Temer

Brasil, sin salida

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RÍO DE JANEIRO, New York Times. La agonía que asfixia a Brasil desde el controvertido proceso que culminó con la salida de la presidenta Dilma Rousseff, en agosto de 2016, ha llegado a su punto más alto. El miércoles 17 de mayo, el diario O Globo reveló una grabación en la que Joesley Batista —dueño del mayor frigorífico del mundo, JBS—, le contó al presidente Michel Temer en un encuentro personal que pagaba una mensualidad al exdiputado Eduardo Cunha en la cárcel. Cunha, aliado de Temer, es el extodopoderoso presidente la Cámara de Diputados que lideró el proceso de destitución de Rousseff y terminó preso por corrupción. Desde que fue encarcelado es un hombre-bomba a punto de explotar. Si cuenta lo que sabe puede desestabilizar aún más la política y la economía.

Es irónico que el punto de inflexión en el juicio contra Rousseff también haya sido la publicación de una escucha telefónica en la que ella y el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva acordaban el envío de su designación como ministro para que él lo usara “en caso de necesidad”. Quienes protestaban en las calles contra Dilma vieron allí un intento de proteger a Lula de las investigaciones en su contra y reaccionaron con furia. El partido de Temer, Partido del Movimiento Democrático Brasileño, siempre estuvo involucrado en la investigación Lava Jato, de modo que la sorpresa ha sido más por la grabación en audio del presidente que por la denuncia.

La crisis política de los últimos años enseñó dos cosas a los brasileños: que los políticos no aprenden de los errores ajenos —siguen siendo intervenidos y grabados diciendo las peores barbaridades— y que nunca sabemos si ya hemos llegado al fondo del abismo.

 

El Partido de la Social Democracia Brasileña —principal partido de oposición al Partido de los Trabajadores de Dilma y Lula,  que hoy sirve como línea de auxilio al gobierno Temer— también ha sido golpeado por las revelaciones del miércoles. Su presidente, el senador Aécio Neves, fue grabado solicitando dos millones de reales al mismísimo Joesley Batista. En la grabación, descaradamente, pide que la persona designada para buscar la plata sea alguien “que nosotros podamos matar antes de que delate”. La grabación fue hecha en abril, más de dos años después del inicio de Lava Jato, lo que deja claro que algunos políticos siguen seguros de su impunidad.

Al día siguiente de la publicación del audio, en un pronunciamiento público tras una jornada de rumores políticos sobre su renuncia y hasta un cierre temporal de las operaciones de la bolsa de valores para frenar su caída, Temer dijo que no renunciará al gobierno. Aun así, miembros de su gabinete amenazaron con renunciar y el Partido Socialista de Brasil ya abandonó su alianza parlamentaria con el presidente. Otros tres discuten seguir el mismo camino. Si mantiene su negativa a renunciar, pero tampoco logra reorganizar su base de apoyo, podría abrir las puertas a un nuevo juicio político para destituir a un presidente.

Esta semana la Corte Suprema decidirá si la investigación contra Temer sigue o no. Será un día decisivo. Y no solo la posible complicidad para comprar el silencio de Cunha pesa en su contra. En la misma grabación, Batista dice haber corrompido a dos jueces y un procurador en Brasilia para obstruir investigaciones contra su empresa. Temer, quien tiene la obligación legal de reportar estos delitos, no lo cuestionó. Uno de sus asesores más cercanos también fue grabado por la Policía Federal recibiendo una maleta de dinero por un soborno.

La próxima semana, el presidente también será juzgado por acusaciones de donaciones ilegales para su campaña junto a Dilma en 2014. Hasta la semana pasada se esperaba que la mayoría de la corte lo salvara de perder la presidencia para evitar una nueva crisis política. Ahora él mismo es la crisis política y su salida por decisión de la corte electoral se vuelve una solución posible.

Si la salida de Temer es confirmada, la constitución prevé una elección indirecta, con un nuevo presidente elegido por el parlamento. Con más de la mitad del parlamento involucrado en denuncias de corrupción, resolveremos la vacante en la presidencia, pero no la legitimidad del presidente.

El 12 de mayo, Temer cumplió su primer año como el presidente más impopular de Brasil: tiene ocho por ciento de aprobación, menos que Rousseff en la víspera del juicio político. Si logra sostenerse será porque ha convencido al mercado financiero de que su impopularidad puede ser un triunfo. Como no necesita rendir cuentas a una base popular, porque no la tiene, sería la persona ideal para aplicar el amargo ajuste económico necesario para que la economía vuelva a crecer. Según una encuesta de DataFolha, la mayoría de los brasileños cree que su reforma laboral beneficia más a los empresarios que a los trabajadores.

