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La Justicia declara la quiebra indirecta de SanCor y habilita continuidad bajo control judicial

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El juez Marcelo Gelcich resolvió este miércoles declarar la quiebra indirecta de SanCor Cooperativas Unidas Limitada, en un fallo que establece la continuidad parcial de operaciones bajo supervisión judicial y fija un cronograma estricto para ordenar el proceso. La decisión, que se formaliza en el marco del Juzgado Civil y Comercial de la Cuarta Nominación de Rafaela, marca un punto crítico en la crisis de la empresa y abre una etapa donde el objetivo central será su eventual venta, total o fragmentada.

El dato central es que la propia cooperativa reconoció su imposibilidad de afrontar el pasivo concursal y continuar con el plan de crisis. Esa admisión, presentada el 10 de abril de 2026, activó el mecanismo de quiebra tras la frustración del concurso preventivo. En paralelo, se mantiene la convocatoria a asamblea para el 30 de abril, aunque el fallo aclara que su resultado no altera la validez de la resolución judicial.

Un proceso judicial para administrar la crisis

La resolución no implica un cierre inmediato. Por el contrario, diseña un esquema de administración judicial que intenta evitar una liquidación desordenada. Se habilita la continuidad limitada de actividades productivas y comerciales, bajo el criterio de preservar valor económico y reducir el impacto social.

El síndico designado, Ignacio Pacheco, asumirá el control operativo con plazos definidos: 10 días para el inventario preliminar, 30 días para la verificación de créditos, 60 días para el informe general y reportes periódicos cada 90 días. El proceso centraliza todos los reclamos de acreedores y suspende ejecuciones individuales, lo que reordena la disputa por los activos bajo control del juzgado.

En términos concretos, la cooperativa llega a esta instancia con 914 empleados —215 bajo régimen de jornada reducida— y un volumen de deuda significativo. Solo en el plano postconcursal, acumula más de $6.349 millones en obligaciones impositivas y previsionales, $12.788 millones en deuda laboral y más de $13.313 millones en compromisos comerciales. A esto se suman pasivos en dólares que, según estimaciones mencionadas en el expediente, superan los USD 86 millones.

Venta de activos y continuidad condicionada

El eje operativo del fallo es la venta de unidades productivas. El tribunal habilita la enajenación de activos mediante licitaciones públicas o privadas, priorizando el mayor valor posible para satisfacer a los acreedores y sostener la actividad en la medida de lo viable.

No se trata de una liquidación inmediata, sino de un proceso escalonado. Cada decisión deberá justificarse en términos de utilidad económica y social, con autorización judicial. La continuidad de las plantas —hoy operando por debajo de su capacidad— queda supeditada a ese criterio.

La caída de contratos de fason y la baja utilización de instalaciones, especialmente en Sunchales, aparecen como elementos que explican la inviabilidad operativa previa a la quiebra.

Impacto en la cadena láctea y señal institucional

El fallo introduce un mensaje que trasciende a la empresa: la quiebra es presentada como un mecanismo para ordenar la crisis y no como un abandono del sistema productivo. El juzgado incluso insta a autoridades nacionales y provinciales a acompañar el proceso, con el objetivo de sostener el empleo y evitar un colapso mayor en la cadena láctea.

En términos de poder, la decisión judicial redefine el control de la compañía: desplaza la conducción efectiva hacia el síndico y subordina todas las decisiones a la lógica concursal. Los acreedores, en tanto, pasan a disputar su posición dentro de un esquema regulado, donde los créditos laborales tienen prioridad.

La asamblea convocada por el Consejo de Administración conserva valor institucional, pero pierde capacidad de incidencia real sobre el destino inmediato de la cooperativa.

Un proceso abierto y con múltiples variables

El futuro de SanCor queda ahora atado a la capacidad del proceso de generar interés en potenciales compradores y sostener la operación mínima necesaria para preservar activos. La evolución del inventario, la verificación de créditos y las condiciones de mercado serán determinantes.

También habrá que observar el grado de intervención de actores públicos y el impacto social en las regiones vinculadas a la producción láctea. La continuidad productiva, aunque habilitada, no está garantizada: depende de decisiones económicas que se tomarán en un marco judicial.

