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El Senado avanza con una nueva ley de biocombustibles hasta 2036

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El Senado dio un paso clave hacia un nuevo marco regulatorio para los biocombustibles. Un plenario de comisiones emitió dictamen de mayoría sobre una iniciativa impulsada por Patricia Bullrich, con respaldo de La Libertad Avanza y bloques dialoguistas, que eleva los porcentajes obligatorios de mezcla de bioetanol y biodiésel y extiende hasta 2036 un régimen de transición para las empresas del sector.

El acuerdo establece que el corte de bioetanol pasará del actual 12% al 15% después de un año de vigencia de la nueva norma, mientras que el biodiésel subirá del 7,5% al 10% en el mismo período. El proyecto también incorpora límites a la participación de cada empresa para evitar una concentración excesiva del mercado y busca otorgar un horizonte regulatorio de 15 años.

El avance representa una señal política para las provincias vinculadas a la producción de biocombustibles. El bioetanol tiene como principales materias primas la caña de azúcar y el maíz, con fuerte presencia productiva en Tucumán, Salta y Jujuy, mientras que la industria del biodiésel tiene un núcleo relevante en Santa Fe a partir del procesamiento de aceite de soja.

Un nuevo mapa para el biodiésel

El dictamen mantiene inicialmente un corte obligatorio de biodiésel del 7,5% para todo gasoil o diésel oil comercializado en el país. A partir de los 12 meses de la sanción de la ley, ese porcentaje subiría al 10%.

El esquema establece además dos segmentos de empresas: las integradas, que pueden participar en distintas etapas de la cadena productiva, y las no integradas. Para estas últimas se fija inicialmente un cupo equivalente al 6,5% del mercado total.

Ese porcentaje tendrá una reducción progresiva: será del 5,5% en 2029, del 5% en 2030 y del 3% en 2031. Desde 2032, el 7% podrá ser comercializado entre todas las firmas, de acuerdo con el esquema previsto en el dictamen.

El proyecto incorpora además un límite para evitar que una compañía concentre una porción dominante del mercado. Según lo planteado durante el debate, ninguna empresa podrá acceder a más del 10% del cupo correspondiente al segmento de las no integradas.

La discusión, sin embargo, dejó una tensión sectorial sin resolver. Las pymes elaboradoras de biodiésel rechazan el nuevo esquema porque pretenden conservar el 7,5% de participación que actualmente tienen asignado y cuestionan la reducción progresiva de su espacio dentro del mercado.

Por ese motivo, el senador peronista Fernando Salino anticipó la presentación de un dictamen de minoría, con el argumento de que la propuesta no contempla el reclamo de las pequeñas y medianas empresas del sector.

Bioetanol: 15% y competencia por el cupo

Para el bioetanol, el proyecto plantea mantener durante un año el corte obligatorio del 12% y luego llevarlo al 15%. La composición de ese porcentaje preservará la participación de las dos principales materias primas: 6% de bioetanol elaborado a partir de caña de azúcar y 6% proveniente del maíz.

El 3% restante quedará destinado a un esquema de competencia, según explicó la senadora salteña Royón durante el debate.

La arquitectura busca evitar que el incremento del corte se traduzca automáticamente en una concentración de los negocios en los actuales grandes proveedores. Por eso, el proyecto incorpora reglas sobre cupos y participación empresarial.

La senadora Beatriz Ávila consideró que el dictamen constituye un avance trascendente porque la legislación vigente había quedado desactualizada. También destacó que el nuevo esquema incorpora previsibilidad durante 15 años, declara la actividad de interés público, contempla beneficios impositivos y permite que las provincias puedan incrementar los cupos.

El límite a la concentración, en el centro del acuerdo

Uno de los puntos políticos y económicos más relevantes del dictamen es la incorporación de límites a la concentración. El texto establece que ninguna empresa podrá concentrar más del 20% del volumen correspondiente, mientras que para el segmento de compañías no integradas del biodiésel se establece un límite específico del 10% del cupo.

La discusión sobre la estructura del mercado no es secundaria. El aumento de los cortes obligatorios amplía de manera automática la demanda de biocombustibles, por lo que la distribución de esos nuevos volúmenes puede determinar quién captura el crecimiento generado por la nueva regulación.

