La actividad de la cadena agropecuaria argentina volvió a acelerar y alcanzó en junio el nivel más elevado desde que existen registros. El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, creció 3% mensual en términos desestacionalizados y quedó 10,9% por encima de junio de 2025, en una señal que excede al campo y alcanza a la industria, el comercio exterior y la generación de divisas.
El dato adquiere mayor relevancia porque el indicador superó el máximo que había alcanzado en febrero. De las doce series que componen el índice, nueve mostraron mejoras mensuales, lo que revela una expansión relativamente extendida y no solamente concentrada en una actividad puntual.
El principal motor fue la producción primaria. El IACA-Cultivos avanzó 4,1% mensual y alcanzó también un nuevo máximo histórico, impulsado por la cosecha de soja, maíz y sorgo y por el inicio de la implantación de trigo y cebada. En términos interanuales, este componente creció 14,3%, apoyado en una campaña agrícola 2025/26 que presenta volúmenes excepcionales.
La soja aporta una de las claves para entender esta dinámica. La cosecha alcanzó un avance prácticamente total hacia mediados de año y la producción estimada llegó a 51,5 millones de toneladas, el mayor volumen desde la campaña 2018/19. En maíz, las previsiones apuntan a una cosecha récord de 68 millones de toneladas, mientras que el girasol alcanzó la mayor producción del siglo.
El impacto de ese volumen comienza a trasladarse hacia las etapas posteriores de la cadena. La actividad agroindustrial creció 0,8% mensual en junio y quedó 1,5% por encima del mismo mes de 2025. Aunque el subíndice todavía se ubicó 1,6% por debajo de su máximo histórico de septiembre de 2025, la recuperación muestra que el mayor flujo de materia prima está encontrando capacidad de procesamiento.
La molienda conjunta de cereales y oleaginosas avanzó 1,5% mensual y quedó 6,4% por encima de junio del año pasado. El crushing de soja procesó 4,1 millones de toneladas, el cuarto mayor volumen para un junio desde el inicio de la serie en 1998. La molienda de girasol acumuló además seis meses consecutivos de crecimiento y alcanzó casi 549.000 toneladas en junio.
También la cebada mostró una dinámica particularmente sólida: su procesamiento creció 1,3% mensual y acumuló ocho meses consecutivos de expansión, con un incremento cercano al 30%. En trigo, la molienda aumentó 0,7% frente a mayo.
La recuperación no quedó restringida a los granos. La faena conjunta creció 1% mensual, con avances en bovinos, porcinos y aves. La faena bovina aumentó 0,9%, encadenando su segundo mes positivo luego de casi un año y medio de variaciones negativas. La porcina, en tanto, alcanzó un nuevo récord con alrededor de 821.000 animales procesados durante junio.
El dato tiene además una dimensión social vinculada al consumo. La faena aviar aumentó 1,2% mensual en un contexto de demanda creciente, con el pollo consolidado como una de las proteínas de mayor accesibilidad relativa para los hogares. En paralelo, la producción lechera registró una leve baja mensual de 0,3%, aunque los 943 millones de litros producidos en junio representaron el segundo mejor registro histórico para ese mes.
El tercer eslabón de la cadena también volvió a mostrar señales positivas. El IACA-Agroexportación aumentó 1,2% mensual y logró interrumpir tres meses consecutivos de retrocesos. En la comparación interanual, el componente creció 12,6% y encadenó doce meses consecutivos de expansión.
Durante junio, los nueve complejos agroindustriales considerados por el indicador exportaron 8,9 millones de toneladas, 1,6% más que un año atrás y 7,4% por encima del promedio de los últimos cinco años. En valor, las ventas externas totalizaron US$ 4.011 millones, una magnitud que permite dimensionar el aporte del complejo agropecuario a la generación de divisas.
El complejo girasol fue uno de los grandes protagonistas, con 490.200 toneladas exportadas, un salto interanual del 73,5% y más del doble del promedio de los últimos cinco años. El volumen representó, además, el máximo histórico para un junio. El complejo lácteo también alcanzó un récord para ese mes, con unas 37.500 toneladas despachadas y un crecimiento interanual del 32,6%.
La cebada completó otro de los desempeños destacados, con exportaciones cercanas a 285.000 toneladas, 45,9% más que en junio de 2025. El complejo soja, por su parte, colocó 4,3 millones de toneladas en el exterior, con una mejora interanual del 2,4%.
La fotografía, sin embargo, no es homogénea. El complejo de carne y cueros bovinos redujo 5,2% sus cantidades exportadas, aunque aumentó 28,8% su facturación, lo que evidencia una mejora considerable en los precios medios de exportación. El trigo retrocedió 21,6% en volumen interanual, mientras que el maíz cayó 3,2%, pese al elevado volumen de producción esperado. El complejo avícola también mostró bajas tanto en cantidades como en valor.
