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Consumo masivo: supermercados y mayoristas siguen en rojo y el gasto no logra despegar

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El consumo masivo volvió a mostrar señales de debilidad en julio. Los dos principales canales relevados por el INDEC —supermercados y autoservicios mayoristas— cerraron los primeros siete meses de 2026 con una contracción de 2,7% en las ventas a precios constantes respecto del mismo período de 2025. La diferencia estuvo en el comportamiento mensual: mientras los supermercados profundizaron la caída, los mayoristas registraron una recuperación de corto plazo que, por ahora, no alcanza para modificar la tendencia general.

En supermercados, julio volvió a quedar en terreno negativo. Las ventas a precios constantes retrocedieron 2,1% frente al mismo mes del año pasado y acumularon una baja de 2,7% en los primeros siete meses. En la comparación mensual desestacionalizada, la caída fue de 0,7%, mientras que la serie tendencia-ciclo también mostró una variación negativa, de 0,2%. Es decir, no se trata solamente de una comparación desfavorable contra 2025: el indicador tampoco consiguió consolidar una recuperación en la dinámica más reciente.

La fotografía resulta especialmente significativa cuando se observa el contraste entre facturación y volumen. En julio, los supermercados registraron ventas por $2,59 billones a precios corrientes, un incremento nominal de 25,8% interanual. Sin embargo, una vez descontado el efecto de los precios, el resultado fue una caída de 2,1%. El ticket promedio llegó a $34.981 y aumentó 16,5% interanual, mientras que las ventas por metro cuadrado subieron 27,9%.

La composición de las compras también muestra dónde se concentra el movimiento de la caja familiar. En los supermercados, los mayores incrementos nominales de facturación correspondieron a carnes, con 39,5%; verdulería y frutería, con 30,6%; bebidas, con 27,7%; y lácteos, con 25,6%. Se trata de categorías centrales de la canasta cotidiana, aunque el aumento de la facturación no implica necesariamente un mayor volumen físico comercializado.

Otro dato que permite leer el comportamiento de los consumidores es el financiamiento de las compras. En julio, las tarjetas de crédito concentraron el 41,9% de las ventas de supermercados, con $1,086 billones, mientras que el débito representó 25,9% y el efectivo 16,6%. Los denominados “otros medios de pago”, que incluyen billeteras virtuales, códigos QR, vales, cuponeras y tarjetas de regalo, entre otros, representaron 15,6% y registraron el mayor crecimiento interanual, de 63,8%.

El canal mayorista presentó una señal diferente, aunque todavía insuficiente para hablar de un cambio de tendencia. En julio, las ventas a precios constantes aumentaron 1,2% frente a junio en la serie desestacionalizada, pero permanecieron 1,1% por debajo del mismo mes de 2025. Con ese resultado, el acumulado enero-julio también quedó 2,7% por debajo del año anterior. Además, la serie tendencia-ciclo registró una baja de 0,3% mensual, una señal que matiza la recuperación puntual observada en julio.

En este canal, la facturación a precios corrientes alcanzó $401.070 millones en julio, con un crecimiento nominal de 26,3% interanual. El ticket promedio llegó a $47.535 y aumentó 31,8%, mientras que las ventas por metro cuadrado avanzaron 29,5%. Nuevamente aparece la misma tensión: el dinero movilizado por el sector crece a valores corrientes, pero el volumen real de mercadería comercializada continúa por debajo del nivel de un año atrás.

El mayorista también muestra un cambio en la forma de pagar. Los “otros medios” explicaron el 33,6% de las ventas, por $134.615 millones, y las tarjetas de crédito representaron 26,2%, mientras que el efectivo explicó 23,9%. En términos interanuales, el efectivo fue el medio que más creció, con una suba nominal de 43,4%, seguido por los otros medios, con 33,9%.

Hay, además, una dimensión laboral que acompaña la debilidad del volumen comercial. En los autoservicios mayoristas relevados por el INDEC había 12.915 asalariados en julio, 7,3% menos que un año atrás. La reducción alcanzó tanto al personal jerárquico como al conjunto de cajeros, administrativos y repositores.

En supermercados, el universo relevado alcanzó a 95.383 trabajadores asalariados en julio, con una caída interanual de 4,6%. El dato muestra que la evolución de las ventas no sólo impacta en los indicadores de facturación: también se vincula con las decisiones empresariales sobre dotaciones y estructura de empleo dentro de un sector de alta intensidad laboral.

La lectura de los datos requiere, de todos modos, una precisión importante. El propio INDEC advierte que las ventas de supermercados y autoservicios mayoristas no deben considerarse aisladamente como un indicador macroeconómico del consumo de los hogares, ya que este último es un agregado mucho más amplio que se mide mediante las Cuentas Nacionales. Por eso, los datos permiten describir con precisión la evolución de estos canales comerciales, pero no equivalen por sí solos a una medición integral del consumo privado.

El dato central que deja julio es, entonces, menos una fotografía de desplome que una señal de persistencia: el mercado todavía no consigue transformar el aumento nominal de la facturación en una expansión sostenida de las cantidades vendidas. En supermercados, el volumen volvió a caer tanto en la comparación interanual como mensual; en mayoristas, la mejora mensual convivió con un acumulado negativo y una tendencia-ciclo todavía contractiva. Para hogares y comercios, la variable decisiva hacia los próximos meses será si esa brecha comienza a cerrarse y la recuperación deja de expresarse solamente en pesos corrientes para trasladarse también al volumen efectivo de compras.

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