Sociedad Argentina de Pediatría

Se diagnostican tres casos de cáncer infantil por día en el país

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Cada 15 de febrero se conmemora el Día Mundial del Cáncer Infantil, una fecha instaurada en 2001 por la Organización Internacional de Padres de Niños con Cáncer, con sede en Luxemburgo, con el fin de sensibilizar a la sociedad sobre una problemática que, aunque poco frecuente, representa una de las principales causas de muerte por enfermedad en la población pediátrica.

En Argentina, se registra una incidencia estable de 131 casos nuevos por millón de niños menores de 15 años por año. El promedio anual indica unos 1.360 nuevos casos en ese grupo etario, según datos del Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino, lo que da un promedio de 3,7 diagnósticos diarios.

Desde la Sociedad Argentina de Pediatría afirman que, gracias a los avances en diagnóstico, tratamiento y seguimiento, hoy siete de cada diez niñas, niños y adolescentes con cáncer (70,3 por ciento) sobreviven, según datos actualizados de dicho registro.

Desde el año 2000, el Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino —que está cumpliendo 25 años— ha reunido información de 40.283 casos de cáncer en menores de 19 años. De este universo, el 93 por ciento de los casos en menores de 15 años son captados por el sistema, lo que otorga un grado de cobertura y confiabilidad notable para el diseño de políticas públicas.

“La sobrevida global a cinco años es del 70,3 por ciento, una cifra que nos posiciona en línea con los estándares internacionales. Esto demuestra que el cáncer infantil, aunque sea una enfermedad grave, es potencialmente curable si se detecta a tiempo y se brinda el tratamiento adecuado”, afirmó la doctora Julieta Miguez Arrúa, pediatra y especialista en Hematología y Oncología Pediátrica, miembro del Comité de Hematología, Oncología y Medicina Transfusional de la Sociedad Argentina de Pediatría.

“Aun así, es necesario seguir fortaleciendo el diagnóstico oportuno, el acceso a tratamientos, el soporte clínico y el acompañamiento integral, para que todos los niños y niñas accedan a las mismas oportunidades de curación, sin barreras geográficas, económicas o institucionales”, alertó la especialista.

“El Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino es una herramienta fundamental, tanto para conocer la realidad epidemiológica del cáncer infantil en nuestro país, como para tomar decisiones clínicas, sanitarias y sociales con base científica. Permite analizar tendencias, planificar recursos y mejorar la calidad de atención”, explicó la doctora Florencia Moreno, médica pediatra y oncohematóloga, coordinadora del Programa Nacional de Cuidado Integral del Niño y Adolescente con Cáncer del Ministerio de Salud de la Nación.

Entre los tipos de cáncer más frecuentes en la infancia se destacan las leucemias, los linfomas y los tumores del sistema nervioso central. Las leucemias, en particular, representan entre 450 y 550 casos nuevos al año y encabezan la lista de diagnósticos oncológicos pediátricos.

Uno de los datos más significativos del informe publicado por el Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino es que más de 7 de cada 10 (76 por ciento) de los pacientes pediátricos con cáncer fueron atendidos en instituciones públicas entre 2013 y 2022. Esto demuestra el papel central del sistema público de salud en la atención oncopediátrica y la necesidad de fortalecerlo con más recursos, formación y articulación entre niveles de atención.

“Que tres de cada cuatro chicos con cáncer se atiendan en hospitales públicos habla de la enorme responsabilidad que tienen los equipos de salud estatales. Pero también revela que si no invertimos en equipamiento, capacitación y redes, estamos dejando en situación de vulnerabilidad a quienes más necesitan una atención de calidad y cercana a su lugar de residencia”, advirtió la doctora María Lourdes Brodsky, médica pediatra y oncohematóloga, secretaria del Comité de Hematología, Oncología y Medicina Transfusional de la Sociedad Argentina de Pediatría.

