Vaca Muerta

Shell cambia de dueño en Argentina: grupo suizo compra la red de 894 estaciones por USD 1.420 millones

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La petrolera Shell dejará de controlar uno de los negocios más relevantes del mercado argentino de combustibles. Tras varios meses de negociaciones, el grupo brasileño Raízen confirmó la venta de toda su operación downstream en Argentina al fondo suizo Mercuria Energy Group por un valor estimado de USD 1.420 millones.

La operación comprende la red de 894 estaciones de servicio Shell, que representan aproximadamente el 18% del mercado argentino de combustibles, además de la refinería de Dock Sud, una planta de lubricantes en la Ciudad de Buenos Aires, instalaciones aeroportuarias en Ezeiza y Aeroparque y terminales de almacenamiento y despacho de combustibles en Arroyo Seco y Santa Fe.

Se trata de una de las transacciones más importantes registradas en el sector energético argentino en los últimos años y consolida la presencia de Mercuria en América Latina.

Hasta ahora, las operaciones de comercialización de combustibles de Shell en Argentina estaban bajo control de Raízen, un joint venture integrado en partes iguales por la multinacional Shell y el conglomerado brasileño Cosan.

La petrolera anglo-neerlandesa había separado años atrás sus actividades locales en dos grandes segmentos: por un lado, la exploración y producción de hidrocarburos, especialmente en Vaca Muerta; por otro, la refinación y comercialización de combustibles, que quedaron bajo la órbita de Raízen.

Con esta venta, Mercuria pasará a controlar toda la cadena downstream de la marca en Argentina.

Quién es Mercuria

Fundada en Ginebra en 2004, Mercuria se ha convertido en uno de los mayores grupos independientes de comercialización de energía y materias primas del mundo.

La compañía opera en más de 50 países y registra ingresos anuales superiores a los USD 140.000 millones. Su actividad abarca petróleo crudo, combustibles refinados, gas natural, gas natural licuado, electricidad, energías renovables y metales.

En América Latina mantiene operaciones en México, Panamá, Argentina y otros mercados estratégicos, con activos vinculados al almacenamiento, transporte y distribución de productos energéticos.

“Mercuria cuenta con la solidez financiera, la capacidad operativa y la visión de largo plazo necesarias para respaldar y hacer crecer este negocio”, señaló Brian Falik, director global de inversiones de la compañía, al anunciar la adquisición.

Mercuria ya tiene una presencia significativa en el mercado energético argentino. Es socio mayoritario de Integra Capital, grupo de inversiones encabezado por José Luis Manzano, que a su vez participa en la petrolera Phoenix Global Resources, una de las operadoras con actividad en Vaca Muerta.

Dentro del sector energético se considera que la relación previa entre Mercuria e Integra Capital facilitó las negociaciones con Raízen para concretar la adquisición de la red Shell.

La compañía brasileña informó a los mercados que los recursos obtenidos serán destinados a fortalecer su estructura financiera y optimizar la asignación de capital.

Según comunicó la empresa, la decisión forma parte de una estrategia global orientada a simplificar operaciones, concentrar inversiones y priorizar mercados considerados estratégicos para el crecimiento futuro del grupo.

Falta la aprobación regulatoria

Aunque el acuerdo ya fue anunciado oficialmente, la operación todavía deberá atravesar los procesos habituales de revisión y aprobación regulatoria.

El cierre definitivo está previsto para el actual ejercicio fiscal y dependerá de la autorización de los organismos competentes y del cumplimiento de las condiciones establecidas para este tipo de transacciones.

Para el mercado argentino de combustibles, el desembarco de Mercuria representa el ingreso de uno de los mayores traders energéticos del mundo al control directo de una de las principales redes de comercialización del país, en un contexto de creciente competencia entre las grandes petroleras y de expansión de las inversiones vinculadas a Vaca Muerta.

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Caputo apuesta a un ciclo de crecimiento acelerado y afirmó que “lo peor ya pasó” para la economía argentina

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En una exposición de fuerte contenido económico y político ante empresarios reunidos en el CAMBRAS Business Day 2026, el ministro de Economía, Luis Caputo, presentó una defensa integral del programa económico del Gobierno de Javier Milei y sostuvo que la Argentina atraviesa una transformación estructural que permitirá consolidar un ciclo prolongado de crecimiento, inversión y generación de empleo.

