Iguazú Argentina S.A. visitó la sede local de Cáritas para realizar una donación de pantalones cargo, camperas y camisas. Guadalupe Hervás Gutani, Responsable de Sostenibilidad; Soledad Pereira, Analista de RRHH, y Alberto Barbúdez, del área de Mantenimiento, fueron recibidos por Carlos Gonzáles, director de Cáritas sede Iguazú. “Estamos muy contentos y agradecidos a la empresa por la donación, la gente lo va a recibir con mucho aprecio”, destacó el director de la organización.
Esta donación brinda un insumo clave en las actividades de los talleres de costura que desarrolla Cáritas Iguazú en el marco de un programa llamado “Ecosol: Economía social y sustentable”. Allí producen pantalones y camisas, además de manteles, toallas y almohadas, para la venta dentro del circuito de ferias mensuales de Cáritas en la Parroquia San Roque.
El lecho del río Iguazú volvió a mostrar una intervención silenciosa pero significativa: durante una jornada de trabajo coordinada, se retiraron 383 kilos de monedas arrojadas por visitantes en las Cataratas del Iguazú. La tarea se realizó esta semana, aprovechando la estabilidad del caudal, en una zona de difícil acceso del lado brasileño del parque.
El dato no es menor. La magnitud del material extraído expone el volumen acumulado de una práctica prohibida dentro del área protegida y coloca en primer plano una tensión persistente entre turismo masivo y conservación ambiental.
Un problema que excede lo simbólico
La recolección fue llevada adelante por trabajadores y voluntarios de la empresa que administra el atractivo en Brasil, quienes descendieron a sectores donde habitualmente no acceden los visitantes. Entre rocas y corrientes, además de monedas, aparecieron objetos como gafas, botellas y gorras.
Aunque el gesto de arrojar monedas suele asociarse a rituales de deseo, su impacto dista de ser simbólico. Según lo informado, muchas de las piezas presentan corrosión, lo que implica la liberación de metales en el agua, con efectos potenciales sobre el ecosistema acuático.
La práctica, heredada de tradiciones como la de la Fontana de Trevi, está explícitamente prohibida dentro del parque. Sin embargo, continúa replicándose de forma sostenida, lo que sugiere límites en la efectividad de los controles o en la concientización de los visitantes.
Qué cambia tras la intervención
Del total recolectado, las monedas fueron clasificadas según su estado. Aquellas que aún conservan valor serán reutilizadas para financiar acciones ambientales dentro del parque, mientras que las deterioradas no podrán reintegrarse al circuito económico.
La operación solo fue posible por las condiciones excepcionales del río, ya que niveles más altos de caudal impiden el acceso seguro a esas zonas. Esto introduce una variable operativa clave: la limpieza no puede realizarse de manera continua, lo que favorece la acumulación progresiva de residuos.
Gestión ambiental bajo presión turística
El episodio vuelve a poner en discusión la capacidad de gestión ambiental en áreas de alta presión turística. Las Cataratas del Iguazú no solo son un emblema natural, sino también un activo económico estratégico para la región de las Tres Fronteras.
En ese marco, la persistencia de prácticas prohibidas plantea un desafío para los administradores del parque: equilibrar la experiencia turística con la preservación del entorno. La evidencia recogida en esta intervención muestra que, más allá de la normativa vigente, el comportamiento de los visitantes sigue siendo un factor crítico.
Al mismo tiempo, la reutilización parcial de lo recolectado para financiar acciones ambientales introduce una lógica de reinversión, aunque condicionada por la calidad del material recuperado.
Impacto ambiental
El retiro de residuos no solo implica un esfuerzo logístico y operativo, sino también costos asociados a la conservación. La acumulación de metales en el agua puede afectar la biodiversidad, lo que a largo plazo impacta en el valor ambiental del destino.
En términos económicos, el turismo en la región depende en gran medida de la calidad del entorno natural. Cualquier deterioro sostenido podría traducirse en una pérdida de atractivo, con efectos indirectos sobre la actividad.
Alerta para Misiones
Aunque la intervención se realizó del lado brasileño, el sistema de Cataratas es compartido con Argentina. Lo ocurrido funciona como señal de alerta para la gestión del lado misionero, donde el flujo turístico también es elevado.
Sin datos específicos sobre intervenciones similares en el parque argentino, el episodio sugiere un impacto potencial que trasciende fronteras administrativas y obliga a pensar estrategias coordinadas en toda la región.
La continuidad de estas prácticas abre interrogantes sobre la efectividad de las campañas de concientización y los mecanismos de control dentro del parque. También pone en agenda la necesidad de reforzar políticas de educación ambiental orientadas al visitante.
