tipo de cambio real

Furor por el “puerta a puerta”: se duplicaron las importaciones en el primer bimestre

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El consumo mutó. Mientras el mercado interno muestra signos de debilidad, los argentinos aceleran un fenómeno que redefine el mapa comercial: las compras en el exterior vía plataformas digitales.

Los datos son contundentes. Las importaciones vía courier alcanzaron los US$ 91 millones en febrero, prácticamente en línea con enero, y marcaron un salto interanual del 127%. En el acumulado del primer bimestre, el crecimiento es del 115,8%, consolidando una tendencia que ya perfila a 2026 como un nuevo año récord.

Según la consultora Analytica, se trata del mayor registro histórico para un mes de febrero, confirmando que el canal “puerta a puerta” dejó de ser marginal para convertirse en un componente estructural del consumo.

Más allá de picos estacionales, el gasto en compras internacionales parece haber encontrado un nuevo equilibrio. En seis de los últimos ocho meses, las importaciones vía courier se mantuvieron en torno a los US$ 90 millones mensuales, con excepciones puntuales como septiembre (adelantamiento de importaciones) y diciembre, cuando se alcanzó un récord de US$ 105 millones, impulsado por las fiestas y el aguinaldo.

En todo 2025, el canal puerta a puerta acumuló US$ 894 millones, lo que implicó un crecimiento del 274,2% interanual, reflejando un cambio profundo en los hábitos de consumo.

Dólar barato y consumo externalizado

Uno de los motores clave de este fenómeno es la percepción de un tipo de cambio “barato”. Diversas consultoras advierten que el dólar se mantiene relativamente estable frente a una inflación que continúa en torno al 3% mensual, generando una apreciación cambiaria progresiva.

Un informe de IDESA ilustra esta dinámica: mientras el dólar oficial superaba los $1.400 en octubre de 2025, en marzo de 2026 retrocedía a $1.370, pese a una inflación acumulada del 15% en ese período. Bajo ese escenario, el tipo de cambio real se ubica en niveles similares a los de 2017, incentivando las compras en el exterior.

El régimen permite importar productos de hasta US$ 3.000 por envío, con límites de peso y uso personal. Existe una franquicia de US$ 50 por paquete (hasta 12 envíos anuales); superado ese monto, se paga un arancel del 50% sobre el excedente.

El proceso requiere CUIT, clave fiscal nivel 3 y declaración online ante Correo Argentino.

Shein, Temu y el nuevo consumo masivo

El fenómeno tiene nombres propios: Shein y Temu. Estas plataformas chinas lideraron el boom en 2025, con un crecimiento superior al 270% interanual y cerca de cinco millones de usuarios argentinos.

Las categorías más demandadas son indumentaria, cosmética y tecnología de bajo costo, segmentos donde el diferencial de precios frente al mercado local resulta determinante.

Desde la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) reconocen el impacto:

“Categorías como indumentaria tienen un peso importante, pero el sector viene muy golpeado hace tiempo, incluso en el canal offline”.

Tensión con el comercio local

El avance de las plataformas extranjeras encendió alertas en el ecosistema local. A fines de 2025, ejecutivos de Mercado Libre reclamaron reglas de juego más equitativas, advirtiendo sobre el impacto en las pymes, que representan la mayor parte de su volumen de ventas.

El debate pone en evidencia una contradicción: mientras se cuestiona la competencia externa, los grandes jugadores también se adaptan al nuevo escenario global. Mercado Libre, por ejemplo, avanzó en el desarrollo de infraestructura logística en China, anticipando el cambio de paradigma.

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La mayoría de los dólares que entran van al colchón

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La estabilidad del dólar en la Argentina empieza a mostrar un costado incómodo. Mientras el tipo de cambio se mantiene relativamente calmo, la inflación sigue corriendo en torno al 3% mensual, generando una apreciación cambiaria progresiva que ya impacta sobre la competitividad de la economía. Detrás de esa aparente calma, se esconde un fenómeno más profundo: los dólares que ingresan al país no se transforman en inversión ni en mayor actividad, sino que terminan mayoritariamente en el ahorro de las familias.

El informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) pone números a esta dinámica. Entre enero y febrero de 2026, la balanza comercial arrojó un superávit de 4.000 millones de dólares y el sector privado recibió préstamos del exterior por otros 3.800 millones. Sin embargo, lejos de dinamizar el circuito productivo, esos ingresos de divisas fueron absorbidos por el atesoramiento: las personas humanas demandaron 4.900 millones de dólares para ahorro.

El dato no es menor: el ahorro en dólares supera incluso a las principales fuentes de ingreso de divisas. En otras palabras, la economía genera dólares, pero no logra canalizarlos hacia la producción.

Este comportamiento se da en un contexto de tipo de cambio que, medido en términos reales, se va encareciendo. En octubre de 2025 el dólar oficial había superado los $1.400, mientras que en marzo de 2026 se ubica en torno a los $1.370. En el mismo período, la inflación acumuló un 15%, lo que implica que, para mantener el mismo nivel de competitividad, el dólar debería ubicarse hoy por encima de los $1.600.

La consecuencia es una economía cada vez más heterogénea. Mientras el agro, la energía y la minería continúan mostrando dinamismo, los sectores urbanos —industria, comercio, hoteles y restaurantes— evidencian caídas en su actividad. Esta divergencia no es neutra: los sectores que se contraen son, precisamente, los que más empleo generan.

El impacto ya se percibe en el mercado laboral. Aumenta el desempleo, cae el empleo asalariado formal, crece el cuentapropismo informal y los salarios reales permanecen estancados, en niveles similares a los de fines de 2023. El modelo actual logra estabilizar variables macro, pero no consigue traducirse en mejoras concretas para amplios sectores de la población.

En este esquema, la calma cambiaria se sostiene sobre bases frágiles. Por un lado, el superávit comercial responde en buena medida a la contracción de importaciones más que a un salto exportador. Por otro, el ingreso de dólares por endeudamiento externo alimenta una dinámica que no se derrama sobre la economía real. Ambos factores terminan financiando la demanda de divisas para ahorro.

El trasfondo es conocido: la incertidumbre y las malas experiencias acumuladas llevan a los argentinos a refugiarse en el dólar. Pero el problema es que este comportamiento, generalizado, limita la capacidad de recuperación económica.

Frente a este escenario, el debate de política económica vuelve a girar en torno al régimen cambiario. Desde IDESA plantean la necesidad de acelerar la normalización, eliminando los remanentes del cepo, permitiendo mayor libertad en las transacciones y dejando que el tipo de cambio y las tasas se determinen por el mercado. El objetivo es evitar una apreciación cambiaria prolongada y generar condiciones para que el crédito fluya, tanto en pesos como en dólares.

El riesgo, advierten, es que una liberalización más rápida pueda generar tensiones en el corto plazo, especialmente sobre la inflación. Sin embargo, sostienen que se trataría de un fenómeno transitorio, siempre y cuando se mantenga el equilibrio fiscal y el orden monetario.

La pregunta de fondo es si la economía puede sostener este equilibrio donde los dólares entran, pero no circulan. Por ahora, la respuesta parece clara: la estabilidad existe, pero no alcanza.

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En enero, el déficit comercial con Brasil se redujo gracias a la menor importación de autos

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El intercambio comercial entre Argentina y Brasil arrancó el año con un déficit de USD 149 millones, una mejora significativa frente al rojo de USD 326 millones registrado en enero del año pasado. La reducción del desequilibrio respondió principalmente a una fuerte contracción de las importaciones, impulsada por el freno en las compras del sector automotriz.

En enero, el comercio bilateral totalizó USD 1.681 millones, lo que implicó una caída interanual del 19,9%. Las importaciones desde Brasil se desplomaron 24,5%, mientras que las exportaciones argentinas retrocedieron 13,5%, un diferencial que explica la mejora del saldo comercial.