El desempeño de junio permite entonces una lectura que va más allá de un nuevo récord estadístico. La producción primaria está generando un mayor flujo de materia prima, la industria procesa una parte creciente de ese volumen y las exportaciones mantienen una trayectoria expansiva. La cadena funciona, en este sentido, como un mecanismo de transmisión entre producción, actividad industrial y entrada de divisas.
Para la economía argentina, el desafío consiste en convertir ese mayor volumen físico en mayor valor agregado y capacidad exportadora sostenible. El dato del IACA-BCR muestra que existe una base productiva robusta para hacerlo: una campaña agrícola de volúmenes históricos, una agroindustria que recupera actividad y un sector exportador que lleva un año completo de crecimiento interanual.
La oportunidad está en que el récord del campo no termine únicamente en una cosecha excepcional. El verdadero impacto económico aparece cuando ese volumen se transforma en procesamiento, empleo, exportaciones, inversión y nuevas cadenas de valor. Junio ofrece, al menos, una señal concreta de que esa transmisión comenzó a tomar velocidad.
El anuncio de menores DEX para trigo y cebada ofrece alivio a los márgenes agrícolas, apuntalando decisiones de siembra e inversión de cara a la nueva campaña. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario el impacto fiscal de la medida para el ciclo en curso se estima en US$ 29 M.
En un contexto internacional de fuerte encarecimiento de los insumos para la siembra de granos, el anuncio de la baja de la baja de derechos de exportación para trigo y cebada del actual 7,5% al 5,5% a partir de junio colabora en dar aire a los márgenes esperados del productor, en el tramo final de decisiones de cara a la campaña 2026/27.
En efecto, según reportó SAGyP, al 21 de mayo la siembra de trigo y cebada avanzó sobre el 3% y 6%, respectivamente, del área de intención. En cebada, casi el 92% de la producción se concentra en Provincia de Buenos Aires, en tanto en trigo, más disperso geográficamente, el Norte argentino y la provincia de Entre Ríos destacan en los avances de labores, con una cobertura promedio del 30% de la superficie a implantar.
Mientras tanto, la fuerte suba que registraron los combustibles y fertilizantes a partir del conflicto armado en Medio Oriente y que llevó la relación urea/trigo al valor más alto de la historia -nunca hubo que entregar tantos kilos de trigo para recibir uno de urea- habían puesto en jaque la intención de siembra y las previsiones de inversión en paquetes tecnológicos.
Como referencia, a los precios actuales, fertilizantes y fletes (impactado por la suba del gasoil), explicaban en conjunto el 54% de los costos de producción del trigo, incluso para un campo modelo que se encuentra a 150 km del puerto de Rosario. El costo del flete, por supuesto, aumenta proporcionalmente a medida que la producción se aleja de los núcleos de consumo. De este modo, el margen neto en campo propio quedaba en 94 US$/ha según estimaciones de GEA-BCR, hundiéndose a US$ 103 de pérdida en caso del campo alquilado.
Respecto al impacto preliminar de la baja de retenciones sobre el mercado, y habida cuenta que la medida aún no ha sido oficializada en el Boletín Oficial y recién comenzaría a regir a partir de junio, en el presente análisis se estima el efecto sobre el FAS teórico tomando como referencia las cotizaciones actuales.
Enfocándonos en el caso del trigo, de implementarse la medida, ésta se traduce en una mejora directa en la capacidad de pago compradora tanto para las posiciones con descarga próxima como para la nueva cosecha. Tal como se puede ver en el cuadro adjunto, en base a los precios actuales, la capacidad teórica de pago mejoraría en torno a 2,2 y 2,3% en el conjunto de posiciones. En términos absolutos, el FAS teórico mejora entre 4,8 y 4,9 dólares por tonelada con el nuevo esquema de DEX para el producto. Por el lado de los tramos de la nueva cosecha, se remarca que aún no hay ofertas abiertas de mercado para el trigo, por lo que se utiliza únicamente la referencia del FOB oficial para el cálculo en su conjunto.
En tanto, con relación al impacto fiscal de la baja de alícuotas de derechos de exportación de 2 p.p. para trigo y cebada en la campaña actual, éste es relativamente acotado. Una buena proporción del total de exportaciones estimadas para la campaña en ambos cultivos ya ha sido vendida al exterior. En el caso del trigo, resta vender 5,3 Mt de las 19 Mt de exportaciones estimadas para todo el ciclo, mientras que, en cebada, el remanente asciende a 500.000 t para la cervecera y 200.000 t para la forrajera.
