tasas en pesos

El dólar mayorista cerró por encima de los $1.510

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El dólar mayorista volvió a subir y se consolidó por encima de los $1.500, un nivel que durante las últimas semanas había funcionado como referencia informal para el mercado y que el Gobierno había intentado contener mediante una combinación de intervención cambiaria, operaciones de cobertura y administración de la liquidez. La cotización cerró en $1.511,50, con un incremento de $1,50, y marcó un nuevo máximo nominal.

El movimiento tuvo relevancia menos por su magnitud diaria que por el cambio de comportamiento frente a una zona que el mercado había identificado como un límite de corto plazo. El avance se produjo pese a la intervención oficial y dejó en evidencia que la defensa de ese nivel comenzaba a enfrentar costos crecientes sobre el mercado de pesos.

El mayorista quedó así a $361,58 del techo de la banda cambiaria, establecido actualmente en $1.873,08. La distancia equivale al 23,92%, por lo que el salto por encima de los $1.500 no implica, por sí mismo, una ruptura del esquema formal de bandas. Lo que cambió es el margen que el Gobierno parece dispuesto a otorgarle al tipo de cambio dentro de ese corredor.

La jornada registró operaciones por unos USD 421 millones. Parte de la presión pudo estar vinculada al vencimiento de instrumentos dólar linked previsto para el 31 de agosto. En el mercado señalaron que el denominado “fix” de este miércoles constituye una referencia relevante para determinar el valor de pago de esos instrumentos y podría haber contribuido a concentrar demanda en el mercado cambiario.

Durante las últimas semanas, los operadores habían identificado distintas señales de intervención destinadas a evitar que el mayorista atravesara los $1.500. Entre ellas aparecieron ventas de contratos de dólar futuro, colocaciones de bonos dólar linked y una menor participación compradora del Banco Central en el mercado de cambios.

La percepción de que existía un techo informal comenzó a consolidarse hacia fines de julio, cuando el mercado detectó movimientos compatibles con ventas oficiales para contener el tipo de cambio. Poco después, el balance diario del Banco Central mostró una reducción de USD 145 millones en los depósitos en moneda extranjera del Tesoro entre el 28 y el 29 de julio, en coincidencia con una jornada en la que el mayorista se había aproximado a esa zona.

A esa dinámica se sumó el corte de una racha de 135 jornadas consecutivas con compras de divisas por parte del BCRA. La interrupción ocurrió precisamente cuando el tipo de cambio oficial funcionaba como referencia para instrumentos dólar linked, lo que reforzó la lectura de que el Gobierno estaba utilizando distintas herramientas para administrar la trayectoria cambiaria.

Ahora, la ruptura de los $1.500 comienza a ser interpretada por parte del mercado como una flexibilización de ese límite de facto. La hipótesis central es que sostenerlo mediante mayores tasas en pesos estaba generando un costo financiero que podía terminar siendo más relevante que permitir una depreciación moderada del tipo de cambio.

El economista Lucio Garay Méndez, de EcoGo, señaló que el Gobierno utilizó durante este período distintas herramientas para contener el dólar y que esa estrategia implicó resignar compras del Banco Central, además de utilizar junto con el Tesoro instrumentos dólar linked y futuros para ofrecer cobertura.

Según su lectura, esa política también generó “un estrés sobre las tasas del mercado” que incrementó tanto el costo de fondeo de los bancos como el costo de la liquidez. Al considerar que la presión dejó de ser transitoria, el Gobierno habría decidido modificar la estrategia.

Gabriel Caamaño, director de Outlier, planteó una interpretación similar. A su juicio, una flexibilización del techo de $1.500 debería contribuir a reducir la tasa en pesos y su volatilidad. La lógica es que una defensa más flexible del tipo de cambio disminuye la necesidad de utilizar tasas elevadas como mecanismo para desalentar la demanda de cobertura cambiaria.

El punto central de la estrategia pasa entonces por administrar tres variables al mismo tiempo: dólar, liquidez y tasas. Una defensa rígida de un determinado nivel cambiario puede contener la cotización en el corto plazo, pero también incrementar el costo del dinero, encarecer el financiamiento y aumentar la volatilidad del mercado de pesos.

Por eso, distintos operadores consideran que el movimiento no necesariamente representa un cambio de régimen cambiario. La interpretación predominante es la de una mayor flexibilidad dentro del esquema vigente, con un Gobierno dispuesto a tolerar un tipo de cambio más alto si eso permite reducir la presión financiera sobre las tasas.

Los otros segmentos del mercado ya habían superado ampliamente la referencia de $1.500. El dólar oficial minorista cerró en $1.530 para la venta en Banco Nación, mientras que el blue se ubicó en $1.560. En los dólares financieros, el MEP operó en torno a $1.543,60 para la venta y el contado con liquidación llegó a $1.600,90.

