La Agencia para el Desarrollo Económico de Misiones (ADEMI) llevó adelante la charla “Conectando Talento: del aula al mundo productivo” junto al ISET de Posadas, con la participación de estudiantes de distintas tecnicaturas.
La actividad forma parte de un programa orientado a fortalecer la articulación entre la formación académica y el sector productivo, acercando herramientas, información y experiencias concretas a quienes se encuentran en etapa de formación. En este marco, ya se capacitó a más de 400 estudiantes a través de distintos cursos con más de 20 instituciones.
Durante el encuentro se abordaron las transformaciones del mercado laboral, las nuevas demandas en términos de habilidades y competencias, y las oportunidades de desarrollo profesional en la provincia. Además, se compartieron claves sobre el entramado productivo misionero y la importancia de generar redes y acceder a primeras experiencias laborales.
La jornada contó también con la participación del presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Posadas (CCIP), Federico Panozzo, quien aportó su mirada sobre el sector y compartió experiencias vinculadas al desarrollo productivo local.
Desde la entidad destacaron la relevancia de estos espacios para acompañar a los jóvenes en la construcción de su futuro profesional y fortalecer el desarrollo del talento local.
Un informe del Observatorio de Excelencia Operacional de la Universidad Austral revela que, pese a la alta autopercepción de eficiencia de las empresas argentinas, persiste una fragilidad estructural en procesos básicos. Con el 30% de la planificación aún en Excel y niveles marginales de gestión diaria, el sector productivo enfrenta el desafío de transformar la cultura interna para capturar las oportunidades de un nuevo ciclo económico.
Diagnóstico incómodo en un momento de transición
En pleno cambio de ciclo económico, un informe 2025 del Observatorio de Excelencia Operacional de la Universidad Austral introduce una señal de alerta para el entramado productivo: más del 50% de las empresas se autoevalúa en niveles altos de madurez operativa, pero en la práctica no aplica herramientas básicas de gestión como Daily Management, 5S o Kaizen. El dato no es menor. En un contexto donde la competitividad empieza a desplazar a la lógica defensiva frente a la inflación, la brecha entre discurso y ejecución aparece como un límite estructural.
El relevamiento —realizado sobre 100 empresas de distintos tamaños y sectores— detecta inconsistencias profundas: organizaciones que se ubican en niveles 3, 4 o incluso 5 de excelencia operativa, pero sin un despliegue disciplinado de prácticas esenciales. La pregunta que queda abierta es si el sistema productivo está sobreestimando su capacidad real en un momento donde el margen para la ineficiencia se reduce.
Excelencia aspiracional y debilidad operativa
El estudio se inscribe en un cambio de paradigma más amplio. Durante años, la gestión empresarial estuvo orientada a resistir la volatilidad macroeconómica. Hoy, con señales de estabilización, el eje se corre hacia la eficiencia, la reducción de costos reales y la creación de valor sostenible. En ese marco, la excelencia operativa deja de ser un diferencial y pasa a ser una condición mínima para competir.
Sin embargo, el informe detecta que esa transición todavía no se consolidó. La herramienta más crítica del sistema Lean —la Gestión Diaria basada en KPI— presenta los niveles más bajos de adopción. En muchos casos, directamente “no se realiza”. La consecuencia es directa: sin rutinas de seguimiento cotidiano, las empresas pierden capacidad de detectar desvíos, corregir procesos y sostener mejoras en el tiempo.
Algo similar ocurre con metodologías como 5S y Kaizen. Aunque están presentes en el discurso corporativo, su aplicación es mayormente superficial o de cumplimiento básico. La lógica de mejora continua aparece fragmentada, más vinculada a proyectos puntuales que a una cultura operativa consolidada.
Brecha tecnológica y decisiones de bajo estándar
La inconsistencia también se traslada al plano tecnológico. Un 30% de las empresas sigue planificando su cadena de abastecimiento (MRP) en planillas de cálculo, una práctica que el propio informe considera poco robusta por su dependencia del factor humano y el riesgo de errores .
En paralelo, la transformación digital avanza, pero de forma desigual. Solo el 4,48% de las empresas alcanza un nivel maduro de Industria 4.0, mientras que más del 12% no implementó ninguna tecnología vinculada. La mayoría se ubica en etapas intermedias: digitaliza datos, pero no logra integrarlos ni explotarlos estratégicamente.
