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Misiones celebra la final provincial de la Olimpíada de Innovación con IA en el ISES

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Más de 260 estudiantes de Misiones competirán en la instancia final de la Olimpíada de Programación, Informática e Innovación con IA 2025

El evento educativo más importante en materia de innovación tecnológica de Misiones se realizará este viernes 24 de octubre en el Instituto Superior Espíritu Santo. Participan delegaciones de toda la provincia y se esperan autoridades provinciales y educativas.

Misiones consolida su liderazgo en innovación educativa

Este viernes 24 de octubre, desde las 7:00 hasta las 15:00, el Instituto Superior Espíritu Santo (ISES) de Posadas será sede de la Instancia Final de la Olimpíada de Programación, Informática e Innovación con Inteligencia Artificial (OPIIA 2025), una iniciativa que cumple su cuarta edición y se consolida como una de las experiencias más relevantes en innovación educativa y tecnológica de la provincia.

Organizado con el acompañamiento del Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones (SPEPM) y la Red de Escuelas Innova, el encuentro reunirá a más de 260 estudiantes finalistas que competirán en diferentes desafíos de programación, robótica, pensamiento lógico y aplicación de IA, luego de una intensa etapa de clasificación provincial.

La jornada incluirá competencias por equipos, evaluaciones técnicas y actividades de integración. El acto central está previsto para las 14:15 h, momento en el que se realizará la entrega de premios a los ganadores, con la presencia de autoridades provinciales, directivos educativos y referentes del sector tecnológico.

Más de 650 participantes en una edición récord

La edición 2025 de la OPIIA movilizó a más de 650 estudiantes y docentes de distintos puntos de la provincia. Que participaron en instancias escolares y zonales desarrolladas en Apóstoles, Oberá, Eldorado y Posadas.

El proceso de clasificación se llevó a cabo durante varios meses, con un formato que combina evaluaciones presenciales y desafíos virtuales, orientados a promover la creatividad aplicada, la resolución de problemas y el trabajo colaborativo.

“La Olimpíada no solo fomenta el aprendizaje tecnológico, sino que impulsa una nueva cultura digital en el aula, basada en la innovación y la participación activa de los jóvenes”, destacaron desde la organización.

El evento busca fortalecer el desarrollo de habilidades STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática). En línea con las políticas educativas provinciales que promueven la alfabetización digital y la incorporación de la Inteligencia Artificial en el aprendizaje escolar.

Cronograma del evento y estructura de competencia

El encuentro se desarrollará en el campus del ISES, ubicado en España N° 2729, Posadas, e iniciará con las acreditaciones a las 7:00. La competencia se dividirá en dos instancias principales de resolución de desafíos, con un break a media mañana y un almuerzo técnico de corrección final antes del acto protocolar.

Cronograma general – OPIIA 2025 (24 de octubre):

  • 07:00 – Acreditaciones
  • 08:00 – Palabras de bienvenida
  • 08:15 – Indicaciones operativas
  • 08:20 – Distribución de equipos
  • 08:30 – Primera instancia de competencia
  • 10:30 – Break
  • 11:00 – Segunda instancia de competencia
  • 13:00 – Almuerzo / corrección final
  • 14:15 – Acto protocolar y entrega de premios
  • 15:00 – Cierre y entrega de constancias docentes

Se espera una importante presencia institucional. En un contexto donde Misiones se posiciona como referente en educación tecnológica y formación digital en el NEA.

OPIIA: innovación con propósito

La Olimpíada de Programación, Informática e Innovación con IA (OPIIA) fue concebida como un laboratorio educativo provincial. Para incentivar la formación en competencias digitales desde edades tempranas.

A lo largo de sus ediciones, el programa ha contribuido a la articulación entre escuelas técnicas, institutos de formación y universidades. Generando un ecosistema educativo y tecnológico en expansión.