En este punto, la Sociedad Argentina de Pediatría insiste en que el pediatra general tiene un rol crucial, ya que es quien puede sospechar precozmente signos de alerta y activar la red de derivación especializada. “En este sentido, acciones como los talleres de capacitación ‘Cuándo sospechar cáncer en el niño’, impulsados en conjunto con otras sociedades científicas y organismos nacionales, son herramientas clave para reducir demoras diagnósticas”, sostuvo la doctora María Belén Popon, médica pediatra y oncohematóloga, también integrante del Comité de Hematología, Oncología y Medicina Transfusional de la Sociedad Argentina de Pediatría.

En 2022, la sanción de la Ley Nacional número 27.674 (Régimen de Protección Integral del Niño, Niña y Adolescente con Cáncer) y su posterior reglamentación en 2023 marcaron un antes y un después en la política sanitaria argentina. Entre sus principales avances se destaca la creación del Certificado Único Oncopediátrico, que habilita el acceso a beneficios fundamentales para las familias en tratamiento.

El Certificado Único Oncopediátrico contempla dos modalidades: “Certificado Único Oncopediátrico Activo”, para quienes están en tratamiento, y “Certificado Único Oncopediátrico Control”, para quienes están en seguimiento. Los beneficios incluyen: asignación económica mensual durante el tratamiento activo; licencias laborales para cuidadores; transporte público terrestre gratuito para el paciente y un acompañante; estacionamiento prioritario; acceso a vivienda adaptada para familias en situación de vulnerabilidad; y garantía de acceso a la educación durante el proceso de tratamiento.

“La ley fue un paso enorme en el reconocimiento de derechos. Ahora debemos garantizar que cada niña o niño con cáncer acceda al Certificado Único Oncopediátrico sin trabas burocráticas, en cualquier rincón del país. El diagnóstico no puede ser una sentencia de exclusión, sino una señal de que el Estado va a acompañar con todo su aparato de protección social”, señaló la doctora María Alejandra Cedola, médica pediatra y hematóloga infantil, miembro del Comité de Hematología, Oncología y Medicina Transfusional de la Sociedad Argentina de Pediatría.

Para la Sociedad Argentina de Pediatría, fortalecer las redes de atención oncopediátrica es una de las tareas más urgentes. La organización en red permite derivaciones oportunas, tratamientos adecuados según complejidad, continuidad del cuidado y mejores resultados en términos de sobrevida y calidad de vida. Además, reduce las brechas territoriales, culturales y socioeconómicas que muchas veces determinan el acceso al sistema de salud.

“Pensar en red implica que un pediatra rural tenga a quién consultar en tiempo real cuando ve un signo de alarma. Implica que un chico de una localidad del interior alejada tenga la misma oportunidad que uno del Área Metropolitana de Buenos Aires. Implica que las decisiones se tomen en equipo y con información compartida”, enfatizó el doctor Marcelo Coirini, pediatra hematólogo, integrante del mismo comité.

“Es importante tener en cuenta la contención psicológica, tanto del niño o niña como de la familia. Es importante mejorar la contención afectiva y la manera en que se afronta el duelo”, completó la doctora Angela Nakab, médica pediatra, secretaria de Medios de la Sociedad Argentina de Pediatría.

Este abordaje integral, en el que participan pediatras de atención primaria, especialistas, equipos de salud mental, trabajadores sociales y educadores hospitalarios, es lo que permite brindar un acompañamiento real, sostenido y humano.

La Sociedad Argentina de Pediatría insiste en que ningún niño debe quedar fuera del sistema por el solo hecho de vivir lejos de un hospital de alta complejidad. En este sentido, los esfuerzos deben concentrarse en capacitar profesionales en todo el territorio, garantizar derivaciones efectivas y asegurar el acompañamiento durante todo el proceso, desde el diagnóstico hasta el postratamiento.

Si bien su sola mención provoca miedo, el cáncer infantil no es sinónimo de muerte: los datos disponibles invitan a cambiar la narrativa. Con una incidencia estable y una tasa de mortalidad específica de 3,7 por millón en menores de 15 años (último período disponible 2021–2022), el desafío es tanto médico como social.

