San Ignacio

Vialidad lleva adelante diversas obras en el departamento San Ignacio

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La Dirección Provincial de Vialidad, a través de la Unidad Regional Nº 9 con asiento en la localidad de Santo Pipó, atiende las necesidades viales de 12 municipios ubicados en los Departamentos Candelaria y San Ignacio.

Operativamente la Delegación vial tiene a su cargo 70 km de rutas provinciales terradas y 109 km de vías pavimentadas ubicadas en las siguientes localidades: Candelaria, Colonia Polana, Corpus, General Urquiza, Gobernador Roca, Hipólito Irigoyen, Jardín América, Loreto, Mártires, San Ignacio, Santa Ana y Santo Pipó.

Durante las últimas semanas se están ejecutando numerosas obras y tareas de rutina planificadas por ésta Unidad de gestión y otras que responden a necesidades puntuales de los municipios.

Caminos rurales:

Utilizando los nuevos equipos viales, se realizó la restauración y entoscado de calzada en caminos vecinales de Gobernador Roca, General Urquiza y Santo Pipó. Además técnicos de la DPV supervisaron la apertura de un camino vecinal en Loreto.

Cordón cuenta y empedrado:

Mediante convenios de ayuda mutua, se ejecutan obras en la zona urbana de: General Urquiza, Colonia Polana y Corpus, ésta última obra ya está terminada. Con esta misma finalidad se hizo entrega de hormigón a los municipios de: Hipólito Irigoyen y San Ignacio.

Programa 100 PUENTES:

En breve concluirá la construcción de una alcantarilla tipo cajón en el arroyo San Cayetano en Santo Pipo, las tareas finales corresponden a la conformación y compactado de terraplenes en ambas cabeceras. Por otra parte, se completó el hormigonado de la losa del puente afluente Yabebirí; y comenzó el movimiento de suelo para la construcción de otra alcantarilla de grandes dimensiones en el arroyo Tigre Grande, en el municipio de Hipólito Irigoyen.

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Di Stefano “Museo Viviente en las Misiones Jesuíticas de la provincia con presupuesto nacional”

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El Diputado Nacional Daniel Di Stefano presento en la Cámara Baja un proyecto solicitando la creación del “Museo Viviente en las Misiones Jesuíticas” de San Ignacio Mini.

El legislador comenta que el proyecto ingreso esta semana en Diputados: “El objetivo es implementar una narrativa vinculada a la cultura e historia social de las Misiones Jesuíticas, ya que deberá representar la vida, costumbres, culturas, vestimenta cotidianeidad de los pueblos nativos guaraníes, anterior y posterior al proceso jesuítico de evangelización”.

La propuesta legislativa crea la “Comisión Desarrolladora” como encargada de implementar la proyección del Museo en primer lugar, para luego constituirse como un órgano consultivo. Estará compuesta por un representante del Ministerio de Turismo y un representante de la cartera de Cultura de la Nación, dos representantes provinciales designados por el gobernador y un representante de la Municipalidad de San Ignacio, lugar donde estaría emplazado el Museo, quienes serán los encargados de la creación de un estatuto para el funcionamiento y de administrar un presupuesto propio asignado por el poder ejecutivo nacional para llevar adelante dicha tarea.

En este sentido, el funcionario aclara que la Comisión deberá elaborar un análisis económico de las inversiones requeridas para ser incorporado al presupuesto nacional en la partida de recursos que corresponda.

Por otra parte deberán desarrollar un “plan de tareas” a los efectos de concretar la adquisición de un terreno apto para emplazar la construcción e infraestructura necesaria destinada a las diversas actividades culturales del predio.

En el proyecto aclara que una vez finalizada la implementación y el funcionamiento del Museo, la Nación deberá ceder a la Provincia de Misiones, donde deberá ser incorporado como patrimonio provincial y administrado conforme a la legislación local.

“Proponemos que el Museo Viviente contara con un plan cultural e histórico que servirá de sustento narrativo de las actividades, en donde se priorice la esencia natural, la realidad histórica de las Misiones Jesuíticas y de los pueblos originarios” dice el legislador.

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Wakeboard: Confirman presencia de riders internacionales para la fecha de San Ignacio

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Con la presencia de los campeones Panamericanos, la fecha de Wakeboard en San Ignacio promete un alto nivel competitivo

La apertura del campeonato nacional se realizará los días 8, 9 y 10 de diciembre en el Club de Río, y contará con la presencia de los riders argentinos que recientemente ocuparon un destacado lugar en los Juegos Panamericanos de Wakeboard Lancha que se realizaron en Bogotá, Colombia. A Eugenia De Armas y los hermanos Kai y Ulf Ditsch, se le suman el colombiano Jorge Rocha y el chileno Tente Cárcamo.