Si se tiene en consideración ese saldo remanente a los precios FOB promedio para el período junio-noviembre del corriente año, el costo fiscal para el trigo asciende a US$ 26,2 millones, mientras que para cebada totaliza US$ 3,3 millones. Este costo podría incluso verse reducido si se asume que la rebaja de retenciones incentiva las ventas externas, y lleva a las exportaciones totales para el ciclo triguero 2025/26 a 20 Mt. En ese caso, el costo fiscal sería de apenas US$ 12,7 millones para el cereal de invierno.
Para la próxima campaña 2026/27, en tanto, las proyecciones de producción y exportaciones son aún muy preliminares, y el cambio en la política comercial aún está a tiempo de apuntalar las siembras y la inversión. Sin embargo, tomando como base la intención de siembra proyectada en mayo, el costo fiscal total de la medida asciende a apenas US$ 78 millones entre trigo y cebada, que podría ser compensado por el aumento en la producción y el comercio externo de cara a la campaña fina. Como referencia, si las exportaciones trigueras 2026/27 suben a 13,5 Mt, el costo fiscal de la medida se reduce a US$ 47 M para ese cereal; en tanto que, si suben a 14,5 Mt, el costo ajusta a US$ 34 M.
Para cerrar el capítulo de siembras 2026/27, y en relación con las proyecciones climáticas, la evolución del Pacífico ecuatorial vuelve a ubicar a El Niño en el centro del monitoreo climático para el agro argentino. Según la actualización del IRI del 19 de mayo de 2026, el sistema climático no solo estaría dejando atrás la neutralidad y avanzando rápidamente hacia condiciones El Niño, sino que la probabilidad de ocurrencia del fenómeno se mantiene cercana al 100% hasta el verano austral inclusive. En términos de impacto sobre la producción agropecuaria argentina, el calentamiento del Pacífico suele incidir sobre el patrón de lluvias a través de los vientos alisios, que favorecen el transporte de humedad hacia nuestra región principalmente entre octubre/noviembre y marzo. Si bien en Argentina este escenario suele asociarse con lluvias por encima de lo normal y, como sintetiza el refrán, rain makes grain —la lluvia hace al grano—, su impacto tiende a ser relativamente mayor sobre la cosecha gruesa que sobre la fina, y será positivo en tanto no ocurran excesos hídricos que pongan en jaque la producción o la logística. De todos modos, debe tenerse presente que, más allá de estos fenómenos de escala global, existen otros factores regionales que pueden neutralizar o, por el contrario, profundizar sus efectos.
La región núcleo agrícola comenzó a mostrar una redefinición silenciosa de su mapa productivo. Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, la soja volverá a expandirse durante la próxima campaña ante el deterioro de rentabilidad en trigo y maíz provocado por el aumento de costos operativos.
El dato más relevante del relevamiento es que, de las 300.000 hectáreas que dejarían de sembrarse con trigo, cerca del 80% pasarían a soja.
La decisión ocurre incluso bajo un escenario climático considerado favorable para el maíz, lo que revela que el problema central dejó de ser agronómico y pasó a ser financiero.
El informe sintetiza el criterio dominante entre productores: “bajar la inversión por hectárea”.
Fertilizantes y fletes alteran la ecuación agrícola
La Bolsa rosarina señaló que los costos de implantación están condicionando la toma de decisiones productivas.
Según el relevamiento técnico, implantar maíz requiere una inversión cercana a 1.300 dólares por hectárea, mientras que soja demanda alrededor de 700 dólares por hectárea.
La diferencia aparece en un contexto donde fertilizantes y transporte explican más de la mitad de los costos agrícolas de los cereales. El informe detalla que: en trigo, fertilización y flete representan el 54% de la estructura de costos; en maíz, esos componentes concentran el 52%.
El encarecimiento de la urea y del gasoil aparece como uno de los factores más mencionados por técnicos y productores de distintas subzonas relevadas.
La soja se consolida como “alternativa defensiva”
La Bolsa plantea que, aun cuando el maíz pueda ofrecer mejores márgenes brutos potenciales, la soja vuelve a posicionarse como una estrategia de menor riesgo financiero.
El informe sostiene que el cereal mantiene rentabilidad positiva, aunque con inversiones significativamente más elevadas y márgenes más ajustados en campos alquilados.
Incluso el doble cultivo trigo/soja sigue apareciendo como el esquema más rentable dentro de la rotación agrícola, aunque requiere una inversión cercana a 1.400 dólares por hectárea.
La consecuencia práctica es un repliegue de cultivos intensivos en capital y fertilización.
