Stroessner

Paraguay, prohibido perder

Compartí esta noticia !

“Desde el sábado estará prohibida la venta de cerveza”, leo en un diario de Asunción. Me río, por supuesto; que se prohíba la cerveza solo puede ser un chiste, en un país donde el fin de semana de cada elección se compra y vende cédulas al mejor postor, una especie de postal costumbrista del folclore político paraguayo; aun habiendo pruebas documentadas, jamás nadie tuvo problemas con la Justicia a este respecto. Casos recientes y sonados involucran incluso a un senador, el colorado Silvio “Beto” Ovelar, escrachado en un video disponible en Youtube, negociando a manos sueltas. Hay muchos otros casos, es el “delito electoral más común”, dice el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), y lo más común es que quede impune.

Faltan menos de tres días para las primarias paraguayas, en que sobresalen las internas de los principales partidos tradicionales del país, colorados y liberales, en ese orden. En el 99 % de los casos, durante los casi 30 años de la transición política que siguió a la dictadura, de las internas coloradas resultaba el siguiente Presidente de la República. La sensación, y la medición de fuerzas, sugieren que el país está otra vez en un momento así.

Nadie podría juramentar la transparencia del sistema electoral en Paraguay. El fraude es algo común, Stroessner ganaba las elecciones por el 99,9%, y el primero en ruborizarse era inmediatamente detenido. Hoy, el proceso no ofrece demasiadas garantías; no desde lo tecnológico, lo logístico, pero sí desde lo burocrático, lo político. Nunca nadie fue preso por fraude electoral. Tampoco el todopoderoso senador colorado Juan Carlos Galaverna, popularmente conocido como “Kalé”, que en 2009 confesó haber sido el arquitecto del fraude en aquella interna partidaria donde resultó electo Juan Carlos Wasmosy. El fraude siempre había sido una “leyenda”, pero Kalé le dio cuerpo y alma. Y quedó como un héroe, como después del famoso video porno. Y maneja los hilos. Y todavía le quedan algunas marionetas.

Mario Abdo Benítez, Jr., el hijo del siniestro secretario privado de Stroessner, podría ganar el domingo. “Marito”, como se lo conoce, no es el arquetípico stronista de la Caperucita Roja, aunque sobren los memes; es una especie de #ChicagoBoy que no tiene ni idea, solo la carita y el truculento abolengo partidario paterno; digno heredero de la oligarquía colorada, que viene siendo desplazada desde la época de Nicanor Duarte Frutos, un don nadie con ideas “progresistas” que llega a Presidente y se engolosina, y quiere más y pierde, para beneplácito de la teleplatea. Y ahora, por Horacio Cartes, que promovió la reforma del Estatuto del Partido Colorado para poder postularse. Los compró a todos. No hay nadie en Paraguay que no lo repita como un cuento.

Marito, es uno de quienes podrían ser los próximos presidentes paraguayos. El otro es Santiago Peña, Santi, delfín de Cartes, su marioneta dicen los partidarios de Kalé. Marito, dice que gana por goleada. Santi, dice que el que golea es él. Y el encuestador más mesurado, habla de empate, y una pelea voto a voto de final abierto.
Es el escenario más sensato, habida cuenta de la maquinaria que ambos han desplazado. Los datos hablan de menos del 2% de diferencia, lo demás es prédica en el desierto. Los 200.000 que promete el cartista Pedro Alliana, y los miles que descuenta Marito a su favor. Ninguno existe todavía, pero existirá el domingo a esta hora.

Una victoria de Santiago Peña no sería muy diferente de una de Mario Abdo Junior. Son las caras de una misma moneda, neoliberalismo puro y duro, aplicado a bastonazos si es necesario; solo que Marito, por su cuna de rancio colorado, será indudablemente más social que Santi, un divertido tecnócrata de Yale, Harvard o alguno de esos emporios del conocimiento a los que no llegás sin palanca o influencias. La diferencia entre ambos podría estribar en algún subsidio o bono solidario, pero nada más; nada estructural que cambie una matriz de desigualdad que los volvió ricos a ellos.

Por el lado de la oposición, reunida en Ganar, la coalición de entusiasta nombre que reúne al izquierdista Frente Guasu y el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), viejos aliados, y enemigos vueltos a aliarse, el entusiasmo siempre se vive entretelones; a veces, casi siempre, se pierde, y otras veces se gana, pero es como si se hubiera perdido.

La izquierda nominó al Vicepresidente en la chapa que los liberales se juegan el domingo. Gane quien gane entre ellos, no cambia mucho nada. Es muy probable que esa alianza se rompa, como se rompieron otras; como se rompió la última entre esos mismos actores. “Quien traicionó una vez, traiciona mil veces”, ¿lo dijo alguien? Lenin, seguramente.

Y entre los liberales, el odio es a muerte; incluso más que entre los colorados, donde hay rivalidad más que odio. Y también, la elección está para cualquiera, entre el presidente del partido, Efraín Alegre, y Carlos Mateo Balmelli, un técnico de buena reputación y gris paso por la administración pública durante el gobierno de Fernando Lugo.

