superávit comercial argentina

El REM proyecta un récord histórico para el superávit comercial argentino

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Las expectativas sobre el frente externo argentino dieron un giro significativo durante 2026. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central elevó a US$ 25.034 millones la proyección de superávit comercial para este año, un nivel que, de concretarse, marcaría el mayor saldo positivo de la historia.

Las expectativas para el saldo comercial argentino mejoraron sustancialmente durante 2026 y el REM de agosto proyecta un superávit de US$ 25.034 millones

Las expectativas del mercado para el comercio exterior argentino mostraron una mejora sostenida a lo largo de 2026. De acuerdo con el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central (BCRA), en diciembre de 2025 se proyectaba para este año un superávit comercial de US$ 10.965 millones, mientras que en el relevamiento de agosto la estimación ascendió a US$ 25.034 millones.

La revisión responde tanto a una mejora en las expectativas de exportaciones como a una reducción de las importaciones proyectadas. Entre los relevamientos de diciembre y agosto, la estimación de exportaciones para 2026 pasó de US$ 91.407 millones a US$ 100.895 millones, mientras que las importaciones esperadas se redujeron de US$ 80.442 millones a US$ 75.861 millones. Como resultado, la proyección de superávit aumentó en más de US$ 14.000 millones durante ese período.

La proyección de saldo comercial externo para 2026 sería un récord histórico

La mejora en las expectativas para el comercio exterior cobra mayor relevancia al comparar la proyección actual con los resultados históricos. De concretarse la estimación de un superávit comercial de US$ 25.034 millones, el saldo de 2026 sería un récord histórico.

La proyección superaría los US$ 18.928 millones registrados en 2024, hasta ahora el valor más elevado de la historia, y se ubicaría aproximadamente 32% por encima de aquel resultado. Asimismo, más que duplicaría el superávit de US$ 11.320 millones registrado en 2025.

Vale destacar que, hasta el momento, el saldo comercial entre enero y julio de 2026 alcanza un resultado positivo de USD 16.079 millones, con exportaciones por USD 58.365 millones e importaciones por USD 42.286 millones. Es decir, el saldo acumulado ya supera ampliamente lo esperado por el REM-BCRA hacia abril de este año.

Las expectativas de inflación del mercado comienzan a converger con los datos observados

Durante los primeros meses de 2026, las estimaciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) se ubicaron por debajo de la inflación posteriormente informada por el INDEC. La mayor diferencia se observó en marzo, cuando la mediana del relevamiento proyectaba una variación mensual del 3,0%, mientras que el IPC registró un incremento del 3,6%.

A partir de abril, los desvíos comenzaron a reducirse. En dicho mes, el REM estimó una inflación del 2,6%, frente al 2,8% efectivo, mientras que en mayo y junio las proyecciones se ubicaron por encima del dato observado. En junio, la mediana esperaba una variación del 2,0%, frente a una inflación efectiva del 1,6%.

En julio, la diferencia volvió a ser acotada: el REM proyectaba una inflación mensual del 2,0%, mientras que el IPC finalmente registró una variación del 2,1%. Así, luego de los mayores desvíos observados durante los primeros meses del año, las expectativas comenzaron a mostrar una mayor proximidad con los registros efectivos.

Esta tendencia se profundizó en agosto. La inflación mensual se ubicó en 1,7%, coincidiendo con la estimación realizada previamente por el REM para ese mes. Además, el registro implicó una desaceleración respecto del 2,1% de julio y se ubicó en el nivel más bajo desde junio de 2025. Por primera vez en lo que va de 2026, la mediana del REM coincidió exactamente con la inflación mensual posteriormente observada.

A nivel internacional, el mercado laboral estadounidense mostró una mejora en agosto

El mercado laboral de Estados Unidos mostró una recuperación durante agosto, con la creación de 162.000 nuevos empleos no agrícolas, luego de los aumentos de 31.000 y 21.000 puestos registrados en junio y julio, respectivamente. Por su parte, la tasa de desempleo se mantuvo en 4,1%, mientras que la participación laboral aumentó de 61,4% a 61,6%.