El proceso recién comienza y, aunque establece reglas claras, deja abierta la pregunta central: si la reconfiguración permitirá sostener parte de la estructura productiva o si el desenlace derivará en una fragmentación definitiva.

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Bahco deja de fabricar en Santa Fe y reconfigura su negocio en Argentina

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La decisión de Bahco de discontinuar la producción en su planta de Santo Tomé, Santa Fe, y reconvertir ese establecimiento en un nodo exclusivamente comercial, logístico y de servicio vuelve a poner sobre la mesa un movimiento que ya se repite en distintos sectores: multinacionales que dejan de fabricar en la Argentina, pero no se van del mercado. Esta vez, el impacto inmediato alcanza a aproximadamente 40 trabajadores, según informó la propia compañía, y deja una pregunta que excede a una sola firma: cuánto margen conserva la industria para sostener producción local en un contexto económico que empuja a las empresas a rediseñar su presencia sin romper del todo su vínculo con el país.

La medida fue comunicada por SNA Europe Argentina, administradora local de la marca, y marca un cambio estructural en el rol que tenía la planta santafesina dentro del esquema del grupo. Ya no fabricará herramientas. Seguirá operativa, pero bajo otra lógica. El dato es políticamente sensible porque no se trata de un cierre total ni de una retirada completa, sino de una mutación del modelo de negocios: menos industria, más importación, distribución y postventa. En términos de poder económico, eso también reordena la relación entre empleo, producción y mercado interno.

De planta fabril a base logística: qué cambia en Santo Tomé

La empresa informó que la actividad industrial en Santo Tomé quedará desactivada y que la producción será transferida a otras plantas del grupo. El establecimiento, sin embargo, continuará funcionando para sostener la distribución, las ventas y el servicio. Es un cambio de perfil que altera el lugar que ocupaba la sede dentro de la estructura productiva de la compañía.

En el comunicado oficial, la firma vinculó la decisión con “la necesidad de adaptar nuestro modelo operativo para asegurar la sustentabilidad del negocio en el actual contexto económico”. Esa formulación, habitual en los anuncios corporativos, traduce una decisión concreta: la compañía considera que producir localmente dejó de ser la mejor ecuación para su operación en Argentina, aunque sí le resulta estratégico conservar presencia comercial.

El impacto sobre el empleo aparece como la consecuencia más directa. Los 40 colaboradores alcanzados por la reestructuración fueron notificados, de acuerdo con el texto de la empresa, el miércoles 18 de marzo. Bahco aseguró además que cumplirá con las obligaciones legales correspondientes. No hay, en el material base, detalles sobre indemnizaciones, retiros o eventuales reubicaciones, pero sí queda claro que la fabricación dejará de formar parte de la actividad del predio.

Una decisión empresaria con lectura industrial

El caso de Bahco se inscribe en una secuencia más amplia que ya muestra a distintas compañías reemplazando producción nacional por esquemas centrados en importación y distribución. No es un dato menor. Cuando una firma decide conservar marca, ventas y logística, pero desactivar la fábrica, el mensaje de fondo es que el mercado sigue siendo atractivo, aunque no necesariamente lo sea el proceso industrial local.

Ese punto vuelve relevante el anuncio más allá del establecimiento de Santo Tomé. La planta integraba desde hace años el entramado industrial de la región, por lo que su salida de la producción no solo afecta a los trabajadores involucrados de manera directa. También altera una pieza del tejido económico local y reduce densidad fabril en una provincia con peso histórico en la industria.

La empresa no habla de retiro ni de crisis terminal. Habla de reorganización. Pero en política económica las palabras importan menos que el sentido del movimiento. Y aquí el movimiento es claro: la producción se va a otras plantas del grupo, mientras Argentina conserva funciones de comercialización y abastecimiento. Es una racionalización empresaria que, al mismo tiempo, deja en evidencia el deterioro relativo de la competitividad industrial como plataforma de manufactura.