La apertura de la temporada 2017/19 del Campeonato Argentino de Wakeboard tiene la diversión asegurada con un nutrido cartel artístico, pero también dará de qué hablar en lo deportivo con la presencia de varios de los riders que descollaron en los recientes Juegos Panamericanos de Wakeboard Lancha que se realizaron en el lago del club Los Lagartos, en Bogotá, Colombia. Así, está garantizada la participación de Eugenia de Armas (18 años), que obtuvo la medalla de oro en la categoría Open Damas. Eugenia es una de las habituales animadoras de la fecha en el Club de Río y expresó lo especial que resulta para ella regresar cada año a San Ignacio “Es un lugar paradisiaco y perfecto por donde lo mires. Es un torneo es para los riders, pero también para la familia y para los amigos”, además, destacó las condiciones del agua y todas las actividades complementarias que se realizan. “Tenés playa, pileta, exhibiciones de bmx, slackline, un locutor especializado que te hace reír todo el tiempo, una montaña loca para escalar, paisajes increíbles, siempre hay algo lindo para hacer. Es un lugar y un torneo único, me encanta invitar gente porque lo primero que tienen para decirme cuando nos vamos es ¿“cuándo es el próximo”?

También argentino y en la elite del wakeboard Panamericano, Kai Ditsch, recién llegado de pasar la mitad del año entrenando y compitiendo en Florida (EUA) y Colombia (obtuvo la medalla de plata en la categoría Open Varones) detrás de su hermano Ulf). “Fue un lindo año con mucho wake, y estoy muy motivado para ver si esta vez puedo llevarme el 1er puesto”, declaró quien también quedara en 2do lugar el año pasado. El duelo entre los hermanos promete estar en candela.

INTERNACIONALES

Desde la organización confirmaron la presencia de dos de los continuos animadores de los principales eventos de Latinoamérica, como el chileno Tente Cárcamo y Jorge Rocha, la joven promesa colombiana (obtuvo el 4 lugar en el Panamericano en categoría Open), quien relató que comenzó desde los 4 años “Comencé a tomarle cariño a este deporte y pasó de ser un hobby de vacaciones a un deporte competitivo”, expresó el joven oriundo de Santa Marta, en el caliente Caribe Colombiano. “Siempre quiero llegar más lejos y más alto y por eso me he preparado con mucha intensidad para estos campeonatos, buscando ser protagonista del pódium, Me siento muy bien y buscaré los mejores resultados para el país y para mi hoja de vida como atleta”.

INFO IMPORTANTE PARA LOS RIDERS LOCALES

El Club de Río y la organización del evento han dispuesto un premio estímulo para los riders no profesionales participantes de la fecha de apertura del Campeonato Nacional de Wakeboard. De esta manera, el jurado destacará a un rider no profesional de categoría Open Masculino y Femenino, que serán premiados con $ 7 mil y $ 3 mil respectivamente. Se aclara especialmente que este premio es exclusivamente para competidores no profesionales.

Los inscriptos gozarán además de los siguientes servicios: Asado bienvenida, gorra oficial de la copa, dos packs de cerveza de seis unidades (para menores serán de gaseosa), entrada libre para un acompañante.

El Campeonato, fiscalizado por la FADEW, está dividido en las siguientes categorías

U14 ­ Menos de 14 (varones)

U14 ­ Menos de 14 (damas)

U18 ­ Junior Varones (Menos de 18)

U18 ­ Junior Damas (Menos de 18)

O30 ­ Master Varones (Menos de 30)

O30 ­ Master Damas (Menos de 30)

O40 ­ Veteranos Varones (Menos de 40)

O40 ­ Veteranos Damas (Menos de 40)

Open Damas y Varones (Sin restricción de edad)

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Teyú Cuaré: Misterios de la selva

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Naturaleza, mitos y memoria conviven en el sur misionero. Una región que inspiró a Horacio Quiroga y que guarda tanta naturaleza como interrogantes, allí donde conviven las leyendas de una presunta presencia nazi con la imponente de la jungla que se cuela en el paisaje.

