Rusia

Putin, Ucrania y una guerra contra el tiempo

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Ya pasaron casi dos años y seis meses desde que Vladimir Putin anunció la “operación militar especial” que dio origen al conflicto del cual habla todo el mundo. Desde ese entonces, gran parte de las fuerzas se concentraron en el territorio ucraniano. Con vaivenes, el enfrentamiento fue variando, aunque las últimas semanas le dieron mayor oxígeno a Ucrania. 

Kursk se transformó en la nueva obsesión de Zelenski. Las fuerzas rompieron el umbral del terreno ruso y avanzaron copando cerca de 100 asentamientos. Destrucción de puentes, sedes tomadas, ataque a barcos de petróleo y hasta un asedio aéreo a Moscú son las nuevas jugadas de Ucrania, quien parecía dormida pero nuevamente se puso en juego. 

La siesta rusa 

Parece difícil pensar, hoy en día, tras más de dos años de guerra, que Putin haya bajado la retaguardia a tal punto que las fuerzas ucranianas irrumpieron en su territorio. La guerra entró en una nueva faceta: ruso-ucraniana. Ya no se lleva a cabo sólo en suelo de Ucrania. Esto posibilita ver las nuevas características del conflicto. 

En primer lugar, una guerra en suelo ruso facilita el lanzamiento de drones y misiles hacia objetivos ucranianos, entendiendo la cercanía. Además de ello, Ucrania levantó su moral en una guerra que parecía ser de un desgaste eterno y hoy pelea a destajo en las gélidas tierras del país de Putin. 

El gran interrogante pasa por la falta de reacción del Kremlin. Difícil es creer que un ejército de semejante estirpe no haya podido contener este avance ucraniano y, sobre todo, permitir el asedio a Moscú, el punto más fuerte que tiene Rusia. Quizás a Putin se le están terminando las pilas o quizás, la contraofensiva que se pueda presentar sea letal. 

No sería de extrañar que Putin esté permitiendo la avanzada ucraniana para poder tener la excusa perfecta de arrojar un ataque mortal. 

Las armas nucleares son una opción a contemplar y a tener. Se sabe que Rusia las posee y un solo lanzamiento podría ser devastador para el mundo, aunque está claro que terminaría con toda pretensión de Ucrania. Esa opción hoy está más viva que nunca. 

Siempre que habla Putin, el temor se apodera de la escena, pero, en este caso, el silencio de Putin es aún más terrorífico.

El marketing de guerra 

No sería de extrañar tampoco que Ucrania esté siendo utilizada por sus aliados para ganar espacio en la agenda internacional. Zelenski tuvo que ir de rodillas hasta el Capitolio y la Casa Blanca para pedir que le extiendan los préstamos (impagables) y el financiamiento de la maquinaria bélica. El Senado de Estados Unidos le había dado la cara de manera contundente, pero ahora la cosa parece diferente. 

No es descabellado pensar en que el último trajín de la gestión de Biden le haya abierto los grifos del dinero para esta incursión. ¿Qué ganaría Estados Unidos? Biden podría lavar un poco la cara de su pésima gestión en política exterior y de esta manera, juntar unos “porotitos” para la campaña de Kamala Harris. 

En pocas palabras, si la incursión ucraniana en Kursk sigue teniendo espacio y va ganando terreno hasta noviembre, Biden podría sacar pecho de que “valió la pena” el desequilibrio económico y fiscal de Estados Unidos a expensas de la posible derrota rusa y del crecimiento de la influencia estadounidense en el mundo (como si lo necesitara).

Ucrania, el conejillo de Indias 

Hay una fuerte sensación de que el régimen de Zelenski es, hace tiempo, una especie de laboratorio para Estados Unidos. El ideario de crear una esfera de poder occidental alrededor de Ucrania, en detrimento del poder ruso en Europa del Este. 

Zelenski, sea como sea, sabe que posiblemente se le esté acabando el tiempo. Si Trump gana las elecciones, difícilmente pueda seguir batallando contra Rusia y la rendición sería la única escapatoria. Por ende, “quemar las naves” es la solución que encuentran ahora con un fuerte avance en Kursk.

Lo que aclararon las autoridades de Kiev es que no tienen pretensiones de mantenerse ocupando esos territorios, sino que lo hacen con el fin de que Rusia acepte una salida al conflicto o un plan de paz que también beneficie a Ucrania. 