Para las empresas, el horizonte hasta 2036 busca reducir la incertidumbre regulatoria y permitir decisiones de inversión de mayor plazo. Para las pymes, en cambio, el punto crítico será la forma en que se distribuyan los cupos durante la transición.

La propuesta, por lo tanto, intenta resolver dos objetivos simultáneos: aumentar el uso de biocombustibles y evitar que el crecimiento regulado de la demanda quede concentrado en pocos jugadores.

Exenciones y una discusión que llegó al gasoil patagónico

El dictamen también contempla excepciones al corte obligatorio de biodiésel. Quedan alcanzados por ellas los combustibles destinados a embarcaciones fluviales y marítimas, minería, primeros llenados, gasoil antártico, formulación de lodos de perforación en yacimientos y centrales eléctricas, además de determinadas zonas frías patagónicas.

Durante el debate, el senador Agustín Coto planteó precisar qué debe entenderse por “zonas frías patagónicas” y propuso utilizar como referencia la normativa IRAM, debido a que el combustible mezclado puede presentar dificultades operativas bajo temperaturas extremadamente bajas. El planteo fue aceptado por los demás senadores.

La autoridad de aplicación también conservará la posibilidad de modificar excepcionalmente el porcentaje obligatorio mediante una resolución fundada, cuando existan situaciones comprobadas de escasez que puedan afectar el abastecimiento interno o razones técnicas y de calidad que lo justifiquen.

Una señal para las provincias productoras

El consenso alcanzado en comisiones tiene además una dimensión federal. La ampliación del mercado de bioetanol puede beneficiar a las cadenas productivas vinculadas con la caña de azúcar y el maíz, mientras que el nuevo esquema de biodiésel impactará especialmente sobre la industria aceitera y los establecimientos productores de Santa Fe.

Por eso, el acompañamiento de legisladores de distintos espacios adquiere una lectura que excede el debate energético. Royón, el radical Flavio Fama, Beatriz Ávila, Alejandra Vigo, Carlos Espínola y Carolina Moisés respaldaron el dictamen, aunque Moisés lo hizo con disidencia parcial.

La aprobación del dictamen no implica todavía la sanción de la nueva normativa. El próximo desafío será trasladar el acuerdo alcanzado en comisión al recinto, donde deberán resolverse las diferencias que permanecen abiertas, en particular la situación de las pymes de biodiésel.

El Gobierno logró así una primera convergencia con sectores dialoguistas alrededor de una reforma que combina mayor demanda obligatoria, reglas contra la concentración y un horizonte regulatorio extendido. La discusión pendiente será determinar si ese nuevo mercado consigue distribuir los beneficios de la expansión entre grandes empresas, pymes y las provincias que aportan las materias primas.

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Milei estudia candidatos para la Corte Suprema

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El Gobierno de Javier Milei volvió a poner a la Corte Suprema en el centro de la agenda política. El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, confirmó que el Presidente está “estudiando candidatos” para cubrir las vacantes del máximo tribunal y anticipó que enviará los pliegos al Congreso cuando considere que sea el momento adecuado.

La definición abre una negociación que excede la conformación de la Corte. En un Senado donde el oficialismo necesita construir acuerdos para alcanzar los dos tercios requeridos para aprobar a los candidatos, la discusión puede convertirse en una nueva instancia de negociación con gobernadores y bloques opositores. Al mismo tiempo, amenaza con profundizar las diferencias dentro del peronismo, que viene atravesando una disputa sobre su estrategia frente al Gobierno y el Poder Judicial.

“Es una realidad que la Corte está incompleta. Es una deuda que hay que cumplir, hay que cubrir la Corte. ¿Cuándo? La decisión la tomará el Presidente”, afirmó Mahiques en una entrevista con A24. El funcionario sostuvo además que Milei “está estudiando candidatos” y que enviará los pliegos al Senado cuando considere que estén dadas las condiciones.

Mahiques también descartó, al menos por ahora, que exista una decisión presidencial para ampliar el número de integrantes del máximo tribunal. “Hasta las últimas veces que hablé con el Presidente, no”, respondió al ser consultado sobre esa posibilidad. La precisión deja abierto un escenario político que ya genera especulaciones, pero que no forma parte de la definición oficial comunicada hasta el momento.