El rol decisivo del sector automotriz

El sector automotriz fue el principal factor detrás de la contracción importadora. En conjunto, los distintos rubros del complejo automotor registraron una caída de USD 155 millones, lo que explicó el 52% del descenso total de las importaciones, que fue de USD 297 millones.

Las importaciones argentinas desde Brasil sumaron USD 915 millones, marcando la caída interanual más pronunciada desde julio de 2024. Dentro del sector automotor, el ajuste fue generalizado:

  • Vehículos de carretera: desplome de 69,9% interanual, hasta USD 15,2 millones.
  • Partes y accesorios para vehículos: baja de 37,3%, a USD 70,6 millones.
  • Vehículos para transporte de pasajeros: caída de 27,4%, a USD 164,3 millones.
  • Vehículos para transporte de mercancías: descenso de 25,7%, a USD 45,7 millones.

La retracción también alcanzó a otros sectores industriales. Las compras del rubro metalúrgico mostraron una virtual desaparición del óxido de aluminio, que pasó de USD 36,5 millones a USD 0, mientras que el mineral de hierro y concentrados cayó 3,6%, a USD 25,6 millones. En tanto, las importaciones de papel y cartón se redujeron 10,4%, a USD 26,6 millones.

Exportaciones: retroceso general, con el agro a la cabeza

Del lado exportador, las ventas argentinas a Brasil alcanzaron USD 766 millones en enero, con una baja interanual de 13,5%, acumulando siete meses consecutivos de caídas en la comparación anual.

El sector agroindustrial fue el principal responsable del retroceso, explicando el 67% de la disminución total de las exportaciones. Se destacó la fuerte caída de:

  • Trigo: baja de 48,4% interanual, hasta USD 70,9 millones, reduciendo su participación al 9,3% del total exportado.
  • Leche, crema y lácteos (excepto manteca y queso): descenso de 13,9%, a USD 28,8 millones.

El sector petroquímico también mostró números negativos. Las exportaciones de aceites crudos de petróleo se desplomaron 95,5%, pasando de USD 30,5 millones a apenas USD 1,4 millones. A su vez, el propano y butano licuados cayeron 79,2%, a USD 12,6 millones, y los polímeros de etileno en formas primarias retrocedieron 9,7%, a USD 30,5 millones.

Automotriz: mejor desempeño exportador que importador

A contramano del resto de los sectores, el complejo automotor mostró un mejor desempeño en exportaciones que en importaciones. Las ventas de vehículos para transporte de mercancías crecieron 84,5% interanual, alcanzando USD 84,5 millones y duplicando su participación en el total exportado, del 12,4% al 25,4%.

Sin embargo, no todos los rubros automotores lograron sostener el ritmo. Las exportaciones de motores de pistón y sus partes cayeron 42,5%, a USD 14,9 millones, mientras que los vehículos para transporte de pasajeros retrocedieron 26,3%, hasta USD 43,8 millones.

Perspectivas para 2026: déficit estable y menor presión importadora

De cara a 2026, las proyecciones apuntan a que el déficit comercial bilateral se estabilice en torno a USD 5.000 millones, en un contexto de tipo de cambio real relativamente estable y un crecimiento económico todavía sólido, aunque algo menor: 3,9% de expansión del PBI, frente al 4,2% estimado para 2025.

La dinámica también estará condicionada por una base de comparación más alta para las importaciones, en una economía con un patrón de demanda externa menos cerrado que en años anteriores.

Del lado brasileño, se espera una moderación del crecimiento, del 2,0% en 2025 al 1,8% en 2026, con tasas de interés aún elevadas y un consumo más contenido. La persistencia de una inflación cercana al 5%, la incertidumbre política por el año electoral y las tensiones comerciales con Estados Unidos configuran un escenario más cauteloso.

En este marco, jugará a favor de la balanza bilateral la apreciación del real, que cerró 2025 en 5,37 por dólar y se mantendría relativamente estable en 2026. Todo indica que habrá menor tracción para las exportaciones argentinas, pero también una presión importadora más acotada, favorecida por una mejora del tipo de cambio real bilateral.

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