El resultado es un sistema productivo con capacidades parciales: herramientas disponibles, pero sin articulación. Inversión presente, pero sin profundidad. Tecnología incorporada, pero sin impacto estructural.
Capacitación, inversión y liderazgo: los puntos críticos
El informe identifica un cuello de botella transversal: la formación. Las horas de capacitación en metodologías clave como Lean, Six Sigma o transformación digital son bajas en la mayoría de las organizaciones. Esto limita la capacidad de implementar herramientas con rigor y de sostener procesos de mejora en el tiempo.
A esto se suma una señal relevante en términos de política empresarial: el 34,88% de las compañías no asigna presupuesto específico a excelencia operativa, y un 16,28% ni siquiera conoce su nivel de inversión. Aunque emerge un grupo que destina entre el 1% y el 10% de sus ventas a estas áreas, la tendencia todavía es incipiente.
El trasfondo es claro. La excelencia operativa requiere liderazgo activo, disciplina y recursos. No se delega ni se construye por inercia. Cuando estos elementos no se alinean, la brecha entre intención y resultado se amplía.
Quién gana y quién queda expuesto
El diagnóstico no impacta de manera homogénea. Las empresas con mayor desarrollo —especialmente las de mayor escala o con integración internacional— muestran mejores niveles de adopción tecnológica y metodológica. En cambio, las medianas y pequeñas quedan más expuestas a prácticas manuales y menor profesionalización.
Esto introduce una tensión en la estructura productiva: la competitividad futura no dependerá solo del contexto macroeconómico o regulatorio, sino de la capacidad interna de cada organización para mejorar procesos, reducir desperdicios y escalar eficiencia.
En ese escenario, la brecha operativa puede convertirse en una brecha de mercado. No todas las empresas están en condiciones de capturar las oportunidades de un entorno más abierto y exigente.
Un punto de inflexión que todavía no se resuelve
El informe deja una conclusión implícita: el sistema empresarial argentino se encuentra en una fase de “excelencia aspiracional”. Existe conciencia estratégica, existe intención de mejora, pero la ejecución todavía no alcanza el estándar requerido.
La ventana de oportunidad está abierta. La estabilización macroeconómica y la eventual mejora en condiciones de inversión pueden acelerar el proceso. Pero hay un factor que no depende de regulaciones ni de ciclos: la transformación operativa.
En las próximas etapas, el foco estará en observar si las empresas logran traducir esa intención en disciplina concreta. Si la excelencia deja de ser una declaración y se convierte en una práctica cotidiana. O si la brecha detectada termina consolidándose como un límite estructural en la competitividad.
La mayor cementera de Argentina volvió a quedar bajo conducción local. Tras meses de negociaciones y una reestructuración de deuda por cerca de US$ 1.500 millones, el grupo inversor encabezado por Marcelo Mindlin asumió el control de InterCement —y, por esa vía, de Loma Negra—, en una operación que redefine el mapa empresarial del sector y abre una pregunta de fondo: ¿se trata de un caso aislado o del inicio de una reconfiguración del capital en industrias clave?
El movimiento no es menor. Loma Negra, fundada por la familia Fortabat y vendida en 2005 a capitales brasileños, vuelve a tener conducción argentina después de más de dos décadas. El dato adquiere peso en un contexto donde el Gobierno promueve señales pro mercado, apertura a inversiones y desregulación, pero donde también resurgen discusiones sobre soberanía económica en sectores estratégicos.
Reconfiguración empresaria tras una deuda millonaria
La operación se apoyó en la reestructuración financiera de InterCement, controlada por la familia Camargo Correa, que arrastraba un pasivo cercano a los US$ 1.500 millones. El proceso fue aprobado por la justicia de San Pablo y estableció un nuevo esquema con un cupón del 6,75% y sin vencimientos en los próximos cinco años.
Ese rediseño permitió el ingreso del grupo Latcem, integrado por Mindlin junto a Redwood Capital Management y representantes de Chile Moneda–Patria Investments, que pasó a ser el accionista mayoritario del holding. Como resultado directo, Mindlin fue designado presidente.
