tasas de interés

La CGT y las CTA reclamaron un plan de refinanciación ante el salto del endeudamiento de familias y Pymes

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La CGT, las dos CTA y movimientos sociales llevaron al Ministerio de Economía un reclamo que busca instalar una discusión que excede el nivel de las tasas de interés: cómo evitar que el endeudamiento de los hogares y las pequeñas empresas termine convirtiéndose en un nuevo freno para el consumo, la producción y el empleo. Las organizaciones sindicales exigieron al Gobierno de Javier Milei la puesta en marcha de un “programa de refinanciación de deudas” frente al fuerte aumento de la morosidad.

La movilización llegó hasta el Palacio de Hacienda sin un acto central ni escenario para discursos. Los dirigentes entregaron un documento en el que plantearon que el equilibrio macroeconómico no puede evaluarse únicamente por las variables financieras, sino que debe incorporar una solución al endeudamiento de familias y Pymes y una estrategia para recuperar la actividad de la economía real.

El diagnóstico presentado por las centrales sindicales vincula directamente la pérdida de ingresos y el deterioro del consumo con el aumento del costo financiero. En esa lectura, cuando una familia deja de poder afrontar una tarjeta o un préstamo, reduce inmediatamente su capacidad de consumo; cuando una Pyme no consigue financiar su capital de trabajo, restringe su producción. La consecuencia final de esa cadena es una economía con menos ventas, menos actividad y mayor presión sobre el empleo.

El planteo adquiere mayor dimensión a partir de los datos atribuidos al Banco Central. Según las cifras citadas por las organizaciones sindicales, más de 20 millones de personas mantienen deudas con bancos y entidades no bancarias en Argentina, mientras que la morosidad de las familias se cuadruplicó desde diciembre de 2023 y alcanzó al 17,5% de los créditos personales.

Para las centrales, el problema no termina en el sistema financiero formal. El deterioro de la capacidad de pago puede expulsar a los hogares del crédito bancario y empujarlos hacia mecanismos informales de financiamiento, incluso para cubrir gastos esenciales. Allí, advierten, el costo del endeudamiento puede adquirir características usurarias y profundizar todavía más la vulnerabilidad económica.

El documento entregado en Economía propone, en ese sentido, una respuesta que combine extensión de plazos y reducción transitoria de la presión de las cuotas. La hipótesis es que una refinanciación con tasas compatibles con la evolución de los ingresos permitiría liberar recursos de los hogares y de las empresas, recuperar capacidad de consumo y sostener el capital de trabajo.

El reclamo también apunta al Banco Central. Las organizaciones pidieron que el organismo ejerza su función regulatoria sobre las tasas aplicadas a préstamos bancarios, aplicaciones financieras, billeteras virtuales y otros mecanismos capaces de generar endeudamiento entre personas físicas. La demanda busca ampliar la discusión sobre el costo del crédito a todo el ecosistema financiero que hoy utilizan los hogares.

En paralelo, reclamaron un diagnóstico específico sobre la situación de las Pymes, especialmente aquellas cuyo endeudamiento compromete el capital de trabajo y pone en riesgo la continuidad de la actividad. El argumento es que una política de alivio financiero para empresas pequeñas no debería ser vista únicamente como una asistencia al sector privado, sino como una herramienta para preservar unidades productivas y puestos de trabajo.

La CGT sostuvo que “el endeudamiento es una política de gobierno” y cuestionó el modelo económico por obligar, según su diagnóstico, a familias a recurrir al crédito para afrontar alimentación, alquiler y servicios básicos. La protesta reunió a los integrantes del triunvirato de la central, Cristina Jerónimo, Jorge Sola y Octavio Argüello, además de dirigentes como Gerardo Martínez y Andrés Rodríguez.

Desde la CTA Autónoma, Rodolfo Aguiar advirtió sobre el riesgo de que el endeudamiento termine actuando como un factor de conflictividad social. El secretario general de ATE sostuvo que millones de hogares atraviesan una situación crítica y reclamó que el Gobierno utilice sus herramientas regulatorias para limitar los costos financieros e implementar un programa de desendeudamiento.