No hay nada nuevo bajo el sol. Nada que puede llegar a desbordar el entusiasmo, casi tanto como allá, o como en el resto de América Latina, donde los pueblos se juegan la supervivencia, no ya la conquista de derechos.

Nadie parece creer en la victoria en Ganar. Solo el Vice propuesto por el luguismo, el periodista Leo Rubín. Es el único que cada vez que puede repite su incitación a la victoria, que a esta altura parece ya un spot de la Rock & Pop, la emisora de su propiedad.

En la semana de la recta final de las elecciones del próximo domingo, donde hay más de 3 millones de personas habilitadas para sufragar, se viralizaron imágenes del violento desalojo de una comunidad indígena que reclama territorios ancestrales, y una serie de audios que son la irrefutable prueba del tráfico de influencias en la Justicia del senador colorado cartista, Oscar González Daher, a través del Consejo de la Magistratura, que es el órgano encargado de elegir jueces y fiscales.

Las grabaciones son groseras. “En un país normal, alguien debería ir preso”, diría alguien. Pero el peso específico de algunos personajes de Schoenstatt, un movimiento ecuménico de bastante prédica entre el empresariado cristiano más inescrupuloso, pone un manto de duda sobre las posibilidades de investigar y hacer justicia.

Nadie va a ir preso. El domingo va a ganar alguien en las internas coloradas, que son las internas que al mundo de las finanzas le interesan. E independientemente de quien resulte ganador en los guarismos, no habrá abrazo republicano que Cartes no pueda comprar, que como la compra de cédulas es toda una institución.

Nadie podría probar la vinculación de Cartes con alguna organización delictiva o un delito trasnacional. Ni siquiera con los episodios en sus propiedades, o la friolera de camiones con contrabando de cigarrillos de su tabacalera hallados en estos días de casualidad, porque estaban buscando otra cosa.

Cartes no tiene buena reputación, sino todo lo contrario. Él lo sabe. Y quizás por eso sobreactúa cuando solo tiene que actuar, y trastorna hasta la mejor noticia, que en su gobierno no abundan.

Cartes, es capaz de malograr la más inocente de las ideas, como el arbolito de lapacho que plantó en los jardines del Vaticano, en Roma, por ejemplo. Las fotos recorren hasta hoy las redes sociales; las fotos muestran a un Cartes con la cara con que sale siempre que aparece en un evento social, abonando tierra sobre un inocente arbolito llegado del fin del mundo. Detrás, el canciller Eladio Loizaga, un hombre de la vieja guardia anticomunista, señalado en el marco del Plan Cóndor que persiguió y mató a la oposición política en todo el continente en los ´70, sonríe como si con un árbol pudiera taparse el bosque, su tenebroso bosque, y los bosques que ahora mismo el gobierno de Horacio Cartes está entregando a la voracidad de sojeros y ganaderos extranjeros, con un ritmo inédito en la historia del país: 300.000 hectáreas al año.

Cartes modificó por decreto la ley de bosques para permitir el desmonte de bosque nativo a gran escala, liberando espacio para la agricultura extensiva y la ganadería, incluso benefició una de sus propiedades; “su famoso “usen y abusen”, le recordó un político de la oposición, aludiendo a un recordado blooper de Cartes, donde dijo que “Paraguay tiene que ser como una mujer bonita y fácil” para los inversores extranjeros.

Millones de hectáreas de frugal mata atlántica se perdieron en las últimas décadas en la Región Oriental del país, para ser reemplazadas por un interminable mar de soja transgénica, con toda su batería de veneno, asolando comunidades, expulsando pueblos enteros, matando. De las 27 millones de hectáreas que alguna vez hubo en el Chaco paraguayo, hoy solo queda la mitad, quizás un poco menos. El Chaco sigue siendo una región con leyes propias, otro país, librado al arbitrio de feudos de políticos y colonos extranjeros, la mayoría menonitas, todos señalados por la reducción a la servidumbre de los pueblos indígenas nativos hasta la actualidad.

El arbolito de lapacho del Vaticano sobrevivirá, seguramente, aliado a la tenaz persistencia de los curas por la inercia. En Paraguay, su “tierra sin mal”, el futuro asegura una incesante lucha de pueblos indígenas, comunidades rurales, campesinas y urbanas, por una relación de mayor convivencia y justicia con la tierra, el territorio y sus recursos.

 

 

Compartí esta noticia !

La reelección provoca una tormenta política en Paraguay

Compartí esta noticia !

Por Marcelo Ameri, desde Asunción. Por alguna razón desconocida, Horacio Cartes, está convencido que volvería a ganar las Presidenciales del año que viene en Paraguay, cuando todos los pronósticos y encuestas indican lo contrario, ubicando al ex presidente y actual senador, Fernando Lugo, como favorito.

Pero, Cartes, que llegó al poder en 2013 y cuya imagen está por el piso, insiste en impulsar una enmienda constitucional que habilite la figura de la reelección, prohibida por la Carta Magna de 1992.