En abril se realizó el mayor paro nacional en dos décadas y, el 1 de mayo, día de los trabajadores, estuvo marcado por protestas. Pero el gobierno no escucha el grito de las calles. El audio de Temer produjo un nuevo grito, el de “Diretas Já” (“¡Elecciones directas ya!”), una consigna utilizada por la resistencia a la dictadura en los ochenta. Es difícil saber si el congreso modificará la constitución para convocar nuevas elecciones y tampoco hay un líder capaz de unir al país en la escena política.

Cuando Rousseff dejó la presidencia escribí que muchos manifestantes reaccionaban ante ella como hinchas de fútbol. Estos fanáticos, vestidos con las camisetas verde y amarillo de la Selección Nacional de Brasil, lograron fracturar al PT, pero el sistema político podrido siguió en pie. La lección que debería quedar de la crisis es que solo la gente en las calles puede impedir un nuevo pacto entre la élite política. A estas alturas, es comprensible el fastidio con la política, pero sin una intensa participación popular el país seguirá sin salida.

 
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Brasil: desorden y retroceso

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Corría el 26 de octubre de 2014 y en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales más reñidas de la historia democrática del Brasil, el binomio integrado por Dilma Rousseff (PT) y Michel Temer (PMDB) se imponía por escaso margen (menos del tres por ciento) al integrado por Aécio Neves y Aloysio Nunes (PSDB).

Acusaciones mutuas de corrupción, intemperancia y deslealtad habían precedido el virulento final de campaña, casi como un sino de la hecatombe política y económica que luego asolaría al Brasil.

Algo más de dos años después, aquellos cuatro integrantes de esas dos fórmulas presidenciales son un muestrario de las semblanzas del poder, en un país devastado por la corrupción, los negociados de la política, el fracaso de la economía (la mayor recesión que se recuerde en años) y el regreso a la pobreza de miles de brasileños. Un sistema institucional quebrado y al borde del abismo, que sólo es sostenido desde la incolumidad del Poder Judicial, el único que muestra credibilidad y solvencia en su quehacer y mantiene el respeto de la ciudadanía.

Dilma Rousseff, la heredera de Lula Da Silva y del Partido de los Trabajadores, terminó destituida en mayo de 2016 a consecuencia de un impeachment (juicio político) en el que el Senado, con más de dos tercios de sus miembros, la encontró culpable de crímenes de responsabilidad, basado en que violó normas fiscales maquillando el déficit presupuestal de su gobierno. No hubo en ese escándalo una condena formal por corrupción, pero recientemente una confesión de un ex ejecutivo de Odebrecht a la que accedieron los fiscales afirma que la ex Presidente conocía el origen espurio de los fondos utilizados en su campaña, lo que dio argumentos al Tribunal Superior Electoral, que el próximo 6 de junio debe decidir si condena a Dilma a la pérdida de sus derechos políticos por ocho años, lo que en la práctica sería su partida de defunción pública.

Aécio Neves, el rival presidencial vencido en 2014, se convirtió en socio político en el poder de Michel Temer tras la caída de Rousseff. Había pronosticado pocos meses después de la asunción de Dilma que esta tendría dificultades para terminar su mandato. Acusado durante aquella campaña de nepotismo por emplear a familiares suyos cuando era gobernador en Minas Gerais, acaba de ser apartado de su cargo como senador por orden del Supremo Tribunal Federal, allanados su casa y su despacho en el Congreso, y detenido junto con su hermana, luego de ser grabado pidiendo sobornos a la empresa frigorífica JBS por dos millones de reales. A lo que se suma la difusión por la cadena O’Globo de imágenes bochornosas que muestran a emisarios de Temer y al primo de Neves recibiendo valijas repletas de reales.

Aloysio Nunes Ferreira, candidato a la Vicepresidencia, compañero de fórmula de Neves y también integrante del Partido de la Social Democracia Brasileña, fue designado por Temer, en marzo pasado, a cargo del Palacio de Itamaraty, en reemplazo del renunciante ministro de Relaciones Exteriores José Serra, quien saliera del poder alcanzado por el escándalo de la Operación Lava Jato. Aloysio asumió su cargo de canciller aún en medio de acusaciones de solicitar recursos y recibir sobornos de hasta 500 mil dólares por parte de Odebrecht en un hotel en San Pablo, en el año 2010, investigación avalada ahora por el Supremo Tribunal Federal. Un tercio del gabinete presidencial se encuentra señalado por las imputaciones de la Procuraduría General, entre ellos los principales responsables del gobierno, como el jefe de gabinete y el secretario general de la Presidencia. Por eso no asombra la continua sangría de ministros que renuncian a sus cargos, como lo han hecho en las últimas horas el ministro de Cultura, el de Defensa y el de Ciudades, aludiendo a “los últimos acontecimientos”, “la inestabilidad política” y “los hechos que envuelven directamente a la Presidencia de la República”.