Más allá de la disputa política, el eje económico del reclamo abre una discusión relevante sobre la relación entre estabilidad macroeconómica y economía real. Una reducción de la inflación o una mejora de determinadas variables financieras no necesariamente se traduce en una recuperación automática de los ingresos disponibles si una proporción creciente del salario o de la facturación empresarial queda comprometida por cuotas, intereses y refinanciaciones.

Ese es, precisamente, el punto de mayor profundidad del documento sindical: la deuda no aparece como un fenómeno aislado, sino como una consecuencia y, al mismo tiempo, como un mecanismo que puede profundizar la caída de la actividad. Si los hogares destinan una parte cada vez mayor de sus ingresos al pago de obligaciones financieras, consumen menos. Si las empresas enfrentan dificultades para financiar su capital de trabajo, producen menos. Y si ambas variables retroceden simultáneamente, la recuperación del empleo se vuelve más difícil.

Desde esa perspectiva, una política de refinanciación no debería limitarse a postergar vencimientos. El desafío sería diseñar mecanismos que reduzcan efectivamente la carga financiera, extiendan los plazos y vinculen las condiciones de pago con la evolución de los ingresos. En el caso de las Pymes, la clave estaría en preservar capital de trabajo y capacidad productiva, evitando que una crisis de liquidez transitoria termine en cierre definitivo.

La discusión plantea, además, una cuestión central para cualquier estrategia de crecimiento: quién tiene capacidad para sostener el ciclo económico. El consumo de los hogares genera demanda; la demanda sostiene las ventas; las ventas permiten producir; la producción sostiene el empleo. Cuando ese circuito se rompe por una combinación de ingresos insuficientes y alto costo financiero, la deuda deja de ser solamente un problema individual y comienza a adquirir una dimensión macroeconómica.

Por eso, el reclamo de la CGT y las CTA puede leerse como una propuesta para desplazar parte del foco desde las cuentas financieras hacia las cuentas concretas de hogares y empresas. El desafío no consiste solamente en reducir la morosidad, sino en evitar que el endeudamiento se convierta en una barrera estructural para la recuperación del consumo y la inversión.

La salida que proponen las organizaciones sindicales incluye, además, una estrategia más amplia de estímulo a la inversión productiva y diversificación de la matriz económica. En esa concepción, refinanciar deudas sería una herramienta de emergencia dentro de una política mayor orientada a recomponer ingresos, activar la capacidad instalada, ampliar mercados y generar empleo.

El punto de fondo es que la sostenibilidad económica también se mide en la capacidad de las familias para llegar a fin de mes y de las empresas para sostener su actividad. Si la estabilización financiera se construye sobre hogares cada vez más endeudados y Pymes con menor capital de trabajo, la economía puede mostrar equilibrio en algunas variables mientras acumula tensiones en otras.

El reclamo entregado en el Ministerio de Economía pone así sobre la mesa una alternativa concreta frente a la morosidad: refinanciar, bajar la presión de las cuotas, regular el costo del crédito y proteger el capital de trabajo de las empresas. Pero también plantea una condición de fondo para que esa solución sea sostenible: recuperar los ingresos y la actividad productiva para que las familias y las empresas vuelvan a tener capacidad genuina de pago.

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El dólar mayorista subió a $1.495 y el mercado vuelve a tensionarse por las tasas en pesos

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El dólar mayorista volvió a subir este martes y registró su mayor avance en dos semanas, aunque logró cerrar por debajo de los $1.500. El tipo de cambio avanzó $7,50 hasta los $1.495 en el segmento de contado, en una jornada atravesada por la intervención oficial y por una nueva tensión en las tasas de interés en pesos.

El movimiento se produjo luego de que el mercado consolidara al nivel de $1.500 como una referencia de corto plazo. Con el cierre de la jornada, el mayorista quedó a 24,8% del techo de la banda cambiaria, establecido este martes en $1.865,14. El volumen operado en el segmento de contado superó los US$343,6 millones.

La estabilidad relativa del dólar empieza, sin embargo, a mostrar una contracara financiera. La liquidez en pesos volvió a encarecerse y las tasas de cauciones, repos y plazos fijos institucionales comenzaron a reflejar esa presión. En algunas operaciones, la tasa nominal anual se ubicó cerca del 25%, mientras el mercado espera nuevos movimientos alcistas de la TAMAR.