A futuro, variables como el volumen de turistas, las condiciones del río y la capacidad operativa para realizar nuevas extracciones serán determinantes para evaluar si el problema se contiene o se profundiza.
El Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN) presentó un nuevo paquete de herramientas para medir la huella de carbono en cultivos de crucíferas, en un contexto donde la certificación ambiental dejó de ser un diferencial para convertirse en un requisito de acceso a mercados internacionales. La iniciativa, desarrollada con participación de las principales Bolsas del país, apunta a dotar al sector agroindustrial de instrumentos propios para competir bajo estándares globales, con criterios adaptados a la realidad productiva local.
El lanzamiento se produce en un escenario de creciente regulación ambiental en el comercio global, donde normativas como la Directiva de Energías Renovables de la Unión Europea (EU RED) o el esquema CORSIA exigen mediciones precisas y verificables para habilitar el ingreso de bioproductos. En ese marco, la capacidad de medir con parámetros propios aparece como un factor de poder económico.
Argentina gana soberanía técnica con el lanzamiento de herramientas para medir la huella de carbono de crucíferas en el entorno del PACN. Clave para acceder a mercados premium y competir sin barreras injustas al utilizar factores de emisión locales.
Soberanía técnica para competir en mercados de alta exigencia
En un escenario de comercio agroindustrial global crecientemente dinámico, la medición precisa del impacto ambiental ha dejado de ser una métrica voluntaria para convertirse en una condición de acceso a los mercados más exigentes. En este contexto, la certificación de baja huella ambiental ya no es solo un diferencial competitivo, sino un requisito técnico. Sin embargo, la forma en que se mide esa huella es tan relevante como el resultado en sí mismo.
En notas anteriores la Bolsa de Comercio de Rosario ha identificado la importancia estratégica de la certificación de baja huella ambiental como un diferencial competitivo. Hoy, bajo el paraguas del Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN), se da un paso fundamental con el lanzamiento del set de herramientas para la Mesa de Crucíferas.
Esta iniciativa, impulsada por las principales Bolsas de Cereales y de Comercio del país, busca no solo transparentar el desempeño ambiental de productos agroindustriales como en esta oportunidad de la colza, la camelina, la carinata y el cártamo, sino también proporcionar a los actores de la cadena la autonomía necesaria para gestionar y posteriormente poder certificar su balance de carbono bajo estándares internacionales. La importancia de este desarrollo radica en que los mercados premium, especialmente la Unión Europea con su Directiva de Energías Renovables (EU RED) o bien el régimen de CORSIA para la aviación sostenible, requieren evidencia robusta y cuantificada para permitir el ingreso de bioproductos y bioenergías. Este hito no solo mejora la capacidad de medición, sino que introduce un elemento crítico para la competitividad internacional: la capacidad de Argentina de medir su desempeño ambiental con criterios adaptados a su propia realidad productiva.
La Importancia de la Medición de Huella de CO2 en las Crucíferas
Las crucíferas oleaginosas están experimentando un crecimiento franco en el escenario productivo nacional, impulsadas principalmente por la demanda de biocombustibles sostenibles y aceites vegetales de exportación. No obstante, esta expansión enfrenta desafíos críticos en materia de gobernanza ambiental. Depender de calculadoras desarrolladas en los mercados de destino o bases de datos internacionales suele resultar en la penalización de la producción argentina, ya que estas herramientas utilizan factores por defecto que no capturan la realidad agronómica, climática y productiva de nuestros suelos. El uso de datos genéricos a menudo implica asumir prácticas (como la enmienda caliza, rutinaria en suelos ácidos europeos) que no reflejan la gestión local, castigando injustamente el desempeño de los productos nacionales. Por ello, el desarrollo de herramientas propias otorga soberanía metodológica, permitiendo que la huella de carbono sea el resultado de una contabilidad real y no de promedios foráneos. Esto es esencial para evitar barreras no arancelarias y para posicionar a la Argentina como un proveedor confiable de biomasa de bajo carbono, especialmente ante normativas como la UE RED III o el esquema CORSIA para la aviación internacional.
Un sistema integral desarrollado localmente
Este paquete no solo permite cuantificar emisiones, sino también gestionar activamente la reducción de la huella, cerrando la brecha entre medición y acción.