El camaleónico Michel Temer ha resultado ser un digno representante de las tradiciones del Partido del Movimiento Democrático Brasileño. Siendo el partido político más grande del Brasil, exhibe el raro privilegio de haber formado parte de todas las coaliciones gubernamentales desde hace décadas y de que casi sin postular candidatos a la Presidencia consiguió que tres de sus miembros (José Sarney, Itamar Franco y el mismo Temer) accedieran a la primera magistratura por la salida o la muerte del presidente de turno. Quizás por eso, Dilma Rousseff lo acusó de haber complotado en su contra y ser “el jefe de los conspiradores” de su destitución, utilizando el brazo ejecutor del ex presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, quien aceptó el pedido de impeachment a Rousseff estando él mismo acusado de cobrar al menos cinco millones de dólares en sobornos por contratos de Petrobras.

El actual presidente del Brasil, de 76 años de edad, abogado de profesión e hijo de inmigrantes libaneses que llegaron al país del futuro, comenzó su meteórica carrera pública como ex procurador del Estado de San Pablo, para luego ingresar como legislador a la Cámara de Diputados, de la que fue elegido presidente varias veces. Ha sabido ganarse, por parte de amigos y enemigos, el mote de político hábil, frío, calculador, cerebral e imperturbable. Pese a asumir la Presidencia en medio de acusaciones e investigaciones de corrupción, supo sostenerse hasta ahora en virtud de la inmunidad que le otorga su cargo, y postergar las pesquisas en su contra sobre posibles delitos cometidos en el pasado.

Pero Temer, el presidente más impopular de los últimos tiempos, acaba de ser sorprendido con la divulgación de audios que lo tienen como protagonista avalando sobornos en el ejercicio de su función y autorizando pagos para silenciar a Eduardo Cunha, “el entregador de Dilma”, quien fuera condenado a quince años de prisión. Esa conversación de marzo pasado con uno de los dueños del megafrigorífico JBS, devenido en un nuevo arrepentido de la Justicia brasileña, ha provocado la inmediata apertura de una investigación en su contra por orden del Tribunal Supremo. Pero también ha sido presentado un pedido de impeachment para ser tratado en la Cámara de Diputados, en cuyo recinto y a gritos se clamaba: “Fuera Temer”.

De recorrer la misma trama que terminó con el mandato de Dilma, se enfrentará la paradoja de que, en caso de ser suspendido, no podrían reemplazarlo interinamente ni el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, ni el de la Cámara de Senadores, Eunicio Oliveira, al encontrarse ambos investigados por corrupción del caso Lava Jato. Asumiría provisionalmente los destinos del país, en tal contexto, la presidente del Tribunal Supremo Federal, Cármen Lúcia, a quien acusan de reunirse en secreto con empresarios a fin de iniciar la convocatoria a elecciones indirectas para que el Congreso elija al Presidente que completará el período hasta fines de diciembre de 2018.

La Constitución de Brasil sólo prevé el llamado a elecciones populares para el caso de que la renuncia del presidente y del vicepresidente suceda durante la primera mitad del mandato, lo que ya aconteció. Por esa razón, un grupo de parlamentarios impulsa una enmienda constitucional y alienta a que en las manifestaciones populares que empiezan a extenderse por todo Brasil reclamando la salida de Temer se incluya la consigna: “Directas ya”. Si la situación se volviera incontrolable, el Tribunal Superior Electoral podría encontrar algún vericueto legal para anular la designación de Michel Temer como presidente de Brasil y buscar una salida más urgente.

El país del “ordem e progreso” se encuentra en desorden institucional, repliegue económico y afrontando el mayor desafío de su historia, que es la reconstrucción de la credibilidad de su clase política y empresarial. En medio del creciente descontento social, los medios de comunicación juegan un papel decisivo al exponer imágenes obscenas de riqueza y difundir audios escandalosos, provistos por una Justicia poco inocente, que alimentan la reacción de las masas y confirman que en el Brasil actual, pese a todo lo sucedido, se siguen pagando coimas, utilizando dineros non sanctos y pactando negocios espurios en la cima del poder.

