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El Gobierno descarta un “plan platita” y apuesta al crédito como motor de la actividad

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Mientras el calendario electoral comienza a marcar el ritmo de la política, el Gobierno nacional busca reforzar uno de los ejes centrales de su estrategia económica: expandir el crédito sin abandonar el equilibrio fiscal. El viceministro de Economía, José Luis Daza, afirmó que la administración de Javier Milei trabaja en nuevas herramientas para facilitar el financiamiento al sector privado, aunque descartó de plano la implementación de un “plan platita” orientado a estimular el consumo mediante un mayor gasto público.

La definición no es menor. En un contexto donde distintos sectores reclaman señales para reactivar la actividad económica, el equipo económico intenta sostener un discurso de disciplina fiscal y estabilidad macroeconómica, diferenciándose de estrategias aplicadas en años electorales por administraciones anteriores.

“Estamos trabajando en muchas alternativas para facilitar este crédito. Lo que puedo decir es que no podemos tomar atajos, no hay soluciones fáciles ni populistas. Lo vamos a dar y vamos a tener. No va a haber plan platita”, sostuvo Daza al explicar la orientación que busca imprimir el Ministerio de Economía.

La apuesta oficial consiste en consolidar un esquema donde el crecimiento de la inversión privada reemplace al impulso tradicional del gasto público. Según el funcionario, el acceso al crédito será un componente central para sostener la expansión económica en los próximos años, en la medida en que continúe estabilizándose el escenario macroeconómico.

En esa línea, Daza buscó también enviar una señal de previsibilidad de cara al proceso electoral de 2027. Sostuvo que los comicios, por sí mismos, no representan un factor de inestabilidad económica y argumentó que las crisis suelen originarse en desequilibrios fiscales, monetarios o financieros.

“Por primera vez en cuatro décadas vamos a ir a una elección con superávit fiscal, superávit externo, bancos bien calzados, reservas y un tipo de cambio flotante. No hay país que vaya a una elección con una posición más sólida que la Argentina”, afirmó el viceministro, reforzando uno de los principales argumentos del oficialismo para defender su programa económico.

Las tasas siguen siendo el principal desafío

Uno de los puntos sobre los que hizo foco el funcionario fue el elevado costo del financiamiento, un aspecto que continúa limitando tanto el acceso al crédito empresarial como el destinado a las familias.

Según explicó, la persistencia de tasas elevadas responde principalmente a la cautela del sistema financiero luego de varios años de alta volatilidad macroeconómica.

“Los bancos no bajan la tasa que le prestan del 60 o 70% a un 40% porque todavía tienen temor a que vuelva la volatilidad. Hay un conjunto de factores que influyen”, explicó.

No obstante, destacó que el financiamiento destinado a empresas muestra señales de recuperación. Indicó que el crédito corporativo viene creciendo en términos reales a un ritmo cercano al 1,9% mensual, impulsado principalmente por préstamos de corto plazo orientados al capital de trabajo.

Para el equipo económico, ese comportamiento constituye un indicador temprano de recuperación de la actividad, aunque reconocen que todavía resta consolidar un mercado crediticio de largo plazo.

La situación es distinta para los préstamos personales e hipotecarios, donde las tasas continúan en niveles elevados debido al mayor horizonte temporal de esos créditos y al riesgo que aún perciben las entidades financieras.

La presión tributaria, otro obstáculo para el financiamiento

Daza también identificó a la estructura impositiva como uno de los principales factores que encarecen el crédito en Argentina.

“La cascada de impuestos hace que el crédito sea inaccesible o impagable para mucha gente. Tenemos que limpiar y solucionar ese problema”, sostuvo.

El funcionario admitió además que durante los últimos meses aumentó la mora en algunos segmentos del sistema financiero como consecuencia de la volatilidad y del incremento de las tasas de interés, aunque consideró que el proceso tenderá a normalizarse si continúa consolidándose la estabilidad macroeconómica.

Con este discurso, el Ministerio de Economía intenta sostener una narrativa basada en la prudencia fiscal y en el desarrollo del crédito privado como herramienta de crecimiento, diferenciándose de políticas expansivas de corto plazo. A pocos meses del inicio del proceso electoral, el mensaje oficial busca transmitir que la recuperación económica deberá apoyarse en la inversión, la estabilidad y el financiamiento, sin recurrir a mecanismos extraordinarios de estímulo al consumo que impliquen un deterioro de las cuentas públicas.