La mejora en la creación de empleo volvió a mostrar la resiliencia del mercado laboral estadounidense y reforzó la atención sobre las próximas decisiones de la Reserva Federal. En un contexto en el que la inflación continúa por encima del objetivo del organismo, la resiliencia del mercado laboral podría otorgar a la Reserva Federal un mayor margen para mantener una postura monetaria restrictiva, por lo que los próximos datos de empleo e inflación serán determinantes para la trayectoria de las tasas de interés.

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El superávit comercial del primer trimestre cierra cinco veces arriba del balance positivo de 2025

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El comercio exterior argentino consolidó en marzo una de sus mejores performances de los últimos años. Con un superávit de USD 2.523 millones -el mayor para ese mes desde 2010- el país acumula ya 28 meses consecutivos con saldo positivo en la balanza comercial.

El dato no es menor: el resultado supera en USD 1.899 millones al de marzo de 2025 y se apoya en una dinámica clara -exportaciones en fuerte expansión y una demanda de importaciones todavía contenida- que refleja tanto oportunidades como limitaciones estructurales de la economía argentina.

En el acumulado del primer trimestre, el superávit alcanzó USD 5.508 millones, quintuplicando el registro del mismo período del año pasado, detalla un estudio de la consultora ABECEB.

El motor: exportaciones en máximos históricos

El principal driver del resultado fue el salto exportador. Las ventas externas totalizaron USD 8.645 millones en marzo, un récord histórico mensual, con un crecimiento interanual del 30,1% y un fuerte avance también respecto a febrero.

La expansión estuvo explicada principalmente por mayores cantidades exportadas (+25,3% interanual), mientras que los precios mostraron una suba más moderada.

El impulso vino, en gran medida, del sector primario, que creció 56,2% interanual, traccionado por cereales, pesca y oleaginosas. El maíz se consolidó como el principal producto exportado del mes, con USD 992 millones y una suba del 51,3%.

A esto se sumó un fuerte desempeño del complejo minero —con subas en oro, litio y plata— y del sector energético, que aportó un superávit de USD 945 millones gracias a mayores exportaciones y una fuerte caída de importaciones.

También las manufacturas de origen agropecuario mostraron una mejora relevante, impulsadas por carnes y aceites, en un contexto donde los precios internacionales acompañaron.

Importaciones: el límite de la actividad

Del otro lado de la balanza, las importaciones mostraron un crecimiento muy moderado del 1,7% interanual, totalizando USD 6.122 millones.

Sin embargo, detrás de ese leve aumento hay una señal clara: las cantidades importadas cayeron 3,7%, lo que refleja una economía con bajo nivel de actividad, especialmente en sectores como la industria.

El incremento en valores respondió, en realidad, a un aumento de precios (+5,8%), lo que sugiere que la recuperación de la demanda interna sigue siendo débil.

Los datos sectoriales refuerzan esta lectura. Mientras crecieron los bienes intermedios y de consumo, cayeron rubros clave como combustibles y piezas para bienes de capital, vinculados a la inversión y la producción.

Una mejora que es también síntoma de debilidad

El superávit comercial elevado es, en parte, una buena noticia: fortalece las cuentas externas y aporta dólares en un contexto de restricciones financieras.

Pero también expone una fragilidad: el resultado se explica más por la debilidad de las importaciones que por una expansión equilibrada del comercio.

La caída en las cantidades importadas, especialmente en bienes de capital, sugiere un freno en la inversión y en la capacidad de crecimiento futuro de la economía.

Perspectivas: más superávit, pero con interrogantes

Para el resto de 2026, el escenario mantiene un sesgo positivo en términos de saldo comercial. Las proyecciones apuntan a un superávit en torno a los USD 13.000 millones, con posibilidad de acercarse a los niveles de 2024.

El impulso vendría, nuevamente, por el lado exportador: cosecha agrícola, minería y energía aparecen como los principales motores.