Debilitado por la pérdida de sus aliados estratégicos, la fragilidad social, el vaciamiento de su gabinete y la impopularidad, Michel Temer resiste los embates del final apenas a un año de su asunción. Su “no renunciaré” recuerda al “jamás renunciaré” de Dilma, lo que demuestra que cuando un político cae en desgracia y en soledad, no puede impedir que la trama secreta de oscuras intereses, miedos y traiciones lo termine arrastrando fuera del Olimpo del poder. Muchos creen que la única razón de Temer por aferrarse al cargo es que con ello sostiene la posibilidad de destruir pruebas, presionar testimonios, intimidar víctimas y hasta obstruir las investigaciones que lo tienen como destinatario.

El quinto país más extenso del mundo y el más importante del Cono Sur atraviesa un momento histórico en el que debate su futuro desde la imperiosa necesidad de una recreación institucional. Todo parece indicar que lo hará sin aquellos cuatro protagonistas del ballotage presidencial de 2014, y que el Brasil del futuro asomará sin Dilma, sin Aécio, sin Aloysio y sin Temer.

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Michel Temer dijo que si lo quieren afuera del Gobierno, lo tendrán que “derribar”

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En la primera entrevista que dio tras el escándalo, el presidente de Brasil se defendió de las acusaciones.

“Si quieren, me tendrán que derribar. Porque si yo renuncio, sería una declaración de culpa”. Así desafió Michel Temer a sus adversarios en el mano a mano que sostuvo que el diario Folha de S. Paulo. En medio del escándalo de corrupción que lo señala como partícipe de los sobornos, el presidente de Brasil insistió en que él no tiene nada que ver con la trama de Lava Jato.

La semana pasada, un audio publicado por los medios brasileños mostraba una conversación entre el mandatario y el dueño del frigorífico más grande del país, Joesley Batista, en la que se sospecha Temer pide al empresario que mantenga el pago de sobornos a un testigo clave que podría implicarlo en la causa.

Al respecto, el presidente aseveró que Batista “induce la conversación”, intenta manejarla y forza una declaración sobre Eduardo Cunha, juez encarcelado por el escándalo de corrupción y uno de los impulsores del impeachment a Dilma Rousseff . Justamente a Temer lo acusan de pagar dinero a Cunha para conseguir su silencio.

“Lo único que le dije es que había mantenido una buena relación con él”, aseguró el presidente de Brasil durante la crisis más fuerte de su gobierno. Asimismo, el mandatario indicó en su defensa que Cunha “emitió una carta en la que dice que jamás le pidió dinero a Joesley y mucho menos a mí”.

Temer también dijo que suele mantener audiencias que no están en su agenda, para justificar por qué ese día atendió a Batista pese que no había registro, e insistió en que no sabía que era investigado cuando fue a verlo.

“Se creó un clima que permea esta entrevista de que va a ser un desastre, de que Temer está perdido; yo no estoy perdido”, subrayó a Folha. “Voy a revelar fuerza política a lo largo de las próximas semanas, con la votación de leyes importantes”, agregó y reconoció que el estallido del escándalo “causó un mal a la economía del país”, en pleno proceso de recuperación.

Al ser consultado sobre su reacción respecto de la denuncia que le hizo el empresario, el mandatario indicó: “Yo oigo a mucha gente y mucha gente me dice las mayores tonterías que no tomo en cuenta. El objetivo central de la conversación no era ese. Él fue llevando la conversación a ese punto, mis respuestas eran monosilábicas”.

Sobre cómo fue que un empresario entró a su casa con un grabador escondido, Temer se mostró preocupado y dejó entrever que tendrá que tener más cuidado: “Sólo tenía un detector de metales”. También repitió su teoría de que todo fue un acto montado: “Batista tuvo un entrenamiento de 15 días para saber cómo para grabar, hacer la delación y cómo encaminar la conversación”.

Por último, al ser preguntado por una de sus respuestas a Batista, cuando le dice que puede hablar de “todo” con su asesor Rodrigo Rocha Loures, Temer dijo que lo que quiso decir fue “todo lo administrativo”. “Yo sé la insinuación que hicieron. Por supuesto que no es eso. Sería una imbecilidad de mi parte”.

Anoche, en búsqueda de una demostración de fuerza, Temer se reunió con sus ministros y algunos líderes de los partidos políticos que forman la coalición gubernamental. Originalmente se había convocado a una cena con todos los integrantes de la alianza, pero ante la baja adhesión, el presidente la canceló y en su lugar organizó un encuentro informal.