La Sociedad Argentina de Pediatría considera clave desmitificar el cáncer en la infancia, promover campañas de sensibilización, capacitar a equipos de salud y empoderar a las familias. Esto incluye conocer los signos de alerta (moretones frecuentes, palidez, fiebre persistente y pérdida de peso inexplicable, entre otros) y acudir al centro de salud ante cualquier duda.

“Hay miles de historias de niños y niñas que se curaron y hoy están en la escuela, en la universidad o formando sus propias familias. Esa es la parte que también tenemos que contar, porque cuando el sistema funciona y se articula, el nivel de curación del cáncer infantil es alto”, concluyeron desde la Sociedad Argentina de Pediatría.

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Preocupa a la Sociedad Argentina de Pediatría el aumento del consumo problemático que causa daño y adicción

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Desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), expresaron su preocupación por el aumento del consumo problemático de sustancias como el alcohol, las bebidas energizantes, el tabaco y la marihuana. También marcaron un uso excesivo de las tecnologías de información y comunicaciones (TICs), como celular, videojuegos y pantallas en general. La información fue desarrollada en un documento denominado ‘La Sociedad Argentina de Pediatría y el consumo problemático: una responsabilidad de todos’.

En el trabajo, aclaran que, aunque muchos de estos consumos están arraigados en nuestra sociedad en todos los grupos etarios y forman parte de nuestra cotidianeidad, sin ninguna duda pueden afectar negativamente -en forma ocasional o sostenida en el tiempo- la salud física, psíquica, las relaciones interpersonales y/o con la ley, sobre todo en los niños, niñas y adolescentes, cuyo organismo se encuentra en pleno desarrollo.

Esas cuatro sustancias mencionadas son las que más consumen los y las adolescentes y jóvenes actualmente en Argentina, según la última encuesta de Sedronar sobre este tema[1], pero se pueden agregar como consumos problemáticos y adicciones conductuales el uso de tecnologías de información y comunicaciones (TICs) y nuevas tecnologías, las cuales se incrementaron durante y después de la pandemia.

“En este sentido, la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (CIE 11) y el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5)encuadran el uso problemático de las TICs como parte de las adicciones comportamentales”, sostuvo la Dra. Nora Poggione, médica pediatra especializada en Adolescencia y Secretaria del Comité Nacional de Adolescencia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Entre las TICs más utilizadas, los especialistas destacan a las redes sociales, el correo electrónico, los videojuegos, los servicios ofrecidos en el celular, las pantallas en general y el comercio electrónico.

De acuerdo con los datos de la Encuesta Mundial de Salud Escolar del año 2018 (EMSE)[2], la mitad de los estudiantes de 13-17 años bebieron alcohol en los últimos 30 días, siendo mayor en el grupo de 16-17 años (67,6%) que en el de 13-15 (47,7%). Entre quienes consumieron alcohol, 1 de cada 3 refirió haberse emborrachado alguna vez y este indicador también fue mayor en el grupo de 16-17 años (56,0%) que en el de 13-15 (28,5%). La borrachera, según dicho relevamiento, fue mayor en las mujeres que en varones en el grupo de 13-15 años (30,7% vs 26,1%) y entre quienes consumieron alcohol, 2 de cada 3 estudiantes se iniciaron antes de los 14 años.

Para el Dr. Fabio Bastide, Prosecretario del Comité Nacional de Adolescencia de la SAP, “es interesante destacar la manera en que se contextualiza el consumo colectivo de una determinada sustancia o TIC, resaltando sus aparentes valores positivos, así se afirma erróneamente: ‘una copa de vino es buena para el corazón’ o ‘la marihuana es natural y se utiliza con fines medicinales, por lo que es menos dañina que el tabaco’. Son todos artilugios con el objetivo de encubrir y olvidar los efectos negativos”.

“El alcohol es la primera causa de cirrosis, daño cerebral, alteraciones en el sueño y el comportamiento, lesiones en la vía pública y relacionadas a la violencia; su consumo durante el embarazo y la lactancia puede configurar una de las primeras causas de retraso mental prevenibles[3]; asimismo, el cannabis afecta el desarrollo cognitivo y de los comportamientos”, completó la Dra. Silvia Cabrerizo, Secretaria del Grupo Nacional de Trabajo de Consumos Problemáticos de la SAP.

