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Putin, Ucrania y una guerra contra el tiempo

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Ya pasaron casi dos años y seis meses desde que Vladimir Putin anunció la “operación militar especial” que dio origen al conflicto del cual habla todo el mundo. Desde ese entonces, gran parte de las fuerzas se concentraron en el territorio ucraniano. Con vaivenes, el enfrentamiento fue variando, aunque las últimas semanas le dieron mayor oxígeno a Ucrania. 

Kursk se transformó en la nueva obsesión de Zelenski. Las fuerzas rompieron el umbral del terreno ruso y avanzaron copando cerca de 100 asentamientos. Destrucción de puentes, sedes tomadas, ataque a barcos de petróleo y hasta un asedio aéreo a Moscú son las nuevas jugadas de Ucrania, quien parecía dormida pero nuevamente se puso en juego. 

La siesta rusa 

Parece difícil pensar, hoy en día, tras más de dos años de guerra, que Putin haya bajado la retaguardia a tal punto que las fuerzas ucranianas irrumpieron en su territorio. La guerra entró en una nueva faceta: ruso-ucraniana. Ya no se lleva a cabo sólo en suelo de Ucrania. Esto posibilita ver las nuevas características del conflicto. 

En primer lugar, una guerra en suelo ruso facilita el lanzamiento de drones y misiles hacia objetivos ucranianos, entendiendo la cercanía. Además de ello, Ucrania levantó su moral en una guerra que parecía ser de un desgaste eterno y hoy pelea a destajo en las gélidas tierras del país de Putin. 

El gran interrogante pasa por la falta de reacción del Kremlin. Difícil es creer que un ejército de semejante estirpe no haya podido contener este avance ucraniano y, sobre todo, permitir el asedio a Moscú, el punto más fuerte que tiene Rusia. Quizás a Putin se le están terminando las pilas o quizás, la contraofensiva que se pueda presentar sea letal. 

No sería de extrañar que Putin esté permitiendo la avanzada ucraniana para poder tener la excusa perfecta de arrojar un ataque mortal. 

Las armas nucleares son una opción a contemplar y a tener. Se sabe que Rusia las posee y un solo lanzamiento podría ser devastador para el mundo, aunque está claro que terminaría con toda pretensión de Ucrania. Esa opción hoy está más viva que nunca. 

Siempre que habla Putin, el temor se apodera de la escena, pero, en este caso, el silencio de Putin es aún más terrorífico.

El marketing de guerra 

No sería de extrañar tampoco que Ucrania esté siendo utilizada por sus aliados para ganar espacio en la agenda internacional. Zelenski tuvo que ir de rodillas hasta el Capitolio y la Casa Blanca para pedir que le extiendan los préstamos (impagables) y el financiamiento de la maquinaria bélica. El Senado de Estados Unidos le había dado la cara de manera contundente, pero ahora la cosa parece diferente. 

No es descabellado pensar en que el último trajín de la gestión de Biden le haya abierto los grifos del dinero para esta incursión. ¿Qué ganaría Estados Unidos? Biden podría lavar un poco la cara de su pésima gestión en política exterior y de esta manera, juntar unos “porotitos” para la campaña de Kamala Harris. 

En pocas palabras, si la incursión ucraniana en Kursk sigue teniendo espacio y va ganando terreno hasta noviembre, Biden podría sacar pecho de que “valió la pena” el desequilibrio económico y fiscal de Estados Unidos a expensas de la posible derrota rusa y del crecimiento de la influencia estadounidense en el mundo (como si lo necesitara).

Ucrania, el conejillo de Indias 

Hay una fuerte sensación de que el régimen de Zelenski es, hace tiempo, una especie de laboratorio para Estados Unidos. El ideario de crear una esfera de poder occidental alrededor de Ucrania, en detrimento del poder ruso en Europa del Este. 

Zelenski, sea como sea, sabe que posiblemente se le esté acabando el tiempo. Si Trump gana las elecciones, difícilmente pueda seguir batallando contra Rusia y la rendición sería la única escapatoria. Por ende, “quemar las naves” es la solución que encuentran ahora con un fuerte avance en Kursk.

Lo que aclararon las autoridades de Kiev es que no tienen pretensiones de mantenerse ocupando esos territorios, sino que lo hacen con el fin de que Rusia acepte una salida al conflicto o un plan de paz que también beneficie a Ucrania. 