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Efecto caipirinha

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La crisis de Brasil no es una buena noticia para la Argentina. El tembladeral político arrastra a la economía del gigante en momentos en que se esperaba una tímida recuperación. Si eso no sucede, la economía argentina sentirá los efectos, ya que se trata del principal socio comercial y destino principal de las exportaciones. Servirá, eso sí, para disimular los males propios.

La inminente caída de Michael Temer también representa un duro golpe –no hay ironía- a la credibilidad de la derecha latinoamericana, que durante años buscó debilitar a los gobiernos “populistas” con denuncias de corrupción. Dilma fue depuesta sin pruebas y hasta ahora, las acusaciones contra Lula –ambos mencionados por el delator-, no encuentran pruebas de respaldo.

Sobre Temer, sus ministros y sus aliados, en cambio, llueven las denuncias de corrupción. En Argentina, las cuentas off shore del Presidente y los negocios familiares son incómodos “conflictos de intereses” que conviven con un modelo económico que no logra despertar una sonrisa.

El derrumbe de Temer obedece a que los mismos que lo encumbraron, ahora le perdieron la confianza. Ya cumplió su cometido. Destruyó buena parte de las transformaciones sociales que encaró el PT en la última década y puso en marcha reformas fiscales y un ajuste que será difícil de revertir.

Temer dejó sin beneficios sociales a miles de brasileños que volvieron a caer en la pobreza y puso en marcha una reforma jubilatoria que establece que tanto hombres como mujeres y trabajadores urbanos o rurales podrán retirarse solo después de cumplir 65 años de edad y tener 25 años de contribución. Además, elimina las jubilaciones especiales para sectores como los de la educación y el agrícola, y desvincula los beneficios de la jubilación del salario mínimo, que en los gobiernos de Lula y Dilma casi se triplicó.  El argumento es que el déficit previsional es creciente, aunque el PT asegura que el sistema tiene superávit, pero soporta una deuda de más de 133 mil millones de dólares de grandes empresas, gobiernos estaduales y alcaldías con el régimen de seguridad social.

Es la misma fórmula que se quiere imponer en la Argentina. Primero fue el FMI el que hizo recomendaciones y ahora el Banco Interamericano de Desarrollo alertó que el sistema necesita reformas para “ser sustentable a largo plazo”. La propuesta es que haya un “mayor ahorro” manejados por fondos de administraciones de pensiones, lo que se conocía como AFJP. La propuesta fue presentada el viernes en España por los economistas argentinos Tomás Serebrisky y Eduardo Cavallo, hijo del ex ministro de Economía de Carlos Menen y Fernando de la Rúa. También será necesario ajustar la generosidad de los beneficios y la edad de elegibilidad (del retiro) sean fiscalmente sostenibles, recomiendan.   La fruta, no cae muy lejos del árbol.

El poderoso holding de medios, O Globo, lanzó el viernes una dura editorial en la que directamente le pide la renuncia de Temer. “Se nâo fizer arrastrará o Brasil a uma crise política ainda mais profunda”, dice el medio que ayudó a la caída de Dilma con un bombardeo permanente de acusaciones que hasta ahora no fueron comprobadas.

En Argentina, el diario que suele leer el establishment económico, El Cronista, hizo una lectura sobre la crisis que se agudiza y, aunque hizo la salvedad de que “lo peor que puede pasar” es un retorno del populismo, advirtió que el Círculo Rojo pone condiciones. “Empresarios y economistas rezan para que Macri gane las elecciones. Pero sugieren que lo ideal sería que gane por poquito. Evitar que el Gobierno se agrande, evitar que se potencie la soberbia en el poder, traumas del pasado. Suponen que un triunfo ajustado sería la única fórmula que lo animaría al Presidente a dar un volantazo económico contra los problemas actuales del modelo”, escribió Guillermo Kohan. Los medios, poniendo condiciones a la política. Una verdad descarnada.

Es que el modelo ya no preocupa solamente a quienes perdieron su trabajo o vieron esfumarse su poder adquisitivo. Son los propios empresarios los que comienzan a admitir –por lo bajo- que sienten frustración por el pobre desempeño económico y la reactivación que no llega. No sólo pasa entre los principales industriales. En una reunión de cooperativistas en Misiones, a puertas cerradas, un importante directivo confesó que Guillermo Moreno resultó ser un mejor defensor de la producción yerbatera que los funcionarios actuales. Un importante industrial misionero entrevistado por Economis admitió que sus mejores años de trabajo fueron entre 2003 y 2015, aunque eso “no significa que la política estuviera bien”.

Pero parece que el nuevo modelo, el del cambio, no se tocará hasta las elecciones de octubre, con lo que la agonía del consumo planchado, la inflación y las asimetrías, en el caso de Misiones, seguirán.