En el documento de la SAP se reconoce que el consumo de alcohol en los jóvenes tiene un carácter vincular, representa una forma de pasar el tiempo con los amigos y establecer relaciones sociales en grupo y obtener reconocimiento.

‘Para estudiar este problema en forma integral necesariamente se debe referir la interacción de variables de orden individual (biológicas, fisiológicas y psicológicas), familiar (consumo de los padres, disponibilidad de las bebidas, reglas difusas y violencia), social (formas de convivencia asociadas al consumo, presión del grupo de pertenencia, disponibilidad de sustancias, legislación deficiente para regular la venta y publicidad de bebidas alcohólicas) y cultural (simbolismos, creencias, representaciones, rituales, costumbres o tradiciones que legitiman el consumo),’ refiere el trabajo de la SAP.

Pero el problema lejos está de ser exclusivo del alcohol y las TICs: también se ve un incremento del consumo de marihuana y de bebidas energizantes y de tabaquismo en gente joven. Según el mismo trabajo EMSE, en promedio 1 de cada 10 estudiantes consumieron marihuana alguna vez en su vida y casi 4 de cada 10 adolescentes de 13 a 17 años probó alguna droga ilegal antes de los 14 años. 1 de cada 5 (20,4%) estudiantes de 13 a 17 años consumió algún producto de tabaco durante los últimos 30 días, siendo más frecuente en mujeres que en varones. Este consumo es el doble entre los estudiantes de 16 a 17 años respecto de los de 13 a 15 (28,3% vs. 14,6%). 

En la Argentina, el Sedronar resolvió incluir en el Plan Nacional de Lucha contra la Droga, en el Capítulo de Prevención, a las bebidas y fármacos publicitados como estimulantes (Proyecto de Ley – Expediente n° 7223-D-2016- Sumario: BEBIDAS ENERGIZANTES. SE PROHÍBE SU VENTA A MENORES DE 18 AÑOS. Fecha: 14/10/2016 Publicado en: Trámite Parlamentario n° 148)[4].

Si bien no se cuenta con estadísticas más actualizadas, los especialistas de la SAP reconocen que en la actualidad los niveles de consumo problemáticos han aumentado luego de la pandemia, y es algo que se ve día a día en los consultorios pediátricos. Por tal motivo, la recomendación enfática respecto de todos estos tipos de consumos problemáticos es la de comenzar con la prevención antes, desde la infancia, incluyendo la reflexión de los padres sobre los modelos de consumos familiares e involucrando a distintos actores, fundamentalmente la escuela, pero también clubes, centros comunitarios y ONG, entre otros.

“Otro de los consumos problemáticos está dado en la marihuana, que es una de las drogas más consumidas a nivel mundial. Su aumento se relaciona con la legislación que autoriza el cannabis tanto para el uso medicinal como industrial y con la desinformación respecto de los efectos que puede producir a corto y largo plazo. En niños, niñas y adolescentes pueden aparecer síntomas psicóticos, alteraciones cardiovasculares y alteraciones del neurodesarrollo, alteraciones de la memoria, de la concentración e incluso, cuando se usa en forma crónica, puede producir ‘anhedonia’, que es la incapacidad de poder disfrutar de las actividades o situaciones que en el pasado sí resultaban placenteras”, describió la Dra. María Eugenia Braschi, miembro del Grupo Nacional de Trabajo de Consumos Problemáticos de la Sociedad Argentina de Pediatría.

“El consumo del adulto de marihuana no es lo mismo que su uso medicinal, como medicamento se indican cannabinoides determinados a una dosis determinada para una enfermedad determinada, con un producto de calidad farmacéutica y con acompañamiento y control médico”, completó.

Respecto del tabaco, la Dra. Poggione afirmó que “actualmente, una de las formas de incorporación de nicotina y derivados del tabaco se da a través del uso de dispositivos de vaporización denominados cigarrillos electrónicos y ‘vapeadores’. Esto suma a los efectos tóxicos del tabaco la de los demás componentes de los aceites, saborizantes y otras sustancias que vaporizan. La industria tabacalera dirige sus publicidades al público adolescente a través de redes por las que circulan y promocionan estos productos como posible ‘tratamiento’ para la cesación tabáquica. Como consecuencia de ello, los adolescentes ingresan al consumo de nicotina”.

