiva de nuestra civilización.

Las ciudades costeras, tienen un alto potencial de fosilización debido a su hundimiento y la subida del nivel del mar. “Habrá estos mega-fósiles, mega-tecno-fósiles, que se extenderán por miles de kilómetros cuadrados”, afirma Zalasiewicz. Añadiendo que ante la baja del nivel del mar, aflorarán miles y miles de residuos.

Si bien algunos objetos serán fáciles de identificar, otros, como los teléfonos móviles, presentarán un desafío. “Verán montones y montones de estas cosas. Sabrán que era importante para la civilización, pero ¿para qué rayos se usó?”, señalando que un teléfono móvil es un rectángulo, con un vidrio superior que en unas décadas se parecerá más a un cerámico, con un plástico sumamente bien conservado, por lo que tendría mucho sentido la pregunta con respecto a su uso, expresó Gabbott.

Otro rastro significativo será la disminución de la diversidad biológica, con una preponderancia de animales domesticados. “Ahora sabemos que solo el 4% de los mamíferos en el planeta son mamíferos salvajes”, señala Gabbott.

Los autores esperan que el reciclaje se vuelva más común, pero advierten que muchos materiales seguirán desechándose, ya que materiales como el plástico, solo puede reciclarse una vez, por lo que costará mucho deshacerse de él. “Habrá una evolución en la forma en que se utilizan los materiales”, dice Gabbott. Zalasiewicz, por su parte, anticipa que la preservación de objetos en resina epóxica y vertederos anóxicos podría generar “fósiles” sorprendentes.

El libro invita a reflexionar sobre el impacto de la humanidad en el planeta y el legado que dejaremos a futuras civilizaciones. “¿Qué nos dirán? ¿Y qué podría decirles a algunos hipotéticos seres del futuro, digamos, dentro de 100 millones de años, podrían encontrar lo que dejamos atrás?”, concluye Zalasiewicz

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Argentina destina el 8,7% de sus gastos en indumentaria

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El sector de indumentaria y calzado es un termómetro clave para medir la salud de la economía argentina, ya que combina una alta dependencia de la industria local con la sensibilidad al consumo interno y externo. En un contexto marcado por la inflación, la devaluación del peso y las fluctuaciones en las políticas comerciales, este sector enfrenta desafíos que repercuten tanto en los productores como en los consumidores.

Y es que la producción nacional de indumentaria y calzado tiene una importancia significativa en la nación, ya que genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos, principalmente en provincias como Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Sin embargo, el costo de los insumos importados y las restricciones cambiarias han afectado la capacidad de producción, incrementando los costos operativos y limitando la competitividad frente a los productos importados.

De hecho, un informe de la Fundación Pro Tejer señala que, a pesar de los esfuerzos por fomentar las exportaciones, los altos costos de producción y logística dificultan competir en el mercado internacional. Esto contrasta con otras regiones, como Asia, donde las cadenas de suministro integradas y los bajos costos laborales permiten exportaciones masivas a precios competitivos.

Cabe destacar que, en Argentina, el costo de la ropa es significativamente más alto que en otros países de América Latina, lo que contrasta con un consumo per cápita inferior al promedio regional. De acuerdo a un reporte de Fundar, los argentinos destinan el 8,7% de sus gastos a la indumentaria, el doble que el promedio regional del 4%. Este fenómeno no responde a una mayor demanda, ya que el consumo per cápita de ropa es un 22% menor que en otros países de la región.

Desde la salida de la convertibilidad en 2002, los precios de la indumentaria en Argentina han seguido una trayectoria diferente a la global. Mientras que en gran parte del mundo los precios de las prendas han disminuido, en Argentina se han encarecido de manera notable. Por ejemplo, una canasta de prendas adquirida a través del canal online es un 35% más cara que en otros países de la región, considerando el tipo de cambio oficial. Incluso tomando el dólar MEP, sigue siendo un 16% más costoso. Este análisis incluyó comparaciones con países como Perú, Uruguay, México, Chile, Colombia y Brasil.

Debido a esto, muchos argentinos optan por comprar ropa en el extranjero, especialmente en países como Chile, donde los precios son más accesibles. Este comportamiento no solo afecta al comercio y al empleo local, sino que también genera una mayor salida de divisas por importaciones. Además, las restricciones a la importación de prendas en Argentina son notorias: el nivel de importaciones per cápita es 10 veces inferior al promedio mundial, una cifra que también está por debajo de países como Brasil o Chile.