El mensaje estuvo dirigido principalmente al sector privado, al que convocó a acelerar decisiones de inversión en un escenario que, según su visión, ya dejó atrás los principales riesgos macroeconómicos heredados de la gestión anterior. “La bomba atómica que heredamos ya se desactivó. Hoy no hay riesgo de explosión económica”, sintetizó el titular del Palacio de Hacienda.

La presentación se produjo en un contexto donde el Gobierno busca consolidar señales de recuperación tras más de dos años de ajuste y reordenamiento macroeconómico. Caputo destacó que la recaudación comenzó a recuperarse, que la inflación continúa desacelerándose y que los salarios volvieron a mostrar mejoras reales. Además, remarcó que la reglamentación de la reforma laboral debería impulsar una mayor formalización del empleo.

Uno de los puntos centrales de su exposición fue la evolución de la actividad económica. Según explicó, la serie de tendencia-ciclo del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) muestra 24 meses consecutivos de crecimiento, una dinámica que, aseguró, no se registraba desde hace más de quince años.

“¿Significa que todo está bien? No. Pero sí significa que vamos bien. Y si tenemos en cuenta de dónde venimos, diría que vamos extremadamente bien”, afirmó.

Caputo insistió en que la administración Milei no está ejecutando una corrección coyuntural sino un cambio profundo de régimen económico.

Según describió, el modelo anterior se sustentaba en una economía cerrada, con escasa competencia, baja inversión, salarios deprimidos y precios elevados. En contraposición, sostuvo que el nuevo esquema se apoya en tres pilares: inversión, exportaciones y competencia.

Para ilustrar esa transformación recordó que a fines de 2023 gran parte de los salarios se ubicaban en torno a los 300 dólares mensuales, mientras que bienes básicos para la producción y el consumo se encontraban entre los más caros de la región.

“El problema no era que protegíamos industrias exitosas. Lo que se protegían eran negocios financiados por consumidores que pagaban precios exorbitantes”, señaló.

En esa línea, aseguró que la apertura económica comenzó a generar una reducción de precios relativos en sectores como indumentaria, calzado, equipamiento para el hogar y medicamentos, mientras los salarios recuperan capacidad de compra.

El fin de la “restricción externa”

Uno de los conceptos históricos de la economía argentina que el ministro buscó desmontar fue el de la denominada “restricción externa”.

Durante décadas, distintos gobiernos justificaron controles cambiarios, restricciones a las importaciones y cepos financieros argumentando la insuficiencia de dólares para sostener el crecimiento.

Caputo afirmó que esa lógica quedó atrás.

“Hoy hay dólares para importar, para girar dividendos, para ahorrar y aun así el Banco Central sigue comprando divisas”, aseguró.

El ministro destacó que la autoridad monetaria acumula reservas a un ritmo cercano a los 100 millones de dólares diarios y afirmó que la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional ya se encuentra prácticamente cumplida.

La explicación, sostuvo, radica en la recuperación de sectores exportadores estratégicos y en el potencial que comienza a desplegarse en energía y minería.

Energía, minería y el nuevo motor de divisas

Uno de los pasajes más optimistas de la exposición estuvo vinculado al potencial exportador de la Argentina.

Caputo aseguró que hacia 2031 el saldo comercial conjunto de energía y minería podría alcanzar los 60.000 millones de dólares anuales, cifra que consideró incluso conservadora frente a la magnitud de los proyectos actualmente en ejecución.

Según precisó, cuando se realizaron las primeras estimaciones existían proyectos por unos 85.000 millones de dólares. Hoy, afirmó, la cartera supera los 140.000 millones, con una participación creciente del sector energético.

A ello sumó indicadores positivos en exportaciones industriales, agroindustriales, servicios y ventas externas de pequeñas y medianas empresas.

Para el funcionario, la combinación de estabilidad macroeconómica, reducción de regulaciones y menor presión tributaria terminará generando un salto de competitividad capaz de acelerar significativamente el crecimiento económico.