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Análisis de Mills Capital: los desafíos del Tesoro ante un roll-over de $16 billones

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El Tesoro Nacional afronta esta semana uno de los mayores desafíos financieros de 2026: renovar vencimientos por aproximadamente $16 billones, una cifra que se encuentra casi en su totalidad en manos de inversores privados y que pondrá a prueba el apetito del mercado por los activos en pesos.

Consciente de la magnitud del desafío, el equipo económico desplegó una amplia batería de instrumentos que incluye Lecaps, Boncer, bonos duales, títulos ajustados por tasa TAMAR, dollar-linked y la reapertura de bonos soberanos en dólares. La estrategia apunta a captar demanda en todos los segmentos posibles y minimizar el riesgo de una renovación insuficiente.

La licitación llega en un contexto menos favorable que el observado semanas atrás. Durante junio, la tasa de caución escaló hasta el 25,5%, desde niveles cercanos al 20%, mientras que el tipo de cambio mostró una aceleración y creció el volumen operado en bonos atados al dólar. Este escenario refleja una mayor búsqueda de cobertura por parte de los inversores y una creciente cautela respecto de la evolución financiera en la segunda mitad del año.

La presión cambiaria constituye uno de los principales focos de atención. Con expectativas que ubican la banda superior del esquema cambiario aproximadamente un 18% por encima de la cotización actual, el mercado se muestra más reticente a extender plazos en instrumentos puramente nominados en pesos. En consecuencia, el Tesoro debió ampliar las alternativas para satisfacer distintos perfiles de riesgo.

Entre los instrumentos ofrecidos sobresale la reapertura del Bonar 2028, una operación que podría completar emisiones por hasta USD 2.000 millones si logra adjudicar el cupo restante de USD 350 millones. La colocación es seguida de cerca por el mercado, ya que representa una nueva señal sobre la capacidad del Gobierno para acceder a financiamiento en moneda dura.

Al mismo tiempo, la oferta incorpora títulos de vencimiento más corto respecto de la licitación anterior. Entre ellos aparecen una Lecap a 136 días y un Boncer con vencimiento en octubre de 2027, dos alternativas que varios operadores identifican como las de mayor atractivo en el menú actual debido a su menor exposición a la volatilidad política y cambiaria.

La estrategia oficial también incluye una reapertura parcial de los bonos duales, entre ellos el TXMD9, aunque quedaron fuera otros instrumentos similares como el TXMD8 y el TXMJ0. La selección revela una intención de ofrecer mecanismos de cobertura sin incrementar excesivamente los riesgos para las cuentas públicas.

Los Boncer de plazos más largos atraviesan el período electoral y ofrecen tasas reales elevadas para compensar la incertidumbre. Los bonos ajustados por TAMAR buscan captar inversores interesados en diversificar posiciones, mientras que los dollar-linked recuperan protagonismo en un contexto donde el tipo de cambio real continúa apreciado y persisten dudas sobre la trayectoria futura del dólar.

El mensaje que surge de la licitación es claro. Por un lado, el Gobierno busca demostrar flexibilidad y disposición para atender las distintas demandas de cobertura del mercado. Por otro, reconoce implícitamente que la demanda exige rendimientos más atractivos y que el margen para continuar reduciendo tasas se ha acotado significativamente.

La licitación será observada como una prueba de confianza hacia la estrategia económica oficial. Más allá de la variedad de instrumentos disponibles, el resultado permitirá medir hasta qué punto los inversores están dispuestos a seguir financiando al Tesoro en un año atravesado por desafíos electorales, tensiones cambiarias y una economía que aún busca consolidar su proceso de estabilización.

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Murió a los 100 años Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos

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Durante casi dos décadas, Alan Greenspan fue una de las figuras más influyentes de la economía mundial. El histórico presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) murió este lunes a los 100 años, según informó NBC News y reprodujo Reuters. De acuerdo con la información difundida por su esposa, la periodista Andrea Mitchell, falleció en su residencia a causa de complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson.

Greenspan condujo la Fed desde agosto de 1987 hasta enero de 2006, un período que abarcó algunos de los episodios más determinantes de la economía contemporánea. Asumió pocos meses antes del histórico derrumbe bursátil conocido como Black Monday, atravesó la recesión estadounidense de comienzos de los años noventa, enfrentó las crisis financieras de Asia y Rusia, gestionó el estallido de la burbuja tecnológica de las puntocom y lideró la respuesta monetaria posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Su nombre quedó asociado a una de las etapas de crecimiento más prolongadas de la economía estadounidense. Entre marzo de 1991 y marzo de 2001, Estados Unidos vivió una expansión económica ininterrumpida que, en ese momento, se convirtió en la segunda más larga de su historia.