Putin fue tajante, y aclaró que pacificará la zona si Ucrania acepta ceder los territorios del Donbás a Rusia, sumado a la ya ocupada península de Crimea desde 2014. Para Zelenski no hay otra salida que la recuperación de esos territorios y encontraron en el avance sobre Rusia, la posibilidad de presionar al Kremlin. 

Pero, ¿qué pasa si Estados Unidos deja de financiar a Ucrania? Básicamente, el gobierno de Zelenski se cae a pedazos. Hace mucho tiempo se sabe que este conflicto es lo más parecido a uno de los puntos calientes de la Guerra Fría. Estados Unidos usa a Ucrania para medirse contra Rusia, con el fin de mantener y usurpar la hegemonía del otro. El fin de Zelenski será el fin de la guerra. Si sale victorioso será un héroe, si pierde será condenado.

A fin de cuentas, y volviendo a la actualidad, ¿Ucrania está ganando la guerra? En términos bélicos, está pasando por una remontada y una incursión al estilo ruso en Rusia, casi como darle de tomar de su propia medicina. Sin embargo, el Régimen de Putin continúa controlando parte del Donbás y demostró, a lo largo de estos últimos dos años y medio que tiene capacidad para aguantar un conflicto de larga data. Es cierto, Rusia tiene grandes aliados como China e Irán, pero su tradición bélica sigue marcando el ritmo del conflicto. 

En términos generales, el dominio de la guerra actualmente en manos de Ucrania tiene una fecha de vencimiento. Si Rusia aguanta con lo mínimo y su economía no se resiente, podría esperar a una posible victoria de Trump, lo que sería categórico para Ucrania. La estrategia de Putin estaría centrada en usar la menor fuerza posible y jugar con las expectativas de un cambio en el orden internacional. En caso contrario, Putin deberá sacar a relucir sus armas más letales e inclusive sus aliados en la zona, no es casualidad que haya viajado a Chechenia recientemente. Hoy, la guerra ruso – ucraniana ya no es el sensacionalismo amarillista de los medios cuando comenzó el conflicto. Es un claro juego de ajedrez, donde el retador ucraniano depende de su entrenador estadounidense y, el ruso, fiel a su historia, espera paciente para su jaque mate.

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China se une a Rusia en la lista de adversarios del G7

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Por David E. Sanger, New York Times. El jueves por la noche, el presidente Biden estaba ansioso por bajar del escenario en la cumbre del Grupo de los 7, claramente algo molesto tras responder a preguntas sobre la condena de Hunter Biden y las perspectivas de un alto al fuego en Gaza.

Pero al final de su conferencia de prensa con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, no pudo evitar intervenir mientras el líder ucraniano hablaba con delicadeza sobre la cada vez más estrecha relación de China con Rusia. Biden se inclinó hacia el micrófono apenas Zelenski terminó.

“Por cierto, China no está suministrando armas” para la guerra en Ucrania, dijo Biden, “sino la capacidad de producir esas armas y la tecnología disponible para hacerlo”.

“Así que, de hecho, está ayudando a Rusia”, afirmó.

Durante toda la cumbre del Grupo de los 7 celebrada en Apulia, China ha estado al acecho: como salvadora de “la maquinaria bélica de Rusia”, en palabras del comunicado final de la cumbre; como una amenaza cada vez mayor en el mar de la China Meridional, y como un actor económico caprichoso, que vierte automóviles eléctricos en los mercados occidentales y amenaza con retener minerales críticos necesarios para las industrias de alta tecnología.

En total, hay 28 referencias a China en el comunicado final, casi todas ellas describiendo a Pekín como una fuerza maliciosa.

El contraste con la imagen de China de hace tan solo unos años es notable.

En cumbres anteriores, las principales economías occidentales hablaron a menudo de formar alianzas con Pekín para combatir el cambio climático, el terrorismo y la proliferación nuclear. Aunque China nunca fue invitada al G7 como en su día lo fue Rusia —Moscú se unió al grupo en 1997 y fue suspendido cuando se anexionó Crimea en 2014—, Pekín era descrito a menudo como un “socio”, un proveedor y, sobre todo, un magnífico cliente de todo tipo de productos, desde coches alemanes hasta alta costura francesa.