Productores ajustan superficie y reducen uso de urea
El relevamiento territorial de la región núcleo muestra una misma lógica repetida en distintas zonas agrícolas.
En localidades como Aldao, Bigand, Marcos Juárez y General Pinto, técnicos reportaron: menor intención de siembra de trigo, reducción en aplicaciones de urea, y mayor inclinación hacia soja de primera.
En Marcos Juárez, por ejemplo, se estima una caída de entre 30% y 40% en el área triguera respecto de la campaña pasada.
El informe también revela que muchos productores están comprando sólo insumos de corto plazo y mantienen cautela frente a la evolución de la relación insumo-producto.
Uno de los elementos más llamativos del informe es que el repliegue de maíz y trigo no responde a un problema climático.
La Bolsa describe reservas de humedad “óptimas” para el inicio de las siembras y un escenario meteorológico relativamente favorable.
Sin embargo, el factor financiero pesa más que el agronómico. El documento refleja una tensión creciente entre: potencial productivo y capacidad económica para sostener paquetes tecnológicos altos.
La preocupación central ya no es únicamente cuánto puede rendir el cultivo, sino cuánto capital exige producirlo.
Menos gramíneas implica menos demanda industrial y logística
El corrimiento hacia soja no es neutro para la economía agroindustrial. Los cultivos como trigo y maíz movilizan mayores niveles de fertilización, transporte, servicios agronómicos, maquinaria, y consumo de insumos industriales.
Una reducción de superficie puede impactar sobre distintos segmentos vinculados a la cadena cerealera.
Al mismo tiempo, el fenómeno expone una señal más amplia: la producción agrícola empieza a priorizar esquemas defensivos frente a costos crecientes y márgenes más inciertos.
La campaña 2026/27 recién comienza a definirse y la evolución de variables como fertilizantes, dólar, clima y precios internacionales todavía puede modificar estrategias de siembra.
Por ahora, la Bolsa rosarina detecta un comportamiento defensivo del productor agrícola: menor exposición financiera, menor apuesta tecnológica y mayor inclinación hacia cultivos de menor inversión inicial.
La magnitud final del corrimiento hacia soja será uno de los indicadores más observados por el mercado agrícola en las próximas semanas.
El IACA de la Bolsa de Comercio de Rosario marcó una caída mensual del 2,6% en abril, afectado por demoras en la cosecha y dificultades logísticas. No obstante, la actividad agropecuaria continúa en niveles históricamente elevados, posicionándose 16,5% por encima de abril de 2025.
1. IACA-BCR: ÍNDICE GENERAL
El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), que elabora la Bolsa de Comercio de Rosario, registró una tasa de variación mensual desestacionalizada del -2,6% en abril, en un mes signado por complicaciones climáticas que impactaron en las labores de cosecha y la logística de la mercadería. A pesar de ello, el nivel de actividad del sector se mantiene en máximos históricos, habiendo alcanzado valores récord en los primeros meses del año en curso.
Durante el mes de abril, ocho de las doce series que componen el índice registraron una variación mensual negativa, en tanto las cuatro restantes se posicionaron al alza. Una de las mayores caídas se evidenció en el avance mensual de labores agrícolas, que retrocedió 3% respecto a marzo ante los retrasos en la cosecha debido a las abundantes lluvias del mes. El exceso hídrico también dificultó el traslado de la mercadería hacia los puertos, lo que sumado a una menor cantidad de granos cosechados resultó en una caída mensual del 3,4% en las exportaciones de los principales complejos agropecuarios.
En líneas similares, las precipitaciones recurrentes afectaron la carga y el transporte de la hacienda, dejando como saldo caídas mensuales en la faena bovina del 1,8%. Asimismo, la faena aviar y porcina registraron retrocesos mensuales del 1% y 0,4%, respectivamente; en tanto la producción de leche retrocedió 1% respecto de marzo. Finalmente, también se evidenciaron caídas mensuales en la molienda de soja y la molienda de trigo, con tasas de cambio del -2,2% y -0,3%, respectivamente.
Por el contrario, la molienda de cebada mostró un incremento del 1,1% respecto a marzo y la molienda de girasol se posicionó al alza con una tasa de cambio mensual del 0,8%, en un contexto de abundante producción. En cuanto a los biocombustibles, se estima que la producción de biodiesel y de bioetanol se habría incrementado 0,9% y 0,2% frente al mes anterior, respectivamente.
Analizando las variaciones interanuales, se evidencia un sólido desempeño del sector durante el último año, mostrando una tasa de cambio interanual del 16,5%. En abril, diez de las doce series que componen el índice se posicionaron por encima de su nivel registrado en el mismo mes del año anterior, con la única excepción de la faena de bovinos y la faena aviar.