El mercado argentino sigue, la producción no

Bahco forma parte de un grupo internacional con presencia global, y sus productos se fabrican mayoritariamente en plantas propias en Europa. Ese dato ayuda a leer la decisión desde una lógica corporativa más amplia. El grupo no abandona la marca ni el mercado argentino; reubica la producción donde entiende que puede operar con mejores condiciones y deja en el país la etapa más cercana al cliente final.

Ahí aparece una diferencia clave. No estamos frente a una empresa que cierra y desaparece, sino ante una multinacional que conserva negocio, pero modifica la cadena de valor que desarrolla localmente. Para la economía regional y para la discusión industrial, esa diferencia importa: el consumo puede sostenerse, el canal comercial también, pero la pérdida de fabricación reduce empleo de calidad, capacidades productivas y peso industrial en el territorio.

La compañía remarcó que garantizará el abastecimiento de herramientas, soluciones de almacenamiento, accesorios y postventa en todo el país. Es decir, busca transmitir continuidad hacia el mercado. El problema es que esa continuidad no evita el retroceso de la función productiva, que era precisamente el componente con mayor impacto sobre empleo e integración local.

Repercusiones: menos fábrica, más fragilidad en el frente industrial

El anuncio generó preocupación en el ámbito local por dos razones que se superponen. La primera es el empleo directo: los 40 trabajadores afectados concentran el impacto inmediato de la decisión. La segunda es más estructural y tiene que ver con el mensaje hacia el entramado productivo. Cada planta que deja de fabricar y pasa a un esquema de distribución confirma una tendencia que complica el frente industrial, incluso cuando la empresa insiste en que su negocio en Argentina seguirá activo.

En la correlación de fuerzas, este tipo de decisiones fortalece la lógica empresarial de centralizar producción en otras geografías y condiciona a los territorios que dependen de actividad fabril para sostener empleo y dinamismo económico. También deja a los actores locales con menos herramientas de negociación: cuando una firma no abandona el país pero sí la producción, el margen de presión pública baja, porque la compañía puede argumentar que mantiene operaciones y abastecimiento.

Desde el punto de vista económico, la decisión no incorpora en el texto base menciones a políticas públicas, incentivos o conflictos regulatorios específicos. Por eso la lectura debe mantenerse en ese límite: lo que se observa es una reestructuración empresaria en medio de un contexto donde otras firmas tomaron caminos similares. No hay elementos, en el material dado, para atribuir el cierre fabril a una sola causa puntual, pero sí para registrar que el “actual contexto económico” fue el argumento explícito utilizado por la empresa.

Una señal para mirar más allá de Santo Tomé

La historia de Bahco, nacida en 1892 y con una trayectoria de más de un siglo, agrega otra capa a la noticia. No se trata de una marca marginal, sino de una compañía con peso histórico en el mercado de herramientas. Que una firma de ese perfil decida resignar producción local y conservar solo la operación comercial no es un dato anecdótico. Funciona como síntoma de un cambio más profundo en la forma en que algunas multinacionales evalúan su permanencia en Argentina.

Lo que habrá que seguir en las próximas semanas no es solo la implementación concreta de esta reestructuración, sino el efecto espejo que pueda generar. Cada movimiento de este tipo reabre la discusión sobre cuántas plantas más pueden migrar hacia modelos de importación y distribución, y qué capacidad tiene el entramado industrial para resistir esa transición.

Por ahora, Bahco deja una señal nítida: el mercado argentino todavía merece presencia, pero la fábrica ya no ocupa el mismo lugar en esa ecuación. Lo que sigue en discusión es si ese corrimiento será un caso puntual o una pieza más de una tendencia que todavía no termina de mostrar toda su dimensión.

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El aserradero ASECOR de Virasoro paga salarios con vales y expone el deterioro del sector

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Un aserradero ubicado en Gobernador Virasoro comenzó a pagar parte de los salarios con vales, en un contexto de atraso en los haberes y caída del consumo interno que ya había sido advertido por referentes del sector. La situación, que surge del testimonio directo de trabajadores de la firma ASECOR, introduce un dato incómodo para la política productiva regional: cuando una actividad estratégica como la forestoindustria recurre a mecanismos informales de pago, la discusión deja de ser sectorial y pasa a ser estructural.