La tensión resume uno de los dilemas centrales de la política económica: contener la volatilidad cambiaria sin generar una suba excesiva del costo del dinero y, al mismo tiempo, preservar capacidad para continuar acumulando reservas. Las herramientas utilizadas por el Banco Central y el Tesoro buscan administrar simultáneamente esas tres variables.

En el mercado de futuros, los contratos operaron con mayoría de subas de hasta 0,4% en los tramos correspondientes a 2026 y 2027. El volumen negociado rondó los US$600 millones y las cotizaciones implícitas ubicaron al dólar en torno a $1.508 para fines de agosto y en $1.623,50 para diciembre.

La señal que buscan interpretar los operadores es si los movimientos del tipo de cambio responden exclusivamente a la oferta y la demanda privadas o si existe una intervención oficial destinada a mantener al mayorista por debajo de determinados niveles. Esa distinción resulta relevante porque modifica la lectura sobre la sostenibilidad del esquema cambiario y sobre la formación de expectativas.

En el segmento minorista, el dólar llegó a $1.515 para la venta en el Banco Nación, mientras el dólar tarjeta se ubicó en $1.969,50. El promedio informado por las entidades financieras relevadas por el Banco Central fue de $1.515,02.

Los dólares financieros también acompañaron la tendencia. El MEP avanzó 0,2% hasta $1.517,76 y el contado con liquidación subió 2,4% hasta $1.607,10. En el mercado informal, el dólar blue aumentó $10 y alcanzó los $1.555, según el relevamiento citado.

El costo de sostener el dólar

La estrategia oficial se apoya en una combinación de instrumentos. El Banco Central redujo el ritmo de compras de divisas, opera en contratos de dólar futuro y bonos vinculados al tipo de cambio y procura administrar las tasas cortas mediante el mercado de repos. El objetivo es evitar que una liquidez excesiva en pesos termine trasladándose a una mayor demanda de cobertura cambiaria.

El cambio en la política de acumulación de reservas resulta especialmente visible. Durante julio, el BCRA compró un promedio de US$103 millones diarios, mientras que en agosto ese ritmo se redujo en alrededor de US$33 millones por día. La menor demanda oficial de divisas contribuye a contener la presión compradora y facilita que el tipo de cambio mayorista permanezca debajo de los $1.500.

La consultora 1816 interpretó que la decisión de sostener ese nivel como referencia de corto plazo también tuvo consecuencias sobre los activos financieros argentinos. En particular, señaló que la deuda argentina denominada en dólares quedó rezagada frente a otros mercados emergentes.

El Tesoro también ganó protagonismo en la administración de los pesos. Según Outlier, el Ministerio de Economía interviene de manera puntual en el mercado de contado, administra las licitaciones de deuda y utiliza los depósitos del Tesoro en bancos como una herramienta adicional para regular la liquidez.

La última colocación de deuda de julio ofrece un ejemplo de esa estrategia. El Tesoro obtuvo cerca de $4 billones por encima de los vencimientos, pero no transfirió inmediatamente esos recursos al Banco Central. Parte de los pesos permaneció dentro del sistema bancario, evitando una absorción inmediata de liquidez.

El mecanismo plantea un delicado equilibrio. Una extracción demasiado rápida de pesos puede llevar las tasas a niveles elevados y encarecer el crédito; una liquidez excesiva, en cambio, puede aumentar la demanda de dólares y dificultar la estabilidad cambiaria. La política monetaria y financiera queda así condicionada por la necesidad de administrar ambos riesgos simultáneamente.

El mercado espera un dólar por debajo de la inflación

Pese a la tensión de corto plazo, las expectativas cambiarias continúan relativamente contenidas. La última edición del LatinFocus Consensus Forecast, que reúne proyecciones de más de 50 bancos y consultoras internacionales, ubicó el dólar mayorista en $1.648,10 para fines de 2026.

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA mostró una previsión prácticamente coincidente, con un dólar nominal estimado en $1.652 para diciembre. Desde el cierre de $1.487,50 registrado el viernes, esas proyecciones implican una suba de aproximadamente 10,8% durante el resto del año.

