SELFIE

Cada selfie es una firma en un contrato que nunca leíste

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Por Carolina Markowskyj, abogada y experta en negociación en sectores de salud y tecnología. Fundadora de Lex Moderna. Hay una escena que se repite millones de veces al día: alguien ve un trend en TikTok o Instagram, sonríe y, sin pensarlo demasiado, abre la cámara. Lo graba. Lo sube. Interactúa con otros que hacen lo mismo. Parece inofensivo. Y, en gran medida, lo es. Pero debajo de esa pantalla brillante hay una capa que casi nunca miramos de frente.

Somos la generación más fotografiada de la historia. Y también, sin haber firmado nada con tinta, la más observada.

No se trata de teorías conspirativas. Se trata de algo mucho más cotidiano: términos y condiciones que no leemos, algoritmos que aprenden nuestras microexpresiones y bases de datos que saben cómo nos vemos sin filtro, cuándo sonreímos y hasta cómo envejecemos.

“No sos el usuario de estas plataformas. Sos el producto. Y tus datos, la materia prima.”

Cada día se generan 2,5 quintillones de bytes en el mundo. Y una parte significativa viene de nuestras fotos, ubicación y voz.

La ilusión de lo gratis

Existe una frase muy conocida en el mundo tech: si el servicio es gratis, el producto sos vos. Las redes sociales, los filtros y los challenges virales funcionan dentro de un sistema económico sostenido sobre nuestra atención, comportamiento y, cada vez más, nuestra imagen.

Cuando subís una foto, no solo compartís un momento. También entregás datos biométricos: la forma de tu cara, la distancia entre tus ojos, tus gestos. Información que muchas empresas almacenan y analizan para entrenar inteligencia artificial o segmentar publicidad.

En 2020, la empresa Clearview AI recopiló más de tres mil millones de imágenes tomadas de redes sociales para construir una base de reconocimiento facial utilizada por fuerzas de seguridad en distintos países. Muchas eran selfies comunes. De personas comunes.

Los trends que cuestan más de lo que parecen

Los trends son una máquina perfecta de contenido gratuito para las plataformas: generan millones de publicaciones similares y sostienen el algoritmo. El problema aparece cuando esa participación exige mostrar, cada vez más, nuestra cara.

Filtros que envejecen o rejuvenecen, apps que muestran “otra versión” de vos o desafíos virales funcionan también como herramientas de recolección de datos faciales disfrazadas de entretenimiento. La diversión es el anzuelo. Los datos, el verdadero valor.

No se trata de dejar de usar redes ni de entrar en paranoia. Se trata de hacer una pausa antes de descargar una app, subir una foto o sumarte a un challenge, y preguntarte qué estás dando a cambio.

Riesgos que conviene tener en el radar

  1. Apps de transformación facial
    recopilan datos biométricos que pueden usarse para entrenar inteligencia artificial.
  2. Challenges con fotos personales
    alimentan bases de datos de reconocimiento facial.
  3. Geoetiquetas en tiempo real
    exponen rutinas, ubicaciones y hábitos.
  4. Sincronización automática de contactos
    no solo compartís tus datos, también los de otras personas.
  5. Tests de personalidad
    muchos cuestionarios virales recopilan información psicográfica valiosa: preferencias, miedos y aspiraciones.
  6. Deepfakes
    con suficientes imágenes tuyas, se pueden generar videos o fotos falsas muy creíbles.

El precio de pertenecer

Los trends crean una sensación de comunidad inmediata. Quien no se suma puede sentir que queda afuera. Y eso no es casual: las plataformas están diseñadas para que la inclusión recompense y la exclusión duela.

No es debilidad caer en eso. Es humano. Pero reconocerlo es el primer paso para tomar decisiones más conscientes. Para elegir cuándo queremos participar y cuándo preferimos simplemente observar desde la orilla.

Tu imagen te pertenece. Tus datos también. Y merecés no sólo saberlo, sino elegir conscientemente en manos de quién los estás poniendo.

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