El acuerdo incluyó además un aporte de capital de US$ 110 millones, orientado a estabilizar la operación y sostener el funcionamiento del grupo. En términos concretos, no se trató solo de un cambio de nombres en la conducción, sino de una reorganización profunda del esquema de poder financiero detrás de la compañía.
¿Qué dijo Mindlin de la nueva etapa de Loma Negra?
Al respecto, Mindlin destacó que la nueva estructura financiera permitirá a InterCement enfocarse en el crecimiento y buscar consolidar su operación regional en el tiempo.
Por su parte, InterCement se posiciona como la tercera productora de cemento en Brasil, con presencia en diez estados y una capacidad instalada de más de 16 millones de toneladas, consolidando así un grupo de alcance regional que ahora suma capital argentino en su estructura de control.
Una empresa clave que nunca perdió centralidad
A diferencia del deterioro que afectó al holding brasileño, Loma Negra mantuvo en Argentina una posición sólida. La empresa conserva una participación de mercado del 45% y una capacidad de producción superior a 10 millones de toneladas anuales, lo que la ubica como actor dominante en un insumo crítico para la construcción y la obra pública.
Ese dato no es menor. El control de la principal cementera del país impacta de forma indirecta en la dinámica de la construcción, un sector sensible para la actividad económica y, por extensión, para la política. La estabilidad de Loma Negra, incluso en un contexto adverso para su casa matriz, refuerza su carácter estratégico.
Impacto político y señales al mercado
El regreso de capital argentino a la conducción de Loma Negra reordena equilibrios dentro del empresariado local. Fortalece a un actor con capacidad de incidencia en sectores clave y envía una señal al mercado sobre la posibilidad de recomposición de activos en manos nacionales, incluso en un contexto de globalización financiera.
Al mismo tiempo, el movimiento convive con una agenda oficial que busca atraer inversiones externas y flexibilizar regulaciones. Esa dualidad —apertura por un lado, reconfiguración local por otro— instala una tensión silenciosa en la lectura del rumbo económico.
En términos de correlación de fuerzas, el cambio no altera reglas formales, pero sí reposiciona actores. Y en sectores como el de materiales de construcción, donde la escala y el control de mercado son determinantes, ese tipo de movimientos suele tener efectos de mediano plazo.
Un nuevo ciclo con interrogantes abiertos
Con la nueva estructura financiera, InterCement apunta a consolidar su operación regional y retomar una estrategia de crecimiento. La presencia en diez estados de Brasil y una capacidad instalada superior a 16 millones de toneladas configuran un grupo con peso regional, ahora bajo conducción con participación argentina.
La incógnita no pasa solo por la evolución de la empresa, sino por el contexto en el que deberá operar. ¿Será este el inicio de una etapa de “re-nacionalización” empresarial en sectores estratégicos o un movimiento puntual en un mercado en reacomodamiento?
Por ahora, el cambio en Loma Negra marca un hito. Pero su verdadero alcance dependerá de lo que ocurra en los próximos meses, tanto en la economía real como en la dinámica del poder corporativo.
En un contexto de actividad económica contenida y expectativas en revisión, el empresario Alfredo Gruber hablo con Economis y puso en palabras una tensión creciente en el sector productivo de Misiones: reconoció que la estabilidad macroeconómicaes un dato positivo, pero advirtió que “está todo frenado” en términos de consumo y actividad. El planteo, realizado tras una jornada sectorial en Posadas, introduce una pregunta incómoda para el Gobierno nacional: ¿alcanza la estabilización para sostener el entramado productivo o se abre una nueva fase de presión por reformas más profundas?
El diagnóstico combina dos planos que hoy conviven en la economía real. Por un lado, la baja de la volatilidad y cierta previsibilidad. Por otro, una caída en la demanda que impacta tanto en el mercado interno como en el externo, con empresas que enfrentan menor volumen de ventas y mayores costos.
Impuestos, logística y regulaciones: el núcleo del reclamo
El eje más consistente del planteo empresario pasa por la estructura impositiva. Gruber insistió en que la presión fiscal sigue siendo elevada en los tres niveles del Estado —nacional, provincial y municipal— y que a dos años del gobierno “más reformista” como se autodenomina la gestión de La Libertad Avanza los avances en reducción de cargas aún son “muy pocos”.