En términos interanuales, el consenso supone una depreciación nominal del peso de 14,1% durante 2026. El dato resulta significativo porque, de mantenerse esas previsiones, el dólar avanzaría por debajo de las expectativas de inflación, lo que implica una apreciación real del peso durante el período.

La fotografía actual, por lo tanto, combina dos señales aparentemente contradictorias. En el corto plazo, el mercado enfrenta mayores tasas en pesos y operadores atentos a la intervención oficial para sostener el tipo de cambio. En el horizonte de fin de año, en cambio, las principales encuestas de expectativas no anticipan un salto cambiario brusco.

La cuestión de fondo será cuánto puede sostenerse ese equilibrio. La política económica necesita evitar que la estabilidad nominal del dólar se consiga a costa de tasas excesivamente elevadas o de una menor acumulación de reservas. La respuesta estará en la capacidad del Gobierno para administrar la liquidez sin desanclar las expectativas cambiarias y, al mismo tiempo, sostener la confianza en el régimen de bandas.

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Mercados: el petróleo vuelve a tensionar a la inflación global mientras Argentina apuesta a una recuperación en el segundo semestre

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La economía global atraviesa una semana en la que tres variables volvieron a quedar estrechamente vinculadas: inflación, energía y política monetaria. La moderación de los precios en Estados Unidos alivió parcialmente la presión sobre la Reserva Federal, pero la persistencia de las tensiones en Medio Oriente y la volatilidad del petróleo mantienen abierto uno de los principales riesgos para la inflación internacional. En Argentina, mientras tanto, el mercado ajustó sus expectativas de actividad y mantiene una visión de recuperación durante el segundo semestre.

El panorama surge de la actualización semanal de mercados elaborada por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que pone el foco sobre la evolución de los precios estadounidenses, el conflicto en Medio Oriente, el petróleo y las nuevas proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central.

La inflación en Estados Unidos, las tensiones en Medio Oriente y la evolución del petróleo marcaron la agenda internacional, mientras que en Argentina el REM y el riesgo país concentraron la atención de los mercados.

Inflación de Estados Unidos y las decisiones de la Fed

La inflación de Estados Unidos mostró una moderación durante julio. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba de 0,1% mensual, mientras que la variación interanual descendió hasta 3,4%, en línea con las expectativas del mercado. Por su parte, el IPC núcleo, que excluye los componentes más volátiles de alimentos y energía, se ubicó en 2,5% interanual.

El dato consolida una desaceleración respecto de los niveles observados durante los meses anteriores. Luego de ubicarse en 2,8% interanual antes del inicio de las hostilidades entre Israel, Estados Unidos e Irán a fines de febrero, la inflación alcanzó un máximo reciente de 4,2% interanual en mayo, impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía. Durante julio, en cambio, la caída del precio de la gasolina, asociada al cese temporal de las hostilidades, contribuyó a moderar el nivel general de precios, aunque el posterior recrudecimiento del conflicto mantiene la evolución del petróleo como uno de los principales riesgos para la trayectoria inflacionaria. 

La publicación del índice resulta relevante de cara a las próximas decisiones de la Reserva Federal. En su reunión de finales de julio, el Comité Federal de Mercado Abierto mantuvo la tasa de interés sin cambios, aunque tres de sus miembros votaron a favor de incrementarla. La persistencia de una inflación anual superior al objetivo del 2%, combinada con la relativa solidez del mercado laboral, había fortalecido los argumentos a favor de un mayor endurecimiento monetario.

Sin embargo, la moderación del IPC de julio redujo la presión para avanzar con una nueva suba de tasas. Tras conocerse el dato, disminuyeron las probabilidades implícitas en el mercado de un incremento en la reunión de septiembre. De esta manera, la atención de los inversores continuará centrada en la evolución de la inflación, el mercado laboral y los precios de la energía, factores que serán determinantes para las próximas decisiones de política monetaria.


Las tensiones en Ormuz mantienen la volatilidad del petróleo

El precio del petróleo mostró una elevada volatilidad durante 2026, principalmente a partir del conflicto en Medio Oriente. El Brent, que comenzó el año en torno a US$ 60 por barril, alcanzó un máximo de US$ 138 a comienzos de abril, para luego retroceder ante los períodos de distensión y las expectativas de una solución negociada.