El banquero central que desafió los pronósticos

Uno de los rasgos más distintivos de Greenspan fue su resistencia a endurecer la política monetaria frente a las advertencias sobre posibles brotes inflacionarios. Mientras muchos economistas reclamaban aumentos de tasas para enfriar la actividad, el presidente de la Fed sostenía que los avances tecnológicos y el aumento de la productividad estaban modificando las reglas tradicionales de la economía.

La apuesta resultó exitosa durante buena parte de los años noventa. La inflación permaneció controlada mientras la economía crecía con fuerza, impulsada por la revolución tecnológica y la expansión de Internet.

Esa capacidad para interpretar cambios estructurales antes que el consenso académico convirtió a Greenspan en una figura casi legendaria dentro de los mercados financieros. Su influencia era tal que cada una de sus declaraciones podía mover bolsas, bonos y monedas en todo el mundo.

Del prestigio al cuestionamiento

Sin embargo, la imagen casi mítica construida durante sus años de gestión sufrió un fuerte deterioro tras la crisis financiera internacional de 2007-2009.

Numerosos economistas señalaron que las bajas tasas de interés mantenidas durante los primeros años de la década del 2000 contribuyeron a inflar la burbuja inmobiliaria que terminó desencadenando el colapso financiero más grave desde la Gran Depresión.

También se cuestionó el enfoque regulatorio predominante durante su gestión, caracterizado por una fuerte confianza en la capacidad de los mercados para autorregularse.

Aun así, el debate sobre su legado continúa abierto. Para algunos analistas, Greenspan fue víctima de una revisión excesivamente severa tras la crisis. Stephen Oliner, exfuncionario de la Reserva Federal, sintetizó esa mirada al señalar que la admiración desmedida que recibió antes del colapso financiero fue tan exagerada como las críticas posteriores.

De músico de jazz a arquitecto de la política monetaria

Antes de convertirse en uno de los hombres más poderosos de Washington, Greenspan tuvo una trayectoria poco convencional.

Durante su juventud fue músico de jazz y saxofonista profesional. Su pasión por las matemáticas y las estadísticas —alimentada por su interés en los números del béisbol— lo llevó posteriormente a estudiar economía y construir una carrera que terminaría ubicándolo en el centro de la toma de decisiones globales.

Su capacidad técnica se combinó con una notable habilidad política. El biógrafo Sebastian Mallaby lo describió como un operador extraordinariamente eficaz, capaz de influir en presidentes, legisladores y funcionarios sin necesidad de ocupar siempre el primer plano del debate público.

Un legado que transformó a la Fed

La institución que Greenspan dejó en 2006 es muy distinta a la Reserva Federal actual.

Tras la crisis financiera global, sus sucesores incorporaron herramientas que durante su gestión eran excepcionales: tasas cercanas a cero, programas masivos de compra de activos, metas explícitas de inflación y una política de comunicación mucho más transparente.

Las conferencias de prensa regulares, las proyecciones públicas y la orientación futura sobre tasas se transformaron en prácticas habituales de la banca central moderna, en contraste con el estilo reservado que caracterizó a Greenspan.

Su legado permanece dividido entre dos visiones. Para sus admiradores, fue el arquitecto de una etapa de prosperidad extraordinaria y uno de los banqueros centrales más influyentes del siglo XX. Para sus críticos, no logró identificar a tiempo los desequilibrios que terminaron desembocando en la crisis financiera global.

Lo que resulta indiscutible es que pocas figuras dejaron una huella tan profunda sobre la política monetaria moderna y sobre el funcionamiento de la economía global como Alan Greenspan.

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Economía absorbe pesos y capta otros US$350 millones para reforzar el pago de deuda

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El Ministerio de Economía cerró la última licitación de mayo con un doble objetivo cumplido: refinanció más deuda de la que vencía y consiguió nuevos dólares para afrontar compromisos financieros de mitad de año. La Secretaría de Finanzas adjudicó instrumentos por $12,57 billones frente a vencimientos estimados en torno a $11 billones, alcanzando un rollover de 114,36%, mientras captó otros US$350 millones mediante bonos soberanos en moneda estadounidense.

La señal política y financiera no pasó inadvertida. El equipo económico volvió a ratificar la estrategia impulsada por el presidente Javier Milei: retirar liquidez del sistema para sostener el proceso de desaceleración inflacionaria y evitar presiones cambiarias en un contexto de fuerte necesidad de financiamiento.

