TARJETAS DE CRÉDITO

¿Cómo influye el fenómeno del dinero invisible en el uso de la tarjeta de crédito?

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En el pasado, el acto de comprar requería un ritual físico ineludible que marcaba el ritmo del consumo familiar.

Contar billetes y sentir el peso de las monedas en el bolsillo ofrecía una noción exacta del gasto realizado en cada transacción.

Hoy, el panorama es radicalmente distinto y muchas de nuestras decisiones económicas ocurren casi sin fricción.

El dinero parece haberse vuelto transparente, fluyendo a través de pantallas y plásticos en cuestión de segundos.

Este cambio tecnológico no solo aceleró las transacciones, sino que transformó profundamente nuestra percepción del valor.

Al desmaterializarse el capital, la mente humana enfrenta nuevos desafíos para procesar la magnitud de sus gastos diarios.

La psicología detrás del consumo intangible

Diversos estudios de comportamiento financiero indican que las personas tienden a gastar más cuando el pago no es tangible.

Esta falta de contacto físico con el papel moneda genera lo que los expertos denominan una “zona blanda” mental.

En este espacio psicológico, la distancia entre la compra y la pérdida económica hace que las decisiones sean menos racionales.

La psicología económica ha explorado este fenómeno bajo el concepto del “dolor de pagar”.

Se ha comprobado científicamente que el cerebro procesa la pérdida de dinero de forma similar a una molestia física leve.

Sin embargo, las herramientas digitales actuales logran anestesiar esa sensación de pérdida inmediata.

Esto ocurre porque el impacto del dinero digital en la vida cotidiana ha eliminado las barreras tradicionales del intercambio físico.

El cerebro y el circuito de la recompensa inmediata

Biológicamente, el cerebro humano está diseñado para priorizar las recompensas inmediatas sobre las consecuencias futuras.

Cuando deseamos un producto, se activa un circuito emocional que busca satisfacción rápida y placer instantáneo.

Antiguamente, pagar en efectivo funcionaba como un freno natural ante este impulso biológico.

El dinero físico obligaba al individuo a evaluar si el objeto deseado valía realmente el desprendimiento material.

El financiamiento diferido rompió esa ecuación, permitiendo que la gratificación llegue mucho antes que el costo real.

Al utilizar herramientas como una tarjeta de crédito, la carga económica aparece fragmentada o postergada.

Este sistema reduce la percepción de sacrificio, haciendo que los gastos parezcan menores dentro del presupuesto total.

Es vital entender que sobrepasar el límite de la tarjeta puede generar deudas imprevistas si no se gestiona con cautela.

El consumo como una extensión de la identidad

En la actualidad, comprar ya no responde únicamente a necesidades de supervivencia o practicidad de mercado.

Las elecciones económicas funcionan como una extensión de la personalidad y de los valores de cada individuo.

Elegimos servicios y marcas que construyen una narrativa sobre quiénes somos o quiénes aspiramos a ser.

Las redes sociales han amplificado este fenómeno, convirtiendo cada consumo en una historia compartida.

Viajes, cenas o dispositivos tecnológicos se transforman en elementos visuales que alimentan una identidad pública constante.

De esta manera, el dinero invisible no solo mueve la economía, sino que moldea nuestras aspiraciones y vínculos.

Cada pequeña transacción revela silenciosamente nuestras prioridades en el mundo cotidiano.

Según el Banco Central de la República Argentina, este entorno requiere usuarios más formados para navegar la oferta digital.

Estrategias para recuperar el control financiero

El desafío actual no es evitar la tecnología, sino aprender a convivir con ella de forma consciente y saludable.

Una de las tácticas más efectivas es revisar los movimientos de cuenta semanalmente en lugar de esperar al resumen.

Establecer alertas automáticas en el teléfono ayuda a recordar cada operación realizada en tiempo real.

Otra tendencia creciente es la asignación de presupuestos temáticos para categorías como ocio, comida o educación.

Esta práctica permite visualizar el flujo monetario y reducir la sensación de desorden que genera la digitalización.

Incluso existen diversas opciones para pedir préstamos que pueden resolver urgencias bajo criterios de ahorro claros.

La planificación responsable es la clave para que las herramientas de pago sean aliadas y no obstáculos.