La edición 2025 refuerza este propósito con un enfoque en inteligencia artificial aplicada a la educación, abriendo espacios para que los estudiantes experimenten con herramientas de automatización, desarrollo de software y pensamiento computacional.

“Eventos como la OPIIA son una muestra del compromiso de Misiones con la educación del futuro: inclusiva, digital y creativa”, remarcaron fuentes del SPEPM.

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Destrucción creativa y progreso tecnológico: las ideas que llevaron a Aghion, Howitt y Mokyr al Nobel de Economía

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Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt recibieron el Premio Nobel de Economía 2025. Es por sus aportes a la teoría del crecimiento impulsado por la innovación

Los tres economistas fueron distinguidos por la Real Academia Sueca de Ciencias por sus investigaciones sobre el progreso tecnológico y la “destrucción creativa” como pilares del desarrollo económico moderno.

El conocimiento como motor del crecimiento económico

El Premio Nobel de Economía 2025 fue otorgado a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt. Tres académicos cuyas investigaciones redefinieron la comprensión del crecimiento económico sostenido. La Real Academia Sueca de Ciencias anunció este lunes que los economistas son reconocidos “por haber explicado el crecimiento económico impulsado por la innovación”.

Mokyr, profesor en la Universidad Northwestern (EE.UU.), recibirá la mitad del premio de 11 millones de coronas suecas (equivalentes a unos USD 1 millón), “por haber identificado los requisitos previos para el crecimiento sostenido a través del progreso tecnológico”. La otra mitad será compartida entre Aghion —del Collège de France, INSEAD y la London School of Economics— y Howitt —profesor emérito de la Universidad Brown— “por la teoría del crecimiento sostenido a través de la destrucción creativa”.

El comité destacó que sus trabajos “ayudan a comprender por qué las economías modernas han logrado sostener el crecimiento durante más de dos siglos. Mientras que durante la mayor parte de la historia humana prevaleció el estancamiento”.

De la Revolución Científica a la Revolución Industrial

El historiador económico Joel Mokyr (Leiden, Países Bajos, 1946) centró su obra en explicar cómo la relación entre conocimiento científico y aplicación tecnológica transformó las economías modernas.

Su investigación demostró que el progreso sostenido se produce cuando las innovaciones tecnológicas se basan no solo en la experiencia empírica. Sino también en explicaciones científicas que permiten perfeccionar los descubrimientos existentes. Mokyr sostiene que la Revolución Científica de los siglos XVI y XVII —con su énfasis en la medición, la experimentación y la reproducibilidad— sentó las bases del crecimiento industrial que comenzó en Gran Bretaña.

El académico identificó, además, factores institucionales que facilitaron este proceso: sociedades abiertas al cambio, redes de artesanos y técnicos calificados, y un entorno político que no impedía la difusión de nuevas ideas. En palabras del comité sueco, su trabajo “muestra cómo la interacción entre cultura, conocimiento y tecnología es la clave para entender el desarrollo económico moderno”.

La teoría de la destrucción creativa: innovación y competencia

Por su parte, Philippe Aghion (París, 1956) y Peter Howitt (Canadá, 1946) desarrollaron un modelo matemático que formalizó el concepto de “destrucción creativa”. Originalmente formulado por Joseph Schumpeter.

En su célebre artículo de 1992, los economistas explicaron cómo las nuevas tecnologías y productos reemplazan constantemente a los antiguos, impulsando la productividad y el crecimiento a largo plazo. Sin embargo, este proceso —advirtieron— también genera tensiones: las empresas líderes del pasado pierden terreno cuando emergen innovaciones superiores.

Su modelo integró los vínculos entre investigación y desarrollo (I+D), mercados financieros, competencia y dinámica empresarial. Demostrando que el crecimiento no es lineal ni uniforme, sino el resultado de una competencia continua por mejorar.

El Comité del Nobel destacó que sus hallazgos “proporcionan una guía esencial para el diseño de políticas públicas que equilibren los incentivos a la innovación con la necesidad de proteger la competencia”.