Aunque Xi Jinping, líder de China, no asistió a la cumbre, él y su país tuvieron una presencia notable en las discusiones de los líderes allí presentes. Credit…Tingshu Wang/Reuters

Ya no es así. Este año, se ha hablado con frecuencia de China y Rusia en el mismo tono, y en los mismos términos amenazadores, quizá el resultado natural de la profundización de sus alianzas.

Un alto funcionario del gobierno de Biden que asistió a las conversaciones de los líderes reunidos en la cumbre, y que más tarde informó a los periodistas, describió un debate sobre el papel de China que parecía dar por sentado que la relación sería cada vez más conflictiva.

“A medida que pasa el tiempo, queda claro que el objetivo del presidente Xi es el dominio chino”, desde el comercio hasta la influencia en cuestiones de seguridad en todo el mundo, dijo el funcionario a los periodistas, quien pidió no ser nombrado tras describir conversaciones privadas.

Pero fue el apoyo de China a Rusia lo que constituyó un elemento nuevo en la cumbre de este año, y lo que quizás hizo cambiar opiniones en Europa. El tema del papel de China apenas se planteó en las dos cumbres anteriores y, cuando se hizo, fue a menudo sobre la influencia de su máximo dirigente, Xi Jinping, como fuerza moderadora sobre el presidente Vladimir Putin, especialmente cuando se temía que Putin pudiera detonar un arma nuclear en territorio ucraniano.

Esta vez, el tono fue muy diferente, empezando por el propio comunicado.

“Seguiremos tomando medidas contra los actores en China y otros países que apoyan materialmente la maquinaria bélica de Rusia”, señaló el comunicado de los líderes, “incluidas las instituciones financieras, en consonancia con nuestros sistemas legales, y otras entidades en China que facilitan la adquisición por parte de Rusia de artículos para su base industrial de defensa”.

Estados Unidos había insistido en incluir ese lenguaje y estuvo presionando a sus aliados para que emularan la acción de Biden a principios de esta semana, cuando el Departamento del Tesoro emitió una serie de nuevas sanciones diseñadas para interrumpir los crecientes vínculos tecnológicos entre Rusia y China. Pero hasta ahora, pocos de los demás países del G7 han tomado medidas similares.

Dentro del gobierno de Biden, cada vez se cree más que la opinión de Xi sobre el papel de China en la guerra en Ucrania ha cambiado en el último año, y que apoyará cada vez más a Putin, con quien ha declarado tener una “asociación sin límites”.

Hace tan solo unos meses, la mayoría de los funcionarios del gobierno consideraban esta afirmación una hipérbole, e incluso Biden, en comentarios públicos, expresó sus dudas de que los dos países pudieran superar sus enormes recelos mutuos para trabajar juntos.

Esa opinión ha cambiado, y algunos funcionarios gubernamentales afirmaron que creen que Pekín también estaba trabajando para disuadir a los países de participar en una conferencia de paz organizada por Zelenski. Más de 90 países asistirán a la conferencia en Suiza este fin de semana, pero Rusia no participará. China, que hace un año expresó su interés en una variedad de planes de alto al fuego y de paz, ha dicho que tampoco asistirá.

En opinión de Alexander Gabuev, director del Carnegie Russia Eurasia Center de Berlín, China se opone ahora a cualquier esfuerzo de paz en el que no pueda ser el actor central.

“Xi, al parecer, no abandonará a su problemático socio ruso, ni tampoco tendrá siquiera una retórica para ayudar a Kiev”, escribió Gabuev en Foreign Affairs el viernes. “En su lugar, China ha optado por un enfoque más ambicioso, pero también más arriesgado. Seguirá ayudando a Moscú y saboteando las propuestas de paz de Occidente. Espera entonces abalanzarse y utilizar su influencia sobre Rusia para sentar a ambas partes a la mesa en un intento de negociar un acuerdo permanente”.

En una imagen facilitada por los medios de comunicación estatales rusos, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, a la izquierda, asiste a una ceremonia de bienvenida en Pekín con Xi, en mayo. La creciente asociación entre ambos países fue una de las principales preocupaciones de la cumbre del G7. Credit…Sergei Bobylyov/Sputnik, vía Agence France-Presse — Getty Images

Funcionarios estadounidenses presentes en la cumbre manifestaron que estaban de acuerdo en gran medida con el diagnóstico de Gabuev, pero que dudaban de que China tuviera la experiencia diplomática necesaria para hacerlo funcionar.