El PACN, a través de un trabajo de 8 meses con empresas líderes del sector que actuaron como casos testigo, ha generado tres herramientas claves, complementarias y articuladas:
• Calculadora de Huella de Carbono (v1.0): Una herramienta desarrollada en formato de planilla de cálculo, modular y de sencilla aplicación, que abarca desde la producción primaria hasta la salida de la planta industrial. • Manual de Metodología de Cálculo de Balance de Carbono: Un documento técnico que estandariza los criterios de uso, asegurando que los cálculos se realicen bajo las normas ISO 14067, 14040 y 14044. • Manual de Buenas Prácticas Ambientales (BPA): Una guía de gestión enfocada en la mitigación, que vincula las acciones operativas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los estándares Global Reporting Initiative (GRI).
Este paquete no solo permite cuantificar emisiones, sino también gestionar activamente la reducción de la huella, cerrando la brecha entre medición y acción. Frente al escenario global, el desarrollo de herramientas nacionales no es solo una mejora técnica: es una estrategia de posicionamiento internacional.
Diferenciales técnicos clave: donde el desarrollo local marca la diferencia
La calculadora se destaca por su arquitectura modular, permitiendo a productores, acopiadores e industriales calcular cuánto CO2eq genera cada unidad funcional (UF) producida. Las UF definidas en el sistema son:
• 1 tonelada de grano cosechado hasta la tranquera del campo, • 1 tonelada de grano en acopio intermedio, • 1 tonelada de aceite, y • 1 tonelada de pellet a la salida de la industria aceitera.
Arquitectura de Datos y Diferenciales Técnicos
La herramienta cuenta con más de 250 perfiles ambientales unitarios incorporados y analiza 211 compuestos químicos con factores de emisión actualizados al último reporte del IPCC (AR6). A diferencia de otras herramientas internacionales, la calculadora del PACN ofrece:
• Rigor en suelos: Utiliza mapas de existencias de carbono orgánico en suelo actualizados para Argentina (datos de Gaitán et al., 2025) y permite elegir entre métodos Tier 1 y Tier 2 (modelo AMG) del IPCC. • Representatividad energética: Incorpora matrices de energía eléctrica regionalizadas para la Argentina, evitando la distorsión de usar mix eléctricos europeos que sobrestiman las emisiones industriales locales. • Especificidad agronómica: Identifica correctamente a la Camelina con sus parámetros reales de grano oleaginoso, evitando tratarla como un forraje genérico, lo que previene la sobreestimación de emisiones de N2O por residuos de cultivo.
Visualización y Resultados
El módulo de resultados permite al usuario identificar rápidamente “hotspots” o puntos críticos de emisión. Incluye gráficas de Data Overview que desglosan las emisiones por sustancias (CO2, CH4, N2O) y por origen (fósil, biogénico y transformación del suelo). Un componente fundamental es la visual de Performance Review – Benchmarking, donde los resultados propios se comparan automáticamente con los valores por defecto de la Directiva Europea RED II. Si el valor calculado es menor al default europeo, el productor puede demostrar robustamente que su producto tiene acceso al mercado europeo.
En conclusión la calculadora del PACN permite:
• Reflejar condiciones agronómicas, climáticas y productivas reales • Incorporar datos primarios locales, evitando promedios globales • Alinear la medición con estándares internacionales (ISO, IPCC), pero desde una base propia • Reducir el riesgo de barreras no arancelarias encubiertas
En este sentido, el concepto central es claro: no se trata solo de medir la huella, sino de medirla correctamente desde Argentina.
El Manual de Buenas Prácticas Ambientales: De la Medición a la Acción
El Manual de Buenas Prácticas Ambientales completa el enfoque al transformar el diagnóstico en acción concreta. Propone en consecuencia, diez prácticas estratégicas y prospectivas presentadas mediante fichas técnicas diseñadas para ser funcionales y claras.
Las 10 BPA priorizadas para las Crucíferas:
• Optimización en el uso de nitrógeno aplicado en campo: Dado que la fertilización nitrogenada y sus emisiones de N2O son el rubro de mayor peso en la huella, esta práctica es central para la mitigación. • Restauración del suelo y secuestro de carbono: Promueve prácticas de conservación que aumenten el stock de carbono en el suelo. • Biodiversidad y polinización: Mejora de servicios ecosistémicos para estabilizar rendimientos productivos. • Descarbonización de la energía: Transición hacia fuentes renovables en campo e industria. • Potenciación de la economía circular: Valorización de subproductos y reducción de residuos. • Programa responsable de fitosanitarios: Manejo eficiente de herbicidas, insecticidas y fungicidas. • Mecanización: Eficiencia operativa de la maquinaria. • Fitomejoramiento: Selección de variedades adaptadas y eficientes. • Gestión de logística: Optimización del transporte entre eslabones. • Agua: Gestión responsable del recurso hídrico.