En primer lugar, la producción primaria marcó un avance del 22,4% frente a abril de 2025. Este incremento se da en el marco de la mayor cosecha de girasol del siglo y el avance de una cosecha récord de maíz, que lograron más que compensar la caída estimada en las hectáreas cosechadas de soja. Por su parte, el subíndice IACA-Agroindustria se posicionó 0,2% por encima del año pasado, manteniéndose en niveles cercanos a máximos históricos. Entre las series que lo componen, se destaca el importante incremento en las series de molienda, así como también en la producción de leche y de biocombustibles. Respecto a la faena, el sector porcino muestra una clara tendencia alcista, que en abril lo posicionó casi 10% por encima de igual mes del año anterior. Por el contrario, la faena de bovinos y la faena aviar marcaron caídas en comparación al año previo.
Finalmente, el subíndice de exportaciones agropecuarias evidenció una suba interanual del 20,8% en abril. En este sentido, más allá de las dificultades puntuales evidenciadas en el mes reciente, el incremento interanual se enmarca en una cosecha 2025/26 récord, con un sólido desempeño de los complejos maíz y girasol, así como también del complejo lácteo.
2. SUBÍNDICES
2.1. IACA – Cultivos: Actividad de la producción de granos
El IACA – Cultivos refleja la evolución de las labores de siembra y cosecha de los principales cultivos de Argentina cada mes a través de la serie de avance mensual de labores agrícolas, con el objetivo de medir mensualmente la producción de granos. En abril, esta serie marcó una caída del 3% respecto al mes anterior, hilando su segunda variación mensual negativa. No obstante, al observar el nivel de la serie, se evidencia que la misma se ubica en valores excepcionalmente elevados, luego de alcanzar en febrero su máximo registro histórico. De esta manera, más allá del retroceso mensual observado en abril, el dato del mes emerge como el tercero más elevado de toda la serie.
Durante abril se realizaron únicamente labores de cosecha de los principales cultivos extensivos del país, las cuales se vieron fuertemente condicionadas por excesos hídricos y falta de piso, provocando demoras generalizadas. En este escenario, la soja resultó el principal cultivo afectado. Hacia finales de mes, el avance de la cosecha de la oleaginosa resultó del 18%, lo que representa un progreso mensual de apenas 17 p.p., el menor registro para abril desde el inicio de la serie. Este escaso avance, combinado con un área estimada de siembra inferior al promedio de los últimos cinco años, se reflejó en un número reducido de hectáreas trabajadas.
Las lluvias recurrentes también afectaron la recolección de sorgo, que presentó un avance mensual de 15 p.p., inferior al registrado durante igual mes de años anteriores. A ello se sumó una marcada caída en el área estimada de siembra para la campaña actual, lo que derivó en una baja cantidad de hectáreas trabajadas durante abril. Por su parte, en lo que respecta a la cosecha de maíz, si bien el avance mensual de la cosecha fue acotado, el progreso acumulado hacia fines de mes se mantuvo en línea con el de años anteriores. En consecuencia, la cantidad de hectáreas trabajadas resultó elevada, en el contexto de la mayor producción estimada de la historia. Finalmente, la cosecha de girasol avanzó en línea con años anteriores, alcanzando el 98% del área estimada de siembra hacia finales de mes, y proyectándose la mayor producción del siglo.
En cuanto a la actividad del sector industrial con base agropecuaria, la misma evidenció un retroceso del 1,2% respecto a marzo, aunque en términos de nivel continúa elevada, situándose en torno a máximos históricos.
Dentro de las actividades que componen al sector agroindustrial, se advierte que la molienda de granos registró una caída del 1,3% en abril. En lo que respecta a las oleaginosas, el retraso en la cosecha y la menor disponibilidad de mercadería impactó en el crushing de soja, que se posicionó a la baja con una tasa de cambio mensual del -2,2%. El procesamiento de girasol, por el contrario, continuó su tendencia notoriamente alcista, y marcó un incremento mensual del 0,8% en abril, posicionándose en su nivel más elevado desde marzo del año 2000.
En cuanto a los cereales, el comportamiento también resultó dispar. La molienda de trigo retrocedió 0,3% respecto a marzo, en tanto el procesamiento de cebada avanzó por sexto mes consecutivo, incrementándose 1,1% respecto a marzo y acumulando un crecimiento de casi el 24%.