Página12 – Los borceguíes de Leandro pisan el sendero algo castigado por las lluvias de las últimas semanas. Voy tras sus pasos y a nuestros costados, verde. Todo verde. El suelo arenoso y marrón de esta zona de San Ignacio –cosa extraña en toda la roja Misiones– es contraste puro con este color que nos rodea, y en el que nos internamos. Lo sigo a él, uno de los guardaparques, por el corazón del parque provincial Teyú Cuaré, un pulmón de acantilados, correderas y vegetación a la vera del alto Paraná.

Teyú Cuaré sería algo así como la “vieja cueva del lagarto” en guaraní. Un nombre forjado en esa cosmovisión rebosante en mitología, que supo hablar de un lagarto gigante que solía comerse las embarcaciones que se aventuraban en las aguas del Paraná. Un origen de leyenda que atraviesa los siglos y sigue moldeando la vida cotidiana en muchos rincones de este litoral, donde muchas veces la ciencia choca de frente con el relato oral y deriva en algo nuevo. Algo que sobrevuela verdad y fantasía, pero es definitivamente otra cosa. Con todo, está ahí: naturaleza, aves, río inmenso, historias nazis, las huellas de Horacio Quiroga y estos senderos de puro silencio.

EL TEYÚ La cabaña de los guardaparques aparece tras una curva donde ya la selva lo copó todo. Hoy están acá Víctor Hugo, de Apóstoles, y Leandro –de Posadas él– que me reciben en su casa para comenzar la aventura: sándwich en panza, agua en mochila y a caminar. Víctor Hugo se queda para recibir a los visitantes y salimos con Leandro tras las huellas de varios siglos de historia. En el parque son varios los senderos posibles, y todos autoguiados. Con un folleto se pueden recorrer sin problemas y descubrir las especies de flora que habitan la zona.

El guardaparques elige comenzar por dos senderos que nos pondrán ante las mejores vistas de los peñones, esos enormes acantilados de roca que son marca registrada del parque. Comenzando así estamos calentando motores en los de menor dificultad. Para el final quedará un trayecto algo más complejo, que nos llevará hasta uno de los costados más extraños del parque. Pero eso será más adelante: ahora apenas pasó el mediodía y el sol se escurre hacia dentro de la selva como una catarata, en un día de invierno en que la temperatura trepa ya hasta los 26 grados. Aunque tenemos un cielo radiante, varias jornadas de lluvia recientes dejaron algunos pozos. Sin embargo, la arenisca se mantiene firme, y avanzamos metros arriba.

MIENTRAS TANTO Del otro lado del parque en este momento pasan cosas. Ahí está el Club de Río, un emprendimiento privado lindante al Teyú y pegado también a la reserva Osonunú. El club está en un predio enorme enmarcado en plena naturaleza, al lado del río y con el peñón de Osonunú a su derecha. Es un mix de alojamiento –con cabañas y hostel– y actividades tanto en el río como en la selva: con la misma gente del club se pueden organizar caminatas, paseos náuticos y mountain bike. Una enorme pileta con forma de trébol domina el paisaje con su celeste, y un restaurante metido unos 70 metros río adentro –en una especie de escollera– es el toque distinto.

Osonunú, pegado a este club y al parque provincial, es otro atractivo: una reserva privada administrada ahora por la fundación Temaikén. Centrada –así lo proponen en sus objetivos– en la problemática del peligro de extinción de flora y fauna nativa. En 2013, en base a la cantidad y características de las especies encontradas, se certificó a Osununú-Teyú Cuaré como “Área de importancia para la conservación de murciélagos”. El trabajo en la reserva es en conjunto con los guardaparques. Como Víctor Hugo. Como Leandro.

VUELTA A LA SELVA Leandro había dicho que la parte más compleja era la final, y hasta ahora eso parece cumplirse: pasaron ya un par de horas subidas y bajadas entre el trino de los pájaros, árboles e historias, y el cansancio no se nota. Sobre todo por eso: por las historias. Leandro camina y va dejando caer palabras y mitos de manera apasionada. Encendida, podría decirse. Es que esta zona guarda el paso de siglos: la construcción de esa “ciudad” jesuítico-guaraní de la que quedan restos en San Ignacio se nutrió de materiales de esta región. Incluso en algunos sectores resguardados hay por acá piedras talladas que datan de esa época. También fue parte clave en la guerra de la Triple Alianza, y el protagonista siempre es el mismo, el Paraná, este río ancho que riega de vida estos límites argentinos. Enfrente, Paraguay. Y a nuestra derecha el peñón de la Reina Victoria. Dicen que la mirada de perfil del enorme acantilado rocoso que cae vertical sobre la costa inspiró para encontrar cierto parecido con la reina de Inglaterra. Al margen de la fidelidad de esa comparación, el peñón se levanta hasta más de 100 metros, con su silueta que brota entre el verde.