Implicancias y desafíos para las economías modernas

El presidente del Comité del Premio de Ciencias Económicas, John Hassler, remarcó durante el anuncio que: “el trabajo de los laureados muestra que el crecimiento económico no puede darse por sentado. Mantener los mecanismos que sustentan la destrucción creativa es fundamental para evitar el estancamiento”.

El reconocimiento a Mokyr, Aghion y Howitt adquiere relevancia en un contexto global de transformación tecnológica acelerada, marcado por la inteligencia artificial, la automatización y la transición energética. Sus teorías ofrecen herramientas para comprender cómo las políticas de innovación, educación y competencia pueden determinar el rumbo económico de los países en las próximas décadas.

El Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, creado en 1968, ha sido otorgado 56 veces a un total de 96 economistas. Aunque no formaba parte del testamento original de Alfred Nobel, se entrega cada 10 de diciembre, junto con los demás premios, en Estocolmo.

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Más de 140 niñas participaron del Ada Lovelace Day 2025 en la Escuela de Robótica de Misiones

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La Escuela de Robótica de Misiones fue seleccionada por primera vez como sede oficial del Ada Lovelace Day 2025, una jornada internacional que celebra el legado de la primera programadora de la historia y promueve la participación de mujeres y niñas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).

Con más de 140 inscriptas, la sede misionera fue la de mayor convocatoria del país, reafirmando el liderazgo de Misiones en políticas de innovación educativa y equidad de género en el ámbito tecnológico.

Aprender jugando: cuando la tecnología se vuelve experiencia

A lo largo de la mañana, las niñas participaron de talleres creativos e interactivos que combinaron el juego con la experimentación tecnológica.

Entre las propuestas destacadas estuvieron “Dibujos sin dibujar”, una experiencia donde exploraron la relación entre algoritmos y arte, y “Enviar fotos sin WhatsApp”, que permitió descubrir los principios básicos de la comunicación digital.

Cada grupo trabajó acompañado por facilitadores y voluntarios de la Escuela de Robótica, quienes guiaron las actividades fomentando el trabajo en equipo, la curiosidad y la resolución de desafíos a través del pensamiento lógico y la creatividad.

La jornada también incluyó un intercambio virtual con sedes de toda Latinoamérica, la proyección de un audiovisual sobre la vida de Ada Lovelace y una puesta en común final, donde las participantes compartieron sus aprendizajes y experiencias.

Una apuesta educativa con perspectiva de futuro

“Ser sede del Ada Lovelace Day es un reconocimiento al modelo educativo que Misiones viene construyendo. Cada niña que hoy se acercó a experimentar con la tecnología está dando un paso hacia un futuro donde la ciencia sea más humana, más inclusiva y más cercana a la vida”, expresó la Lic. Araceli Vera, Coordinadora General de la Escuela de Robótica de Misiones.

“Estos espacios no solo promueven vocaciones tempranas, sino que también nos interpelan como educadores: debemos seguir generando oportunidades para que las niñas se vean a sí mismas como creadoras de tecnología, no solo como usuarias”, agregó.

Por su parte, la Lic. Agostina Max, facilitadora y encargada de la organización del evento, destacó el entusiasmo de las participantes: “Las niñas se apropiaron del espacio desde el primer momento. Lo vivieron con alegría, con preguntas y con ganas de descubrir. Nuestra meta fue que cada una se fuera con la certeza de que la tecnología también es su lugar, y lo logramos”.

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Cómo la batalla por el control podría aplastar la promesa de la IA

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Por Carl Benedikt Frey – Un cambio hacia la centralización y la concentración podría acabar con el potencial productivo de la tecnología

A mediados del siglo XX, los éxitos tecnológicos de la Unión Soviética, en particular el lanzamiento del Sputnik y el envío de Yuri Gagarin al espacio, convencieron a muchos observadores de que las economías de planificación centralizada podrían superar a las impulsadas por el mercado. Economistas prominentes como Paul Samuelson predijeron que la URSS pronto superaría económicamente a Estados Unidos, mientras que Oskar Lange, un economista y socialista polaco, argumentó que las tecnologías informáticas emergentes podrían reemplazar efectivamente el mecanismo de mercado obsoleto.

