Selva Viva

Marcan peces en la central Yacyretá para estudiar su desplazamiento en el río Paraná

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La EBY solicita a los pescadores la devolución o información de las marcas en caso de capturar ejemplares marcados.

Especialistas en ictiofauna de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) y de la represa de Itaipú realizan una marcación de peces de diferentes especies para determinar el desplazamiento de las diferentes especies en el lago Yacyretá y el río alto Paraná. Las tareas se desarrollaron en el sistema de transferencia de peces de la Central Hidroeléctrica Yacyretá.

“Los pescadores que devuelvan las marcas recibirán un reconocimiento de nuestra parte por su interés en colaborar con la investigación de los recursos pesqueros de nuestro río Paraná, fundamentales para el desarrollo del país”, dijo el director ejecutivo de la EBY, Humberto Schiavoni.

“Esperamos marcar unos 500 ejemplares de diferentes especies en esta campaña”, precisó el ingeniero Mauricio Adames, de la binacional Itaipú,  al destacar que hasta el momento se marcaron peces de 15 especies distintas. Los especialistas indicaron que la tasa de devolución de marcas es baja, entre el 3 al 5 %. “Por eso es fundamental contar con más información de los desplazamientos migratorios”, dijeron.

Desde el sector Medio Ambiente de la EBY se solicita a los pescadores deportivos o comerciales que capturen peces con marcas comunicarse con los siguientes teléfonos: 0800-645- 2002 (gratuito) de Itaipú, 03786-420112 (Ituzaingó) o al 0376 4440250 (Posadas).

Desde el inicio del programa, fueron colocadas un total de 18.000 marcas en la Central Yacyretá a través de casi 20 años y, con la información suministrada por los pescadores, se permitió establecer los movimientos migratorios de las diferentes especies del río.

“Muchos peces fueron capturados aguas arriba y aguas debajo de la central, lo cual demuestra que los peces pueden pasar por las turbinas sin problemas hacia el río”, agregó Omar García, responsable de ictiofauna de la EBY.

“En esta oportunidad además de la marca tipo abra y lea, que es un pequeño tubo de plástico, que se abre y en el interior están las instrucciones para la devolución de la marca, se colocaron en algunos peces un microchip que permitirá con un lector electrónico registrar el paso de ellos con toda la información”, explicó García.

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CLT capacita a guardaparques y guías turísticos en primeros auxilios en los Esteros del Iberá

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En Concepción del Yaguareté Corá se realizó el primer Curso de Primeros Auxilios en Zonas Agrestes realizado de forma totalmente gratuíta para guías, guardaparques, baqueanos y otros trabajadores del sector turístico de los distintos portales oeste del Iberá. La necesidad de realizar esta capacitación había surgido como prioridad para esas comunidades, quienes lo habían expresado durante los talleres participativos que se llevaron a cabo en Concepción y San Miguel, los pasados meses de abril y mayo.

CLT y las Fundaciones Flora y Fauna Argentina y Bomberos Unidos Sin Fronteras Argentina (FBUSF); con el acompañamiento de la Dirección de Parques y Reservas de la Provincia de Corrientes, organizaron este curso teórico-práctico de 20 hs de duración, que tuvo lugar los días 20 y 21 del presente mes de octubre. El Curso estuvo a cargo de la capacitadora Patricia Díaz, actual subsecretaria de protección civil de San Carlos de Bariloche, experta de los equipos de salvamento de Naciones Unidas, presidente de la ONGD FBUSF, instructora para APN, quien impartió un curso ágil y muy rico en contenido, sumamente importante para el área. Con el mas alto nivel y una clara visión, la experta instruyó a los participantes no solo sobre cómo realizar atención de primeros auxilios en zonas agrestes si no también sobre como aprovechar las herramientas o elementos de trabajo con las que cuentan en terreno.

La parte teórica tuvo lugar en el Centro de Interpretación del Iberá con participantes de los tres portales oeste: Carambola, San Nicolás y Cambyretá, donde acudieron guías de sitio, guardaparques provinciales y nacionales, baqueanos y prestadores de servicios turísticos que se encuentran trabajando activamente en los Esteros del Iberá. Para la parte práctica, los participantes se desplazaron hasta el muelle de Juli Cué para realizar en terreno todo tipo de simulacros, entre los cuales hubo caídas desde la lancha, picaduras de víbora y diversos accidentes probables para la zona.

Iberá se prepara para ser el destino ecoturístico más importante de la zona, y la capacitación de su gente y la seguridad de trabajadores y visitantes juegan un rol fundamental a la hora de marcar una diferencia.

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Nacieron dos pecarí de collar en el refugio El Puma

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La comunidad del refugio El Puma de Candelaria está de festejos porque el viernes pasado nacieron dos pecaries de collar.