Pero el cambio de opinión sobre China fue mucho más allá de las cuestiones que se plantean en torno al desenlace de la situación en Ucrania. Los países europeos, a los que hace unos años les preocupaba que Estados Unidos se mostrara demasiado beligerante con China, suscribieron este año el comunicado, con sus llamados a unas cadenas de suministro occidentales más sólidas y menos dependientes de las empresas chinas.

Implícitamente, el comunicado emitido en conjunto también acusaba a China de una serie de importantes ciberataques de infraestructuras críticas estadounidenses y europeas, instaba a China a “mantener su compromiso de actuar con responsabilidad en el ciberespacio” y prometía “continuar nuestros esfuerzos para interrumpir y disuadir la ciberactividad persistente y maliciosa procedente de China, que amenaza la seguridad y privacidad de nuestros ciudadanos, socava la innovación y pone en riesgo nuestras infraestructuras críticas”.

Esa referencia a las infraestructuras parecía estar vinculada a un programa chino que Estados Unidos denomina “Volt Typhoon”. Funcionarios de inteligencia estadounidenses lo han descrito como un esfuerzo sofisticado de China para colocar un programa malicioso creado en China en los sistemas de agua, redes eléctricas y operaciones portuarias de Estados Unidos y sus aliados.

En declaraciones ante el Congreso y en entrevistas, funcionarios del gobierno de Biden han denunciado que el verdadero objetivo del programa malicioso es obtener la capacidad de interrumpir servicios vitales en Estados Unidos en medio de una crisis en Taiwán, ralentizando la respuesta militar estadounidense y desatando el caos entre los estadounidenses, a quienes les preocuparía más volver a tener agua que mantener la independencia de Taiwán.

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Milei en Suiza: “Como defensores de la idea de la libertad repudiamos la guerra como mecanismo ilegítimo para dirimir los conflictos entre naciones”

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El Presidente Javier Milei aseguró hoy en la Sesión Plenaria de Apertura de la Cumbre Global por la Paz de Ucrania que tiene lugar en Suiza, que desde la Argentina “como defensores de la idea de la libertad, repudiamos cualquier forma de violencia, ya sea entre individuos, pero en particular repudiamos la guerra como mecanismo ilegítimo para dirimir los conflictos entre naciones”.

El mandatario expresó “en nombre del pueblo argentino” el “máximo apoyo a Ucrania y a nuestro amigo el presidente Volodimir Zelenski”, a quien agradeció por la invitación al evento.

“La guerra, trágica por naturaleza, no puede ser nunca la respuesta a problemas que deben saldarse en la esfera política”, señaló el Jefe de Estado, al tiempo que reafirmó el compromiso del país con “la defensa de las ideas que hicieron grande a occidente, y la paz entre las naciones libres no sólo es un deber moral, sino la condición necesaria para la prosperidad”.

A continuación, los puntos más destacados del discurso:

✅ “En nombre del pueblo argentino, nuestro máximo apoyo al pueblo de Ucrania y a nuestro amigo el presidente Zelenski”.

✅“Los argentinos tenemos plena conciencia del valor de la paz y la convivencia democrática como ejes rectores de la vida en sociedad”.

✅ “Como defensores de la idea de la libertad repudiamos cualquier forma de violencia, ya sea entre individuos, pero en particular repudiamos la guerra como mecanismo ilegítimo para dirimir los conflictos entre naciones”.

✅ “Somos defensores de la idea de la libertad. El liberalismo, como lo entendemos nosotros, es el respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de una agresión, en defensa del derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada”.

✅ “No hay prosperidad económica sin comercio libre, y no hay comercio libre si no hay paz. Y el comercio libre es naturalmente pacífica”.

✅ “La guerra no es una herramienta legítima para resolver conflictos; la guerra es el último recurso de un pueblo que debe defenderse, nada más ni nada menos”.

✅ “Hay una nueva Argentina que abraza una vez más las ideas que hace 150 años la convirtieron en uno de los países más prósperos del mundo, y hay una nueva Argentina que busca también recuperar el lugar protagónico en el concierto de las naciones que alguna vez tuvo y que nunca debería haber abandonado”.

✅ “Sepan que la Argentina estará siempre comprometida con la defensa de las ideas que hicieron grande a Occidente, y que para nosotros la paz entre las naciones libres no sólo es un deber moral, sino la condición necesaria para la prosperidad”.