La Corte funciona actualmente con tres integrantes: Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. La salida de Juan Carlos Maqueda y Elena Highton dejó dos vacantes que el Gobierno todavía debe cubrir mediante el mecanismo constitucional que exige el acuerdo del Senado.

El antecedente inmediato condiciona la negociación. En 2025, los candidatos Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla no lograron superar el proceso de aprobación en la Cámara alta. Ese fracaso mostró los límites del oficialismo para construir por sí solo las mayorías necesarias y convirtió la designación de jueces de la Corte en una negociación política de primer orden.

Ahora el Gobierno enfrenta nuevamente ese problema, pero con una variable adicional: el peronismo llega a la discusión atravesado por una fuerte disputa interna sobre cómo relacionarse con el oficialismo y con la Justicia.

La controversia se profundizó después del aval del bloque peronista en el Senado a la mayoría de los pliegos judiciales enviados por Milei, con la excepción del correspondiente a Pablo Bertuzzi. La decisión generó cuestionamientos dentro del propio espacio y expuso la dificultad para establecer una conducción política unificada frente a las iniciativas del Gobierno.

La explicación de la senadora Juliana Di Tullio, quien habló de “decisiones políticas institucionales del Senado”, tampoco logró cerrar la discusión interna. El punto de fondo no es solamente qué jueces obtienen acuerdo, sino qué tipo de relación pretende construir el peronismo con el Poder Judicial durante los próximos años.

En ese tablero, el factor Cristina Kirchner conserva peso político. Dentro del peronismo circula la interpretación de que parte de las decisiones adoptadas en el Senado estuvieron vinculadas con la necesidad de alcanzar acuerdos en otros ámbitos institucionales, entre ellos el Consejo de la Magistratura. Esa lectura convive con otra discusión más profunda: si el PJ debe mantener una confrontación abierta con los tribunales o avanzar hacia una estrategia de mayor negociación.

La eventual llegada de los pliegos para la Corte puede condensar todas esas tensiones. A diferencia de otros nombramientos judiciales, la composición del máximo tribunal tiene efectos sobre cuestiones de alta sensibilidad institucional, económica y política. Por eso, cada candidatura puede convertirse en moneda de cambio dentro de una negociación mucho más amplia.

Para Milei, conseguir los acuerdos implica construir una mayoría que hoy no controla. Para el peronismo, en cambio, supone definir cuánto está dispuesto a negociar con el Gobierno y bajo qué condiciones. El PRO y otros espacios opositores también quedan involucrados, porque una eventual designación requiere articular intereses que atraviesan las fronteras partidarias.

La discusión adquiere además una dimensión federal. Si el oficialismo necesitara ampliar su base de acuerdos en el Senado, los gobernadores podrían adquirir un papel relevante en la negociación política. El Poder Judicial, en ese escenario, dejaría de ser solamente una discusión sobre nombres para convertirse en un componente de las relaciones entre la Casa Rosada, las provincias y las distintas fuerzas parlamentarias.

El desafío para el Gobierno será evitar que el proceso vuelva a quedar atrapado en una disputa de nombres sin capacidad para construir consenso. Para el peronismo, el dilema será todavía más complejo: definir una estrategia común frente a una agenda judicial que puede condicionar buena parte de la política argentina durante los próximos años.

La Corte vuelve así al centro de la escena antes incluso de que Milei envíe los nuevos pliegos. La decisión sobre quiénes ocuparán las vacantes puede convertirse en una de las negociaciones institucionales más importantes del segundo tramo del mandato y, al mismo tiempo, en una nueva prueba para un peronismo que todavía busca ordenar sus liderazgos y fijar una posición común frente al Gobierno.

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Diputados dio media sanción a la nueva Ley de Inocencia Fiscal y amplió el régimen para los contribuyentes

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La Cámara de Diputados volvió a darle una victoria parlamentaria al Gobierno de Javier Milei. Con 139 votos a favor, 110 en contra y dos abstenciones, aprobó y giró al Senado el proyecto de reforma de la denominada Ley de Inocencia Fiscal, que amplía de manera sustancial el universo de contribuyentes habilitados para utilizar el régimen simplificado del Impuesto a las Ganancias.