Un poco de agua que cargamos en un arroyito, y a seguir. Subir y bajar, con un poco de suerte cruzarse con algún acutí –un roedor que suele andar por selvas tropicales de toda Sudamérica– y detenerse a ver el vuelo de los grandes jotes, esas aves negras que tienen su nido en esta zona; hasta caer del otro lado, en una pequeña playa donde el río corre manso y se asoman desde el agua los troncos sumergidos. El río subió mucho con la construcción de la represa de Yacyretá, y parte de la costa quedó bajo el agua. Como pasó con la “isla del barco hundido”, que estaba frente a este lugar. “Fue un barquito que encalló y se hundió, y con el tiempo fue cubriéndose de sedimentos y vegetación hasta crear una isla. Hasta el año 2000 todavía se veía el mástil”, dice Leandro. Hoy, barco e isla están bajo las aguas.

Si hubo una figura que marcó a la zona de San Ignacio en la primera mitad del siglo XX fue la del escritor uruguayo Horacio Quiroga; ese Jekyll y Hyde que trazó historias macabras y a la vez, inspirado en sus días en este verde, escribió sus Cuentos de la selva. La casa en la que vivió –en realidad una reconstrucción exacta– se puede visitar en las cercanías del parque. Para los locales, la figura de Quiroga trasciende lo literario: además de un enamoramiento con esta selva que ocupó gran parte de su atribulada mente, fue juez de Paz en San Ignacio, y hasta fue el fotógrafo que destapó al mundo los restos de las ruinas jesuíticas. Por entonces, la zona era un magma de fronteras difusas.

BORMANN Las horas pasan, y de la boca de Leandro va creciendo la telaraña de historias, que ahora tiene como centro una parte de este parque que es una cápsula de misterio. Llevo en mi mochila el flamante libro Arqueología de un refugio nazi en Argentina, de dos arqueólogos: Daniel Schávelzon y Ana Igareta. Leandro lo sabe, se lo mostré. Tomamos el sendero que está señalado con la contundencia de la verdad: “Sendero a la casa de Borman (sic), 600 metros”. La senda sube y sube, y de golpe aparece la primera de las construcciones de piedra. Es la principal, entre varias diseminadas a la redonda.

La historia, resumida, es así: Martin Bormann fue secretario de Hitler y jefe de la cancillería nazi. Desde el fin de la guerra y al día de hoy las versiones de jerarcas en la Argentina dividen aguas de manera tajante. Desde la captura de Adolf Eichmann en San Fernando en 1960, al trazo esquivo de Josef Mengele, historia oral e investigaciones han coincidido y se han enfrentado mil veces. Las casas en lo profundo del Teyú son prueba de eso. La investigación muestra que se encontraron muchos objetos de factura alemana, muchos “desubicados” en el contexto selvático de mediados de siglo (esto no era un parque aún) y hasta una pequeña caja metálica con fotos y monedas. Pero no afirman que se haya tratado de un refugio de Bormann, quien según la historia oficial murió en Alemania en 1945.

Una segunda mirada circulante es categórica y guarda lógica. Todo lo hallado solo alimenta una fantasía, y apunta a lo endeble de las pruebas que permitirían hablar de “refugio nazi”. Y la tercera opinión es la que me dice Leandro, sentados los dos en un tronco frente a la semiderrumbada casa. “Acá vivió Martin Bormann. Pero a nadie le conviene que eso se sepa”. Leandro habla con seguridad de una historia que se repite en la zona de boca en boca; de una mujer que fue esposa del jerarca alemán, de otra que le proveía comida. Y hasta de un hijo “que hoy vive en Paraguay”.

Hechos, mitos, leyendas, historia oral están ahí y son parte del menú. En una zona de frontera donde la mixtura de los relatos fue creando mundos. Como sea, estas viejas construcciones son un misterio: sembradas en este sitio inhóspito (antes mucho más) con detalles de vida urbana –bañera con azulejos europeos de vidrio, restos de vajilla de porcelana alemana– se recortan en la mudez del verde. Aquí, los arqueólogos proponen crear un “espacio para la memoria”. Ahora, la tarde comienza a caer y con ella los sonidos que crecen y envuelven las historias y leyendas de –al decir de Quiroga– los cuentos de la selva.