Por su parte, el subíndice de faena volvió a retroceder en abril, registrando una tasa de cambio mensual del -1,2% y posicionándose a la baja por octavo mes consecutivo. Esta contracción responde principalmente al desempeño de la faena de bovinos, que registró una tasa de cambio del -1,8% en el cuarto mes del año, hilando nueve variaciones mensuales negativas. Los informes del sector destacan que durante el mes de abril la faena se vio afectada por las lluvias persistentes y abundantes que generaron inundaciones en las principales regiones productoras del país, las cuales dificultaron severamente la carga y el transporte de la hacienda. A ello se le suma una menor actividad de los frigoríficos debido a los feriados de principios de mes.
Si bien la oferta resultó acotada, los precios continuaron transitando una fase de reacomodamiento y corrección marcada por la resistencia de la demanda interna, luego de los picos alcanzados en el primer bimestre del año. De esta manera, la cotización promedio del novillo en el mercado agroganadero retrocedió por segundo mes consecutivo en términos nominales, mientras que en términos reales se posicionó 6% por debajo de marzo y 10% por debajo de febrero, mes en el que alcanzó su máximo valor histórico. A pesar de ello, los precios se mantienen en niveles excepcionalmente elevados, resultando 16% superiores respecto al mismo mes del año anterior, también en términos reales.
En lo que respecta al sector porcino, se destaca que la faena exhibió su primera contracción en abril luego de nueve meses consecutivos al alza, con una tasa de cambio mensual del -0,4%. Sin embargo, esta leve caída mensual se produjo luego del valor récord alcanzado en el mes previos, de manera que la serie continúa en niveles históricamente elevados, con el dato de abril ubicándose como el tercero más alto registrado. La marcada tendencia alcista de largo plazo de la faena de porcinos encuentra sustento en el sostenido crecimiento del consumo interno, así como también en un gran dinamismo de las exportaciones.
En cuanto a la carne aviar, la faena de aves también marcó una contracción del 1% en el cuarto mes del año. No obstante, se destaca que hacia finales de abril Argentina restituyó su estatus de país libre de influenza aviar luego de los brotes detectados en los meses previos, lo que le permitirá reactivar negociaciones comerciales con países con los que sostiene acuerdos de país libre de la enfermedad.
En lo que respecta al sector lechero, se advierte que la producción exhibió una caída mensual desestacionalizada del 1% en abril, mostrándose a la baja por segundo período consecutivo. Durante el último mes, la producción se vio severamente afectada por las condiciones climáticas adversas, ya que las recurrentes precipitaciones en la cuenca lechera central dificultaron las tareas operativas.
No obstante, la contracción se registra luego de que la serie encadenara 23 meses de variaciones mensuales positivas consecutivas, acumulando un crecimiento del 19%. En este marco, la producción de leche acumulada durante el primer cuatrimestre del año asciende a un total de 3.495 millones de litros, siendo el segundo mayor volumen para este período desde el inicio de la serie en 1983, únicamente por detrás de 2012.
En materia de precios, la cotización en dólares por litro de leche se ubicó en U$S 0,35 para el mes de abril, incrementándose por cuarto mes consecutivo y posicionándose holgadamente por encima del precio promedio de los últimos cinco años, que se estima en U$S 0,25 / litro. Este desempeño difiere de lo observado a nivel internacional, siendo que el índice de precios de productos lácteos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) retrocedió 1,1% en el cuarto mes del año.
En lo que respecta a las relaciones insumo-producto, se estima que en abril un litro de leche, en promedio, podría comprar 1,95 kg de maíz. Este valor exhibe un deterioro respecto al mes anterior, debido a un aumento más que proporcional del precio cámara del maíz frente al precio de la leche. Hay que tener en cuenta que la relación de referencia suele ser de 2; es decir, un litro de leche debería poder comprar 2 kg de maíz, de manera que en abril la relación de precios se ubicó por debajo del nivel de referencia. En cuanto a la soja, se estima que en abril un litro de leche podría comprar, en promedio, 1,15 kg de soja, ubicándose por encima de la relación de referencia que suele ser de 1.
Finalmente, se estima que la producción conjunta de biocombustibles, medida a través de la elaboración de biodiesel y bioetanol, se habría incrementado 0,5% en abril, luego de dos meses consecutivos a la baja. Por un lado, se estima que la elaboración de biodiesel habría crecido 0,9% respecto de marzo; en tanto que la producción de bioetanol habría avanzado levemente un 0,2% mensual.
En términos de mezcla obligatoria, en abril se mantuvo vigente el esquema de bioetanol al 12% en naftas y biodiésel al 7,5% en gasoil, aunque a fines de marzo se autorizó la posibilidad de incorporar voluntariamente a partir de abril hasta 15% de bioetanol en naftas, en tanto la especificación técnica para el gasoil ya contemplaba mezclas de hasta el 20%. Sumado a ello, la Secretaría de Energía dispuso una baja nominal del 1,85% en el precio del biodiésel destinado al corte obligatorio con gasoil para el mes de abril. Estas medidas tuvieron como objetivo contener el aumento en el precio de los combustibles en el contexto del conflicto en Medio Oriente.