Durante la última semana, las dificultades para alcanzar un acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la incertidumbre sobre la reapertura del Estrecho de Ormuz volvieron a presionar los precios. Los futuros del Brent se recuperaron hasta ubicarse cerca de USD 89 por barril el 12 de agosto. La persistencia de las restricciones en una de las principales rutas del comercio mundial de petróleo mantiene al conflicto como un riesgo relevante para los precios de la energía y la inflación internacional.


Expectativas de crecimiento para 2026 

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) mostró, para la mediana de las estimaciones, que el Producto Interno Bruto ajustado por estacionalidad se habría contraído 0,4% durante el segundo trimestre del año, una corrección de 1,0 p.p. respecto del relevamiento anterior. Sin embargo, los analistas anticipan una recuperación de la actividad durante la segunda mitad del año. Para el tercer trimestre proyectan un crecimiento desestacionalizado de 1,0%, mientras que para el cuarto trimestre esperan una expansión de igual magnitud. En este contexto, la previsión de crecimiento del PIB para el conjunto de 2026 se ubicó en 2,7% de acuerdo con el REM del BCRA.

Por su parte, las expectativas financieras permanecieron relativamente estables. La TAMAR de bancos privados se ubicaría en 22,4% TNA durante agosto y en 22,2% hacia diciembre. En tanto, la mediana de las proyecciones para el tipo de cambio nominal se ubicó en $1.512 por dólar para agosto y en $1.652 para diciembre de 2026.

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El BCRA compró US$80 millones, el mayor monto de agosto, pero las reservas brutas cayeron US$50 millones

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El Banco Central (BCRA) cerró la semana con una señal que sintetiza las tensiones del actual esquema cambiario: aceleró fuertemente su intervención compradora en el mercado oficial, pero las reservas internacionales brutas terminaron la jornada con una baja de US$50 millones. La autoridad monetaria adquirió US$80 millones este viernes, el mayor monto diario de agosto, aunque el stock bruto descendió hasta US$49.496 millones.

La compra se produjo en una rueda con US$557 millones operados, por lo que la intervención oficial representó cerca del 14% del volumen negociado. La magnitud de la operación marcó un salto respecto de las jornadas anteriores y mostró una presencia más activa del Central en una plaza en la que durante agosto la capacidad de absorción de divisas venía siendo sensiblemente menor a la observada en los meses previos.

Con la operación del viernes, el saldo comprador de agosto alcanzó los US$329 millones, mientras que las compras acumuladas durante 2026 llegaron a US$13.656 millones. En la semana, el BCRA incorporó US$218 millones. Sin embargo, el promedio diario de compras de agosto se mantiene en torno de los US$33 millones, muy por debajo de los US$103 millones de julio, los US$68 millones de junio y los US$137 millones de mayo.

La lectura, por lo tanto, tiene dos velocidades. El Central continúa comprando dólares y acumula un volumen significativo desde el inicio del año, pero lo hace a un ritmo inferior al de los meses anteriores. El dato es particularmente relevante dentro del esquema de bandas cambiarias, donde la capacidad de acumular reservas constituye uno de los indicadores centrales para evaluar la fortaleza del régimen.

Un superávit comercial que encuentra un límite en la demanda privada

El margen para comprar divisas proviene, en buena medida, del excedente generado por el sector externo. El último balance cambiario del BCRA, correspondiente a junio, mostró un superávit de cuenta corriente de US$857 millones, impulsado por exportaciones de bienes por un récord de US$9.438 millones.

Pero el flujo comercial no se transforma íntegramente en reservas. En el mismo período, las personas humanas adquirieron US$2.821 millones netos, una demanda que absorbe parte importante de las divisas disponibles y limita la velocidad con la que el Central puede incrementar sus tenencias.

En ese contexto, la política cambiaria parece buscar un equilibrio delicado: comprar divisas sin generar una presión adicional sobre el tipo de cambio que pueda interrumpir el proceso de desinflación. A la intervención directa en el mercado oficial se suman herramientas de cobertura mediante futuros y títulos ajustables por el tipo de cambio.