Sin embargo, paradójicamente, la URSS colapsó justo cuando despegó la revolución informática. A pesar de las considerables inversiones, incluido el intento de Nikita Khrushchev de crear una contraparte soviética de Silicon Valley en las afueras de Moscú en Zelenograd, la URSS no logró aprovechar la promesa de la tecnología informática. El obstáculo no era la escasez de talento científico, sino las instituciones inhóspitas para la exploración. Mientras que Silicon Valley prosperó con la experimentación descentralizada, con inventores que cambiaban de trabajo entre nuevas empresas que realizaban múltiples experimentos simultáneos, la innovación en Zelenograd fue controlada centralmente y orquestada en su totalidad por funcionarios del gobierno de Moscú.

Como argumentó Friedrich Hayek, la principal dificultad con la planificación central no era procesar datos, sino recopilar conocimientos locales esenciales. Los planificadores soviéticos podían administrar operaciones estandarizadas, pero flaquearon durante la incertidumbre tecnológica, careciendo de puntos de referencia para monitorear el desempeño de la fábrica y castigar a los holgazanes. A pesar del rápido crecimiento inicial, la URSS se estancó, incapaz de adaptarse a las nuevas fronteras tecnológicas, y finalmente colapsó.

Estas ideas siguen siendo relevantes, particularmente cuando las nuevas formas de inteligencia artificial vuelven a plantear la cuestión de si la autoridad centralizada, como el estado de vigilancia impulsado por IA de China, o la concentración corporativa, como entre las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley, pueden aprovechar las nuevas tecnologías de manera efectiva para administrar la economía y la sociedad.

Innovación de vanguardia

Las teorías convencionales de la riqueza y la pobreza que enfatizan factores como la geografía, la cultura o las instituciones luchan por explicar los dramáticos reveses económicos. Las condiciones geográficas, que permanecieron sin cambios, no pueden explicar el cambio de la URSS del rápido crecimiento al colapso. Los factores culturales también evolucionan demasiado lentamente para explicar los rápidos auges económicos y las posteriores caídas. Si bien las instituciones como las leyes y los reglamentos pueden cambiar más abruptamente, las teorías institucionales basadas en condiciones universales son igualmente incompletas; por ejemplo, tanto la URSS como China experimentaron décadas de rápido crecimiento a pesar de carecer de derechos de propiedad privada seguros. En última instancia, comprender el progreso económico requiere examinar cómo las instituciones y la cultura interactúan dinámicamente con los cambios tecnológicos.

Reconocer que el desempeño económico está ligado a esta interacción cambiante replantea el conocido debate político sobre el progreso tecnológico. Por un lado, aboga por la innovación descentralizada impulsada por pequeñas empresas en mercados poco regulados; el otro promueve una política industrial dirigida por el estado ejecutada por poderosas burocracias. Sin embargo, ambos enfoques son óptimos solo bajo ciertas condiciones: las burocracias centralizadas explotan eficazmente las tecnologías accesibles e impulsan el crecimiento de recuperación, mientras que los sistemas descentralizados se destacan por ser pioneros en innovaciones en la frontera tecnológica. Con el tiempo, la gobernanza económica debe adaptarse o correr el riesgo de estancarse.

Japón como número uno

Incluso cuando la Unión Soviética se disolvió en 1991, el alivio de Estados Unidos se vio atenuado por una nueva ansiedad: muchos académicos y periodistas creían que Japón pronto eclipsaría a Estados Unidos. El best-seller de 1979 de Ezra Vogel, Japón como número uno, ya había advertido sobre la creciente ventaja de Tokio en computadoras y semiconductores, una ganancia aparentemente tan dramática como su anterior ascenso en automóviles. Sin embargo, la revolución informática que siguió contó una historia diferente. Desde principios de la década de 1990, la productividad impulsada por el software estadounidense se disparó, mientras que las empresas japonesas se aferraron obstinadamente al hardware.