La disputa por la velocidad de la recuperación

Aunque reconoció que la economía ya crece a tasas cercanas al 4% anual, Caputo consideró que el país podría expandirse entre 7% y 8% por año si logra acelerar el proceso de reconversión productiva.

En ese punto identificó como principal obstáculo la persistencia de cierto escepticismo en empresarios e inversores, producto de décadas de inestabilidad económica.

Por ello insistió en transmitir previsibilidad sobre la continuidad del programa económico y aseguró que las bases fiscales, monetarias y financieras construidas durante los primeros años de gestión permiten proyectar una expansión sostenida.

“La economía va a seguir mejorando porque en economía no hay casualidad. Hay causalidad. Si hacés las cosas bien, los resultados llegan”, afirmó.

El componente político: críticas al kirchnerismo y respaldo a Milei

La parte final de la presentación estuvo marcada por definiciones políticas contundentes.

Caputo descartó cualquier posibilidad de retorno del kirchnerismo al poder y sostuvo que la sociedad argentina ya identificó al modelo económico anterior con una etapa de crisis y deterioro.

“El kirchnerismo no es una opción para la mayoría de los argentinos”, afirmó.

Incluso planteó que, aun frente a eventuales shocks externos o dificultades económicas, no visualiza condiciones para una reversión política del rumbo actual.

En ese contexto destacó el liderazgo de Javier Milei como garante de la continuidad del programa económico y atribuyó al Presidente el coraje político necesario para sostener las reformas.

Más allá de los indicadores coyunturales, el mensaje central del ministro estuvo orientado al mediano plazo.

Caputo aseguró que la Argentina se encuentra ante una oportunidad histórica y sostuvo que el país podría convertirse en una de las economías de mayor crecimiento del mundo durante las próximas décadas.

Con una visión marcadamente optimista, afirmó que 2027 mostrará una realidad económica muy diferente a la que hoy proyecta gran parte del mercado y consideró que la combinación de equilibrio fiscal, expansión exportadora, inversiones récord y estabilidad monetaria permitirá consolidar un ciclo de crecimiento sostenido.

“Estamos viviendo un cambio de época. Argentina va a ser el país que más oportunidades ofrezca durante los próximos treinta años”, concluyó.

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Milei endurece su discurso contra la oposición y apuesta a la energía como motor del nuevo ciclo económico

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El presidente Javier Milei utilizó el escenario del Latam Economic Forum para profundizar la narrativa política y económica que atraviesa su gestión: confrontación con la oposición, cuestionamiento al rol de los medios de comunicación y defensa cerrada del programa de ajuste y desregulación impulsado desde diciembre de 2023.

Ante empresarios, funcionarios, legisladores y referentes del oficialismo reunidos en Parque Norte, Milei buscó instalar la idea de que la Argentina ingresó en una etapa de estabilización macroeconómica irreversible y que el próximo desafío será transformar esa estabilidad en crecimiento sostenido vía inversiones privadas, especialmente en energía, minería e infraestructura.

La exposición tuvo una fuerte carga política. El mandatario acusó a sectores opositores de haber intentado “un golpe de Estado” contra su programa económico durante 2025 y sostuvo que los medios de comunicación “atacan injustamente” al Gobierno. El mensaje no fue aislado: formó parte de una estrategia discursiva orientada a consolidar la identidad política de La Libertad Avanza frente a un año de reconfiguración parlamentaria y de negociación permanente con gobernadores y actores económicos.

A diferencia de otros discursos centrados exclusivamente en el ajuste fiscal o la desaceleración inflacionaria, Milei intentó mostrar una segunda etapa de gestión. La premisa fue clara: la estabilidad macroeconómica ya no alcanza por sí sola y ahora el Gobierno necesita exhibir perspectivas de expansión real de la economía.

“La baja inflación y la estabilidad macroeconómica no generan crecimiento”, afirmó el Presidente, en una frase que sintetizó el nuevo enfoque oficial.

Según Milei, el crecimiento llegará a partir de un cambio estructural basado en energía barata, menor presión fiscal, apertura económica y desregulación. En ese esquema, el sector privado aparece como protagonista absoluto del modelo.