La votación se produjo después de la media sanción a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y consolidó una nueva demostración de capacidad del oficialismo para construir mayorías con el PRO, la UCR, Argentina Federal, Elijo Catamarca, Independencia, el MID y Producción y Trabajo. Unión por la Patria y la izquierda rechazaron la iniciativa, mientras que también hubo votos negativos de sectores de Provincias Unidas, la Coalición Cívica y Encuentro Federal.

El cambio central consiste en eliminar los límites que actualmente restringen el acceso al régimen. La normativa vigente establece un ingreso anual máximo de $1.000 millones y un patrimonio de hasta $10.000 millones. El proyecto aprobado por Diputados habilita a todas las personas humanas y sucesiones indivisas residentes en la Argentina a optar por la modalidad simplificada, sin topes de ingresos ni patrimonio.

El Gobierno sostiene que la modificación apunta a reducir la complejidad del sistema tributario y a generar mayores incentivos para que los ahorros que permanecen fuera del circuito formal ingresen al sistema financiero. En la argumentación oficial aparece como uno de los objetivos la incorporación de recursos que permanecen fuera del circuito declarado, en un contexto en el que la administración libertaria estima que existen unos US$170.000 millones fuera del sistema financiero.

Pero el alcance de la reforma excede la simplificación de una declaración jurada. El proyecto redefine las condiciones bajo las cuales la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) puede considerar que existe una “discrepancia significativa” y, a partir de allí, impugnar la declaración simplificada y avanzar sobre declaraciones de Ganancias e IVA de períodos no prescriptos.

La discrepancia significativa quedará configurada cuando la impugnación implique un incremento del impuesto determinado o una reducción de quebrantos de al menos 15% respecto de lo declarado, cuando la diferencia supere el monto establecido por el Régimen Penal Tributario o cuando existan facturas u otros documentos apócrifos o un cómputo improcedente de ingresos directos. A su vez, se incorpora un umbral mínimo equivalente al 5% del monto previsto en el régimen penal por debajo del cual no se configurará esa discrepancia aun cuando se supere el porcentaje establecido.

El proyecto también introduce una ventana de regularización. Si el contribuyente presenta una declaración rectificativa dentro de los 15 días hábiles posteriores a la notificación de la liquidación administrativa o de la determinación de oficio y cancela o regulariza el impuesto y los intereses correspondientes, la diferencia entre la declaración original y la rectificativa no será considerada para configurar una discrepancia significativa.

El punto político: los funcionarios quedaron fuera de los beneficios

Uno de los cambios incorporados durante el tratamiento parlamentario apunta directamente a los funcionarios públicos y responde al debate generado alrededor de la adhesión al régimen de Manuel Adorni, exjefe de Gabinete y actual legislador, quien fue mencionado durante la discusión por una causa de presunto enriquecimiento ilícito.

Los funcionarios podrán utilizar el sistema simplificado únicamente como canal operativo para presentar la declaración jurada y cancelar el saldo correspondiente. No podrán acceder a la presunción de exactitud, a la liberación de fiscalizaciones ni a los demás beneficios o inmunidades tributarias del régimen. Tampoco se aplicará para ellos el concepto de discrepancia significativa.

La exclusión alcanza a quienes ejerzan o hayan ejercido cargos de alta responsabilidad pública en cualquiera de los tres poderes del Estado durante los cinco años anteriores a la adhesión y hacia adelante. Además, se mantiene el carácter de personas políticamente expuestas para los funcionarios y sus vínculos alcanzados por las normas de prevención correspondientes.

Para el oficialismo, esta modificación permite despejar la principal controversia política que había acompañado a la primera versión del régimen. Laura Rodríguez Machado, diputada de La Libertad Avanza y miembro informante del proyecto, sostuvo que la norma busca modificar una lógica de fiscalización que considera excesivamente sospechosa sobre quienes acumularon ahorros fuera del sistema formal durante períodos de alta inflación.

La oposición leyó el cambio de manera inversa. Desde Unión por la Patria se cuestionó que la eliminación de los topes permita que personas con una capacidad económica mucho mayor que la de los pequeños contribuyentes accedan al régimen. También se advirtió que la reducción de las facultades de fiscalización podría dificultar la detección de patrimonio no declarado, evasión y operaciones vinculadas al lavado de activos.