El hecho ocurre en una provincia que, junto a Misiones, concentra buena parte del complejo maderero del país. Y aparece en un momento donde el discurso público todavía apuesta a la expansión industrial basada en recursos forestales. La pregunta se vuelve inevitable: ¿se trata de un caso puntual de crisis empresaria o de una señal temprana de un ajuste más profundo en la cadena?

Un síntoma que desborda lo laboral

La situación en ASECOR se conoció a partir de testimonios difundidos por el portal Corrientes Hoy de trabajadores, quienes aseguran que “hace meses” no perciben sus salarios en efectivo y que, ante la falta de alternativas, aceptan vales para adquirir mercadería. La práctica no solo implica un deterioro directo del ingreso, sino que también tensiona los marcos regulatorios laborales vigentes.

El dato no es menor: el pago en vales remite a esquemas que históricamente fueron cuestionados por desnaturalizar la relación laboral formal. En términos concretos, limita la capacidad de los trabajadores para decidir sobre su consumo, reduce liquidez en economías locales y desdibuja la trazabilidad del salario.

El contexto empresarial tampoco es ajeno. Según se indicó, la firma tendría entre sus socios a una referente del sector maderero que recientemente había advertido sobre la crisis derivada de la caída del consumo interno. Esa lectura sectorial ahora encuentra una expresión concreta en el territorio.

Marco productivo: una cadena estratégica bajo presión

La industria maderera en la región se apoya en un esquema integrado que va desde la producción forestal hasta la industrialización y exportación. Sin embargo, el eslabón industrial —especialmente los aserraderos— suele ser el más expuesto a variaciones en la demanda y a los costos operativos.

Cuando el consumo interno se retrae, el impacto se traslada rápidamente a la actividad de transformación. En ese escenario, las empresas con menor espalda financiera enfrentan tensiones de liquidez que terminan trasladándose a la variable más sensible: el salario.

El caso de ASECOR se inscribe en esa lógica. No aparece como una decisión aislada, sino como la consecuencia de un desequilibrio económico que todavía no encuentra mecanismos de compensación. Y que, además, convive con un escenario donde otras provincias impulsan inversiones forestales de gran escala, buscando posicionar al sector como motor exportador.

Correlación de fuerzas: entre la crisis empresarial y la respuesta estatal

El episodio deja expuesta una zona gris en la articulación entre el sector privado y el Estado. Por un lado, la forestoindustria continúa siendo presentada como un eje de desarrollo regional. Por otro, emergen situaciones que cuestionan la sostenibilidad de ese modelo en el corto plazo.

En términos de poder, el caso coloca en tensión a varios actores: Empresas del sector, que advierten sobre la caída del consumo y la necesidad de sostener la actividad. Trabajadores, que quedan atrapados en esquemas informales para sostener ingresos. Estado, que enfrenta el desafío de garantizar condiciones laborales sin desarticular la producción.

La aparición de pagos en vales no solo afecta a los empleados involucrados. También introduce ruido en el conjunto de la cadena, porque puede anticipar conflictos laborales, inspecciones o incluso intervenciones regulatorias si la situación escala.

Además, impacta indirectamente en la economía regional: menos ingreso líquido implica menor circulación de dinero en comercios locales, lo que retroalimenta la caída del consumo que originó el problema.

Un escenario abierto: señales a monitorear

El caso ASECOR no define por sí solo el rumbo del sector maderero, pero sí funciona como indicador temprano. Sobre todo en un contexto donde la política económica nacional apuesta a la generación de divisas a través de complejos productivos como el forestal.

En las próximas semanas habrá variables clave a observar: Si la situación se replica en otras empresas del sector. Si aparecen respuestas institucionales para regularizar los pagos. Si el mercado interno muestra señales de recuperación o profundiza su retracción.

También quedará bajo análisis la capacidad del sistema productivo para absorber shocks de demanda sin trasladarlos directamente al empleo. Porque, en definitiva, el equilibrio entre competitividad y condiciones laborales sigue siendo uno de los puntos más sensibles de la agenda industrial.