Putin fue tajante, y aclaró que pacificará la zona si Ucrania acepta ceder los territorios del Donbás a Rusia, sumado a la ya ocupada península de Crimea desde 2014. Para Zelenski no hay otra salida que la recuperación de esos territorios y encontraron en el avance sobre Rusia, la posibilidad de presionar al Kremlin. 

Pero, ¿qué pasa si Estados Unidos deja de financiar a Ucrania? Básicamente, el gobierno de Zelenski se cae a pedazos. Hace mucho tiempo se sabe que este conflicto es lo más parecido a uno de los puntos calientes de la Guerra Fría. Estados Unidos usa a Ucrania para medirse contra Rusia, con el fin de mantener y usurpar la hegemonía del otro. El fin de Zelenski será el fin de la guerra. Si sale victorioso será un héroe, si pierde será condenado.

A fin de cuentas, y volviendo a la actualidad, ¿Ucrania está ganando la guerra? En términos bélicos, está pasando por una remontada y una incursión al estilo ruso en Rusia, casi como darle de tomar de su propia medicina. Sin embargo, el Régimen de Putin continúa controlando parte del Donbás y demostró, a lo largo de estos últimos dos años y medio que tiene capacidad para aguantar un conflicto de larga data. Es cierto, Rusia tiene grandes aliados como China e Irán, pero su tradición bélica sigue marcando el ritmo del conflicto. 

En términos generales, el dominio de la guerra actualmente en manos de Ucrania tiene una fecha de vencimiento. Si Rusia aguanta con lo mínimo y su economía no se resiente, podría esperar a una posible victoria de Trump, lo que sería categórico para Ucrania. La estrategia de Putin estaría centrada en usar la menor fuerza posible y jugar con las expectativas de un cambio en el orden internacional. En caso contrario, Putin deberá sacar a relucir sus armas más letales e inclusive sus aliados en la zona, no es casualidad que haya viajado a Chechenia recientemente. Hoy, la guerra ruso – ucraniana ya no es el sensacionalismo amarillista de los medios cuando comenzó el conflicto. Es un claro juego de ajedrez, donde el retador ucraniano depende de su entrenador estadounidense y, el ruso, fiel a su historia, espera paciente para su jaque mate.

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Sublevación de líder paramilitar ruso origina promesa de castigo de Putin y expectativas en Ucrania

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El grupo Wagner despliega tanques y rebeldes armados en la ciudad rusa de Rostov

La ciudad rusa de Rostov, estratégica dado que el mando militar del sur del país coordina las operaciones de sus tropas en Ucrania, amaneció hoy con tanques y efectivos rebeldes armados pertenecientes al grupo paramilitar Wagner en las calles, luego de que su líder asegurara que había tomado varias instalaciones clave.

En un cruce del centro de la ciudad había apostados un vehículo blindado equipado con una ametralladora y una docena de hombres de uniforme con brazaletes plateados.

En otros puntos de la localidad, como en las inmediaciones de una juguetería y de un circo, también había estacionados vehículos blindados de transporte de tropas.

Este despliegue por el grupo Wagner se produce luego de que su líder, Yevgueni Prigozhin, afirmara que había tomado el cuartel general del Ejército ruso en Rostov sin tener que disparar, y que contaba con el apoyo de la población.

“Entramos en Rostov y, sin un solo disparo, tomamos el edificio del cuartel general”, declaró Prigozhin en un mensaje de audio difundido en Telegram, según replicó la agencia de noticias AFP.

“¿Por qué nos apoya el país? Porque estamos efectuando una marcha por la justicia”, aseguró el jefe de Wagner, a quien el presidente ruso, Vladimir Putin, acusó de “traición”.

Según aseguró, 25.000 combatientes lo secundan en esta ciudad portuaria situada a unos 100 kilómetros de la frontera ucraniana.

A diferencia de lo que ocurre con otras grandes ciudades rusas, más alejadas del frente, este municipio, de cerca de un millón de habitantes sufrió daños colaterales del conflicto en la vecina Ucrania.

En marzo pasado, una persona murió en el incendio de un edificio del FSB (servicios de inteligencia rusos, encargados de la seguridad interior) en Rostov, y en los últimos meses, la región fue atacada por drones.

Frente a esta situación, el gobernador de la provincia de Rostov, Vasily Golubev, instó a los habitantes a permanecer en sus casas, salvo en caso de “absoluta necesidad”, y subrayó que todas las concentraciones de personas en la vía pública fueron canceladas.

