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La industria encadenó su sexta caída interanual al hilo y cerró 2025 con una baja de casi 4%

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La industria manufacturera encadenó su sexta caída interanual consecutiva en diciembre, al arrojar un retroceso del 3,9% versus el mismo mes de 2024. De este modo, los datos volvieron a reflejar que se trata del sector más afectado por el modelo económico impulsado desde el Gobierno.

Así lo informó el INDEC este viernes a través de la publicación de su Índice de Producción Industrial (IPI). Al mirar la serie desestacionalizada y la tendencia-ciclo, puede observarse que la actividad del sector cerró el año pasado en mínimos desde mediados de 2024.

La serie desestacionalizada registró una baja mensual del 0,1%, mientras que la tendencia-ciclo se mantuvo prácticamente estancada. En otras palabras, la industria dejó de caer fuerte, pero tampoco logra crecer de manera sostenida. El nivel de actividad permanece por debajo de los picos previos y sin una señal clara de cambio de ciclo.

El análisis sectorial expone un mapa preocupante: 10 de las 16 divisiones industriales registraron caídas interanuales. Los retrocesos más profundos se dieron en textiles (-25,7%), prendas de vestir y calzado (-16,7%), automotores (-19,4%) y maquinaria y equipo (-14,8%), sectores intensivos en empleo y clave para el entramado productivo nacional.

Incluso dentro de los rubros que lograron crecer, el desempeño es heterogéneo. Alimentos y bebidas apenas avanzaron 0,8%, mientras que yerba mate, té y café retrocedieron 4,5%, un dato especialmente relevante para las economías regionales. La industria vinculada al consumo masivo muestra signos de agotamiento, presionada por la caída del poder adquisitivo.

La industria automotriz y la metalmecánica continúan entre los sectores más golpeados, reflejando tanto la debilidad del mercado interno como la falta de un esquema de inversión y financiamiento que permita sostener niveles de producción competitivos.

En síntesis, la industria argentina cerró 2025 sin colapso, pero también sin recuperación real. El leve crecimiento anual no alcanza para revertir la pérdida de empleo, la caída del consumo y la contracción de sectores estratégicos. Más que un rebote, el panorama industrial describe una economía que se mueve en un piso bajo y con señales de agotamiento estructural.

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La capacidad instalada de la industria volvió a caer en noviembre y se ubicó en 57,7%

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La utilización de la capacidad instalada de la industria argentina volvió a retroceder en noviembre de 2025 y se ubicó en 57,7%, el nivel más bajo desde marzo, confirmando que el sector fabril continúa entre los más golpeados por la caída del consumo y el enfriamiento de la actividad económica. El dato, difundido por el INDEC, no solo marca un deterioro frente a octubre, sino que también refleja un fuerte contraste interanual: en noviembre de 2024, la capacidad utilizada alcanzaba el 62,3%, casi cinco puntos porcentuales por encima del nivel actual.

El desempeño industrial consolida así un escenario de debilidad persistente, solo superado por la construcción en términos de contracción, y expone las tensiones que atraviesan distintos complejos productivos en un contexto de menor demanda interna y mayor presión competitiva por el ingreso de productos importados.

Un indicador que vuelve a caer y profundiza la brecha interanual

Según el informe técnico del INDEC correspondiente a noviembre de 2025, la utilización de la capacidad instalada no logró sostener la recuperación parcial observada durante el tercer trimestre del año y volvió a descender, interrumpiendo la mejora que se había insinuado en septiembre y octubre. El nivel general del 57,7% se ubica no solo por debajo del promedio de 2025, sino también lejos de los registros de fines de 2024, cuando la industria operaba con mayor intensidad.

En la comparación interanual, la caída es significativa: el indicador se redujo desde el 62,3% de noviembre de 2024, lo que da cuenta de un deterioro generalizado del aparato productivo. El informe señala que la industria continúa afectada por la retracción del mercado interno, el ajuste en los niveles de producción y, en varios rubros, por una menor utilización de plantas y turnos de trabajo.