En el mercado de futuros, las variaciones fueron acotadas. Para diciembre, los contratos reflejaron un tipo de cambio de $1.626,50, una referencia que permite observar que los operadores todavía no están descontando una aceleración abrupta de la depreciación cambiaria, aunque sí un nivel nominal superior al actual.

La cotización mayorista también debe leerse en relación con las reservas. El Banco Central viene acumulando divisas y recientemente alcanzó niveles de reservas brutas cercanos a los USD 51.000 millones. Esa posición le otorga mayor capacidad de intervención, pero no elimina la disyuntiva entre utilizar reservas para contener el dólar o permitir una mayor flexibilidad para preservar las condiciones monetarias.

La señal que deja esta jornada es, por lo tanto, más estratégica que cambiaria. El Gobierno parece haber aceptado que los $1.500 dejaron de ser un límite infranqueable y busca administrar el costo de sostener ese nivel sobre las tasas y la liquidez. El desafío será evitar que esa flexibilización se transforme en una aceleración de las expectativas de devaluación.

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El dólar encadena tres bajas y el Gobierno apuesta a consolidar la estabilidad cambiaria

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El dólar oficial cayó por tercera jornada consecutiva y cerró en $1.368, con una baja diaria de $9,50 (-0,7%), en un escenario que el Gobierno busca consolidar como señal de estabilización macroeconómica. La cotización minorista perforó los $1.400 en el Banco Nación —cerró en $1.390—, algo que no ocurría desde el 23 de febrero, mientras que la brecha con el techo de la banda superó el 20% por primera vez en nueve meses.

El movimiento no es menor. En un contexto donde la política económica intenta anclar expectativas, la baja del dólar se convierte en un dato político: refuerza el discurso oficial de control de variables clave, pero al mismo tiempo expone la dependencia de factores externos y financieros que todavía no terminan de consolidarse.

Estabilidad cambiaria: entre el flujo de divisas y la estrategia del Tesoro

La dinámica actual del mercado cambiario se apoya en un elemento central: la expectativa de un flujo sostenido de dólares en el corto plazo. En esa ecuación confluyen tres variables.

Por un lado, la recuperación del superávit energético, que comienza a revertir una de las fuentes históricas de presión sobre las reservas. Por otro, la inminente liquidación de la cosecha agrícola a partir del próximo mes, que suele reforzar la oferta de divisas en el segundo trimestre del año.

A esto se suma una tercera pata: el nivel de tasas en pesos, que incentiva la colocación en instrumentos del Tesoro a corto plazo. Este esquema no solo absorbe liquidez, sino que también actúa como un factor de contención sobre la demanda de dólares financieros.

En ese marco, los tipos de cambio alternativos se mantienen relativamente alineados: el dólar MEP opera en torno a $1.399,70, el contado con liquidación en $1.448,72 y el blue en $1.425. El dólar tarjeta, con el recargo del 30% deducible de Ganancias, se ubica en $1.807.

Impacto económico: alivio parcial y señales mixtas

La baja del dólar tiene efectos directos sobre la economía real, aunque con matices. En el corto plazo, contribuye a moderar expectativas inflacionarias, especialmente en bienes transables o vinculados a importaciones. También mejora el margen para sostener tasas en pesos sin generar presión inmediata sobre el tipo de cambio.

Sin embargo, el traslado al bolsillo no es automático. La estabilidad cambiaria convive con otros factores de presión, como costos regulados o dinámicas internas de precios. Además, el propio esquema que sostiene la calma —tasas elevadas y expectativa de ingreso de divisas— implica costos financieros que pueden impactar en la actividad.

En términos políticos, el Gobierno encuentra en este dato un respaldo para su estrategia, pero no necesariamente una validación definitiva. La estabilidad cambiaria es condición necesaria para la recuperación, pero no suficiente.

Un equilibrio en construcción

La caída del dólar por tres jornadas consecutivas marca un punto de inflexión táctico, pero no cierra el debate sobre la sostenibilidad del esquema. La clave estará en si el flujo de divisas se consolida más allá de factores estacionales y si el mercado mantiene la confianza en los instrumentos en pesos.

En las próximas semanas, el foco se trasladará a la magnitud de la liquidación agrícola y al comportamiento de las tasas. También a la capacidad del Gobierno para sostener este equilibrio sin generar nuevas tensiones.

Por ahora, el dólar baja y el mercado toma nota. Pero la pregunta sigue abierta: ¿es el inicio de una estabilidad estructural o apenas una ventana de calma en un proceso todavía en desarrollo?

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El dólar sube por tercer día, pero sigue lejos del techo de las bandas cambiarias

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El tipo de cambio oficial volvió a subir por tercera jornada consecutiva, aunque permanece holgadamente dentro del régimen de bandas cambiarias vigente desde enero. El dólar mayorista cerró a $1.442,50 y el minorista a $1.465 en el Banco Nación, en un contexto de estabilidad cambiaria, acumulación de reservas del Banco Central y reacomodamiento de portafolios hacia instrumentos en pesos.