El pecarí de collar o morito (Pecari tajacu) es un tayassuido (la familia a la que pertenecen los cerdos silvestres o “jabalíes” de América) de amplia distribución que se encuentra desde el sur de Estados Unidos hasta el centro de Argentina. Se trata de un mamífero ampliamente adaptable que habita desiertos, bosques secos y selvas húmedas desde el nivel del mar hasta los 2.400 m. Aunque también habita pastizales abiertos, parece necesitar una cierta cobertura arbórea o arbustiva que le sirva de refugio y de fuente de alimento. Su dieta es bastante amplia y está compuesta por frutos, hojas, tubérculos y, en menor medida, de otros animales.

El pecarí de collar ha mostrado una importante capacidad de adaptación a la presencia de humanos y a la transformación moderada de sus ecosistemas naturales. Por ejemplo, en Estados Unidos no resulta raro verlos en el interior de las ciudades y áreas periurbanas. Como los otros pecaríes, el de collar es un animal sociable que vive en grupos cuyo tamaño varía desde los 2 a los 30 ejemplares. Sus áreas de campeo varían entre 24 y 800 hectáreas.

El pecarí de collar está catalogado en la lista roja de UICN como una especie de “preocupación menor”, mientras que en la Argentina se considera como una especie de riesgo bajo o “potencialmente vulnerable”. La especie se considera como extinta en Corrientes, Entre Ríos, buena parte de Santa Fe, sur de Córdoba y el SE de Santiago del Estero, mientras que todavía es relativamente abundante en algunos sectores de Santa Fe, el centro norte de Misiones, Chaco, Formosa, Tucumán, norte de Santiago del Estero, este de Jujuy, Salta, SE de Catamarca, sur de La Rioja, este de San Juan, oeste y norte de Córdoba, San Luis y NE de Mendoza.

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Por primera vez, prueban la relación entre la nutrición y las infecciones parasitarias en primates

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Investigadores del CONICET analizaron cambios en el estado de la salud en respuesta a la alimentación de monos caí del Parque Nacional Iguazú. Señalan que el estudio de esta interacción es crucial para comprender las enfermedades y su frecuencia en humanos y animales.

Un nuevo estudio de investigadores del CONICET comprobó que el estado nutricional afecta las dinámicas de los parásitos en los monos caí (Sapajus nigritus). Los resultados del trabajo, que fue publicado en la revista Scientific Reports, constituyen la primera demostración experimental de la relación causa-efecto entre estos factores en un primate.

Si bien existen antecedentes de estudios epidemiológicos que muestran que personas mal alimentadas son más propensas a padecer enfermedades parasitarias, no había evidencia que demuestre que la nutrición pobre aumenta el riesgo de infección, ya sea en humanos o en cualquier otro primate. La investigación fue desarrollada por un grupo interdisciplinario de biólogos y veterinarios de las provincias de Misiones y Santa Fe.

Entender la interacción entre nutrición y parasitismo es de crucial importancia para comprender los fenómenos de salud y enfermedad, como así también para predecir las variaciones en la frecuencia y el impacto en distintos grupos. Este conocimiento, explican los investigadores, es vital para la salud de seres humanos, de animales domésticos y también para la conservación de poblaciones silvestres.

“Este estudio fue el primero en investigar experimentalmente las interacción entre la nutrición y el parasitismo en una especie cercana al hombre” destaca la investigadora asistente del Instituto de Biología Subtropical (IBS, CONICET – UNaM), Ilaria Agostini. Una de las variables que afecta esta relación, explica, es la disponibilidad de alimento ya que, cuando disminuye, los animales podrían tener que enfrentar cambios en sus demandas fisiológicas, que repercuten en sus defensas inmunológicas y en su susceptibilidad hacia las enfermedades.

Por otro lado, los parásitos son otros actores fundamentales en estas dinámicas, pudiendo afectar a la salud de los animales estudiados. Sin embargo, los resultados de este estudio confirmaron que cuando existen buenas condiciones nutricionales, el hospedador puede ser capaz de contrarrestar las infecciones parasitarias, así como también sus daños, como resultado de una robusta defensa inmunológica.

Estos efectos recíprocos entre la condición física de un individuo y el grado de infección parasitaria pueden desatar un “círculo vicioso”, en el que la salud del hospedador se deteriora cada vez más, aumentando las probabilidades de infecciones severas y pudiendo desencadenar en la muerte del individuo. “Nuestros resultados apoyan esta hipótesis, que hasta hoy ha sido escasamente demostrada. Un aumento en la provisión de alimentos contribuyó a disminuir hasta la mitad el riesgo de infección por dos de los parásitos gastrointestinales más comunes en estos monos”, indica Agostini.

Otra parte del estudio pretendió demostrar que los parásitos afectan la condición corporal de los monos. “Aunque el antiparasitario fue eficaz para reducir la cantidad y diversidad de parásitos, no encontramos que esta disminución tenga un efecto en las condiciones físicas de los monos caí en nuestro estudio”, explica otro de los autores del estudio, el investigador principal del CONICET y director del IBS, Mario Di Bitetti.

Dado el estrecho parentesco con los humanos, las poblaciones silvestres de primates no-humanos proporcionan un modelo ideal para entender la interacción entre nutrición y parásitos, permitiendo comprender el impacto que tienen los patógenos sobre las poblaciones humanas. “Este tipo de dinámica podría tener efectos catastróficos en una población, por lo cual es tan importante entender estos mecanismos a los fines de conservar especies amenazadas”, agrega Agostini.