2.3. IACA – Agroexportación: Actividad de la agroexportación
Finalmente, analizando el último eslabón de la cadena a través del IACA – Agroexportación, se advierte que las exportaciones de los principales complejos agroindustriales registraron una variación mensual desestacionalizada del -3,4% en abril. En este sentido, la actividad exportadora del mes se vio afectada por el paro de transportistas de granos, que paralizó la operatoria en algunos puertos del país, impidiendo la carga de buques. Asimismo, las precipitaciones persistentes mencionadas previamente no sólo demoraron la cosecha, sino que dificultaron el transporte de la mercadería hacia los puertos.
Al comparar el desempeño de los complejos en términos históricos, se evidencia que cinco de los nueve bajo análisis exportaron un volumen menor de mercadería respecto al promedio de igual mes de los últimos cinco años. El sector de mayor impacto en el índice debido a su volumen, así como también a su valor es el complejo soja, que registró envíos por 3,1 Mt durante abril, un 5% menos de lo registrado en años anteriores. En líneas similares, se evidenció un menor volumen de envíos del complejo avícola, porcino y cebada. El complejo carne y cuero bovinos también marcó una caída en sus volúmenes respecto al promedio, aunque el gran incremento de precios resultó en exportaciones por mayor valor.
Por el contrario, en abril se destacó nuevamente el gran desempeño del complejo maíz, que registró exportaciones por 5,1 Mt, siendo el segundo mayor registro para un mes de abril desde el inicio de la serie en 2002. Este volumen resultó 37% superior a abril de 2025, y 41% mayor al promedio de los últimos cinco años, en el marco de una cosecha histórica del cereal. En líneas similares, el complejo girasol continúa mostrando un gran dinamismo, con un volumen mensual de ventas externas que totalizó 500.000 toneladas en abril, el máximo registro para dicho mes en términos históricos. El complejo lácteo también mostró un desempeño sobresaliente, registrando el segundo mayor volumen de ventas para un mes de abril. Finalmente, el complejo trigo registró exportaciones por 1,2 Mt, 30% por encima del promedio de los últimos cinco años, aunque la caída de las cotizaciones significó ventas por un menor valor.
La campaña gruesa 2025/26 ingresa en una fase crítica en la región núcleo: unas 450.000 hectáreas de soja de primera se encuentran en condición regular como consecuencia del déficit hídrico y las lluvias erráticas, mientras que el maíz temprano registra pérdidas de hasta 50% del rendimiento en zonas del sudeste cordobés. El escenario, documentado en el Informe Semanal N° 953 de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), advierte que si no se producen lluvias en el corto plazo, podrían concretarse recortes significativos en el potencial productivo.
Déficit hídrico, calor extremo y deterioro acelerado de la soja de primera
El reporte correspondiente a la semana al 22 de enero de 2026 revela que las lluvias de los últimos siete días fueron altamente irregulares, dejando a un 65% de la región casi al margen de las precipitaciones, con registros superiores a 15 mm solo en el noreste y sur del área núcleo. Se destacaron Carlos Pellegrini con 55 mm y Chacabuco con 42 mm, mientras que amplias zonas permanecieron con aportes mínimos.
Como consecuencia directa, los lotes de soja de primera en condición regular aumentaron 13 puntos porcentuales en una semana, alcanzando el 15% del área total, equivalentes a unas 450.000 hectáreas. En paralelo, los cuadros en buenas condiciones representan el 40%, los muy buenos otro 40% y los excelentes apenas el 5%.
A este cuadro se sumó un marcado repunte térmico, con máximas que alcanzaron los 37°C, configurando un combo crítico de escasez de agua y calor intenso. La escasez hídrica afecta ya al 20% del área, mientras que la condición regular se extiende al 65%, dejando solo al 15% con reservas adecuadas u óptimas, principalmente en el norte de la región.
En términos fenológicos, el cultivo comienza a transitar su período más sensible: 5% del área ya se encuentra en plena fructificación (R4), el 55% en inicio de fructificación (R3) y el resto en floración (R2). “La falta de lluvias que afecta a gran parte de la región núcleo desde fines de diciembre pone en jaque el rinde potencial”, señala el informe, advirtiendo que el nivel de pérdida dependerá estrictamente de las lluvias de los próximos siete días.