El trabajo de la SAP recuerda que ‘La Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 2014 afirma que el vapor que liberan estos dispositivos no es inocuo porque contiene nicotina y otros químicos tóxicos y cancerígenos. En diciembre de 2016, a través de una Evaluación de Tecnología Sanitaria, la ANMAT decidió reiterar la prohibición para importar, distribuir y comercializar cigarrillos electrónicos y sus accesorios -lo que incluye su publicidad, promoción y patrocinio[5].

“Las bebidas energizantes, cuyo consumo se ve incrementado por la copiosa publicidad en los distintos medios, contienen alta cantidad de azúcares y cafeína -entre otras sustancias- y no ofrecen ningún beneficio para la salud de los y las adolescentes. Sus múltiples componentes pueden facilitar la aparición de efectos adversos y tóxicos si se combinan con medicamentos de uso habitual y otras sustancias. A su vez, su uso concomitante con el alcohol puede enmascarar los efectos depresores de este y facilitar la aparición de complicaciones cardíacas. En nuestro país, está prohibida su venta a menores de 18 años, pero esto no se cumple en la práctica. Y es frecuente su uso en la adolescencia temprana como ‘ritual de iniciación’ de esa etapa de la vida”, expresó el Dr. Bastide.

‘Como equipo de salud debemos trabajar en la prevención y acompañamiento a través de las políticas de reducción de daños, como así también en los procesos de tratamiento y rehabilitación. Tarea cada vez más difícil teniendo en cuenta la cantidad de publicidades que hay en torno a una droga legal como el alcohol, leyes que no se cumplen como la prohibición de venta de alcohol a menores de edad o la naturalización de su consumo en las previas para que haya un “consumo cuidado”; sin olvidarnos que vivimos en una sociedad de consumo donde consumir está bien visto’, concluye el documento de la SAP.

Recomendaciones

·       Utilizar todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para mitigar los daños que están causando los consumos en nuestros adolescentes y jóvenes.

·       Centrar la atención en intentar frenar la naturalización que el consumo de los jóvenes tiene en la sociedad y, sobre todo, en los adultos referentes que no lo ven mal o que avalan el “consumo cuidado” en sus domicilios.

·       Reforzar y remarcar los daños que estos consumos causan en los organismos en formación (hígado, corazón, cerebro etc.), daños colaterales (accidentes, enfermedades de transmisión sexual y violencia, entre otros) y no dejar de hablar de los futuros truncados.

La entrevista en la consulta médica con adolescentes y su entorno representa una oportunidad imperdible para realizar acciones preventivas sobre consumos problemáticos. Por eso, el informe de la SAP brinda una serie de recomendaciones para que sea exitosa:

·       La entrevista médica debe realizarse en un ambiente de privacidad, en un lenguaje coloquial con preguntas dirigidas, sin juicios de valor y asegurando confidencialidad al consultante.

·       Utilizar como puertas de entrada sobre el tema las salidas, el grupo de pares, noticias, series para que el paciente pueda dar su mirada sin sentirse juzgado.

·       En el conjunto de datos que se registran en la historia clínica del paciente (anamnesis) siempre incluir el consumo de sustancias (alcohol, tabaco, bebidas energizantes, marihuana, paco, cigarrillos electrónicos, pegamentos, sintéticas y otros) y uso de redes y juegos en línea.

·       Introducir el concepto de ocio y evaluar el manejo del tiempo libre, tanto en el paciente como en su familia y su grupo de pares.

·       Solicitar estudios de control habitual y volver a citar al paciente en breve para retomar la conversación y abrir los temas que hayan quedado pendientes.

·      Realizar entrevistas pre y post viajes de egresados, UPD (último primer día de clases) o fiestas de egresados para evaluar expectativas sobre esos eventos y dar pautas de reducción de riesgos y daños y poder evaluar cómo fue su experiencia.

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