Por ahora, el episodio en Virasoro pone en evidencia que, detrás de los grandes anuncios de inversión, la realidad cotidiana de algunas empresas empieza a mostrar fisuras que todavía no encuentran respuesta clara.

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Con el IPC de diciembre, suben 14,2% las escalas del Monotributo y cambia el piso de Ganancias

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La publicación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de diciembre habilitó la actualización de las escalas del Monotributo y redefinió el piso de ingresos a partir del cual los trabajadores en relación de dependencia comienzan a pagar el impuesto a las Ganancias. Los ajustes, que entrarán en vigencia desde enero y febrero, reflejan el impacto directo de la inflación acumulada y reconfiguran el esquema tributario que alcanza tanto a asalariados como a pequeños contribuyentes.

Con una inflación mensual del 2,8% en diciembre, el nuevo cuadro impositivo incorpora aumentos automáticos que modifican los umbrales de facturación y de remuneraciones, con implicancias prácticas sobre el poder adquisitivo y la carga fiscal.

Monotributo: suba del 14,2% y una categoría K que supera los $100 millones

En el caso del Monotributo, las escalas se actualizarán con un incremento del 14,2% en todas las categorías, producto de la variación del IPC. De este modo, los topes de facturación anual se elevan de manera significativa en todo el régimen simplificado.

Según explicó el contador Sebastián Domínguez, la categoría A pasará de un ingreso bruto anual de $8.992.597,87 a $10.273.463,76, mientras que la B se incrementará de $13.175.201,52 a $15.051.818,99. La actualización se replica de forma progresiva en el resto de las categorías.

El dato más relevante se observa en la categoría K, la más alta del régimen, que superará por primera vez el umbral de los $100 millones de ingresos anuales, al pasar de $94.805.682,90 a $108.309.385,33. Este cambio amplía el margen de permanencia dentro del Monotributo para contribuyentes de mayor facturación, aunque mantiene la presión sobre quienes se acercan a los límites superiores.

No obstante, Domínguez advirtió que los valores difundidos tienen carácter “provisorio”, ya que aún resta la publicación oficial de las tablas por parte de ARCA. “ARCA tiene que publicar en su sitio web las tablas para que sean oficiales y hay siempre diferencias de redondeos y algunas pequeñas diferencias. Por lo cual hay que tomarlo como una cuestión provisoria, contemplando la inflación del 2,8 de diciembre”, señaló el especialista.

Impuesto a las Ganancias: nuevos pisos según situación familiar

En paralelo, el IPC de diciembre también redefinió el piso de ingresos para el pago del impuesto a las Ganancias durante el período comprendido entre enero y junio de 2026. En este caso, los nuevos valores impactan directamente sobre los salarios netos de los trabajadores en relación de dependencia.

De acuerdo con el análisis de Domínguez, un trabajador soltero comenzará a tributar Ganancias a partir de una remuneración bruta mensual de $2.998.725, lo que equivale a un ingreso neto de $2.488.942. Si el trabajador tiene un hijo, el piso se eleva a un neto de $2.692.757, y con dos hijos asciende a $2.896.573.

En el caso de un trabajador casado con dos hijos, el impuesto se aplica recién desde un ingreso neto de $3.300.726, reflejando el efecto de las deducciones familiares sobre el mínimo no imponible.

Estos ajustes buscan acompañar la evolución de los precios y evitar que la inflación empuje a más contribuyentes dentro del tributo, aunque el impacto real dependerá de la dinámica salarial y de futuras actualizaciones.

Impacto económico

La actualización de las escalas del Monotributo y del piso de Ganancias confirma el rol central del IPC como variable de referencia del esquema tributario. Para los pequeños contribuyentes, el aumento del 14,2% en los topes de facturación ofrece un alivio parcial frente a la inflación, aunque mantiene la necesidad de monitorear ingresos para evitar saltos de categoría.

En el caso de los asalariados, los nuevos pisos redefinen el alcance del impuesto a las Ganancias en un contexto de recomposición salarial desigual, con efectos directos sobre el ingreso disponible y el consumo. A nivel fiscal, los cambios también inciden sobre la recaudación, en un escenario donde el equilibrio entre alivio tributario y sostenibilidad de las cuentas públicas sigue siendo un eje de debate.