El tema, divide y polariza las opiniones desde hace varios meses, en una guerra mediática que parece no tener fin. La polarización alcanza al interior de las principales fuerzas políticas del país. Colorados y liberales se debaten en feroces internas, donde no faltan las amenazas de expulsión. También la izquierda, dividida desde 2013, en dos bloques que antagonizan ventilando sus trapos sucios, el Frente Guasú, y la concertación Avanza País.

Ambos bloques se acusan mutuamente de haber pactado con Cartes. Y de hecho, ambos lo hicieron. Avanza, empezó pactando la conformación de la Mesa Directiva del Congreso; después, negoció una banca en el Consejo de la Magistratura; después, pactó el rechazo al proyecto que gravaba las exportaciones de granos, el impuesto a la actividad tabacalera (Cartes es tabacalero), y la Contraloria General de la República, hace muy poco. Una sucesión de “pactos”, que empezó cuando Cartes todavía no había calentado el sillón de López, a muy poco de asumir el poder. Hay testimonios fotográficos “a bulto”, como se dice comúnmente en Paraguay cuando la oferta supera con creces la demanda.

¿Lugo pactó con Cartes? Sí, pactó acompañar el proyecto de enmienda constitucional ad referéndum. De hecho, sin el ex presidente ya habría sido archivado.

La enmienda constitucional tampoco es un tema nuevo. Ya en 2011, un sector de los que ahora se oponen intentó un plan similar para posibilitar la reelección de Lugo. Pero, éste, que hoy se muestra a favor, fue el que sepultó la idea. Después de 35 años de vivir bajo la dictadura de Alfredo Stroessner, en 1992, a los tres años de haber recuperado la democracia, los paraguayos establecieron en la Constitución que quien gobierne no podría hacerlo por más de un período. Lugo, destituido en 2012 por lo que sus partidarios consideran un “golpe legislativo”, un año antes había recolectado firmas para un proyecto que también fue rechazado.

Pudo haber tenido su rekutú (reelección en guaraní). Su gobierno había obtenido conquistas importantes en lo relacionado con la soberanía de los recursos energéticos que Paraguay comparte con los países vecinos. Y, al mismo tiempo, había desplegado una batería de políticas sociales que se hacían sentir hasta en las zonas más alejadas del país. No hubo atisbo de transformación estructural, como reclamaba la izquierda más radical. El tema de la propiedad de la tierra, concentrada como en ninguna otra parte del mundo, por ejemplo, no pasó nunca del plano discursivo, pero en un país donde buena parte de la población es pobre o muy pobre, la salud gratuita, las pensiones y los subsidios, son hechos difíciles de olvidar.

Contrariamente a lo que sucede con Horacio Cartes. A un año de concluir su mandato, su gobierno hace agua por toda la línea. La población pobre suma cerca de 2.000.000 de personas, el 25% del total; se han disparado el desempleo y sub-empleo, aumentó la inseguridad, la deuda pública ha alcanzado niveles históricos. El Presidente y parte de su gabinete enfrentan denuncias de corrupción, y de sostener vínculos con el narcotráfico y el lavado de dinero. La imagen de Cartes no deja de caer.

Sin embargo, es el principal impulsor de la enmienda por la reelección. Y ha conseguido, no solo sumar al ex obispo, sino domesticar lo suficiente a sus partidarios, y negociar alianzas con sectores del liberalismo disidente.

La discusión se centra en la forma más que en el fondo. Sucede que el tema fue rechazado en agosto pasado en el Congreso, y según la Constitución no puede volver a ser tratado por el término de un año. Quienes se oponen, tachan la iniciativa de inconstitucional. La paradoja es que el voto de Lugo en aquella sesión fue crucial para el rechazo del proyecto.

Lugo es así el blanco favorito de una guerra mediática que parece no tener fin. La posibilidad de que pueda volver a postularse, produce desesperación en filas de la izquierda nucleada en Avanza País, y el oficialismo liberal que promueve la candidatura de Efraín Alegre, que ven pulverizarse sus espacios políticos. La posibilidad de que pueda volver a repetir la hazaña del 20 de abril de 2008, inquieta a los grupos económicos, que temen un Lugo recargado, que recorte algunos de sus privilegios.

Hace un par de semanas, Humberto Rubín, propietario de Radio Ñanduti, se despachaba contra el ex obispo, no sin reconocer el “increíble” feed back que tiene con la población, especialmente en el interior del país. “Es un hijo de puta, pero la gente lo quiere”, comentaba Rubín, patriarca de una familia de empresarios mediáticos que se iniciaron con el padrinazgo de la dictadura stronista.

Hay quienes ven el tema como un “Pacto de Olivos” a la paraguaya. Pero, Cartes no es Menem, y a diferencia de Alfonsín, cuyo candidato era imposible que ganara, todos los sondeos dan a Lugo una intención de voto cercana al 47%.  A menos que sea verdad aquella desopilante versión que dice que Cartes compró todas las encuestas para que le den ganador a Lugo.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin