Selva Viva

Guardaparques refuerzan controles en el parque provincial Salto Encantado

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Durante el fin de semana guardaparques del Parque Provincial Salto Encantado, pertenecientes al Grupo Operativo Sur (GOS), dependientes del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables realizaron un patrullaje preventivo por los alrededores del Área Protegida.

El operativo abarcó un extenso sector. En el recorrido, los agentes desactivaron un total de un salero, tres cebaderos y siete sobaderos, todos en actividad. Además, se retiró del lugar una jaula trampa que se encontraba lista para la captura de fauna silvestre.

Durante la tarea, los guardaparques caminaron aproximadamente 8 kilómetros y realizaron un recorrido de 135 kilómetros con el móvil oficial. Se registraron los trayectos mediante track GPS y se tomaron puntos de interés para reforzar el control en futuras inspecciones.

Estos trabajos de patrullaje se desarrollan de manera continua, con el objetivo de proteger la flora y fauna silvestre y garantizar la conservación de los recursos naturales dentro y en el entorno del Parque Provincial Salto Encantado.

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Panamá avanza hacia un modelo de turismo que protege, regenera y conecta

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En Panamá, la sostenibilidad no es una tendencia: es una forma de entender el viaje. Entre selvas tropicales, playas protegidas donde anidan tortugas y comunidades ancestrales que viven en armonía con su entorno, el país avanza con pasos firmes hacia un turismo que protege, regenera y conecta.

Desde hace años, Panamá lidera esfuerzos ambientales que marcan la diferencia a nivel mundial. En línea con la meta global 30×30, que busca proteger al menos el 30% de las áreas marinas del planeta antes de 2030, el país no solo cumplió, sino que superó ampliamente este objetivo, al alcanzar la conservación de más del 50% de sus océanos. La expansión del Parque Nacional Marino Coiba, designado como Hope Spot por Mission Blue, triplicó su área protegida y reafirmó el compromiso de Panamá con la protección de su biodiversidad marina.

Coiba es un paraíso natural que representa la puerta de entrada al arrecife de coral más grande del Pacífico Oriental Tropical. Bucear, practicar snorkel o navegar por sus aguas es sumergirse en un ecosistema cuidadosamente preservado donde el turismo se equilibra con la conservación.

Selva y playa una combinación perfecta

En tierra firme, el país ofrece escenarios naturales igual de extraordinarios. Desde el Parque Internacional La Amistad, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y reconocido como la reserva natural más grande de Centroamérica, hasta el Parque Natural Metropolitano, un bosque tropical ubicado dentro de la capital, único en su tipo en el mundo, Panamá invita a los viajeros a vivir la naturaleza de cerca. Caminatas entre la bruma de los bosques nubosos, avistamiento de aves exóticas y encuentros con comunidades locales permiten experimentar un turismo verdaderamente transformador.

Las playas panameñas también cuentan su propia historia. Más de 200 de ellas sirven como sitios de anidación de tortugas marinas, protegidas por organizaciones y comunidades locales.

En lugares como Mata Oscura (Veraguas) o Isla Cañas (Azuero), los visitantes pueden sumarse a programas de conservación y voluntariado, participando en patrullajes nocturnos, liberaciones de crías y jornadas de educación ambiental. A través de la Red SOSTUR, los viajeros de todo el mundo encuentran experiencias regenerativas que les permiten ser parte activa de la preservación.

Un puente entre la naturaleza y la cultura

Más al norte, en la provincia de Bocas del Toro, el turismo se convierte en un puente entre la naturaleza y la cultura. En los territorios de la comunidad Ngäbe Buglé, los visitantes pueden explorar cascadas escondidas como Alto Chorro o Klosay, aprender de las familias locales cómo se elabora el cacao artesanal y descubrir prácticas tradicionales que han protegido sus bosques durante generaciones. Más que un viaje, es una invitación a ser parte de historias vivas, donde cada paso contribuye a la prosperidad y conservación de estas comunidades, haciendo del turismo una fuerza positiva y enriquecedora para todos.

Con dos océanos, 18 parques nacionales y su herencia multicultural, Panamá no solo es un destino: es una experiencia de sostenibilidad en acción. Aquí, viajar de forma consciente no es un ideal, sino algo que se vive en cada sendero, en cada encuentro local y en cada paisaje protegido. Ya sea explorando selvas exuberantes, buceando parques marinos o compartiendo tradiciones con las comunidades indígenas, cada viaje contribuye a preservar la riqueza natural y cultural del país, haciendo que cada experiencia sea aún más significativa.

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No es ideología, es la cuenta

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Mientras los foros globales discuten roadmaps para 2050 y las corporaciones venden sostenibilidad de catálogo, en los barrios, las chacras y las veredas, una transición práctica y silenciosa ya está en marcha. No la impulsa una ideología, sino la necesidad. No la lideran teóricos, sino quienes, ante el costo insoportable del presente, empezaron a buscarle la vuelta.