Según informó la Secretaría de Finanzas, se recibieron ofertas totales por $16,14 billones y finalmente se adjudicaron $12,57 billones. El resultado permitió cubrir la totalidad de los vencimientos y absorber excedentes, evitando que nuevos pesos quedaran circulando en la economía.

La operación consolida una lógica que el Gobierno viene sosteniendo desde comienzos de año: priorizar el orden monetario incluso a costa de mantener tasas elevadas y restringir liquidez.

La mayor demanda de inversores se concentró en instrumentos de corto plazo y en bonos a tasa fija o vinculados a la tasa TAMAR. Desde Portfolio Personal Inversiones señalaron que la licitación mostró “una duration algo más moderada que las anteriores y una fuerte concentración en instrumentos a tasa fija y TAMAR”.

La principal colocación en pesos fue una letra capitalizable con vencimiento en septiembre de 2026, por $5,16 billones, con una tasa efectiva mensual de 1,99% y una TIREA de 26,68%.

También hubo fuerte participación en bonos ajustados por CER y en instrumentos dólar linked, una señal de que parte del mercado sigue buscando cobertura ante posibles movimientos inflacionarios o cambiarios.

El Gobierno sumó dólares para enfrentar vencimientos

La otra lectura relevante de la licitación estuvo en el financiamiento en moneda dura. Economía adjudicó US$200 millones del BONAR 2027 (AO27) y otros US$150 millones del BONAR 2028 (AO28), captando en total US$350 millones.

En el caso del AO27, que vence en octubre de 2027, la tasa adjudicada fue de 5,12% TIREA. Para el AO28, con vencimiento en 2028, la tasa escaló a 8,49%.

El objetivo inmediato es fortalecer depósitos y liquidez en dólares antes del próximo gran vencimiento de deuda soberana, estimado en aproximadamente US$4.300 millones para mitad de año.

El dato político es relevante porque el Gobierno continúa recurriendo al mercado para obtener financiamiento sin acudir a emisión monetaria directa ni mecanismos extraordinarios del Banco Central.

La estructura de la licitación mostró un mercado financiero que sigue privilegiando instrumentos de cobertura y horizontes relativamente cortos.

Las letras dólar linked adjudicaron $0,75 billones para vencimiento en julio de 2026 y $1,06 billones para marzo de 2027, ambas con tasas reales positivas.

Mientras tanto, el bono atado a TAMAR con vencimiento en 2028 absorbió $3,76 billones, reflejando que los inversores todavía exigen mecanismos que protejan rendimientos frente a la volatilidad financiera.

La estrategia oficial mantiene una tensión de fondo: absorber pesos ayuda a contener inflación y tipo de cambio, pero también sostiene un esquema de tasas elevadas que encarece el crédito y restringe actividad económica.

Disciplina monetaria y señal al mercado

El resultado de la licitación fortalece la narrativa oficial de disciplina fiscal y monetaria. El Gobierno logra mostrar capacidad de refinanciamiento en moneda local y acceso parcial al financiamiento en dólares sin recurrir a organismos multilaterales ni emisión extraordinaria.

Al mismo tiempo, la elevada demanda por cobertura cambiaria y bonos ajustados expone que el mercado todavía mantiene cautela sobre la estabilidad de mediano plazo.

La segunda vuelta prevista para los BONAR 2027 y 2028 permitirá medir si el apetito financiero se sostiene en las próximas horas y cuánto margen adicional consigue acumular el Tesoro antes de los vencimientos de junio.

La licitación mostró que el Gobierno conserva capacidad de financiamiento en el mercado local y todavía logra captar dólares para sostener sus compromisos externos. Sin embargo, el equilibrio sigue dependiendo de variables delicadas: inflación, demanda de pesos, tasas reales y confianza financiera.

La próxima prueba será verificar si la estrategia de absorción monetaria logra sostener estabilidad sin profundizar la desaceleración económica que ya empieza a reflejarse en varios indicadores de actividad y consumo.

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Economía licita deuda en pesos y dólares para sostener financiamiento y captar cobertura cambiaria

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El Gobierno convocó a una nueva licitación de instrumentos del Tesoro para el 27 de mayo con títulos en pesos, ajustados por inflación y bonos en dólares. La estrategia combina financiamiento de corto plazo, señales al mercado y búsqueda de estabilidad financiera en un contexto de fuerte seguimiento sobre reservas y tipo de cambio.