Sectores con mejor desempeño y ramas en fuerte retroceso

El relevamiento oficial muestra un comportamiento muy dispar entre los distintos bloques sectoriales. Los rubros que operaron por encima del promedio general fueron:

  • Refinación del petróleo: 86,5%
  • Industrias metálicas básicas: 73,3%
  • Papel y cartón: 71,2%
  • Productos alimenticios y bebidas: 64,2%
  • Productos minerales no metálicos: 58,2%
  • Sustancias y productos químicos: 57,8%

En contraste, varios sectores clave se ubicaron muy por debajo del nivel general, evidenciando una fuerte subutilización de su capacidad productiva:

  • Edición e impresión: 50,6%
  • Industria automotriz: 46,3%
  • Productos del tabaco: 44,9%
  • Productos de caucho y plástico: 41,0%
  • Metalmecánica (excepto automotores): 39,9%
  • Productos textiles: 29,2%

La metalmecánica, excluida la automotriz, presentó la principal incidencia negativa en la comparación interanual. En noviembre de 2024, el sector utilizaba el 50,0% de su capacidad, mientras que en igual mes de 2025 cayó al 39,9%. De acuerdo con el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI), dentro de este rubro la mayor baja se registró en la fabricación de aparatos de uso doméstico, con una contracción interanual del 39,7%. Referentes sectoriales vinculan este retroceso a la menor demanda local y al ingreso de productos importados.

Automotriz, alimentos y textiles: consumo débil y menor producción

La industria automotriz también mostró un deterioro marcado. En noviembre operó al 46,3% de su capacidad instalada, muy por debajo del 64,7% registrado un año atrás. El INDEC atribuye este desempeño a la menor cantidad de unidades fabricadas por las terminales, en un contexto de ventas más débiles y ajustes en los planes de producción.

En alimentos y bebidas, la utilización fue del 64,2%, inferior al 66,9% de noviembre de 2024. La baja se explica principalmente por una menor elaboración de bebidas y una reducción en la producción de carne vacuna. Según la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas sin Alcohol (CADIBSA), las ventas de gaseosas, aguas, jugos, bebidas isotónicas y energizantes cayeron 7,5% interanual en noviembre. A su vez, el IPI manufacturero registró una disminución del 6,6% en la producción de carne vacuna.

El sector textil continúa siendo el más afectado. En noviembre utilizó apenas el 29,2% de su capacidad instalada, frente al 48,2% del mismo mes del año anterior. La caída responde a menores niveles de producción de tejidos e hilados de algodón: la fabricación de tejidos y acabado de productos textiles se desplomó 43,9% interanual, mientras que la producción de hilados de algodón retrocedió 37,1%.

En tanto, los productos de caucho y plástico operaron al 41,0%, también por debajo del 46,8% de noviembre de 2024. El informe detalla que la fabricación de manufacturas de plástico cayó 8,8% interanual, mientras que la producción de neumáticos se contrajo 34,0%.

Un panorama que anticipa desafíos para la reactivación industrial

Los datos de noviembre confirman que la industria argentina enfrenta un proceso de ajuste profundo y heterogéneo, con sectores que logran sostener niveles elevados de utilización, como la refinación del petróleo, y otros que operan muy por debajo de su potencial. La persistencia de una demanda interna débil y la presión de los productos importados aparecen como factores centrales detrás del freno industrial.

En este contexto, la evolución de la capacidad instalada se consolida como un termómetro clave para anticipar la dinámica del empleo industrial, la inversión y el nivel de actividad en los próximos meses, en un escenario donde la recuperación aún no logra generalizarse.

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El IPI manufacturero cayó 8,7% en noviembre y la recuperación industrial sigue sin aparecer

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La actividad industrial volvió a mostrar señales de debilidad en noviembre de 2025. Según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el índice de producción industrial manufacturero (IPI manufacturero) registró una caída de 8,7% interanual y un retroceso de 0,6% respecto de octubre, lo que confirma el quinto mes consecutivo de contracción. Aunque el acumulado del año aún se mantiene en terreno positivo, con una suba de 2% entre enero y noviembre, la dinámica reciente profundiza el deterioro del sector y vuelve a encender alertas sobre su desempeño hacia el cierre del año.

El dato, difundido en Buenos Aires el 8 de enero de 2026, vuelve a poner en foco la fragilidad de la recuperación industrial, con una mayoría de ramas productivas operando en niveles inferiores a los de 2024 y con caídas particularmente severas en sectores intensivos en empleo y valor agregado.