Los relevamientos zonales describen un deterioro progresivo. En Baradero advierten que “la planta se quedó en altura, está apretada por la falta de agua”, con abortos de hojas inferiores que podrían avanzar hacia las flores. En Piedritas ya se registran pérdidas de área foliar y cultivos manchoneados, mientras que en San Gregorio y Bigand alertan que, sin lluvias inmediatas, los lotes de menor productividad no lograrán cerrar surco, con pérdidas importantes de potencial.
Maíz temprano: la heterogeneidad marca la campaña y emergen recortes severos
En el maíz 2025/26, el panorama es igualmente complejo y profundamente heterogéneo. Actualmente, 6 de cada 10 lotes se mantienen entre muy buenos y excelentes, aunque esa condición cayó 8 puntos porcentuales en la última semana. Los cuadros regulares ya explican el 9% del área y apareció un 1% de lotes en mal estado.
Donde el agua llegó a tiempo, los rindes se sostienen firmes: se habla de 120 qq/ha en Corral de Bustos y Monte Buey, hasta 140 qq/ha en Carlos Pellegrini, y sin grandes penalidades en sectores de Colón y Junín. Sin embargo, el propio informe resume que “la campaña va a terminar siendo muy buena, aunque podría haber sido mucho mejor”, luego de una cosecha fina récord y un escenario hídrico favorable hasta Navidad.
El escenario se torna crítico en los ambientes más restrictivos y, especialmente, en la franja central de la región núcleo. Allí, los técnicos estiman pérdidas de rinde del 30 al 50% en el sudeste cordobés, con rendimientos que rondarían los 70 qq/ha o menos, particularmente al norte y este de Marcos Juárez. En San Gregorio se proyectan recortes de entre 25 y 30% en ambientes flojos y del 10% en los mejores lotes, mientras que en San Pedro y Baradero esperan rindes de 70 a 75 qq/ha.
Un dato clave es que, en los cuadros más castigados por la sequía, la cosecha podría adelantarse a los primeros días de febrero, lo que implica que las lluvias previstas para la próxima semana llegarían demasiado tarde para revertir el deterioro productivo.
Pronóstico climático: ola de calor y lluvias que llegan con lo justo
El escenario climático inmediato no ofrece alivio pleno. Según el informe, a partir del domingo 25 de enero se configurará una ola de calor, con temperaturas máximas entre 35 y 38°C y mínimas elevadas, condición que se mantendría por más de tres días consecutivos.
Recién desde el lunes 26 se espera la presencia de un sistema frontal frío, débil y estacionario, que favorecería la ocurrencia de precipitaciones aisladas e intermitentes en la región núcleo. En ese marco, el consultor Elorriaga advierte que “hay grandes probabilidades de que, en el inicio de la última semana del mes, el frente frío quiebre el bloqueo permitiendo que las lluvias avancen sobre la zona núcleo”.
No obstante, el propio relevamiento climático indica que, con el estado actual de los perfiles, en los próximos quince días se requerirían más de 100 mm generalizados, y entre 120 y 160 mm en el sector centro-oeste, para alcanzar condiciones de humedad óptimas, un volumen que hoy luce exigente frente a los pronósticos disponibles.
Soja de segunda: el ajuste hídrico también condiciona el potencial
La soja de segunda no escapa a la presión del clima. En Carlos Pellegrini y Bigand se advierte la necesidad urgente de lluvias para evitar una mayor desaceleración del crecimiento, aunque el cultivo aún se mantiene “en carrera” si se registran aportes hídricos en el corto plazo.
En Bombal, el rastrojo de la excelente cosecha de trigo permitió conservar mejor la humedad, al punto que los técnicos señalan que “al remover las plantas, la tierra aún se mantiene húmeda”. En contraste, en Colón se observan mayores síntomas de estrés, especialmente en suelos overos y de menor calidad.
Impacto económico y proyección productiva: un equilibrio cada vez más frágil
El deterioro productivo en soja y maíz en la región núcleo —corazón agrícola del país— introduce una variable crítica en la proyección de oferta de granos para 2026. Si se consolidan los recortes de rinde, el impacto se trasladará al volumen exportable, al ingreso de divisas y al nivel de actividad de la cadena agroindustrial, con implicancias directas sobre la recaudación fiscal y el balance externo.
Además, la creciente heterogeneidad territorial complejiza la gestión productiva y financiera de los establecimientos, profundizando la brecha entre zonas favorecidas y castigadas por el clima. En ese contexto, la dependencia de eventos climáticos puntuales se vuelve determinante para definir si la campaña logra sostener un desempeño “muy bueno”, como aún proyectan algunos técnicos, o si deriva en un ajuste más profundo.