En ese marco, apuntó a nivel provincial contra el impuesto a los ingresos brutos, al que definió como distorsivo por su efecto acumulativo a lo largo de la cadena productiva. También planteó la necesidad de una reducción del IVA del 21% al 10%, aunque reconoció que esa medida enfrenta límites estructurales vinculados a la informalidad y al peso del gasto público.
El análisis se completa con otro factor estructural: el costo logístico. Desde Misiones, la salida de producción hacia los puertos de Buenos Aires o Uruguay encarece la competitividad. En ese punto, el empresario vinculó la discusión con obras de infraestructura como la posibilidad de mejorar la navegabilidad mediante sistemas asociados a represas, lo que permitiría reducir costos de transporte. “Hay que pensar en aprovechar el río como dijo Scherer dándole navegabilidad con la construcción de Corpus, que además de energía nos permitiría usar puertos aguas arriba y enviar las cargas por el río”, describió el empresario
Actividad frenada y señales contradictorias del contexto global
El diagnóstico empresarial no se limita al plano local. Gruber advirtió que la falta de dinamismo atraviesa tanto el mercado interno como el externo. “La gente no compra” sintetiza una percepción que se repite en distintos sectores.
A esa situación se suma un escenario internacional inestable. Cambios en aranceles, tensiones comerciales y la incertidumbre global complican la planificación exportadora. En paralelo, la suba proyectada de los combustibles —asociada según Gruber solo al contexto internacional, no a la suba de impuestos nacionales— aparece como un nuevo factor de presión sobre costos y precios, con impacto directo en la inflación.
La ausencia de obra pública también aparece como un elemento que retrae la demanda, especialmente en sectores vinculados a la construcción y la industria.
Reformas en debate y falta de impacto concreto
En términos de política económica, el empresario marcó una distancia entre las reformas anunciadas y su impacto efectivo. Señaló que la reforma laboral aún no está reglamentada y que, por lo tanto, no genera cambios concretos en la operatoria diaria de las empresas.
Esa percepción refuerza la idea de una transición en curso, donde las medidas estructurales todavía no se traducen en mejoras palpables para el sector productivo. En ese contexto, la expectativa se mantiene, pero convive con incertidumbre.
A nivel provincial, también aparece en agenda la posible reforma de normativas nacionales y provinciales vinculadas al uso del suelo y la producción, con debates en ámbitos institucionales sobre cambios regulatorios que podrían ampliar la capacidad productiva. Allí, el planteo empresario apunta a flexibilizar restricciones que hoy limitan el desarrollo de actividades agrícolas y ganaderas.
Entre la espera y la presión por definiciones
El mensaje final combina cautela y presión. “La esperanza es lo último que se pierde”, planteó Gruber, aunque advirtió que sería “una lástima” que el esfuerzo de los últimos años no se traduzca en resultados concretos.
La economía, en esa mirada, aparece como “una moneda en el aire”, donde las decisiones de inversión se postergan hasta tener mayor claridad sobre el rumbo político y económico. Es un dato relevante: sin previsibilidad consolidada, el sector productivo tiende a esperar antes que arriesgar.
En las próximas semanas, el foco estará puesto en dos variables clave: si la estabilidad logra traducirse en reactivación del consumo y si las reformas —fiscales, laborales o regulatorias— avanzan con impacto real. Entre tanto, el reclamo empresario empieza a ordenarse en una agenda concreta que combina baja de impuestos, mejora logística y simplificación normativa.
El encuentro bautizado “Misiones Productiva”, realizado este miércoles 25 de marzo a las 17 en el Hotel Julio César de Posadas, reunió a dirigentes de la oposición, identificados con Cambiemos y aliados al Gobierno nacional con empresarios forestales y ganaderos que insisten en cambiar la matriz productiva y pagar menos impuestos.
El evento organizado por los empresarios Alfredo Gruber, Gabriel Montiel y el diputado Miguel Núñez. Entre el público estaban referentes empresarios del sector forestal, yerbatero y ganadero. Productores de diferentes sectores de la provincia y legisladores del sector opositor como Cristian Castro del PAyS, Martín Arjol, del partido Libertario, Santiago Koch de la UCR, Elvani Goring del PAyS, Ramón Amarilla del partido Algo Nuevo por la Dignidad de los Trabajadores, Rosa Kurtz de la UCR. Además, estaban referentes del radicalismo Gustavo González, Ariel Pianesi, Walter Molina y del PRO, Jerónimo Lagier.