La educación financiera se vuelve, entonces, el mejor antídoto contra la invisibilidad del dinero moderno.Para profundizar en este tema, instituciones como la OCDE ofrecen guías sobre el comportamiento del consumidor en la era digital.

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Financiamiento: tarjetas de crédito vs. billeteras virtuales

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Un informe elaborado por la consultora Focus Market analiza y compara los costos asociados al uso de billeteras virtuales y tarjetas de crédito bancarizadas en el contexto económico actual. A través de esta comparación, se busca proporcionar una visión clara sobre las ventajas y desventajas de cada opción, evaluando tanto los costos fijos como los cargos adicionales por financiamiento, emisión, renovación y mantenimiento.

“En la actualidad, las billeteras virtuales y las plataformas fintech han transformado la forma en que las personas gestionan su dinero y realizan transacciones. Estas herramientas permiten realizar pagos, transferencias, inversiones y una amplia gama de servicios financieros de manera rápida, segura y accesible, sin la necesidad de intermediarios tradicionales como los bancos. De esta forma, se han convertido en una solución clave para conectar a millones de personas con el sistema financiero formal”, expresó Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market.

No obstante, las entidades financieras tradicionales continúan desempeñando un rol fundamental en la economía. En particular, las tarjetas de crédito son instrumentos financieros esenciales que ofrecen opciones de financiamiento tanto a corto como a largo plazo, lo cual resulta crucial en contextos económicos caracterizados por la inflación y la incertidumbre. A través de estas tarjetas, los usuarios pueden obtener alivio económico en situaciones de flujo de caja limitado.

En este sentido, las opciones de financiamiento, ya sea a través de billeteras virtuales o de tarjetas de crédito bancarizadas, se han consolidado como elementos clave para facilitar las compras, impulsar el consumo y mejorar la calidad de vida de los usuarios. Sin embargo, es esencial comprender los costos asociados a cada una de estas alternativas para tomar decisiones financieras informadas y responsables.

El informe recopila información sobre los costos asociados a las tarjetas de crédito GOLD y BLACK proporcionadas por el Banco Central, así como de una billetera virtual, con el objetivo de comparar los gastos vinculados al uso de estos instrumentos financieros. Los resultados muestran que las tarjetas de crédito bancarizadas presentan costos fijos más elevados, como los cargos por mantenimiento, administración, emisión y renovación. En contraste, las billeteras virtuales no aplican estos cargos, lo que a simple vista podría hacerlas parecer más convenientes.

Sin embargo, además de estos costos fijos, existen los costos de financiamiento, que incluyen las tasas de interés cobradas por financiar las compras a plazos. Se analizaron dos escenarios para comparar el costo de financiamiento con cada uno de estos métodos de pago.

En el primer caso, se evaluó un gasto de $100.000 en cuidado personal en una tienda farmacéutica. El informe revela que el Costo Financiero Total (CFT) para las billeteras virtuales es casi el doble en algunos plazos, como en el caso de 2 cuotas: 305% frente al 167,60% de las tarjetas de crédito. Esto demuestra que, aunque las billeteras virtuales no tengan costos asociados al mantenimiento de cuenta, estos cargos se trasladan de otra manera. Además, las entidades financieras suelen ofrecer promociones, como cuotas en 6 meses sin interés, lo que reduce o incluso elimina el costo financiero.

En un segundo caso, se analizó un uso intensivo del financiamiento, con un gasto de $4.000.000 anuales en cadenas de supermercados, financiado en 12 cuotas. En este escenario, el CFT de las billeteras virtuales es de 170%, mientras que el de las tarjetas bancarias es de 167,60%. Aunque la diferencia en el CFT es mínima, es importante tener en cuenta que las tarjetas bancarias tienen costos adicionales por emisión, renovación y mantenimiento.

“Tanto las billeteras virtuales como las tarjetas de crédito bancarizadas ofrecen ventajas y desventajas, dependiendo del tipo de financiamiento y los costos asociados a cada opción. Las billeteras virtuales resultan atractivas por la ausencia de costos fijos como los de mantenimiento o renovación, pero sus altos CFT pueden hacerlas menos convenientes en el largo plazo, especialmente cuando se financian grandes montos”, señaló Di Pace.