La Secretaría de Finanzas lanzó una nueva convocatoria para licitar instrumentos del Tesoro Nacional denominados en pesos y en dólares estadounidenses, en una operación prevista para el miércoles 27 de mayo que incluirá letras capitalizables, bonos CER, títulos dólar linked y bonos soberanos en moneda estadounidense.

La operación aparece en un momento sensible para la estrategia financiera del Gobierno nacional: sostener financiamiento en el mercado local, administrar vencimientos y mantener demanda por instrumentos públicos en medio de una economía todavía atravesada por tensiones cambiarias e inflación residual.

El menú financiero diseñado por Economía combina cobertura inflacionaria, cobertura cambiaria y deuda hard dollar, una señal que el mercado sigue de cerca para medir expectativas sobre tasas, reservas y estabilidad monetaria.

Qué instrumentos ofrecerá el Tesoro

La licitación incluirá ocho instrumentos distintos, distribuidos entre deuda en pesos y títulos vinculados al dólar.

Entre los instrumentos en pesos aparecen: una nueva LECAP con vencimiento el 15 de septiembre de 2026; dos BONCER ajustados por CER con vencimientos en marzo y septiembre de 2027; y un bono TAMAR a tasa variable con vencimiento en agosto de 2028. A eso se suman dos letras dólar linked: una con vencimiento en julio de 2026; otra en marzo de 2027.

El tramo más observado por el mercado será el de bonos en dólares estadounidenses: BONAR 2027 (AO27), y BONAR 2028 (AO28). Ambos deberán suscribirse exclusivamente en dólares.

El Gobierno busca pesos, dólares y señal política al mercado

La estructura de la licitación muestra una estrategia financiera múltiple.

Por un lado, el Tesoro intenta captar liquidez en pesos mediante instrumentos de corto y mediano plazo.

Por otro, ofrece títulos ajustados por CER y dólar linked para absorber demanda de cobertura frente a inflación y tipo de cambio.

Finalmente, vuelve a buscar financiamiento directo en dólares mediante reaperturas de BONAR.

El AO27 tendrá un tope de emisión de USD 200 millones en primera vuelta, mientras que el AO28 contará con un máximo inicial de USD 150 millones.

La operación incluirá además una segunda vuelta por adhesión para ambos bonos.

Cobertura cambiaria y tasas: la lectura del mercado

La presencia de nuevas letras dólar linked vuelve a mostrar que el Gobierno busca mantener instrumentos de cobertura cambiaria dentro del mercado formal.

Estos títulos permiten suscribir en pesos, pero ajustan capital según evolución del tipo de cambio oficial de referencia del Banco Central.

La decisión aparece alineada con un contexto donde el mercado sigue monitoreando: acumulación de reservas, ritmo de crawling peg, y sostenibilidad financiera del programa económico.

Al mismo tiempo, la continuidad de bonos CER refleja que la inflación todavía sigue siendo un componente central de las decisiones de inversión.

La licitación mantendrá el esquema de doble tramo: competitivo, y no competitivo. El tramo no competitivo estará limitado a: hasta VNO $50 millones para instrumentos en pesos; y hasta USD 50.000 para instrumentos en dólares.

La Secretaría de Finanzas precisó además que las ofertas deberán presentarse mediante agentes registrados ante la Comisión Nacional de Valores.

Financiamiento interno y presión sobre el mercado

La licitación funciona como un termómetro de confianza financiera.

Un buen nivel de adhesión permitiría al Tesoro renovar vencimientos y sostener financiamiento sin incrementar presión monetaria.

Por el contrario, tasas elevadas o baja demanda podrían reflejar mayor cautela del mercado respecto de inflación, tipo de cambio o sostenibilidad fiscal.

La operación también influye sobre: curvas de tasas, costo del crédito, y expectativas de devaluación.

La licitación del 27 de mayo funcionará como una prueba relevante para la estrategia financiera del Gobierno.

El resultado permitirá observar: apetito por deuda en pesos, demanda de cobertura cambiaria, capacidad de captar dólares, y percepción de riesgo sobre el programa económico.

La combinación de instrumentos muestra que el Ejecutivo todavía necesita equilibrar múltiples frentes al mismo tiempo: financiamiento, reservas, inflación y estabilidad cambiaria.

El comportamiento del mercado frente a esta licitación será uno de los indicadores más observados por bancos, fondos de inversión y sectores productivos en las próximas semanas.

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