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La vida en el borde

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Un recorrido por la capital misionera y un viaje hasta ese polo de atracción jesuítico-guaraní que son las ruinas de San Ignacio. En barco desde Posadas, historia, rutas y acordes chamameceros en la margen del Paraná.

Página12 – El Andresito metálico –enorme, un transformer caudillo– brilla por los rayos del sol y se refleja en las aguas del río. Misionero altivo –parafraseando a Víctor Heredia– con lanza en mano, aquí está Andrés Guazurarí, héroe local que gobernó estas tierras a comienzos del siglo XIX. Y este Andresito es casi una contradicción: el diminutivo contrasta con sus más de 17 metros de alto que ahora custodian la vera del río. Este gigante es uno de los atractivos de una costanera de Posadas que se ve renovada. Son varios kilómetros de una serpenteante estructura de iluminación, plazas y espacios para tirarse a matear en este permanente calorcito húmedo del litoral. “Ésta es una ciudad que durante mucho tiempo le dio la espalda al río”, escucho decir varias veces por aquí, y de varias bocas. Esta costanera buscaría intentar romper esa lógica: esta tarde de viernes parece demostrarlo, con familias dando vueltas y deportistas trotando por las sendas.

CATAMARÁN DE LUXE Es la noche de ese mismo viernes, y esta Posadas que mira a su río –y qué río, este ancho, bello y alto Paraná– ofrece algo que unos años atrás hubiese sido una rareza. El Mburucuyá Connection es una embarcación que se transformó en una interesante propuesta para vivir el río en cualquier época del año. Tiene capacidad para 160 pasajeros, un lindo bar y salón VIP; una especie de crucerito para recorrer esta zona de fronteriza llegando hasta tierras paraguayas. Fabián Romero es el joven jefe de servicio del Mburucuyá, y me recibe en el embarcadero poco antes de las diez. Ese es el horario pautado para la salida, que normalmente hacen de miércoles a domingos, con distintas propuestas.

 

Esta noche el Mburucuyá es casi el crucero del amor: es “noche de parejas”, y hace un par de días fue especial para grupos de mujeres. El salón principal cambia de tono según la ocasión, pero la idea es siempre disfrutar de una buena cena mientras se recorren las aguas por algo más de tres horas. Ahora algunos salen, luego de cenar, en la búsqueda de un poco de aire, brindis y foto, mientras con Fabián caminamos por la cubierta. Me cuenta que normalmente la capacidad está como hoy, repleta. Bajo nuestros pies el salón ya es puro baile, y él se apasiona por describir este litoral argentino. Hablamos de gastronomía y de lugares, de su paso por San Juan para estudiar, y su vuelta a la tierra roja. Y todo lleva al nombre de este barco que ahora miramos desde arriba. Un nombre que brota de la unión del toque internacional que le dieron con el “Connection” y la hermosa flor azulada y amarilla del mburucuyá, característica de esta zona, que decora el frente de la embarcación.

El barco pasa cerca del puente que nace en este borde y es casi una postal de Posadas: el que la une con Encarnación, en Paraguay. Este puente es el que por estos días se inflama de autos y colectivos con argentinos que cruzan (a “la Mar del Plata de Paraguay”, dicen por aquí) para conseguir a precios increíbles absolutamente de todo: desde ropa a repuestos, desde electrónica a insumos de todo tipo y color. Un fenómeno propio las zonas de frontera (y perfectamente desconocido para lo que habitan otras latitudes) que fluctúa en intensidad según los vientos de la economía. Y resulta que los vientos actuales se llevan turistas y pesos hacia afuera. Una lógica compleja: se aprovechan las ventajas económicas del cruce, pero hay una ciudad que se adormece mientras su vecina del otro lado del río, simplemente, florece.

Antes de salir hacia San Ignacio, una escapada a otra sorpresa posadeña. A la calidez del litoral y su gente le sumamos un recorrido de unos diez kilómetros desde la ciudad para llegar hasta el Parque del Conocimiento, un centro cultural gigantesco recostado en un predio de 25 hectáreas. El lugar es como una miniciudad cultural, moderna y estéticamente impecable. A un costado se extiende una laguna, que enmarca un imponente edificio central de seis pisos, unido a una enorme plaza seca. Este edificio es una gran caja de vidrio y metal –con parasoles que se ajustan para optimizar la luz solar– que tiene en sus entrañas desde un teatro lírico para 550 personas, un teatro de prosa, una biblioteca increíble y hasta una biblioteca infantil. La distancia desde el centro de la ciudad parecería un obstáculo, pero cuentan que de a poco (está montado desde 2007) eso fue cambiando.