Asimismo, pidió a la población que se abstenga de utilizar la autovía M4 (principal carretera que conecta Moscú con el sur del país), pues varios tramos debieron ser cerrados, lo que provocó atascos. 

El transporte público municipal sigue funcionando, pero se modificaron algunos itinerarios para evitar el paso de vehículos por el centro de la ciudad, explicó Golubev.

“La situación que se ha creado requiere máxima concentración de esfuerzos para mantener el orden”, declaró en redes sociales, según replicó AFP. “Las fuerzas de seguridad hacen todo lo necesario para garantizar la seguridad de los habitantes de nuestra región”, agregó el funcionario ruso.

El presidente Vladimir Putin prometió hoy castigar la “traición” del jefe del grupo paramilitar Wagner, Yevgueni Prigozhin, quien asegura haber tomado un centro militar fronterizo en una sublevación de imprevisibles consecuencias para el éxito de la invasión a Ucrania y hasta la posibilidad de instalar una “guerra civil” en Rusia, según el líder del Kremlin.

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, aprovechó de inmediato para calificar el enfrentamiento en Putin y Prigozhin como una muestra de la “debilidad” de Rusia, sumida en “el mal y el caos”.

“La debilidad de Rusia es evidente. Una debilidad total”, señaló Zelenski en un mensaje en redes sociales en el que estimó que “Ucrania es capaz de proteger a Europa de una contaminación del mal y el caos ruso”.

Con la misma prisa, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, anunció pasado el mediodía en Moscú que Putin se encontraba en su despacho trabajando.

“El presidente trabaja en el Kremlin”, dijo Peskov, citado por la agencia estatal Ria Novosti, que le había preguntado acerca de rumores divulgados en redes sociales que afirmaban que había abandonado la capital rusa a causa del motín.

Además, Putin recibió este sábado el “pleno apoyo” de su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, durante una conversación telefónica en la que ambos líderes hablaron sobre la situación.

Durante su llamada con Erdogan, que en 2016 fue objeto de una intentona golpista, Putin “dio informaciones sobre la situación en el país en relación con una tentativa de rebelión armada”, indicó el Kremlin en un comunicado, citó la agencia de noticias AFP.

El presidente turco “expresó su pleno apoyo a las medidas tomadas” por Putin, agregó el texto oficial.

En otro orden, el hombre fuerte de Chechenia, Ramzan Kadirov, anunció este sábado que envió a sus hombres a “zonas de tensión” en Rusia, en referencia a la sublegación de Wagner.

“Combatientes del Ministerio de Defensa y de la Guardia Nacional chechena ya se desplazaron a las zonas de tensión”, dijo en Telegram Kadirov, estrecho aliado de Putin. “La rebelión debe ser sofocada (…) ¡estamos listos!”, agregó.

La nueva situación planteada por la acción rebelde originó consultas hoy entre los ministros de Relaciones Exteriores del G7, anunció el jefe de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, sin revelar en principio el contenido de las conversaciones.

Desde Kiev también surgió una reacción de la viceministra de Defensa, Ganna Maliar, quien consideró que la lucha interna de las fuerzas rusas representan “una ventana de oportunidad” para Ucrania.

“Luchan contra nosotros pero se autodestruyen”, dijo Maliar en Telegram. “¿Qué significa eso para nosotros? Una ventana de oportunidad”, añadió, asegurando que Ucrania continúa su trabajo por la “victoria”.

Más temprano, Putin dio un mensaje al país para fustigar la actitud del grupo rebelde, cuya rebelión contra el mando militar ruso significa una “amenaza mortal” y el riesgo de “guerra civil” para el país en pleno conflicto con Ucrania.

Con traje y corbata negros, semblante serio y tono marcial, el mandatario ruso se dirigió, sin nombrarlo explícitamente, a Prigozhin: “Es una puñalada por la espalda para nuestro país y nuestro pueblo”, declaró durante un discurso dirigido a la nación.

“A lo que nos enfrentamos es exactamente a una traición. Una traición provocada por la ambición desmesurada y los intereses personales” de Prigozhin, agregó.

Previamente, el jefe de Wagner anunció la toma del cuartel general del ejército ruso en Rostov, centro neurálgico de las operaciones en Ucrania, y aseguró que controla varias instalaciones militares.

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