El manual integra estas prácticas con indicadores GRI (como el estándar 13.1 para emisiones de GEI) y los ODS (especialmente el 12 de Producción y Consumo Responsable y el 13 de Acción por el Clima), facilitando la construcción de reportes de sostenibilidad corporativa y el diálogo con el sector financiero para la aplicación a líneas de créditos verdes.
Conclusión: Hacia una Cadena de Valor como Unidad de Descarbonización
La implementación efectiva de estas herramientas requiere un marco de gobernanza ambiental que promueva la integración vertical de la cadena. Al utilizar datos primarios capturados sistemáticamente a través del calculador, la cadena de crucíferas argentina puede presentarse como una unidad de descarbonización sólida, donde la trazabilidad ambiental garantiza la identidad técnica y de sustentabilidad de cada tonelada de aceite o pellet exportado.
Este pack de herramientas representa mucho más que una innovación técnica, es un instrumento de defensa comercial, una base para la diferenciación internacional, y un paso clave hacia la soberanía en la medición ambiental
En un mundo donde los mercados se regulan cada vez más por métricas ambientales, quien define cómo se mide, define en gran parte quién puede competir. Argentina, a través de este desarrollo del PACN, avanza en esa dirección.
(*) Coordinadoras del Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN).
América Latina comienza a consolidarse como un actor activo en los mercados internacionales de carbono, con avances concretos en marcos regulatorios, desarrollo de proyectos e inversiones en marcha. En un contexto global donde los mercados internacionales de carbono que establece el Artículo 6 del Acuerdo de París entra en fase operativa, la región se posiciona como proveedora estratégica de créditos de carbono en un mercado en expansión.
Estas fueron algunas de las principales conclusiones del encuentro regional organizado por la Red Carbono LATAM, del que participó la Mesa Argentina de Carbono junto a referentes de Chile, Perú y Paraguay.
Un mercado que ya está en marcha
El desarrollo del Artículo 6 muestra avances concretos a nivel global, con más de 100 acuerdos bilaterales en negociación y ya firmados entre países, y las primeras transferencias internacionales de resultados de mitigación (ITMOs) ya en proceso. En este escenario, América Latina tiene un rol creciente:
11 países de la región venderán créditos de carbono
Representa el 20% de los acuerdos globales firmados
Consolida su posicionamiento como región exportadora de carbono
Además, el diferencial económico es significativo: los créditos comercializados bajo el Artículo 6 pueden alcanzar valores entre 2 y 5 veces superiores a los del mercado voluntario, lo que permite viabilizar proyectos que no son viables con los precios del mercado voluntario y en muchos casos alcanzando mayor escala e impacto territorial.
Chile: regulación clara e inversiones en marcha
Chile se posiciona como uno de los países más avanzados de la región en la implementación del Artículo 6, con un marco regulatorio ya definido y proyectos en ejecución.
Actualmente, el país cuenta con cinco proyectos autorizados por el Ministerio del Medio Ambiente, tres de ellos también validados en acuerdos internacionales, lo que representa una cartera de inversiones estimada en USD 1.400 millones.
“Chile ha avanzado en generar un marco que brinda certezas para el desarrollo de proyectos y su vinculación con mercados internacionales, lo que permite transformar oportunidades en inversiones concretas”, señalaron desde Carbono Chile AG.
Perú: desarrollo institucional y potencial forestal
Perú avanza en los mercados internacionales de carbono con foco en proyectos forestales y soluciones basadas en la naturaleza, apoyado en su gran experiencia previa en proyectos REDD+ de gran escala e impacto local principalmente en la Amazonía.
El país ya ha identificado 66 medidas de mitigación y trabaja en el desarrollo de sistemas que permitan escalar proyectos y canalizar financiamiento internacional. “El Artículo 6 representa una herramienta clave para potenciar el desarrollo de proyectos en el territorio con alto impacto ambiental y social, conectando ese valor local con la demanda internacional”, destacaron desde la Asociación Peruana de Carbono.
Paraguay: estrategia país y perfil exportador
Paraguay se posiciona como un mercado emergente con una estrategia clara orientada a la exportación de créditos de carbono, apoyado en su matriz energética renovable y su potencial en soluciones basadas en la naturaleza.
El país avanza en la implementación de su Registro Nacional de Carbono, así como en la reglamentación necesaria para autorizar transferencias internacionales y en la homologación de estándares. En línea con los debates recientes del Paraguay Carbon Forum, el desarrollo del mercado es considerado un eje estratégico de crecimiento económico para el país.