El jardín que ocupa el Parque tiene también un observatorio astronómico, que actualmente espera por su equipamiento, y la monumental construcción que se enfrenta al edificio central: el círculo –a la vista, como un estadio– que ocupa la sala IMAX, donde se proyectan películas y documentales en ese formato impresionante en tamaño, imagen y sonido.

 

RUTA 12, RUMBO NORTE Posadas es el nombre de un chamamé que el Chango Spasiuk –apostoleño él– grabó hace unos cuantos años. Es un retrato musical de esta capital. El Chango hizo lo mismo con la provincia de Formosa, y hasta dedicó una canción a la provincia de Misiones toda. Mientras vamos saliendo desde la capital hacia el norte, el Chango suena en los oídos: el comienzo saltarín al pasar por la costanera, con un violín que va tejiendo melodías hasta estallar en un chamamé potente. Cuando eso llega ya estamos en una ruta rodeada de tierra colorada, la misma senda que una la capital misionera con Puerto Iguazú. Un camino con movimiento permanente. Casi en un pestañeo pasamos por el acceso hacia Garupá y luego por Candelaria, que supo ser la primera capital de la provincia y que hoy está prácticamente pegadita a Posadas. Candelaria guarda el árbol histórico en el que –se dice, se repite– en 1811 descansó el general Manuel Belgrano durante una etapa de su expedición militar hacia el Paraguay.

Seguimos adelante por la 12, y pasamos luego por Santa Ana hasta llegar a San Ignacio. Unos sesenta kilómetros hicimos desde Posadas, en un camino que fue siempre paralelo al río, hasta este pueblo atractivo por naturaleza. Y por historia, digamos. Misiones tiene muchas caras turísticas: Iguazú se roba todas las miradas, pero la trama jesuítico guaraní busca permanentemente hacerse un lugar. De hecho, muchas veces se olvida que a San Ignacio Miní –las ruinas más conocidas– se suman otras tres: Santa Ana, Loreto y Santa María. Es verdad que éstas a las que estamos llegando son las más famosas, pero a no desatender un posible circuito, siempre y cuando el tiempo disponible acompañe.

Esta parte de la historia del litoral ancla en el siglo XVII y se centra en esa mixtura entre cultura guaraní y evangelizadores de la Compañía de Jesús. Y ahora, a las puertas de las rojizas y centenarias ruinas de San Ignacio una novedad permite conocer su historia de una manera moderna. El reciente Centro de Interpretación viene a sumarse a las posibilidades que el recorrido ya tenía –visitas guiadas, show de imagen y sonido por las noches– y funciona como una antesala al caminar entre los restos de la reducción. De hecho, entrando por la puerta principal del predio, las ruinas aún no se ven; tenemos delante de nosotros una antigua construcción, plenamente acondicionada. Allí me esperan Aldina y Danila –las dos amables guías del Centro– y con ellas iniciamos un recorrido por salas en las que la tecnología se abraza con lo artesanal, y lo sensorial con los datos duros.

La línea en que se cuenta esta historia de la de unión de dos formas del ver el mundo,  que dio lugar a algo nuevo y único. Los textos se intercalan con salas oscuras en las que el juego de luces hace su trabajo: proyecciones sobre pequeños escenarios, en los que se pueden ir viendo avances y retrocesos en la historia del cruce entre pueblos originarios y jesuitas. Salas donde, en penumbras, nos ponemos de a uno bajo campanas de sonido que penden del techo y aparecen frente a los ojos figuras de tamaño real de guaraníes narrando su historia, y en su lengua. Espacios en los que tenemos que usar unos enormes anteojos con espejos, tramos con miniaturas y maquetas, y un relato que permite llegar al paso siguiente con la cabeza ya ubicada. Una vez afuera de este edificio: la luz del día, el camino largo, y al fondo la imagen icónica de los restos del pórtico de la vieja catedral.

Dejo a Danila y Aldina y sigo para recorrer las ruinas. Esta alfombra verde –siempre impecable– que enmarca a los restos de San Ignacio Miní será esta noche, como todas, el circuito por donde decenas de personas caminen para ver el espectáculo de imagen y sonido. En mí, el Centro de Interpretación dio sus frutos y la cantidad de preguntas que tenía para Paola, quien ahora me acompaña, se achicaron. Igual, ella sabe siempre algo más, y siempre es interesante escucharla. Un buen plan para perderse por un par de horas, antes de seguir nuestro viaje.

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