Si el modelo no se toca, lo que se pone en juego en octubre es el mismo modelo. Ni un candidato, ni una plataforma, ni una lista. Es el modelo. Lo dijo claro el presidente Mauricio Macri durante su gira asiática: “En octubre vamos a discutir si seguimos con el cambio o si volvemos al populismo”.

A fuerza de no poder mostrar resultados, lo que queda a mano es la comparación. Se supone que la sociedad lo eligió para terminar con una forma de hacer política. Pero el cambio vino acompañado de un vacío en la heladera de muchos argentinos: la inflación no sólo no se frenó, sino que creció. Argentina fue durante 2016 el cuarto país con mayor inflación del mundo, detrás de la vilipendiada Venezuela, Sudán del Sur y Siria, estos dos últimos países inmersos en sendas guerras.

Según los últimos datos del Indec, en marzo, los artículos con los aumentos más significativos con respecto al mismo mes del año anterior son los lácteos 30,4%, las bebidas 27,5%, los alimentos preparados y rotisería 23,2% y verdulería y frutería 21,4%.

Los aumentos de precios golpean más a quienes tienen un poder adquisitivo más bajo, dependiente de un salario que creció en menor proporción que la inflación del año pasado. Los que más ganan, a lo sumo cambian de marca. El impacto es desigual en las distintas zonas del país. En algunos lugares el poder adquisitivo es mucho más elevado, en otras regiones, los hábitos de consumo son distintos.

Pero hay datos ineludibles. En Misiones el consumo de carne cayó 30 por ciento. El consumidor además ha modificado hábitos de consumo, y para hacerle frente a la inflación  redujo la cantidad mensual de compra de carne, se volcó a los cortes más populares o bien dejó de consumir carne roja para reemplazarla por carne de cerdo.

Doroteo Sosa, titular del Sindicato de la Carne en Misiones, precisó a Economis que “la gente compra los cortes populares como el puchero, o carne de cerdo que es más barata”.

La buena noticia, es que la carne misionera viene ganando terreno en las mesas de la provincia frente a la eterna preferencia por la de Entre Ríos. El aumento del consumo de carne misionera, elegida por su calidad, fue del 25 por ciento. Un resultado de la planificación estratégica de los últimos años que se quiere repetir ahora con las verduras, a través del programa de Soberanía Hortícola que fue presentado esta semana, promovido por el gobernador Hugo Passalacqua.

El autoconsumo, meta todavía lejos de alcanzarse, tiene el doble beneficio de poder comprar a precios más bajos, pero especialmente, hacer que el dinero quede dentro de la provincia y no se fugue hacia otras provincias productoras.

Ante un escenario adverso, lograr precios más accesibles mediante la producción local posibilitará a miles de misioneros sostener su poder adquisitivo. Pero no se hace por ley ni por decreto. La fijación de precios va mucho más allá de la oferta y la demanda, una ecuación desvirtuada cuando hay concentración económica.

Sin embargo, lo que más preocupa en el Gobierno provincial no es la inflación, sino la falta de reactivación. Convivir con inflación, salvo que sea una hiper, es posible siempre y cuando haya movimiento económico, empleo y producción. En estos momentos, el empleo está paralizado y la política nacional absorbe el dinero circulante para contrarrestar la inflación. Los resultados, como se ve, no son los deseados. Ni los mejores.

La prioridad, entonces, debe ser lo local. La Nación parece no comprender en profundidad la situación de Misiones y si lo hace, no le presta la debida atención. El ministro del Interior, Rogelio Frigerio realizó una nueva visita a la provincia y trajo consigo la confirmación de la extensión del ITC Diferenciado para Posadas. Solo para Posadas. Los empresarios y el propio Gobierno esperaban un tanto más de generosidad. Pero los tecnócratas nacionales no creen que las asimetrías sean graves para el interior de la provincia.

Solo miden la fuga de divisas desde el puente que une a Posadas con Encarnación y el precio del combustible del otro lado de la orilla –que de todos modos sigue más bajo-. Pero lo cierto es que la misma sangría se produce en todos los pueblos fronterizos con Paraguay y lo mismo sucede, aunque no para comprar combustible, con las localidades al oriente de Misiones, que tienen contacto con Brasil.

El ITC solo no alcanza ni siquiera para Posadas. Y, pese a que lo saben los propios funcionarios y dirigentes locales de Cambiemos, no se entiende la intransigencia de Nación para implementar otras medidas paliativas.  La promocionada ley Pyme obvió el único artículo que interesaba a Misiones. El 10, que autoriza al Ejecutivo a aplicar incentivos especiales en las zonas de frontera afectadas por asimetrías coyunturales. Nunca se reglamentó. Frigerio tiró la pelota para el lado de Franscico Cabrera, el ministro de Producción que brilla por su ausencia.  