En cuanto al costo anual de financiamiento, el informe destaca que, con un CFT del 170%, financiar $4.000.000 a 12 cuotas mediante una billetera virtual implica un costo total de $6.800.000. En el caso de las tarjetas de crédito bancarizadas, con un CFT del 167,60%, el costo sería de $6.704.000, a lo que se deben sumar los gastos anuales de emisión, renovación y mantenimiento. Esto da como resultado un total de $6.942.804 para la tarjeta GOLD y $7.132.367 para la tarjeta BLACK.

Estos datos indican que, para amortizar los costos financieros de estos financiamientos, es necesario considerar los beneficios adicionales. Si las entidades financieras ofrecen convenios con grandes cadenas, como descuentos o cuotas sin interés, esto podría hacer más atractiva la opción de las tarjetas de crédito.

Por ejemplo, si se aplicara un 30% de descuento sobre las compras, el uso de tarjetas bancarias resultaría más económico que las billeteras virtuales. En este escenario, el monto a financiar sería de $5.742.804 con la tarjeta GOLD y $5.932.367 con la tarjeta BLACK, lo que representaría un ahorro del 18,41% y 12,76%, respectivamente, en comparación con el financiamiento mediante billetera virtual.

Asimismo, si se accediera a cuotas sin interés, solo se amortizarían los costos asociados a emisión, renovación y mantenimiento, es decir, $238.804 para la tarjeta GOLD y $428.367 para la tarjeta BLACK. Esto haría que el uso de las tarjetas bancarias fuera más conveniente.

“En muchos casos, es importante evaluar el uso de estos medios de pago cuando ofrecen descuentos o promociones, ya que los costos financieros pueden compensarse con los beneficios obtenidos. Por otro lado, las tarjetas de crédito bancarizadas, aunque implican costos adicionales como emisión y mantenimiento, pueden ser más ventajosas cuando se aprovechan promociones y cuotas sin interés. Al tomar decisiones financieras, es crucial evaluar no solo el costo financiero, sino también los beneficios adicionales que cada opción puede ofrecer”, concluyó Di Pace.

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Tipos de tarjetas de crédito: ¿cuál es la mejor?

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En la billetera de los consumidores latinoamericanos, las tarjetas de crédito son un elemento casi tan esencial como el documento de identidad. Con una diversidad que refleja las múltiples necesidades y estilos de vida, elegir el tipo de tarjeta de crédito adecuado puede marcar una diferencia significativa en la gestión financiera personal. 

Fuente: Unsplash

La decisión de seleccionar una tarjeta de crédito requiere un análisis cuidadoso. Desde los diferentes tipos hasta los intereses que cobran las tarjetas de crédito, cada detalle cuenta para hallar la opción que se acople a las necesidades individuales.

Variedad de tarjetas de crédito en el mercado

El exitoso modelo de negocio de las tarjetas de crédito promueve una gran variedad de opciones para diferentes tipos de usuarios. Por ejemplo, las tarjetas Visa y Mastercard son un clásico con una aceptación casi universal, pero más allá del proveedor, la funcionalidad y los beneficios varían considerablemente.

Tarjetas según categoría

  • Estándar. Son el punto de inicio en el mundo del crédito. Tienen límites moderados y son accesibles en términos de requisitos.
  • Oro y Platino. Escalan en prestaciones, ofreciendo límites más altos y ventajas como seguros de viaje o asistencia personalizada.
  • Black o Signature. Representan la gama alta con límites de crédito superiores y servicios exclusivos.

Tarjetas según programa de fidelización

  • Co-branded. Resultan de la unión entre entidades financieras y marcas comerciales, ofreciendo beneficios en establecimientos específicos.
  • De recompensas. Permiten acumular puntos con cada compra que después se pueden canjear por bienes o servicios.

Fuente: Unsplash

¿Qué considerar al elegir una tarjeta de crédito?

Entender los criterios para seleccionar una tarjeta de crédito es vital para tomar una decisión informada. Cada tarjeta posee características particulares que deben ser sopesadas cuidadosamente, desde el límite de crédito hasta la estructura de costos y beneficios. 