Si uno se para en el centro de cualquier ciudad, la narrativa del progreso parece intacta: más consumo, más innovación, más crecimiento. Pero es una fachada. Detrás, la crisis se siente en el bolsillo, en el precio de los alimentos, en la factura de la luz, en la basura que se acumula en las esquinas. La gente está harta de que le “generen conciencia”. La conciencia, hoy, es un lujo que no se pueden permitir. Lo que necesitan son soluciones.

Y en esa búsqueda, sin saber que están protagonizando un cambio de paradigma, millones están inventando el futuro.

Chilico y la sabiduría de lo concreto

En una chacra, lejos del ruido de los gurús del desarrollo, un hombre de escasa preparación académica da una lección de economía avanzada. Chilico, como le dicen, dejó de usar herbicidas no por una epifanía ecológica, sino porque la cuenta no le daba. El precio de los agroquímicos se disparó más del 150% en los últimos dos años en Argentina, volviendo insostenible el paquete tecnológico para un pequeño productor. Los rendimientos prometidos nunca llegaban, y la tierra, cada vez más cansada y dependiente, pedía a gritos otro trato.

Sin planearlo, Chilico inició una transición forzosa hacia la agroecología. Empezó a hacer abono con los residuos de la misma chacra, a rotar cultivos para que el suelo se recupere, a usar menos venenos y observar más. Su métrica no es la tonelada por hectárea que se cotiza en Chicago, sino la resiliencia de su chacra y la salud de su economía familiar. No sabe que está “decreciendo”, pero está aplicando el principio rector del decrecimiento: producir bienestar con menos recursos, priorizando lo local y lo esencial sobre el mercado global.

Chilico no es un caso aislado. Es el síntoma de un agotamiento. El modelo del agronegocio, con su promesa de eficiencia infinita, se está mostrando como lo que siempre fue: un sistema frágil, caro y ecológicamente suicida. La verdadera eficiencia, la que importa cuando se apagan las luces, es la que practica Chilico.

La huerta comunitaria: acción directa frente al colapso

Lo mismo ocurre en los barrios populares. Las huertas comunitarias no brotan de un ideal romántico, sino de una lógica ferozmente práctica. Son una respuesta a la inflación, a la falta de trabajo, a la necesidad de tejer redes de contención en un mundo que se fragmenta. Según el Relevamiento Nacional de la Agricultura Familiar, se estima que existen más de 10.000 experiencias de este tipo en el país, generando alimentos para unas 500.000 familias. Son cifras que hablan de una economía subterránea y vital.

Esta no es la “conciencia ambiental” que venden las multinacionales. Es soberanía alimentaria en acción. Es gente que, ante la incapacidad del sistema de proveerles comida sana y accesible, decide producirla por sus propios medios. Es la “anarquía ubérrima” de la que habla el pensador Carlos Taibo: la gente tomando en sus manos los asuntos que realmente importan —el alimento, la energía, el cuidado— sin pedirle permiso a un mercado que los ha defraudado. Como él mismo dice: “Frente a la ficción de la política institucional, la efectividad de la acción directa que construye mundos nuevos en los márgenes del viejo sistema que se desmorona”.

No están leyendo a Marx o a Kropotkin. Están leyendo la tierra, las estaciones y las necesidades del vecino. Su filosofía no está en los libros, está en las manos metidas en la tierra.

De la teoría a la trinchera: nombrar lo que ya existe

Esta es la gran desconexión entre la academia y la calle. Mientras los intelectuales debaten cómo bajar las emisiones de carbono, Chilico y los huerteros ya están viviendo en un mundo de bajas emisiones. Lo que falta no es conciencia, sino un marco que le dé nombre y apellido a lo que ya está ocurriendo.

A eso le llamamos agroecología: no es una técnica, es la lógica de producir comida sin envenenar la tierra ni endeudarse.

A eso le llamamos decrecimiento:no es pobreza, es la elección inteligente de privilegiar el bienestar sobre el despilfarro.

A eso le llamamos acción directa:no es desorden, es la capacidad de una comunidad para auto-organizarse y resolver sus problemas sin depender de un salvador externo.

El sistema nos dice que somos individuos aislados, culpables de la crisis y responsables de nuestra propia salvación. La práctica de Chilico y las huertas nos demuestra lo contrario: somos redes de cooperación, y la verdadera resiliencia es colectiva. Mientras el modelo extractivista nos empobrece y nos divide, estas prácticas construyen soberanía y comunidad. Son el único antídoto real.

Conclusión: El único camino es el que ya estamos caminando

No se trata de convencer a nadie de que adopte una ideología. Se trata de señalar lo que ya está pasando y preguntar: ¿A quién le conviene que no veamos esta rebelión silenciosa?

Le conviene a un sistema que se sustenta en nuestra dependencia. Le conviene a la lógica que nos vende soluciones individuales para problemas colectivos. Frente a esto, el acto más revolucionario es, simplemente, hacer como Chilico: mirar la realidad de frente, hacer la cuenta y empezar a construir, desde abajo, el único mundo posible. Un mundo que, contra todo pronóstico, ya está naciendo.