El ascenso de Japón se había basado en un sistema de producción estrechamente coordinado. Debido a que las empresas japonesas podían tomar participaciones accionarias en sus proveedores, algo que la ley antimonopolio de EE. UU. desalentaba, tejieron densas redes de conocimiento reforzadas por logística justo a tiempo, diseño asistido por computadora y máquinas herramienta reprogramables. El resultado fue una eficiencia sorprendente: los trabajadores automotrices japoneses eran un 17 por ciento más productivos que sus contrapartes estadounidenses en 1980, lo que llevó a Ford y GM a reportar fuertes pérdidas.

La ventaja japonesa, sin embargo, provino menos de inventar nuevos productos que de refinar los occidentales. Los televisores a color, el Walkman y las videograbadoras se convirtieron en éxitos mundiales solo después de que los ingenieros japoneses los rediseñaran por su costo y durabilidad. En un estudio seminal, el economista Edwin Mansfield descubrió que aproximadamente dos tercios de la investigación y el desarrollo japoneses se centraron en mejoras de procesos, la imagen especular del esfuerzo estadounidense de productos pesados, lo que permite una traducción más rápida de los avances de laboratorio en bienes baratos y comercializables.

Pero esas mismas fortalezas se convirtieron en limitaciones. Observadores eminentes como Alfred Chandler Jr. esperaban que la era de la computadora recompensara la perfección del hardware y la producción optimizada, factores que favorecieron a Japón, pero fue el dinamismo de las nuevas empresas estadounidenses como Apple y Microsoft lo que resultó decisivo. La política antimonopolio de Estados Unidos, arraigada en la Ley Antimonopolio Sherman de 1890, abrió los mercados al obligar a IBM a desagregar su hardware y software y al dividir AT&T justo antes de que despegara el Internet comercial. Sin un solo guardián, los empresarios podían innovar libremente y la web se expandía sin obstáculos.

Las reglas de competencia más laxas de Japón, por el contrario, fomentaron la cartelización y afianzaron los conglomerados de keiretsu. La misma coordinación que alguna vez aceleró las actualizaciones incrementales ahora ralentizó el salto al software y a los modelos de negocio basados en Internet, desplazando a los nuevos participantes. El impulso tecnológico de Japón se estancó. Incluso dentro de los EE. UU., Las regiones organizadas en torno a una competencia feroz, como Silicon Valley, superaron a áreas más jerárquicas e integradas verticalmente como el grupo tecnológico Route 128 de Nueva Inglaterra.

Fin del capitalismo coordinado

Japón no es un ejemplo aislado. Después de la Segunda Guerra Mundial, la economía de Europa Occidental creció rápidamente al adoptar métodos estadounidenses de producción en masa en una amplia gama de industrias. Esta estrategia funcionó bien durante varias décadas, pero en la década de 1970, Europa había agotado la acumulación de tecnología estadounidense. Para mantener el crecimiento, tendría que cambiar hacia un modelo basado en la innovación en lugar de simplemente ponerse al día con las tecnologías existentes.

Este cambio resultó ser un desafío. Las instituciones económicas de Europa fueron moldeadas por una larga historia de recuperación industrial, establecida a fines del siglo XIX para absorber la tecnología británica y reforzada durante la era de la posguerra, cuando Europa estaba cerrando la brecha con los Estados Unidos. Estas instituciones fueron diseñadas para apoyar un crecimiento económico estable y predecible a través de una planificación cuidadosa, industrias coordinadas y una estrecha cooperación entre empresas, bancos y gobiernos. Tal capitalismo coordinado fue efectivo cuando la tarea estaba clara, poniéndose al día con las prácticas industriales establecidas, pero se convirtió en un obstáculo cuando se enfrentó a la incertidumbre y la disrupción causadas por la revolución informática y las nuevas tecnologías de la información.