Frigerio aprovechó su visita a Misiones para poner en orden a Cambiemos. Cenó con la mesa provincial, encabezada por Humberto y Alfredo Schiavoni. Los dirigentes radicales aprovecharon para sacarse fotos que reafirmen la pertenencia y que seguramente se utilizarán en la campaña. Pero la relación entre los socios es apenas de compromiso.

Frigerio ratificó que el elegido por el propio Macri para ser candidato a senador es Humberto Schiavoni, ya que necesita un hombre de confianza que pueda ser un interlocutor eficaz con el peronismo en la Cámara alta. Ni Gabriela Michetti ni Federico Pinedo están a la altura de las necesidades.

El titular de la cartera de Interior también dejó claro que el Gobierno de Hugo Passalacqua es un aliado táctico con el que se debe convivir en armonía.

El PRO lo entiende así. Pero en el radicalismo insisten en el tiroteo retórico. Tampoco logran ponerse de acuerdo en defender el único espacio que tienen garantizado: el de Luis Pastori. El veterano legislador busca su reelección en un esquema que le sirve a Cambiemos.

La posibilidad de repetir en el cargo, algo que la UCR no logra desde hace más de una década, no entusiasma demasiado a los jóvenes, que reclaman su propio espacio. “Si no entramos, claramente será por los votos”, advirtió uno de los sub-40 que quiere dar el salto a Primera. Pastori confía en que la sangre no llegue al río y que pueda encabezar la lista de Diputados.

En la mesa de Frigerio y Cambiemos hubo un momento incómodo cuando los dirigentes de Libertad, Valores y Cambio, plantearon el futuro de su jefe: Alex Ziegler. El Grandote no se resigna a quedar fuera de las listas, pese a que ya está decidido que no queda más espacio en Cambiemos. Le ofrecieron la subsecretaría de Desarrollo Forestal pero la rechazó. Es senador o nada. Su partido hizo público el malestar y pidió “coherencia” a Cambiemos. Y hasta dio un ultimátum del cuál será muy difícil volver: “No somos iguales. No pactamos impunidad detrás de la famosa gobernabilidad”.

La misma tozudez mostró cuando se reunió con Ramón Puerta en la estancia de I-Porá, camino a Apóstoles. El embajador de Macri, quien quiere ser candidato, le respondió que podían dirimir los cargos en las Primarias. Ziegler se negó. Quedaron en la nada. La última carta que le queda es ser aceptado en Avancemos, el espacio compartido entre massistas, radicales alfonsinistas y los diputados de Trabajo y Progreso. La única coherencia que exhibe el Colorado es la de pretender ser candidato. No importa dónde.

El gobernador Hugo Passalacqua compartió con Frigerio su paso por Misiones. Mantuvo varias reuniones y ratificó que la Renovación seguirá garantizando la gobernabilidad. “Pero no somos lo mismo”, aclara. Horas después de estar con Frigerio, se reunió con otros mandatarios opositores que coincidieron en que la gobernabilidad seguirá dada, pero advirtieron que “debe ser de ida y vuelta”.

 

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Temer dijo que el audio está editado, pidió que cese la investigación en su contra y ratificó que no renunciará

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El presidente de Brasil, Michel Temer, exigió la suspensión de las investigaciones judiciales por corrupción contra él por sospechas de que el audio presentado como prueba está manipulado.

“Esa grabación clandestina fue manipulada y adulterada con objetivos nítidamente subterráneos”, dijo Temer desde el Palacio de Planalto, en su segundo pronunciamiento desde que estalló el escándalo el miércoles, cuando se dio a conocer una denuncia del empresario Joesley Batista.

Según el mandatario, que se hace eco de la opinión de un perito, el audio “fue editado más de 50 veces”. Medios brasileños reportaron en las últimas horas sobre una posible edición de la grabación presentada por Batista como prueba en su denuncia contra Temer.

“Escuchen los audios y van a ver que hay cosas inconexas”, bramó Temer. Y remató: “Todo esto es falso”.

Temer sostuvo que no hizo “nada para obstruir la justicia” y que quienes lo acusan “quieren liquidar al gobierno”. El presidente aseguró que sus abogados pedirán al Tribunal Supremo que detenga las investigaciones que la máxima corte del país autorizó el jueves y reafirmó que no presentará su dimisión. “Continuaré al frente del Gobierno”, aseguró.