Cinco meses consecutivos de caída y un rebote que no se consolida

De acuerdo con el informe técnico del Indec, en noviembre el IPI manufacturero mostró una contracción interanual de 8,7%, mientras que la serie desestacionalizada evidenció una baja mensual de 0,6% y la tendencia-ciclo retrocedió 0,1% frente a octubre. Con este resultado, la industria acumula cinco meses consecutivos de caídas, tras los retrocesos registrados en julio (-0,8%), agosto (-4,3%), septiembre (-0,5%), octubre (-2,8%) y ahora noviembre.

El desempeño contrasta con la evolución del primer semestre del año, cuando la actividad industrial había logrado cerrar varios meses en alza. Esa dinámica explica que, pese al deterioro reciente, el acumulado enero-noviembre de 2025 aún muestre un incremento de 2% respecto de igual período de 2024. Sin embargo, la persistencia de variaciones negativas en la segunda mitad del año pone en duda la sostenibilidad de ese resultado y refuerza la percepción de un estancamiento prolongado.

Desplome sectorial: quince de dieciséis ramas en baja

El informe del Indec revela que en noviembre quince de las dieciséis divisiones de la industria manufacturera registraron caídas interanuales, lo que da cuenta de un retroceso ampliamente generalizado. Las bajas más pronunciadas se observaron en sectores clave:

  • Productos textiles: -36,7%
  • Vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes: -23%
  • Productos de metal: -18,6%
  • Maquinaria y equipo: -17,9%
  • Prendas de vestir, cuero y calzado: -17,6%

También mostraron retrocesos significativos productos de caucho y plástico (-12,5%), muebles y colchones (-9,4%) y alimentos y bebidas (-7,8%), una rama de alto peso en el nivel general del índice.

Las caídas fueron más moderadas en sustancias y productos químicos (-3,4%), industrias metálicas básicas (-3,1%), productos minerales no metálicos (-2,4%) y madera, papel, edición e impresión (-0,3%). La única excepción fue la refinación del petróleo, coque y combustible nuclear, que mostró una suba interanual de 6,3%, convirtiéndose en el único sector con desempeño positivo en el mes.

Impacto económico y señales para el cierre del año

El nuevo retroceso del IPI manufacturero refuerza el diagnóstico de una industria que no logra consolidar una recuperación sostenida. La profundidad de las caídas en ramas como textiles, automotores y metalmecánica amplifica el impacto económico y social, dado su peso en el empleo industrial y en las cadenas de valor regionales.

Además, la secuencia de bajas mensuales desde julio sugiere que el impulso observado en la primera mitad del año perdió fuerza, dejando a la industria expuesta a un escenario de alta volatilidad. Aunque el acumulado anual aún se mantiene en terreno positivo, la tendencia reciente plantea interrogantes sobre el arrastre estadístico hacia el cierre de 2025 y las perspectivas de corto plazo.

En este contexto, los datos oficiales del Indec confirman que la industria manufacturera continúa operando bajo presión, con una recuperación incompleta y un desempeño heterogéneo, donde solo la refinación energética logra escapar al sesgo contractivo que domina al resto del entramado productivo.

Ipi Manufacturero 01 26 INDEC by CristianMilciades

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Industria textil pierde 1.500 empleos al mes en medio de la competencia internacional

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En los últimos meses, el paisaje comercial argentino ha experimentado un cambio que muchos analistas definen como histórico. Las calles, los shoppings y, sobre todo, las plataformas digitales han comenzado a reflejar un fenómeno que hasta hace poco parecía lejano: la consolidación de un consumo masivo de productos importados, especialmente provenientes de China, que atraviesa todos los rubros, desde tecnología hasta indumentaria y calzado. Lo que hace apenas un año era marginal, hoy se convirtió en una tendencia que redefine hábitos de compra, desafía a la industria nacional y obliga a repensar la regulación del comercio exterior.

El auge del ecommerce potenció aún más este fenómeno, debido a la comodidad de comprar desde casa, combinada con envíos rápidos y ofertas agresivas de gigantes internacionales, consolidó un nuevo hábito de consumo que desplaza progresivamente al comercio tradicional y obliga a los negocios locales a adaptarse con ventas online, promociones digitales y estrategias de fidelización que compitan con la inmediatez y los precios de estas plataformas complementado además con opciones de financiamiento y crédito.