Sin embargo, hay factores de riesgo. El menor dinamismo global, los costos logísticos elevados y la evolución del conflicto en Medio Oriente pueden alterar tanto precios como volúmenes de comercio.

En paralelo, el desempeño de las importaciones seguirá atado a la evolución de la actividad económica local: sin recuperación del consumo y la industria, el superávit podría seguir creciendo, pero más por restricción que por expansión.

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La mayoría de los dólares que entran van al colchón

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La estabilidad del dólar en la Argentina empieza a mostrar un costado incómodo. Mientras el tipo de cambio se mantiene relativamente calmo, la inflación sigue corriendo en torno al 3% mensual, generando una apreciación cambiaria progresiva que ya impacta sobre la competitividad de la economía. Detrás de esa aparente calma, se esconde un fenómeno más profundo: los dólares que ingresan al país no se transforman en inversión ni en mayor actividad, sino que terminan mayoritariamente en el ahorro de las familias.

El informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) pone números a esta dinámica. Entre enero y febrero de 2026, la balanza comercial arrojó un superávit de 4.000 millones de dólares y el sector privado recibió préstamos del exterior por otros 3.800 millones. Sin embargo, lejos de dinamizar el circuito productivo, esos ingresos de divisas fueron absorbidos por el atesoramiento: las personas humanas demandaron 4.900 millones de dólares para ahorro.

El dato no es menor: el ahorro en dólares supera incluso a las principales fuentes de ingreso de divisas. En otras palabras, la economía genera dólares, pero no logra canalizarlos hacia la producción.

Este comportamiento se da en un contexto de tipo de cambio que, medido en términos reales, se va encareciendo. En octubre de 2025 el dólar oficial había superado los $1.400, mientras que en marzo de 2026 se ubica en torno a los $1.370. En el mismo período, la inflación acumuló un 15%, lo que implica que, para mantener el mismo nivel de competitividad, el dólar debería ubicarse hoy por encima de los $1.600.

La consecuencia es una economía cada vez más heterogénea. Mientras el agro, la energía y la minería continúan mostrando dinamismo, los sectores urbanos —industria, comercio, hoteles y restaurantes— evidencian caídas en su actividad. Esta divergencia no es neutra: los sectores que se contraen son, precisamente, los que más empleo generan.

El impacto ya se percibe en el mercado laboral. Aumenta el desempleo, cae el empleo asalariado formal, crece el cuentapropismo informal y los salarios reales permanecen estancados, en niveles similares a los de fines de 2023. El modelo actual logra estabilizar variables macro, pero no consigue traducirse en mejoras concretas para amplios sectores de la población.

En este esquema, la calma cambiaria se sostiene sobre bases frágiles. Por un lado, el superávit comercial responde en buena medida a la contracción de importaciones más que a un salto exportador. Por otro, el ingreso de dólares por endeudamiento externo alimenta una dinámica que no se derrama sobre la economía real. Ambos factores terminan financiando la demanda de divisas para ahorro.

El trasfondo es conocido: la incertidumbre y las malas experiencias acumuladas llevan a los argentinos a refugiarse en el dólar. Pero el problema es que este comportamiento, generalizado, limita la capacidad de recuperación económica.

Frente a este escenario, el debate de política económica vuelve a girar en torno al régimen cambiario. Desde IDESA plantean la necesidad de acelerar la normalización, eliminando los remanentes del cepo, permitiendo mayor libertad en las transacciones y dejando que el tipo de cambio y las tasas se determinen por el mercado. El objetivo es evitar una apreciación cambiaria prolongada y generar condiciones para que el crédito fluya, tanto en pesos como en dólares.

El riesgo, advierten, es que una liberalización más rápida pueda generar tensiones en el corto plazo, especialmente sobre la inflación. Sin embargo, sostienen que se trataría de un fenómeno transitorio, siempre y cuando se mantenga el equilibrio fiscal y el orden monetario.

La pregunta de fondo es si la economía puede sostener este equilibrio donde los dólares entran, pero no circulan. Por ahora, la respuesta parece clara: la estabilidad existe, pero no alcanza.

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