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Paz en Ucrania, ¿utopía o realidad?

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El ocaso de una guerra que puso los ojos del mundo en Europa del este podría comenzar a visualizarse. Al menos, el máximo líder de Rusia, dejó a entrever que esta posibilidad está latente. 

Putin fue claro, y aclaró que existe una vía para que las hostilidades entre rusos y ucranianos en suelo de los últimos, principalmente, llegue a su fin. El mandamás del Kremlin fue tajante al declarar que, si Ucrania acepta las nuevas fronteras post guerra que pretende Rusia. El famoso territorio en disputa, el Donbás, concentrado precisamente sobre el este ucraniano, es el sitio que desvela a Putin hace poco más de dos años, cuando esta “operación militar especial” comenzó y se transformó en el conflicto que mantiene en vilo a gran parte del mundo. 

Esas nuevas fronteras comprenden a zonas de vital importancia como Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Cabe destacar que estas regiones pasaron por un proceso de anexión mediante un referéndum por de más dudoso, en cuanto a sus cifras, amedrentamiento o inclusive tendencia hacia la amenaza para que los pobladores voten a favor de Rusia. Este hito tuvo lugar a finales de septiembre de 2022, dando como resultado más del 90% a favor de unirse al país dirigido por Putin. 

Además de esto, según el lado ruso, el conflicto tuvo como una de sus génesis a la protección de los ruso – parlantes en la zona del Donbás. De hecho, desde 2014, cuando se da la anexión de Crimea a Rusia, Ucrania comenzó un proceso de extensión de su presencia coercitiva a través de instituciones y de las fuerzas armadas y de seguridad en el este. Según Rusia, la consecuencia de esto fue la persecución y el aumento de hostilidades contra los ucranianos que adoptaron costumbres rusas, su idioma, y otras cuestiones que hacen a la identidad, y que rozan las diferencias entre Estado y Nación. 

Sea como sea, la salida de Putin, aparentemente, es que reconozcan a esos territorios como rusos, achicando la geografía ucraniana. Si eso pasa, según el líder ruso, será el fin de la guerra. 

La opción de la paz 

Zelenski fue severo en varias ocasiones, durante el transcurrir de este conflicto. Para Ucrania no hay nada que negociar en cuanto al territorio y la partición de su país. Lo que plantearon desde un principio fue por la defensa legítima de las regiones en disputa, con fuerte incentivo económico y bélico de países occidentales, puntualmente de Estados Unidos. 

Uno de los panoramas, el principal para los ucranianos es, inclusive con la recuperación de territorio. No solamente la defensa del Donbás, sino que agregar la posibilidad de una fuerte incursión en Crimea para poder tomar nuevamente el control de esta zona clave en cuanto a la movilidad estratégica y económica de la zona. En 2014, Rusia se apoderó de Crimea, despojando a Ucrania de esta región prioritaria. Con el transcurso de los acontecimientos, parece que esto es prácticamente imposible. 

Otro de los puntos es volver a las fronteras previas a la incursión militar rusa en 2022. Significa que Crimea seguirá en manos de Rusia, pero el Donbás, actualmente en disputa, seguiría siendo ucraniano. Este plano es bastante considerable, entendiendo las partes que se puedan acordar, inclusive manteniendo una posible tutela compartida por las cuestiones étnicas que hacen a la particularidad de esta zona, como el lenguaje o el sentido de pertenencia por un país u otro. 

Si termina la guerra, ¿Quién gana? 

En el juego de dominador y dominado, entre narrativas de vencedores vencidos, siempre hay lugar para comprender cuales son los intereses ampliamente conseguidos por un lado y por otro. Si Rusia consigue la anexión del Donbás, no solo gana territorio, sino que amplia su zona de influencia con Ucrania. Además de eso, en términos económicos, la Unión Europea podría ganar. Esto se expresa por la posibilidad de restablecer lazos comerciales con el gran emporio energético ruso, el cual padeció desde el arranque del conflicto por las multas y sanciones internacionales ejercidas. Si esto se levanta, la Unión Europea vuelve a tener gas ruso. 

En términos políticos la cosa cambia. Si Rusia consigue la anexión del Donbás como fin de la guerra en Ucrania, Europa demuestra su faceta de mayor debilidad y sumisión, ante una guerra desgaste que evidentemente funcionó para la Kremlin, y que llevó a que el viejo continente se arrodille ante sus proclamas. Políticamente, incluso, puede marcar el principio del fin de la hegemonía europea y marca el proceso del dominio ruso del poderío en esa zona del mundo. 