Martín Lousteau, de Provincias Unidas, planteó que detrás de la simplificación tributaria existe una reducción de la capacidad de ARCA para detectar evasores, mientras que otros bloques opositores calificaron el proyecto como una suerte de blanqueo encubierto. El oficialismo rechazó esa interpretación y sostuvo que la norma no elimina la posibilidad de investigar delitos ni establece una amnistía.

Un alivio adicional para las MicroPyMEs

El proyecto incorpora además un componente orientado al sector productivo. Las MicroPyMEs, personas humanas, sucesiones indivisas y entidades sin fines de lucro tendrán una reducción automática del 25% en las multas formales, dentro de un esquema destinado a disminuir la presión punitiva e incentivar la regularización voluntaria.

El cambio adquiere relevancia para empresas que operan con estructuras administrativas pequeñas y enfrentan costos de cumplimiento tributario relativamente elevados. La lógica planteada por el oficialismo es que reducir las sanciones formales facilite el regreso a la formalidad y disminuya los incentivos para permanecer fuera del circuito tributario.

La discusión, sin embargo, expone una tensión estructural de la política fiscal. Simplificar el cumplimiento puede reducir costos y favorecer la formalización, pero al mismo tiempo una ampliación del régimen sin límites patrimoniales obliga a definir con mayor precisión dónde termina la protección del contribuyente cumplidor y dónde comienza el riesgo de debilitar las herramientas contra la evasión.

Ese será uno de los puntos centrales cuando el proyecto llegue al Senado. La iniciativa todavía no es ley: recibió media sanción en Diputados y deberá ser tratada por la Cámara alta.

La segunda victoria parlamentaria consecutiva del Gobierno, además, deja un dato político relevante. La administración de Milei logró reunir nuevamente una mayoría transversal alrededor de una reforma económica, pero lo hizo sobre un terreno en el que los aliados también introdujeron condiciones, particularmente respecto de los funcionarios públicos. La discusión que sigue en el Senado no será solamente tributaria: definirá hasta dónde puede avanzar la estrategia de simplificación y formalización de capitales sin reducir la capacidad del Estado para controlar el patrimonio y las operaciones de mayor riesgo.

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Diputados aprobó el Tratado de Patentes y lo devolvió al Senado tras 28 años

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La Cámara de Diputados aprobó con una amplia mayoría la adhesión de la Argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), un acuerdo internacional que busca simplificar y abaratar el proceso de registro de invenciones en distintos países. La iniciativa obtuvo 147 votos afirmativos y 93 negativos, pero no quedó convertida en ley: una modificación incorporada durante el tratamiento obliga a que vuelva al Senado, donde había recibido media sanción en 1998.

El recorrido parlamentario tiene una particularidad poco habitual. El proyecto permaneció 28 años en una situación excepcional y ahora vuelve a la Cámara de origen para revisar el cambio introducido por Diputados. La Argentina había firmado el tratado en 1970 y el Senado lo había aprobado en 1998, pero nunca completó el trámite de adhesión.

La modificación que impidió la sanción definitiva fue la incorporación de una reserva al Capítulo II del PCT, una decisión impulsada durante las negociaciones parlamentarias para preservar determinadas facultades nacionales vinculadas con la evaluación técnica de las solicitudes de patentes. El capítulo establece mecanismos de examen internacional que no resultan vinculantes para los Estados.

La reserva fue uno de los puntos centrales del acuerdo político que permitió reunir los votos. La industria farmacéutica nacional, representada por cámaras como CILFA y Cooperala, había advertido sobre el impacto que una adhesión plena podía generar sobre la producción local de medicamentos y la competencia con multinacionales.

Una reforma con impacto sobre innovación y medicamentos

El PCT reúne actualmente a 158 países y establece un procedimiento unificado para presentar solicitudes de patentes con intención de protección en distintos mercados. La adhesión permitiría que investigadores, universidades, empresas tecnológicas y emprendedores argentinos puedan iniciar desde el país un trámite que hoy requiere recurrir a procedimientos internacionales separados.

El argumento económico detrás de la adhesión es concreto: reducir tiempos, costos y carga administrativa para quienes buscan proteger una innovación fuera de la Argentina. El sistema no crea una “patente mundial” ni obliga automáticamente a los Estados a conceder una patente. La decisión final sobre la patentabilidad continúa dependiendo de la legislación y de las autoridades nacionales.