El mandatario vinculó directamente ese escenario con el desarrollo energético argentino. Mencionó petróleo, gas, energía nuclear y minerales como activos estratégicos en un contexto internacional marcado por el reordenamiento de cadenas globales de suministro y la búsqueda de países considerados “seguros” para invertir.

La apuesta oficial es transformar a la Argentina en un polo industrial asociado a recursos energéticos competitivos, con el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) como principal herramienta de atracción de capitales.

El RIGI como columna vertebral del modelo Milei

El Presidente volvió a defender el RIGI y anticipó una profundización del esquema mediante el denominado “SuperRIGI”, ya enviado al Congreso.

La referencia no fue menor. El oficialismo busca convertir al régimen de beneficios fiscales y regulatorios en el corazón del nuevo ciclo económico, especialmente para proyectos energéticos, mineros y de infraestructura de gran escala.

Para reforzar ese argumento, Milei citó el caso de Neuquén y el crecimiento asociado a las inversiones vinculadas a Vaca Muerta. Según planteó, el esquema permitió multiplicar el ingreso de capitales con un costo fiscal reducido para las provincias adheridas.

La lógica política detrás de ese mensaje también apunta a presionar a las jurisdicciones que todavía mantienen reparos sobre la adhesión plena al régimen.

El Latam Economic Forum dejó otra señal relevante: la creciente centralidad del sector energético dentro del esquema de poder libertario.

Funcionarios, empresarios y legisladores coincidieron en ubicar a la energía como uno de los principales vectores de acumulación económica y política del Gobierno. No casualmente, uno de los discursos más esperados fue el del presidente de YPF, Horacio Marín, mientras que el ministro de Economía, Luis Caputo, reforzó la idea de que la desaceleración inflacionaria seguirá consolidándose durante los próximos meses.

Caputo incluso anticipó que la inflación de mayo sería inferior a la de abril y sostuvo que hacia 2027 la economía “se llevará puesta a la política”, una definición que expone el intento oficial de subordinar la disputa política al desempeño macroeconómico.

La confrontación política sigue siendo parte del modelo

Pese al intento de mostrar una agenda orientada a inversiones y crecimiento, Milei mantuvo intacto el tono confrontativo que caracteriza a su gestión.

Volvió a cuestionar a la oposición, reivindicó el rol de la ministra Patricia Bullrich en el control de la protesta social y defendió a la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, al asegurar que resistió presiones internas y externas para desplazarla.

También insistió con la idea de que el kirchnerismo destruyó al sector privado y sostuvo que ahora “florecen miles de nuevas industrias” gracias a la liberalización económica.

La narrativa oficial busca consolidar un doble mensaje: por un lado, estabilidad y oportunidad de negocios para el empresariado; por otro, confrontación política permanente para mantener cohesionada a la base libertaria.

Aunque el discurso estuvo centrado en variables macroeconómicas y en sectores como energía y minería, la estrategia económica del Gobierno también tiene implicancias para provincias periféricas como Misiones.

La insistencia en atraer inversiones mediante regímenes especiales, desregulación y reducción tributaria vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre competitividad regional, infraestructura energética y costos logísticos.

Para Misiones y el NEA, el foco creciente en energía puede abrir oportunidades vinculadas a biomasa, forestoindustria y proyectos de transición energética. Sin embargo, también profundiza tensiones históricas: las provincias reclaman mayor infraestructura y condiciones fiscales diferenciales para competir en igualdad frente a los grandes polos productivos del centro del país.

El discurso presidencial dejó entrever otra variable relevante: el Gobierno considera que el crecimiento futuro dependerá más de sectores exportadores de gran escala que del consumo interno como dinamizador económico. Esa definición podría reconfigurar prioridades de inversión pública y privada en las regiones.

Un Gobierno que busca pasar de la resistencia a la expansión

El acto en Parque Norte mostró a un oficialismo que intenta dejar atrás la etapa defensiva del ajuste y comenzar a construir un relato de expansión económica.

La Casa Rosada necesita ahora demostrar que el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria pueden traducirse en inversión, empleo y actividad. Esa será la principal variable política de los próximos meses.