El movimiento se dio en el primer mes de funcionamiento pleno de las bandas cambiarias oficiales ajustadas por inflación, un esquema que, pese a la reciente corrección al alza, mantiene al dólar un 8,1% por debajo del techo de libre flotación fijado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Estabilidad cambiaria y margen dentro de las bandas oficiales

En el segmento mayorista, el dólar avanzó cinco pesos o 0,4%, hasta $1.442,50 para la venta, su valor más alto desde el 14 de enero. Aun así, el tipo de cambio oficial conserva en lo que va del mes un descenso acumulado de $12,50 o 0,9% respecto de los $1.455 registrados el 30 de diciembre, previo al inicio de enero.

Para la rueda analizada, el BCRA fijó el techo de la banda cambiaria en $1.559,78, lo que deja al dólar mayorista $117,28 por debajo de ese límite, equivalente a un 8,1%, antes de que se habilite la libre flotación de la divisa.

En el mercado minorista, el dólar al público también mostró una suba de cinco pesos o 0,3%, al cerrar a $1.465 para la venta en el Banco Nación. Según el relevamiento del BCRA, el promedio del sistema financiero fue de $1.463,48 para la venta y $1.412,81 para la compra.

Por su parte, el dólar informal cerró sin cambios en $1.490, luego de haber tocado $1.500 al mediodía. En enero, el blue acumula una baja de $40 o 2,6%, tras haber registrado el lunes un piso intradiario en $1.480, el valor más bajo desde el 15 de diciembre.

Reacomodamiento de portafolios y menor dolarización

El comportamiento del mercado cambiario se explica, en parte, por un flujo vendedor de dólares financieros. Según explicó Félix Marenco, asesor financiero de Cocos Gold, “aparece un flujo vendedor de dólares financieros de quienes habían acumulado divisas como cobertura y hoy las venden para hacer tasa en pesos”.

Marenco agregó que existe además un componente más estructural: “parte de ese stock de dólares se liquida para financiar consumo y gastos corrientes, en un contexto donde los ingresos reales siguen ajustados”. Este fenómeno se inscribe en un proceso más amplio de recomposición de carteras, tras un período de elevada dolarización.

En esa línea, el analista sostuvo que “la combinación de menor incertidumbre política, tasas reales positivas y una economía que había quedado excesivamente dolarizada respecto del M2 (Base Monetaria) explica la fuerte caída en la compra-venta de dólares y el crecimiento de la inversión en fondos e instrumentos en pesos”. Para Marenco, no se trata de un evento aislado, sino de “un reacomodamiento natural de portafolios frente a un nuevo equilibrio de expectativas”.

Reservas en alza y señales positivas para el mercado financiero

El fortalecimiento del esquema cambiario se apoya también en la acumulación de reservas internacionales, que se ubican en máximos desde septiembre de 2021. Un informe de Portfolio Personal Inversiones (PPI) destacó que “el foco del mercado seguirá puesto en la capacidad del BCRA para sostener este ritmo de acumulación”.

El reporte subrayó que comprar más de USD 1.000 millones en menos de un mes constituye “una señal muy positiva”, que explica por qué muchos inversores pasaron de una posición de cautela a “pagar Globales, llevando el riesgo país a mínimos”. Según PPI, las condiciones para que esta dinámica continúe son favorables: el agro liquida en enero unos USD 85 millones diarios, mientras que las emisiones corporativas ya aportaron USD 2.800 millones, con otros USD 3.600 millones aún por ingresar al 16 de enero, de acuerdo con la última presentación del BCRA.

En materia de activos, Ignacio Morales, Chief Investments Officer de Wise Capital, señaló que “parte relevante de esta suba de reservas estuvo explicada por un nuevo avance del precio del oro en los mercados internacionales”, un activo con peso significativo en el balance de la autoridad monetaria.

Morales agregó que, con este desempeño, “el mercado sigue de cerca la capacidad del BCRA para sostener el actual ritmo de acumulación de divisas en las próximas semanas”, en un escenario donde la estabilidad cambiaria y la dinámica de reservas continúan siendo variables centrales para las expectativas financieras.

En paralelo, el Banco Central informó que al 22 de enero los depósitos en dólares en efectivo del sector privado registraron una leve baja de USD 4 millones, para ubicarse en USD 37.982 millones, un nivel que se mantiene muy cerca de su récord reciente.

Un escenario de control y expectativas en equilibrio

Con el dólar aún lejos del techo de las bandas, reservas en niveles máximos de más de dos años y un mercado que migra gradualmente hacia activos en pesos, enero consolida un escenario de relativa estabilidad cambiaria. No obstante, los analistas coinciden en que el sostenimiento de esta dinámica dependerá de la continuidad del ingreso de divisas, el manejo de las expectativas y la capacidad del BCRA para preservar el equilibrio entre tipo de cambio, tasas y reservas.

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