El planteo central giró en torno a las condiciones estructurales que enfrenta el sector productivo misionero. Desde la organización, se insistió en que las reglas actuales resultan “inciertas” y sin un direccionamiento claro, lo que desalienta inversiones de largo plazo, como la compra de maquinaria o la ampliación de escala.
En ese marco, se cuestionaron regulaciones específicas —como la quema programada— y se puso en debate la orientación de políticas públicas que, según se expuso, terminan condicionando la capacidad productiva. La crítica no se limitó a una medida puntual: se planteó una revisión integral del esquema normativo de Nación.
El diagnóstico incluyó además una propuesta concreta en el plano institucional: avanzar con un proyecto legislativo para que la provincia adopte como referencia las habilitaciones y prohibiciones del organismo sanitario nacional, en un intento por alinear criterios y reducir superposiciones regulatorias.
A la par, se introdujo un cambio de enfoque en la política productiva. La consigna fue directa: producir lo que se consume. Se mencionaron ejemplos concretos de productos que hoy llegan desde otras provincias —harina, carne, maíz— y que, según se planteó, podrían generarse localmente. La idea de diversificación productiva apareció así como alternativa a la dependencia de actividades tradicionales.
Empresarios en alerta: costos, crédito y mercado en tensión
El sector empresario reforzó el diagnóstico con una mirada operativa. La falta de acceso al crédito, la presión impositiva y la superposición de normativas fueron señaladas como los principales obstáculos para sostener la actividad.
Desde el ámbito forestal, se advirtió que el financiamiento en la provincia resulta más caro tanto para quien toma como para quien otorga crédito, en parte por las alícuotas vigentes. Esa estructura encarece la inversión y limita la expansión productiva. A eso se suma la carga administrativa: registros, controles y trámites que, según se expuso, “no generan beneficios concretos y sí costos operativos”.
En paralelo, se describió un escenario económico complejo. La actividad muestra señales de estancamiento, con caída de la demanda tanto en el mercado interno como en el externo. La falta de obra pública y la inestabilidad global —con impactos en comercio exterior y precios— agravan el cuadro.
A ese contexto se suma un factor emergente: el aumento de los combustibles, vinculado a tensiones internacionales, que ya empieza a ser percibido como un nuevo vector de presión sobre costos e inflación.
Correlación de fuerzas: presión sectorial y desafío político
El tono del encuentro dejó en evidencia un reacomodamiento en la relación entre el sector productivo y la política. Los empresarios no sólo plantearon demandas económicas, sino que también interpelaron directamente a los decisores públicos.
El reclamo por una baja de impuestos —en los tres niveles del Estado— aparece como un punto de coincidencia transversal. Sin embargo, también se reconoció la dificultad fiscal para avanzar en esa dirección, lo que introduce una tensión estructural: la necesidad de aliviar costos sin desfinanciar al Estado.
En ese escenario, el sector productivo busca ganar centralidad en la agenda política. La convocatoria a que los productores “sean protagonistas” del cambio y la referencia al rol de los legisladores como responsables de definir políticas públicas marcan una intención de incidir directamente en el diseño institucional.
Al mismo tiempo, el modelo comparativo con regiones vecinas de Brasil —particularmente en materia de financiamiento y productividad— opera como presión adicional sobre las autoridades locales.
Escenario abierto: entre la expectativa y la incertidumbre
El encuentro dejó planteado un punto de inflexión, aunque sin certezas sobre su traducción concreta en políticas públicas. La iniciativa de llevar propuestas al ámbito legislativo abre un canal institucional, pero el margen de acción dependerá de la capacidad de articular consensos y de las restricciones fiscales.
En paralelo, el contexto macroeconómico y global introduce un factor de incertidumbre que condiciona cualquier estrategia de mediano plazo. La falta de definiciones claras sobre el rumbo económico, sumada a la volatilidad externa, frena decisiones de inversión.
La discusión de fondo —qué producir, cómo y bajo qué reglas— quedó instalada. Lo que resta observar es si ese debate se transforma en reformas concretas o si queda absorbido por la dinámica política y económica que todavía no termina de estabilizarse.