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Formalizan lanzamiento línea de créditos de hasta $400.000 y 48 meses de plazo para trabajadores

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El Gobierno Nacional formalizó hoy el lanzamiento de una nueva línea de créditos de hasta $ 400.000 para trabajadores que no pagan Impuesto a las Ganancias con hasta 48 meses de plazo y una tasa de interés subsidiada a la mitad de lo que se abona en el mercado, como parte del paquete de medidas económicas anunciadas por el ministro de Economía, Sergio Massa.

El Decreto 463/2023 publicado hoy en el Boletín Oficial dispone las condiciones de la línea instrumentada por la Anses que tendrá una Tasa Nominal Anual (TNA) subsidiada del 50%, con tres meses de gracia y que se podrá devolver en 24, 36 o 48 cuotas.

El monto máximo será de $ 400.000, aunque, en todos los casos, la relación cuota-ingreso del crédito otorgado no puede superar el 20% del salario mensual.

La nueva línea permitirá, por primera vez, que los trabajadores activos se beneficien de los créditos de la Anses, y no solamente los jubilados y pensionados.

Esto permitirá contribuir al “circulo virtuoso de la economía” impulsando al consumo y “atenuar la evolución negativa de variables económicas y sociales”, aliviando “el actual contexto económico desafiante que afecta sensiblemente” a los trabajadores.

“Es una nueva línea para trabajadores formales orientada al consumo, pero que, además, tiene el objetivo de desendeudar a las familias argentinas con la deuda de tarjeta de crédito”, detalló la directora ejecutiva de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), Fernanda Raverta, la semana pasada.

Los préstamos serán financiados a partir de los fondos que posee la Anses: es por ello que el decreto de hoy modifica un artículo de la Ley 24.241 del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) en lo que respecta a las inversiones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS).

Dicha ley, con sus modificaciones, ya previa el otorgamiento de financiamiento a los beneficiarios del sistema previsional, pudiéndose utilizar hasta un 20% de los activos totales del fondo.

El decreto de hoy añade como beneficiarios de dicho financiamiento también a los aportantes del sistema, pudiéndose utilizar a tal efecto hasta un 5% de los activos totales del FGS.

Para la nueva línea se destinarán $ 450.000 millones, pudiéndose ampliar este monto posteriormente por parte del Poder Ejecutivo.

Como requisito, los trabajadores deberán encontrarse en relación de dependencia, no estar alcanzados por el Impuesto a las Ganancias, residir de manera permanente en el país y poseer una antigüedad no inferior a seis meses continuos bajo el mismo empleador.

Asimismo, no podrán superar la edad de jubilación para la fecha de finalización del pago del crédito, ser beneficiarios de una línea de crédito Anses vigente, ni tampoco encuadrarse dentro de la categoría “situación 2” en el registro de deudores del Banco Central (BCRA).

El decreto aclara que los solicitantes no podrán acceder al mercado de cambios para comprar divisas hasta la cancelación del crédito, lo cual será complementado por normas aclaratorias de otros organismos como el Banco Central.

Los préstamos serán acreditados en la tarjeta de crédito del trabajador en la cuenta donde percibe su salario.

Por otro lado, los tres meses de gracia se cuentan en función del día de cobro de la remuneración del trabajador y, en caso de que se cambie de cuenta bancaria, se deberá informar a la Anses los datos de la nueva cuenta donde se realizarán los débitos de las cuotas pendientes.

En caso de mora, el organismo previsional queda facultado para debitar todo importe adeudado de las cuentas bancarias que posea el tomador.

De todos modos, los montos utilizados del FGS en el financiamiento de esta línea de crédito están garantizados, en caso de incumplimientos de pagos, por el Fondo de Garantías Argentino (Fogar) en hasta 100% del capital del préstamo, y sus intereses con un límite máximo a pagar de hasta el 10% del saldo vivo de los créditos movilizados.

Además de esta nueva línea, sigue vigente el programa Créditos Anses para jubilados y pensionados, con una tasa subsidiada del 29% y un monto, también, de hasta $ 400.000.

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