“Paraguay tiene condiciones para posicionarse como un proveedor competitivo de créditos de carbono, combinando recursos naturales con una estrategia orientada al mercado internacional”, indicaron referentes del sector.
Argentina: una oportunidad económica concreta
En este contexto regional, Argentina cuenta con condiciones excepcionales para insertarse en los mercados internacionales de carbono. Según estimaciones del Centro Argentino de Ingenieros y la Academia Nacional de Ingeniería, el país podría generar al menos 131,4 millones de créditos de carbono anuales, lo que se traduciría en ingresos de entre USD 1.400 y USD 3.900 millones por exportaciones.
Además, los precios internacionales del Artículo 6, entre 2 y 5 veces superiores a los del mercado voluntario, permitirían viabilizar proyectos en sectores clave como energía, agro, bosques y residuos, entre otros. “La implementación del Artículo 6 representa una oportunidad concreta para transformar el capital natural del país en una fuente de divisas, inversión y desarrollo federal”, señaló Juan Pedro Cano, coordinador de la Mesa Argentina de Carbono.
Una región que se posiciona
Más allá de las particularidades de cada país, América Latina muestra avances sostenidos en:
Desarrollo de marcos regulatorios
Generación de proyectos de carbono
Articulación público-privada
Inserción en mercados internacionales
En este escenario, la coordinación regional a través de espacios como la Red Carbono LATAM se consolida como un factor clave para escalar el desarrollo del sector y posicionar a la región como un actor relevante en la economía global del carbono.
Un nuevo estudio internacional vuelve a poner en discusión uno de los dilemas estructurales del siglo XXI: la relación entre crecimiento poblacional, consumo y límites del planeta. La conclusión es contundente: la población mundial ya supera la capacidad sostenible de la Tierra.
El trabajo, titulado “Global human population has surpassed Earth’s sustainable carrying capacity”, fue liderado por el ecólogo Corey J. Bradshaw, de la Universidad de Flinders, y contó con la participación del reconocido biólogo Paul R. Ehrlich. A partir del análisis de más de dos siglos de datos demográficos y modelos ecológicos, los investigadores advierten que el sistema global está operando por encima de sus límites físicos.
Según el estudio, una población sostenible -capaz de mantener niveles de vida razonables sin comprometer los recursos naturales- rondaría los 2.500 millones de personas. La cifra contrasta con los más de 8.300 millones actuales, lo que refleja un desajuste profundo entre la presión humana y la capacidad de regeneración del planeta.
El problema, sin embargo, no se limita al tamaño de la población. El modelo de desarrollo vigente, basado en el uso intensivo de combustibles fósiles y el sobreconsumo, ha permitido sostener artificialmente ese crecimiento durante décadas. El resultado es una presión creciente sobre sistemas clave como el agua, los suelos, la biodiversidad y el clima.
Los datos muestran además un punto de inflexión desde mediados del siglo XX. Aunque la población sigue aumentando, la tasa de crecimiento comenzó a desacelerarse a partir de los años 60, una señal que los investigadores interpretan como indicio de saturación del sistema. Es lo que denominan una “fase demográfica negativa”, en la que el crecimiento deja de traducirse en mejoras proporcionales en bienestar.
Las proyecciones indican que la población global podría alcanzar entre 11.700 y 12.400 millones de personas hacia finales de siglo. Sin embargo, bajo las condiciones actuales de producción y consumo, ese escenario aparece como difícilmente sostenible.
El impacto ya es visible. La degradación de suelos, la pérdida de biodiversidad, la sobreexplotación de recursos hídricos y el avance del cambio climático configuran un cuadro de presión acumulada sobre los ecosistemas. A esto se suma un aumento de las desigualdades, con regiones que enfrentan inseguridad alimentaria mientras otras mantienen niveles de consumo elevados.
Lejos de plantear un colapso inmediato, el estudio advierte sobre una erosión progresiva de la estabilidad global. El sistema aún funciona, pero lo hace con creciente fragilidad.
En ese contexto, el eje del debate se desplaza: no se trata únicamente de cuántas personas habitan el planeta, sino de cómo se produce, se consume y se distribuyen los recursos. La transición energética, la economía circular y la eficiencia en el uso de recursos aparecen como variables clave para reducir la presión sin comprometer el desarrollo.
El margen de acción existe, pero se acorta. Y, según los investigadores, las decisiones que se tomen en las próximas décadas serán determinantes para evitar que el desajuste actual se profundice.