El oro amortiguó la caída de las reservas

La reducción de US$50 millones en las reservas brutas no respondió exclusivamente a movimientos de flujo. La valuación de los activos internacionales también tuvo incidencia y, en esta oportunidad, el comportamiento de algunos activos permitió amortiguar el impacto.

El oro avanzó 0,25%, movimiento que habría aportado cerca de US$50 millones al valor contable de las tenencias del Central. Al mismo tiempo, el dólar perdió valor frente a otras monedas a nivel global: el índice DXY retrocedió 0,31%, mientras el euro avanzó 0,34% y la libra esterlina ganó 0,36%.

La combinación permitió compensar parcialmente otros factores de valuación que venían presionando sobre el stock. Así, la compra de dólares del BCRA operó positivamente sobre el flujo, mientras que la valuación de las reservas tuvo un efecto menos adverso que en las jornadas precedentes.

La diferencia entre reservas brutas y netas vuelve a adquirir relevancia. Según estimaciones privadas citadas en el mercado, la recompra de Letras Intransferibles realizada a comienzos de la semana con dólares que el Tesoro había obtenido tras la cancelación de BOPREAL habría llevado las reservas netas a su mejor nivel desde septiembre de 2021.

Esto permite separar dos fenómenos que pueden moverse en direcciones diferentes: una caída diaria del stock bruto no necesariamente implica un deterioro equivalente de la posición financiera del Central. Para el mercado, la mejora de las reservas netas constituye una señal más significativa sobre la calidad del balance de la autoridad monetaria.

El dólar mayorista volvió a quedar debajo de $1.500

En el mercado cambiario, el dólar mayorista retrocedió 0,30% y cerró en $1.487,50 para la venta. La cotización volvió a ubicarse por debajo de los $1.500 en una jornada de menor volumen, en la que la oferta volvió a marcar el ritmo de la plaza.

El tipo de cambio oficial A3500 terminó en $1.512,59, mientras que el techo de la banda se ubicó en $1.879,97. La distancia entre ambos valores alcanzó el 24,29%, dejando un margen todavía considerable antes de alcanzar el límite superior del esquema.

Los dólares financieros, en cambio, tuvieron una evolución heterogénea. El MEP cayó 0,40% hasta $1.514,78, mientras que el contado con liquidación subió 0,32% hasta $1.585,42. El blue avanzó 0,65% y terminó en $1.545.

Con esos valores, la brecha entre el blue y el tipo de cambio oficial se amplió al 3,87%, mientras que el diferencial del contado con liquidación se ubicó en 4,66%. La dispersión sigue siendo acotada en términos históricos, aunque el comportamiento de las tasas mostró que el mercado comenzó a exigir una mayor compensación para permanecer posicionado en pesos.

La suba de tasas encarece la cobertura contra el dólar

El movimiento más significativo de la jornada apareció en el mercado de dinero. La TAMAR saltó hasta 24,19%, desde 23,19%, mientras que la BADLAR avanzó hasta 22,56%, frente al 21% previo.

La suba de las tasas es consistente con una estrategia orientada a sostener el atractivo de las posiciones en pesos y desalentar una dolarización inmediata de las carteras. Ese mecanismo también tuvo impacto en los futuros de dólar, que terminaron con bajas generalizadas.

Agosto cayó 0,20%, septiembre retrocedió 0,26% y los contratos correspondientes a 2027 también finalizaron en terreno negativo, con una variación general de 0,20%. La tasa implícita para agosto quedó en 1,74% mensual, equivalente a 20,88% anualizado, una señal de expectativas relativamente contenidas sobre la depreciación del peso.

El movimiento revela una tensión central del programa cambiario: el BCRA busca acumular reservas, pero al mismo tiempo procura evitar que esa estrategia genere una presión alcista sobre el dólar que termine trasladándose a los precios. Para ello, la tasa de interés se convierte nuevamente en una herramienta de regulación de los incentivos entre pesos y dólares.

Crédito en dólares: más oferta hoy, un riesgo potencial mañana

En paralelo, la habilitación de financiamiento en dólares para empresas que no sean necesariamente exportadoras agrega una variable nueva al mercado. La medida permite que las entidades financieras destinen hasta 15% de sus depósitos en moneda extranjera a estos nuevos créditos, bajo un esquema de requisitos prudenciales específicos.