En Francia, el sistema de planificación indicativa del gobierno, que estableció objetivos económicos para coordinar las inversiones, funcionó bien con un progreso tecnológico incremental y predecible. Pero con el rápido cambio tecnológico, los planificadores se vieron abrumados e incapaces de pronosticar con precisión y dirigir los recursos de manera efectiva.

Del mismo modo, las empresas estatales de Italia, cruciales durante el auge de la posguerra, demostraron ser rígidas e insensibles a una nueva era de turbulencias tecnológicas. En España y Portugal, la fuerte influencia del Estado, combinada con intereses arraigados, limitó gravemente la flexibilidad económica, obstaculizando la innovación y la adaptación. En consecuencia, estas naciones del sur de Europa experimentaron un prolongado estancamiento económico durante la revolución informática, a menudo denominada “dos décadas perdidas”.

De Hayek a Moravec

La lección es clara: los milagros económicos se estancan cuando las instituciones que permitieron los éxitos pasados se desalinean con los nuevos desafíos. La Unión Soviética y gran parte de Europa tropezaron cuando los rígidos modelos de producción en masa no lograron adaptarse a la imprevisibilidad de la era de la computadora, mientras que Japón se tambaleó cuando el epicentro de la innovación pasó del hardware al software. Hoy, el crecimiento de China está cada vez más limitado por un control más estricto del partido, y Estados Unidos enfrenta un peligro similar cada vez que el poder monopólico permanece sin control. El peligro de que la centralización y la concentración acaben con la innovación ahora se cierne sobre la IA. Debido a que el rendimiento de la IA ha mejorado históricamente principalmente al aumentar la potencia informática y la disponibilidad de datos, muchos observadores concluyeron que la IA es una competencia que es mejor dejar a un puñado de “campeones nacionales”. Esa creencia es seductora y errónea.

Al igual que en la revolución informática, los verdaderos avances provienen de explorar lo desconocido, no de perfeccionar lo que ya está formalizado. Los grandes modelos de lenguaje (LLM), sistemas de IA entrenados para generar y comprender el lenguaje humano, crecieron 10,000 veces en escala entre 2019 y 2024, pero aún obtuvieron solo alrededor del 5 por ciento en el punto de referencia de razonamiento ARC, una prueba que evalúa las habilidades avanzadas de resolución de problemas. Mientras tanto, los enfoques más ágiles, como la búsqueda de programas (que genera programas explícitos para resolver tareas) han superado el 20 por ciento, y los nuevos métodos de aprendizaje en contexto (donde los modelos aprenden de ejemplos sin volver a entrenarse) están avanzando.

La IA tampoco hará obsoleta la exploración humana. La vieja observación de Hans Moravec sigue siendo válida: lo que es fácil para los humanos (como caminar por un sendero) sigue siendo difícil para las máquinas, y viceversa. Los modelos de lenguaje entrenados en todo Internet aún carecen de la experiencia sensoriomotora de cualquier niño de cuatro años. Hasta que podamos codificar ese conocimiento incorporado, los sistemas centralizados de IA seguirán la experimentación descentralizada que miles de millones de humanos realizan diariamente.

El ingenio florece precisamente donde el precedente es escaso. Los inventores, científicos y empresarios prosperan convirtiendo lo desconocido en oportunidad. Por el contrario, los grandes modelos lingüísticos se basan en el consenso estadístico. Imagine un LLM entrenado en 1633: mantendría firmemente a la Tierra como el centro del universo; dada la literatura del siglo XIX, negaría con confianza que los humanos pudieran volar, haciéndose eco de la larga lista de intentos fallidos que precedieron al éxito de los hermanos Wright. Incluso Demis Hassabis de Google DeepMind admite que alcanzar una verdadera inteligencia artificial general puede necesitar “varias innovaciones más”.