El escándalo que desató una crisis política mayúscula en Brasil comenzó el miércoles, cuando se dieron a conocer unas grabaciones en las que supuestamente el actual mandatario habría dado el visto bueno a un empresario respecto a un soborno.

En el audio divulgado, Temer habría dado el aval para que Joelsey Batista, propietario del gigante de la carne JBS, continúe comprando el silencio del exdiputado Eduardo Cunha, correligionario de Temer y ahora encarcelado en el marco de la megacausa de corrupción conocida como “Lava Jato” (“Lavado de autos”).

Tras la divulgación de los audios, el mandatario quedó en una situación muy delicada y las versiones sobre su salida del Ejecutivo, sea por renuncia o por un complicado proceso destitución, ocupan desde entonces el centro de la escena en Brasil.

El escándalo castigó a la maltrecha economía brasileña, que empezaba a salir de una grave recesión que hizo desplomarse el Producto Interno Brasileño (PIB) en un valor sumado del 7,4 por ciento en los dos últimos años.

Brasil se apresta a vivir un fin de semana de protestas y negociaciones políticas que pueden determinar la suerte del presidente conservador, acuciado por denuncias de corrupción.

Temer trata de impedir la erosión de su base aliada para guarecerse de un eventual impeachment como el que hace un año le costó el cargo a la mandataria de izquierda Dilma Rousseff, de quien era vicepresidente.

Partidos de izquierda, sindicatos y organizaciones sociales convocaron el domingo a protestas en todo el país para exigir su renuncia. El número de participantes podrá servir de termómetro del descontento.

La Fiscalía General pidió el viernes a la corte suprema la inculpación de Temer por presunta “obstrucción a la justicia”.

Según la Fiscalía, Temer habría actuado en coordinación con el senador Aécio Neves, suspendido de su cargo el jueves, para poner palos en las ruedas de la Operación Lava Jato, que investiga una vasta red de sobornos en la estatal Petrobras.

Las acusaciones se basan en delaciones premiadas de ejecutivos del gigante mundial de la alimentación JBS, entre ellos sus dueños Joesley y Wesley Batista.

Las confesiones no son consideradas pruebas a menos que un tribunal así lo determine.

Brasil vive en estado de conmoción política desde que el miércoles el diario O Globo reveló una conversación entre Temer y Joesley Batista, en la que el jefe de Estado parece dar su anuencia al pago de un soborno para comprar el silencio del exdiputado Eduardo Cunha, encarcelado por corrupción. El Supremo Tribunal Federal (STF) abrió una investigación sobre el caso.

El jefe de Estado, de 76 años, rechazó tajantemente esas acusaciones, así como los llamados a que presente su renuncia.

En los documentos divulgados el viernes, Temer aparece mencionado junto a sus predecesores de izquierda Lula da Silva y Dilma Rousseff en una lista de presuntos beneficiarios de sobornos pagados por ejecutivos de JBS.

Ricardo Saud, director de relaciones institucionales de J&F (el consorcio que controla JBS), asegura que la empresa benefició a Temer en la campaña de 2014 con pagos ilegales por un monto de 15 millones de reales (6,37 millones de dólares al cambio promedio de ese año) a cambio de una “actuación favorable” a los intereses de la empresa.

O Globo, que forma parte del poderoso Grupo Globo, afirmó el viernes en un editorial que el jefe de Estado “perdió las condiciones morales, éticas, políticas y administrativas para seguir gobernando”.

En un editorial colgado en su portal web, el rotativo recuerda que “apoyó desde el primer momento el proyecto reformista” de Temer, quien llegó al poder hace un año tras la destitución de la presidenta de izquierda Dilma Rousseff.

Pero considera que lo que se vio y oyó en estos días sobre sus arreglos con los Batista lo descalifican para seguir liderando ese proyecto, basado en medidas de ajuste como receta para sacar al país de la peor recesión de su historia.

“La renuncia es una decisión unilateral del presidente. Si deseara no lo que es mejor para sí mismo, sino para el país, será la decisión que acabará tomando Michel Temer. Y es lo que los ciudadanos de bien esperan de él”, agrega.

La exministra y senadora ecologista Marina Silva, que en las presidenciales de 2014 obtuvo casi 20% de los votos, también consideró que Temer “no está en condiciones de gobernar”.

Y el expresidente del STF Joaquim Barbosa llamó a los brasileños a “movilizarse, ir a las calles y reivindicar con fuerza: la renuncia inmediata de Michel Temer”.

Un eventual impeachment solo prosperará si la coalición que apoya a Temer, o al menos una parte de ella, le da la espalda.

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