La investigación de Fundar identifica diversos factores que explican estos altos costos. En primer lugar, la industria textil argentina enfrenta desafíos estructurales como una menor productividad en comparación con Asia, debido a escalas más reducidas y deficiencias organizativas en la producción. En 2023, la productividad por trabajador fue un 7% menor que en 1970 y un 37% inferior al máximo histórico de 2017. A esto se suma una presión impositiva significativa a lo largo de la cadena de valor, que eleva los costos de producción.

Asimismo, el 75% del precio de una prenda premium en un shopping se atribuye a costos no relacionados con la producción directa, el diseño o la rentabilidad. Los impuestos nacionales, provinciales y municipales representan más del 50% del precio final, mientras que los costos financieros y el alquiler de locales contribuyen con un 12% y un 12,7%, respectivamente.

A pesar de estos desafíos, existen algunas excepciones. Argentina es más competitiva en ropa de gama baja y prendas para niños y bebés, mientras que los precios son más elevados en productos de tejidos planos y ropa de adultos. No obstante, la dispersión de precios en el mercado local es una de las más altas de la región.

Para abordar esta problemática, Fundar propone una serie de políticas destinadas a mejorar la competitividad y reducir los costos. Estos incluyen revisar el esquema de administración del comercio exterior y reducir aranceles en productos con sobreprecios altos. También se sugieren incentivos para la formalización y la competitividad de la industria, como la eliminación de ingresos brutos y el impuesto al cheque en ciertos sectores, junto con programas de capacitación y créditos productivos.

Otra recomendación clave es la promoción de polos de confección habilitados para integrar a trabajadores informales. Estas iniciativas, lideradas por gobiernos locales, buscan ofrecer oportunidades laborales en sectores competitivos y sostenibles.

Producción del calzado

La producción de calzado en Argentina experimentó una caída preocupante del 12,2 % interanual en septiembre de 2024, según el Índice de Producción Industrial Fabricante (IPIM) del INDEC. Hasta ese mes, el sector acumuló una contracción del 14,7 %, reflejando una tendencia negativa que afecta al empleo y la competitividad de la industria. Esta situación responde a una combinación de factores, como la alta inflación, la falta de insumos y la competencia de productos importados, que han complicado aún más el panorama de las fábricas nacionales.

En el contexto general, la actividad manufacturera en Argentina también mostró una caída significativa del 6,1 % en septiembre en comparación con el mismo mes del año anterior. La acumulación de problemas económicos, como la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades para acceder a financiamiento, impactan a los sectores productivos, incluido el calzado. 

Aunque, más allá de este escenario crítico, el último CyberMonday 2024 presentó un respiro para el sector comercial, con cifras récord en ventas online. Durante los tres días del evento organizado por la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), casi 7 millones de usuarios visitaron la página oficial, duplicando los números del año pasado. Entre las categorías más buscadas se destacó el calzado, que registró un aumento en el interés de los consumidores, especialmente hacia el cierre del evento.

El CyberMonday ofreció descuentos promedio del 29%, con categorías como Salud y Belleza, Supermercados y Calzado entre las más favorecidas. Los datos de la CACE reflejan un cambio en el comportamiento de los consumidores, quienes comenzaron sus búsquedas por productos de mayor valor, como electrodomésticos y tecnología, para luego inclinarse hacia artículos de menor costo. Esto benefició a categorías como calzado e indumentaria, que tuvieron un repunte significativo durante el tercer día del evento.

Entre los productos más buscados, el calzado compartió protagonismo con otros como zapatillas, celulares y electrodomésticos. La categoría Viajes también mostró un alto interés, consolidando la diversidad en las preferencias de los usuarios. Este dinamismo contrasta con las dificultades que enfrenta la producción de calzado en el país, que sigue acumulando una retracción del 8,2 % en lo que va del año, según la Unión Industrial Argentina (UIA).

El sector manufacturero, en general, ha perdido competitividad desde 2013, con una contracción acumulada del 27,9 % en términos de empleo. Aunque en septiembre de 2024 hubo un leve incremento mensual del 0,1 % en el empleo industrial registrado, la caída interanual fue del 2,4 %, con la pérdida de 29.246 puestos de trabajo en todo el sector. La industria del calzado, en particular, enfrenta una crisis estructural, con desafíos para recuperar los niveles de producción y empleo de años anteriores.