Para el Gobierno, ese mecanismo puede mejorar las condiciones de inserción de la innovación argentina en los mercados internacionales. Juliana Santillán, diputada de La Libertad Avanza y miembro informante del proyecto, sostuvo que la incorporación al tratado permitiría que investigadores y empresas locales accedan a herramientas similares a las utilizadas por sus competidores internacionales.

El otro lado del debate está concentrado en el sector farmacéutico. Los laboratorios nacionales sostienen que una adhesión sin reservas podría facilitar el patentamiento de productos extranjeros y reducir el margen para la producción local de medicamentos genéricos. Ese efecto podría trasladarse a los costos del sistema sanitario si determinadas drogas quedan bajo protección de patentes y disminuye la competencia de fabricantes nacionales.

La reserva del Capítulo II funciona, en ese escenario, como una válvula de protección. Argentina se incorpora al sistema internacional de cooperación en materia de patentes, pero conserva herramientas específicas para evaluar localmente determinados requisitos técnicos.

El vínculo con Estados Unidos, detrás del debate político

La incorporación del PCT también tiene una dimensión geopolítica. La iniciativa forma parte de los compromisos asumidos por el Gobierno argentino con Estados Unidos en el marco del acuerdo comercial y de inversiones firmado en febrero.

El tratamiento parlamentario estuvo condicionado durante meses por las negociaciones comerciales con Washington. Aunque el dictamen estaba listo desde mayo, el oficialismo demoró el avance hasta que se conocieran definiciones de la administración de Donald Trump sobre su política arancelaria.

La aprobación llega después de que Estados Unidos estableciera para la Argentina un arancel de importación del 10%, la tasa mínima dentro del esquema aplicado a los socios comerciales de la región según los datos consignados en el proyecto.

Ese vínculo explica parte de la discusión política. Para el oficialismo, la adhesión representa una señal de integración internacional y modernización del sistema de propiedad intelectual. Para la oposición, en cambio, forma parte de una agenda de concesiones hacia Estados Unidos cuya contraprestación concreta todavía está en discusión.

Santiago Cafiero, de Unión por la Patria, cuestionó precisamente ese punto. El ex canciller sostuvo que la aprobación del tratado debe analizarse dentro de la negociación bilateral y advirtió sobre el riesgo de avanzar en compromisos internacionales sin beneficios equivalentes para la Argentina.

La industria nacional consiguió una modificación clave

La trastienda parlamentaria muestra que el sector farmacéutico logró modificar el proyecto original. La reserva del Capítulo II permitió construir un punto de encuentro entre el objetivo oficial de incorporar a la Argentina al PCT y la preocupación de los laboratorios nacionales por preservar herramientas de evaluación y patentamiento.

Ese equilibrio tiene una consecuencia legislativa inmediata: el proyecto deberá regresar al Senado. No se trata de una nueva discusión desde cero, sino de una revisión de la modificación introducida por Diputados.

El episodio también muestra cómo la política de propiedad intelectual dejó de ser una discusión exclusivamente jurídica. En un país que busca aumentar exportaciones de servicios basados en conocimiento, desarrollar tecnología y atraer inversiones, la protección de las innovaciones es parte de la estrategia productiva. Pero en sectores como el farmacéutico, las reglas de patentamiento también determinan cuánto espacio queda para la producción local y cuál puede ser el costo de acceso a determinados tratamientos.

Ciencia, tecnología y la condición que falta

El debate dejó expuesta otra cuestión estructural: la eficacia de un sistema internacional de patentes depende de la capacidad del país para generar innovaciones que puedan ser patentadas.

Desde la oposición señalaron que la adhesión al PCT no garantiza por sí misma un salto tecnológico. Adriana Serquis, investigadora y diputada, sostuvo que los científicos argentinos ya cuentan con mecanismos para proteger sus desarrollos y cuestionó que la incorporación al tratado sea presentada como una condición indispensable para internacionalizar las patentes.

El punto plantea un desafío mayor para la política económica. La adhesión puede reducir barreras administrativas para quienes ya tienen capacidad de innovar, pero su impacto sobre la economía real dependerá de cuánto aumente la generación de conocimiento, cuántos desarrollos lleguen al mercado y qué capacidad tengan las empresas argentinas para escalar y exportar esos productos.

