Universidad CEU San Pablo

Milei reunió a los principales inversores ibéricos para acelerar desembolsos en la Argentina

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En el tramo más económico de su gira por España, el presidente Javier Milei encabezó una reunión con algunos de los principales empresarios e inversores españoles, en un movimiento orientado a consolidar el respaldo del sector privado europeo al programa de reformas que impulsa el Gobierno nacional.

El encuentro tuvo como eje la presentación del nuevo escenario macroeconómico argentino y las oportunidades de inversión que, según el Ejecutivo, comenzaron a abrirse tras la implementación del equilibrio fiscal, la desregulación de la economía y el proceso de estabilización monetaria. La convocatoria también buscó transmitir previsibilidad a potenciales inversores en un contexto donde el Gobierno intenta transformar el interés político generado por la gestión libertaria en proyectos concretos de inversión.

Acompañaron al mandatario el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, y el embajador argentino en España, Wenceslao Bunge Saravia, quienes participaron de las conversaciones con representantes de compañías que poseen operaciones globales y fuerte presencia en infraestructura, energía, logística, educación, turismo y servicios.

Entre las empresas presentes estuvieron Urbaser, ProEduca/UNIR, Hutchison Ports BEST, Platinum Equity, Ferrovial, Grupo Meliá, Prosegur, Fever, Emergent Cold LatAM, Aisa Group, Naturgy, Bemberg Capital, Xtellus Capital Partners, PTP Group y Acciona.

La diversidad de los sectores representados refleja el interés del Gobierno por atraer inversiones hacia áreas estratégicas para el desarrollo argentino, desde infraestructura y energía hasta logística, turismo, tecnología y educación, en línea con los incentivos promovidos por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el proceso de apertura económica.

La reunión empresarial se desarrolló en paralelo con la intensa agenda institucional que Milei mantiene en Madrid. Horas antes, el Presidente brindó una conferencia en la Universidad CEU San Pablo, donde recibió la Medalla de Honor de la institución en reconocimiento a la “defensa de la dignidad de la persona”. Allí expuso durante más de una hora sobre su visión económica, defendió el capitalismo de libre empresa, cuestionó la intervención estatal y anticipó conceptos que integrarán su próximo libro, La moral como política de Estado.

Durante esa exposición, Milei también apeló a una reflexión sobre el ejercicio del poder al señalar que “cuando uno está en la tribuna es bastante más fácil que cuando está en el campo de juego”, una frase con la que describió las restricciones que enfrenta quien gobierna y la complejidad del proceso de toma de decisiones.

La agenda española del mandatario confirma una estrategia que combina fuerte exposición académica con encuentros reservados junto al sector privado. El objetivo oficial es consolidar la imagen de la Argentina como un destino confiable para las inversiones internacionales, apoyándose en la narrativa de estabilidad macroeconómica y reformas estructurales que impulsa la administración libertaria.

Desde la Casa Rosada consideran que la consolidación del equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación y la eliminación gradual de restricciones económicas constituyen los principales argumentos para captar capitales extranjeros en una etapa en la que el Gobierno apuesta a que la inversión privada se convierta en uno de los motores del crecimiento.

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Milei defendió en España su “moral como política de Estado”, reivindicó el ajuste y el capitalismo

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Al recibir la Medalla de Honor de la Universidad CEU San Pablo, Milei optó por dejar de lado el discurso preparado para compartir una reflexión sobre lo que definió como “la silla eléctrica”: la experiencia de ejercer la Presidencia en un contexto de fuertes restricciones institucionales, económicas y políticas. Según explicó, gobernar implica enfrentar condicionantes que muchas veces resultan invisibles para quienes analizan la gestión desde afuera, una visión que, admitió, modificó profundamente su percepción sobre el funcionamiento del poder.

El mandatario recordó que antes de ingresar a la política mantenía una posición radicalmente crítica hacia el Estado, influenciado por la lectura de los economistas de la Escuela Austríaca, especialmente Murray Rothbard. Incluso reconoció que, tras estudiar la obra Monopolio y competencia, llegó a la conclusión de que gran parte de lo que había enseñado durante décadas sobre estructuras de mercado era erróneo.

Ese cambio intelectual lo llevó a adoptar el anarcocapitalismo como filosofía política y económica. Sin embargo, sostuvo que la experiencia de gobernar le permitió comprender que la toma de decisiones está condicionada por restricciones que no siempre son visibles para quienes permanecen “en la tribuna”. En ese sentido recordó conversaciones con el economista Juan Carlos de Pablo, a quien años atrás criticaba por mostrarse demasiado comprensivo con ministros y funcionarios, hasta que comprobó personalmente la complejidad de administrar el Estado.

La moral como criterio para gobernar

El eje conceptual de la exposición fue la explicación de lo que definió como una arquitectura de decisiones sustentada en tres dimensiones: los valores éticos y morales, la eficiencia económica y el utilitarismo político.