De cara al 2025, el panorama para la industria del calzado sigue siendo incierto. Aunque el éxito del CyberMonday subraya el potencial del consumo local, el sector requiere políticas de urgencia que promuevan su recuperación. Medidas como incentivos fiscales, financiamiento para la modernización tecnológica y una estrategia efectiva contra la competencia desleal serán clave para revertir la tendencia negativa. Solo así será posible fortalecer una industria que, pese a los desafíos, sigue siendo fundamental para la economía nacional.

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Se espera que la ropa de segunda mano represente 27% de la moda que consume el comprador promedio en 2023

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El valor estimado del mercado de reventa de ropa, calzado y accesorios es de entre 100.000 y 120.000 millones de dólares en todo el mundo, casi triplicando el tamaño que tenía en 2020. Así lo evidencia un nuevo estudio de Boston Consulting Group (BCG) y Vestiaire Collective, What an Accelerating Secondhand Market Means for Fashion Brands and Retailers, donde además se destaca que, aunque los compradores llegan al mercado de segunda mano adquiriendo carteras y bolsos, muchos regresan para comprar ropa y, en última instancia, joyería. 

Actualmente, el mercado de segunda mano representa entre 3% y 5% del sector global de ropa, calzado y accesorios, y podría crecer hasta el 40%. Mientras que los productos de reventa constituyen aproximadamente una cuarta parte de los armarios de los compradores de productos de segunda mano, se espera que constituyan el 27% en 2023. Los consumidores de la generación Z son los más propensos a comprar (31%) y vender (44%) artículos de segunda mano, y los millennials les siguen de cerca.

Si bien la mitad de los encuestados citaron la asequibilidad y el valor como la principal razón para comprar ropa de segunda mano, este número ha disminuido notablemente desde 2019 y 2020. El 40% de los compradores ven la ropa de segunda mano como su forma de consumir moda de manera sustentable.

“Este nuevo estudio arroja a la luz los hábitos de compra de los consumidores hoy en día y los pasos críticos que las empresas de moda deberían tomar para capitalizar el mercado de segunda mano que se expande tan rápidamente”, señala Cristián Carafí, Managing Director & Partner de BCG. “Aun así, la industria de la moda seguirá desempeñando un papel importante en la vida de los consumidores, pero esto no garantiza el éxito. Las marcas más innovadoras del mercado ya están creando soluciones que les permitirán ganar en el futuro”, agrega Carafí.

Si bien los consumidores generalmente se sienten cómodos cuando compran en línea, el reporte revela que los temores a los productos falsificados o de mala calidad podrían disuadir a los consumidores de efectuar la compra de segunda mano. Hasta el 10 % de los productos de marca que se venden son falsos, y se calcula que 80 % de los consumidores han manipulado productos falsos, con o sin su conocimiento.

Casi 60 % de los consumidores ha descubierto una marca gracias a su primera compra de segunda mano, lo que demuestra la gran oportunidad que tienen las compañías de aumentar su alcance a nuevos clientes al participar en el mercado de reventa.

El informe describe tres modelos que las marcas y/o los retailers deben considerar al ingresar al mercado de segunda mano.

●       Poseer y operar sus propias capacidades de reventa: al revender sus propias colecciones en línea y en las tiendas, las empresas pueden mantener el control de su marca y la estructura de precios y, aun así, obtener un margen doble en el mismo artículo. Sin embargo, este enfoque puede requerir muchos recursos y puede haber un alcance limitado de clientes, así como riesgos de volumen e inventario.

●       Asociación con una plataforma de reventa: este modelo ofrece una solución mutuamente beneficiosa. La plataforma maneja la logística, el procesamiento de pagos y la validación de productos. Al mismo tiempo se obtiene un mayor tráfico, promoción y credibilidad del minorista. Por su parte, la marca puede revender sus productos, potenciar el reconocimiento y captar nuevos clientes a bajo precio.

●       Explorar la reventa sin realizar una inversión significativa o un compromiso a largo plazo: esta opción incluye otorgar a un socio minorista un espacio en las tiendas y desarrollar esquemas de descuento e incentivos para vender ropa de segunda mano.

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