Mientras tanto, Milei mantiene intacta la lógica de confrontación que lo llevó al poder: polarización política, cuestionamiento al sistema tradicional y construcción de un vínculo directo con sectores empresarios y sociales que todavía respaldan el rumbo económico.

El desafío para el Gobierno será sostener esa narrativa si la recuperación económica continúa mostrando velocidades distintas entre sectores y regiones.

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Ferreres detecta un freno en la economía y expone una recuperación cada vez más desigual

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El Índice General de Actividad mostró estancamiento en abril y una caída mensual de 0,7%. Mientras energía, minería y agro sostienen el nivel de actividad, industria y comercio profundizan su retroceso, consolidando una economía fragmentada.

La actividad económica volvió a perder impulso en abril y no logró sostener la recuperación observada en marzo. Así lo reflejó el Índice General de Actividad (IGA) elaborado por la consultora de Orlando J. Ferreres & Asociados, que registró una variación interanual nula y una caída de 0,7% respecto del mes anterior en términos desestacionalizados. El dato dejó al primer cuatrimestre de 2026 con una contracción acumulada de 0,3%.

El informe vuelve a mostrar una dinámica económica dividida. Los sectores vinculados a energía, minería y agro continúan creciendo, mientras que industria y comercio siguen sin encontrar un piso consistente. La lectura de fondo es relevante para el Gobierno nacional: la desaceleración inflacionaria todavía no logra traducirse en una recuperación homogénea del consumo ni de la producción.

Una economía con “dos velocidades”

El reporte técnico de Ferreres definió la coyuntura con una frase que resume el escenario actual: “la actividad sigue mostrando una evolución oscilante, bajando luego de la fuerte suba de marzo”. El problema no es únicamente el freno estadístico, sino la creciente disparidad sectorial.

Los mayores avances de abril se observaron en minas y canteras (+7,3%) y en electricidad, gas y agua (+7,2%). También el agro mostró un desempeño positivo, con un crecimiento interanual de 3,6%.

Sin embargo, el deterioro persiste en áreas sensibles para el empleo y el consumo masivo. La industria manufacturera cayó 2% interanual y el comercio retrocedió 2,4%.

Dentro de la industria, el informe destacó tres señales de debilidad: la producción automotriz se desplomó 17,5%, los despachos de cemento cayeron 13,1% y la faena bovina registró su peor retroceso en más de 20 meses, con una baja de 15,2%.

La fotografía sectorial confirma que el actual esquema económico mantiene activos a los sectores vinculados a exportaciones, energía y recursos naturales, mientras que las actividades más dependientes del mercado interno siguen condicionadas por el menor consumo y el freno en la inversión privada.

Agro, energía y Vaca Muerta sostienen el nivel de actividad

El agro continúa funcionando como uno de los principales amortiguadores de la economía. Aunque Ferreres advirtió que las mejoras proyectadas para soja y maíz ya no muestran las tasas extraordinarias de meses anteriores, la producción agrícola todavía mantiene expansión.

La contracara aparece en la ganadería, que sufrió una retracción de 11,9% asociada a procesos de retención de hacienda para aumentar kilos mediante recría más prolongada.

En paralelo, el complejo energético sigue consolidándose como uno de los motores centrales de la actividad. El crecimiento de minas y canteras estuvo impulsado por el petróleo y los niveles récord de producción en Vaca Muerta, mientras que el aumento en electricidad, gas y agua respondió a una demanda energética 7,7% superior, tanto residencial como industrial.

Ese comportamiento fortalece la centralidad política y económica de los sectores energéticos dentro de la estrategia oficial, especialmente en un contexto donde el Gobierno necesita sostener generación de divisas y actividad exportadora.

El consumo sigue sin reaccionar

El informe también dejó una señal relevante sobre el consumo privado. Ferreres sostuvo que una eventual desaceleración inflacionaria podría mejorar los ingresos reales y la confianza de las familias. Pero aclaró que, por ahora, no se espera un cambio inmediato en la actual “dinámica de marcha a dos velocidades”.

La definición funciona como advertencia sobre uno de los principales desafíos del programa económico: estabilizar precios no está alcanzando para reactivar de manera uniforme el entramado productivo.