El mecanismo puede ampliar la oferta de dólares en el mercado oficial si los préstamos son liquidados allí y, de esa manera, generar un flujo adicional que favorezca la acumulación de reservas. Pero el efecto depende de que exista demanda genuina de crédito y de que el comportamiento cambiario permanezca estable.

El riesgo aparece si el escenario se invierte. Mientras el dólar permanezca relativamente estable, una empresa puede encontrar conveniente endeudarse en moneda extranjera y utilizar los fondos para financiar capital de trabajo o inversiones. Ante un episodio de volatilidad, en cambio, la necesidad de comprar dólares para afrontar esos compromisos puede transformar ese flujo en una fuente adicional de demanda cambiaria.

Por eso, la ampliación del crédito en dólares puede funcionar como mecanismo de profundización financiera y, simultáneamente, exige una gestión prudente del riesgo de descalce de moneda. El desafío no está solamente en generar más crédito, sino en garantizar que el crecimiento de la intermediación no termine trasladando riesgo cambiario hacia empresas sin ingresos suficientes en dólares.

El desafío para el segundo semestre

El mercado llega así a una segunda mitad de agosto en la que convergen señales favorables y tensiones todavía abiertas. El BCRA acumula US$13.656 millones de compras en el año y las reservas netas habrían alcanzado su mejor posición desde 2021, pero el ritmo de adquisición mensual es menor al de julio y las tasas de interés volvieron a tensionarse.

El frente cambiario mantiene, por ahora, una dinámica relativamente controlada. El dólar mayorista permanece debajo de $1.500, la brecha continúa contenida y los futuros no reflejan un salto significativo en las expectativas de depreciación. Sin embargo, la suba del costo del dinero muestra que sostener esa estabilidad requiere una política monetaria más activa.

El escenario también está condicionado por las expectativas de inflación. El REM del BCRA proyecta una variación mensual de precios de 1,8% para agosto y un tipo de cambio oficial cercano a $1.652 hacia diciembre. La consistencia entre esas expectativas y la evolución efectiva del mercado será uno de los principales tests del esquema de bandas y acumulación de reservas.

La cuestión de fondo es si el Central puede sostener simultáneamente tres objetivos: comprar dólares, evitar una aceleración cambiaria y mantener el proceso de desinflación. La jornada del viernes mostró que todavía puede intervenir con fuerza cuando las condiciones de mercado lo permiten. La incógnita es cuánto margen tendrá para hacerlo de manera sostenida sin tensionar nuevamente las tasas ni trasladar presión al mercado cambiario.

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Reservas, tasas y empleo en EE.UU.: las claves que marcaron la semana financiera

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La semana económica y financiera estuvo atravesada por cuatro variables con impacto directo sobre las expectativas de los mercados: la evolución del empleo y el comercio exterior de Estados Unidos, la postura de la Reserva Federal, la acumulación de reservas internacionales en Argentina y el comportamiento de las tasas de interés locales, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

El mercado laboral estadounidense continúa mostrando señales de estabilidad. Los últimos datos de la encuesta Job Openings and Labor Turnover Survey (JOLTS), correspondientes a junio, registraron 7,4 millones de vacantes, apenas por debajo de los 7,5 millones de mayo. Las contrataciones y las desvinculaciones, en tanto, permanecieron prácticamente sin cambios.

Para Argentina, el dato central de la semana estuvo en las reservas internacionales. Las reservas brutas del Banco Central superaron los US$50.000 millones, alcanzando el nivel más elevado de los últimos siete años. La recuperación constituye una señal relevante sobre la posición financiera externa del país, dado que las reservas funcionan como respaldo para el mercado cambiario y para el cumplimiento de compromisos externos.

El mercado laboral de Estados Unidos continúa mostrando estabilidad

Los últimos datos de la encuesta Job Openings and Labor Turnover Survey (JOLTS) correspondientes a junio muestran que el mercado laboral estadounidense continúa exhibiendo un comportamiento estable. Las vacantes laborales de junio se ubicaron en 7,4 millones, apenas por debajo de los 7,5 millones registrados en mayo, mientras que las contrataciones y las desvinculaciones permanecieron prácticamente sin cambios.