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El sueño del ganador de la Poceada es realizar un viaje soñado

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Apenas comprobó que había acertado todos los números y se había convertido en el ganador del primer premio de la Quiniela Poceada Misionera, el trabajador que resultó favorecido, dijo que se puso a saltar de alegría. Fue su forma de festejar. Se había hecho acreedor de 95.699.922 pesos durante el Sorteo N° 4570, en la noche del martes 4 de noviembre.

El hombre, residente en Posadas, contó que es la primera vez que gana un premio importante y que suele apostar solamente cuando los pozos se tornan interesantes. Dijo que el ticket ganador fue jugado de casualidad. “Lo tenía en el auto entre papeles viejos y decidí bajar en la Agencia 212 y repetirlo para los dos sorteos del día. Después del sorteo nocturno, me puse a controlar. En el de la mañana solo había salido un número, pero en el de la noche pude marcar todos. Y me puse a saltar de alegría”, manifestó.

Aseguró que utilizará el dinero, primero para realizar un largo viaje, pero “con el resto todavía no proyecté qué hacer porque uno no está preparado para ganar, más aún cuando es tanto dinero”.

El pozo estimado para el sorteo de este jueves será de 33.870.000 millones de pesos.

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Día de los Parques Nacionales Argentinos, 6 de noviembre

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Los Parques Nacionales protegen una gran variedad de ecosistemas, selvas, bosques, montañas, glaciares, desiertos, lagos, esteros y turbales. Estos hábitats albergan una abundante diversidad de flora y fauna. Estas áreas contribuyen a la lucha contra el cambio climático.

Cuenta la historia que un 6 de noviembre de 1903 el Perito Francisco Pascasio Moreno cedió a la Argentina tres leguas cuadradas de su propiedad, equivalente a unas 7500 hectáreas. Ubicadas en las cercanías de la Laguna Frías y Puerto Blest, al oeste del lago Nahuel Huapi con el fin de que fueran “consagradas como parque público natural”.

La donación fue aceptada el 11 de febrero del año siguiente estableciendo el núcleo primitivo de las áreas protegidas nacionales a través de lo que fuera conocido como el «Parque Nacional del Sur», el primer parque nacional de América Latina y el 9 de octubre de 1934, treinta y un años más tarde, se crearía en las tierras donadas por Moreno el que hoy conocemos como Parque Nacional Nahuel Huapi.

Áreas protegidas y las necesidades de la sociedad

En 1872, cuando la revolución industrial comenzaba a difundirse por el mundo, se estableció el primer Parque Nacional moderno: Yellowstone en los EE.UU.

En el transcurso de todos estos años, la expansión de las áreas agrícolas, industriales y urbanas ha superado la expansión de las áreas protegidas. Pero las áreas protegidas (Parques y Reservas Naturales), son parte esencial del desarrollo integral de un país, pues le brindan a las sociedades un gran número de beneficios económicos, culturales, educativos, espirituales y turísticos.

A pesar de estos múltiples beneficios, son pocas las áreas protegidas que reciben el apoyo necesario para que puedan ofrecer una gama óptima de beneficios en forma eficiente. Más bien, las áreas protegidas de diferentes categorías han sido víctima de la falta de presupuesto y de personal apropiado, de infraestructura, muchas veces, en mal estado y de relaciones deficientes con aquellos que viven en las tierras vecinas.

A pesar de que las áreas protegidas satisfacen muchas necesidades de la sociedad, no se reconoce esta importancia brindando el apoyo necesario para mantenerlas y para que sigan existiendo.

Apoyo político

Las decisiones acerca de cómo y dónde creas áreas protegidas, o de qué porcentaje del presupuesto nacional debe dedicárseles, pertenecen al dominio de los políticos. Algunos de estos políticos se han ido uniendo a las filas de los que tienen conciencia ambiental, pero su vida política depende del apoyo público, lo que afecta sus decisiones, particularmente cuando se trata de adoptar una posición poco popular sobre un asunto crucial relacionado con las áreas protegidas.

Se necesita un público bien informado y elocuente para abogar por la conservación y engendrar así el apoyo necesario para crear y mantener las áreas protegidas.

El apoyo público a las áreas protegidas puede darse por presión directa o indirecta sobre los políticos locales o nacionales.

La opinión pública es a menudo una forma de presión indirecta que influencia las decisiones políticas. Por ejemplo las organizaciones no- gubernamentales (ONGs) pueden desempeñar un papel primordial, puesto que la mayoría de ellas tienden a ser independientes de los intereses políticos y económicos del gobierno y usualmente representan a un sector interesado en la conservación y protección de la biodiversidad.

Para tratar de resolver la oposición política al establecimiento o mantenimiento de áreas protegidas, es importante proporcionar información precisa y oportuna a decisores, así como estimular a las ONGs y a las comunidades locales a que den a conocer su opinión sobre el asunto.

Conclusión

A pesar de los enormes avances en materia de protección de áreas naturales, estos territorios y sus habitantes están todavía amenazados. La mitad de la vida silvestre del mundo desapareció en los últimos 40 años, mayormente debido a la pérdida de hábitats, el tráfico ilícito y la sobreexplotación, es decir, por culpa de nosotros, los humanos.

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