La caída simultánea de comercio, cemento y automotrices muestra que la recuperación todavía no permea sobre sectores estrechamente ligados al poder adquisitivo y a las decisiones de inversión de hogares y empresas.

Los números de abril exponen una tensión que empieza a consolidarse en la economía argentina: mientras algunos sectores muestran expansión sostenida, otros continúan operando por debajo de niveles previos y sin señales claras de recuperación inmediata.

La evolución de la inflación, el consumo interno, la inversión privada y el comportamiento de la industria serán variables clave para determinar si marzo fue el inicio de un ciclo de recuperación más firme o apenas un rebote transitorio dentro de una economía todavía inestable.

IGA WEB Orlando J Ferreres y asociados by CristianMilciades

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Vaca Muerta impulsa un superávit energético de US$ 5.670 millones

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 El sistema energético argentino atraviesa una transformación estructural impulsada por el crecimiento de los hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta, que ya se consolidan como el principal motor de expansión productiva, generación de divisas y mejora del balance comercial del país.

Así lo señala un informe el Instituto de Energía de la Universidad Austral, que destaca que durante 2025 el balance comercial energético alcanzó un superávit de US$ 5.670 millones, profundizando la mejora iniciada a fines de 2023.

Según el informe, la mejora estuvo explicada por una combinación de menor necesidad de importaciones energéticas y un fuerte incremento de las exportaciones de petróleo y gas, que crecieron cerca de 20% interanual. Además, el reporte proyecta que el superávit podría incluso duplicarse en los próximos años.

“El principal mensaje del reporte es claro: la energía dejó de ser únicamente un sector productivo para convertirse en una de las principales herramientas de estabilidad macroeconómica y desarrollo de largo plazo”, sostiene el documento.

Vaca Muerta acelera su expansión

El informe identifica a Vaca Muerta como el “centro de gravedad energético” de Argentina. Durante 2025 se realizaron cerca de 23.900 etapas de fractura y para 2026 se proyectan aproximadamente 28.000, lo que implicaría un crecimiento de entre 20% y 22%.

Para el Instituto de Energía, este avance refleja la consolidación industrial del desarrollo shale, una mayor orientación hacia la producción petrolera y la expansión de infraestructura orientada a exportaciones.

En petróleo, la producción nacional alcanzó los 906 mil barriles diarios, con un crecimiento interanual de 21%. El shale oil ya representa más del 66% de toda la producción nacional.

En paralelo, la producción de gas natural alcanzó los 141,45 millones de metros cúbicos diarios, con una suba interanual del 11%. El gas no convencional creció 20% y ya explica más de dos tercios de toda la oferta argentina.

“La Cuenca Neuquina se consolida como el principal centro de producción y el autoabastecimiento ya es una posibilidad concreta”, señala el reporte.

Menos importaciones y mayor autosuficiencia

Uno de los puntos centrales del documento es la fuerte reducción de la dependencia de importaciones de GNL desde 2024, fenómeno que se profundizó durante 2025 gracias al aumento de la producción local.

Según el análisis, esta dinámica mejora las reservas internacionales, reduce la presión sobre el tipo de cambio y fortalece la solvencia macroeconómica.

El reporte sostiene además que el sistema energético argentino está dejando atrás una lógica de importación estructural para avanzar hacia un esquema con mayor autosuficiencia y capacidad exportadora.

El desafío: infraestructura, tarifas y reglas claras

A pesar de la mejora estructural, el informe advierte que el crecimiento energético exige nuevas inversiones en infraestructura de transporte, generación eléctrica y expansión de redes.

También señala que la normalización tarifaria seguirá siendo una condición clave para garantizar sostenibilidad financiera, atraer inversiones y reducir subsidios fiscales.

En ese contexto, el Instituto de Energía concluye que la consolidación del nuevo escenario energético dependerá de mantener previsibilidad regulatoria, ampliar infraestructura y sostener una visión estratégica de largo plazo.

“Contar con recursos propios y capacidad exportadora deja de ser solo una ventaja sectorial para transformarse en un factor central de seguridad económica nacional”, concluye el reporte.

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