Control y competencia

Es poco probable que surjan solo de una escala centralizada; vendrán, como antes, de ampliar el campo de la experimentación y reducir las barreras de entrada. Sin embargo, en la era de la IA, tanto China como Estados Unidos se están moviendo en la dirección opuesta, aumentando el control central y reduciendo el dinamismo competitivo.

Los sectores más dinámicos de China siguen siendo impulsados por empresas privadas o respaldadas por extranjeros, mientras que las empresas estatales están rezagadas. Sin embargo, Beijing está recentralizando la autoridad: las licencias, el crédito y los contratos ahora favorecen a los conglomerados políticamente confiables, la ley antimonopolio se ejerce de manera selectiva y las campañas anticorrupción hacen de la lealtad un requisito previo para la supervivencia. La experimentación provincial que alguna vez fue vital se ha marchitado a medida que los funcionarios persiguen indicadores crudos como el recuento de patentes, inundando los registros con presentaciones de bajo valor. El clientelismo está eclipsando las reglas transparentes y la lealtad está desplazando la competencia, erosionando la capacidad del estado para fomentar la innovación a nivel de frontera y empujando a la economía hacia un crecimiento más lento y menos impulsado por la innovación.

Sin duda, China todavía se beneficia de un grupo sustancial de talentos y un gobierno profundamente comprometido con el avance tecnológico. Pero al igual que en los países occidentales, las empresas que carecen de fuertes conexiones políticas, como la empresa emergente de IA DeepSeek, resultan ser las más innovadoras. Aunque las autoridades pueden permitir que estas empresas operen con relativa autonomía siempre que sus actividades se alineen con los objetivos nacionales, la ausencia de protecciones legales sólidas las deja vulnerables a los cambios en las prioridades políticas. En consecuencia, las empresas deben invertir recursos en la construcción de alianzas políticas, desviando la atención y el capital del impulso de la innovación. Y el control del gobierno sobre las tecnologías de la información críticas con frecuencia tienta a las autoridades a fortalecer su dominio político sobre la sociedad, lo que podría sofocar la innovación de base.

Estados Unidos muestra los mismos síntomas de diferentes formas. Desde la era de las computadoras de la década de 1990, sus industrias se han vuelto notablemente más concentradas, socavando la competencia fluida que alguna vez caracterizó a Silicon Valley. Una red de cláusulas de no competencia ahora obstaculiza la movilidad laboral, frena el flujo de conocimiento tácito y desalienta a los científicos e ingenieros a fundar empresas rivales. Debido a que las nuevas empresas son fundamentales para traducir los conocimientos del laboratorio en productos comerciales, este lastre en la circulación del talento debilita el mecanismo mismo, la destrucción creativa, que reasigna la participación de mercado hacia nuevas ideas. Los economistas Germán Gutiérrez y Thomas Philippon muestran que la tendencia está impulsada menos por economías de escala inevitables que por el cabildeo establecido que codifica las ventajas regulatorias, desde extensiones de patentes hasta obstáculos de licencias específicos del sector.

Este patrón también amenaza a la IA. Debajo de la intensa competencia actual, la profunda alianza de Microsoft con OpenAI ya controla alrededor del 70 por ciento del mercado comercial de LLM, mientras que Nvidia proporciona alrededor del 92 por ciento de las unidades de procesamiento de gráficos (GPU) especializadas utilizadas para entrenar estos modelos. Junto con Alphabet, Amazon y Meta, estos titulares también han estado comprando silenciosamente participaciones en prometedoras empresas emergentes de IA. Mantener un régimen de políticas que salvaguarde el ámbito competitivo en sí, en lugar de las fortunas de empresas particulares, es esencial si la próxima generación de innovadores transformadores quiere dar el impulso prometido a la productividad. Eso es tan cierto para la era de la IA como lo fue para la era de la computadora.

