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Mora récord en tarjetas: bancos y Congreso activan planes para contener una crisis de deuda familiar

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El sistema financiero argentino enfrenta un punto de inflexión: la morosidad en tarjetas de crédito alcanzó en 2026 niveles récord en más de dos décadas, reactivando alarmas en bancos, fintech y en el propio Congreso, donde ya se discuten mecanismos de alivio para los hogares más endeudados.

De acuerdo con estimaciones privadas, la irregularidad en la financiación con tarjetas trepó al 11% en el segmento bancario -con picos de 11,2% en marzo-, el nivel más alto desde la crisis de 2001-2002. En el circuito no bancario, donde operan billeteras digitales y fintech, la mora escala hasta el 25%, con impacto particularmente fuerte en jóvenes y jubilados.

El fenómeno se da en un contexto macroeconómico distinto al de años anteriores: con menor inflación, las deudas dejan de licuarse y el peso de las cuotas sobre los ingresos se vuelve más visible, mientras las tasas reales positivas encarecen la refinanciación.

Un problema estructural que escala

El deterioro de la capacidad de pago afecta a millones de personas. Según datos legislativos, cerca de 5 millones de argentinos enfrentan dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, mientras que la morosidad alcanza al 40% de los jóvenes y se multiplicó por cuatro en jubilados.

Las consecuencias son múltiples: intereses punitorios elevados, reportes negativos en centrales de riesgo y potenciales acciones judiciales como embargos.

Morosidad récord en tarjetas y crédito

Argentina | Datos seleccionados 2016-2026

Segmento / año 2016 2019 2020 2025 2026
Sistema total 3,2% 7,0% 3,2%
Tarjetas bancarias 2,0% 11,0%
Familias 3,9% 6,0% 3,2% 9,3%
Fintech / no bancario 25,0%

Claves:

  • La mora en tarjetas bancarias saltó de 2% en enero de 2025 a 11% en enero de 2026.
  • En familias, la irregularidad trepó al 9,3%.
  • En el circuito no bancario y fintech, la morosidad supera el 25%.

Fuente: estimaciones privadas y datos citados por iProfesional.

Uno de los factores críticos es la desregulación de tasas. Actualmente, la refinanciación de saldos impagos puede implicar tasas nominales anuales de entre 100% y 120%, e incluso superiores en 2025, lo que acelera el deterioro de la deuda. En casos extremos, un saldo impago puede cuadruplicarse en pocos meses.

Bancos y fintech buscan alternativas

Frente a este escenario, las entidades financieras —tanto bancarias como digitales— comenzaron a evaluar mecanismos de contención para evitar una escalada mayor del problema.

Entre las opciones en análisis se destacan:

  • Refinanciación a tasa fija más baja (en torno al 30% nominal anual)
  • Planes de pago de entre 6 y 24 meses
  • Límites a los montos refinanciables
  • Esquemas similares a los aplicados durante la pandemia

Estas medidas buscan evitar la exclusión financiera masiva y contener el deterioro de la cartera crediticia.

El Congreso avanza con una “segunda oportunidad”

En paralelo, el Congreso analiza al menos seis proyectos de ley impulsados por la oposición. El más relevante, denominado “Segunda Oportunidad”, propone un régimen de reestructuración de deudas con mediación estatal.

Entre sus principales ejes figuran:

  • Eliminación de intereses por mora
  • Planes de pago sostenibles
  • Tope de cuota del 30% sobre ingresos familiares

La iniciativa busca replicar criterios similares a los créditos hipotecarios, donde el peso de la cuota está acotado para garantizar viabilidad.

De la pandemia a la nueva dinámica de deuda

Durante la pandemia, medidas del Banco Central -como la refinanciación automática de saldos y la extensión de plazos- permitieron contener la mora, que llegó al 7% en 2020 y luego descendió al 3,2% en hogares.

Hoy, sin ese paraguas regulatorio, el escenario es distinto: la combinación de endeudamiento acumulado desde 2024, menor licuación inflacionaria y tasas elevadas genera un cóctel que presiona sobre la capacidad de pago.

La dinámica actual marca un cambio de régimen: el crédito vuelve a ser un factor de riesgo sistémico para las familias, en un contexto donde la recuperación económica no logra compensar el peso creciente de las obligaciones financieras.

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