  • Límites de crédito. Tu límite de crédito debe estar alineado con tu capacidad de pago. Una tarjeta con un límite muy alto puede ser tentadora, pero también puede incitar a gastar más de lo que se puede afrontar mes a mes.
  • Programas de recompensas. Si sos de los que disfruta los programas de recompensas, elegí una tarjeta que ofrezca puntos o cashback en las categorías donde más gastas. Algunas tarjetas ofrecen más puntos por compras en determinados rubros o bonificaciones por uso frecuente.
  • Seguridad y tecnología. Optá por tarjetas que ofrezcan buenas medidas de seguridad, como la tecnología de chip y PIN, así como servicios de alerta por SMS o app móvil, que te permitan tener un control en tiempo real de tus gastos y movimientos.
  • Beneficios adicionales. Más allá de los programas de recompensa y los límites de crédito, las tarjetas ofrecen una gama de beneficios que pueden incluir seguros de compra, extensiones de garantía en productos adquiridos y protección contra el fraude. 

Algunas tarjetas pueden ofrecer también servicios concierge, que brindan asistencia personal para reservas en restaurantes y eventos. Estos beneficios adicionales pueden incrementar el valor de una tarjeta de crédito y justificar costos anuales más altos.

  • Adaptabilidad y flexibilidad. En un entorno económico dinámico, es importante que la tarjeta de crédito ofrezca cierta adaptabilidad. Esto incluye la capacidad para ajustar el límite de crédito según cambian las circunstancias financieras, y la flexibilidad en los términos de pago. 

Tarjetas que permiten la configuración de alertas personalizadas o la reestructuración de pagos pueden proporcionar una ventaja significativa para el manejo eficiente del crédito.

Fuente: Unsplash

Determinar la mejor tarjeta de crédito es un ejercicio de alineación entre las características del producto financiero y las necesidades y hábitos del usuario. No existe una opción universalmente óptima; la decisión óptima depende de un balance entre las finanzas personales, los patrones de consumo y las preferencias individuales. 

Con una evaluación detallada, cada consumidor puede encontrar el tipo de tarjeta de crédito que mejor complementa su perfil económico, maximizando así los beneficios mientras se mantiene un manejo financiero saludable. En definitiva, la mejor es la que se adapte a tu estilo de vida. 

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Cómo sacarle provecho a la tarjeta de crédito

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A partir de noviembre, financiarse con la tarjeta de crédito será más caro. Con una inflación que se movió a un ritmo del 12% mensual en los últimos dos meses, el Banco Central (BCRA) subió las tasas de interés al valor más alto de las últimas dos décadas, una medida que también incluyó a los plásticos y al programa Ahora 12. Sin embargo, ante el constante aumento de los precios de la economía, se le pueden sacar grandes provechos a las tarjetas de crédito si se las utiliza a conciencia.

Según fue reglamentado en la Comunicación “A” 7862/2023, publicada en el Boletín Oficial a mediados de octubre, a partir del mes que viene la refinanciación de la tarjeta de crédito trepará del 107% al 122% nominal anual (TNA). Un tope que regula la entidad monetaria y que aplica únicamente a importes menores a $200.000, o US$200.

Al agregarle costos de comisión bancaria, la tasa se posiciona mucho más arriba que la inflación proyectada para el próximo año. El costo financiero total (CFT), que es lo que efectivamente se terminará pagando, se encontrará en torno al 302,8%. No obstante, la cifra puede variar dependiendo de la entidad monetaria. Estos intereses corren cuando se paga el mínimo de la tarjeta, se pide adelanto de efectivo o se paga en cuotas por fuera del programa Ahora 12.

En cambio, sobre el excedente de los $200.000 o US$200, la tasa es regulada por la Ley de Tarjetas de Crédito (25.065). En el artículo 16, se establece que el interés compensatorio o financiero no podrá superar el 25% de la tasa que el banco aplique a operaciones de préstamos personales. En el Banco Nación, la tasa nominal anual es del 150%, mientras que el costo financiero total efectivo asciende a 445,82% para noviembre. En bancos privados, podría ser incluso mayor.

Teniendo en cuenta las tasas de interés que corren por falta de pago, en el actual contexto inflacionario se le puede sacar un gran provecho a la tarjeta de crédito, siempre y cuando se utilice en línea con los ingresos reales del usuario. Según señaló Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, si se consume el día después del cierre del resumen habrá una ventana de 40 días por delante hasta enfrentar el pago.