“En el futuro, debería haber mayores esfuerzos para evaluar estas relaciones bajo condiciones naturales de limitación de alimento o infección parasitaria más severas para poder obtener evidencias completas de los efectos sinérgicos de la disponibilidad de alimento y el parasitismo en los primates no-humanos”, finaliza el investigador independiente del CONICET en el Instituto de Ciencias Veterinarias del Litoral (ICIVET, CONICET – UNL), Pablo Beldomenico.

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Monos en riesgo: tienen menos diversidad y podrían ser más vulnerables a la fiebre amarilla

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Un estudio de investigadores del IBS detectó que las poblaciones de carayá –la especie más común de Argentina- están reducidas y empobrecidas genéticamente. Recomiendan aumentar su grado de alerta y adoptar medidas de conservación.

Las poblaciones de monos carayá –la especie más extendida en Argentina- están reducidas y tienen poca variabilidad genética, según determinó un nuevo estudio de investigadores del CONICET. Esta situación podría ser la causa de que presenten una mayor susceptibilidad a la fiebre amarilla, una enfermedad selvática que se registra de manera recurrente en Sudamérica y que también afecta a humanos.

La investigación, que fue publicada hoy en la revista PLOS One, se centró en animales de la región noreste de Argentina y del sur de Paraguay. Los autores del trabajo destacan la necesidad de declarar a la especie Alouatta caraya como “Vulnerable” y proponen estrategias de manejo y conservación.

La subsistencia de éstos y otros monos que habitan en la región se ve dificultada por las mismas causas que afectan a distintos mamíferos, como el yaguareté. “La deforestación resultante de la agricultura y ganadería a gran escala y las inundaciones de bosques ribereños para la construcción de represas, son algunos de los factores que causaron el deterioro del hábitat de la especie. A eso también se suma tráfico de fauna para comercio de mascotas y la cacería”, señala la investigadora adjunta del Instituto de Biología Subtropical (IBS, CONICET – UNAM), Luciana Oklander, primera autora del estudio, del que también participaron grupos del Centro de Bioinvestigaciones (CEBIO, UNNOBA – CONICET) y del Servicio de Huellas Digitales Genéticas, Facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires (UBA).

Además de la importante función que cumplen de cada uno de los animales que componen el ecosistema selvático, los monos desempeñan un rol epidemiológico clave para el abordaje de la fiebre amarilla. Son considerados “centinelas”, que alertan sobre los brotes que ocurren en la selva y que pueden llegar a zonas urbanas a través de picaduras de mosquitos. La aparición de animales muertos es la primera señal de que el virus que causa la enfermedad está circulando y que es necesario extremar las medidas de prevención, como la vacunación.

En uno de los grupos analizados por los investigadores se detectó un alto índice de endogamia, es decir, de parentesco entre los individuos que se reproducen. Esta población fue posteriormente diezmada por un brote de fiebre amarilla, lo que podría establecer una relación causal entre la escasa variabilidad genética y la susceptibilidad a la enfermedad.

“Las poblaciones estudiadas tienen un tamaño efectivo reducido y pueden estar empobrecidas genéticamente para hacer frente a eventos como futuros brotes de fiebre amarilla, que podrían afectar rápidamente a todos los individuos. Más allá del riesgo ecológico que implica perder a estos monos, también se generaría una situación de riesgo para la salud humana”, advierte Oklander.

Para analizar la estructura genética de los carayás – que son monos aulladores que presentan pelaje negro en los machos y dorado en las hembras-, los investigadores recolectaron muestras en las distintas poblaciones. “Trabajamos mayormente con muestras de materia fecal, que son no invasivas y nos permiten estudiar a los animales sin capturarlos ni dañarlos. Las procesamos en laboratorios de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA y extrajimos el ADN para dos tipos de amplificaciones. Por una parte, el ADN mitocondrial nos permitió determinar el linaje materno y la estructura genética en tiempos más lejanos. Por otro lado, analizamos el ADN nuclear mediante el estudio de microsatélites, que nos permitió estudiar el parentesco entre los individuos y detectar endogamia”, detalla Oklander.

Más protección

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) es la institución más importante para determinar el grado de amenaza de una especie y considera que los monos carayá están en un nivel de “menor preocupación” a escala mundial. “De acuerdo a los resultados de nuestra investigación, consideramos que esa clasificación subestima el estado en el que se encuentran las poblaciones remanentes, por lo que proponemos una reclasificación del estatus global de la especie a “vulnerable””, señala Carolina Miño, investigadora asistente del CONICET en el IBS y otra de las autoras del artículo.

“Confiamos en que este estudio será una herramienta importante para que proteja a la especie. Esto va a permitir que se pueda trabajar con distintos organismos del estado y otras asociaciones para establecer políticas de manejo de las poblaciones y acciones para mejorar el hábitat deteriorado”, finaliza.

Foto portada gentileza Luciana Oklander

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