Por eso, la discusión que ahora vuelve al Senado no se agota en la aprobación de un tratado firmado hace más de medio siglo. Involucra el equilibrio entre integración internacional, protección de la industria nacional, acceso a medicamentos, propiedad intelectual y política científica.

Si el Senado acepta la modificación, la Argentina quedará en condiciones de completar finalmente su adhesión al PCT. El desafío posterior será transformar una herramienta de simplificación de patentes en una política efectiva de innovación, sin que la apertura internacional termine ampliando solamente las oportunidades de quienes ya dominan los mercados tecnológicos.

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Ley de Propiedad Privada: Sturzenegger defendió la reforma mientras organizaciones protestan frente al Congreso

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El Senado comenzó a debatir este jueves una versión acotada del proyecto de Ley de Propiedad Privada, luego de que el Gobierno nacional resignara uno de sus capítulos más controvertidos: la flexibilización de los límites para la compra de tierras rurales por parte de extranjeros. La decisión respondió a la falta de respaldo legislativo entre gobernadores y bloques aliados, pero no evitó la tensión política ni las protestas convocadas frente al Congreso.

En la previa de la sesión, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, defendió públicamente el espíritu de la iniciativa y lamentó que el capítulo referido a la Ley de Tierras quedara fuera del dictamen. A través de sus redes sociales, sostuvo que la discusión planteaba “elegir entre el miedo y la prosperidad”, al insistir en que la reforma buscaba facilitar inversiones productivas en distintas regiones del país.

Para reforzar su argumento, el funcionario vinculó la reciente inversión anunciada en San Juan por la empresa minera Vicuña con las reformas impulsadas por el Gobierno en materia regulatoria. Según expresó, la flexibilización de normas como la Ley de Glaciares permitió destrabar proyectos de infraestructura y desarrollo, y consideró que una modificación de la Ley de Tierras habría generado oportunidades similares en todo el territorio nacional.

La eliminación de ese capítulo representó una concesión política del oficialismo para preservar el tratamiento del proyecto. La Libertad Avanza aceptó retirar la propuesta luego de que senadores vinculados a los gobernadores de Salta, Tucumán y Neuquén anticiparan que no acompañarían la flexibilización del régimen que limita la tenencia de tierras rurales por parte de personas y empresas extranjeras.

Pese a ese cambio, el proyecto mantiene reformas de alcance significativo. Entre ellas sobresalen la creación de un procedimiento de desalojo más ágil para inmuebles usurpados, modificaciones al régimen de expropiaciones, cambios en la Ley de Manejo del Fuego y nuevas herramientas para la regularización dominial y la digitalización de los registros de propiedad.

Mientras el debate se desarrolla en el recinto, organizaciones sociales, gremiales y políticas se concentran frente al Congreso para manifestar su rechazo al conjunto de la iniciativa. Bajo una intensa lluvia, columnas del Movimiento Evita, Libres del Sur, Izquierda Socialista, la Unión Argentina de Trabajadores Rurales (UATRE) y otras organizaciones se movilizaron hacia el Palacio Legislativo.

El operativo de seguridad incluyó vallados y una fuerte presencia policial en los accesos al Congreso, especialmente sobre las avenidas Entre Ríos, Callao y Rivadavia, además de la calle Hipólito Yrigoyen. Diversas columnas avanzaron desde la Avenida 9 de Julio por Avenida de Mayo para confluir frente al Parlamento.

Las organizaciones sostienen que, aunque el Gobierno retiró el capítulo referido a la extranjerización de tierras, el resto del proyecto continúa afectando derechos vinculados al acceso a la vivienda, la regulación del uso del suelo y la protección de determinados bienes públicos. Por esa razón decidieron mantener la convocatoria y expresar su rechazo integral a la propuesta oficial.

La discusión vuelve a poner en evidencia las dificultades del Gobierno para construir mayorías legislativas en proyectos estructurales. Si bien el oficialismo logró preservar el tratamiento de la iniciativa mediante modificaciones, el retiro de uno de sus ejes centrales refleja el peso de las provincias en el debate sobre los recursos estratégicos y la propiedad de la tierra, un tema que continúa generando tensiones entre la búsqueda de inversiones y la defensa de la soberanía territorial.

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