Desde fines de 2024, la flexibilización del régimen courier y varias medidas regulatorias permitieron el ingreso masivo de paquetes. El tope por envío se elevó a 3.000 dólares y 50 kilos y las compras de hasta 400 dólares quedaron exentas de derechos de importación y tasa estadística, pagando únicamente IVA. El efecto fue inmediato y según el INDEC, las importaciones por servicios postales alcanzaron en julio un récord de US$93,7 millones, frente a US$19,2 millones en el mismo mes de 2024, un incremento cercano al 39%. De esta forma, en los primeros meses de 2025 ya se observaban duplicaciones en la cantidad y el valor de envíos recibidos por courier.

El protagonismo corresponde a Shein y Temu, que desplazan incluso a gigantes tradicionales como Amazon y Mercado Libre en ciertos rubros. Estas plataformas concentran cerca del 80% de las ventas de indumentaria que ingresan por courier; Temu, por ejemplo, mueve alrededor de 300.000 paquetes por mes hacia Argentina. La propuesta de valor para el comprador es simple, con precios muy por debajo de los locales, mayor variedad y renovación constante de modelos. 

Y es que el efecto sobre la industria nacional es evidente. La Cámara Argentina de la Indumentaria (CIAI) reporta que la producción local pierde aproximadamente 1.500 puestos de trabajo por mes. Por su parte, la Fundación ProTejer indica que la mitad de las empresas del sector presentó una caída promedio de ventas del 7% en el segundo trimestre de 2025 frente al mismo período de 2024. En los últimos dos años, ocho de cada diez empresas sufrieron retrocesos cercanos al 30%.

La situación se agrava por la creciente participación de indumentaria importada. Datos de ProTejer revelan que, casi siete de cada diez prendas vendidas en Argentina son extranjeras, cifra que asciende al 75% en shoppings y centros comerciales. La competitividad local se ve erosionada no solo por la diferencia de precios, sino también por la velocidad del modelo extranjero, ya que confeccionar una prenda en Argentina puede demandar semanas y las fábricas chinas vinculadas a Shein y Temu producen y lanzan nuevas colecciones en días.

El impacto no se limita a la economía. El modelo de producción masiva genera preocupaciones ambientales y sociales. La ONU estima que el sector moda es responsable del 8% al 10% de las emisiones globales de CO2, superando incluso al transporte marítimo y aéreo juntos. En Shein, las emisiones de producción pasaron de 7,49 millones de toneladas en 2023 a 8,52 millones en 2024, mientras que se calcula que el 60% de sus productos se descarta en menos de un año y solo el 6% es reciclable. Por estas razones, países como Francia han impuesto impuestos ecológicos, restricciones publicitarias y etiquetado obligatorio sobre la huella ambiental de las prendas.

En la región, otros mercados reaccionan de manera similar. Brasil y México aplican gravámenes del 20% sobre compras menores del exterior, y algunas plataformas fabrican localmente para cumplir regulaciones. En Argentina, en cambio, no existen barreras comparables, lo que hace al país muy permeable a la moda rápida extranjera. 

Ante esta dinámica, la industria local busca adaptarse mediante estrategias de precios y promociones. Varias marcas lanzan descuentos de hasta 40% para atraer compradores; sin embargo, los costos operativos —alquileres, salarios y servicios— limitan la capacidad de respuesta frente a competidores que producen en masa con costos unitarios reducidos. 

Medidas locales frente a este panorama

Frente al imparable crecimiento de las plataformas de “ultra fast fashion”, el sector textil argentino comenzó a buscar respuestas coordinadas a nivel regional. Las cámaras de indumentaria de Argentina, Brasil y México trabajan en conjunto para presentar una ley que replique la normativa francesa dirigida a estas compañías, con el objetivo de proteger a la industria local y garantizar la seguridad de los consumidores. La propuesta busca que las prendas importadas por estas plataformas cumplan estándares de producción similares a los exigidos a la industria doméstica, incluyendo controles ambientales y de toxicidad de los insumos utilizados. 

Uno de los puntos centrales de la iniciativa es establecer un período de verificación para las prendas importadas, controladas inicialmente por la ANMAT, que asegure que no contengan sustancias tóxicas ni generen contaminación ambiental. Los riesgos no son hipotéticos, por ejemplo, Corea del Sur detectó en ropa infantil de estas plataformas niveles de cadmio y plomo hasta 622 veces superiores a los límites legales. Una vez superadas estas instancias de control, los productos quedarían sujetos a los aranceles e impuestos vigentes en Argentina, como IVA e Ingresos Brutos, equiparando las condiciones con las que enfrenta la producción local.