“Con la tarjeta de crédito uno tiene la posibilidad de adelantar gastos, clave en una economía con una inflación del 10% mensual [o más]. En definitiva, si el cierre de tarjeta está lejos del día en que se hace la compra, se le está ganando un 10%. Es un instrumento básico para intentar defenderse de la inflación. Los riesgos son muy bajos, el problema es que los sectores que menos tienen no lo pueden hacer, porque no suelen tener acceso a estas herramientas”, dijo el analista financiero Christian Buteler.

Durante ese plazo de tiempo, mientras la inflación erosiona el valor real a pagar, incluso se puede poner a trabajar el dinero que se iba a destinar a la cuota. Por ejemplo, con un plazo fijo tradicional a 30 días, que actualmente paga una tasa nominal del 133% anual u 11% mensual. En caso de que el cierre de tarjeta se produzca en menos de un mes, otra alternativa podrían ser los fondos money market de las billeteras digitales, que rinden un 100% anual (8,3% mensual) y tienen liquidez inmediata.

Un caso concreto. Si ayer se efectuó el corte de tarjeta, hoy el consumidor puede hacer una compra de $100.000 en una sola cuota y pagarlo recién en los primeros días de diciembre. Si esos $100.000 se ponen en un plazo fijo, por poner un ejemplo de una inversión conservadora, a finales de noviembre recibirá $111.000 para pagar el resumen de tarjeta y le quedarán $11.000 extra para el bolsillo.

Acá la advertencia. Si se sobrecargó la tarjeta de crédito y no se llega con el efectivo, el cliente bancario tiene la opción de pagar el mínimo del resumen. Es la cantidad más pequeña que exigen las entidades financieras, que suele rondar entre el 5% o 10% de la deuda total. Sin embargo, por el costo de financiamiento del resto, se aplicarán las tasas de entre un 300% y 445% anual.

“Cuando uno se endeuda con la tarjeta de crédito es porque paga algo extraordinario o algo que no se va a repetir todos los meses. Una compra que no es habitual, no es recurrente, que es una sola oportunidad que merece pagarse en cuotas porque comprende varios períodos. Puede ser un artículo que se aprovechará durante varios meses, incluso años, como un electrodoméstico, una prenda de vestir o una reparación del automóvil”, agregó Barbero.

En esa misma línea, remarcó que deberían evitarse consumos sobre aquellas compras recurrentes. Como el gasto de supermercados o de la farmacia. Desde sus orígenes, los plásticos nacieron con el objetivo de facilitarle las compras a los usuarios sin la necesidad de tener la plata en el momento.

Ahora 12

Recientemente, las tasas del plan Ahora 12 también se vieron modificadas, ya que por normativa las mismas se fijan en un 75% de la tasa que pagan los plazos fijos. Desde mediados de octubre, la tasa nominal del programa de financiamiento que impulsa el Gobierno para la compra de productos nacionales quedó en un 99,75% anual.

Además, de acuerdo con la página oficial del Ministerio de Economía, hay topes máximos para cada plan de financiamiento. Si bien aclaran que algunos comercios no cobran interés -algo prácticamente en extinción-, se estableció el máximo interés que puede cobrar un comerciante sobre el precio de contado y dieron algunos ejemplos.

Si un cliente decide financiar la compra con el programa Ahora 3, podrán recargarle un 16,01%. Entonces, un artículo que costaba $100.000 de contado, se dividiría en tres pagos de $38.670. Un total de $116.010. Esa misma transacción, pero con el Ahora 6, se divide en seis cuotas fijas de $22.287. Con un interés del 33,72%, el valor final es de $133.720.

Siguiendo con el ejercicio de los $100.000, si el comprado se inclina por el Ahora 12, el comerciante podrá agregarle un recargo del 76,83%. Es decir, se pagará un total de $176.830, en doce cuotas de $14.736. Con el Ahora 18 (132,84%), el producto terminará costando $232.840, pero en 18 cuotas de $12.936. Finalmente, con el Ahora 24 el artículo se paga un final de $306.290. Pero son dos años de pagar mensualmente $12.762 (206,29%).