La estabilidad de estos indicadores sugiere que el mercado laboral continúa normalizándose de manera gradual, sin evidenciar un deterioro significativo del empleo en los Estados Unidos. Para la Reserva Federal, este comportamiento resulta consistente con una economía que mantiene dinamismo, aunque con menores presiones sobre el mercado laboral que las observadas durante los últimos años. En este contexto, los próximos datos de empleo e inflación continuarán siendo determinantes para la trayectoria futura de la política monetaria.


El comercio exterior continúa condicionando el crecimiento económico en Estados Unidos

Los últimos datos del comercio exterior mostraron que el déficit comercial de Estados Unidos se redujo levemente durante junio, luego del incremento registrado en mayo. La disminución respondió principalmente a una caída de las importaciones, superior a la observada en las exportaciones, aunque el saldo comercial continúa ubicándose en niveles elevados.

La evolución del sector externo cobró especial relevancia tras la publicación del Producto Bruto Interno correspondiente al segundo trimestre de 2026. La economía estadounidense creció a una tasa anualizada del 1,5%, por debajo del 2,1% esperado por el mercado y del crecimiento registrado en el trimestre anterior. Parte de esta moderación respondió al aporte negativo del comercio exterior, mientras que el consumo privado y la inversión empresarial —especialmente la vinculada al desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial— continuaron mostrando un desempeño sólido.

En este contexto, la Reserva Federal mantiene una postura cautelosa. En materia de política monetaria, la autoridad monetaria estadounidense mantuvo sin cambios el rango objetivo de la tasa de fondos federales entre 3,50% y 3,75%, en línea con lo esperado por el mercado. No obstante, la votación volvió a mostrar diferencias dentro del Comité Federal de Mercado Abierto, reflejando que persiste el debate sobre la necesidad de nuevos ajustes para asegurar la convergencia de la inflación hacia el objetivo del 2%.


Argentina: las reservas internacionales superan los USD 50.000 millones

Las reservas internacionales brutas del Banco Central superaron esta semana los USD 50.000 millones, alcanzando el nivel más elevado de los últimos siete años. La evolución de las reservas constituye uno de los principales indicadores de la posición financiera externa del país, ya que respaldan el funcionamiento del mercado cambiario y contribuyen al cumplimiento de obligaciones externas.

No obstante, las reservas brutas incluyen distintos componentes que no se encuentran íntegramente disponibles para su utilización. Entre ellos se destacan los depósitos en moneda extranjera del sector privado, los encajes bancarios, los préstamos de organismos internacionales y el tramo activado del swap de monedas con el Banco Popular de China, renovado esta semana. 

En este contexto, la acumulación de reservas continúa siendo uno de los principales compromisos asumidos por Argentina en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), dado que fortalece la posición externa del país y contribuye a mejorar la percepción de riesgo de los inversores.


Tasas de interés y financiamiento en pesos

Las condiciones financieras locales continuaron mostrando relativa estabilidad durante julio y comienzos de agosto, en un contexto de desaceleración de la inflación y expectativas moderadas sobre la evolución de las tasas de interés. Al 4 de agosto, la TAMAR se ubicó en 23,13% nominal anual, mientras que la BADLAR de bancos privados alcanzó el 22,31% nominal anual. Ambas tasas constituyen referencias relevantes para evaluar las condiciones de financiamiento en pesos y las expectativas del mercado sobre la política monetaria.

La TAMAR refleja el costo de los depósitos mayoristas de entre 30 y 35 días realizados por grandes inversores, mientras que la BADLAR mide el rendimiento promedio de los depósitos a plazo fijo superiores a un millón de pesos. Debido a que ambas tasas sirven como referencia para distintos instrumentos financieros y operaciones de crédito, su evolución permite seguir de cerca las condiciones de liquidez y financiamiento de la economía. Por su parte, la curva de instrumentos a tasa fija y la de títulos ajustados por CER continuaron reflejando un escenario de tasas reales positivas, consistente con una inflación en desaceleración y expectativas relativamente estables.

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