A nivel nacional, el Gobierno también ejecutó medidas para equilibrar la competencia y fomentar la reducción de precios locales, tradicionalmente más altos que en países de la región. El Decreto 236/2025 redujo los aranceles de importación de ropa y calzado del 35% al 20%, las telas del 26% al 18% y los hilados entre 12% y 16%, volviendo a niveles previos a 2007. Según la Secretaría de Comercio, estas decisiones buscan acercar los precios locales a los de mercados limítrofes como Uruguay y Paraguay y generar mayor competencia en un sector considerado estratégico.

No obstante, las respuestas del sector industrial no se hicieron esperar. La Unión Industrial Argentina señaló que estas medidas podrían profundizar la desigualdad de condiciones frente a las importaciones, dado que los niveles de presión fiscal, informalidad y costos laborales dificultan la competitividad interna. Los industriales advierten que la rebaja de aranceles, aunque presentada como un intento de reducir precios, no se refleja de manera significativa en la inflación local del rubro. De hecho, en los primeros meses de 2025, la indumentaria nacional aumentó apenas 1% en promedio, en tanto productos importados continúan ingresando a precios irrisorios gracias a la estructura de costos asiática.

La CIAI fue aún más crítica, calificando la medida como un “industricidio” que amenaza con destruir miles de empleos y quebrar cientos de industrias en toda la cadena textil. En Argentina, la cadena de valor de indumentaria emplea a más de 539.000 personas, de las cuales 290.000 corresponden a los eslabones industriales. Para la cámara, la liberalización de importaciones sin regulaciones equivalentes a nivel ambiental y de seguridad consolida la competencia desleal de productos baratos que, además, poseen estándares de calidad cuestionables.

El desafío, entonces, combina lo económico con lo social y ambiental, equilibrando un mercado abierto que ofrece precios bajos con la necesidad de preservar empleos, industria nacional y condiciones seguras para los consumidores. La propuesta regional de una ley anti Shein y Temu se perfila como una de las iniciativas más relevantes para intentar frenar el impacto de la moda rápida y garantizar que la apertura comercial no se traduzca en un perjuicio estructural para la economía local. Mientras tanto, la discusión entre el gobierno, los industriales y los legisladores continúa, en busca de un equilibrio que permita disfrutar de las ventajas del comercio internacional sin sacrificar la sostenibilidad de la industria argentina.
Fuente: Pórtico 8

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El consumo de ropa importada ya es mayor que la nacional

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El ingreso de prendas del exterior se disparó en el primer trimestre del año, marcando un récord histórico.

Según destacó la Fundación ProTejer, las importaciones de ropa y textiles del hogar se dispararon en el primer trimestre del año y marcaron un récord histórico: crecieron un 86% y 109% interanual en volumen, respectivamente. 

A su vez, las compras vía courier correspondientes al segmento e-commerce se incrementaron a tal punto que los aeropuertos debieron ampliar su infraestructura para abastecer la demanda.

El componente de textiles importados asciende al 67% de las prendas que se consumen en el país, el nivel más alto de la serie, frente al 33% de los locales.

En lo que refiere a la ropa exclusivamente, el 75% de la que se comercializa en shoppings proviene del exterior.

Esto “no solo evidencia la presión externa que enfrenta actualmente la industria textil, sino también un proceso sostenido de debilitamiento estructural del entramado productivo”, aseguraron desde Pro Tejer.

“El retroceso se comienza a traducir en el cierre de empresas, pérdida de empleo y de eslabones clave dentro de la cadena de valor y una racionalización forzada del sector que opera en condiciones desfavorables, mientras compite con productos importados favorecidos por la política económica, con consecuencias negativas para el alto grado de desarrollo tecnológico alcanzado y en la inversión futura, profundizando la dependencia externa”, sostuvieron.

Las importaciones tienen valores significativamente más bajos que en 2024 e incluso de los registrados en los últimos 11 años.

Se detectó que si bien las cantidades importadas prácticamente se duplicaron, los valores en dólares se incrementaron mucho menos.

Desde Pro Tejer observaron que “se refuerzan las sospechas de prácticas de subfacturación que podrían haberse generado al calor de la eliminación de los valores criterio y controles en Aduana”.

“Por ejemplo, en el primer trimestre de 2025 los tejidos de punto importados llegaron al país a un precio FOB promedio un 45% más bajo que el registrado durante los primeros tres meses del periodo 2015-2024”, concluyó.

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