“Todo lo que sea cuotas fijas sin interés, o incluso con un interés menor a la inflación proyectada, se sale ganando. Es una cuenta financiera que generalmente no se hace, pero que existe, y da la posibilidad de defenderse frente al avance de los precios. De hecho, en algunas cadenas ofrecen tres cuotas sin interés o 20% de descuento, y sigue conviniendo las tres cuotas sin interés. Porque la inflación es del 10%, 12% mensual, por lo que el valor real a pagar es menor. En un contexto inflacionario, como el actual, el uso de la tarjeta tiene muy bajos riesgos. Siempre y cuando se use de forma responsable, según ingresos proyectados [es decir, salario futuro]”, cerró Buteler.

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Norte Grande: más del 60% de las familias del NEA y NOA se endeudan para llegar a fin de mes

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Los datos surgen de un relevamiento realizado a fines del 2022. En el NEA la situación es más problemática, ya que el 67% de las personas que viven allí recurrió a algún tipo de financiamiento, mientras que en el NOA esa cifra alcanza al 61%. En ambos casos, son niveles superiores al promedio nacional.

Un estudio de la CEPAL en conjunto con el Ministerio de Economía de la Nación arrojó resultados alarmantes: el escenario de super inflación que pulveriza con fuerza el poder adquisitivo de los salarios generó que el 54% de las familias argentinas debe recurrir a endeudamiento para sostener gastos corrientes; además, de ese total, el 64% se endeudó para sostener consumos cotidianos, como comida y medicamentos.

La necesidad de endeudamiento, según el estudio, no surge solo para el consumo de bienes durables de elevado valor, sino también como herramienta para sostener consumos cotidianos y básicos, lo que grafica aún más la problemática vinculada a los ingresos y la erosión sostenida del poder de compra. Además, cabe resaltar que el relevamiento, si bien fue publicada hacia finales de mayo de 2023, fue realizado a fines de 2022, donde el escenario macroeconómico ya era complicado pero se agravó en los primeros meses del corriente año, lo cual hace suponer que la situación descripta se haya profundizado.

Un punto clave del estudio es la modalidad del financiamiento al que accedieron las personas. En un contexto de baja disponibilidad de créditos formales por la propia inestabilidad de la macro, crecieron los casos que recurrieron a fuentes informales, que “suelen tener un costo financiero mayor o redundar en formas de dependencia personal improcedentes, que generan situaciones de elevada vulnerabilidad financiera”, detalla el documento. Cabe señalar que cuando se habla de créditos formales se hace incluye a créditos bancarios o de financieras, de ANSES, tarjetas de créditos o el financiamiento otorgado por fintechs a través de aplicaciones móviles; mientras que los créditos informales referencian a financiamiento a familiares o amigos, fiado o préstamos en comercios, prestamos otorgados al empleador y o préstamos a través de un prestamista.

El NEA es la región donde más personas debieron endeudarse

El documento de la CEPAL brinda algunos detalles en el plano regional. De allí se desprende que las personas que viven en el NEA son las que mas recurrieron a diferentes fuentes de financiamiento para cubrir sus gastos mensuales. Esta cifra alcanza al 66,9% del total de personas de la región, siendo más fuerte en el caso de las mujeres que alcanza al 70,8% y en varones llega al 65,1%. Del total regional, el 44,2% de las personas que recurrieron a financiamiento lo hizo tanto en créditos formales como informales; el 9,5% se endeudó solo por canales formales y el 13,2% lo hizo solamente vía canales informales.

En el NOA, el 61,2% de las personas recurrir a endeudamiento también con mayor fuerza en las mujeres (67,6% vs. el 54,8% de los varones). En esta región, el 34,4% de las personas se endeudaron tanto por vías formales como informales; el 7,7% solo a través de créditos formales y el 19,2% solo a través de canales informales. La cifra presentada por el NOA es la tercera más alta entre las regiones del país, quedando detrás del NEA y del interior de la provincia de Buenos Aires (donde llega al 62,7% de las personas).

En la comparación entre regiones realizada por la CEPAL, como se detalló previamente, el NEA es la que tuvo la mayor cantidad de personas que recurrieron a endeudamiento con el 66,9% seguida por el interior de la provincia de Buenos Aires (62,7%), el NOA (61,2%), la Pampeana (56,4%), el GBA (51,8%), la Patagonia (51,3%), Cuyo (50,6%) y cierra la CABA (41,2%).

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