Escala la crisis en Crucero del Norte: suspendió servicios y los trabajadores tomaron la base por salarios adeudados
La crisis que desde hace meses golpea al transporte de larga distancia escaló en Crucero del Norte. La empresa suspendió los servicios entre Buenos Aires y Posadas, cerró puntos de venta y retiró la cartelería de algunas de sus dependencias, mientras los trabajadores mantienen una toma pacífica de la base operativa en Garupá para reclamar salarios adeudados y, sobre todo, una explicación sobre qué ocurrirá con sus puestos de trabajo.
El conflicto tiene dos caras que se potencian entre sí. Por un lado, una empresa que ya venía achicando su operación por la fuerte caída en la venta de pasajes y el aumento de los costos. Por otro, cientos de trabajadores y sus familias que aseguran haberse enterado de la suspensión de los servicios prácticamente al mismo tiempo que los pasajeros y las agencias.
La falta de información terminó de encender el conflicto.
“Nos topamos de golpe con que la empresa paró. Nosotros no quisimos parar”, explicó Héctor Silva, uno de los trabajadores que permanece en la base de Crucero del Norte. Según relató, el personal venía acompañando el proceso de reestructuración porque conocía las dificultades económicas de la compañía.
“Sabemos que la empresa está mal, que no anda bien. Le dimos todo el apoyo habido y por haber. Pero ahora paró de golpe y nosotros nos quedamos sin saber qué pasó”, señaló.
El reclamo inmediato es por los salarios atrasados, pero la incertidumbre va mucho más allá del próximo pago. Conductores, mecánicos, administrativos y personal de oficina aseguran que no recibieron una comunicación formal sobre el alcance de la decisión empresaria ni sobre la continuidad laboral.
“Hace tres días que estamos acá. Nos enteramos por los mismos medios por los que se enteran ustedes. La empresa comunicó que suspendía las ventas y los servicios a las boleterías y agencias, pero a los que trabajamos acá nadie nos informó nada”, relató otro de los empleados.
Desde entonces, los trabajadores organizan guardias durante las 24 horas en la base. La medida, remarcan, es pacífica y continuará hasta que obtengan respuestas.
A la delicada situación económica se suma ahora un conflicto dentro de la familia propietaria de Crucero del Norte.
Los trabajadores aseguran que uno de los responsables de la compañía se presentó ante ellos y les explicó que la firma no se encuentra formalmente en quiebra, pero atraviesa diferencias entre sus propietarios, identificados por los empleados como la madre y sus dos hijos.
Para el personal, esa disputa no puede trasladarse a quienes dependen de su salario.
“Sabemos que hay un problema interno entre los hermanos, pero nosotros no tenemos nada que ver. No tenemos la culpa de que ellos estén peleados. Queremos nuestra plata, lo que trabajamos”, resumió Silva.
La frase expone el punto más sensible del conflicto. Detrás de la discusión empresarial hay familias que aseguran no saber cuándo volverán a cobrar ni si tendrán trabajo cuando termine la paralización.
“Necesitamos pagar las cuentas, comer, pagar la escuela, la facultad, el colegio de nuestros hijos. Estamos acá y no nos vamos a ir hasta que nos paguen el sueldo y alguien venga a decir qué va a pasar con nosotros”, advirtieron.
La suspensión también alcanzó a los pasajeros. Con las ventas y servicios interrumpidos, usuarios quedaron sin respuestas ante viajes programados, mientras el cierre de sucursales profundizó las señales de un repliegue de la compañía.
En Garupá, incluso, fueron retirados los carteles identificatorios de Crucero del Norte, una imagen que aumentó la preocupación entre los trabajadores.
Una crisis que venía gestándose
El escenario actual tiene antecedentes. Tres meses atrás, Crucero del Norte había confirmado a Economis que estaba atravesando una “profunda reestructuración” para intentar sostenerse frente al derrumbe de la demanda.
Entonces, Julio Koropeski descartó una venta de la compañía y explicó que se estaban revisando rutas, frecuencias, procedimientos y estructura de personal. La definición era clara: había que achicar la empresa para mantenerla operativa.
“Es una reestructuración operacional por baja ocupación, como todo el sector de larga distancia”, había explicado Koropeski.
El empresario vinculaba buena parte del problema con el deterioro económico de la clase media, históricamente uno de los principales públicos del transporte terrestre de larga distancia.
“Nuestros clientes son los de la clase media endeudada con la tarjeta de crédito y con Mercado Pago”, describía.
La radiografía era contundente: el servicio de cabotaje estaba funcionando con apenas el 40% de ocupación. De cada diez butacas disponibles, sólo cuatro viajaban con pasajeros.
Al mismo tiempo, la estructura de costos seguía aumentando. Crucero señalaba entonces una suba del 40% en combustibles, mayores costos de neumáticos y nuevas cargas operativas. En ese contexto, aumentar los precios tampoco aparecía como una solución: con una demanda deprimida, encarecer los pasajes podía profundizar todavía más la pérdida de pasajeros.
A ese escenario se sumó la competencia de las aerolíneas low cost. En determinadas fechas y rutas, volar puede resultar igual o incluso más barato que viajar en colectivo, especialmente cuando las compañías aéreas ofrecen promociones.
“Venimos golpeados desde 2024 porque el cliente está sobreendeudado”, había advertido Koropeski.
De la reestructuración al conflicto abierto
En aquel momento, la estrategia era reducir frecuencias y hacer más pequeña la estructura para atravesar la crisis. Crucero del Norte ya había recortado servicios entre Misiones y Buenos Aires y otras empresas del sector tomaban decisiones similares.
La flexibilización regulatoria impulsada por el Gobierno nacional permitió a las compañías modificar frecuencias, cantidad de servicios y tarifas con mayor libertad. Pero esa posibilidad encontró un límite mucho más difícil de resolver: la falta de pasajeros.
La crisis tampoco es exclusiva de Crucero. El transporte de larga distancia viene atravesando un proceso de concentración, cambios de propietarios y absorciones, mientras distintas compañías reducen estructuras para compensar menores ingresos y mayores costos.
Los problemas de liquidez también comenzaron a trasladarse al frente laboral, con atrasos salariales y dificultades para sostener obligaciones vinculadas a los trabajadores.
En Crucero del Norte, aquella reestructuración que tres meses atrás todavía era presentada como el camino para preservar la compañía desembocó ahora en un escenario mucho más delicado: servicios suspendidos, sucursales cerradas, pasajeros afectados y trabajadores instalados en la base reclamando salarios y certezas.
El interrogante ya no pasa solamente por cuántas frecuencias puede sostener la empresa. Los empleados quieren saber algo bastante más elemental: si Crucero del Norte volverá a operar normalmente y qué sucederá con sus puestos de trabajo. Por ahora, dicen, esa respuesta no llegó.