Para Estados Unidos, si esto termina como planteó Putin, tampoco sería algo bueno. Primero porque invirtieron un dineral tremendo para el ejército ucraniano y todo para perder el territorio en disputa. Luego, en cuestiones meramente políticas, se lleva puesto al Partido Demócrata. Biden basó la mitad de su gestión en una política internacional que desde el vamos fue fallida, acrecentando el descontento popular en el seno estadounidense por los propios problemas internos y fronterizos del país norteamericano. Esto allanaría el camino para que Trump se lleve un triunfo más cómodo en las elecciones de lo que podrían plantear previamente. 

Esta situación nos lleva rápidamente a pensar en Ucrania. La pérdida de territorio y de la guerra en si, podría arrastrar a Zelenski y sus jerarcas al ostracismo de la historia, como el mandatario que mandó a morir a los ucranianos contra un ejército de elite como el ruso, que además contaba con mercenarios de guerra y armamento nuclear. Abre también el camino a una posible investigación interna y externa sobre los manejos de la cúpula bélica, cuestionada en varios momentos por corrupción. Sin embargo, no todas son pálidas. 

Hay una posibilidad de sacar algo bueno de una hipotética derrota, según el planteo de Putin. Ucrania deberá afrontar tiempos de profunda reestructuración política y sobre todo económica, entendiendo que tiene un mega endeudamiento con Estados Unidos. Si arreglan esto y reafirman las instituciones democráticas, Kiev podría, en unos cuantos años, estar presto a ingresar a la Unión Europea y a la OTAN, si Rusia no lo impide nuevamente. 

El fin de una guerra es un hito festejable, sin lugar a dudas, pero abre un duro camino de reconstrucción que dejará heridas que no sanarán jamás. Rusos y ucranianos de a pie que fueron a combatir por intereses de sus jefes. Algunos de ellos no perdieron la vida, pero perdieron todo lo que hace a la vida: familia, amigos, hogar y paz. Si esto se termina bajo el panorama que sea, Europa deberá replantearse si seguir considerando un enemigo acérrimo a Rusia o si la cooperación es algo innegable, y, por otro lado, Estados Unidos quizás deba pensar que el Destino Manifiesto ya no opera con total claridad en un mundo multipolar como el que actualmente vivimos.

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La metalurgia de Rosatom comenzó a fabricar un reactor para la central nuclear Paks-2 de Hungría

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Para el primer lote de piezas en bruto se fundieron 600 toneladas de metal con el que se fabricarán las carcasas del reactor

La empresa AEM-Spetsstal, que es la División de Ingeniería Mecánica de Rosatom, comenzó a forjar un lote de piezas en bruto destinado para la vasija del reactor de la primera unidad de potencia de la central nuclear Paks-2, que Rosatom está construyendo en Hungría de acuerdo al último diseño ruso.

La ceremonia del inicio de la producción de piezas se llevó a cabo en presencia de las delegaciones rusa y húngara, con la participación del presidente y director general de la central nuclear Paks-2, Gergely Jakli, el alcalde de la ciudad de Paks, Peter Szabo, el vicepresidente de Atomstroyexport JSC, director del proyecto de construcción de la central nuclear Paks, Vitaly Polyanin, y primer vicedirector de la división de construcción de maquinaria de Rosatom, Andrey Sinyakov.

Luego, a partir de estas piezas se fabricarán las carcasas de la planta del reactor VVER-1200 de generación III+. Las carcasas son un elemento estructural importante de la vasija del reactor. Son cilindros vacíos que están soldados entre sí. Las piezas se fabrican en uno de los complejos de forja automatizada más grandes de Europa, y luego se enviarán a grandes tornos verticales especializados para su mecanizado.

Estamos trabajando para que las nuevas unidades de potencia de la central nuclear Paks puedan conectarse a la red a principios de 2030. Los trabajos para ello se llevan a cabo en paralelo tanto en la obra de Paks como a varios miles de kilómetros de Hungría, en San Petersburgo. Para nosotros es importante que después del inicio de la fundición podamos ver de cerca las etapas iniciales de fabricación de la carcasa de la vasija del reactor”, señaló Gergely Jakli. 

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