A medida que la innovación tecnológica, particularmente en el campo de la IA, se centra cada vez más en unos pocos actores clave, las industrias que se benefician de estas herramientas también se han concentrado más. En este podcast, Carl Benedikt Frey dice que la concentración de las industrias que utilizan IA empujará la dirección del cambio tecnológico hacia la automatización en lugar de la innovación de productos.

CARL BENEDIKT FREY es profesor asociado de IA y Trabajo Dieter Schwarz en la Universidad de Oxford. Este artículo se basa en su libro más reciente, How Progress Ends: Technology, Innovation, and the Fate of Nations.

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El IMAX del Conocimiento de Posadas fue distinguido como el mejor cine de Latinoamérica

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El complejo cinematográfico del Parque del Conocimiento obtuvo el prestigioso IMAX Excellence Award entre 267 cines de 79 países. El reconocimiento internacional lo posiciona como referente cultural y tecnológico de la región, destacando su gestión, campañas de marketing y la experiencia ofrecida al público.

El IMAX del Conocimiento, ubicado en Posadas, Misiones, fue distinguido con el IMAX Excellence Award, galardón que reconoce al Mejor Cine IMAX de Latinoamérica. La premiación se realizó tras evaluar a 267 complejos de 79 países, valorando parámetros técnicos y de gestión como desempeño en taquilla, estrategias de marketing, vinculación con el público y calidad de la experiencia audiovisual.

La presidenta del Parque del Conocimiento, Claudia Gauto, celebró el logro: “Este premio no hubiera sido posible sin el trabajo diario del equipo del IMAX y sin el público que acompaña desde el primer día”.

El reconocimiento convierte a la sala posadeña —segunda de su tipo en Argentina, tras la de Buenos Aires— en un referente cultural regional, con impacto no solo en la provincia sino en toda Latinoamérica.

Tecnología, gestión y comunidad: las claves del éxito

El premio fue otorgado por un desempeño integral que combina tecnología de vanguardia, gestión cultural innovadora y fidelidad del público. Entre los aspectos evaluados se destacaron:

  • Mejor rendimiento de taquilla en Latinoamérica.
  • Campañas de marketing de películas y de la marca IMAX.
  • Estrategias de publicidad exterior y promociones locales.
  • Organización de eventos para fans y actividades en redes sociales.
  • El compromiso humano del equipo como diferencial en la experiencia.

Desde el complejo señalaron: “El orgullo es gigante. Este logro también es de ustedes”, en referencia a la comunidad de espectadores que desde 2016 mantiene al IMAX entre las salas más convocantes del país.

Una experiencia inmersiva con sello misionero

El IMAX del Parque del Conocimiento cuenta con la pantalla más grande del NEA —de 22 x 14 metros—, sonido envolvente 5.1, proyección en 3D y capacidad para 300 espectadores. Cada estreno registra alta concurrencia, como ocurrió con “F1: La película”, protagonizada por Brad Pitt.

La experiencia, sin embargo, trasciende lo técnico: el modelo de gestión pública y profesional ha creado una comunidad de seguidores denominada “IMAX fans”, que resaltan tanto la calidad de proyección como el trato del personal y la innovación constante.

El cine se consolidó como un espacio cultural y tecnológico de excelencia, que contribuye a la identidad provincial y al posicionamiento de Misiones como polo cultural en la región.

El premio no solo implica un reconocimiento simbólico: abre oportunidades para consolidar alianzas con distribuidoras internacionales, atraer turismo cultural y fortalecer la oferta de entretenimiento de Misiones.

La distinción llega en un contexto en el que la industria del cine busca recuperar niveles de asistencia tras la pandemia, y en el que las salas deben competir con las plataformas de streaming. La apuesta del IMAX del Conocimiento muestra que la experiencia inmersiva y comunitaria sigue siendo un valor diferencial frente al consumo individual de contenidos.

Con este logro, Posadas no solo se posiciona en el mapa cultural de Argentina, sino que se inserta en la red global de salas IMAX como ejemplo de gestión pública eficiente y culturalmente relevante.

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