Para Milei, el primer nivel tiene prioridad absoluta. Sostuvo que existen principios que no admiten relativismo moral y que deben orientar toda política pública. Entre ellos mencionó el respeto por la vida, la libertad y la propiedad privada, valores que vinculó tanto con la filosofía griega como con el derecho natural, el pensamiento estoico, Adam Smith y la tradición judeocristiana.

Durante buena parte de su intervención recurrió a ejemplos históricos y filosóficos —como el mito de Filoctetes, las enseñanzas del rey Salomón o los Diez Mandamientos— para argumentar que “no todo vale para ganar”. Según afirmó, una decisión políticamente exitosa pero moralmente incorrecta termina siendo insostenible y conduce inevitablemente al fracaso.

En esa línea insistió en que las leyes positivas sólo son legítimas cuando respetan el derecho natural. Desde esa perspectiva, consideró que cualquier acción estatal que vulnere la vida, la libertad o la propiedad constituye una agresión ilegítima, aun cuando cuente con respaldo legal.

Críticas a la teoría económica tradicional

La segunda parte del discurso estuvo dedicada a desarrollar su visión económica. Milei cuestionó varios postulados centrales de la economía neoclásica, particularmente la utilización del óptimo de Pareto y la teoría de los fallos de mercado como fundamento para justificar regulaciones estatales.

Según sostuvo, muchas de esas construcciones matemáticas parten de modelos que no reflejan adecuadamente la realidad. En consecuencia, afirmó que los economistas suelen concluir que “la realidad está equivocada” cuando ésta no coincide con las hipótesis teóricas.

En contraposición reivindicó el enfoque de la Escuela Austríaca, especialmente los aportes de Hans-Hermann Hoppe y Jesús Huerta de Soto, al considerar que permiten demostrar la eficiencia del mercado sin recurrir a estructuras matemáticas que, a su juicio, terminan justificando intervenciones estatales contraproducentes.

También defendió los mercados concentrados y los rendimientos crecientes como condiciones necesarias para el proceso de innovación y crecimiento económico, argumentando que una regulación excesiva termina destruyendo los incentivos para invertir.

Uno de los momentos más ideológicos del discurso fue la asociación que estableció entre el capitalismo y los valores judeocristianos.

Milei afirmó que el capitalismo de libre empresa constituye “la maquinaria divina del progreso” porque encuentra sus fundamentos en los principios contenidos en las Tablas de la Ley entregadas a Moisés. En esa interpretación, sostuvo que la libertad individual, el derecho a la propiedad y la prohibición del robo forman parte del mismo entramado moral que permitió el desarrollo de Occidente.

Como contrapartida, calificó al marxismo como una doctrina “satánica”, a la que responsabilizó tanto por el empobrecimiento económico como por la muerte de más de 150 millones de personas durante el siglo XX. En ese contexto vinculó a la izquierda contemporánea con movimientos terroristas, argumentando que ambos comparten su rechazo al capitalismo y a Israel, al que definió como “el bastión de Occidente”.

El ajuste fiscal como decisión moral

La parte final del mensaje estuvo dedicada a justificar las principales medidas económicas adoptadas por su administración.

Milei sostuvo que el déficit fiscal representa una conducta inmoral porque, si se financia con emisión monetaria, constituye una forma de estafa mediante el impuesto inflacionario, mientras que si se cubre con endeudamiento traslada el costo a generaciones futuras.

Desde esa premisa explicó que descartó desde el inicio tres alternativas: aumentar impuestos, emitir dinero o recurrir a confiscaciones patrimoniales para estabilizar la economía. Según afirmó, esas herramientas vulneran el derecho de propiedad y contradicen el marco moral que guía su gestión.

En consecuencia, defendió el ajuste del gasto público implementado durante el primer año de gobierno, que describió como una reducción equivalente a cinco puntos del PBI, acompañada por una disminución cercana al 30% del gasto real y la eliminación de miles de regulaciones.

El Presidente aseguró que esas decisiones evitaron una hiperinflación que, según sus cálculos, podía alcanzar el 15.000% anual y permitieron iniciar una etapa de recuperación económica.

Como respaldo de esa estrategia, enumeró indicadores que, según sostuvo, muestran una mejora significativa: crecimiento del nivel de actividad, reducción de la inflación, caída de la pobreza y descenso de la indigencia. También afirmó que la deuda pública disminuyó y destacó que el proceso de estabilización se realizó “sin violar derechos de propiedad”.

Al cerrar su exposición, Milei reiteró que la prosperidad económica sólo puede sostenerse cuando las decisiones públicas respetan principios morales inalterables. En esa lógica, afirmó que la combinación entre valores judeocristianos, capitalismo de libre empresa y disciplina fiscal constituye el camino para “hacer grande nuevamente a la Argentina”, antes de concluir su intervención con su habitual consigna: “¡Viva la libertad, carajo!”.

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